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Intervención en Cuba: ¿indeseable, preferible o imprescindible?

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Esta imagen es una caricatura política estadounidense titulada “Remember the Maine! And Don’t Forget the Starving Cubans!” (“¡Recuerden el Maine! ¡Y no olviden a los cubanos hambrientos!”). Fue ilustrada por el reconocido caricaturista político Victor Gillam. Salió a la luz el 7 de mayo de 1898 en la popular revista satírica estadounidense Judge

El debate sobre la posible intervención de Estados Unidos en un proceso de cambio sistémico en Cuba se sitúa en un marco histórico que vincula la coyuntura actual con la crisis vivida a finales del siglo XIX. El eje central de esta reflexión es la comparación de la crisis existencial que enfrenta Cuba hoy en día, considerada por algunos incluso más aguda que la de 1898. Bajo esta perspectiva, se argumenta que el decisivo apoyo y/o intervención decisiva por parte de Estados Unidos es la única variable con probabilidades reales de conducir a una Cuba libre y próspera.

El análisis parte de un paralelismo con la situación cubana de finales del siglo XIX. En aquel entonces, Cuba atravesaba una fase de devastación económica, hambruna, epidemias y un conflicto militar cuyo desenlace era todavía incierto si bien no para todos, para muchos de sus protagonistas. El movimiento independentista, debilitado y falto de apoyo internacional, debía enfrentarse a una potencia colonial mucho más fuerte en términos militares.

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En ese contexto, varios líderes independentistas comprendieron que la victoria solo con recursos propios era cuando menos incierta y comenzaron a buscar activamente la implicación estadounidense. La intervención norteamericana no fue un hecho espontáneo ni impuesto, sino el resultado de una estrategia política deliberada, diseñada por el Partido Revolucionario Cubano y figuras mambisas que buscaban salvar la causa independentista y evitar el total colapso nacional.

El documento -publicado por el autor para Cuba Siglo 21- sostiene que la Cuba actual vive una situación similar a la de entonces. El régimen surgido en 1959 ha evolucionado de un sistema comunista totalitario a lo que se califica como un “estado mafioso”, controlado por una élite cleptocrática que, a través del conglomerado GAESA, domina los recursos económicos y financieros del país, reprimiendo cualquier disidencia u oposición. La población cubana, desarmada, fragmentada, empobrecida y enfrentando crisis de alimentos, energía, salud y conectividad, carece de capacidad organizativa suficiente para desplazar al poder establecido por sí sola. Se concluye que insistir únicamente en fórmulas tradicionales de oposición –como protestas cívicas, denuncias internacionales o llamamientos al diálogo– difícilmente generaría un cambio real en un plazo compatible con la gravedad de la crisis humanitaria actual.

Una carátula del Informe Cuba Siglo 21 junto a un libro abierto con la figura del Tío Sam observando imágenes de deterioro urbano, largas filas y pobreza en Cuba
El Informe Cuba Siglo 21 de mayo de 2026, titulado «Intervención en Cuba», analiza la difícil situación de la isla con imágenes de pobreza y una reflexión crítica sobre su posible futuro.

Uno de los argumentos fundamentales del texto es que la intervención o respaldo decisivo de Estados Unidos es la única variable con probabilidades significativas de éxito. El autor distingue entre lo “preferible” y lo “imprescindible”: lo preferible sería una solución interna, pacífica y exclusivamente cubana, pero la historia y las condiciones actuales demuestran que esto no siempre es viable. Así como los mambises hubieran querido derrotar a España solos, terminaron concluyendo que necesitaban ayuda exterior para evitar el fracaso y acortar el sufrimiento de la población. Del mismo modo, se argumenta que la Cuba actual ha llegado al punto en el que la ayuda externa deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.

El texto presta especial atención a los líderes independentistas, planteando una analogía provocadora: según la lógica del discurso oficial del gobierno cubano actual, figuras históricas como Máximo Gómez y Antonio Maceo serían considerados “traidores” o “anexionistas”. Ambos, especialmente desde finales de 1896, consideraron imprescindible la intervención estadounidense para asegurar el triunfo sobre España. Se recuerda que Maceo transmitió expectativas favorables a sus tropas en caso de intervención norteamericana y que Gómez y Estrada Palma promovieron gestiones diplomáticas encaminadas a involucrar de manera activa a Washington. El discurso oficial contemporáneo suele ocultar o minimizar estos hechos porque contradicen la narrativa que presenta cualquier colaboración con Estados Unidos como antipatriótica.

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Otro argumento clave es que la Ley Helms-Burton no debe interpretarse como una amenaza a la soberanía cubana, sino como un mecanismo para su protección. Se establece un paralelismo entre la Enmienda Teller de 1898 y el Capítulo II de la Ley Helms-Burton: así como la Enmienda Teller condicionó la intervención estadounidense al compromiso de no anexar Cuba y transferir el poder a un gobierno elegido por los cubanos, la Helms-Burton prevé una fase transitoria seguida de elecciones libres y la restauración del control soberano por parte del pueblo cubano. Según esta lectura, la ley actuaría como una hoja de ruta hacia la democratización y no como un instrumento anexionista.

Primer plano de un documento manuscrito en cursiva sobre papel blanco, con texto oscuro legible que incluye las palabras "doctrina de Monroe"
Fragmento de la carta original de Máximo Gómez al presidente James McKinley de marzo 1897. Publicado el original por primera vez

El documento dedica un apartado a desmontar lo que denomina “la manipulación del temor” ejercida por el gobierno cubano y sus defensores ante la posibilidad de una intervención estadounidense. La propaganda oficial ha construido una serie de miedos para desalentar cualquier respaldo popular a esa opción: pérdida de soberanía, anexión, masacres indiscriminadas, saqueo económico o resistencia nacional generalizada. Estos temores ignoran tanto la evolución tecnológica de los conflictos actuales como el desgaste político y moral del régimen. Además, el uso del calificativo “anexionista” funciona como herramienta propagandística para deslegitimar a quienes reclaman cambios democráticos y alianzas externas.

  • Soberanía: el régimen alega que se violaría la soberanía, pero el documento sostiene que dicha soberanía fue eliminada por el propio Estado en 1959 al suprimir las elecciones libres; no se puede violar lo que no existe.
  • Masacres: ante el temor a bombardeos indiscriminados, se argumenta que la tecnología actual permite ataques quirúrgicos y precisos contra las fuerzas represivas, evitando así masacres de civiles.
  • Anexión: se fundamenta que anexar a 11 millones de personas empobrecidas sería una carga fiscal inasumible para Estados Unidos y no contaría con el apoyo de la clase política estadounidense actual.
  • Hipocresía histórica: se recuerda que quienes hoy denuncian el “anexionismo” yanqui fueron en el pasado “anexionistas prosoviéticos”, cediendo territorio para bases militares de la URSS e incluyendo una cláusula constitucional que ataba la isla al país soviético.

En este contexto, el ensayo plantea que, a pesar de las campañas de miedo, la intervención estadounidense ya no es una idea marginal entre los cubanos, sino una posibilidad cada vez más “normalizada”. Encuestas recientes, tanto dentro como fuera de Cuba, indican que amplios sectores sociales contemplan de forma favorable alguna participación decisiva de Estados Unidos en la resolución de la crisis cubana. Esto ha ampliado la llamada “Ventana de Overton”, haciendo que el debate sobre la intervención deje de ser un tabú.

El documento ofrece una visión esperanzadora sobre la recuperación de Cuba tras un cambio de régimen. A diferencia de los más de 60 años de dependencia de la URSS o Venezuela, se sostiene que Cuba no requeriría un “Plan Marshall” ni una economía subsidiada por potencias extranjeras. La prosperidad futura del país descansaría sobre tres pilares:

  • Población transnacional: una diáspora con capital financiero y humano lista para invertir en el país.
  • Cultura emprendedora: un espíritu empresarial que ha sobrevivido a pesar de décadas de represión.
  • Proximidad geográfica: la cercanía al mayor mercado mundial, permitiendo la integración en cadenas productivas modernas.

En conclusión, lo que sería preferible –una solución no violenta y puramente cubana– se ha vuelto imposible ante la intransigencia de la élite en el poder, convirtiendo la intervención externa en algo imprescindible para evitar la desaparición física de la nación. Se argumenta que el mantenimiento del statu quo es inviable y que la crisis humanitaria exige respuestas urgentes. Entre los escenarios posibles, el de protestas masivas protegidas por apoyo coercitivo estadounidense aparece como el más legítimo y con mayores probabilidades de éxito. Aunque Estados Unidos tiene intereses propios, se sugiere que estos pueden coincidir con los del pueblo cubano, como ocurrió a finales del siglo XIX. El mensaje final es que la disyuntiva cubana no está entre soberanía y ayuda externa, sino entre prolongar la crisis o asumir riesgos calculados para rescatar la libertad y reconstruir la nación.

*Juan Antonio Blanco Gil es historiador, diplomático y académico. Experto en negociación y manejo de conflictos. Con más de 30 años de experiencia, es considerado uno de los mejores expertos en el tema de las relaciones Cuba – Estados Unidos.

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Editoriales de The Times: Trump perdió esta guerra.

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El acuerdo preliminar que pone fin a la guerra de cuatro meses del presidente Donald Trump contra Irán es bienvenido, pero conlleva duras realidades.

Trump cometió un terrible error al iniciar esta guerra.

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La llevó a cabo de forma temeraria y en abierta violación de la ley.

Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico durante los próximos años.

Los detalles del acuerdo no están claros, pero el marco anunciado sugiere que Trump ha conseguido pocos de los términos que insistía en obtener.

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Es un revés humillante para él y para la nación que lidera.

Plan

Desde que comenzó la guerra, afirmó que Estados Unidos lograría una “victoria total y completa” y que Irán debía aceptar una “rendición incondicional”.

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Sugirió que se produciría un cambio de régimen.

Declaró que a Irán no se le permitiría enriquecer uranio y que Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y eliminaría todo el material nuclear de grado casi explosivo que posee, enterrado a gran profundidad.

Nada de esto parece ser cierto.

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El gobierno de línea dura de Irán se mantiene en el poder.

Los detalles del acuerdo nuclear se negociarán aparentemente en los próximos dos meses, pero es probable que los términos se asemejen a los del acuerdo de 2015 que negoció el presidente Barack Obama y que Trump canceló en 2018.

Describió el acuerdo de Obama como el «peor acuerdo de la historia» y afirmó que puso a Irán en «el camino hacia un arma nuclear».

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Lo criticó por no obligar a Irán a dejar de apoyar a grupos terroristas como Hamás y Hezbolá y por suavizar las sanciones económicas.

Sin embargo, es probable que su guerra destructiva le deje con un acuerdo similar.

Su mayor logro en el marco del alto el fuego es la esperada reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo mundial, lo que eventualmente reducirá los precios de la energía y otros bienes.

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Esto, por supuesto, no es más que un retorno al statu quo de antes de la guerra.

Irán cerró el estrecho en represalia para perjudicar la economía mundial y aumentar la presión política sobre Estados Unidos.

La estrategia funcionó, y los líderes iraníes ahora comprenden que poseen una poderosa arma económica.

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En definitiva, Irán emerge como el vencedor estratégico de la guerra de cuatro meses.

Si bien sufrió pérdidas sustanciales, incluyendo gran parte de su armada, fuerza aérea, capacidad militar-industrial y liderazgo político, entre ellos el ayatolá Ali Khamenei, el líder supremo, quien murió el primer día de la guerra, con el fin del conflicto, el liderazgo iraní puede comenzar la reconstrucción.

Por su parte, Estados Unidos se muestra más débil ante el mundo.

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El ejército estadounidense ha demostrado ser incapaz de derrotar a un adversario mucho menor, incluso después de haber agotado gran parte de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores.

Este resultado perjudica la capacidad del país para disuadir a otros adversarios potenciales.

Para empezar a reparar el daño, Estados Unidos haría bien en fortalecer las alianzas en Europa, Oriente Medio y Asia, debilitadas por las consecuencias militares y económicas de la guerra.

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El Pentágono también deberá modernizarse y prepararse para las guerras del futuro.

Es poco probable que esto ocurra bajo la presidencia de Trump.

Antes del ataque estadounidense e israelí del 28 de febrero, el liderazgo iraní había atravesado dos años y medio desastrosos.

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El gobierno era mucho más débil que antes del ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel por parte de Hamás, grupo que Irán ha financiado y asesorado durante mucho tiempo.

En respuesta a ese ataque, Israel debilitó considerablemente a Hamás y a Hezbolá, otro grupo afín a Irán.

En Siria, un dictador asesino respaldado por Irán cayó mientras los líderes iraníes hicieron poco por salvarlo.

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Israel y Estados Unidos dejaron al descubierto la fragilidad de las defensas aéreas y el programa de misiles de Irán al bombardear instalaciones nucleares iraníes el verano pasado, lo que provocó un retroceso en dicho programa.

Mientras tanto, la moneda iraní continuó devaluándose y su economía estaba en ruinas.

A partir de finales del año pasado, los iraníes salieron a las calles a protestar, y el régimen respondió asesinando a miles, si no a decenas de miles, de ellos.

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Todos estos problemas persisten, e Irán sigue siendo más débil que hace tres años.

Sin embargo, la guerra le ha otorgado una influencia que no tenía al inicio de 2026.

Su régimen ha demostrado que puede sobrevivir a oleadas de ataques de sus dos mayores enemigos.

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Sus líderes no han tenido que renunciar a sus ambiciones nucleares.

Y han aprendido que el resto del mundo parece reacio a usar la fuerza militar para reabrir el estrecho de Ormuz.

Si Irán decide cerrar el estrecho en algún momento de los próximos meses o años, ¿qué hará Trump en respuesta?

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Reacción

Presentamos estos hechos con pesar. Irán ha sido y sigue siendo una fuerza perniciosa.

Reprime a su propio pueblo, especialmente a los disidentes políticos, las mujeres, las personas LGBTQ+ y las minorías religiosas.

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Es líder mundial en tortura y ejecuciones, y ha financiado el terrorismo en su región y mucho más allá.

Los líderes iraníes han empobrecido a un país donde el ingreso per cápita superaba el promedio mundial hasta la década de 1970.

La brutalidad manifiesta del régimen debería haber sido motivo suficiente para que Estados Unidos reflexionara detenidamente y planificara con cautela cualquier guerra.

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La historia de las guerras modernas estadounidenses, particularmente en la región de Irán, está plagada de arrogancia que propició la derrota.

Sin embargo, Trump evitó la planificación reflexiva en cada paso.

Aceptó la visión optimista del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien predijo la rápida caída del régimen iraní.

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Trump desestimó las opiniones de sus asesores, quienes le dijeron que el pronóstico de Netanyahu era ridículo.

Ignoró la Constitución y se negó a solicitar la aprobación del Congreso para la guerra.

No escuchó a sus aliados europeos y asiáticos que se oponían a la guerra.

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No previó la evidente capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz.

Sus amenazas de destruir la civilización iraní solo lograron menoscabar la reputación moral de Estados Unidos.

Por sus pecados, ahora ha aceptado un marco de paz que el mundo entero entiende que representa una derrota para él.

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También es un revés para Estados Unidos.

c.2026 The New York Times Company

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Trump’s Iran agreement raises a basic question: Is it actually a deal?

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

President Donald Trump has hailed the newly signed Iran memorandum of understanding (MOU) as a breakthrough that normalizes relations between the two countries after months of fighting. 

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But by the White House’s own account, the agreement settles few of the issues that dominated months of negotiations, leaving sanctions relief, frozen assets and Iran’s nuclear program for a new round of talks.

«This is really just the first MOU and then we’re going to launch into the real technical discussions later this week,» a senior administration official told reporters Monday. 

The memorandum, signed digitally by Trump and Vice President JD Vance Sunday, kicks off a 60-day period for technical talks aimed at a final agreement. A formal signing ceremony with U.S. and Iranian officials, along with Pakistani and Qatari mediators, is planned for Friday. Yet even administration officials acknowledge that the memorandum leaves many of the most contentious issues unresolved. 

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«We’ll know over the next two to three weeks whether those understandings will turn into an actual agreement,» a senior administration official said. 

TRUMP MAY HAVE WON A STRATEGIC PAUSE IN IRAN. NOW COMES THE HARD PART

Nate Swanson, a former senior advisor on Iran policy to successive administrations and now a senior fellow at the Atlantic Council, said the memorandum appears to postpone rather than resolve disputes over sanctions relief, Iran’s nuclear program and the future of the Strait of Hormuz.

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«It does not appear to resolve the core issues surrounding the mechanics of the Strait of Hormuz, Iranian nuclear concessions, or Iranian financial incentives and sanctions relief,» Swanson wrote in an analysis published by the Atlantic Council.

The memorandum of understanding signed digitally by Trump and Vice President JD Vance Sunday, kicks off a 60-day period for technical talks aimed at a final agreement. A formal signing ceremony is planned for Friday.  (Kent NISHIMURA / AFP via Getty Images)

The remark was striking given that U.S. and Iranian officials have been negotiating since the April ceasefire and already had announced a signed memorandum and upcoming signing ceremony.

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The president expressed optimism for a final deal.

«I think it’s going to happen, fairly on time, but we’ve been both involved. I think they’re going to want to get it done. Iran wants to get it done. They have to get back to business. And the relationship is now normalized,» Trump said during the G7 Summit in Évian-les-Bains, France.

JD VANCE REVEALS DETAILS OF US-IRAN DEAL, ADDRESSES WHETHER TAXPAYER MONEY WILL GO TO TEHRAN

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The administration has yet to publicly release the text of the memorandum, but officials indicated that many of the issues that have dominated months of negotiations remain subject to future talks, including sanctions relief, frozen Iranian assets and the disposition of Iran’s remaining enriched uranium stockpiles.

«Here’s what it says: Iran will never have a nuclear weapon. That’s what it says. It won’t have one to buy, to develop. They will not have a nuclear weapon,» Trump told reporters Tuesday. 

Administration officials said Monday the text of the deal would be released Tuesday or Wednesday.

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Iranian Parliament Speaker Mohammad Bagher Ghalibaf speaks during a press conference in Tehran, Iran in front of multiple flags

Iranian Parliament Speaker Mohammad Bagher Ghalibaf signed the deal along with the U.S. (Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via Reuters)

On perhaps the most disputed issue, White House officials insisted Monday that no frozen Iranian assets have been released, despite reports in Iranian state-linked media that Iran could gain access to roughly $24 billion in blocked funds during the negotiation period.

«The very simple fact is, $0 of unfrozen assets have been released by the United States or any other country.»

The administration also said it will maintain its current military posture in the region during the negotiations, despite Iranian accounts suggesting the framework contemplates a future reduction in U.S. forces around Iran.

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«The plan is to keep the current force posture during the 60-day negotiations.»

Officials repeatedly stressed that any concessions would be tied to verification rather than promises.

«We’re still at the early phases where we’re building trust.»

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«This memorandum does not mean trusting the enemy; it has been written with active distrust,» Iranian deputy foreign minister Kazem Gharibabadi said, according to Iranian state-linked Mehr News. «We will monitor the implementation of US commitments.»

The clearest immediate effect appears to be the reopening of the Strait of Hormuz, the strategic waterway through which roughly one-fifth of the world’s oil and liquefied natural gas shipments normally pass, and a commitment by both sides to preserve the ceasefire while negotiations continue. Oil prices fell to their lowest levels in three months on the agreement to lift the blockade and open the strait. 

Administration officials repeatedly described the memorandum as a framework that could eventually lead to sanctions relief, economic normalization and a broader settlement of Iran’s nuclear program — if negotiators can reach a final agreement in the coming weeks.

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An airplane targeted in a military strike shown in footage shared by CENTCOM.

U.S. Central Command shared footage of strikes targeting airplanes amid the Iran conflict. (US Central Command)

«Nothing is on the table if it doesn’t come along with real performance.»

Iranian state-linked media have described the framework as already containing commitments on sanctions relief, access to roughly $24 billion in frozen assets, future reductions in U.S. military forces in the region and a $300 billion reconstruction program. The White House has disputed key elements of that characterization.

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«We don’t pay them — there was some statement. We’re going to spend $300 billion. No, we’re allowed to go and invest if we wanted to. Someday, in the future. We have no obligation whatsoever,» Trump said during the G7 Summit.

The competing descriptions underscore how much remains unsettled.  

«There will likely be a significant delta between the aspirations outlined in the MOU and what emerges in a final deal,» Swanson said. 

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Some congressional Republicans already are questioning whether Washington and Iran are describing the same agreement.

«I think we’d all like to see the terms of the memorandum and hopefully end up with a real deal,» Sen. Rick Scott, R-Fla., told reporters at the Capitol Tuesday. 

«I don’t think there’s anybody in Congress that’s ever gonna support giving money to them,» he went on. 

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«They ought pay for what it cost us to do this to bring them to their senses to stop killing us … I want to get reimbursed for the money we’ve had to spend to bring them to their senses. They’ve got plenty of oil, they can rebuild their own country.»

«I am pleased to hear the memorandum of understanding with Iran to allow the Strait of Hormuz to open has been agreed to. I will be watching closely the ensuing negotiations regarding Iran’s nuclear program and other matters. I am somewhat concerned that Iran’s view of the agreement seems different than what the American negotiating team is claiming.»

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Más de 26 mil familias reciben raciones alimenticias en sectores vulnerables en República Dominicana

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Más de 26 mil familias de zonas vulnerables de Santiago recibieron alimentos en una jornada de cinco días organizada por Dasac en República Dominicana. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)

Más de 26 mil familias de zonas vulnerables de Santiago recibieron alimentos durante una jornada de cinco días organizada por la Dirección de Asistencia Social y Alimentación Comunitaria (Dasac) en República Dominicana. Esta iniciativa, parte de las acciones sociales del gobierno, tiene el objetivo de apoyar a los hogares que enfrentan mayores dificultades económicas y fortalecer la seguridad alimentaria en comunidades identificadas como prioritarias.

La medida consiste en la entrega directa, casa por casa, de kits de raciones alimenticias crudas. Cada kit contiene productos básicos que permiten a las familias preparar comidas en sus hogares. De acuerdo con información oficial de Dasac, los alimentos distribuidos están destinados a cubrir las necesidades inmediatas de los beneficiarios y forman parte de una política sostenida de asistencia social impulsada por el gobierno nacional.

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Los sectores de Santiago beneficiados incluyeron Camboya, Rafey, Ensanche Libertad, Los Pepines, Pekín, Cristo Rey, La Otra Banda, Villa Liberación y Baracoa. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)
Los sectores de Santiago beneficiados incluyeron Camboya, Rafey, Ensanche Libertad, Los Pepines, Pekín, Cristo Rey, La Otra Banda, Villa Liberación y Baracoa. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)

Entre los sectores de Santiago beneficiados en esta jornada figuran Camboya, Rafey, Ensanche Libertad, Ensanche Bermúdez, Los Pepines, Suelo Duro, Ensanche Mirador, La Yagüita de Pastor, El Hoyo, Bella Vista, Santa Lucía, Pekín y Cristo Rey. También se realizaron entregas en comunidades como La Otra Banda, Villa Liberación y Baracoa. La selección de las zonas se realizó a partir de un diagnóstico previo que identificó los sectores con mayor vulnerabilidad y necesidad de apoyo alimentario.

El director de Dasac, Edgar Augusto Féliz Arbona, explicó que el operativo responde a la política gubernamental de garantizar la seguridad alimentaria de las familias con menos recursos. “Continuamos trabajando con la gente, llevando apoyo y soluciones integrales a las familias que más lo necesitan”, señaló Féliz Arbona al destacar la importancia del acompañamiento permanente a los hogares beneficiarios.

La entrega de alimentos en Santiago se realizó casa por casa con kits de raciones alimenticias crudas y productos básicos para los hogares beneficiarios. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)
La entrega de alimentos en Santiago se realizó casa por casa con kits de raciones alimenticias crudas y productos básicos para los hogares beneficiarios. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)

La jornada de entrega de alimentos incluyó la presencia del presidente Luis Abinader, quien participó en un encuentro con más de 400 estudiantes de centros educativos públicos y privados de Santiago. Durante esta actividad, los estudiantes recibieron un almuerzo preparado por los Comedores Comunitarios, reforzando así el componente alimentario de la estrategia social gubernamental.

Adicionalmente, las acciones incluyeron actividades específicas para madres de la región. El programa “Madres que Sostienen, Alimentan y Protegen” se desarrolló en los municipios de Tamboril, Baitoa y Gran Arena del Cibao, con el propósito de brindar apoyo directo a mujeres responsables de hogares y fortalecer su capacidad de cuidado y alimentación familiar.

Luis Abinader participó en Santiago en un encuentro con más de 400 estudiantes, que recibieron un almuerzo preparado por los Comedores Comunitarios. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)
Luis Abinader participó en Santiago en un encuentro con más de 400 estudiantes, que recibieron un almuerzo preparado por los Comedores Comunitarios. (Foto cortesía Presidencia de República Dominicana)

Según datos oficiales, los equipos de Dasac mantuvieron presencia constante en las comunidades intervenidas para asegurar que la ayuda llegara directamente a los hogares identificados como prioritarios. La institución informó que este tipo de operativos continuará realizándose en otros sectores de Santiago y en diferentes provincias del país, en el marco de los programas de asistencia social diseñados para ampliar su alcance y cobertura.

La entrega de alimentos forma parte de una serie de acciones que buscan mitigar los efectos de la vulnerabilidad social y garantizar el acceso a productos básicos para quienes más lo necesitan en República Dominicana. Las autoridades han reiterado su compromiso de mantener y fortalecer este tipo de iniciativas en beneficio de las familias más afectadas por la inseguridad alimentaria.

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