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POLITICA

Los nuevos síntomas de un deterioro social silencioso en el Conurbano bonaerense

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En la provincia de Buenos Aires empezó a tomar forma una preocupación incómoda para el gobierno de Axel Kicillof: el deterioro social avanza por carriles que no coinciden con los indicadores tradicionales de inseguridad. Los homicidios bajan. Los asesinatos en ocasión de robo, también. La estadística más dura del delito no confirma, al menos por ahora, el cuadro de colapso que el oficialismo nacional busca proyectar sobre territorio bonaerense. Pero eso no trae alivio en La Plata. Al contrario: obliga a mirar otra zona del problema, la que se mete en los hogares, atraviesa a los jóvenes, roza a la propia Policía y empieza a ofrecerle a las economías criminales nuevas oportunidades de expansión.

Ese es el punto en el que la discusión deja de ser solo policial y se vuelve política. La acusación de Javier Milei sobre un supuesto “baño de sangre” en Buenos Aires no encuentra correlato en los números de homicidios. Pero desde la administración de Kicillof tampoco pueden limitarse a responder con esa refutación, porque en los datos que maneja la Provincia aparecen señales que no encajan en la lógica clásica de la inseguridad y que, leídas en conjunto, dibujan un escenario más complejo que una simple baja del delito violento.

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La pregunta que sobrevuela al gobierno bonaerense no es si el deterioro social ya se tradujo en una ola de violencia callejera. Los propios números oficiales no permiten sostener eso. El interrogante es otro: qué tipo de tensiones se están acumulando mientras ese salto todavía no ocurre, en qué lugares se expresan y hasta dónde pueden crecer si las condiciones materiales siguen deteriorándose.

Una balacera en Fuerte Apache ayudó a ordenar esa inquietud. El episodio derivó en detenidos y en un operativo policial amplio. Pero el dato que llamó la atención de los investigadores no fue solo el enfrentamiento entre grupos vinculados al narcomenudeo. Detrás de la disputa apareció otro negocio: el préstamo de dinero.

La economía doméstica como puerta de entrada

El caso interesa menos por su dimensión episódica que por lo que pone en evidencia. En barrios donde muchas familias necesitan efectivo y no encuentran financiamiento por las vías tradicionales, una organización criminal con dinero disponible tiene una vía de penetración mucho más amplia que la venta de drogas. La familia que necesita cubrir una deuda, pagar una urgencia médica o simplemente llegar a fin de mes puede terminar entrando en contacto con una estructura ilegal sin haber tenido antes ningún vínculo con ese mundo.

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No hay elementos para afirmar que esa modalidad se haya expandido de forma generalizada en todo el Conurbano. Pero en la mirada oficial funciona como una advertencia. No porque describa todavía una tendencia consolidada, sino porque señala un punto de contacto cada vez más delicado entre deterioro económico, fragilidad social y capacidad de captura de las organizaciones criminales. Ahí, una necesidad cotidiana deja de ser solo un problema doméstico y empieza a convertirse en una puerta de entrada para mecanismos de coerción territorial.

Ese tipo de episodios convive con una paradoja que define buena parte del presente bonaerense. Entre enero y agosto de 2025 se registraron 451 homicidios dolosos en la provincia. En el mismo período de 2026 fueron 434. La caída fue del 3,8%. La curva descendente, además, no es un accidente de corto plazo: en 2015 hubo 1.247 homicidios; en 2019, 905; en 2024, 823; en 2025, 780. La proyección oficial para este año, a partir de los primeros ocho meses, es de 742.

Los datos, que forman parte de los informes que utiliza el Ministerio de Seguridad bonaerense a cargo de Javier Alonso, tienen un efecto político inmediato. La narrativa libertaria sobre una provincia desbordada por la violencia no se sostiene en el principal indicador de letalidad criminal. La frase del “baño de sangre”, esgrimida desde el oficialismo nacional para embestir contra la administración bonaerense, quedó absorbida por la confrontación política. Pero la serie estadística disponible, en principio, no la avala.

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Tampoco lo hace otro de los rubros sensibles de la agenda pública. Los homicidios en ocasión de robo bajaron de 47 a 39 en los primeros ocho meses del año, una reducción del 17%. Los femicidios pasaron de 33 a 24, una caída del 27,3%. Pero, al mismo tiempo, las estadísticas públicas indican que los ajustes de cuentas subieron de 80 a 84 y las riñas letales crecieron de 97 a 105.

Esa combinación obliga a una lectura más fina. No hay un salto generalizado en la violencia criminal que permita trazar una línea recta entre deterioro económico y aumento de homicidios. Pero tampoco aparece un cuadro enteramente tranquilizador. Lo que empieza a observarse es un deterioro que se expresa de otras maneras: las tensiones no se concentran en una sola estadística, ni irrumpen todas en el espacio público, ni adoptan de inmediato la forma del delito callejero. Se desplazan. Entran en los hogares. Se expresan en la salud mental. Alteran las dinámicas barriales. Modifican la relación entre necesidad económica y economías ilegales.

Es, en alguna medida, un deterioro social que empieza a pegar puertas adentro. La violencia intrafamiliar es una de las señales que siguen las autoridades bonaerenses. La otra, mucho más difícil de interpretar y atravesada por múltiples factores, es el crecimiento de los suicidios.

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La violencia, puertas adentro

Ese desacople es uno de los principales problemas de lectura para el oficialismo bonaerense. En otros momentos de fuerte deterioro económico y social, la discusión se ordenaba con relativa rapidez alrededor del aumento de robos, homicidios y delitos violentos. Hoy el cuadro es menos lineal y, por eso mismo, más difícil de traducir políticamente. La Provincia de Buenos Aires puede exhibir una baja de homicidios para rechazar el diagnóstico de colapso, pero no puede convertir esa estadística en una imagen de “normalidad”. Porque los informes que maneja muestran otra cosa: un corrimiento de las violencias hacia zonas menos visibles, menos cuantificables y, en varios casos, más complejas de abordar desde el Estado.

Uno de esos datos es el crecimiento de los suicidios. Según la información que utiliza el Ministerio de Seguridad bonaerense, en 2024 se registraron 4.249 suicidios en todo el país y en 2025 fueron 5.209, un aumento del 22,6% en apenas un año.

El salto adquiere aún más peso por un cambio de fondo en el mapa de las muertes violentas. Desde 2023, de acuerdo con la información oficial analizada por la Provincia, los suicidios pasaron a ser la principal causa de muerte violenta en la Argentina, por encima de los homicidios dolosos y de las muertes en siniestros viales. Ese dato altera la conversación pública sobre violencia social y desacomoda los marcos clásicos con los que la política suele interpretar la inseguridad.

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Buenos Aires reproduce esa tendencia. La tasa provincial fue de 7,3 suicidios cada 100.000 habitantes en 2022, subió a 8,4 en 2023, alcanzó 10,8 en 2024 y llegó a 11,9 en 2025, según las series consolidadas con las que trabaja el Ministerio de Seguridad. La aclaración metodológica no es menor. El Sistema Nacional de Información Criminal había consignado inicialmente una tasa de 7,7 para 2024. Después, la Provincia cruzó esa base con los registros del Ministerio de Salud y detectó casos no incorporados al conteo original. La revisión elevó el dato a 10,8 y corrigió una comparación que, de otro modo, habría sobredimensionado el salto.

Con esa revisión, el aumento fue del 28,5% entre 2023 y 2024 y del 10,2% entre 2024 y 2025. Sigue siendo una evolución fuerte y, sobre todo, introduce una discusión distinta. Para el gobierno bonaerense, no se trata de establecer una causalidad automática entre deterioro económico y suicidios: los propios informes no permiten esa simplificación. Se trata, más bien, de registrar que el malestar social también aparece en terrenos donde la política de seguridad convencional ofrece respuestas limitadas o directamente insuficientes.

La preocupación adquiere otra dimensión cuando se observa la incidencia del fenómeno entre jóvenes y adolescentes. Ahí el problema deja de ser solo estadístico y adquiere una dimensión generacional. La Provincia no tiene elementos para afirmar que exista una explicación única ni para asociar de manera directa esos episodios con una determinada variable económica o social. Lo que sí registra es la necesidad de observar con especial atención lo que ocurre entre los sectores más jóvenes.

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El dato alcanza incluso a la Policía Bonaerense, una institución clave para cualquier gobierno provincial y, al mismo tiempo, uno de los ámbitos donde el fenómeno adquiere una forma especialmente sensible. Los informes internos sobre suicidios de efectivos en 2024 y 2025 muestran una concentración entre agentes jóvenes y de las jerarquías más bajas. El 80% de quienes murieron tenía menos de 40 años, el 75% pertenecía a los escalafones inferiores y el 70% llevaba menos de diez años en la fuerza. En la mitad de los casos se utilizó el arma reglamentaria.

La tasa de suicidio dentro de la fuerza fue estimada en 45 casos cada 100.000 efectivos, un nivel que la propia documentación oficial define como muy alto. No se trata solo de un problema de salud mental dentro de una institución armada. También obliga a observar una estructura sometida a estrés persistente y exposición cotidiana a la violencia, y las condiciones laborales que la propia Provincia empezó a revisar como parte de su estrategia de prevención.

La agenda institucional que suma presión

Ese conjunto de datos devuelve la discusión al centro de la pelea entre la Casa Rosada y la Gobernación. En el gobierno de Kicillof sostienen que las políticas económicas de Milei afectan empleo, actividad, ingresos y financiamiento provincial. Esa tesis organiza una parte importante del enfrentamiento entre ambos gobiernos. Pero la propia información bonaerense obliga a introducir un matiz incómodo: el deterioro material no se trasladó, hasta ahora, de manera lineal al delito letal.

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La paradoja es esa. Si las condiciones sociales se deterioraron, como sostiene la Provincia, los homicidios no acompañaron ese proceso. Los asesinatos durante robos tampoco. Y la tendencia descendente sigue vigente en 2026. Por eso la pregunta interna ya no pasa solo por describir el presente: pasa por leer lo que ese presente puede incubar.

Esa necesidad de anticipación explica por qué el gobierno bonaerense empezó a mirar con más atención un abanico de fenómenos que, tomados por separado, podrían parecer desconectados: violencia intrafamiliar, suicidios, jóvenes expuestos a situaciones extremas, policías bajo desgaste grave, redes criminales que se insertan en la economía doméstica a través del préstamo informal. Ninguno de esos elementos, aislado, define un cuadro de inseguridad en los términos tradicionales. Juntos, en cambio, componen una fotografía social y política bastante más inquietante.

Los próximos meses, además, agregarán presión institucional. En septiembre está prevista la puesta en marcha del nuevo régimen penal juvenil, que redujo a 14 años la edad mínima de responsabilidad penal. Su implementación obligará a reorganizar procedimientos, capacidades estatales y formas de intervención sobre adolescentes en conflicto con la ley. Para la Provincia, el cambio no llega en un vacío: se incorpora a un escenario donde el malestar social, la vulnerabilidad juvenil y la discusión sobre seguridad ya vienen cargados de tensión política. Para la aplicación de ese cambio, de todos modos, se requerirá una adhesión de cada distrito al nuevo régimen.

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Ese mismo mes comenzará también la implementación del sistema acusatorio federal en el Distrito Federal de La Plata. La reforma traslada la investigación penal a los fiscales y deja en los jueces las funciones de control y decisión jurisdiccional. El cambio excede por mucho a la capital bonaerense. La jurisdicción comprende 45 partidos y zonas estratégicas para causas vinculadas al narcotráfico y al crimen organizado.

Ahí aparece otra preocupación dentro de la estructura bonaerense. Si la provincia ya enfrenta un escenario social más opaco, con violencias menos visibles y mercados ilegales que buscan nuevas formas de inserción, la pregunta es si la Justicia Federal tiene hoy la capacidad suficiente para responder al nuevo esquema. Un análisis elaborado con la experiencia de Santa Fe como referencia estima que Buenos Aires necesitaría al menos 56 nuevas fiscalías federales penales y 21 defensorías, además de más juzgados.

La observación remite a un problema estructural. El Conurbano reúne densidad urbana, corredores logísticos, puertos, aeropuertos, barrios populares y circuitos ilegales de una escala sin equivalente en el país. Esa complejidad no solo vuelve más difícil la persecución del narcotráfico: también vuelve más exigente cualquier estrategia estatal que intente intervenir antes de que los procesos de deterioro social se traduzcan en violencia criminal abierta.

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La presión se ve también en otro dato de fondo. A fines de 2023 había 58.917 personas privadas de la libertad bajo responsabilidad provincial. Para el 16 de julio de 2026 eran 66.493, es decir, 7.576 detenidos más, un aumento del 12,86% en poco más de dos años y medio.

Al mismo tiempo, la cantidad de presos alojados en comisarías cayó de 2.368 a 1.579, una baja del 33,32%. El crecimiento se concentró sobre todo en el Servicio Penitenciario y, en menor medida, en los sistemas de monitoreo electrónico. También allí asoma una imagen que desarma lecturas simples: hay más detenidos y menos homicidios. Hay menos presos en comisarías y más presión sobre la estructura penitenciaria. Hay mejores números en algunos delitos graves y, a la vez, signos de deterioro que no entran del todo en la contabilidad clásica de la seguridad.

Eso es lo que hoy intenta leer La Plata: no una explosión ya consumada, sino un conjunto de desplazamientos. El deterioro puede no aparecer todavía en el corazón de la estadística criminal y aun así producir efectos profundos sobre la vida cotidiana, la salud mental, la convivencia social y la capacidad de penetración de las organizaciones ilegales.

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En ese marco, el caso de los prestamistas ligados al narcomenudeo adquiere un valor de síntesis. Muestra cómo una estructura con efectivo, presencia territorial y capacidad de intimidación puede avanzar sobre necesidades básicas y ampliar su influencia más allá de la droga. Muestra también algo más incómodo para la política: que el deterioro social no siempre se expresa primero en el delito que más mide el Estado, sino en zonas donde el daño tarda más en volverse visible y donde la respuesta pública resulta bastante más difícil.

La preocupación del gobierno bonaerense está, en última instancia, ahí: no en los números que hoy puede mostrar para discutir con Milei, sino en aquello que esos números todavía no terminan de revelar.

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La advertencia de un dirigente de la CGT al Gobierno por la situación económica: “Esto va a ser peor que el 2001″

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El cosecretario general de la CGT Cristian Jerónimo lanzó esre martes una dura advertencia sobre la situación económica del país al afirmar que la crisis podría derivar en un escenario “peor que el 2001”, cuando el entonces presidente Fernando De la Rúa renunció a la primera magistratura en medio de un estallido social.

Jerónimo denunció la pérdida de puestos de trabajo y sostuvo que la central obrera no descarta impulsar medidas de fuerza si no se generan espacios de negociación.

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Cristian Jerónimo Sebastián Hipperdinger

“La situación que atraviesan los trabajadores es crítica. En su vida diaria tienen salarios que quedaron por debajo de la canasta básica. Hay muchos sectores que están sufriendo la pérdida de trabajo y el cierre de empresas”, reseñó el referente sindical en diálogo con Delta 90.3.

Y añadió: “Ningún sector es ajeno a las dificultades que está atravesando la Argentina. En la medida que esto siga así, va a ser peor que el 2001. Vamos hacia un proceso más dificultoso que el del 2001. Nosotros queremos que le vaya bien, pero por este modelo económico estamos viendo una situación cada vez más regresiva que empobrece al pueblo argentino. El Gobierno le echa la culpa a otros”, expresó.

Jerónimo también cuestionó la relación entre la CGT y el Poder Ejecutivo, al considerar que “el Gobierno hace oídos sordos y no se hace cargo del rol que tendría que ocupar. El diálogo existió en algún momento, pero nunca se terminan de resolver los problemas. La situación que vive la ciudadanía argentina hace que sea muy difícil equilibrar su economía”, señaló.

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El jefe cegetista efectuó estas declaraciones después de haber participado de una delegación sindical que fue recibida por el papa León XIV en el Vaticano.

El dirigente integró la comitiva junto con Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT; Marta Pujadas, abogada de ese gremio y de la central obrera; y Alejandro ‘Peluca’ Gramajo, secretario general de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular.

La central obrera no descarta impulsar medidas de fuerzaJUAN MABROMATA – AFP

Consultado sobre la posibilidad de nuevas protestas, Jerónimo dejó abierta la puerta a futuros reclamos sindicales. “No descartamos medidas de fuerza. Si el Gobierno sigue haciendo oídos sordos seguirá escalando la conflictividad y decantará en una medida de acción directa”, advirtió.

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No obstante, aclaró que cualquier decisión de ese tipo requerirá de coordinación con otros sectores. “Hay que construir consensos y acuerdos necesarios para que a la hora de hacer una medida de esa naturaleza tenga la contundencia necesaria”, concluyó.




fue recibida por el papa León XIV en el Vaticano,CGT,Javier Milei,Conforme a

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El Presupuesto 2027 entró a Diputados: comenzará a debatirse en octubre y condicionará otras negociaciones

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El gobierno nacional envió este miércoles a la Cámara de Diputados el proyecto de ley de Presupuesto 2027, tal como estipula la ley de Administración Financiera. El plan general de gastos e ingresos prevé un crecimiento del PBI del 4 por ciento, una inflación promedio del 21,1 por ciento y una suba del salario promedio del 25,4 por ciento.

Según destacaron desde el oficialismo, el Presupuesto 2027 contempla nuevamente resultado fiscal positivo, con lo que se consolidarán “por primera vez en la historia” cuatros años consecutivos de superávit financiero.

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La popularmente conocida como “ley de leyes” también estima que Argentina exportará productos y servicios por USD 130 mil millones y que la balanza comercial será favorable por USD 15 mil millones.

Además, calcula que el tipo de cambio promedio anual será de $1728. Este número surge del cálculo entre el tipo de cambio actual por la inflación estimada para el 2027.

“El Presupuesto que se presenta refuerza el compromiso inclaudicable de este Gobierno Nacional de sostener el equilibrio fiscal, condición necesaria para continuar el proceso de eliminación de la inflación y fortalecer los instrumentos de estabilización macroeconómica, que redundarán en la recomposición del poder adquisitivo de los ingresos y el desarrollo de la Nación”, señala el proyecto en su introducción.

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Bertie Benegas Lynch, presidente de la comisión de Presupuesto

En la misma línea, también concluye que “la política fiscal iniciada el 10 de diciembre de 2023 está generando los resultados esperados en términos de estabilización macroeconómica” y adelanta que “para el próximo año se prevé profundizar y continuar el proceso de mejora en la eficiencia y eficacia de las políticas públicas vinculadas con el acompañamiento social sin intermediaciones, incrementar la eficiencia de la obra pública, recuperar las capacidades en seguridad interior y defensa nacional y alcanzar la modernización y simplificación del Estado”.

Los principales puntos del Presupuesto fueron adelantados este mediodía por el ministro de Economía, Luis Caputo, a los integrantes de la mesa política que encabeza la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. De la reunión también participaron el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; la senadora nacional, Patricia Bullrich; el subsecretario de Gestión Institucional, Lule Menem; el vicejefe de Gabinete de Ministros, Ignacio Devitt; el asesor presidencial, Santiago Caputo; y el secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández.

A diferencia de lo que ocurrió en 2024, cuando el propio presidente Milei presentó los principales puntos del Presupuesto en el recinto de la Cámara de Diputados, esta vez la responsabilidad quedará en manos del Secretario de Finanzas de la Nación, Federico Furiase, y del Secretario de Hacienda, Carlos Guberman.

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A pesar de que históricamente ha sido una responsabilidad del titular del Palacio de Hacienda, desde el oficialismo descartaron que el ministro Caputo asista al Congreso para contestar preguntas sobre la ley de leyes. La aversión del ministro a pisar el Congreso es conocida y siempre rechazó las invitaciones de la oposición a dar explicaciones sobre las políticas económicas.

Las planillas del Presupuesto 2027 eran esperadas con mucha expectativa por los aliados de la Casa Rosada y por los gobernadores dialoguistas, e influirá directamente en otras negociaciones legislativas importantes para el oficialismo como la eliminación de las PASO, el régimen de Zonas Frías, el Super RIGI y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, todas trabadas en el Senado.

“Tenemos mucha confianza en que vamos a conseguir la aprobación”, señalaron fuentes del bloque LLA, aunque reconocieron que las negociaciones en el Senado están “difíciles”.

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Cabe destacar que el debate del Presupuesto se desarrollará en un clima electoral cada vez más intenso, tanto a nivel nacional como en las provincias, una situación que podría complicar las negociaciones del oficialismo con los gobernadores y los bloques dialoguistas, que ya han dado señales concretas en ambas Cámaras de haber comenzado a priorizar sus propios intereses electorales.

En la Cámara de Diputados, el oficialismo cuenta con el respaldo de distintos bloques aliados con los que, además, busca construir una alianza electoral, entre ellos el PRO, la UCR, Por Santa Cruz, Adelante Buenos Aires, La Neuquinidad, Independencia y Producción y Trabajo. Sin embargo, esos respaldos no alcanzarían por sí solos para garantizar la aprobación del Presupuesto, por lo que el oficialismo necesitará sumar al menos una decena de votos adicionales en determinados tramos de la votación.

Fuentes parlamentarias del oficialismo adelantaron que el trabajo en la Comisión de Presupuesto, que preside el libertario Bertie Benegas Lynch, comenzarán en la semana del 5 de octubre, una vez que termine el debate sobre endeudamiento y emergencia en discapacidad.

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Intiman a los peritos de Hotesur y Los Sauces a terminar el análisis de los fondos que recibieron las empresas de los Kirchner

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El tribunal que juzgará a Cristina Kirchner y su hijo Máximo Kirchner en la causa Hotesur y Los Sauces, donde ambos están acusados de lavado de dinero y asociación ilícita, intimó a los peritos que analizan las cuentas de las empresas de la familia presidencial a que pongan fecha para la conclusión de su estudio, para poder dar comienzo al juicio oral.

El Tribunal Oral Federal N°5, presidido por el juez José Michilini, dispuso que los peritos tienen tiempo hasta mañana miércoles “para informar el avance de la tarea y la fecha de terminación” de ese análisis.

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Con ese dato, los magistrados estarán en condiciones de ponerle fecha de comienzo de las audiencias, que ya anticipan que arrancarán antes de fin de año, según dijeron fuentes judiciales a .

Los magistrados Michilini, Adriana Palliotti y Fernando Machado Pelloni −subrogante en el tribunal− comenzaron a preparar el juicio oral, que enfrentarán 17 imputados.

Cristóbal López llega a la audiencia de organización del juicio oral en la causa Los Sauces Hotesur en sala Amia de los tribunales de Comodoro PyRicardo Pristupluk

Ahora los peritos dirán la fecha de culminación de su trabajo y luego los jueces, en a lo sumo tres semanas, dirán cuándo comienza el juicio oral.

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En tanto, las defensas y la fiscalía propondrán la reducción de la cantidad de testigos. Había más de 300 previstos, pero se acordó que se reducirían en un 30 o 40 por ciento.

Una vez que se presente el listado definitivo de testigos, con las propuestas de los acusadores y los defensores, se darán por incluidas las declaraciones que prestaron esos mismos testigos en la primera etapa de la instrucción, sin necesidad de que vuelvan a comparecer en el juicio.

Con este procedimiento definido y la entrega final del peritaje contable sobre los fondos transferidos desde las empresas de Cristóbal López y Lázaro Báez a las empresas de la familia Kirchner, se estará en condiciones de fijar la fecha de inicio del juicio oral.

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El delito precedente del lavado de dinero en el caso de Lázaro Báez serían los actos de corrupción comprobados en la causa Vialidad, mientras que, respecto de López, serían los beneficios impositivos que recibió su petrolera Oil Combustibles, causa por la que finalmente fue absuelto y en la que solo fue condenado Ricardo Echegaray.

Cristóbal López, en la audiencia de organización del juicio oral en la causa Los Sauces-Hotesur, en Comodoro PyRicardo Pristupluk

Un tema espinoso que queda por definir es la integración del tribunal oral que realizará el juicio. Michilini y Palliotti son jueces titulares y no se discute que serán de la partida. En cambio, Machado Pelloni es suplente desde febrero de este año.

Si las audiencias comienzan antes de que finalice la subrogancia de Machado Pelloni, este juez se quedará todo el juicio en el tribunal. Lo mismo sucedería si se pone fecha al juicio y Machado Pelloni permanece en el cargo, interpretan algunos magistrados.

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Cristóbal López llega a la audiencia de organización del juicio oral en la causa Los Sauces Hotesur en sala Amia de los tribunales de Comodoro PyRicardo Pristupluk

Otro tema espinoso es la acusación fiscal. En esta causa, Cristina Kirchner y Máximo Kirchner están acusados de asociación ilícita y lavado de dinero, según el auto de elevación a juicio.

La hipótesis es que Cristina Kirchner integró una asociación ilícita con otras personas y obtuvo dinero de la corrupción que fue lavado mediante las transferencias que le hacían los empresarios beneficiados por el kirchnerismo, como Báez y López. Máximo Kirchner integraba las empresas de los Kirchner.

Pero Cristina Kirchner fue absuelta por el delito de asociación ilícita en la causa Vialidad, donde fue condenada por fraude a seis años de prisión, que está cumpliendo detenida en su domicilio.

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Por eso, el abogado de la expresidenta, Alberto Beraldi, pidió cambiar los términos de la acusación hace una semana.

Máximo Kirchner habla en el cuarto aniversario del intento de homicidio contra CFK en San Jose 1111. Militantes del PJ y simpatizantes de Cristina Fernandez de Kirchner se agrupan en el lugar.Hernan Zenteno

La fiscalía, en principio, no comparte la idea de que haya que readecuar nada, revelaron fuentes judiciales a . Al menos en el comienzo del proceso; luego se vería con el avance del caso y a la hora de pronunciar el alegato final.

La Corte Suprema rechazó todos los recursos de las defensas y pidió hace dos años celeridad en la realización del juicio, aún sin fecha.

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Entre los acusados también se encuentran Romina de los Ángeles Mercado, sobrina de Kirchner (hija de Alicia Kirchner) y expresidenta de Hotesur SA, y Patricio Pereyra Arandia, esposo de Mercado y directivo de la compañía.

También Báez, dueño de Austral Construcciones; Osvaldo “Bochi” Sanfelice, expresidente y administrador de Hotesur; Víctor Manzanares, contador histórico de la familia Kirchner y arrepentido en el caso cuadernos; Ricardo Leandro Albornoz, escribano; Martín Báez, hijo del empresario patagónico, y Julio Enrique Mendoza, expresidente de Austral.

El listado se completa con César Gerardo Andrés, contador; Adrián Esteban Berni, abogado y directivo de Valle Mitre SA; Emilio Carlos Martín, directivo, y Óscar Alberto Leiva, Edith Magdalena Gelves, Martín Samuel Jacobs y Alejandro Fermín Ruiz, que fueron todos empleados o apoderados menores.

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