ECONOMIA
El sorpresivo factor que juega a favor de Caputo y puede hacer que la inflación empiece a bajar

El sueño de los economistas amigos del Gobierno está cerca de hacerse realidad: el IPC «sin carne vacuna» empezará a funcionar de hecho, dado que el precio del principal componente de la canasta alimentaria empezó a pisar el freno. Y eso ayudaría a una caída más acelerada del IPC general.
Los abruptos aumentos de la carne tuvieron un rol fundamental en los altos índices inflacionarios registrados desde diciembre hasta marzo. Irónicamente, la situación fue propiciada por el propio ministro de Economía, Toto Caputo, que se negó a cambiar la metodología de cálculo de inflación del Indec.
En la actual canasta alimentaria, se le sigue asignando a la carne vacuna la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.
Si Caputo se hubiese avenido a cambiar la conformación del índice, no habría tenido tanta incidencia del rubro «carne y derivados», que en marzo marcó un incremento de precios de 6,9%, después de haber aumentado 7,2% en febrero, 4,4% en enero y 7,3% en diciembre.
En definitiva, la carne acumuló en cuatro meses un incremento de 28%. Hay que remontarse a la crisis de fines de 2023 para encontrar cifras parecidas. Y es esto lo que llevó a economistas afines al gobierno, como el asesor Antonio Aracre, a proponer el análisis del «índice sin carne», que dejaría al IPC de marzo en 2,5%, bien por debajo del preocupante 3,4% que marcó el índice oficial.
No es, por cierto, la primera vez que se plantea en el país el análisis de la «inflación descarnada». En los años ’70, por caso, se publicaban oficialmente los dos índices, precisamente para transmitir el mensaje de que, de no ser por el efecto distorsivo de la carne, la inflación sería mucho menor. Y la justificación era entonces, como sigue siendo hoy, que ese incremento no debe considerarse parte integral del proceso inflacionario porque obedece a un fenómeno transitorio.
Tormenta perfecta en las carnicerías
Es cierto que los números empiezan a marcar un freno en la carrera alcista del precio de la carne. Aunque, en realidad, todavía está por verse si lo verdaderamente transitorio es el período de aumentos o de estabilidad del precio.
Ocurre que a nivel global se experimenta una aguda escasez de carne vacuna, marcada por una demanda creciente en simultáneo con una crisis de la oferta. Estados Unidos, el principal mercado consumidor, sufre una reducción del rodeo vacuno, que llegó a un mínimo histórico de 95 millones de cabezas, y una faena que en un año bajó de 34 millones a 29 millones de cabezas.
Esa situación contribuyó a una agudización de la inflación en Estados Unidos, lo que derivó en que la administración Trump priorizara el incremento de la importación. El reporte del USDA (Ministerio de Agricultura) advirtió que en 2026 disminuirá la producción vacuna tanto en Oceanía, Brasil y Estados Unidos. Eso deja margen para que la exportación argentina gane competitividad -en los últimos años sus precios superaban al promedio regional- y se expanda un 7% en volumen.
Hablando en números, la previsión de la agencia estadounidense es que Argentina exporte este año unas 810.000 toneladas al mercado global, con lo cual se ubicaría en el quinto puesto del ranking, detrás de Brasil, Australia, India y EE.UU., cuyos volúmenes sufrirán recortes.
Esta situación, sumada al acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos, que permite quintuplicar la cuota de carne de alta calidad, implica un escenario ambivalente: por un lado, ayudará a que Argentina consolide su rol de exportador cárnico a nivel mundial, pero por otro lado puede poner una presión adicional al precio de la carne en el mercado local.
Ahora, el churrasco favorece a Caputo
En el corto plazo, todo indica que los precios en las carnicerías mostrarán un amesetamiento. Así lo están relevando las consultoras que hacen mediciones propias de inflación. Por caso, Analytica marcó para la tercera semana de abril una leve caída en la zona del AMBA y un 1,6% para el promedio de las últimas cuatro semanas. En cuanto a la consultora LCG, mide un acumulado mensual de 0,5% para la carne.
También un reporte del Banco Central, presentado a un grupo de inversores por parte del vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, indica que ya pasó el efecto estacional de la suba y que se proyecta una reversión para los próximos meses. En sus registros, figura que la carne estaba subiendo a un ritmo de 0,2% semanal a mediados de abril, y con tendencia a la baja.
Desde la óptica de Caputo, ese fenómeno funciona como incentivo para seguir postergando el cambio de metodología del IPC: después de haber sufrido la «amplificación» de la inflación causada por la sobre-representación de la carne en la canasta, ahora la estabilización en las carnicerías jugará a favor de una caída más acelerada del IPC.
Ese es uno de los motivos principales por los que los analistas proyectan una inflación cercana a 2% a partir de abril.
Cambia la ecuación del negocio
Sin embargo, en el análisis sobre la carne hay que considerar otros factores, que pueden significar malas noticias para el mediano plazo. Para empezar, que la velocidad de aumento en el precio, medida en dólares, ha sido mucho más marcada para la carne argentina que para el mercado internacional.
Puesto en números, en Argentina fue de 50% en último semestre, mientras el mercado internacional experimentó un aumento de 25%. Como siempre, está la polémica sobre cuánto de ese aumento está explicado por problemas de oferta y cuánto corresponde al efecto de la apreciación del peso -el fenómeno más conocido como atraso cambiario-.
En todo caso, de lo que no hay dudas en el campo argentino es que la oferta seguirá en retroceso, y esa situación garantiza precios altos por lo menos dos años -aunque, claro, con los típicos subibajas estacionales, que favorecen caídas en invierno y subas hacia fin de año-.
Como consuelo, se puede decir que este problema de oferta ocurre «por buenas razones». Ocurre que, después de años de enviar a faena animales jóvenes y de bajo peso, los ganaderos argentinos adoptaron la estrategia considerada «sana», que es la de invertir en el engorde del animal.
Claro que para que eso ocurre, el diferencial de precio tiene que justificar. Y es algo que recién ahora está ocurriendo. Durante los últimos años, por un mix de regulación anti exportadora y por el efecto de la sequía, resultaba muy caro el proceso de engorde con maíz, algo que generaba costos que luego el precio de venta no retribuía.
La consecuencia indeseada de esa política era que se faenaban vacas en edad reproductora, y eso determinó que el stock vacuno cayera debajo de los 50 kilos de cabezas, el número más bajo de los últimos 15 años.
Ahora, con un mercado que elevó el precio de la carne en relación al del maíz y otros insumos, se dieron los incentivos para que los ganaderos, en vez de faenar animales de 300 kilos -como ha sido la norma local en los últimos años-, se los esté enviando al matadero con más de 480 kilos.
¿Condenados a una carne cara?
Claro que, en el corto plazo, eso significa una retracción en la oferta, al punto que la faena cayó un 10% respecto de hace un año.
Ese fue el disparador de la «inflación cárnica» de los últimos meses. Y es por eso que en el mercado de hacienda de Cañuelas se pagó hasta $5.300 por kilo de novillito de hasta 390 kilos, algo que superó todas las expectativas del sector.
La razón era clara: para comprar 10 kilos de maíz se necesita apenas medio kilo de novillo, cuando el costo histórico era de un kilo. Esto ocurrió no sólo por el aumento en el precio de la carne, sino además por la excelente campaña maicera, que aportará un volumen de 60 millones de toneladas.
El argumento de los ganaderos es que el proceso que está ocurriendo ahora es beneficioso porque, en última instancia, permitirá incrementar la población vacuna del país, mejorar las prácticas productivas y, además, mejorar los ingresos de exportación. Pero claro, hay una contra: los tiempos en el negocio de la carne están determinados por los ciclos biológicos de las vacas. Esto implica que, antes de ver precios baratos, pasarán al menos dos años.
¿En qué situación está hoy el consumidor argentino? El consumo cayó a su mínimo histórico -con 47,3 kilos anuales por persona-, según la información de la Cámara de la Industria Cárnica.
En términos de precio de la carne, Argentina sigue por debajo de países desarrollados, aunque se tornó más caro que sus vecinos. Un relevamiento de Fundación Mediterránea marca que, hasta hace un mes, el kilo de los cortes traseros promediaba u$s12,9, aproximadamente la mitad de lo que se paga en Estados Unidos. En contraste, Brasil, Paraguay y Uruguay muestran mejores precios en las carnicerías.
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ECONOMIA
El fin del mundo tiene tu atención y la IA merece una discusión mejor

Si alguien te dice que una herramienta puede ayudarte a trabajar mejor, quizás lo escuchás. Si te dice que esa misma herramienta puede matarte, capta completamente tu atención.
Recientemente, Jacob Coxon anunció su renuncia a Anthropic, la empresa detrás de Claude. Había trabajado también en OpenAI y cuestionó la responsabilidad de ambas compañías. Dijo que quienes construyen estos sistemas creen que podrían matarnos a todos antes de que termine la década.
Hay una diferencia entre advertir sobre un riesgo y demostrar que algo va a suceder. Pero cuando lo que está en juego es nuestra existencia, ese matiz tiene pocas chances de sobrevivir al titular.
La catástrofe es un motor de conversión de atención.
Convierte a una persona que estaba pasando de largo o con la atención puesta en otra cosa en alguien que necesita saber más del tema. Toma ideas, miedos y símbolos del inconsciente colectivo y los transforma en relatos capaces de capturar la atención. Convierte la incertidumbre en urgencia, y puede convertir esa urgencia en una suscripción, una compra o apoyo a una decisión política.
Yo no creo que la IA esté destinada a convertirse en nuestro asesino. Es una creación humana
En este caso toca algo muy profundo. Podés imaginarte cambiando de trabajo, perdiendo plata o teniendo que aprender de nuevo. Imaginar tu propia inexistencia es otra cosa. Se terminan tus proyectos, tus vínculos y tu existencia. El miedo entra por ahí.
Un estudio publicado en Nature Human Behaviour analizó más de 105.000 titulares. En los experimentos estudiados, agregar una palabra negativa a un titular promedio aumentaba un 2,3% la tasa de clics.
No hace falta suponer que Coxon está inventando su preocupación. Puede estar completamente convencido. Lo que digo es que una advertencia sincera también puede entrar en un circuito que premia su versión más alarmante.
Y cuando toda la conversación gira alrededor de nuestra desaparición, dejamos de mirar decisiones que ya están afectando nuestra vida.
Yo no creo que la IA esté destinada a convertirse en nuestro asesino. Es una creación humana. Surge del conocimiento que acumulamos y de decisiones sobre qué construir, cómo entrenarlo y qué permitirle hacer.
Que la hayamos creado nosotros no la vuelve inofensiva. También creamos tecnologías capaces de causar daños enormes. Un sistema puede hacer daño por una falla, por cómo se lo usa o por perseguir un objetivo mal definido. Ni siquiera necesita tener una intención parecida a la nuestra.
Pero tampoco hay motivo para asumir que una mayor capacidad implica, inevitablemente, una voluntad de exterminarnos. Me parece mucho más útil discutir qué autonomía damos, quién supervisa y quién responde cuando algo sale mal. Son decisiones sobre una tecnología que estamos construyendo. Todavía tenemos muchísimo para decidir.
La concentración de esa capacidad en pocas empresas sí me preocupa.
Si una misma compañía desarrolla el modelo, decide quién puede usarlo y define los límites de lo que permite hacer, tiene una influencia enorme sobre el trabajo de los demás.
Para una empresa argentina eso puede significar que una decisión tomada a miles de kilómetros cambie sus costos o le cierre el acceso a una herramienta central de su operación.
Incluso el argumento de la seguridad merece atención cuando se usa para justificar esa concentración. Si aceptamos que la tecnología es demasiado peligrosa para estar en manos de otros, podemos terminar dejando todas las decisiones en manos de quienes ya la controlan.
Creo que esa exclusividad va a perder fuerza a medida que las capacidades se vuelvan más accesibles. Hay antecedentes concretos. Las computadoras estuvieron durante años reservadas a gobiernos, universidades y grandes empresas. La caída de costos y la llegada de equipos más fáciles de usar las llevaron a hogares y pequeños negocios.
El costo de usar un modelo con un rendimiento comparable al de GPT-3.5 cayó más de 280 veces entre noviembre de 2022 y octubre de 2024
Con la IA ya vimos parte de ese proceso. El costo de usar un modelo con un rendimiento comparable al de GPT-3.5 cayó más de 280 veces entre noviembre de 2022 y octubre de 2024. Una capacidad que era cara se volvió mucho más accesible.
Eso no garantiza que desaparezcan los gigantes. El acceso puede ampliarse mientras el negocio sigue concentrado. Por eso hacen falta alternativas, investigación abierta, mayores competidores y posibilidades reales de cambiar de proveedor.
Ahí es donde veo el cambio más profundo. Estamos ampliando nuestra capacidad de investigar, de relacionar información y de probar caminos que antes quedaban afuera por falta de tiempo o recursos.
Para alguien que tiene un negocio, la escala es otra, pero la posibilidad es parecida. Poder analizar información que antes no llegaba a revisar. Probar una idea que siempre quedaba pendiente. Construir una herramienta que hasta hace poco estaba fuera de su presupuesto.
Mi expectativa es que aparezcan capacidades humanas que todavía no sabemos reconocer, porque nunca tuvimos las herramientas para desarrollarlas. Los descubrimientos actuales me dan motivos para pensar en esa dirección. No aseguran un futuro perfecto. Muestran que ya podemos hacer cosas que antes no podíamos.
Podemos exigir seguridad, discutir el poder de las empresas y al mismo tiempo querer que esta tecnología avance. De hecho, cuanto más puede aportar, más importa que podamos participar de sus beneficios y de las decisiones sobre su uso.
El miedo a dejar de existir como seres humanos consigue nuestra atención enseguida. Me interesa que también le demos lugar a lo que podemos llegar a ser con los avances que estamos logrando.
El autor es arquitecto de soluciones en IA
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Cuatro compañías grandes presentaron un programa de trabajo con pasantías rotativas para nativos IA: cómo participar

“Creemos que las mejores ideas surgen cuando combinamos distintas miradas y nos mantenemos abiertos a aprender” (Belaustegui)
“Creemos en el potencial de quienes están dando sus primeros pasos profesionales, y por eso impulsamos programas robustos que abren oportunidades concretas” (Reunoso)
“Buscamos personas para las que usar inteligencia artificial ya sea algo natural” (D’Onofrio)
- Jóvenes profesionales con un mínimo de 2 años de experiencia.
- Graduados o estudiantes próximos a graduarse de cualquier carrera, universidad o formación autodidacta.
- Mentalidad digital y ADN AI Native: uso de IA para aprender, crear, optimizar y encontrar soluciones en el día a día.
- Disponibilidad full time.
- Perfiles predominantes de Ingeniería, Tecnología, Data, Negocios, Marketing o afines, sin dejar de lado a quienes se formaron de forma autodidacta.
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