Aunque con una expectativa de inflación en descenso y mejores ingresos de dólares por las exportaciones, la actividad económica aparece como el principal frente de preocupación para 2027. El economista Leonardo Anzalone, del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), alertó por el desempeño de la industria y el comercio, dos sectores vinculados con la creación de empleo.
Durante una entrevista con Infobae en Vivo, Anzalone analizó las perspectivas de la economía argentina para el próximo año, a la espera de las definiciones que pueda contener el proyecto de Presupuesto 2027. Su mirada combinó una previsión de menor inflación con advertencias por la evolución de la actividad, el desempleo y la distancia entre los sectores exportadores y aquellos que dependen del mercado interno.
El analista cuestionó la descripción de una economía “a dos velocidades”, una fórmula que suele usarse para explicar la diferencia entre los rubros que crecen y los que permanecen estancados o retroceden. Según planteó, la separación es más profunda y responde a la coexistencia de dos dinámicas económicas distintas.
“Nosotros creemos que no. Nosotros creemos que hay dos economías, no dos velocidades”, afirmó Anzalone.
Qué pasará con la inflación
Con respecto a la inflación, el economista señaló que, si no surge un shock externo de magnitud, puede continuar con una tendencia descendente durante 2027. No anticipó una desaceleración hasta niveles mínimos, pero sí una baja respecto de los registros actuales.
“Vemos una inflación que va a seguir un sendero de descenso”, sostuvo. Luego precisó su estimación: “Entre el 15% y el 20%”, en referencia a una proyección anual.
Anzalone explicó que los datos mensuales pueden mostrar variaciones, con períodos de subas y otros de bajas, pero consideró que la tendencia general se mantendrá hacia la desaceleración.
La evolución de los precios, de todos modos, no fue el principal factor de preocupación que mencionó durante la entrevista. Anzalone puso el foco en la actividad económica y en el margen que el Gobierno esté dispuesto a otorgar para impulsar el mercado interno, aun si esa decisión implica resignar parte de la baja inflacionaria. “No vemos tan convencido al Gobierno de querer sacrificar algunos puntitos de inflación en cambio de que mejore la actividad”, dijo.
La referencia adquiere relevancia ante un año electoral. Anzalone señaló que los gobiernos suelen dar mayor impulso a la actividad durante esos períodos, aunque no observó esa disposición de manera clara en el escenario que analizó para 2027.
La actividad económica, el punto débil
Para el economista del Cepec, el nivel de actividad representa “el punto débil del modelo”. Su diagnóstico se concentró en la diferencia entre los rubros que reciben impulso de las exportaciones y aquellos que dependen en mayor medida del consumo, la producción y el comercio interno.
Anzalone agrupó en un primer bloque al agro, la minería y el petróleo. Según señaló, esas actividades traccionan con fuerza. En un segundo grupo ubicó a la industria y el comercio, sectores que, en su análisis, siguen una dirección opuesta y concentran una parte relevante de la generación de puestos de trabajo.
“Una economía que tracciona muy fuerte, minería, petróleo, el agro, y otra economía que va diametralmente opuesta a esa, que es la que genera empleo: la industria, el comercio”, afirmó.
La distinción entre ambas realidades ocupa el centro de su advertencia para el próximo año. Mientras los sectores vinculados con la producción de energía, minerales y productos agrícolas pueden recibir ingresos adicionales por las exportaciones, la industria y el comercio atraviesan un escenario diferente.
El economista consideró que esa distancia debe reducirse. “Eso necesitamos que de alguna manera empiece a emparejarse, porque si no vas a seguir teniendo problemas de desempleo”, sostuvo.

Anzalone vinculó el desempeño de esos sectores con la capacidad de sostener los programas de estabilización. “Cuando a vos te aumenta el desempleo, y vamos a conocer los datos de pobreza, ayer se estuvo diciendo algo, con aumento, bueno, eso es lo que nos preocupa”, expresó.
Más dólares por la soja y el petróleo
Durante la entrevista, Anzalone también se refirió al efecto de los precios internacionales sobre la economía argentina. Indicó que la suba del petróleo y de la soja puede elevar el ingreso de dólares, un factor que consideró necesario para las cuentas externas y fiscales.
Como ejemplo, señaló que antes del conflicto en Medio Oriente el barril de petróleo cotizaba en torno a 60 o 62 dólares, mientras que hoy alcanza los 107 dólares. También comparó una soja cercana a 500 dólares con otra en torno a 400 dólares. “Eso representa un ingreso de dólares super importante”, afirmó sobre el precio del petróleo.
Según Anzalone, esos valores pueden beneficiar las cuentas fiscales y a las provincias que perciben recursos por regalías petroleras. En el caso de los productos agrícolas, el incremento de los precios internacionales también puede mejorar el flujo de divisas que recibe la Argentina.
El economista planteó, sin embargo, que el movimiento de las materias primas presenta efectos contrapuestos. El ingreso adicional de dólares puede favorecer a los sectores exportadores, pero el aumento de los precios internacionales también puede trasladarse a la inflación.
El impacto del contexto financiero externo
Anzalone mencionó además el contexto internacional y el posible impacto de una suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. Según explicó, un aumento de ese costo financiero puede afectar el acceso al crédito de la Argentina y de los proyectos que requieren inversión externa.
El economista afirmó que una eventual suba de tasas tendría consecuencias en todo el mundo. Para la Argentina, el problema se amplía por el nivel de riesgo país. Si los responsables de la política económica buscaran financiamiento en el exterior para afrontar vencimientos, ese dinero sería más caro. “Argentina todavía tiene un riesgo país muy alto”, señaló.
Respecto de las inversiones en sectores como Vaca Muerta, la minería y otros proyectos vinculados con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), Anzalone sostuvo que la evaluación debe hacerse caso por caso. Reconoció que el costo financiero puede representar una dificultad, aunque indicó que las compañías petroleras y mineras cuentan, en general, con capacidad para sostener inversiones.
El analista también relativizó el volumen de capitales que llegó al país. “Tampoco es que llegaron muchas inversiones. La formación bruta de capital, como decimos los economistas, en Argentina es la menor de Latinoamérica”, afirmó.
Mirá la entrevista completa a Leonardo Anzalone