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POLITICA

La riesgosa proximidad al punto de no retorno

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Probablemente, desde 2003 la Argentina no enfrentaba un proceso electoral tan incierto como el que se abre este año. Todas las variables que pueden definir el voto tienen una dinámica imprevista: la economía naturalizó un nivel de inestabilidad peligrosa, la Justicia no deja de impactar y la política es incapaz de garantizar una grilla de candidatos con algún grado de certeza. ¿O acaso alguien puede asegurar hoy que Cristina Kirchner va a ser candidata o que Roberto Lavagna terminará representando al peronismo? Incluso Mauricio Macri, el único postulante cierto, está sometido a una batería de fuego graneado que impide anticipar cómo llegará a los meses de votación.

«Es imposible gobernar y hacer campaña cuando todos los días hay malas noticias». Desolado, un funcionario nacional sintetizaba así el espíritu que se expande silenciosamente en la Casa Rosada. La semana pasada se conoció la cifra de inflación de 3,8 %. Después fue la suba de la desocupación a 9,1% y la caída de la actividad de 2,6%. En los próximos días tocará el índice de pobreza. Sin contar que el dólar parece desconocer la suba de tasas y las nuevas concesiones del FMI .

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En este contexto, no sorprende que los indicadores de aceptación de Macri hayan retrocedido estructuralmente, ya no en forma coyuntural. Según un reciente sondeo de Poliarquía, la aprobación del Presidente cayó de 34% a 30%, lo que marcó el mínimo registro para su gestión. «Perdimos el voto blando que nos acompañó en 2017. Hoy estamos cuidando nuestro tercio», grafica una fuente oficial. También se contrajo la percepción de la situación general del país y de las expectativas económicas. La imagen positiva de Macri bajó de 28% a 25% y arrastró a María Eugenia Vidal (de 47% a 42%) y a Horacio Rodríguez Larreta (de 34% a 30%). El índice de confianza en el Gobierno que mide la Universidad Di Tella bajó casi 11 puntos en un mes, después de una temporal recuperación en febrero. Son solo algunos números que marcan el mal momento de Cambiemos .

El problema real es que el oficialismo se está acercando peligrosamente a la fase de no retorno, al punto de inflexión a partir del cual se torna irreversible la tendencia e ineficaz un eventual rebote de los indicadores. «Si Macri tiene un as en la manga que lo saque ya», imploró esta semana con sabiduría popular Margarita Barrientos, en la misma línea del «hagan algo» del obrero Dante.

El argumento de los estrategas oficialistas es que tanto en 2015 como en 2017 a esta altura del año también corrían de atrás. Pero existe una teoría de la relatividad electoral según la cual el paso del tiempo depende del contexto político. Hoy hay un clima de malestar social creciente que apunta hacia la gestión Cambiemos, que antes no estaba. El «nunca votaría a Macri» por primera vez es más alto que el «nunca votaría a Cristina Kirchner», aunque también es menos rígido. El Presidente todavía tiene chances de ganar, y eso es un mérito para un no peronista, contemplando la situación económica. Pero no debería confiarse mucho tiempo más.

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Cristina Kirchner atraviesa una situación dual. Por un lado, el mismo trabajo de Poliarquía revela que su imagen subió de 30 a 33%. Es más: en el Gobierno admiten que hoy le ganaría a Macri por dos o tres puntos en una PASO. Cosecha sobre la tierra quemada que deja el macrismo en ciertos sectores sociales. Sin embargo, atraviesa un momento de profunda inestabilidad emocional por la situación de su hija (quienes la conocen dicen que está angustiada por su salud) y de debilidad judicial al sumar ya diez procesamientos en su contra. Las revelaciones del excontador de los Kirchner Víctor Manzanares, admitido esta semana como colaborador de la Justicia, exhibieron como nunca antes la obscenidad de la corrupción. Fue un relato entre Julio Verne y Mario Puzo, con tesoros escondidos, negocios ilegales y aprietes. Un cuento fantástico si no fuera que exhibe cuánto se rompió la Argentina en los últimos años.

El Instituto Patria es un centro de desconcierto. Ni los propios kirchneristas saben decodificar los movimientos de su jefa. Balbucean respuestas improvisadas cuando se les pregunta si el operativo Cuba tuvo un significado político. No hay aún allí una estrategia nacional nítida, aunque no parece haber razones contundentes para que Cristina no se postule. Sí funciona un laborioso armado para unificar fuerzas con el peronismo en todas las provincias posibles (por ejemplo, ayer en Tierra del Fuego), a pesar de que el fracaso de Neuquén dejó muchas secuelas internas. Y también hay mucho impulso al efecto D’Alessio.

Los protagonistas de la grieta están sufriendo un desgaste muy grande, lo cual no implica que se consolide automáticamente una alternativa. Pero en el cúmulo de incertidumbres de esta campaña también se inscribe la pregunta sobre si se repetirá un esquema de la polarización como en 2015 y 2017. No siempre funciona el mismo truco. El círculo más cercano al Presidente sigue confiando en la infalibilidad del instrumental de Marcos Peña y Jaime Duran Barba. Aunque cerca de ellos hay quienes dudan. Sobre todo el entorno de Vidal, donde analizan sin eufemismos un posible escenario de derrota si Cristina es candidata. La gobernadora está preocupada por los números, pero también confundida con la revelación de que fue espiada.

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El cónclave de veinte minutos que mantuvo el jueves con Macri y Rodríguez Larreta en la camioneta presidencial después de un acto ya pasó a formar parte de la mitología. Nadie sabe de qué hablaron. Pero pocos niegan que hay mayor tensión en el trío. El fantasma de un renunciamiento del Presidente a su reelección no tiene asidero por cómo concibe Macri su construcción política, pero nadie pudo evitar que sobrevuele otra vez.

A paso ágil pese a las sandalias con medias, Roberto Lavagna consolidó esta semana su rol de candidato «de consenso», como le gusta predicar. En poco más de 24 horas se reunió con Juan Schiaretti, un referente del peronismo federal, y con Ricardo Alfonsín, líder de la revuelta radical. También se vio hace un par de semanas con Martín Lousteau. Piensa su postulación como la suma de sectores de ambos partidos, más el socialismo de Miguel Lifschitz y GEN, de Margarita Stolbizer. Cuenta con el apoyo de un sector del sindicalismo y con simpatías empresariales. Se ha transformado en un postulante socialmente aceptado para quienes reniegan de la grieta. Su prédica consiste en recrear un gobierno de coalición, con la inspiración de la mesa de diálogo de 2002, convencido de que la Argentina está en una situación similar a entonces. Busca contrastar su mensaje productivista con el fiscalismo actual. «Solución mágica», en el lenguaje de Macri.

Según la consultora Opinaia, es el dirigente opositor con mejor imagen y con menor rechazo. Pero tiene una particularidad más: le puede restar más votos a Cambiemos que al kirchnerismo porque su posible electorado es de clase media urbana, y sobre todo adulta. Es parte del ADN que el radicalismo le aportó a la coalición gobernante. Por eso se agitó tanto el avispero en la UCR, donde ahora hasta dudan de que se haga la convención y es más probable que declaren libertad de acción en los distritos. También así se entiende que el Gobierno haya salido esta semana a criticar a Lavagna, en una estrategia que pareció más reacción que cálculo.

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Sin embargo, las encuestas no hablan de la irrupción de un fenómeno político. Pese a su fuerte instalación desde el verano, Lavagna solo tiene un par de puntos más que Sergio Massa y un par más que Juan Manuel Urtubey. Por eso Schiaretti le ratificó esta semana que no podrá ser candidato del espacio sin atravesar una PASO. Tampoco cuenta con penetración en los sectores populares.

La discusión sobre si debe haber internas o no en el peronismo alternativo en realidad oculta una discusión más profunda: Lavagna no quiere quedar atrapado en una candidatura del PJ federal, pero al mismo tiempo depende mucho del anclaje nacional de los gobernadores e intendentes para poder crecer. «Las PASO son parte de la construcción. No le vamos a entregar el peronismo sin internas», remarcan cerca de Urtubey.

Pero la cuestión más delicada para Lavagna es Massa. Pasaron de formar parte del mismo equipo a ser rivales («No lo vimos venir», admiten cerca del tigrense). Se tienen afecto y respeto, pero el exministro entiende que el exjefe de Gabinete debería correrse, y el exjefe de Gabinete está convencido de que en una interna le gana al exministro (de hecho, en la encuesta de Poliarquía Massa subió y Lavagna bajó en el último mes). Hoy todos buscan sumar intención de votos para imponer condiciones en una mesa de negociación para fin de mayo.

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Hay una sortija girando en el aire que permite acceder al poder de un país que ha hecho de la incertidumbre su estado natural. Se asemeja demasiado a una trampa.




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“No se trabaja así”: la alerta de los aliados en el Senado tras errores e internas que frenaron la agenda

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El oficialismo volvió a fallar el jueves pasado en el Senado tras posponer, una vez más, la aprobación de la ya multi manoseada iniciativa de propiedad privada que empuja la Casa Rosada. Dicha jornada confirmó un asunto que se presiente desde hace un tiempo considerable: ni siquiera el adiós del tapón que significó el indefendible ex jefe de Gabinete Manuel Adorni logró destrabar la agenda legislativa, y el nuevo traspié implicó el hartazgo de una oposición dialoguista clave para la aprobación de proyectos y que advirtió al Gobierno que, de no ajustar con rigurosidad varias tuercas, será complejo convivir.

No se trabaja así”, sentenció a Infobae un referente en la Cámara alta. Antes, era con desazón; ahora, con bronca. Desde otro despacho top, en tanto, señalaron: “Llegamos a casi 15 o 16 borradores, si no me equivoco, para un dictamen firmado en mayo pasado. Había ausentes que avisaron con tiempo que no venían y los votos estaban muy ajustados. Lo sabían todos. Nosotros, ustedes y, sobre todo, la propia -jefa oficialista, PatriciaBullrich. Casi nos hace pasar vergüenza y no somos sus empleados“.

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La primera señal de otra chance tirada a la basura germinó la semana pasada cuando, en Labor Parlamentaria, se anunció la sesión del reciente jueves y otra para el 6 de agosto, una vez terminadas las merecidas vacaciones para el 80% de los senadores, quienes dejaron la piel en la primera mitad del corriente año. Podrían auto entregarse la mención de Honor Sarmiento, el máximo reconocimiento que otorga la Cámara alta. En la mencionada fecha del mes próximo se continuará el convite tras el cuarto intermedio votado días atrás, la única vía que halló Bullrich -una de las principales figuras de la gestión mileísta- para frenar a tiempo un mega papelón.

No arrancó bien la jornada el jueves. Un par de dialoguistas le sugirieron a la porteña que no arriesgara y devolviera la iniciativa al plenario de comisiones de Asuntos Constitucionales; y de Legislación General, para emprolijar el asunto desde cero. Ni los oyó. En paralelo, la vicepresidenta y titular del Cuerpo, Victoria Villarruel, taladró teléfonos con mensajes para que nadie se prestara a la “venta” del país. Se refería, en particular, al capítulo de tierras a extranjeros.

La vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel

El cortocircuito entre ambas era evidente y terminó aún peor, con la filtración de chats personales. En el Senado, la mayoría de los consultados apuntó, sin dudar, a la misma quinta. “Muy asqueroso lo que hizo. Después hablan de instituciones y república”, aseguró un radical. Celebró mucho la Casa Rosada, que miró de lejos una pelea doméstica en modo farándula de dos personas que estarían, en principio, interesadas en el poder. Curioso.

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También fueron notorios los dardos -disfrazados de información- que recibió una de las involucradas, vía Diputados. En especial, desde el despacho de un controvertido legislador defendido por el mileísmo. Una chanchada marginal y con responsable detectado. Importante: los niveles de resentimiento y venganza están elevados. Y, en general, hoy paga más traicionar -común en la política- que tolerar, si es que existe ese término. “Una locura lo de estos días”, resumió una de las fuentes que validó el trasfondo de la semana que tuvo el Congreso antes del ansiado receso. Ni hablar del enternecedor intercambio entre dos agentes, con homofobia en el medio -síntoma de cobardía- y una eventual denuncia en puerta.

Sobre la noche del jueves, los más experimentados bajaron algunos decibeles y, con más calma, reconocieron que el regreso de tres aliados para agosto saldaría el embrollo de la ley de propiedad privada. Los antecedentes son aceitosos, aunque el oficialismo mantiene la fe. Además, en la sesión del 6 quedaría sancionada la denominada iniciativa “Hojarasca”, que elimina normas vetustas. Y se piensa en el texto para aplicar cárcel en “falsas denuncias” por el que pelea hace bastante la radical Carolina Losada (Santa Fe), que dinamitaría el recinto por la polémica que siembra. Un exquisito timing.

Al menos, Bullrich, que volvió a ceder parte de un monopolio que disfrutó por poco tiempo, se llevó a casa el salvataje del pliego del camarista laboral Víctor Pesino -guiño a la reforma laboral-, que estaba al filo de la jubilación por acercarse a los 75 años y continuará por un lustro; y la luz verde de demorados ascensos diplomáticos que generaron un caos en la Cancillería, que maneja Pablo Quirno.

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En cómoda siesta siguen cerca de diez proyectos que desea Balcarce 50. Y falta que aterrice el Presupuesto 2027, a mitad de septiembre, en Diputados. Todo lo contrario a lo que suplicaron aliados: el período para sacar leyes era el primer semestre. Ahora, irán también por los suyos. Más las pre-campañas electorales en las provincias. El mejor de los augurios. Eso sí: el viernes, en la paritaria se aumentó el valor del módulo para empleados y, con ello, la dieta -atada- de los senadores. Justo cuando se frena la actividad por 15 días y, con ello, la circulación de noticias legislativas. Felices vacaciones.

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Cuenta regresiva para el año electoral: el Gobierno tropezó en el final del Mundial

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Un trapo cambió el contexto. El Gobierno terminó esta semana enredado en un conflicto autogenerado, fue protagonista de una profunda desconexión popular y obvió reparar en la dimensión histórica de lo que estaba ocurriendo. Una ministra quedó en la mira, Javier Milei tuvo que emprender una campaña en soledad para intentar reconducir su no lugar y quedaron expuestas las debilidades de las alianzas que sostienen al gobierno libertario en el Congreso.

El Presidente habló con Gianni Infantino después de que Inglaterra presentara una queja formal ante la FIFA por la bandera improvisada en una sábana de hotel con el reclamo en alto de la soberanía sobre las islas Malvinas. El Gobierno perdió el diálogo con Claudio “Chiqui” Tapia. “Me estoy encargando yo con el plantel”, le dijo Milei a un colaborador para describir que tiene relación más allá de lo institucional. El vínculo formal con la AFA se rompió con la decisión del Gobierno de actuar contra el presidente de la entidad del fútbol argentino hasta buscar la intervención del organismo. Quienes conocen de cerca a Tapia reconocen que sólo una llamada de Karina Milei podría reconducir la relación. Esperan un gesto. Karina es hoy quien define absolutamente todo lo que no sea materia económica. Todas las áreas están sujetas a lo que defina la Secretaria General. Y ella había sido el nexo antes de la pelea.

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Tapia junto a Messi y De Paul

En el Gobierno reconocen que Victoria Villarruel les terminó corriendo el arco con su pronunciamiento. Eso valió otra queja británica, en ese caso, a la Casa Rosada. Más allá del conflicto diplomático, aquel mensaje malvinero dejó expuesta la incomodidad con la que se movió Milei desde que se confirmó la semifinal, de la que nunca pudo ni quiso salir.

Llegó a decir que era simplemente “válido” que los jugadores levantaran la bandera de Malvinas y a admitir que se deberá pagar una multa de 30.000 dólares, sin chistar. Ni Infantino cree eso. Un día después, el gobierno de Donald Trump terminó reconociendo el gesto de la Selección. Lo hizo a través de Andrew Giuliani, el funcionario que lideró la organización del Mundial, que amparado en la libre expresión, le quitó dramatismo al caso. A esa hora, Trump saludaba efusivamente a Tapia en uno de los eventos finales de la copa del mundo. La foto circuló rápido para marcarle la cancha a Milei.

El saludo entre Donald Trump y Claudio

En la mira quedó Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad. Levantó el tema hasta convertirlo en bandera nacional. “No se entiende por qué se metió si no maneja la seguridad en los estadios de Estados Unidos”, planteó la duda una fuente libertaria que la conoce de cerca. La funcionaria tuvo una conversación con otro integrante del Gabinete que terminó en un abrupto corte de teléfono. Tenía agendadas varias entrevistas, que le cancelaron. De la expresión “mapita” a sugerir “taparle la boca” a los hinchas, lo que hizo Monteoliva fue exponer la línea oficial. Pero en la Casa Rosada salieron a desprenderse de esas declaraciones. Dicen que “se fue de boca” y le ordenaron que no hablara más, por su bien. Lo hizo. Sólo se limitó a promocionar el operativo de seguridad para el regreso de la Selección, que coordina con Ciudad, sin la provincia de Buenos Aires. El gobierno de Axel Kicillof tiene llegada directa a Tapia y esperan que pase la final para empezar a hablar de la logística.

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El contexto mundialista, con la llegada de la Argentina a la final, dejó fortalecido al presidente de la AFA, hoy, el enemigo más visible que eligió Milei. “Demostró liderazgo y conducción”, refuerzan en la entidad y creen que los libertarios se dejaron llevar por el PRO de Mauricio Macri en su embestida hacia el organismo. “Ese acuerdo político les distorsionó la relación”, explica un dirigente cercano a la Selección. La pregunta ahora es si a partir del resultado el Gobierno cambia la relación o no.

Viaje a Londres y quejas

El trasfondo de la reacción errática del Gobierno por la malvinización del partido se explica en parte por el viaje a Londres que tiene en carpeta Milei para octubre próximo. Se había anunciado para el primer cuatrimestre del año pero se postergó. Gran Bretaña ya se había quejado del incumplimiento por parte de la Argentina del acuerdo firmado por la entonces canciller Diana Mondino con su par David Lammy. Londres viene marcando que el Gobierno no facilitó la información en materia pesquera a la que se había comprometido en aquella firma del año 2024. La última queja fue en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA). Allí Estados Unidos viene votando a favor del diálogo, algo que había comenzado en la gestión argentina anterior y que se mantuvo en las presidencias de Trump y Milei sin cambios.

Donald Trump y Javier Milei

El Presidente resaltó que su Gobierno está avanzando en la vía diplomática pero hasta ahora no se produjeron hechos concretos. Quienes siguen de cerca el tema destacan como un logro que Milei haya podido mantener el apoyo a la Argentina en el comité de descolonización de las Naciones Unidas a pesar de sus críticas al organismos y a los países promotores del reclamo. Sucede que el procedimiento para el tratamiento y aprobación requiere de la presentación de varios países. Como todos los años, el proyecto lo presenta el representante de Chile en nombre de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, la mayoría de ellos, fuertemente criticados por la gestión libertaria.

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En este contexto, la Cancillería recién hizo pública una hora después del triunfo de la Selección, y cuando todos los jugadores se habían expresado sobre la cuestión Malvinas, una queja que había presentado ante Gran Bretaña por la violación del espacio martítimo argentino por parte del buque británico HMS Medway. Otro dato inquietante es que el Gobierno no informó queja alguna ante Chile después de que se conociera, el 10 de julio, que miembros de la armada del país vecino habían celebrado la recalada del patrullero en el muelle Arturo Prat de Punta Arenas, hecho que fue destacado como la primera visita a un puerto chileno de un buque británico.

Sin votos y con amenaza de veto

La mala praxis del Gobierno tuvo su consecuencia más significativa con la caída de la sesión en el Senado para tratar el proyecto llamado de inviolabilidad de la propiedad privada, en el que el capítulo 3 busca derogar la actual ley de tierras que limita la venta a extranjeros en un 15% del territorio nacional. Los votos estaban muy ajustados incluso antes del partido contra Inglaterra, pero la actuación de la Selección de Lionel Messi pesó a la hora de las definiciones finales.

La primera en jugar para que cayera la sesión fue Villarruel. La filtración del chat con Patricia Bullrich pidiéndole darla de baja generó el clima propicio para el desenlace que ya se precipitaba desde la noche anterior. Ningún espacio político se mostraba más agradecido con la Scaloneta que el bloque peronista en la Cámara alta. El tema ya venía complicado para el oficialismo. Esta es la tercera postergación del tratamiento, que sufrió los primeros traspiés en medio del estallido de la crisis de Manuel Adorni. La traba con la que se encuentran varios proyectos en el Congreso dan cuenta de las débiles alianzas oficiales. La primera vez que se cayó el tratamiento, el proyecto volvió a comisión. Los libertarios llegaron a la sesión del jueves con la versión número 15 del borrador. Más allá de los cambios, el Gobierno no alcanzaba a conseguir los votos, aunque estaba cerca. Esta vez, el partido fue clave.

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La sesión pasó al cuarto intermpedio hasta el 6 de agosto

Bullrich estaba obligada a hacer sesión porque debía aprobar este mes el pliego del juez Víctor Pesino, el camarista laboral que el 27 de julio cumple 75 años. Por haber fallado a favor de la reforma laboral se ganó su continuidad por parte de Milei. La senadora consiguió con los justo los 37 legisladores para abrir sesión, con quienes ya había acordado que sólo trataría los pliegos. No se podía permitir una derrota en el contexto interno en el que está, por lo que decidió no arriesgar.

El oficialismo consiguió el quórum con los diez integrantes de la UCR, dos del PRO, los dos senadores de Misiones, una por Neuquén, y otra por Salta. No se sumaron, además del peronismo, el bloque Convicción Federal, que son tres con Carolina Moisés a la cabeza; Carlos Camau Espínola se ausentó y tampoco dio quórum Alejandra Vigo; a ellos se sumaron los dos santacruceños y una senadora por Chubut.

El otro que jugó un rol clave fue Federico Sturzenegger. El ministro y autor de la ley, que estaba de viaje, presionó por teléfono para dar marcha atrás con las modificaciones y amenazó con la posibilidad de vetar, por parte del Presidente, algunos de los cambios que se habían acordado con la oposición. Si lo hacían, Bullrich perdería toda capacidad de diálogo a futuro.

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El anticipo de la pelea por Whatsapp de Villarruel y Bullrich se había vivido la semana pasada en la reunión de labor parlamentaria, en la que la senadora le advirtió que ella no votaba, tal como contó Infobae. ¿Podría tocarle desempatar en una futura sesión? Los radicales llegan a ese capítulo divididos. Los 37 que dieron el quórum no estaban para votar a favor. El peronismo estuvo de acuerdo con el cuarto intermedio pedido por Bullrich porque tenía algunas bajas imprevistas, por cuestiones de salud. El poroteo estaba ajustado. Y el contexto sembró la duda necesaria para que Bullrich no se permitiera una derrota.

Victoria Villarruel

El factor Villarruel y la PAS peronista

Villarruel aceleró su plan de candidata a algo estas últimas dos semanas. Puso primera el 9 de Julio, con su incursión en Tucumán y su claro diferenciamiento del Gobierno al advertir por la situación de la industria. Promovió el debate por la ley de tierras para abrir espacios críticos al proyecto y emprendió la cruzada malvinera del partido del Mundial que descolocó a la Casa Rosada. Aunque se le noten las jugadas, pretende ocupar el lugar que quedó vacante tras la salida de Adorni, que terminó desactivando a Bullrich, la dirigente con mejor imagen del oficialismo y que era vista por el establishment como una alternativa a Milei. En ese camino intenta meterse Villarruel.

El problema con el que se encuentra la Vicepresidenta es que su imagen positiva alcanza sólo al 18,1% según el último sondeo de Management & Fit, con una negativa del 42,2%. Llegó a tener en febrero del año pasado 34%. Para esta misma consultora, Bullrich alcanza el 32,9% de imagen positiva, con una baja a prestarle atención de mayo a junio de 3,4%.

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El peronismo mira con simpatía los números de Villarruel, que alcanzan para hacer daño a los libertarios. Pero el foco está puesto en una posible candidatura en la provincia de Buenos Aires. Sucede que a nivel nacional, con escenario de segunda vuelta, el efecto de una postulación de diseño se diluye. En territorio bonaerense, sin balotaje, podría ser un experimento más acertado, como el de Carolina Píparo, que en 2023 sacó 13% de votos y ayudó a la reelección de Kicillof.

A pesar de que el Gobierno no pudo hasta ahora presentar una proyecto de reforma electoral para eliminar las PASO, el peronismo diseña una interna que le permita llegar ordenado y competitivo a la elección. En el PJ proyectan la idea de una interna abierta, con padrones nacionales, no obligatoria, con uso de la boleta única papel (BUP) en la que sólo se elija el candidato a presidente. El vice quedará para una negociación posterior de alianzas electorales. Se imaginan como fecha de realización entre abril y mayo, que deje el escenario acomodado para la presentación de listas, en agosto.

Axel Kicillof en Trenque Lauquen

Diego Santilli tiene como prioridad la eliminación o suspensión de las internas. El peronismo trabaja por evitarlo, pero arma un plan B ante la posibilidad de que el Gobierno termine consiguiendo los votos.

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Marcos Juárez, ensayo para los gobernadores

Los gobernadores miran lo que sucedió esta semana en Marcos Juárez, ciudad que va a elecciones en septiembre. En 2014 fue el “kilómetro 0” de Juntos por el Cambio. La novedad es que a último momento, La Libertad Avanza decidió no presentarse como marca. Es lo que pretenden los mandatarios provinciales para garantizar sus respectivas reelecciones: que el Gobierno no les plante candidatos propios ante el solapamiento de los electorados. Aunque tiene una lectura vecinal, el caso de la ciudad cordobesa podría ser un ensayo para Karina Milei y Lule Menem, a cargo del armado nacional.

Tampoco medía quien se presentaba como el candidato violeta, Gerardo Pasquali, que terminó en alianza con la UCR y el partido demócrata. Y el favorito a volver a la intendencia, Pedro Dellarossa, rechazó el sello libertario. Sabe que comparte electorado con Milei, pero mantiene aún su cercanía con el gobernador Martín Llaryora, de quien fue ministro. Irá con sello propio. La novedad es que Karina no se arriesgó a perder en la única elección que podría haber sido “nacionalizable” este año. Y los gobernadores leen el gesto para provincializarlo.

Reorganización interna

Santilli ganó peso esta semana con el rediseño institucional de la jefatura de Gabinete, en fusión con Interior. Se quedó con ENACOM, bajo control de Juan Martín Ozores, cercano a Santiago Caputo y la Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP). Arsat y el Correo Argentino quedaron a su cargo en la estructura que maneja su mano derecha, Gustavo Coria. Por ahora no hizo movimientos de funcionarios, pero a su lado anticipan que son áreas que controlará y que es probable que haya cambios de nombres.

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Esta última semana se empezó a hablar con más fuerza de la posibilidad de que Santilli juegue en territorio porteño en un hipotético acuerdo entre Karina y Mauricio Macri. Es el funcionario que salió mejor posicionado de la interna. Supo leer a tiempo que el poder estaba en la hermana presidencial, y se acomodó con facilidad al discurso libertario sin titubeos ni diferenciaciones.

Diego Santilli

El otro cambio es la unificación comunicacional en manos de Fabián Fernández, el nuevo secretario de Medios, que coordinará la pauta publicitaria de los organismos descentralizados como Banco Nación, ARCA y Correo Argentino, y mantendrá influencia en YPF, de donde viene. Incluso fue incorporado por Karina Milei a las reuniones de la mesa política para darle forma en los medios a las decisiones que se tomen. Una suerte de profesionalización de un área en la que pesaba la espontaneidad de Milei, atributo que fue perdiendo.

Cuenta regresiva, telefóno para Caputo

El año electoral comienza mañana. Para la Casa Rosada arranca la cuenta regresiva para la reelección y el gran eje será el económico. La baja de la inflación, que marcó 1,9% en su última medición, no resuelve el problema de los ingresos y el empleo formal. Este último cumplió en abril doce meses de caída ininterrumpida. Desde noviembre de 2023 perdieron su trabajo 329.667 asalariados registrados, según datos del SIPA. Se explica básicamente por el sector privado, que eliminó en abril casi 12.000 puestos de trabajo formal, sobre todo en la industria manufacturera (-4,4%) y el comercio (-2,6%). Pero la situación se agravó ante la perspectiva de que no hay sectores que compensen esas caídas. El agro (-0,3%), la minería (-5,1%) y la intermediación financiera (-4,6%) también destruyeron empleo. Ni siquiera estos últimos rubros muestran números positivos en la comparación abril 2026 y abril 2025.

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La consultora 1816 destacó la baja de la inflación pero puso una luz amarilla por el reinicio de la guerra en medio oriente que podría romper la inercia a la desaceleración vía suba del costo del petróleo.

Junio cerró con déficit primario. Según Luis Caputo, fue porque el Gobierno corrió el vencimiento de Ganancias de personas humanas de junio a julio, pero incluso así le podría haber dado un resultado deficitario. Hay otro tema preocupante, que son los gastos devengados pero no pagados, dato que se conocerá esta semana.

“Dado el vínculo del Gobierno con el organismo, los logros en materia fiscal y el monto (pequeño) del incumplimiento, no esperamos castigo alguno por parte del Fondo Monetario Internacional, pero el dato obliga a mirar de cerca recaudación y gasto en el segundo semestre”, advierte 1816. Otro segundo semestre complicado. Para entonces, ya será en la incipiente campaña electoral.

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Viaje al corazón de una fiesta inolvidable

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La Argentina vive en un estado de festividad continuada desde que la selección nacional ganó el Mundial 2022 en Qatar, un clima que escaló el miércoles y que volverá a expresarse en las calles hoy y mañana, más allá del resultado de esta tarde en la final. Se trata del festejo popular más masivo y transversal que pueda experimentar el país, un ritual que representa la alegría desbordante por los logros deportivos, pero también una celebración que cataliza sufrimientos y frustraciones. Un regreso a una primitiva sensación de comunidad, donde todas las diferencias se diluyen por compartir una emoción desbordante. Demasiado simple; demasiado profundo.

En este escenario hay dos protagonistas: el equipo y la gente, enlazados por una conexión pasional que sólo fenómenos muy extraordinarios pueden lograr. No hay lugar en el medio para ningún tipo de intermediación institucional o política. Ni el Estado está invitado a esa fiesta interminable, a pesar de ser, supuestamente, el representante más legítimo de la voluntad popular.

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Diego Maradona le ofrenda la copa del mundo a Alfonsín en 1986Str – X80002

Hay una secuencia que exhibe con nitidez cómo fue mutando ese juego de roles entre la selección, el Estado y la sociedad. Cuando la Argentina ganó el Mundial de 1986, Diego Maradona fue a ofrendarle la copa a Raúl Alfonsín a la Casa Rosada. Después el líder radical le cedió el balcón al equipo para que festejara con la gente y él se corrió. Hubo un reconocimiento a lo que representaba para la democracia la figura de Alfonsín. Todavía la institucionalidad tenía un valor.

En 2022 los papeles habían cambiado tan bruscamente que la masa de gente que salió a las calles desplazó por completo al Estado, con el guiño de un equipo que quería mantenerse al margen de la utilización política que le proponía el gobierno de Alberto Fernández. Fue el día del regreso de la delegación y de los tironeos para decidir si iban o no a la Casa Rosada. Finalmente no hubo foto política, sólo las imágenes inolvidables de la multitud y la selección.

El colectivo de la Selección en las cercanías del peaje de la Autopista Ricchieriricardo-pristupluk-11511 –

Nunca antes se había producido una escena de desprecio popular tan manifiesto como elegante contra el poder institucional. No era una revolución, una protesta masiva ni un piquete; era una señal de deslegitimación, de vacío, de desdén. El sociólogo Pablo Seman escribió entonces, junto con Ulises Ferro: “La relación entre sociedad y estado cambió; no estamos en 1986. La política no pudo ofrecernos siquiera la fantasía de un lugar común”. Ese lugar fue ocupado una sociedad autónoma, que construye su propia narrativa, y a la que “las dirigencias invalidadas quieren ejercer un punguismo simbólico”.

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Quizás por eso, intuitivo, esta vez Javier Milei directamente ofreció de antemano desalojar la Casa Rosada para que los jugadores puedan salir al balcón a celebrar su gesta. Simbólicamente es una imagen muy fuerte: el Estado se retira de su oficina central al asumir que en estas circunstancias puede enturbiar la fiesta. Es una señal de saludable pragmatismo; también una admisión implícita de que las nociones de felicidad popular y política ya son incompatibles.

Fútbol 1, Política 0

Cuando se iniciaba el Mundial Jorge Giacobbe hizo una encuesta reveladora sobre la selección y sus implicancias políticas. Los resultados fueron muy nítidos: el 85,5% dijo que no habría beneficios para Milei si la Argentina salía campeón y el 93,4% respondió que de “ninguna manera” un triunfo del equipo de Lionel Scaloni cambiaría su voto.

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Incluso hubo una pregunta más honda que también generó rechazo: “¿Creés que los argentinos deberíamos aprovechar el Mundial para estar más unidos políticamente?”. El 71,5% dijo “no, el Mundial no tiene nada que ver con la política”. La sociedad distingue muy claramente las pasiones y las elecciones, para desterrar aquella vieja creencia de que un gobierno se favorece o se perjudica con un resultado deportivo. Alfonsín y Alberto Fernández pudieron verificarlo; ambos perdieron al año siguiente de la obtención de la copa.

Encuesta: la mayoría le quita una connotación electoral al resultado en el MundialGiacobbe

En el trabajo hay una pregunta bisagra porque actúa como un indicador del ánimo social más profundo. Un 44,2% dijo que si pudiera elegir una opción para los próximos cuatro años prefería que la Argentina vuelva a ganar el Mundial a que la economía mejore, contra un 48,8% que dijo que prefería que la economía mejore, aunque a la selección le fuera mal. Es cierto, ganó la opción más racional, pero casi en situación de paridad con una expresión de nihilismo pasional de gente que expresa algo así como “dame un instante de felicidad total y después vemos”. Dice mucho de esa irracionalidad adictiva que se mueve alrededor de la pelota. De hecho, el 71,5% de los encuestados dijo antes de iniciarse el Mundial que la Argentina volvería a ser campeón. ¿Ilusión, cábala, fetichismo, convicción?

Encuesta: casi la mitad de los consultados dijo que prefiere que la Argentina vuelva a ganar el Mundial aunque la economía no mejoreGiacobbe

Los principales jugadores de la selección gozan de una popularidad que jamás un político, un empresario, un gremialista o un periodista podría igualar. Julián Álvarez araña el 93,2% de imagen positiva, Scaloni el 92,3%, Emiliano Martínez el 92,2% y Messi el 90,9%. Cualquiera de los dirigentes que hoy debe esforzarse por superar el 30% de aceptación debe mirar esos índices con envidia.

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La selección también ha sido muy hábil para apartarse del universo político. Puede haber especulación, pero también mucho de intuición. Esos muchachos saben interpretar el sentir de una sociedad que conocen desde adentro. De hecho el episodio con la bandera de Malvinas después del partido con Inglaterra se transformó en la primera expresión pública desde que se inició la era Scaloni, a pesar de que durante años han recibido propuestas para distinto tipo de causas.

Los jugadores de la selección exhiben la bandera de la polémicaPAUL ELLIS – AFP

El sociólogo Pablo Alabarces, que hace años estudia el fútbol como fenómeno popular, subraya que la frase de Messi de esta semana sobre la gente que no llega a fin de mes, es la tercera vez en su historial en la que hizo referencia a una cuestión política. Las dos anteriores fueron en 2020, primero con un periodista catalán, cuando se limitó a decir que no entendía mucho de política, aunque intentaba leer sobre el tema; y otra a la revista Garganta Poderosa, en la que señaló que debería haber menos desigualdad social. Ninguna de las tres es una declaración de alguien que quiera sentar posición, más bien son señalamientos éticos.

Sin embargo, tanto la bandera de Malvinas como la frase de Messi sacudieron la prescindente comodidad del Gobierno. El conflicto por la soberanía de las islas es un tema espinoso para el discurso libertario, porque tuvo muchas ambigüedades sobre la relación con Gran Bretaña. Y la cuestión social marcada por Messi también forzó al Gobierno a mensajes contradictorios durante la semana, que terminaron con un comunicado oficial.

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Javier Milei saluda en el balcón de la Casa Rosada durante el festejo del 9 de Julio
Fabian Marelli

Milei siente una genuina admiración por el ídolo, que expresó muchas veces en público. Nadie dio cuenta de que haya habido un diálogo personal entre ellos, pero en el Gobierno aseguran que en los últimos días fue el propio Presidente quien se puso en contacto “con el plantel, no con la AFA”, para coordinar la logística de los próximos días. ¿Habrá hablado directamente con Messi? Hasta ahora, el único nexo reconocido entre el Gobierno y la AFA había sido Martín Menem, especialmente por el operativo de repatriación del gendarme Nahuel Gallo. Ahora se sumó también Diego Santilli y en particular su viceministro Gustavo Coria, quien tiene una larga relación con Claudio Tapia a través de su rol en la Ceamse.

La indicación que les bajó Milei a sus funcionarios fue hacer todo lo necesario para cumplir con los deseos de la selección y evitar cualquier gesto de politización. Nadie entiende mejor que Milei lo que es correrse de las conductas de la casta.

Chiqui Tapia, sonriente esta semana en Estados Unidos@Chiquitapia

Hubo una reunión el viernes y hoy habrá otra para terminar de ajustar detalles del operativo festejo entre los equipos de seguridad de y de la ciudad (con la provincia sólo hubo comunicaciones de la ministra Alejandra Monteoliva con su par bonaerense Javier Alonso). Los dos problemas más importantes hasta ahora fueron la tradición supersticiosa del plantel, que no quiere hablar del después hasta que termine el partido, y el enfrentamiento del Gobierno con la AFA, que impide un diálogo directo.

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Quienes conversaron en estos días con Tapia lo notaron revitalizado y desafiante. Vive el Mundial como una suerte de revancha. “Está exultante porque siente que la sigue peleando a pesar de todo, con un plantel que no había llegado al 100% y que va a jugar el octavo partido, que era su objetivo; y arrastrando una presión judicial muy fuerte”, graficó uno de sus interlocutores. Por eso durante su estadía en Estados Unidos refrendó su alianza con el equipo. Está convencido de que el empresario Guillermo Toffoni, uno de los denunciantes de la AFA, conformó un triángulo con Milei y Santiago Caputo para desbancarlo y llevarlo a prisión. Para él, el éxito en el Mundial, sin importar el resultado de hoy, es la mejor protección que podría obtener.

Fútbol 1, Sociedad 2

Pero más allá de la despolitización del vínculo entre la selección y la gente, emerge una dimensión mucho más profunda de la fiesta del fútbol. Un reflejo de una nueva sociología, una noción renovada de nacionalismo; una nueva argentinidad, que se define a partir de la pasión como el principal rasgo identitario. Ser argentino hoy es ser intenso, desbordante, emocional, caótico, capaz de hacer cualquier cosa con tal de demostrar que puede sentir como nadie. Hace juego con la época, la era del caos que retrata Giuliano da Empoli.

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También es el regocijo de la transgresión. Si hubo un vaso comunicante entre la gesta maradoniana de 1986 y la del último miércoles no sólo fue la victoria frente a los ingleses, sino también el orgullo de la infracción. Hace 40 años fue la mano del primer gol; ahora, la violación de la regla que impedía apelar a mensajes políticos en el campo de juego. Hay una satisfacción por demostrar superioridad futbolística, pero también la jactancia de la contravención.

«La mano de Dios» de Maradona, en el inmortal partido de 1986https://twitter.com/Diego10Querido

En este sentido es muy interesante un apartado del trabajo de Giacobbe que primero pregunta por el mejor jugador de la historia. La respuesta favorece a Messi con el 73% contra el 22,8% de Diego Maradona. Pero después consulta: “En cuanto a nuestros valores y forma de ser, ¿a quién nos parecemos más los argentinos?”, y ahí el 57,4% eligió a Maradona y el 39,4% a Messi. Por eso la idolatría y la locura que genera Messi es respondida socialmente con un comportamiento maradoniano, cargado de transgresión, excesos y provocaciones.

Alabarces destaca algunas novedades en estas nuevas expresiones populares en torno del fútbol, en comparación con los festejos de los 80 o los 90. Una de ellas es que nadie parece querer quedarse afuera. Así como Jorge Luis Borges dio una conferencia en 1978 a la misma hora en que se inauguraba el Mundial, o Beatriz Sarlo militaba en contra del cierre de los museos durante los partidos, hoy no hay referentes sociales que se jacten de la prescindencia.

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Un grupo de chicas festejan tras el triunfo frente a InglaterraMauro V. Rizzi

Pero hay otro fenómeno más reciente que es el protagonismo que adquirieron las mujeres y los jóvenes, las primeras porque estaban más alejadas del fútbol y las movilizaciones, y los segundos porque no tenían el papel preponderante que asumieron ahora. Hoy son parte vital de la escenografía popular.

Según un estudio del consultor Fernando Moiguer, el segmento joven es el que más encarna esa nueva argentinidad. El 80% dice estar “muy orgulloso del país que tenemos” (contra un 60% en la población total) y el 71% dice que prefiere vivir acá antes que en cualquier otro país del mundo (contra el 54% general).

Encuesta: el nivel de identificación con la Argentina es muy superior en los jóvenes que en resto de la poblaciónSocial Mood

“Hay un nuevo fervor por lo argentino. En los 90 la Argentina era todo lo malo; todo lo lindo estaba afuera. Ahora eso cambió, especialmente por los jóvenes, ya que el adulto se identifica más con la protesta, la lógica del tachero. Pero ese fervor joven no es un amor por el himno, por Aurora y la escarapela. Es un amor por el mate, el Fernet, la amistad, la juntada. Es la gente y esa capacidad hermosa de ritualizar cualquier cosa y de buscar exportarla con orgullo”. Y fundamentalmente la pasión, la desbordante pulsión por sentirse único en su fanatismo y reclamarle al mundo que los reconozcan por esa entrega inigualable.

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Alabarces añade una dimensión más al análisis, que es trascendente. “Otro de los cambios más notorios es el que tiene que ver con la relación entre el fútbol y la patria, las narrativas de la nación. Tradicionalmente, el relato nacional era un relato del Estado, y el fútbol era un complemento. Eso se modificó con la aparición de Maradona, que alteró el eje y de una manera figurada pasó a decir ‘la patria soy yo’. Era una patria popular y plebeya. Y la selección actual vuelve a cambiar un poco, porque Messi es un muchacho de clase media, parte de un equipo en el que son amigos entre ellos, y que no tiene la carga de la posdictadura ni el estigma de Villa Fiorito que arrastraba Maradona”.

Lionel Messi durante el último partido con Inglaterra BUDA MENDES – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Pero lo que es fundamental en todo este recorrido es que esos virajes fueron validados por una sociedad que entendió que era parte fundamental de esa narrativa renovada, que retrata una patria gozosa, unida y compartida. Una utopía efímera como un Mundial, pero tan profunda como para transformarse en un rasgo de una nueva identidad en gestación.

La Argentina cambio mucho su composición social en las últimas décadas. Pero al mismo tiempo, también está mutando su esencia, lo que significa el ser argentino. Esa comunidad en transformación hoy volverá a lanzarse a las calles para repetir el ritual, más allá del resultado. Se merece lo mejor.

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Jorge Liotti,Conforme a

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