POLITICA
Los caprichos de Trump y el riesgo para Milei

En la ronda electoral del año que viene, el riesgo de la polarización y la incertidumbre del péndulo puede ser mayor que lo esperado. El orden macroeconómico que hasta ahora logró el Gobierno parece alejar ese riesgo, pero no necesariamente. Primero, porque no está claro que la derechización que se inició con la Argentina de Javier Milei en 2023 sea un proceso cumplido y asentado, cuya reproducción esté garantizada en una eventual reelección en 2027. La polarización es un riesgo eterno. Segundo, porque a esa duda se superpone un patrón electoral que se viene repitiendo en América Latina: la dificultad de los oficialismos para reelegir, sea de izquierda como de derecha. Tercero, porque no está claro el impacto de la elección de medio término en Estados Unidos si llega a perder Donald Trump, y el impacto en la estabilidad de la derecha transnacional: son tiempos de aceleración de los procesos globales.
El aleteo de una mariposa agita cambios impensados a un ritmo hiper globalizado en su efecto contagio: Trump es la pieza central de la naturalización de la derecha de nuevo cuño, Milei entre ellas. ¿Debilitado el enclave Trump, se debilitará el sistema de derecha como en efecto dominó? ¿El mundo según Trump llega a su fin? La cuestión es si el electorado de Estados Unidos agotó o no su paciencia con la discrecionalidad trumpista, o todavía le da margen. El episodio mundialista de la tarjeta roja anulada es la última excentricidad del sistema Trump capaz de romperlo todo. Trump reducido a una fuerza de destrucción que ya no alcanza la etapa creadora. El capricho del poder como modus operandi.
Ayer, los anuncios del equipo económico se movieron dentro de la rigidez de esa cancha electoral polarizada, al menos de miedos polarizados, con telón de fondo regional y global desafiante. Luis Caputo presentó un plan financiero con un objetivo claro: reducir al mínimo las chances de shocks externos, pero sobre todo internos, es decir, políticos, en la paz mileísta de 2027. La palabra clave es “blindaje electoral”. Si en años de incertidumbre electoral a los argentinos les preocupa el dólar, Caputo aseguró tener los dólares suficientes para cubrir las obligaciones financieras hasta después de la elección presidencial.
La polarización que conviene
Pero los riesgos electorales son estructurales. 2027 es sinónimo de incertidumbre porque a la Argentina le falta alcanzar una conquista esencial: un modo sostenible de polarización. Una polarización que conviene, es decir, que haga correcciones en los márgenes de la visión de país, pero que mantenga un núcleo duro de racionalidad sin importar en cuál extremo del péndulo se encuentra. El problema no es tanto la polarización, sino la calidad de los polos.
En ese caso, el modelo puede ser Uruguay. Lo sintetiza bien el doctor en Ciencia Política Andrés Schipani: una opción de izquierda que logró “reformas igualitarias y capitalismo vibrante”. Su análisis pone el foco en el Frente Amplio, la izquierda uruguaya, y la figura de Tabaré Vázquez. Entre 2005 y 2020, el polo izquierdo del péndulo uruguayo gobernó con una mezcla única de racionalidad macroeconómica y políticas igualitarias. En ese período, el salario real creció un 62,5 por ciento sin crisis inflacionaria y la pobreza bajó del 32,5 al 8 por ciento. Al mismo tiempo, se mantuvo una política macroeconómica con estabilidad cambiaria, inflación y déficit relativamente bajos; hubo autonomía del Banco Central; se fomentó activamente la inversión privada. Con la izquierda uruguaya en el poder, explotó, en palabras de Schipani, la inversión extranjera directa: entre 2008 y 2018 estuvo entre los tres países de la región que más inversión extranjera directa recibieron. Respecto del PBI, la inversión extranjera pasó del 2,7 por ciento entre 1997 y 2007, al 5,1 por ciento entre 2008 y 2018. Entre 2005 y 2015, Uruguay tuvo una de las dos tasas más altas de crecimiento de la región: 4,5 por ciento promedio anual.
El péndulo corrido al extremo izquierdo, pero de una izquierda con racionalidad macroeconómica, y con resultados capitalistas y distributivos palpables. Es decir, una polarización razonable con consensos macro de extremo a extremo.
En cambio, disipada la niebla política del caso Adorni, la Argentina se vuelve a enfrentar con su destino sudamericano, que no es el uruguayo. El escenario electoral 2027 está aquí y mete presión con el riesgo de un nuevo envión en sentido opuesto del péndulo argentino más temido. Una especie de condena estructural a una alternancia en continuado entre los extremos de una polarización inevitable, un peronismo pro déficit y de pretensión distributiva versus un no peronismo pro racionalidad macro. El primero ya dio pruebas contundentes de su fracaso; el segundo todavía tiene que demostrar sus logros plenos: faltan piezas de la maquinaria macro, que todavía no están aceitadas, y la parte del beneficio para todos, el éxito en el bolsillo de la gente. En la versión mileísta, la maquinaria macro debería completarse con justicia social indirecta, es decir, sin distribucionismo ni desarrollismo de Estado. Ese hueco es la oportunidad sobre la que podría colarse el polo opuesto.
“Falta que el crecimiento llegue a los ciudadanos de a pie, al comercio de la esquina”, reconoció Diego Santilli el fin de semana, desde su recién estrenado sillón de jefe de Gabinete. Toda una señal de la narrativa del Gobierno en la nueva etapa que encara hacia 2027: el fin de la negación de las deudas pendientes de su visión económica, y el reconocimiento del esfuerzo sostenido de la gente, a la que tiene que darle respuestas económicas si quiere tener chances electorales.
Trump y la otra “extracción”
Entre los shocks externos está la suerte electoral de Trump este año. Trump inauguró 2026 acuñando un término geopolítico: “extracción”. La operación quirúrgica que acabó con Nicolás Maduro preso en Estado Unidos terminó de enterrar una época de gobernanza internacional basada en el diálogo multilateral y la diplomacia como un mecanismo clave. Un tejido inter Estados reemplazado por la discrecionalidad y la voluntad política y de acción de un solo Presidente. Una operación efectiva para resolver el problema Maduro, pero que todavía deja pendiente el problema Venezuela.
El fin de semana, el modo Trump expandió sus horizontes y se metió con el universo del fútbol. La escalada parece superficial, pero no lo es: implica una alteración de las lógicas de una institucionalidad futbolera mundial más estable aún que la de los Estados nacionales que compiten en la Copa del Mundo. Trump “extrajo” la tarjeta roja a Folarin Balogun, el capitán de la selección de Estados Unidos, sin molestarse en disimularlo y sin pretender dar buenos argumentos: “No sabía qué demonios era una tarjeta roja”, dijo, sin vueltas, en una presentación pública donde reconoció el llamado a la FIFA para presionar.
La jugada desvergonzada de Trump también implicó la intervención de un mercado como el del fútbol que mueve millones basados en una regla: que la competencia mundialista se da dentro de las leyes de la meritocracia deportiva. El fútbol tiene historias de arbitrariedades comprobadas o sospechadas, pero no un caso de injerencia a cielo abierto del Presidente del hegemón global. Un cambio de época.
Con esa movida, la locura política de Trump impacta en la emoción de millones de personas en todo el mundo: un ataque a un componente central de la política, la emocionalidad de la gente. Lo que parece permanente se resquebraja a toda velocidad: con la jugada de Trump para eliminar la tarjeta roja, la arbitrariedad trumpista alcanzó escalas globales y emocionales no calculadas. En noviembre, el sistema Trump, cada vez más expuesto como una trama de discrecionalidad en todos los frentes, será puesto a prueba en las urnas. Las encuestas no lo acompañan.
Hoy, la discrecionalidad de Trump cuenta a su favor con un requisito político: mayorías republicanas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. El Congreso de Estados Unidos casi como una escribanía trumpista. En noviembre, tiene que reproducir esas mayorías. No es fácil, sobre todo con un legado ya en su haber. Para el oficialismo, la Cámara de Representantes es el componente crítico en una elección de medio término: desde 1938, de las veintidós elecciones legislativas realizadas, los oficialismos perdieron veinte elecciones. Los dos triunfos, según un análisis de Brookings Institution, el respetado think tank con sede en Washington, se dieron en circunstancias excepcionales: en 1998 y en 2002, con Bill Clinton y con George W. Bush como presidentes, ambos con una imagen positiva altísima luego del intento de impeachment en el caso de Clinton y del atentado a las Torres Gemeles, en el caso de Bush.
El nivel de aprobación de la gestión del presidente es, precisamente, la otra variable predictiva: a mayor aprobación, menor la pérdida de representantes que sufre el oficialismo. Ni la historia electoral ni la imagen positiva, muy baja, de Trump auguran, al menos hoy, un buen desempeño. Según The Economist, la aprobación de Trump muestra un neto negativo de 21 puntos. El 59 por ciento lo desaprueba; el 37 por ciento lo aprueba; el 5 por ciento no sabe. En el manejo de la inflación, el neto negativo es de 43 puntos, el menor de su mandato.
La cuestión es si en 2027, en la Argentina, acelera la opción Milei o recrudece el riesgo de un peronismo pro déficit, el polo más complejo, alejado de la racionalidad del polo de izquierda uruguayo. Hoy, Milei tiene una batería de antídotos para resistir el movimiento del péndulo al extremo contrario. Uno de ellos es una gradual recuperación de la agenda política y legislativa y de la narrativa pública: con la poda del caso Adorni, ahora diputados y senadores libertarios se animan a hablar en público y los ministros dan conferencias de prensa. Así fue ayer con Luis Caputo y el equipo económico: llegó la hora de recuperar la palabra y controlar la conversación. Los logros económicos de las últimas semanas, inflación otra vez a la baja y riesgo país en caída, justifican que la economía esté en el eje de esa estrategia.
El otro antídoto es la dispersión de la opción extrema, el perokirchnerismo. Pero nada augura que esa interna sin conducción no logre unificarse en 2027. Puede no asumir la ambición, casi imposible, de construir una oferta electoral con chances de gobernabilidad sostenible, pero sí con chances de llegar al poder. La incertidumbre es alta. Hasta Trump juega.
Se cayó el único juicio abreviado de un “ñoqui” del caso Chocolate: no aceptó que le impidan volver a ser empleado público,anuncios del equipo económico,Diego Santilli,Luciana Vázquez,Javier Milei,Donald Trump,Mundial 2026,Conforme a,Javier Milei,,LN+. Luis Caputo: “La gente se puede quedar tranquila que la inflación va a seguir a la baja”,,Ajuste. Las transferencias nacionales a las provincias se hunden y complican la negociación con los gobernadores,,Reservas, bonos, FMI y privatizaciones. Punto por punto, el plan de Caputo para llegar a las elecciones de 2027 con los pagos de la deuda cubiertos
POLITICA
El shock que monitorea el Gobierno, los pronósticos para la economía y la interna libertaria que se profundiza

Sentado en su oficina del microcentro porteño, un importante empresario con base en Buenos Aires y Washington recordaba una reunión que tuvo en 2023 junto a otros miembros del establishment con Javier Milei, semanas después de las primarias.
—¿Vas a dolarizar, Javier? —le consultó uno de los presentes—
—¡Pero ni en pedo! —le respondió—
Cuentan que en ese mismo encuentro también quiso llevar calma a esos players al decir que no iba a cerrar el Banco Central. Afirmó que la reforma más importante que quería implementar en primer lugar era la modificación de la Carta Orgánica para poder defender el valor de la moneda. “Milei sabía que la propuesta que decía en ese entonces de dolarizar o de la competencia de monedas era imposible. No es ingenuo. Sabe que hay restricciones en ciertas políticas. Llevando ese momento al presente, opino que el hecho de que se demuestre completamente disciplinado en su plan fiscal en este momento lo hace valorable. Tanto para los actores locales como en el plano internacional”, afirma. Es un optimista del plan económico, pero sí tiene sus inquietudes por algunos números que mira y que cree que pueden afectar de cara al año próximo.
Milei estuvo esta semana en Nueva York y defendió a capa y espada su gestión económica. La actividad más enriquecedora se produjo en el conversatorio organizado por The Economic Club de Nueva York con John Micklethwait, editor global de Bloomberg. Al ser abordado por las vigentes restricciones cambiarias para empresas, afirmó que las levantará cuando lo crea necesario. Sobre el crecimiento de los números de desempleo, dijo que, por el contrario, Argentina generó más puestos de trabajo pero en el sector informal. Las risas se generaron cuando respondió escuetamente que no le importaba que el país pudiera ingresar en un período de recesión: “El ciclo de tendencia sigue creciendo sin ningún tipo de problemas”.

Todo es según el color del cristal con que se mira, dice el poema. Ante los indicadores económicos, la mesa económica de Milei se ocupa de agarrar los datos que le sirven, mientras que la oposición hace lo diametralmente opuesto. ¿Existirá un Milei que en público exalta las virtudes de su programa pero piensa en medidas algo más heterodoxas? En su entorno responden que no se va a relajar la política fiscal ni la monetaria.
La tormenta que temen en el Gobierno
Es probable que en los próximos meses se hable de una recesión técnica debido a que los números de la actividad económica podrían confirmar dos trimestres consecutivos de caída.
Un funcionario que participa de la toma de decisiones del ala económica trata de minimizar ese dato y da sus pronósticos hacia adelante. “Nosotros creemos que la actividad va a crecer por mejora de los salarios reales, que se vienen recuperando levemente pero se recuperan a medida que sigue bajando la inflación, el crédito que está volviendo a crecer -con hipotecarios y en dólares-, exportaciones e inversión, que está dejando de caer y debiera empezar a crecer en los próximos meses”.
En el equipo económico sí existe preocupación por el panorama internacional y el shock que produce en Argentina. “Hay un shock de precios de la energía a nivel internacional y de tasas de interés que te impactan. Nuestro país tiene un hedge [una cobertura] natural porque el petróleo es el principal producto exportador y en breve exportaremos GNL, pero ese costo lo paga la gente también. No es gratuito”, analizan. Hay quienes caracterizan ese contexto como “difícil” y observan con especial inquietud la falta de drivers para que ese escenario se normalice.

Por la disparada del combustible a nivel internacional, Axion Energy, Puma y Raízen aplicaron un incremento promedio en el surtidor que ronda el 3%. YPF, en tanto, aplicó un aumento del 1% en todo el país. Por ese motivo, el Gobierno reconoce que la empresa no está pasando todo el costo. Muchos recuerdan un informe de la consultora 1816 de comienzos de julio, que decía que “la velocidad de la desaceleración (de la inflación) dependerá en parte” de la petrolera, ya que tiene casi el 55% de la venta de combustible a nivel nacional y ha actuado de sostén ante incrementos inesperados producto de la escalada bélica global. Respecto de esto último, muchos gobernadores diseñan en silencio el impulso de una discusión respecto al Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL): quieren que el Gobierno deba aplicar sí o sí los fondos recaudados en obras viales y no pueda utilizar un excedente para el margen fiscal. Se viene esa disputa.
Hay más de un importante funcionario que tiene intenciones de proponer una suerte de política monetaria más laxa. La respuesta del Palacio de Hacienda es rotundamente negativa. Afirman que la tasa corta está en terreno negativo y que no tiene sentido bajarla. También alegan que los encajes tampoco están altos. “Hay que continuar con política monetaria ortodoxa para terminar de eliminar la inflación y que los salarios reales puedan recuperarse. No tiene sentido inyectar pesos y menos para subir el tipo de cambio, que está depreciado”, justifican, para agregar que les habría servido un dólar más bajo para mitigar el shock externo, pero que por la coyuntura actual prefieren priorizar la recomposición de la hoja de balance del Banco Central.
La disputa por Discapacidad
Cada integrante de la Mesa Política de la Casa Rosada tiene interpretaciones diferentes sobre lo que se debe hacer respecto a la marcha del Gobierno, pero hay una cuestión que está generando especial malestar interno: el proyecto sobre Discapacidad que el bloque de La Libertad Avanza -que lidera Martín Menem como presidente de Diputados- consensuó con aliados y que buscaría reemplazar el apartado que el Ministerio de Economía redactó en el Presupuesto 2027 y que contenía retrocesos de algunas negociaciones que ya había hecho el oficialismo.
En el sector de Luis Caputo dicen que no les gusta la propuesta y que “no se puede pagar”. Es una crítica que también hacen otros aliados de ese sector hacia los operadores del ala política, a quienes acusan de no haber hecho reformas profundas y que “cedieron siempre que pudieron”.
En el karinismo responden que no importa cualquier tipo de veto que pueda llegar a establecer Hacienda. “Nos vamos a imponer con el proyecto. A lo sumo toquetearemos alguna cosa con los aliados. No hay ninguna posibilidad de que rompamos ningún acuerdo político. Ninguna”, marcan. Una fuente inobjetable agrega: “Son unos vivos. Piden acuerdos políticos pero después quieren que no generemos ningún acuerdo con los aliados”.
No son muchos los antecedentes respecto de un enfrentamiento así entre el sector de Caputo con el ala política, particularmente con el de Martín Menem. La última ocasión fue cuando trascendió el malestar del ministro de Economía por la falta de alianzas con gobernadores y bloques colaboracionistas. Aquello no cayó nada bien entre los negociadores karinistas. “Nosotros no nos metemos en la política económica, que ellos no nos vengan a decir cómo hacer lo nuestro”, fue una de las respuestas que se esgrimieron en ese entonces. Lo curioso es que Javier Milei no ha actuado como un mediador de esos conflictos.

Las versiones que hay son difusas. Los diputados libertarios que llevaron la voz cantante de las negociaciones indican que conversaron de manera directa con la Secretaría de Hacienda que preside Carlos Guberman y que en esas tratativas estuvieron presentes los máximos integrantes de la Secretaría de Legal y Técnica de la Presidencia y la Agencia Nacional de Discapacidad. La anteúltima área responde de manera directa al asesor presidencial Santiago Caputo, mientras que esta semana se conoció la designación como titular de ANDIS a Pablo Di Liscia, hombre que responde al ministro de Economía, Luis Caputo.
Entre los hombres que integran el ala política de Karina Milei hay una fuerte crítica por la demora en la auditoría y quita de beneficiarios de Pensiones No Contributivas por Invalidez. Cuando comenzaron los primeros movimientos para revisar los criterios de otorgamiento a casi 1.222.554 personas hasta diciembre del 2023, se estimaba que las irregularidades podían oscilar de entre USD 1200 y USD 2000 millones. Producto de diferentes decisiones judiciales, el proceso se detuvo y muchas de las que se dieron de baja debieron restituirse. Según detalles del último Informe de Gestión enviado al Congreso, el stock de pensiones había disminuido a 1.148.175 a marzo de 2026. El número sigue siendo más alto de lo esperado.
¿Será verdad que hubo contactos entre altas esferas del Gobierno para bajar el tono de la discusión? Lo cierto es que los Caputo no pudieron estar en la última reunión que se realizó el pasado martes, por lo que no estuvo la posibilidad de que ambos sectores se puedan desquitar puertas adentro. Javier Milei no convocará a una reunión de Gabinete este lunes, pero se espera que el martes a las 13 se produzca un encuentro de la Mesa Política antes de que varios de ellos se vayan a París por el Argentina Week.
El Presidente contactó días atrás a Diego Santilli para que se sume a la comitiva del viaje. Seguramente sea para que mantenga un contacto profuso con los 12 gobernadores aliados que promocionarán a sus provincias. Un funcionario de primera línea estima que hay acuerdos que se van a conocer en un lapso de entre dos a tres semanas. La idea es que en noviembre se encaminen los votos para la Reforma Política y la consecuente suspensión de las PASO. No son casuales las reuniones que hubo en el despacho de Lule Menem, armador nacional de La Libertad Avanza, con diferentes presidentes provinciales del espacio. Se dio la orden a los referentes de que comiencen a hacerse la idea de abrir las alianzas en las provincias. “Vamos a necesitar a todos del centro hacia la derecha”, afirman.
El tiempo dirá si esa consigna contiene al sector de Patricia Bullrich. Uno de los funcionarios que estuvo con ella la semana pasada en Casa Rosada suele decir que la ministra está de “paritarias” para llevarse mayor recompensa en la repartija de las listas libertarias. Otro de ellos es algo más tajante: “Contemplamos todos los escenarios. Si de verdad quiere forzar una ruptura, tenemos la certeza de que todos los escenarios son malos para ella. Puede irse con ella un sector del radicalismo o incluso de los gobernadores. Pero como Milei no va a medir nadie en la centroderecha. A todos nos conviene convivir”.
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Milei, ante el agónico intento por gobernar expectativas de largo plazo

Javier Milei cree que cumplió sus promesas de campaña. Enlista que desaceleró la inflación, que tiene estabilidad cambiaria y que bajó el gasto público. La receta seguirá siendo la misma. No muestra en la intimidad nada distinto a lo que dice en público. Deja en claro que no se moverá de sus anclas a pesar de la agotada paciencia social y del riesgo que ven los propios de perder una elección.
La semana pasada, desde Nueva York, reeditó sus plazos y solo atinó a prometer el despegue en el primer año de su segundo mandato. “Si nuestro gobierno es reelecto, 2028 será el mejor año económico de la historia de la Argentina”, lanzó ante inversores, y dijo que ese despegue se vería no solo en “términos financieros sino también en la economía real”. Una admisión de que en 1460 días el modelo no llegó a todos. Ahora pide que le renueven su contrato electoral, con resultados adversos para la micro, en un nuevo intento por gobernar expectativas de largo plazo.
“Alguna palanca hay que mover”, suele decirle Patricia Bullrich, la única dentro del elenco oficialista que le plantea a Milei un cambio de velocidad. El Gobierno quedó al filo de entrar en recesión técnica con dos trimestres seguidos de caída económica. Agosto y septiembre deberían tener un rebote extraordinario para compensar el desplome de 2,9% con el que terminó julio, la baja más profunda desde la pandemia. Los datos del mes que pasó vienen con una suba parcial que no compensa el sacudón anterior. Las voces críticas insisten en que el discurso de Milei es demasiado optimista. “Choca con la realidad de la gente”, suele decir la jefa del bloque de senadores libertarios, que a los suyos les cuenta que se lo repite al Presidente en cada reunión que puede. La respuesta es siempre la misma. “Yo muero con la mía”, la corta Milei y cierra el debate. No deja lugar para cambios. Tampoco abre la puerta a retoques.
En el Gobierno relativizan los datos económicos de la semana, que cerró con un crecimiento de la pobreza de 4,1 puntos, la caída de la actividad y una sostenida suba del riesgo país que suma incertidumbre a un contexto adverso para el oficialismo. “Le habló a los inversores”, sostiene un funcionario de trato cotidiano con Milei sobre la extensión de plazos que exhibió el Presidente en Nueva York. Pero los inversores no votan. En la Casa Rosada dicen que al electorado le hablás con la inflación y la estabilidad cambiaria.
Fórmulas e internas
Bullrich se negó esta semana a descartar su propia candidatura presidencial. Después de hablar de que ella trabajaría para que reelija el proyecto, ahora sumó este nuevo desafío. Pero lejos de enfrentarse, las diferencias los potencian. En el Gobierno volvieron a hablar de una fórmula conjunta. “Es una posibilidad”, refuerzan, a pesar de la desconfianza de Karina Milei. “El lobby petrolero apoya a Milei y el lobby agropecuario a Bullrich”, amplía un consultor político, que lejos de creer que la disputa los divide, en realidad, los contiene. Es una fórmula que cerraría el círculo de temor para los factores de poder.

La mesa política hizo catarsis después de que Bullrich dijera que el nuevo recorte en el área de discapacidad que contenía el presupuesto 2027 no se había analizado internamente. La cruzó Diego Santilli en público con una chicana, al decir que ella no se enteró porque se había ido tres minutos antes de que finalizara la reunión. El martes se dijeron sus verdades en la cara. El jefe de Gabinete insistió con su versión de una supuesta conversación en un pasillo al finalizar el encuentro. “Si fue así por qué no me llamaste y volvía, o hubieras mandado un WhatsApp al grupo para avisar”, le enrostró la senadora. “Los trapitos se lavan en casa”, retrucó Santilli. “Perfecto, pero primero tenés que enterarte de las cosas para operar sobre eso”, siguió Bullrich la discusión. Inserte aquí el meme de excelente clima laboral.
Los reordenamientos internos marcan las dinámicas de la toma de decisiones. En la época de Manuel Adorni, el funcionario llegaba y decía que el Presidente le había dado una orden y tenían que cumplirla. La llegada de Santilli, se suponía, estaba pensada como salida a ese funcionamiento. Nada de eso pasó. Santilli elige jugar la interna y tiene la necesidad de sobreactuar lealtad. Lejos de asumir un rol de amortiguador del caos, se corre de la gestión de crisis. El Gobierno ya lo vivió el año pasado, cuando terminó perdiendo la votación en el Congreso del capítulo que contenía la derogación de la emergencia en discapacidad. Ahora iban de frente a chocarse con el mismo problema.
Las tensiones son tales que Karina decidió no acompañar a Milei al viaje a las Naciones Unidas. Sí lo hará la semana que empieza a París, para la Argentina Week. En un despacho oficial explicaron que la secretaria general se quedó porque había que reencaminar la mesa política, además de ordenar la agenda frente a la confirmación de la agenda del Papa León XIV en la Argentina.
Esa dinámica oficial traba los acuerdos. La Casa Rosada no logra transmitir confianza para que los gobernadores le den finalmente el voto a la reforma electoral. El proyecto original se está reduciendo a la suspensión de las internas y ya. Pero incluso así al oficialismo le cuesta conseguir apoyos. Karina tiene que garantizar acompañamiento a la reelección de los gobernadores, pero crece la desconfianza. Nadie quiere firmar ahora para llevarse solo una promesa. El calendario le juega en contra al Gobierno. De aprobarse una reforma electoral debería ser este año pero los cierres de lista son el año que viene. El Congreso entra en modo presupuesto y se agotan las instancias de debate.
Más allá de los tiempos, lo que prima o no es cuán generosa termine siendo la hermana presidencial. “No está el número ni para suspenderlas”, se sinceró un senador libertario que participó de la cena que organizó Karina Milei en un restaurante de sushi en Villa Urquiza. Todavía hoy los invitados tratan de entender para qué los citó. Todos coinciden en describir que no hubo una charla política, que fue un encuentro social, y que en todo caso, interpretan que lo que buscó la secretaria general fue mostrar conducción política en momentos en los que la mesa política, que preside, quedó opacada por el propio Milei. “El problema que tenemos es que los aliados confían más en Bullrich que en el resto”, aporta un integrante del bloque oficialista. La intervención vía Eduardo Lule Menem y Martín Menem del espacio en el Senado encuentra su límite en los cada vez más diezmados apoyos extrapartidarios.
El Gobierno enfrenta otro problema. Sacar las PASO implicaría un enorme trabajo de contención electoral para los aliados. Sin esa herramienta, la Casa Rosada también se queda sin vehículo para que los gobernadores jueguen dentro del espacio libertario. Sin internas que integren pensamientos similares, los acuerdos dependerán de cuán dispuesta esté Karina a entregar territorios en los que podría hacer pie. Uno de los casos más emblemáticos es Salta. Así se explican las idas y vueltas del gobernador Gustavo Sáenz, que un día dice que el Gobierno no muestra reciprocidad y se le agota la paciencia y el mismo día vota las leyes del oficialismo. Nadie bajó aún a María Emilia Orozco, la candidata libertaria que el año pasado relegó al gobernador a un segundo lugar en la elección legislativa.
Casi pobres
El contexto económico se le vuelve cada vez más adverso al Gobierno para conseguir los apoyos buscados. A medida que pase el tiempo le será más difícil sobre todo ante el deterioro social. El dato de pobreza de la semana pasada deja, además de la preocupante suba, una línea a seguir. Cuántos pobres hay realmente en la Argentina.
La consultora Equilibra consideró que, medida con la canasta de consumos de 2017/18 que el Gobierno se negó a actualizar y derivó en la salida de Marco Lavagna, sumado a la corrección por subdeclaración de ingresos, la pobreza no sería del 32,3% que informó el Indec sino del 44,5%. La diferencia abruma y pone en cuestión el sistema estadístico.
En esa línea, Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), analiza que incluso podría ser de unos puntos más. Según sus datos, se podría actualizar con una canasta 2024/25 que contemple el peso real de los servicios y además, los alquileres. En sus estudios entienden que en la Argentina se aplica una imputación marginal de ese costo. Lo que pone en cuestión es la desaparición de la clase media. Habla de los “casi pobres”, concepto acuñado por el Banco Mundial, que relativiza la salida de la pobreza monetaria. Son los que están apenas por encima del umbral de ingresos donde se hace el corte. En ese universo quedarían incluidos todos aquellos cuyas sumas de ingresos sean dos canastas básicas, alrededor de $3.000.000 por hogar.
Todavía no están los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para poder sacar un número exacto, pero en el trabajo que hicieron de la medición anterior, esos “casi pobres” representaban un 34,5%, medido con parámetros oficiales, mientras que los pobres eran 22,5%. Con la medición alternativa, los “casi pobres” quedaban en 33,9% y los pobres en 43%. Eso hace que la clase media tenga cada vez menos representación.
El Gobierno sostiene que la suba de la pobreza es coyuntural, y que como el único objetivo de Milei es mantener la desaceleración de la inflación, el próximo semestre podría volver a los valores anteriores. Los indicadores se movieron dispares. Si bien la inflación volvió al sendero descendente, la canasta básica de julio dio una suba de 2,2% y la de agosto fue de 2,6% contra una inflación general para este último mes de 1,7%. Para la consultora Vectorial se da una nueva paradoja. El aumento de la pobreza en el primer semestre confirma que en un año de crecimiento, bajo, pero crecimiento al fin, la pobreza sube. Concluyen: “El modelo dio todo lo que podía dar”.
Ajustado
La semana cerró con un riesgo país por encima de los 600 puntos que alteró al mercado. La consultora 1816 encendió las dudas respecto del programa financiero de Luis Caputo. “Ajustado”, lo calificó y alertó que la presión sobre las reservas, que ya marcaban que era un punto a tener en cuenta, será más alta aún. “En los números oficiales se asumía que el año que viene se usaban USD 3.700 millones del saldo que tendría el Tesoro por el Programa Financiero de este año y que además el fisco le compraba USD 4.900 millones al BCRA. Entre esos números y los vencimientos de Bopreal (de hasta USD 4.000 millones si no se siguen usando para impuestos), la presión sobre las reservas iba a ser de hasta USD 12.600 millones en todo 2027, número parecido al stock actual de reservas netas. Si encima las condiciones de mercado no permiten emitir USD 5.000 millones de Bonares (el supuesto del Programa 2027), la presión sobre las reservas terminará siendo superior. Puede sonar a obviedad, pero no está de más ser explícito: a mayor dificultad para emitir títulos, más relevantes son las compras del BCRA en el Mercado Libre de Cambios. Este año esas compras fueron extraordinarias, pero en septiembre las intervenciones del Central vienen siendo marginales y probablemente eso haya contribuido al sell-off de los bonos”, resume.
Hay una economía endeudándose en dólares. En ese sentido, 1816 remarca que empresas y provincias ya emitieron deuda por USD 17.200 millones bajo ley extranjera desde octubre de 2024 y solo en septiembre llevan USD 2.650 millones. El economista Jorge Carrera, profesor de Finanzas Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, alerta sobre ese endeudamiento que genera oferta de dólares hoy, pero también necesidad de acceso a ellos mañana, para pagar capital e intereses.
Aprobado pero
Nueva York se convirtió esta semana en vidriera de los dos polos de la política nacional. Milei y Axel Kicillof se enfrentaron al mismo tiempo y en la misma ciudad, en un virtual examen del poder. Aprobados pero, podría ser la calificación para ambas delegaciones, que fueron a buscar un objetivo y volvieron con bastantes respuestas sin dar.
El paso de Milei por Estados Unidos dejó solo una reunión bilateral, con el premier israelí Benjamin Netanyahu. El encuentro careció de una contundente definición sobre el proyecto Sea Lion en las islas Malvinas, cuyo accionista mayoritario es la empresa Navitas, de origen israelí. El Gobierno comunicó que se abordó el tema Malvinas, sin dar precisiones. En el comunicado oficial del gobierno de Netanyahu no se hizo mención al caso.

Más allá de Malvinas, la mayoría de los encuentros de Milei estuvieron dedicados a convencer al mercado de su reelección. En sus términos, Milei ratificó su alineamiento a Estados Unidos como su salvoconducto ante cualquier cimbronazo interno. Desde ese punto salió hecho. Hubo una charla que pasó por debajo del radar que dio el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, de la que participaron grupos inversionistas. Allí el funcionario de Donald Trump reiteró que el foco norteamericano está puesto en América latina y que van a seguir apoyando, más allá del resultado electoral, a los países socios. Eso le daría garantías extras a Milei por fuera de los comicios de medio término de noviembre próximo.
Desde esa mirada, el Presidente pasó el examen. Las dudas quedaron en el modelo económico y sus posibilidades de reelegir. Las preguntas giraron siempre en torno a lo mismo. El crecimiento exiguo no alcanza para que el bienestar social le de otro mandato. La duda es si todo marcha acorde al plan. Milei se dedicó a contraponer sus números, como la creación de 500.000 nuevos puestos de trabajo en la economía informal. La preocupación del inversor, según fuentes que participaron de las charlas, sigue siendo la falta de un plan B amigable al mercado. “Eso crea nerviosismo y Milei no fue convincente”, refleja un operador de mercado.
Kicillof aprovechó la vidriera de la cumbre de las Naciones Unidas y armó su propio viaje. “No fuimos a dar examen”, se atajan a su lado. Pero buena parte de los actores económicos que lo escucharon en sus dos reuniones, una con bonistas y fondos de inversión y la otra con empresarios, evaluaron su paso pensando en una futura candidatura presidencial. “Mejor de lo esperado”, fue la conclusión que se escuchó pos encuentros.
El problema de Kicillof es que dio un paso en una maratón. Y el debe del gobernador es aún más complicado. Lo evaluaron más por lo que no dijo que por lo que dijo. Ese es su principal escollo. No convence porque no dice qué va a hacer. Los inversores esperaban definiciones sobre el futuro del RIGI, si habrá o no renegociación de deuda, cuál será su relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) o qué acercamiento tendrá con los Estados Unidos. Este último punto no es un tema menor en función de la dependencia que dejará con ese país el actual Gobierno si Milei no logra reelegir. Entre las definiciones que no dio Kicillof está el rumbo económico, que se presupone opuesto al libertario, pero nadie logra interpretar en qué magnitud, ni tampoco se refirió a qué rol le daría al Banco Central.
Para sacarse el mote de estatista que le pone Milei, el gobernador les recordó a sus interlocutores que a pesar del ahogo financiero de la Nación a la provincia, nunca se había puesto en duda el cumplimiento de las obligaciones de deuda. Había representantes de inversores institucionales grandes como Eaton Vance, GoldenTree y BlackRock. En el ámbito empresarial sobresalió la presencia de José Luis Manzano, uno de los grandes ganadores del modelo de privatizaciones de Milei, además de representantes de compañías como Google, Meta, Microsoft, Mastercard, Dreyfus o MetLife.
Para Kicillof es un ambiente hostil. En ese mismo momento, ante otra audiencia, Milei sostenía que el riesgo país subía porque “aparecen pelotudos hablando en Nueva York”, en alusión al gobernador, al que volvió a llamar “enano soviético” ante inversores. El riesgo kuka que Kicillof trata de desmitificar y Milei agrandar, es el mismo que genera más incertidumbre que certezas para ambos.
Uno de los asistentes a los encuentros sostuvo que el inversor necesita certezas a largo plazo. Ninguno de los dos pudo garantizarla. ¿Qué los tranquiliza? Gobiernos de coalición. Milei nunca lo aceptó y relegó al Pro a ser el primo segundo. Mauricio Macri le recordó el viernes, en su vuelta a la política local, que lo tiene que escuchar más y puso en duda el mentado superávit fiscal, al que calificó de ser de “baja calidad”. Kicillof navega en la interna peronista con una Cristina Kirchner que lo acorrala todos los días en busca del candidato que lo haga caer. No puede ni con los que deberían ser propios, difícil emprender el camino a un frente más amplio, como prometió en su virtual lanzamiento de campaña.
Los desencantados hacia el ningunismo
La mayoría de las encuestas de los últimos días mantienen a Milei con una imagen en torno de los 35 a 40 puntos, competitivo pero estancado, con un consolidado rechazo a su gestión que bordea el 60%. La última encuesta de TresPuntoZero para Alaska refleja una baja de Milei de 41,6 a 38,4%. Ese sondeo destaca un fenómeno que se viene dando en otros estudios. El sostenido crecimiento del ningunismo.
Ante la pregunta de con qué opción ideológica se identifica, la opción “ninguno” llega al 26,6% y se ubica en el primer lugar de las preferencias, con el peronismo en segundo término con el 24,8%, el mileísmo con el 16,4%, el kirchnerismo con el 10,7%, el macrismo con el 4,9% y la izquierda con el 4,6%.
La apatía se refleja con los focus group de las consultoras. Infobae participó esta semana de uno de esos estudios en el que se evaluaba qué pensaban los desencantados de Milei. En general son votantes del ballotage. Llegaron a apoyarlo por el rechazo a Sergio Massa. De ahí surge como disparador común la palabra bronca. Entre los atributos que pueden reconocer del Gobierno, que son pocos, destacan la macro casi como palabra sin sentido, la baja de la inflación, la reducción parcial de la corrupción, las importaciones, con su lado bueno y su lado malo, y menos paros y manifestaciones. Los desaciertos salieron con mayor facilidad y el pizarrón no alcanzaba para listarlos.
Hablaron de endeudamiento externo, venta de tierras, quita de subsidios, atraso en los salarios, ataque a la universidad, desfinanciamiento en discapacidad, jubilaciones, educación, indigencia, inseguridad, desempleo, falta de respeto a la institucionalidad, que a nadie le interesa un blanqueo y que manda Karina. Todos tenían deudas personales, pero nadie lo mencionó per se. Solo lo reconocieron ante la pregunta precisa. Levantó la mano uno y se animaron todos. Hubo quien confesó que estaba decidido a endeudarse para las fiestas. No hablaba de comprar televisores, sino la comida y los regalos para su hijo de cuatro años. Eran de Capital Federal, con bastante conocimiento político, mitad empleados y mitad cuentapropistas. Solo para uno Milei podría llegar a ser una opción electoral de última instancia. El resto lo abandonó después de los dos años de mandato. Mieli entró en default con la paciencia social. Dura la mitad del tiempo que ahora el Presidente intenta renegociar.
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POLITICA
Karina Milei se resigna con Patricia Bullrich, pero en el Gobierno hay señales de hartazgo y marcan cuál será el límite

La frecuencia con la que Patricia Bullrich marca distancia del Gobierno aumenta ostensiblemente a medida que se acerca el año electoral, pero en la Casa Rosada, complicados en el frente económico y social, están inmovilizados frente a sus coletazos y se muestran hasta resignados.
Tras la última seguidilla de desaires de la socia, dicen que hasta tanto no ejecute un corte formal seguirán considerando sus desmarques como una forma de “aportar”. Y harán oídos sordos a las advertencias sobre las intenciones de la ex PRO de desafiar a Milei en unas PASO.
Es que, en paralelo a la aceleración de la máquina de chocar de Bullrich, para los Milei la necesidad de respaldo de la rebelde senadora crece. El jefe de Estado y su tropa están en un momento delicado, entre la inminencia de una recesión técnica de la economía, la suba de la pobreza, la caída de la actividad, los cierres de industrias, la caída del desempleo. En paralelo, o como consecuencia, observan con inquietud el estancamiento en la imagen del jefe de Estado -o caída, en el caso de algunos estudios de opinión pública-.
Mientras, Bullrich se fortalece en términos de consideración. En tanto “outsider” dentro del Gobierno, no sufre en la misma medida los costos que sí tienen que enfrentar el Ejecutivo y el Ministerio de Economía.
¿Cuántos contrapuntos con Patricia están dispuestos a tolerar los libertarios? Cerca de Karina Milei dicen, hoy, que los que sean necesarios. “Se viene diferenciando desde el día cero. Ella considera que es su manera de aportarle valor al espacio. Es tómálo o déjalo. No te queda mucho ahí. Se zanjaron las diferencias. Ella tiene sus posturas. Y se las respeta, si no… “, dijo un importante funcionario de diálogo diario con la hermana del Presidente.

Por ahora, el límite para la Secretaria General sería un quiebre formal por parte de la senadora. “No rompió ni hizo su bloque ni monobloque. Todo lo que se dice es en off. Podemos estar con esta situación hasta el día de la elección”, dijeron en Balcarce 50, aunque con cierto grado de hartazgo.
Esa es la posición de Karina Milei, pero sus satélites deslizan que el jefe de Estado empezó a perder la paciencia con “la doctora Bullrich”. Le hizo ruido que “rayara” a su rockstar, Luis Caputo, por la falta de preaviso sobre el recorte en el presupuesto para el área de Discapacidad en 2027. Y en la entrevista que le dio a un periodista de la Bloomberg, sin nombrarla, aseguró que sus propios votantes no considerarían apoyar a un “sustituto de segunda calidad”. En el ámbito político todos leyeron el nombre de Bullrich en esa oración. Pero en Gobierno juraron que no se refería a la senadora sino a los otros “outsiders” que analizan postularse.
Hasta ahora, el titular del Ejecutivo aceptó sin chistar sus numerosos cuestionamientos. El año pasado, con el proceso electoral en marcha, por el caso de José Luis Espert; en el verano, con el giro de la reforma electoral; luego, con Manuel Adorni (con éxito, porque lo terminaron echando), y después con la ley de Propiedad Privada. Más recientemente llegó el recorte en Discapacidad. Y esta semana el quiebre pasó por el Poder Judicial: la senadora se opuso a que se someta a juicio político y a jury a las juezas Marta Pascual y Laura De Marinis por sus fallos contra el Régimen Penal Juvenil. Todo esto en medio de las dificultades para aprobar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (que al final tuvo media sanción en la Cámara alta) y las dudas sobre las voluntades para la reforma política.

El patrón entre los distintos episodios es el de un ritmo cada vez más acelerado: si antes pasaban varios meses entre un cuestionamiento y otro, entre el planteo por Discapacidad y el impulso al juicio político contra las juezas no llegó a pasar una semana.
Las huestes de Santiago Caputo en redes evitan, cuidadosamente, descargar bombas contra Bullrich. Y, aún en off the record, sus alfiles siempre se encargan de defenderla. De hecho, aclararon a este medio que el faltazo del asesor a la mesa política el martes no se debió a un enojo con ella sino a una reunión que le había encargado Milei, sobre la cual había avisado a Santilli con antelación.
En el círculo karinista están convencidos de que Caputo y Bullrich mantienen un “back channel” aceitado. En el Senado admiten que “se llevan bien”, pero también señalan que “se desconfían”.
Pero, luego del cónclave de sushi el lunes pasado por la noche con Martín Menem y legisladores libertarios, en Balcarce 50 negaron la posibilidad de sumarla a las instancias de discusión electoral que Karina Milei tiene con los Menem y Santilli. Esto, a pesar de los reclamos de Bullrich sobre que “no se decide nada” en la mesa política.
En el Senado, quienes dialogan con ella a diario y la conocen hace décadas aseguran que “no tiene nada decidido”, que recibe ofertas del círculo rojo. Pero reconocen que no descarta “nada”, inclusive ser candidata a Presidenta en una PASO si Milei “no llega bien” en las encuestas. En caso contrario, estaría dispuesta a acompañarlo en una fórmula presidencial, con vistas a ser “todo menos una Michetti o una Villarruel”, las vices de Mauricio Macri y del propio Milei que tuvieron roles menores o de extrema tensión con sus presidentes.
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