DEPORTE
Las espinilleras, el debate que abre la ‘herida’ en el fútbol

El fútbol europeo vuelve a mirarse en el espejo tras una imagen incómoda. La viral lesión (o herida) sufrida por Lewis Holtby, jugador del NAC Breda en la Eredivisie, ha reabierto un debate que llevaba años latente: la verdadera eficacia de las espinilleras en el fútbol actual.
La acción, más allá de su espectacularidad, no es excepcional. Lo que sí resulta cada vez más frecuente es el contexto, y es que ya es habitual ver a futbolistas que compiten con protecciones mínimas, en ocasiones casi simbólicas, en una zona especialmente vulnerable como la tibia. Espinilleras minúsculas o incluso cartones y calcetines son ahora las alternativas a una prenda reglamentariamente obligatoria que antes era tan importante.
Una obligación ambigua en el reglamento
En este sentido, las Reglas del Juego del fútbol obligan a llevar la prenda, pero su idoneidad es algo difusa. Según el librito de la IFAB, las espinilleras se encuentran debajo del equipamiento obligatorio de un jugador, aunque solo se aclara que «deberán estar fabricadas de un material adecuado y tener un tamaño apropiado que proteja de manera razonable; quedarán cubiertas por las medias».
Además, un cambio reciente en las reglas apunta a que «los jugadores serán responsables del tamaño y la adecuación de las espinilleras», sin especificar estándares técnicos o de seguridad.
Ese margen ha sido suficiente para que, en la práctica, el concepto de protección se haya ido diluyendo y ya no sean los árbitros los encargados de dilucidar si la seguridad de las espinilleras es la adecuada. Así pues, hoy en día es habitual ver a jugadores con espinilleras de tamaño muy reducido, lejos de las que hace dos décadas ocupaban prácticamente toda la tibia, algo que hace que cada vez más se vean imágenes de jugadores con cortes o heridas en las tibias, además teniendo en cuenta el uso de tacos de aluminio por la mayor parte de jugadores de fútbol profesional.
¿Moda o renidimento?
Como en otras partes del equipamiento de los jugadores, la evolución del juego y de las modas han ido cambiando en la indumentaria de los futbolistas, así como en el modelo de juego. Un fútbol más rápido, más técnico y más exigente en lo físico han hecho que algunos jugadores apuesten por la ligereza, la movilidad y la comodidad de no llevar espinilleras grandes.
Algo que, al mismo tiempo, desnuda un problema real de protección en una zona crítica con escasa cobertura muscular y, por lo tanto, altamente vulnerable.
De hecho, algunos sectores defienden una revisión normativa que establezca criterios más estrictos, como un tamaño mínimo o estándares de absorción de impacto. Otros apelan a la libertad del jugador para decidir sobre su propio equipamiento.
Ahora, el caso de Holtby no ha hecho más que amplificar una discusión que ya existía en el fútbol profesional. Entrenadores, árbitros, preparadores físicos y médicos llevan tiempo señalando la contradicción.
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DEPORTE
Qué hizo Tim Payne en una embajada argentina antes de sumarse a Olimpia

Hace apenas unas semanas, Tim Payne era un nombre prácticamente desconocido fuera de Nueva Zelanda. Capitán de los «All Whites», experimentado defensor y referente de su selección, su popularidad en redes sociales era modesta. Sin embargo, el Mundial 2026 cambió por completo su historia. En cuestión de días pasó de ser un futbolista anónimo para la mayoría de los aficionados a convertirse en uno de los personajes más virales del torneo gracias a un movimiento espontáneo impulsado, principalmente, por fanáticos argentinos.
Todo comenzó cuando el influencer argentino Valentín «El Scarso» Scarsini lanzó un desafío en redes sociales: elegir al jugador menos conocido del Mundial y convertirlo en una celebridad de internet. Tras revisar las convocatorias, el elegido fue Payne, un defensor de 31 años que apenas contaba con unos pocos miles de seguidores en Instagram.
La respuesta fue inmediata. Miles de usuarios comenzaron a seguirlo, comentar sus publicaciones y compartir memes protagonizados por el neozelandés. En cuestión de horas aparecieron videos, canciones, montajes y hasta una cumbia dedicada exclusivamente a él. Lo que nació como una broma colectiva terminó transformándose en uno de los fenómenos digitales más llamativos de la Copa del Mundo.
Un gracias y algo más
En las últimas horas, Payne volvió a aparecer públicamente. Junto a su mujer Michelle Peters, el jugador fue a la embajada argentina en Wellington, invitado como parte de los festejos del Día de la Independencia.
» Por siempre vamos a estar muy agradecidos con la comunidad argentina tan linda que nos adoptaron como uno de ellos«, escribió Peters en sus redes sociales.
Esto se produce justo antes de que Payne viaje a Sudamérica, más precisamente a Paraguay, para comenzar su etapa como jugador de Olimpia: podría ser rival de River, Boca, Tigre o Lanús en la Copa Sudamericana…

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Tim Payne,Olimpia de Paraguay,República Argentina
DEPORTE
Suiza, el rival que vuelve a soñar: 72 años después, buscará el golpe ante Argentina

Cuando Murat Yakin tomó el micrófono tras la clasificación de Suiza a los cuartos de final del Mundial 2026 no eligió la prudencia. Acababa de conducir a su selección a una instancia que el fútbol helvético no alcanzaba desde hacía 72 años y lanzó un mensaje directo hacia el próximo rival: “Se ha visto que Argentina, con los últimos dos partidos, es vulnerable”.
La frase resume el momento de un equipo que atraviesa uno de los capítulos más importantes de su historia. Suiza será el próximo obstáculo de la Scaloneta después de una campaña que combina resultados, convicción táctica y una identidad construida a partir de historias de esfuerzo, migración y adversidades.
La última vez que los suizos habían llegado tan lejos fue en el Mundial de 1954, disputado justamente en su territorio. Aquella aventura terminó con una derrota inolvidable por 7-5 frente a Austria en uno de los partidos más espectaculares de la historia de las Copas del Mundo. Desde entonces, pasaron siete décadas de frustraciones hasta que esta generación consiguió romper la barrera.
Su recorrido en Estados Unidos, México y Canadá fue sólido desde el comienzo. Lideró el Grupo B con siete puntos tras empatar 1-1 con Qatar, golear 4-1 a Bosnia-Herzegovina y derrotar 2-1 a Canadá. En la fase eliminatoria dejó en el camino a Argelia (2-0) en 16avos de final y luego eliminó a Colombia por penales para meterse entre los ocho mejores del mundo.
Detrás de esta clasificación aparece la figura de Murat Yakin, un entrenador que representa a la perfección la diversidad cultural que caracteriza al fútbol suizo actual.
Hijo de inmigrantes turcos, desarrolló una extensa carrera como defensor central antes de convertirse en entrenador. Fuera de las canchas también construyó una vida singular: es propietario de una fábrica de colchones, alcanzó un nivel competitivo destacado en el golf y protagonizó una historia que recorrió Europa cuando se hizo viral por regalar chocolates a periodistas durante una conferencia de prensa.
Su biografía también incluye un episodio mucho menos amable. Hace algunos años denunció haber sido víctima de una estafa vinculada a un ex integrante de los Hells Angels, una situación que terminó en la Justicia.
Nada de eso, sin embargo, explica mejor a Yakin que su trabajo futbolístico. El entrenador mantuvo la estructura histórica de Suiza, incorporó jóvenes talentos y consolidó un equipo reconocible. El líder continúa siendo Granit Xhaka, mientras que el funcionamiento colectivo sigue siendo la principal carta de presentación.
Si algo distingue a esta selección es su disciplina táctica. Suiza rara vez pierde la compostura, incluso cuando el contexto del partido le resulta desfavorable. Su fortaleza está en la organización defensiva, en la presión coordinada en la mitad de la cancha y en la capacidad para atacar con transiciones rápidas y directas.
No es un equipo que monopolice la posesión ni que dependa de individualidades. Su éxito se apoya en un bloque compacto, veloz y repleto de futbolistas técnicamente confiables. Ese orden también se explica desde lo humano. Muchos de sus jugadores son hijos de inmigrantes o refugiados que llegaron a Suiza escapando de guerras, persecuciones o crisis sociales. Crecieron conviviendo con la discriminación, el desarraigo y la necesidad de abrirse camino en una sociedad distinta a la de sus padres. Esa mezcla de culturas terminó moldeando el carácter competitivo de una selección que, paradójicamente, encontró en los hijos de inmigrantes a varios de sus mayores referentes.
La historia de Granit Xhaka resume buena parte del espíritu de esta selección. Su padre, Ragip Xhaka, fue arrestado en 1986 en la entonces Yugoslavia por participar en manifestaciones contra el régimen comunista. En aquellos años, las tensiones étnicas atravesaban la región y las reivindicaciones de los kosovares eran reprimidas con dureza. Tras recuperar la libertad, escapó de los conflictos que desembocarían en la Guerra de los Balcanes y se exilió en Suiza. Allí, en 1992, nació Granit.
La historia familiar está atravesada por la persecución política, el exilio y la supervivencia. También ayuda a comprender la personalidad de un futbolista que hizo del liderazgo una marca registrada. Hoy, a los 33 años, sigue siendo el cerebro y el capitán emocional de Suiza.
Otro de los símbolos del equipo es Ricardo Rodríguez. Su nombre completo, Ricardo Iván Rodríguez Araya, revela una historia familiar atravesada por distintas geografías. Su padre, José Manuel Rodríguez, emigró desde Galicia hacia Suiza en busca de oportunidades laborales, mientras que su madre, Marcela Araya, tiene raíces chilenas.
Durante años llevó en sus botines las banderas de España y Chile como una forma de homenajear sus orígenes. Posee nacionalidad suiza y chilena y, por ascendencia, también habría podido representar a España.
Sin embargo, toda su carrera internacional estuvo vinculada a Suiza. Recorrió las selecciones juveniles y fue campeón mundial Sub 17 en 2009. En aquel plantel compartió vestuario con Granit Xhaka, una amistad que se mantiene hasta hoy y que convirtió a ambos en los grandes referentes de una generación histórica.
El cruce entre Argentina y Suiza tiene un capítulo imborrable en la memoria mundialista. Ocurrió en los octavos de final de Brasil 2014. Durante 117 minutos, el conjunto dirigido por Ottmar Hitzfeld resistió cada intento argentino. Hasta que Lionel Messi aceleró por el centro y encontró a Ángel Di María para el remate que terminó en el 1-0. Fue uno de los goles más gritados por los argentinos en aquel Mundial y permitió al equipo de Alejandro Sabella avanzar a cuartos de final.
12 años después, apenas quedan tres protagonistas de aquella noche en San Pablo. Lionel Messi es el único sobreviviente de la selección argentina, mientras que del lado suizo permanecen Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez.
Existe además un antecedente más lejano: el Mundial de Inglaterra 1966, donde Argentina derrotó 2-0 a Suiza durante la fase de grupos. La historia favorece a la Albiceleste. El presente, sin embargo, invita a la cautela.
Suiza llega fortalecida por una campaña convincente, respaldada por un entrenador que desafía a cualquiera y sostenida por un grupo que convirtió las historias de exilio, sacrificio y superación en una identidad futbolística. 72 años después de su última aparición en cuartos de final, los helvéticos sienten que están ante una oportunidad irrepetible.
El desafío para Argentina es que aquello que advirtió Murat Yakin no sea un anticipo de lo que puede suceder.
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DEPORTE
Dolor de cabeza para Marruecos en el Mundial 2026

Marruecos en una de las arengas en el Mundial 2026. Foto: EFE
Marruecos recibió una de las peores noticias posibles en la previa del duelo frente a Francia por los cuartos de final del Mundial 2026. El entrenador Mohamed Ouahbi confirmó que Ismael Saibari no logró recuperarse de la lesión muscular sufrida en el encuentro ante Canadá y quedó oficialmente descartado para el partido de este jueves.
La baja representa un duro golpe para el conjunto africano, ya que el futbolista del PSV Eindhoven venía siendo una de las grandes figuras del certamen y una pieza clave en el funcionamiento ofensivo del equipo.
Una ausencia que cambia los planes
Saibari había sido determinante durante el recorrido de Marruecos en la Copa del Mundo. El mediocampista ofensivo convirtió varios goles en la fase de grupos y también fue protagonista en la clasificación a los cuartos de final, consolidándose como uno de los jugadores más desequilibrantes del plantel.
Sin embargo, las molestias musculares que sufrió frente a Canadá terminaron siendo más importantes de lo esperado y el cuerpo médico decidió no arriesgarlo en un compromiso de máxima exigencia. La intención del seleccionado marroquí es recuperarlo para una eventual semifinal o para el resto del torneo, en caso de avanzar de ronda.
El mensaje del entrenador marroquí
En conferencia de prensa, el entrenador Mohamed Ouahbi confirmó que Saibari es la única baja de su plantel y aseguró que el resto de los futbolistas se encuentra en condiciones para afrontar el trascendental compromiso frente a Francia.
El técnico también dejó en claro que la ausencia de una de sus principales figuras no modificará la ambición del equipo. «Todos pueden jugar, excepto Saibari», explicó, al tiempo que remarcó que el objetivo de Marruecos sigue siendo pelear por el título y competir de igual a igual ante una de las grandes favoritas a llevarse el Mundial 2026.
Francia, el gran desafío
Sin Saibari, quien durante el torneo se supo que será nuevo jugador del Bayern Munich, Marruecos intentará volver a sorprender frente a una poderosa selección francesa en un duelo que reedita la semifinal del Mundial de Qatar 2022. Los africanos confían en mantener la solidez colectiva que los llevó hasta esta instancia, aunque deberán suplir la ausencia de uno de sus jugadores más determinantes si quieren seguir haciendo historia en el Mundial 2026.
Con Achraf Hakimi como capitán y abanderado del equipo, el seleccionado africano buscará dar la sorpresa y seguir avanzando por el sueño de convertirse por primera vez en campeón mundial.
Marruecos,Mundial 2026
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