POLITICA
La polarización sigue justificando todo

La polarización política siempre está y vuelve recargada para pagarle dividendos a los políticos que la explotan. Aunque el país la padezca. El negocio de la antinomia está más vivo que nunca. Un juego en el que hoy mileístas y peronistas se sienten cómodos.
El miedo a un regreso al pasado, el riesgo kuka o más simplificadamente el antiperonismo visceral de más o menos la mitad de los electores (que no es lo mismo que ciudadanos) argentinos es el gran activo, la más eficiente amenaza y el poderoso fantasma que agita el oficialismo y adopta buena parte de sus votantes para justificar, aceptar, tolerar o resignarse a lo que haga Javier Milei y su gobierno. Aún lo que no les gusta o les indigna.
Del otro lado, el peronismo se refugia en ese 40% de piso electoral histórico que al noperonismo le cuesta perforar para permitirse un sinfín de desaguisados que a la Argentina le han costado demasiado caro y enfrascarse en paralizantes disputas internas, como si tuviera la vida garantizada y no hubiera riesgos ciertos para su supervivencia. Tal vez, como nunca.
La dificultad que hoy muestra el perokirchnerismo para iniciar un proceso virtuoso de renovación lo expone con claridad. Lo mismo que el terror de muchos peronistas nokirchneristas a desprenderse de la nave nodriza del kirchnerismo y empezar a construir una nueva oferta electoral sin el peso de ese pasado inmediato que le da un piso confortable, pero le pone un techo demasiado bajo si no tiene ayuda del error ajeno de sus oponentes de turno.
Por eso, el universo justicialista apuesta a la tendencia a autolesionarse de Milei, más que a la construcción de una alternativa superadora. La salida de Manuel Adorni del Gobierno, aunque demorada, es, así, motivo de lamento antes que de satisfacción. El hostigamiento que los bloques perokirchneristas del Congreso hicieron durante casi dos meses tenía menos por objetivo su remoción que darle motivos a Milei para sostenerlo. Casi les sale bien. La obstinación más caprichosa que estratégica por no ceder a lo que le demandan sus adversarios (internos o externos) había llevado al Presidente a prolongar una larga agonía demasiado costosa.
Las últimas elecciones legislativas mostraron que el mapa político, con sus movimientos circunstanciales en cada cambio de ciclo, no solo no se modificó estructuralmente, sino que recuperó en buena media la fisonomía que tenía antes de las elecciones presidenciales de 2025, cuando parecía empezar a alterarse definitivamente, con la incursión mileísta en muchos bastiones históricamente justicialistas. El peronismo y el noperonismo sigue siendo el clivaje que organiza la política argentina, aunque cambien las denominaciones. Lo muestran los mapas electorales que elabora con rigurosa precisión el sociólogo y consultor Luis Costa después de cada elección.
Como ya pasó con la primavera alfonsinista, con la ilusión aliancista y, aunque más acotadamente, con la irrupción macrista entre votantes peronistas no kirchneristas, ningún trasvasamiento de electores del cuadrante peronista, filoperonista o no antiperonista ha logrado, hasta ahora, consolidarse en el tiempo en beneficio de sus rivales.
Así es como Cristina Kirchner y su brazo militante, La Cámpora, se pueden permitir, desde el departamento-prisión de San José 1111, seguir apostando a condicionar cualquier movimiento dentro del peronismo y anteponer la situación personal-judicial de la expresidenta a cualquier reconstrucción político-partidaria. La recuperación parcial de la imagen positiva de la expresidenta, a pesar del elevado y duro rechazo, del orden del 60%, que sigue teniendo, alimentan el empecinamiento.
La tibieza kicillofista
El cristicamporismo no oculta y expone jactanciosamente la pulsión a someter antes que a conceder, aun en el ocaso. Mientras tanto, sus rivales internos del planeta kirchnerista, encabezados por Axel Kicillof, intentan con evidente temor y cautela un armado electoral y una nueva narrativa que no termina nunca de asomar, mientras el tiempo pasa y las dificultades políticas y para gestionar del gobernador bonaerense aumentan.
El reciente paso por Nueva York de dos exploradores kicillofistas fue un buen ejemplo de esa actitud que complica la proyección de Kicillof. Las reuniones que el ministro de Hacienda bonaerense, Pablo López, y su sherpa angloparlante Cecilia Niccolini mantuvieron con representantes de fondos de inversión dejaron expuesta tanto la cautela, los prejuicios y las prevenciones con las que se movieron en tierras para ellos ajenas como el temor a quedar a tiro de la inquisición cristicamporista y de los que se siguen cobijando en esa iglesia. Le temen más al estigma de la herejía que a una condena por tibieza, aunque le llamen estrategia.
“Tenían mucho temor a que trascendiera con quiénes se reunían y qué decían. Aún cuando casi todo lo que se animaron a sostener fue: ‘No somos defaulteadores, devaluadores seriales, degenerados fiscales ni antiempresas. Axel puede demostrarlo no solo con lo que hace en la gobernación sino con su gestión como ministro de Economía de la Nación’. Pero de ahí casi no salían”, contó uno de los asistentes a esas reuniones, que el kicillofismo viene postergando desde más de cinco años, a pesar de haber recibido varias invitaciones en ese lapso.
“Cuando se les preguntaba qué cambiarían y qué dejarían de lo que ha hecho Milei si Axel llegara a la presidencia en 2027 volvían a lo mismo. Solo agregaban que había que ver qué les dejaban y vagamente apuntaban a la reactivación de la producción y del consumo, sin muchos detalles”, agregó el inversor.
El rechazo a ser vistos como “defaulteadores” no fue casual. En el kirchnerismo la cuestión de la deuda externa sigue siendo un tema (o un tabú) tan potente como siempre. O mejor dicho, como cuando en 2022 Máximo Kirchner dejó la presidencia del entonces bloque oficialista en rechazo del acuerdo con el FMI que había firmado el gobierno de Alberto Fernández. Aún cuando hoy en la Argentina no hay ningún rechazo masivo, sino casi todo lo contrario, cada vez que baja el riesgo país y el oficialismo y los poderes económicos celebran la posibilidad de que el gobierno pueda estar más cerca de salir a tomar nueva deuda.
Máximo en campaña
El hijo biológico de Cristina Kirchner ha empezado a recorrer el país casi en espejo con lo que hace su exhermano político Axel, aunque sus anfitriones y sus ejes discursivos no se parecen en nada.
Máximo Kirchner tiene dos leitmotivs, la campaña en defensa de la inocencia de su madre, que lleva implícita la demanda de su liberación, aunque los cristicamporistas se empeñan en decir que “Cristina libre” no es la prioridad sino volver al poder. El otro tema dominante es el endeudamiento. De pasado mucho, de futuro demasiado poco. Y nada de lo que esperan como propuesta alternativa para mejorar la vida de los descontentos o afectados del mileísmo, que sea concreta, posible y sustentable. Tres palabras que el cristinismo nunca ha sabido combinar.
Pero esas son diferencias menores con el gobernador y aspirante a presidente sin animarse a confirmarlo. No terminar de alejarse ni rendirse a los pies de Cristina Kirchner lo muestra maniatado. Para los suyos, Kicillof es un tiempista. Para los cristicamporistas, en cambio, es la demostración tanto de deslealtad como de falta de cualidades políticas.
“Axel tiene que darse cuenta de que sólo no va a llegar, pero él hace política con sus amigos. Ni siquiera los intendentes que integran su movimiento Derecho al Futuro son de él. Cristina sigue teniendo 40% de imagen positiva, así que si le presenta un candidato le saca como mínimo 18 o 20 puntos. Entonces, no se entiende por qué no busca un acuerdo y la va a ver. Si quiere ganar no hay duda de lo que tiene que hacer. Salvo que lo que quiera es romper y tratar de acumular poder solo para él, pero así no va a llegar”, dice una de las personas que más habla tanto con la expresidenta como con su hijo.
“Claro que si Axel va a San José 1111, Cristina le va a cantar las 40, le va a hacer todos los planteos que tiene acumulados”, admiten en torno de Máximo Kirchner.
Del lado del gobernador, saben no solo a lo que no quiere exponerse sino que temen que la sombra de Cristina se proyecte para encerrarlo en un círculo que le impida llegar al menos a un balotaje, al mismo tiempo que no se animan a romper por temor a perder esa base de sustentación.
Si se proyecta la foto de hoy, el escenario de una segunda vuelta en la elección presidencial de 2027 asoma como el más probable. Todo, siempre y cuando no haya fugas ni divisiones de uno u otro extremo que rompan una polarización en la que ambos se sienten cómodos y para la cual trabajan todos los días.
Por lo pronto, el mileísmo empezó a obturar la posibilidad de construcción de una opción competitiva de Pro a nivel nacional con la designación de Diego Santilli en la jefatura de Gabinete. El macrismo admite las dificultades para diferenciarse de un gobierno en el cual seis de nueve ministros tienen origen amarillo, aunque ahora hayan adoptado alidad violeta. Impedidos por los votantes que les quedan de impulsar un fracaso del actual gobierno para tener una oportunidad, se le diluyen hasta las posibilidades de negociar desde alguna posición de poder una alianza ventajosa. Inclusive, el bastión porteño está en riesgo si Milei no tropieza.
Por eso, Mauricio Macri desde Estados Unidos barrunta, cuando se distrae del Mundial de fútbol, la posibilidad de entregar a su primo y buscar una alianza que no desaloje al Pro de su casa natal. Aunque Jorge Macri quiera parecerse cada vez al mileísmo menos tolerante, en la Casa Rosada no gustan las imitaciones. Karina Milei prefiere las rendiciones incondicionales.
Por ahora, no asoman opciones que puedan reconstruir el escenario de tres tercios que les permitió a Macri, a Alberto Fernández y a Milei llegar a la presidencia, después de triunfar en un balotaje.
El máximo común divisor en esas tres elecciones fue el mismo que nunca logró beneficiarse de su capacidad de fragmentación, pero que siempre sueña con que un día su martingala lo lleve a la Casa Rosada. En eso vuelve a estar Sergio Massa, que mira con entusiasmo las encuestas que le hace llegar su entorno y mostrarían que su sideral imagen negativa estaría volviéndose terrenal. Ahora le faltaría alimentar su imagen positiva. No es fácil.
Por eso esta vez está dispuesto a cambiar de estrategia. Al contrario de la máxima romana, de dividir a los adversarios para reinar, esta vez teje sin cesar para juntar y sumar al peronismo detrás suyo, yendo de San José 1111 hasta La Plata, con escalas en todos los escritorios de peronistas y no peronistas antimileístas con algún poder territorial. Nunca le han faltado voluntad, optimismo ni recursos para intentarlo. Ahora tampoco, aunque parece más complicado.
La antinomia vuelve a justificarlo todo. Aunque la Argentina la padezca desde hace 80 años.
Claudio Jacquelin,Javier Milei,Axel Kicillof,Cristina Kirchner,Conforme a,Javier Milei,,Cara o ceca. El plan de Milei para la reelección,,Frío frío,,Carlos Pascual. “Si alguien me hubiera dicho hace tres años que la Argentina iba a recorrer este camino, ni yo ni la mayoría de los analistas internacionales lo hubiéramos creído posible”
POLITICA
Llega el canciller alemán en medio de la inquietud en la Unión Europea por el avance del Gobierno sobre la Justicia

El canciller alemán Olaf Scholz llegará a Buenos Aires mañana, dos días antes de lo previsto originalmente, como parte de una visita a Sudamérica en la que se entrevistará con Alberto Fernández y que tendrá como eje central un encuentro con el presidente de Brasil.
La estadía en la Argentina de Scholz, el sucesor de Ángela Merkel, durará menos de 24 horas y se da en un contexto de tensión evidente, luego del reclamo de la delegación alemana en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, centrado en las “presiones e intimidaciones” a los jueces e investigadores y en la necesidad de cubrir vacantes claves en el andamiaje institucional argentino.
La preocupación fue compartida, días atrás, por los Estados Unidos, a través de voceros del departamento de Estado, y se manifestó también ayer en una reunión reservada de delegados políticos de la Unión Europea, según contaron a dos participantes de ese encuentro. Con matices, distintos delegados se mostraron en alerta ante el inicio del juicio político contra la Corte en la Cámara de Diputados y la retórica hostil que comparten el Presidente y su vice, Cristina Kirchner, condenada el mes pasado por corrupción.
El lunes, un rato después del informe del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, en el que denunció “lawfare” y sostuvo que hay una “persecución judicial” contra la vicepresidenta, Alemania cuestionó en la ONU la injerencia política sobre el sistema judicial argentino.
“Alemania expresa su preocupación por los intentos de ejercer influencia política en el sistema de Justicia. Alemania en ese sentido recomienda que se fortalezca la independencia judicial y se proteja a jueces e investigadores ante presiones e intimidaciones. Recomienda además trabajar activamente con la oposición para cubrir los puestos vacantes en la procuración general, la Corte Suprema y la Defensoría del Pueblo”, leyó la diplomática Ann-Jasmin Krabatsch, que representó a su país en la audiencia.
Desde la delegación alemana en Buenos Aires evitaron hacer comentarios a al respecto, horas antes de la llegada de Scholz. Pero trascendió de fuentes cercanas que no se trata, por cierto, de una casualidad y que el informe “quirúrgico” es una muestra de que el gobierno alemán sigue con atención la pelea entre el Gobierno y la Justicia.
No fue ese el único cuestionamiento internacional que recibió el Gobierno. Durante la sesión en Ginebra hubo otros dos estados que aludieron a la necesidad de garantizar la independencia judicial en la Argentina (Eslovaquia y Chile), mientras que otro –Suecia– presentó una pregunta escrita a la delegación que encabezó Pietragalla en la que aludió a “la creciente preocupación de organizaciones independientes” sobre la injerencia política en la Justicia. Bolivia fue el único país que respaldó la denuncia kirchnerista sobre el lawfare (y añadió un reclamo para liberar a la dirigente jujeña Milagro Sala).
La semana pasada, y a través de voceros del Departamento de Estado, Estados Unidos llamó a “respetar las instituciones democráticas y la separación de poderes” en el país luego de que el presidente Alberto Fernández escaló su enfrentamiento con la Corte Suprema al impulsar un juicio político en el Congreso a todos los integrantes del máximo tribunal. “Estamos al tanto de estos informes. Hacemos un llamado a todos los actores en la Argentina a respetar las instituciones democráticas y la separación de poderes”, afirmó el funcionario norteamericano.
Alerta de Human Rights Watch
La organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW) había alertado a principios de enero en su Informe Anual 2023 que la retórica hostil hacia los jueces por parte de las autoridades argentinas, las demoras en la designación de jueces y de otras autoridades de alto nivel -como el Procurador General o el Defensor del Pueblo- y la corrupción, presente también en el Poder Judicial, “han socavado de forma progresiva el Estado de derecho”. Tamara Taraciuk Broner, directora en funciones para las Américas de HRW, dijo a que el impulso a un juicio político era un “gravísimo ataque a la separación de poderes”.
A ellos se suma la reunión de delegados políticos europeos, este jueves en la sede porteña de la UE, en la que distintos diplomáticos europeos coincidieron -según testigos- en que “es la República lo que está en juego” y en la importancia de “sostener la independencia del Poder Judicial” en el país.
Desde el Gobierno minimizan las críticas de Alemania en Ginebra. Y apuntan a la importancia de la reunión entre Scholz y Fernández, la tercera si se cuenta el encuentro a solas en Berlín, de abril pasado, y el de Munich, durante la reunión del G7, al que Fernández llegó como presidente pro témpore de la Celac. Destacan además que una importante delegación de empresarios acompañará al sucesor de Merkel, ansioso por reafirmar la “alianza estratégica” con la región y conseguir abastecimiento energético, limitado al máximo por su férrea oposición a la invasión ordenada por Vladimir Putin a Ucrania.
El domingo por la tarde, ya fuera del país, Scholz será recibido por el presidente de Chile, Gabriel Boric, en el Palacio de la Moneda. Será un paso previo a su encuentro del día siguiente con el presidente Lula, en el final de un paso veloz pero significativo que comenzará en Buenos Aires, lugar en el que la preocupación alemana por el ataque kirchnerista a la Corte podría formar parte de las conversaciones.
reclamo de la delegación alemana,Horacio Rodríguez Larreta hace un impasse antes de su lanzamiento presidencial y envía señales de autonomía tras el guiño de Mauricio Macri a Patricia Bullrich,respetar las instituciones democráticas y la separación de poderes,“han socavado de forma progresiva el Estado de derecho”,Jaime Rosemberg,Olaf Scholz,Derechos Humanos,Alberto Fernández,Conforme a,Olaf Scholz,,Coalición en crisis. Cómo sigue el proceso para elegir al próximo canciller de Alemania tras la histórica derrota del candidato conservador,,Cambio de rumbo en Alemania. Los conservadores vuelven al poder en Alemania y la ultraderecha se consolida como segunda fuerza,,Futuro en juego. Por qué Alemania se enfrenta a sus elecciones más importantes de la posguerra
POLITICA
Rodrigo Sbarra fue oficializado como viceministro de Salud tras la salida de Guido Giana

El decreto que reordenó la cartera que conduce Mario Lugones finalmente salió hoy en Boletín Oficial, tal como había adelantado Infobae. Rodrigo Sbarra fue nombrado viceministro de Salud tras haber presentado su renuncia al cargo de subsecretario de Coordinación Administrativa de la Secretaría de Gestión Administrativa de dicha área.
Los movimientos en el Ministerio de Salud se dieron a partir de la inesperada salida de Guido Giana a siete meses de haber asumido el cargo. Según trascendió, hubo motivos personales que lo llevaron a tomar la decisión que se conoció este lunes.
Sbarra se desempeñaba como subsecretario de Coordinación Administrativa desde diciembre del año pasado cuando fue designado por el decreto 874/2025. El anticipo de los cambios lo confirmaron fuentes oficiales a este medio, los cuales se concretaron mediante el decreto 579/2026: “Designase, a partir del 7 de julio de 2026, en el cargo de Secretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Salud al licenciado Rodrigo Alberto Sbarra», describe el documento oficial.
En tanto, Giana había asumido como viceministro un mes antes y su nombramiento quedó asentado a través del decreto 783/2025 publicado en el Boletín Oficial para reemplazar a Cecilia Loccisano, quien había presentado su renuncia tras la victoria del Gobierno en las elecciones legislativas del 26 de octubre de ese año.
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Previamente, había sido gerente económico-financiero del INSSJP-PAMI durante la gestión de Mauricio Macri y tuvo un breve paso por el Ministerio de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Antes de su llegada al Ministerio de Salud, también había tenido una trayectoria política dentro del PRO: fue concejal en el municipio de Presidente Perón y candidato a intendente bajo la coalición Juntos por el Cambio.
En esa línea, desde la cartera sanitaria señalaron que la llegada de Sbarra continuará impulsando la agenda de transformación que llegó con la gestión del ministro Mario Lugones. Además, aclararon que el objetivo es profundizar las políticas de desburocratización, eficiencia, transparencia y modernización del sistema de salud.
Por su parte, en un comunicado oficial, la cartera agradeció a Giana “por su trabajo, compromiso y profesionalismo durante su gestión” y señaló que su aporte “fue fundamental para sentar las bases de esta nueva etapa”.

Quién es el nuevo administrador
Sbarra se presenta en su perfil de LinkedIn como economista especialista en implementación de políticas públicas, con una larga carrera en la administración pública nacional. Su último cargo antes de incorporarse a la gestión libertaria fue en el Ministerio de Desarrollo Productivo, durante la presidencia de Mauricio Macri, donde permaneció más de cuatro años: como subsecretario de Coordinación entre diciembre de 2015 y octubre de 2018, y luego como secretario de Coordinación hasta diciembre de 2019.

Con anterioridad, ejerció como asesor financiero del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con funciones en la Jefatura de Gabinete del Ministerio de Desarrollo Económico porteño entre mayo de 2012 y diciembre de 2015. Entre julio de 2009 y ese mismo mes de 2012, ocupó el rol de asesor económico y enlace parlamentario en el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de la Nación, desde donde articuló el vínculo entre esa cartera y el Honorable Congreso de la Nación.
Su trayectoria en el sector público arranca en marzo de 2005, cuando se incorporó como asistente en la Unidad Ministro del Ministerio de Economía y Producción, cargo que mantuvo hasta diciembre de 2008, para pasar luego a la Unidad Ministro del Ministerio de Producción hasta julio de 2009. Entre agosto de 2010 y abril de 2011, además, actuó como consultor externo delINTA, con participación en el Programa Global Biopact.
POLITICA
Los caprichos de Trump y el riesgo para Milei

En la ronda electoral del año que viene, el riesgo de la polarización y la incertidumbre del péndulo puede ser mayor que lo esperado. El orden macroeconómico que hasta ahora logró el Gobierno parece alejar ese riesgo, pero no necesariamente. Primero, porque no está claro que la derechización que se inició con la Argentina de Javier Milei en 2023 sea un proceso cumplido y asentado, cuya reproducción esté garantizada en una eventual reelección en 2027. La polarización es un riesgo eterno. Segundo, porque a esa duda se superpone un patrón electoral que se viene repitiendo en América Latina: la dificultad de los oficialismos para reelegir, sea de izquierda como de derecha. Tercero, porque no está claro el impacto de la elección de medio término en Estados Unidos si llega a perder Donald Trump, y el impacto en la estabilidad de la derecha transnacional: son tiempos de aceleración de los procesos globales.
El aleteo de una mariposa agita cambios impensados a un ritmo hiper globalizado en su efecto contagio: Trump es la pieza central de la naturalización de la derecha de nuevo cuño, Milei entre ellas. ¿Debilitado el enclave Trump, se debilitará el sistema de derecha como en efecto dominó? ¿El mundo según Trump llega a su fin? La cuestión es si el electorado de Estados Unidos agotó o no su paciencia con la discrecionalidad trumpista, o todavía le da margen. El episodio mundialista de la tarjeta roja anulada es la última excentricidad del sistema Trump capaz de romperlo todo. Trump reducido a una fuerza de destrucción que ya no alcanza la etapa creadora. El capricho del poder como modus operandi.
Ayer, los anuncios del equipo económico se movieron dentro de la rigidez de esa cancha electoral polarizada, al menos de miedos polarizados, con telón de fondo regional y global desafiante. Luis Caputo presentó un plan financiero con un objetivo claro: reducir al mínimo las chances de shocks externos, pero sobre todo internos, es decir, políticos, en la paz mileísta de 2027. La palabra clave es “blindaje electoral”. Si en años de incertidumbre electoral a los argentinos les preocupa el dólar, Caputo aseguró tener los dólares suficientes para cubrir las obligaciones financieras hasta después de la elección presidencial.
La polarización que conviene
Pero los riesgos electorales son estructurales. 2027 es sinónimo de incertidumbre porque a la Argentina le falta alcanzar una conquista esencial: un modo sostenible de polarización. Una polarización que conviene, es decir, que haga correcciones en los márgenes de la visión de país, pero que mantenga un núcleo duro de racionalidad sin importar en cuál extremo del péndulo se encuentra. El problema no es tanto la polarización, sino la calidad de los polos.
En ese caso, el modelo puede ser Uruguay. Lo sintetiza bien el doctor en Ciencia Política Andrés Schipani: una opción de izquierda que logró “reformas igualitarias y capitalismo vibrante”. Su análisis pone el foco en el Frente Amplio, la izquierda uruguaya, y la figura de Tabaré Vázquez. Entre 2005 y 2020, el polo izquierdo del péndulo uruguayo gobernó con una mezcla única de racionalidad macroeconómica y políticas igualitarias. En ese período, el salario real creció un 62,5 por ciento sin crisis inflacionaria y la pobreza bajó del 32,5 al 8 por ciento. Al mismo tiempo, se mantuvo una política macroeconómica con estabilidad cambiaria, inflación y déficit relativamente bajos; hubo autonomía del Banco Central; se fomentó activamente la inversión privada. Con la izquierda uruguaya en el poder, explotó, en palabras de Schipani, la inversión extranjera directa: entre 2008 y 2018 estuvo entre los tres países de la región que más inversión extranjera directa recibieron. Respecto del PBI, la inversión extranjera pasó del 2,7 por ciento entre 1997 y 2007, al 5,1 por ciento entre 2008 y 2018. Entre 2005 y 2015, Uruguay tuvo una de las dos tasas más altas de crecimiento de la región: 4,5 por ciento promedio anual.
El péndulo corrido al extremo izquierdo, pero de una izquierda con racionalidad macroeconómica, y con resultados capitalistas y distributivos palpables. Es decir, una polarización razonable con consensos macro de extremo a extremo.
En cambio, disipada la niebla política del caso Adorni, la Argentina se vuelve a enfrentar con su destino sudamericano, que no es el uruguayo. El escenario electoral 2027 está aquí y mete presión con el riesgo de un nuevo envión en sentido opuesto del péndulo argentino más temido. Una especie de condena estructural a una alternancia en continuado entre los extremos de una polarización inevitable, un peronismo pro déficit y de pretensión distributiva versus un no peronismo pro racionalidad macro. El primero ya dio pruebas contundentes de su fracaso; el segundo todavía tiene que demostrar sus logros plenos: faltan piezas de la maquinaria macro, que todavía no están aceitadas, y la parte del beneficio para todos, el éxito en el bolsillo de la gente. En la versión mileísta, la maquinaria macro debería completarse con justicia social indirecta, es decir, sin distribucionismo ni desarrollismo de Estado. Ese hueco es la oportunidad sobre la que podría colarse el polo opuesto.
“Falta que el crecimiento llegue a los ciudadanos de a pie, al comercio de la esquina”, reconoció Diego Santilli el fin de semana, desde su recién estrenado sillón de jefe de Gabinete. Toda una señal de la narrativa del Gobierno en la nueva etapa que encara hacia 2027: el fin de la negación de las deudas pendientes de su visión económica, y el reconocimiento del esfuerzo sostenido de la gente, a la que tiene que darle respuestas económicas si quiere tener chances electorales.
Trump y la otra “extracción”
Entre los shocks externos está la suerte electoral de Trump este año. Trump inauguró 2026 acuñando un término geopolítico: “extracción”. La operación quirúrgica que acabó con Nicolás Maduro preso en Estado Unidos terminó de enterrar una época de gobernanza internacional basada en el diálogo multilateral y la diplomacia como un mecanismo clave. Un tejido inter Estados reemplazado por la discrecionalidad y la voluntad política y de acción de un solo Presidente. Una operación efectiva para resolver el problema Maduro, pero que todavía deja pendiente el problema Venezuela.
El fin de semana, el modo Trump expandió sus horizontes y se metió con el universo del fútbol. La escalada parece superficial, pero no lo es: implica una alteración de las lógicas de una institucionalidad futbolera mundial más estable aún que la de los Estados nacionales que compiten en la Copa del Mundo. Trump “extrajo” la tarjeta roja a Folarin Balogun, el capitán de la selección de Estados Unidos, sin molestarse en disimularlo y sin pretender dar buenos argumentos: “No sabía qué demonios era una tarjeta roja”, dijo, sin vueltas, en una presentación pública donde reconoció el llamado a la FIFA para presionar.
La jugada desvergonzada de Trump también implicó la intervención de un mercado como el del fútbol que mueve millones basados en una regla: que la competencia mundialista se da dentro de las leyes de la meritocracia deportiva. El fútbol tiene historias de arbitrariedades comprobadas o sospechadas, pero no un caso de injerencia a cielo abierto del Presidente del hegemón global. Un cambio de época.
Con esa movida, la locura política de Trump impacta en la emoción de millones de personas en todo el mundo: un ataque a un componente central de la política, la emocionalidad de la gente. Lo que parece permanente se resquebraja a toda velocidad: con la jugada de Trump para eliminar la tarjeta roja, la arbitrariedad trumpista alcanzó escalas globales y emocionales no calculadas. En noviembre, el sistema Trump, cada vez más expuesto como una trama de discrecionalidad en todos los frentes, será puesto a prueba en las urnas. Las encuestas no lo acompañan.
Hoy, la discrecionalidad de Trump cuenta a su favor con un requisito político: mayorías republicanas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. El Congreso de Estados Unidos casi como una escribanía trumpista. En noviembre, tiene que reproducir esas mayorías. No es fácil, sobre todo con un legado ya en su haber. Para el oficialismo, la Cámara de Representantes es el componente crítico en una elección de medio término: desde 1938, de las veintidós elecciones legislativas realizadas, los oficialismos perdieron veinte elecciones. Los dos triunfos, según un análisis de Brookings Institution, el respetado think tank con sede en Washington, se dieron en circunstancias excepcionales: en 1998 y en 2002, con Bill Clinton y con George W. Bush como presidentes, ambos con una imagen positiva altísima luego del intento de impeachment en el caso de Clinton y del atentado a las Torres Gemeles, en el caso de Bush.
El nivel de aprobación de la gestión del presidente es, precisamente, la otra variable predictiva: a mayor aprobación, menor la pérdida de representantes que sufre el oficialismo. Ni la historia electoral ni la imagen positiva, muy baja, de Trump auguran, al menos hoy, un buen desempeño. Según The Economist, la aprobación de Trump muestra un neto negativo de 21 puntos. El 59 por ciento lo desaprueba; el 37 por ciento lo aprueba; el 5 por ciento no sabe. En el manejo de la inflación, el neto negativo es de 43 puntos, el menor de su mandato.
La cuestión es si en 2027, en la Argentina, acelera la opción Milei o recrudece el riesgo de un peronismo pro déficit, el polo más complejo, alejado de la racionalidad del polo de izquierda uruguayo. Hoy, Milei tiene una batería de antídotos para resistir el movimiento del péndulo al extremo contrario. Uno de ellos es una gradual recuperación de la agenda política y legislativa y de la narrativa pública: con la poda del caso Adorni, ahora diputados y senadores libertarios se animan a hablar en público y los ministros dan conferencias de prensa. Así fue ayer con Luis Caputo y el equipo económico: llegó la hora de recuperar la palabra y controlar la conversación. Los logros económicos de las últimas semanas, inflación otra vez a la baja y riesgo país en caída, justifican que la economía esté en el eje de esa estrategia.
El otro antídoto es la dispersión de la opción extrema, el perokirchnerismo. Pero nada augura que esa interna sin conducción no logre unificarse en 2027. Puede no asumir la ambición, casi imposible, de construir una oferta electoral con chances de gobernabilidad sostenible, pero sí con chances de llegar al poder. La incertidumbre es alta. Hasta Trump juega.
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