POLITICA
El sacrificio de Milei para poner a salvo el plan de reelección

Manuel Adorni perdió en su ley. Lo renunciaron en cuotas, en un proceso impulsado por la fuerza de la gravedad desde el día en que se confesó como un evasor de impuestos y pretendió justificar su repentino bienestar económico en una vieja inversión en criptomonedas.
A lo largo de dos semanas fue dejando jirones del poder que llegó a olfatear durante su breve aventura en la política grande. Duró todo el tiempo que Javier Milei tardó en asumir que sostener a su jefe de Gabinete no era la muestra de autoridad que suponía sino un lastre que podía desatar una crisis institucional con repercusiones potencialmente nefastas en los mercados.
Milei se subió el miércoles al avión presidencial rumbo a España con la idea de que aún podía conservar a Adorni, con la emocionalidad de quien pugna por rescatar del incendio un objeto de alto valor sentimental. Su hermana Karina se quedó en Buenos Aires. Ya había transmitido a funcionarios de su confianza que el recambio se hacía inevitable.
Ella se involucró en las negociaciones para frustrar el llamado a interpelación y la eventual moción de censura que la oposición empujaba en el Senado y en la Cámara de Diputados. Patricia Bullrich, activista principal de la renuncia de Adorni, operó fuerte para impedir un Waterloo libertario mientras, en paralelo, le transmitió a la hermana presidencial que solo podía comprarle una semana para que hiciera el recambio por las buenas. La gobernabilidad estaba en riesgo.
Fueron días de confusión extrema en el oficialismo. Adorni interpretó la coreografía del sobreviviente. El martes lo visitaron dos delegaciones de senadores de La Libertad Avanza (LLA), a quienes quiso insuflar de ánimo para defenderlo. Karina posó en las fotos para darle sentido al gesto. De esas charlas se filtró una frase autojustificatoria del funcionario que difundieron al menos dos de los asistentes: “No pagué impuestos, pero no soy un chorro. No evadí más porque no pude”. Más de uno se atragantó, aunque estén acostumbrados a aplaudir a Milei cuando dice que “todo impuesto es un robo”.
El miércoles, en la sesión de la Cámara de Diputados, Karina Milei celebró desde un palco la aprobación del llamado Súper RIGI, pero tuvo que soportar que los kirchneristas le cantaran con tono tribunero: “¿Adorni dónde está? / ¿Adorni dónde está?”. Desde las bancas libertarias estalló una reacción que envejeció mal: “¡Adorni no se va! / ¡Adorni no se va!”.
El reemplazo se cocinaba a fuego lento. A esas alturas Adorni parecía Bruce Willis en El sexto sentido: el único que no sabía que estaba muerto era él.
Solo faltaba que se convenciera Milei. Se resistía a moverse de su promesa de que no iba a “ejecutar a un inocente” por presión de los medios. Contra todo consejo, el Presidente avaló en público durante tres meses y medio cada una de las explicaciones inverosímiles que dio Adorni sobre su reciente prosperidad económica. Soltarle la mano sería costoso. No hacerlo podía ser muchísimo peor.
Ya había avalado quitarle a Adorni la vocería presidencial y designar allí a Adrián Ravier. También estuvo de acuerdo en nombrar a un nuevo secretario de Medios, Fabián Fernández. Se anunció hace 10 días, justo después de la entrevista con José Del Rio en la que Adorni explicó los orígenes de su fortuna. “No le creyó nadie; se hacía urgente darle una voz nueva al Gobierno”, sintetizó en aquel momento una fuente de la Casa Rosada. La gestión política la había delegado hacía tiempo en Diego Santilli, que desde el Ministerio del Interior remó con sigilo para sostener el precario sistema de alianzas del gobierno libertario.
A Ravier se lo presentó el lunes pasado con pretendida naturalidad. Su primer día en el cargo se sacó una foto con Adorni que transmitía una curiosidad: la mesa de trabajo del jefe de Gabinete estaba despojada de objetos. No parecía acorde a alguien que se desloma trabajando.
Milei celebró el martes el fracaso de la sesión convocada por el kirchnerismo en la Cámara de Diputados para empujar la remoción de Adorni. El precio de no hacer nada, sin embargo, subía con el paso de las horas. A los aliados del Pro les estalló una revuelta interna por prestarse al juego de darle tiempo al Gobierno para gestionar el reemplazo. Bullrich insistía: “En el Senado lo cocinan”. Adorni la desafió y comunicó que pensaba presentarse el 2 de julio a dar su informe de gestión en la Cámara alta. “Va a ser un suicidio”, insistía la senadora.
El miércoles a la noche Milei se fue a España con la decisión pendiente sobre cómo seguir. Apenas aterrizó en Madrid, con poco sueño, dio una entrevista en la que insistió: “Yo a mis ministros los banco hasta las últimas consecuencias”. Defendió la “honradez” de su amigo. Pero introdujo por primera vez un matiz. Dijo que si la Justicia le probaba algún delito a Adorni, lo echaba “de una patada”.
Acaso habló abrumado por la duda. Bullrich le había dicho a Karina que ya no podría hacer nada para impedir que el Senado se lanzara el próximo jueves a iniciar el proceso de destitución de Adorni. ¿Cómo reaccionarían los mercados a lo que se leería como una crisis institucional: la primera vez en la historia que se aplicara un resorte constitucional para destituir al ministro coordinador? ¿Cómo se reconstruirán las alianzas rotas por el voto en esas sesiones? ¿Cómo impactaría en la imagen presidencial el espectáculo de Adorni narrando en el Congreso la odisea de su progreso?
El viernes se agotó el apoyo incondicional. Ravier tenía agendada su presentación ante los periodistas y salió a la cancha sin respuestas para dar. “Esto no es una conferencia de prensa”, anticipó, en un involuntario homenaje a Magritte. Se paró en el atril de Adorni y leyó hasta su nombre y edad del papel donde tenía escrito su discurso inaugural.
Partida perdida
Casi al mismo tiempo la periodista Paz Rodríguez Niell reveló en que Adorni había comprado desde su cuenta de Mercado Libre un monitor y dos proyectores para videojuegos que pagó con tarjetas de crédito de dos funcionarios dependientes de él. Unos chiches que valían el doble que su sueldo estatal. La noticia desató otra ola de incredulidad entre los propios oficialistas. Diversas fuentes del círculo de Karina Milei sostienen que para ella fue la señal de que no se podía esperar más. Como si fuera la última vida para el ministro que compró a escondidas la casa en el country Indio Cua, que se gastó 245.000 dólares en hacerla a nuevo, que sumó un departamento con la hipoteca sin intereses de dos jubiladas, que viajó en aviones privados pagados por un amigo al que le dio contratos en la TV Pública. En la tarde del viernes el monitor le devolvía a Adorni dos palabras: Game over.
El desenlace del trámite estaba en manos de Milei, que venía en vuelo Madrid-Buenos Aires.
En favor de Adorni ni siquiera funcionó la revelación escandalosa de los fajos de dólares embolsados en el vestidor de Martín Insaurralde. Pudo haber afectado el pudor de los kirchneristas que levantan el dedo hacia el vecino de Indio Cua, pero al mismo tiempo trajo ecos de Discépolo. Se supone que los libertarios venían a terminar con los privilegios de la casta, no a regodearse de vivir “en el mismo lodo todos manoseados”.
Santilli y el 2027
El nombre de Santilli se imponía por sus cualidades políticas y por la confianza que supo construir con Karina Milei. Sus virtudes han sido la eficiencia, la discreción y la capacidad de adaptarse al equipo para el que ahora juega. Es el gran reemplazante: le tocó asumir el rol de candidato principal de LLA cuando José Luis Espert tuvo que abandonar la campaña del año pasado en Buenos Aires. Y ahora se alista para asumir en lugar de Adorni, que siempre lo percibió como un competidor por el cargo.
El recambio funciona como el fin de la inocencia para el presidente antisistema. Un profesional de la política viene a rescatarlo para iniciar el camino hacia la reelección.
Santilli reporta a Karina Milei, pero tiene buen vínculo con Santiago Caputo, el otro extremo de la interna oficialista. Su entronización disimula una derrota de la hermana del Presidente sin agitar el avispero libertario.
Sin el lastre del caso Adorni, Milei intentará enfocarse en el proyecto para ganar la reelección en 2027.
Encuestas recientes le dieron noticias alentadoras. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, por ejemplo, marcó un alza después de cinco caídas consecutivas. Si se lo pone en contexto, son niveles de respaldo similares a los que tenía en este punto de su mandato Mauricio Macri en 2018, pero no parece tener por delante una crisis cambiaria; y está mejor que Alberto Fernández en 2022, mientras no se vislumbra un estallido inflacionario como el que se vivió en el tramo final del último experimento peronista.
La gobernabilidad y la campaña parten de la misma premisa. Que no se dispare el dólar y que la inflación retome el sendero descendente, por mucho que Milei quede desautorizado en su pronóstico de que el índice empezaría con 0 en agosto de este año.
El orden económico opera como un desincentivo para que florezca una opción liberal no mileísta, como la que ensaya Macri o la que ilusiona en silencio a la propia Bullrich.
La lógica de campaña que tienen los estrategas de Milei en la cabeza supone aglutinar el voto del centro a la derecha y que surja como única alternativa un peronismo ligado a la historia kirchnerista –donde se libra en estas horas una guerra fratricida de final incierto-. El juego de la polarización extrema es un rasgo de época, como se vio en las recientes elecciones de Colombia y Perú.
Milei necesita demostrar que el cambio de régimen que promueve puede ser un éxito. Para eso debe minimizar el costo de la transición. Ha apelado al truco narrativo de discutir los próximos 10 años de la Argentina en lugar de hablar de las penurias del presente. La suba de la inflación, ocho meses seguidos de caída del salario y una fuerte suba de tasas sembraron dudas sobre el proceso. La inocencia fiscal no funcionó como el dinamizador esperado del comercio y la construcción. Tampoco termina de llegar la lluvia de inversiones anunciada. La falta de confianza es un rasgo de la Argentina que el programa libertario no logra torcer.
Los últimos datos del Indec registran un leve aumento del empleo registrado y del salario sobre la inflación. Todavía con un saldo considerable por compensar. Pero son señales que esperanzan a Milei.
“Necesitamos orden político, calma en los mercados y dejar de meternos en tormentas generadas por nosotros mismos”, resumía un dirigente libertario de primera línea en el mediodía del sábado.
Adorni era un estorbo en ese camino. Para alivio de sus fieles, Milei aceptó dejarlo caer. Tuvo la cortesía final de dejarlo renunciar con la indignación de una víctima. La verdad es que lo ejecutó sin esperar un veredicto judicial. Las promesas están para ser quebradas.
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POLITICA
La Corte brasileña endureció la prisión domiciliaria de Jair Bolsonaro y Javier Milei no podrá visitarlo

La reciente decisión del Supremo Tribunal Federal brasileño descartó cualquier contacto directo entre Javier Milei y Jair Bolsonaro durante la próxima visita del mandatario argentino a Brasil. El tribunal impuso nuevas restricciones al régimen de prisión domiciliaria de Bolsonaro, que le impiden recibir visitas sociales, electorales o políticas hasta la finalización de las elecciones legislativas, regionales y presidenciales previstas para octubre.
La Corte Suprema de Brasil, bajo la dirección del magistrado Alexandre de Moraes, endureció las condiciones para el ex presidente brasileño, quien cumple condena en su residencia en Brasilia por intento de golpe de Estado. Según la resolución firmada este viernes, solo los profesionales médicos, fisioterapeutas y abogados pueden ingresar al domicilio de Bolsonaro durante los próximos treinta días. Cualquier visita con fines políticos, como la que planeaba Milei, queda prohibida hasta la conclusión del proceso electoral.
La razón de la medida fue el incumplimiento de una cautelar por parte de Bolsonaro, al difundir una carta de apoyo a la precandidatura de su hijo Flávio Bolsonaro, lo que violó la prohibición de contacto externo con fines electorales. Las autoridades judiciales consideraron que la infracción no justificaba el retorno inmediato de Bolsonaro a prisión cerrada, pero sí la necesidad de reforzar el aislamiento para evitar cualquier interferencia en la contienda política.
Milei confirmó días atrás que viajará a Brasil el 25 de julio para asistir al acto en el que Flávio Bolsonaro sería proclamado candidato presidencial y dijo que se haría un tiempo para saludar personalmente a Jair Bolsonaro. Esta escala, presentada como un desafío diplomático para Luiz Inácio Lula da Silva, generó tensiones en el escenario político regional.
“El 25 viajo a Brasil, que lo ungen candidato a Flavio Bolsonaro, y voy a estar en San Pablo. Después voy a hacer un paso por Brasilia para ver a Jair Bolsonaro”, expresó Milei días atrás en declaraciones a radio Now Now 97.9.
La prohibición alcanza a cualquier tipo de encuentro con fines electorales o políticos, extendiéndose hasta la finalización de las elecciones legislativas, regionales y presidenciales programadas para octubre.
Milei deberá conformarse con asistir al evento en San Pablo y continuar con el resto de su gira internacional sin la visita a Bolsonaro. El mandatario argentino había vinculado su viaje a Brasil con la búsqueda de inversiones y la profundización de la política exterior, pero la imposibilidad de ver al ex presidente brasileño obliga a modificar la hoja de ruta prevista.

Las restricciones judiciales que enfrenta Bolsonaro no solo afectan el plano personal y familiar —su hijo Flávio tiene suspendidas las visitas durante noventa días— sino que también repercuten en sus relaciones políticas internacionales. El equipo legal de Bolsonaro calificó la situación como “incomunicabilidad” y anticipó presentaciones judiciales para revertir la medida, aunque por el momento no hay margen para una excepción que permita la visita de Milei.
Las razones de la decisión judicial
La decisión judicial brasileña responde a la preocupación por evitar cualquier tipo de injerencia externa o mensaje político de Bolsonaro durante el proceso electoral. De Moraes consideró insuficientes los argumentos de la defensa, que alegaron desconocimiento sobre la difusión de la carta de apoyo a Flávio Bolsonaro.
Para Milei, la gira internacional era parte de una estrategia de apertura económica y diplomática, que incluía visitas a Perú, Colombia y Ecuador además de Brasil. El presidente argentino había defendido la utilidad de sus viajes para atraer inversiones y fortalecer vínculos con líderes afines, pero la coyuntura judicial brasileña establece un límite a sus planes de agenda política.
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POLITICA
La final de Argentina en el Mundial, una cuestión de Estado: los movimientos de Milei para el regreso de La Scaloneta

Javier Milei está tan satisfecho con el desempeño de Argentina en el Mundial que, como tantos otros a lo largo y ancho del país, siente que el principal desafío está cumplido. Sin la mochila que cargaban en la final de Qatar 2022 por los 36 años de sequía que arrastraban en la máxima competencia, en este 2026 los jugadores en general y Lionel Messi en particular demostraron estar a la altura de la defensa del título, construyeron un espíritu colectivo que fue de menos a más, se ganaron una épica deportiva que logró dar vuelta partidos endiablados y dejaron conforme a una nación que en ocasiones exagera su paladar negro y su exitismo. El Presidente desea con todas sus fuerzas que La Scaloneta le gane a España el domingo, desde ya, pero la reflexión que prima en la Quinta de Olivos es que la tarea está más que pagada. “Pase lo que pase, la próxima semana nuestro país va a ser una fiesta y la gente va a salir masivamente a recibir a los gladiadores después de su estadía en Estados Unidos. Son un grupo humano increíble que lo dejó todo con huevo y garra. Y se merecen todo nuestro cariño”, dicen, en modo amor y paz, cerca del mandatario.
Con ese espíritu mundialista que llevó oxígeno a un oficialismo que venía golpeado y desconcertado por la sangría que significó el affaire Manuel Adorni, el mundillo violeta se apresta a “disfrutar” y “sacarle el jugo lo más posible” a la estela de felicidad que se extendió masivamente en todo el territorio. “Eso sí: sin hacer de más. Nuestro poco y nada tribuneo no es una impostura forzada: es lo que pensamos. Estar contentos, sí. Caranchear aprovechamiento político, de ninguna manera”, juran en el corazón del poder. Y revelan un dato que conoce apenas un puñado de colaboradores de Milei: el libertario viene teniendo contacto telefónico con los mismísimos Gianni Infantino y Lionel Scaloni. “No abusa del vínculo, pero algunos mensajes se mandó”, conceden, lacónicos. ¿Qué se dijo con el titular de la FIFA? Apenas algún saludo institucional y un agradecimiento por la invitación, ya rechazada, para viajar a la batalla final en Nueva Jersey. ¿Y con el director técnico de la albiceleste? “Palabras de cariño, cortas y puntuales porque no quiere abusar de su rol ni molestarlo en un momento tan especial”.
El hermetismo no se debe solamente a una cuestión de respeto. Hay una cábala futbolera que los Milei cumplen a rajatabla: Javier y Karina vieron/sufrieron juntos todas las fases y decidieron repetir el ritual durante el enfrentamiento decisivo. El inquilino del Sillón de Rivadavia hasta tiene pensado volver a ponerse uno de sus mamelucos de YPF porque, como contó públicamente, la Selección recibió un gol la única vez que el calor lo empujó a sacárselo.
Por ese tipo de supersticiones, pero también para exhibir austeridad ante una población todavía golpeada por el ajuste, la Secretaria General bajó una recomendación con tono de orden a la primera línea del gabinete: nadie tiene que subirse a un avión para presenciar la final. Las segundas y terceras líneas, como el viceministro de Justicia Santiago Viola, que ya alentó desde las tribunas norteamericanas, corren por otro andarivel. “Si a un funcionario le correspondían vacaciones y decide tomárselas, no veo el problema. Me parece mucho más complicado y repugnante que haya gente que llora que no llega a fin de mes y aparece con entradas caras en los partidos”, lo defendió Milei. Es un misterio si el ladero de Juan Bautista Mahiques se cruzó con alguno de los tantos magistrados federales que se camuflaron entre las multitudes para corear “por la última de Leo”.
Por fuera de estas vicisitudes, la atención libertaria ya está focalizada en el día después: es que el Argentina-España, que tendrá la presencia de Donald Trump en el “Estadio Nueva York Nueva Jersey”, se convirtió en una cuestión de Estado porque la administración libertaria enfrentará su evento más masivo desde su desembarco en Balcarce 50 el 10 de diciembre de 2023. “Puede movilizarse más gente que la que va a moverse si se confirma la visita del Papa León en noviembre. La pelota tira más que Dios en estos pagos”, se ríe un ministro que no reniega de su fe religiosa. ¿Y entonces? A diferencia de los ocho partidos que habrá disputado La Scaloneta en USA, el festejo/recibimiento no tendrá árbitros, VAR, reglamento escrito, ni tiempo suplementario: dependerá de los deseos de los jugadores, de una AFA que desconfía del Gobierno y de la capacidad de coordinación entre tres jurisdicciones que no se caracterizan precisamente por caminar abrazadas.

Aunque no quieren spoilear demasiado, “El Jefe” se puso al frente de los preparativos junto a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. La primera orden fue contundente: si Lionel Messi y sus compañeros quisieran saludar desde el balcón de la Casa Rosada, el edificio deberá estar completamente vacío de dirigentes. “Ni Javier, ni su hermana, ni ministros, ni legisladores, ni militantes con ganas de conseguir la foto de sus vidas. Apenas Casa Militar para custodiar las instalaciones y algún designado que, como detalle administrativo nada menor, abra las puertas del palacio gubernamental”, cuenta una fuente al tanto de los preparativos. El objetivo es que cualquier celebración “sea una fiesta total” y “sin manchas”. Y que de ninguna manera haya un nuevo Wado De Pedro esperando una mano que jamás llega, como ocurrió en diciembre de 2022, cuando el entonces ministro del Interior intentó saludar al plantel en Ezeiza y quedó pagando ante las cámaras.
El otro gran desafío es evitar el descalabro del operativo de Qatar, bajo la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Las imágenes virales siguen en la retina del pueblo: hace casi cuatro años, el micro descapotable con los campeones salió del predio de la Asociación del Fútbol Argentino con la intención de recorrer el conurbano, llegar al microcentro y regalarle a millones una caravana histórica. El recorrido, como era de esperar, se volvió imposible: hicieron menos de 12 kilómetros durante cuatro horas, durante las cuales dos hombres se llegaron a arrojar desde un puente para intentar caer dentro del vehículo. “Los kukas estaban en pedo. Ese 20 de diciembre no terminó en tragedia masiva casi de milagro. No podemos volver a improvisar con tantos millones de personas en la calle”, analizan ahora en el área de Seguridad.

Monteoliva encabezó este viernes una primera reunión formal con las fuerzas federales. También mantuvo conversaciones con Horacio Giménez, el ministro de Jorge Macri, porque el Obelisco volverá a funcionar como epicentro natural tanto durante la final como en el eventual recibimiento. Con la provincia de Buenos Aires, en cambio, el intercambio todavía es más embrionario. “Tenemos una estrategia para proponer pero se avanzará cuando la Selección lo disponga: aún no nos comunicaron qué prevén hacer”, explican cerca de Axel Kicillof. La coordinación tripartita es inevitable si el avión aterriza en el Aeropuerto Internacional y el plantel decide trasladarse hacia la Ciudad. De todos modos, por obvias razones casi todas son hipótesis: se habla de una caravana encapsulada y hasta de helicópteros especiales, pero la incertidumbre es tan grande que incluso podría no haber ninguna aparición pública. “Paciencia, paciencia, paciencia”, repiten los involucrados.
La hoja de ruta oficial para lo que viene incluye una alternativa de impacto: nadie se preocupa en negar que Milei esté evaluando establecer un feriado nacional o disponer un asueto de hasta 48 horas para la administración pública nacional. La intención declarada es favorecer una recepción masiva para un equipo que, gane o pierda, volverá después de haber llegado hasta el último partido del Mundial. “Anulo mufa”, juegan en estas horas frenéticas. La decisión recién se anunciará después de la final y dependerá de la fecha precisa del regreso de Scaloni y compañía, que podría ser recién el miércoles 22.
En el Gobierno sí desmienten que quieran empujar a la gente a la calle para quedarse con una porción de la alegría. “Igual, tampoco somos boludos: somos conscientes de que estamos viviendo el mejor clima social en meses”. Sin embargo, esa búsqueda sufrió un inesperado traspié durante la previa del duelo ante Inglaterra, cuando la sucesora de Patricia Bullrich en Seguridad respaldó la decisión de la FIFA de prohibir dentro del estadio de Atlanta las banderas con el “mapita” de las Malvinas por considerarlas “contenido político”. La explicación encendió una controversia inmediata y terminó peor cuando los propios jugadores exhibieron la bandera, confeccionada por fanáticos en un pedazo de sábana, que no tardó en dar la vuelta al globo. La polémica por la guerra de 1982 tuvo una novedad inesperada para muchos: la Casa Blanca, en la voz del asesor presidencial Andrew Giuliani, respaldó el derecho de los futbolistas argentinos a expresar su postura sobre la soberanía del territorio argentino. Según un reporte de Ad/Hoc en redes sociales, el vínculo entre Milei y la discusión por las islas acumuló 66,7% de negatividad en 48 horas. Venía todo demasiado bien. La consecuencia está a la vista: Monteoliva tiene un bozal mediático hasta nuevo aviso.

En el medio del armado del dispositivo especial para darle la bienvenida a la Selección aparece una dificultad política sensible: la relación entre la administración libertaria y Claudio “Chiqui” Tapia es pésima ya que ese tormentoso vínculo arrastra la batalla por las Sociedades Anónimas Deportivas, las inspecciones sobre la AFA y un abanico de expedientes judiciales que incluye investigaciones por retención indebida de aportes, evasión fiscal, contrataciones dudosas, posibles maniobras de lavado y hasta una fastuosa y ya célebre mansión en Pilar. Desde Estados Unidos dejan trascender que el mandamás del fútbol, que viene de estrecharle la mano con Trump en una recepción organizada por la FIFA, no quiere negociar directamente con funcionarios nacionales y tampoco activó un puente con viejos conocidos como Diego Santilli, Daniel Scioli o Mahiques.
Tapia, mientras tanto, se muestra más agrandado que preocupado. La clasificación a la final le permitió, por ejemplo, una secuencia jocosa delante del propio Messi en la que simuló que su prosecretario Luciano Nakis volvía a secarle la transpiración de la nuca, como ocurrió durante la Copa América de 2024. Una postal perfecta del dirigente que se sabe abrazado por el éxito deportivo mientras los expedientes se acumulan en los tribunales. En la cúpula libertaria miraron el video sin ninguna gracia.
Así las cosas, el ecosistema dirigencial sabe que el Mundial funcionó como anestesia política y generó una tregua social que la Casa Rosada utilizó para respirar y bajar tensiones. Esa pausa redujo al mínimo las apariciones públicas del gabinete, desaceleró las reuniones de rosca, congeló las hostilidades internas entre karinistas y caputistas y postergó decisiones que ya no podrán seguir durmiendo cuando se defina la Copa del Mundo.
Entre los asuntos que La Libertad Avanza deberá encarar de inmediato está, muy particularmente, la reforma política: los Milei quieren eliminar o al menos suspender las PASO para aumentar sus probabilidades de reelección. El razonamiento es sencillo: una primaria nacional permitiría que la oposición, con el peronismo a la cabeza, junte en una misma cancha a sus diferentes tribus, resuelva su crisis de liderazgo y salga del proceso con un candidato fortalecido. Sin esa herramienta, podría llegar fragmentado en dos o tres ofertas y así, siempre según las elucubraciones libertarias, los violetas podrían alcanzar los 40 puntos con los diez de diferencia necesarios para evitar la temida segunda vuelta.

Karina ordenó que, apenas termine el Mundial, todo el partido entre en modo campaña y, a diferencia de lo que sucedió en las legislativas del año pasado, se muestra dispuesta a ceder parte de sus ambiciones territoriales con tal de alcanzar el objetivo superior. “¿De qué nos sirve tener gobernadores propios si no podemos quedarnos cuatro años más?”, plantean sus operadores. Dicho de otro modo: no habrá, con la fotografía actual, un intento de colonizar las 24 provincias con candidatos puros sino boletas compartidas, promesas de no intervenir en algunos distritos y altas dosis de pragmatismo.
Los gobernadores están apurados y no precisamente por ver a Messi campeón: la enorme mayoría va a desdoblar sus elecciones y por eso necesitan saber con qué reglas se jugará la competencia nacional antes de definir sus propios calendarios. En el menú del toma y daca se viene poniendo sobre la mesa, sin ningún tipo de metáforas, la exigencia de que la Rosada vuelva a abrir la billetera para atender obras, rutas y cuentas provinciales cada vez más ajustadas.
En ese intercambio apareció una fórmula novedosa para los estándares anti casta de los libertarios: que algunos partidos provinciales lleven candidatos propios al Congreso pero compartan la postulación presidencial de Milei mediante un esquema de colectoras o adhesiones adaptado a la Boleta Única de Papel.
Por fuera de la sofisticada ingeniería electoral, LLA está concentrada en mejorar su aprobación popular: la imagen presidencial, por caso, dejó de caer en los sondeos de las principales encuestadoras pero las mediciones que llegaron a los despachos oficiales tampoco invitan a una vuelta olímpica anticipada: Aresco detectó que el 66% evalúa negativamente la economía actual, el 57% tiene expectativas desfavorables y el 58% tuvo que endeudarse durante los últimos meses para cubrir gastos corrientes; otro trabajo, de Opina Argentina, reveló que el 81% considera que el Gobierno debería priorizar el crecimiento económico por encima de la lucha contra la inflación. Son números que exponen el límite de cualquier intento de transferencia emocional entre los goles de la Selección y las aspiraciones futuras del espacio gobernante.
En definitiva, el fútbol puede mejorar el humor pero no paga las tarjetas de crédito que están en rojo. Un estudio nacional de Giacobbe Consultores determinó que el 84,8% de los argentinos puede distraerse con el Mundial pero no deja de pensar en los problemas del país. Más contundente todavía: el 93,4% asegura que una eventual consagración de Lionel Scaloni no modificaría su voto y el 85,5% considera que otro título no favorecería electoralmente al Presidente.
Por todo esto, gane o pierda Argentina, el lunes posterior a la fiesta empezará otro campeonato para los libertarios: para la Casa Rosada, el verdadero partido comenzará cuando el árbitro marque el final de la Copa del Mundo.
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POLITICA
Operativo reelección: el debate interno que se abrió en el Gobierno y las primeras aproximaciones para 2027

“Todos los que dicen que el objetivo es la reelección no la ven. El objetivo es transformar la Argentina”, planteó una importante fuente con acceso al despacho presidencial ante Infobae, en medio de los primeros pasos del operativo de Casa Rosada por otros cuatro años del presidente Javier Milei. Superada la parálisis generada por la causa judicial que investiga a Manuel Adorni, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, reavivó los deseos de la administración libertaria de pelear por un nuevo mandato del libertario y movió las primeras fichas en clave electoral rumbo a 2027.
Con el cronograma por definir, el armado de La Libertad Avanza, a cargo de la menor de los Milei e instrumentado por los primos Eduardo “Lule” y Martín Menem, se prepara para encarar los incipientes debates electorales una vez terminado el Mundial 2026, que concluirá este domingo, a las 16, cuando la Selección Argentina se juegue la posibilidad de conquistar el bicampeonato contra España.
La propia administración libertaria fijó ese horizonte, y deberá tender puentes con los partidos socios y gobernadores aliados para delimitar acuerdos.
En la misma línea se expresa el propio mandatario, quien repite una y otra vez que, en 2027, su principal rival en las urnas será el mismo. “Compito contra mí mismo, trabajo cada día para hacer una gestión mejor. Es lo que voy a llevarle como propuesta a los argentinos. Hay un claro camino hacia donde vamos y en eso estamos trabajando”, sostuvo el jueves en declaraciones a El Observador.

No obstante, desde un sector de la administración libertaria consideran anticipados los planes electorales, mientras que otros sostienen que el debate por la reforma del sistema democrático habilita automáticamente el planteo. En un tercer escalón figuran los que consideran que el mensaje de la reelección tiene un destinatario claro: los mercados.
“El objetivo del Presidente no es su propia permanencia en el Poder sino la transformación de la Argentina. Se entiende la importancia de la reelección de un gobierno no peronista, pero la prioridad es cambiar la Argentina”, argumentaron desde una de las tribus violetas. “Se habla naturalmente por la reforma electoral. Si bien es cierto que no debe tener centralidad en la agenda, es lógico que la reelección esté sobre la mesa, en particular, cuando se sabe que si el Presidente hace una buena gestión lo van a reelegir”, contrapusieron desde la otra.
Las diferencias internas no terminan ahí. Superada la disputa por la confección de las listas que atravesó al Triángulo de Hierro durante 2025, en el entorno de Santiago Caputo —relegado del proceso— celebraron que el armado político se muestre dispuesto a ampliar las conversaciones con los gobernadores para construir acuerdos de cara a las presidenciales del año próximo.
En el karinismo aseguraron que se trata de una decisión estratégica que responde a la lógica de una elección presidencial, distinta de una legislativa, y plantearon que en 2025, cerrar acuerdos con algunas provincias, implicaba ir rumbo a un “gobierno de coalición”. “No todas las reglas aplican en todo momento”, expresaron.
En paralelo, la Casa Rosada ensaya alternativas para sumar los votos necesarios que le permitan eliminar o suspender las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) y así alterar las garantías de orden en la oposición. Para eso, evalúan distintas opciones, entre ellas la implementación de un sistema de colectoras, que les permitiría a los gobernadores aliados adherir sus listas legislativas a la boleta del Presidente.

Aún restan por definirse algunos criterios para su implementación, por ejemplo, la validación previa que utilizarán para habilitar a los espacios, que podría darse a través de la recolección de avales de ciudadanos comunes, aunque es solo una posibilidad.
En la Casa Rosada también empiezan a aparecer las primeras conversaciones, todavía informales, sobre la integración de la fórmula presidencial. Si bien el Poder Ejecutivo evita hablar de candidaturas, la definición del eventual vicepresidente cobra relevancia a la luz del conflictivo vínculo que mantiene la Casa Rosada con Victoria Villarruel, que en las últimas sesiones no ocultó su discrepancia con el Poder Ejecutivo.
Curados de espanto, en el Gobierno buscan evitar repetir errores. En ese marco, fijan como característica innegociable la necesidad de que el próximo vice esté alineado con el Poder Ejecutivo, algo complejo en función de la historia argentina, y es ahí donde el nombre de Patricia Bullrich como compañera de fórmula de Milei en 2027 cobra sentido en varios despachos. Sin embargo, la cuota de confianza a la legisladora viene aparejada de la puesta a prueba frente a las próximas sesiones en la Cámara de Senadores.
“No vamos a permitir, después de haber tenido la experiencia con Villarruel, que el Vice -sea quien sea- no responda a Casa Rosada. Eso se acaba”, alertaron ante este medio.
La posibilidad llega luego de algunos meses de tensión con la jefa de bloque de La Libertad Avanza en el Senado, tras algunos vestigios de independencia que no fueron bien receptados por Karina Milei. Incluso, en varios despachos responsabilizan a la legisladora por el frustrado desenlace que tuvo la Ley de Propiedad Privada el pasado jueves en la Cámara Alta, cuyo debate fue postergado para el 6 de agosto.
Pese al malestar generado, en particular tras la diferenciación respecto a la polémica por el tema Adorni, los gestos hacia Bullrich se multiplicaron. Además, crece la esperanza violeta de aumentar la representación legislativa en 2027, lo que restringiría el margen de maniobra de quien oficie de titular del Senado. “Si vos ganas la reelección y conseguís más senadores y diputados propios, tenes menos debilidad”, descontaba un hombre que transita a diario Casa Rosada.
En algunos despachos de Balcarce 50 creen que la ex Juntos por el Cambio solo podría competir por fuera de la fuerza a la que se afilió en 2025 si se siente “condenada a muerte”, pero descuentan que no sería competitiva en soledad. No obstante, apuestan a contenerla y se esperanzan con abrir una “conversación racional”.
En el entorno de la legisladora evitan las proyecciones con tantos meses de diferencia, y pese a que deslizó la posibilidad de permanecer en el Senado, creen que está capacitada para afrontar el desafío. “La persona hace al cargo, Patricia lo aprendió en la vida, pero todavía no sabemos dónde irá. Se hablaron de tantos lugares”, planteó un dirigente de su riñón.
La discusión, en cualquier caso, ya está instalada. Aunque Milei insista en que su única competencia es consigo mismo, en los despachos oficiales ya comenzaron a cruzarse conversaciones sobre alianzas, reglas electorales y nombres propios. Con el Mundial a punto de terminar, en Balcarce 50 se preparan para una nueva etapa: la de empezar a diseñar el camino hacia 2027.
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