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ECONOMIA

Lucas Pussetto, economista del IAE: “No hay mucha evidencia de que el famoso derrame funcione”

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Es la primera vez que Argentina lleva adelante un programa de estabilización basado en la solvencia de las finanzas públicas; el superávit de las cuentas externas; la apertura de la economía; la eliminación y baja de retenciones a las exportaciones y de aranceles a las importaciones; la reducción y extinción de impuestos, e incentivos a la inversión productiva.

Además, se busca consolidarlo con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina para que nunca más se puedan emitir pesos para financiar al Tesoro y recibir a cambio Letras Intransferibles.

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Sin embargo, para muchos analistas existe una asignatura pendiente: encender todos los motores de la actividad productiva y comercial. Inicialmente lo hicieron el agro pampeano y regional, el sector energético y la nueva minería, mientras se mantienen frenados y en retroceso gran parte de la industria manufacturera, el comercio interior y los servicios vinculados con el mercado interno.

Con ese cuadro, Infobae entrevistó a Lucas Pussetto, con máster en economía y empresa por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, profesor en el EMBA y en programas ejecutivos de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral, además de asesorar a empresas en Argentina y la región, para analizar la coyuntura y compartir sus expectativas para lo que resta del año.

— ¿Cómo ve la economía argentina hoy: cuáles son sus principales fortalezas y debilidades?

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— Tras dos años y medio de gobierno de Milei y haciendo una valoración de lo logrado hasta aquí, creo que la principal fortaleza radica en haber alcanzado cierta estabilidad macrofinanciera, que se refleja en la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas por parte del BCRA, la disminución del índice de riesgo país y, como fundamento, el superávit fiscal.

“La estabilidad macrofinanciera se refleja en la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas por parte del BCRA, la disminución del índice de riesgo país y, como fundamento, el superávit fiscal”

No es poco para un país acostumbrado a la inestabilidad. Queda pendiente que esto se refleje plenamente en la economía real, con aumento generalizado de la producción y generación de empleo. El sector externo hoy juega a favor de Argentina y esto, más allá de las fortalezas y debilidades internas, constituye una oportunidad fantástica.

— Muchos analistas y parte de la sociedad perciben que “la macro está mejor”, pero que esa mejora no se traduce en el bolsillo. ¿A qué se lo atribuye?

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—Depende de lo que entendamos por “la macro”. Si nos limitamos solo a indicadores nominales y financieros, como superávit fiscal, tipo de cambio, reservas, riesgo país e inflación, indudablemente la macro está mejor que el año pasado y que varios años anteriores. Que esto se traduzca en el bolsillo significa que deberíamos verlo reflejado en los indicadores de consumo, y eso es complejo porque algunos indicadores, como las ventas de supermercados y otros relacionados con el comercio minorista, siguen contrayéndose, mientras que el comercio electrónico aumenta.

Los datos de las cuentas nacionales, que captan la información de toda la economía, muestran que el consumo acumula siete trimestres de aumentos en la medición sin estacionalidad. Para que esto se perciba con mayor claridad, es necesario algo más de tiempo y que traccionen dos elementos clave: el crédito, hoy estancado; el salario real, y las tasas de interés, aún muy elevadas.

El consumo acumula siete trimestres de aumentos en la medición sin estacionalidad

— El ministro de Economía se mostró convencido de que “se vienen los mejores 18 meses de las últimas décadas”. ¿Lo interpreta como una frase política o como un escenario probable? ¿Qué variables deberían confirmarlo?

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— Es una afirmación ambiciosa, sobre todo teniendo en cuenta que en las últimas dos décadas hubo algunos años buenos desde lo macroeconómico. En todo caso, sí: creo que es probable. Si este año Argentina crece en torno al 3%, con inflación en torno al 30%, superávit fiscal y superávit de cuenta corriente de la balanza de pagos, y esto se repite el año próximo con algo menos de inflación, ciertamente podemos hablar de un muy buen desempeño de la economía.

Solo con que la economía crezca este año y el siguiente significa que el país habrá crecido tres años de manera consecutiva, algo que no ocurre desde 2008

Solo con que la economía crezca este año y el siguiente significa que el país habrá crecido tres años de manera consecutiva, algo que no ocurre desde 2008. Visto así, es decir, con varios años de crecimiento e inflación a la baja, más equilibrio fiscal y externo, ciertamente podemos afirmar que estamos en presencia de resultados macroeconómicos extraordinarios.

— En anuncios, la inversión productiva aparece expansiva, pero en la ejecución agregada se ve retraída. ¿Por qué cree que ocurre esa brecha entre anuncios y concreción?

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— Las cuentas nacionales muestran que la inversión, en términos desestacionalizados, acumula cuatro trimestres consecutivos de caídas. Concretamente, la inversión del primer trimestre de este año estuvo un 11% por debajo de la del primer trimestre del año pasado. Son datos duros, pero no me sorprenden demasiado. Este tipo de políticas económicas no se caracterizan por conseguir un boom de consumo ni de inversión en el corto plazo. Requieren tiempo para ganar credibilidad y para impactar.

En países que realizaron cambios similares, la inversión repuntó bastante tiempo después. Hay que tener paciencia. No creo, sin embargo, en que todo llegue solamente como consecuencia de la estabilidad. No hay mucha evidencia de que el famoso derrame funcione. Creo que el Gobierno, una vez lograda la estabilidad, tendrá que actuar para generar algún tipo de incentivo para los sectores más afectados. Solo así la inversión repuntará sólidamente.

—Si se eliminara lo que queda del cepo cambiario para empresas, ¿cuánto podría acelerarse el proceso de inversión y actividad? ¿A través de qué canales concretos?

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— La eliminación de lo que queda del cepo supondría un incentivo importante para la inversión en particular y para la actividad en general, probablemente más por lo que represente como señal clave en el proceso de normalización de la economía. De todos modos, veo difícil que esto en sí mismo, aun cuando ocurriese en el corto plazo, se refleje rápidamente en los números.

“Hoy creo que hay otros eventos que pesan mucho más en el horizonte de planificación de las empresas, como las elecciones del año próximo”

Hoy creo que hay otros eventos que pesan mucho más en el horizonte de planificación de las empresas, como las elecciones del año próximo. En cualquier caso, la eliminación del cepo supondría un incentivo importante, por ejemplo, para las inversiones extranjeras, determinantes para sectores estratégicos.

— En la industria manufacturera hay alta capacidad ociosa. ¿Eso funciona como un freno a la inversión en formación de capital? ¿En qué condiciones dejaría de serlo?

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— La utilización de la capacidad instalada permanece por debajo del 60% y sin indicios de que vaya a recuperarse en el corto plazo. Pero cuando se hace el análisis por rubro, solo cuatro están por encima de ese nivel y siete están por debajo. Son números bajos. Pero si damos una mirada más amplia al indicador, quizás podamos encontrar algunos elementos interesantes para analizar mejor esta cuestión.

En 2022, por ejemplo, la utilización de la capacidad instalada de la industria fue, en promedio, de un 66,5%; en 2025 fue del 58%. Para alcanzar su nivel de producción de 2022, este año la industria debería crecer un 11% con respecto al año pasado. Esto último evidentemente no ocurrirá, pero estos cálculos simples nos sugieren que la utilización de la capacidad de la industria puede aumentar rápidamente en un proceso de crecimiento sostenido. Y si ese crecimiento se mantiene, las inversiones son necesarias.

Estamos hablando solamente de un sector, mientras que la inversión total, que tomamos de las cuentas nacionales, considera todos los sectores. No creo, por lo tanto, que esta situación constituya un freno a la formación de capital.

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— ¿La economía se está concentrando en unas pocas actividades expansivas, o se trata de un fenómeno atípico en el que solo algunos sectores ganan protagonismo después de años de estancamiento generalizado y podrían terminar traccionando al resto?

— Para responder a esta pregunta, creo que es importante analizarla desde distintas perspectivas:

  • El auge de sectores como el petrolero y el minero no implica que otros sectores disminuyan su producción. Un proceso de reconversión productiva implica un cambio en la composición relativa del PBI, con algunos sectores ganando peso y otros perdiéndolo, pero en términos absolutos todos pueden aumentar la producción. Hablo de sectores entendidos de forma amplia, como la industria, donde algunos rubros sí pueden caer, pero como resultado de la política económica.
  • En Argentina conviven transformaciones productivas inéditas con un cambio radical de la política económica. Esto hace difícil definir causalidades: ¿la energía y la minería ganan peso porque la política económica los privilegia o simplemente porque Argentina cuenta con la enorme fortuna de tener enormes reservas de ambos, una alta demanda mundial y precios favorables?
  • Creo que es importante ser muy claros en la definición de los criterios que usamos para definir la importancia de un sector. ¿Es el aporte al PBI y el empleo? ¿Es la capacidad para generar dólares por exportación? Algunos sectores son claves para lo primero, y otros para lo segundo. Un detalle para terminar este punto: hablar de estancamiento en algunos sectores durante los últimos dos años es, estadísticamente hablando, erróneo. La producción manufacturera alcanzó su máximo histórico en 2011, al igual que la construcción y el comercio. El estancamiento de la economía argentina lleva, por lo tanto, casi una década y media.

— Semanas atrás, al vocero presidencial le preguntaron si el tipo de cambio podía llegar a $1.800 y respondió: “es posible”. Más allá de que “todo es posible”, ¿le parece un escenario probable antes de fin de año? ¿De qué dependería?

—El vocero no podía responder de otra forma. A partir de los $1.500 actuales, un aumento a $1.800 en cinco meses es un salto del 20%. En principio, lo creo poco probable, y me gustaría explicar por qué. El dólar es un activo y, como tal, la cotización depende de cuánto se demande y cuánto se oferte.

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El dólar es un activo y, como tal, la cotización depende de cuánto se demande y cuánto se oferte

Por el lado de la oferta, no parece haber ninguna restricción: este año tendremos superávit de balanza comercial y muy probablemente también de cuenta corriente. Por el lado de la demanda, las importaciones siguen planchadas. Aún queda buena parte del cepo cambiario por desarmar y algunos eventos internacionales pueden generar presión, pero creo que están dadas las condiciones para la estabilidad.

A mitad de abril el dólar estaba a $1.380 y hoy está a $1.510, es decir, un aumento cercano al 10% en poco más de tres meses. Y esto no se trasladó a inflación; al contrario: la inflación bajó. Con esto quiero decir que, por diversos motivos, en Argentina parece estar empezando a romperse el mecanismo, con fundamento o sin él, que trasladaba variaciones del dólar a precios. Por esto vale la pena preguntarse si, aun cuando el valor dado como probable por el vocero se alcance en cinco meses, esto realmente generaría fuertes perturbaciones en la economía.

— Si el Banco Central ya acumuló compras de reservas por más de USD 13.100 millones en siete meses, hay superávit récord de balanza comercial, crece la llegada de turistas de países no limítrofes e ingresan dólares por inversiones y emisiones de deuda corporativa, ¿por qué el valor del dólar sigue siendo una preocupación persistente en Argentina?

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— Por nuestra historia, más que por los fundamentos macroeconómicos actuales. Hay países de América Latina que tienen déficit fiscal y déficit de cuenta corriente y, aun así, registran un índice de riesgo país que es la mitad del argentino. La historia inflacionaria de Argentina y sus depreciaciones cambiarias recurrentes hacen que no pueda resultar sorprendente que, tras dos años y medio de esfuerzos por normalizar la macro, las dudas persistan.

Mauricio Macri hizo bastante bien las cosas durante sus dos primeros años de gobierno, pero terminó perdiendo la elección en 2019, con el dólar depreciándose nuevamente. Nos ha pasado: es lógico que los agentes económicos, consumidores y empresas, piensen que puede volver a ocurrir. Dicho esto, hay que aclarar que la mirada sigue puesta sobre el dólar porque aún hay cuestiones por definir y, en cierto modo, falta claridad en la política cambiaria.

Por ejemplo: ¿cuánto tiempo más persistirá el esquema de bandas cambiarias? Y si bien es cierto que el valor actual está un 30% por debajo del techo de la banda, es legítimo cierto nerviosismo que surge de preguntarse qué hará el dólar sin bandas.

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Otra pregunta relevante gira en torno al valor de equilibrio del dólar, que surge más de analizar el tipo de cambio real (tipo de cambio corregido por inflación interna y externa) que el valor de mercado del dólar. El problema es que la respuesta a esta última pregunta depende siempre de cuál es el punto de partida que tomamos.

— ¿Ve una desconexión entre los mercados financieros y las calificadoras de riesgo, por un lado, y el humor social y buena parte del análisis de coyuntura de la “economía real”, por el otro? ¿Cómo se explica?

— La economía de un país es algo complejo. No todo es lineal ni inmediato. Y es prácticamente imposible encontrar situaciones en las que todas las variables, financieras y reales, evolucionen en el sentido deseable. En dos años y medio, el Gobierno ha logrado superávit fiscal, reducir la inflación, estabilizar el dólar y acumular reservas. Los mercados financieros y las calificadoras de riesgo lo han valorado positivamente y el índice de riesgo país cayó. Los datos de actividad, consumo, etc., muestran claramente un panorama menos alentador, o al menos muy divergente dependiendo del sector productivo, del tipo de consumo, etc.

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“Es prácticamente imposible encontrar situaciones en las que todas las variables, financieras y reales, evolucionen en el sentido deseable”

Los indicadores macro como el PBI, en una transición, esconden muchas diferencias de desempeño, a diferencia de procesos de crecimiento sostenidos en el tiempo, donde probablemente todos los sectores crezcan. Pero una cosa es creer ciegamente que los mercados financieros son totalmente eficientes y otra es creer que son tontos y se mueven guiados solamente por la especulación. Si las calificadoras de riesgo estuviesen viendo riesgos serios de un deterioro de la macroeconomía en Argentina o, peor aún, riesgo de una crisis, indudablemente esto se vería reflejado, por ejemplo, en el índice de riesgo país.

Al mismo tiempo, los índices que miden la confianza de los consumidores en la economía y en el gobierno muestran un comportamiento aceptable. Ha habido alguna caída en los últimos meses, pero, desde mi punto de vista, nada que permita anticipar que esté instalándose un clima de pesimismo generalizado.

— La inflación sigue bajando, pero a un ritmo menor al deseado por el Gobierno. ¿Cuándo cree que podría llegar al dígito anual y qué condiciones faltan para que eso ocurra?

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— Repasemos los números. La inflación fue 211% en 2023, 118% en 2024, 32% el año pasado y este año podría cerrar en torno al 30% o un poco menos. El FMI estima que Argentina podría tener una inflación menor al 10% en 2028. Si estas proyecciones se cumplen, estaríamos hablando de un período de solo cinco años. En mi opinión, sería un éxito. Y sin tipo de cambio fijo, como en la Convertibilidad, ni dolarización.

La experiencia internacional también es útil en este sentido, más allá de las diferencias entre países. Uruguay demoró casi una década para bajar la inflación del 100% a menos del 10%. En Colombia, el proceso fue similar. Lo que falta, en síntesis, es tiempo para que la política económica siga haciendo su trabajo para reducir expectativas de inflación y romper con la inercia.

— ¿Qué rol tendrá el contexto internacional en la desinflación, considerando que las anclas internas ya se fortalecieron?

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— La trayectoria de la inflación de un país no es independiente de lo que ocurre en el mundo, pero depende más de la consistencia de la política económica interna. La evidencia es muy clara en este sentido. Un aumento del precio del petróleo puede afectar la inflación, pero el impacto es, en general, coyuntural. Luego de la pandemia, la inflación aumentó en todo el mundo, pero en pocos años disminuyó. Creo que esto aplica también al proceso de desinflación de Argentina.

“Si el país mantiene esta política económica, no dudo de que en dos o tres años tendremos inflaciones anuales de un dígito”

La inflación disminuyó en abril, mayo y junio, y probablemente también lo haya hecho en julio, pero esto no implica que de aquí a fin de año no podamos ver algún aumento. Ante transformaciones de esta magnitud en la política económica, el dato mensual pierde relevancia y se vuelve mucho más trascendente la tendencia del indicador.

Aún con un entorno mundial complejo y volátil, si el país mantiene esta política económica, no dudo de que en dos o tres años tendremos inflaciones anuales de un dígito.

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ECONOMIA

Tarjetas versus transferencias: los pagos “cuenta a cuenta” transforman el uso del dinero en la Argentina y en la región

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Los pagos instantáneos cuenta a cuenta abren una dura competencia con el uso de las tarjetas, en especial las de débito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde Estados Unidos, hubo cuestionamientos contra Pix por considerar que perjudica a empresas estadounidenses, como las grandes compañías de tarjetas

Cristina Junqueira y David Vélez en el lanzamiento de Nu Global
Cristina Junqueira y David Vélez en el lanzamiento de Nu Global

En Brasil, hasta los mismos bancos que inicialmente peleaban contra las billeteras, hoy dicen ‘qué bueno que existen’, porque aumentó el tamaño del mercado y bajó los costos operativos de manejar el efectivo (Vélez)



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Clima de Negocios: piruetas para bancar el changuito y la aparición del “comprador derrotado”, en medio de un consumo masivo frenado

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El consumo masivo argentino va de mal en peor y se convirtió también en un hecho de debate político: si sube, baja o qué tipo de consumo analizar son cuestiones debatidas. Muchas veces, a los gritos.

Sin bien quizás ahora el tema quedó algo relegado por la mora bancaria –otro ítem de impacto que preocupa y que también saltó de las planillas a los atriles políticos–, inexorablemente regresa, más aún en contextos electorales como los que ya se empiezan a vivir. No es de extrañar que así suceda: se trata del bolsillo y las heladeras de los argentinos.

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Si se hace doble click en lo que pasa con el consumo masivo este año se ve un contexto general de caída en el arranque, meseta actual en cero crecimiento y un panorama similar para lo que queda del año. El contexto sombrío también se extiende al 2027. Así, con la demanda que se estabiliza, aunque todavía en niveles bajos, las familias redefinen sus compras en función del desembolso inmediato.

Mientras el gobierno, con el presidente Javier Milei a la cabeza, hablan de un consumo que “vuela”, refiriéndose al consumo privado que mide el Indec; el consumo masivo, el que busca marcar el termómetro de lo que ocurre en la góndola y el changuito, no da signos de despegue.

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Cuando el Gobierno habla de “consumo privado”, la referencia es al dato macro de las cuentas nacionales del PBI, una categoría de todos los bienes y servicios de un hogar, desde luz y gas, hasta alquiler y prepaga, pasando por los gastos en ropa y viajes. Si una familia consume más gas, por caso, el consumo privado sube. Ese último dato, del primer trimestre del año, dio una suba interanual de 2,7%, y desestacionalizada, contra los tres meses anteriores, de 0,8 por ciento. El masivo, como se dijo, refleja el bolsillo. Por eso, a grandes rasgos, uno puede subir, y hacer celebrar al Gobierno, y el otro estar por el piso.

El economista Antonio Aracre, cercano al Gobierno, reconoce que “esa batalla cultural todavía no se ganó” y que los datos de las cuentas nacionales “son contundentes e inequívocos respecto al crecimiento”.

“A un europeo no le cuesta entender que puede tener que elegir entre tener o usar aire acondicionado en verano o gastar más en ropa y salidas. ¿Por qué en Argentina mis colegas no reconocen el gasto en tarifas como parte del consumo? La respuesta es clara, pero no tan obvia: si siempre te regalaron la luz y el gas y de pronto descubrís que no era gratis, ese gasto lo ves como un impuesto antes que como un consumo“, dijo.

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Los datos

Según Arthur de Oliveira, CEO de NielsenIQ para el Cono Sur, la foto local del consumo masivo podría resumirse de la siguiente manera: cierta estabilidad en torno a 0% interanual en lo que va del año.

En diálogo con Infobae, el ejecutivo brasileño fue contundente al asegurar que la mejora macro todavía no se traduce en una recuperación equivalente del consumo cotidiano: el consumidor sigue muy atento al desembolso, al valor y a la conveniencia.

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La consultora mide tanto los productos de consumo masivo —alimentos, bebidas, limpieza, cosmética y otras categorías de alta rotación— como los bienes durables (electrónica, celulares). En el primer grupo, el mercado se encuentra 21% por debajo de los niveles de 2017, que NielsenIQ toma como referencia de un año de mayor normalidad macroeconómica.

La consultora enumera cinco datos para entender el consumo en estos días:

  • Alimentos es el único grupo con crecimiento: 1,1% en el año, contra igual período del anterior.
  • Los supermercados de cadena cayeron cerca de 3%, mientras los autoservicios independientes crecieron alrededor de 3 por ciento.
  • En supermercados se registraron 8 millones menos de transacciones que un año antes.
  • Más del 80% de las categorías de la Canasta NIQ ajustó precios por debajo del IPC.
  • El e-commerce total de no durables creció 50% en valor y elevó su peso al 7,1% de las ventas.

Arthur de Oliveira, CEO de NielsenIQ

Las productoras de alimentos, en tanto, miran el contexto con preocupación. Mucho más después de los datos del Indec de la semana pasada, que mostraron una baja de la inflación –1,7% en agosto– que fue celebrado por el Gobierno, pero contrastó con la suba de la llamada canasta de pobreza, que saltó 2,6 por ciento. Una familia tipo ya necesita $1,6 millones para no ser pobre en argentina.

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“No se vende nada. Hasta ahora lo que hicimos es tratar de reaccionar ajustando costos, renegociando pagos, logística. Revisando el cuadro de costos por completo. El tema son los salarios y lo que le queda a la gente para comprar después de pagar todo, que es cada vez menos”, destacaron desde una de las “grandes”.

Para muchos, la opción es echar empleados. La semana pasada se supo que el empleo asalariado registrado cayó 0,1% mensual en junio, con variaciones negativas en todas las categorías que lo componen. En la comparación interanual, la baja llegó al 1,5 por ciento. Según datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde noviembre de 2023 la pérdida acumulada asciende a 354.128 puestos formales. Sólo en junio, el sector privado cedió 6.261 empleos.

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“Nosotros no echamos aún, pero hace un par años que no hay reemplazos de ningún tipo”, agregaron desde otra alimenticia.

Además, la gran preocupación de las empresas hoy tiene que ver con el altísimo grado de informalidad que alcanzan muchos de sus competidores: ventas con precios muy bajos, en medio de un entramado de distribuidores y hasta fabricantes que venden en “negro”.

En el sector hablan de “distribuidores blue” y mencionan empresas del rubro que no son tan pymes y que tiene el 90% de sus operaciones ilegales, sobre todo para productos básicos, como fideos, aceite, arroz y harina. “En productos envasados hay casos en los que es evidente que no se puede sostener un negocio con los precios que venden. Además, hay cero fiscalización”, aseguraron.

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Todo lento

“La recuperación es muy lenta”, resumió De Oliveira.

Según NielsenIQ, en 2025, el mercado de productos no durables, alimentos y otros, creció 2%, pero venía de una caída de 16% en 2024. En lo que va del año, como se dijo, está en cero. En bienes durables es diferente: después de una suba de 22% el año pasado, tras una caída de 17% en 2024, el sector se contrajo 3% este año.

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“Aun con una inflación más controlada, cierta mejora de la actividad y una reducción de la pobreza, la recuperación del consumo sigue siendo lenta”, dijo el ejecutivo regional.

— ¿Por qué el consumo masivo no repunta?

— La menor inflación convive con un ingreso disponible estancado. Hay mayor morosidad y los gastos fijos tienen más peso dentro del presupuesto de los hogares. Los ingresos no acompañan del todo la evolución de la inflación y de los precios de los alimentos. La única familia de productos que crece este año es alimentos, con una suba de 1 por ciento. Y dentro de ese grupo, golosinas con 5 por ciento. Las bebidas permanecen estables, con una variación positiva de 0,1 por ciento. Cosmética cae 1,7% y limpieza retrocede cerca de 4 por ciento. Son categorías que las familias pueden postergar o reducir para preservar el gasto esencial. Durables cayó en general, pero el Mundial hizo que la categoría de televisores y audio creciera un 7% en el primer semestre. Línea blanca creció 6%, pero los teléfonos cayeron 24%, y se prevé que caigan entre 15% y 20% en el año. Y será muy parecido en 2027.

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— ¿Qué esperan para la segunda mitad del año?

— Esperamos una recuperación de bebidas, sobre todo de gaseosas y cervezas, que son las categorías de mayor peso en volumen. Alimentos debería sostener su desempeño. Cosmética y limpieza seguirán entre los rubros más afectados. Para el segundo semestre puede haber un repunte modesto, con una relación directa con el crecimiento de la economía. Si la actividad crece cerca de 2%, el consumo masivo debería mostrar alguna mejora, pero no esperamos una recuperación fuerte.

“La menor inflación convive con un ingreso disponible estancado. Hay mayor morosidad y los gastos fijos tienen más peso dentro del presupuesto de los hogares”

— ¿Cómo se comportan hoy los consumidores?

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— La búsqueda de valor domina la decisión de compra. Crecen los formatos chicos, las marcas accesibles y el peso de las promociones. El consumidor busca un punto de precio que le permita comprar los productos que necesita sin hacer un pago grande en una sola vez. El 54% de las categorías migran hacia formatos de menor desembolso, mientras que el 34% de la facturación en supermercados se realiza con promociones. Además, el 24% de las ventas corresponde a productos de bajo precio. Son tendencias que ganaron peso porque las promociones, en muchos casos, pasaron a funcionar como el precio habitual para determinadas categorías.

En medio de ese panorama, no todo es precio. Para NilsenIQ la innovación también “enamora” y juega a la hora de la decisión de compra. Claro, el gran desafío es atraer y no salirse del rango de precios razonable. Por ejemplo, ahora está pasando con alfajores con nuevos sabores indulgentes, energizantes sin azúcar, ediciones limitadas, como para una edición de fernet del mundial o un suavizante que tiene una colaboración con Netflix. “Son propuestas que permiten acceder a una gratificación de bajo desembolso. Cuando las familias recortan viajes, cambian menos el auto o postergan compras grandes, algunos productos de consumo masivo pueden ofrecer una sensación de bienestar. Eso ayuda a explicar que, dentro de alimentos, crecen las golosinas”, detalló De Oliveira.

“La única familia de productos que crece este año es alimentos, con una suba de 1%. Y dentro de ese grupo, golosinas con 5%. Las bebidas permanecen estables”

Así, las marcas tienen el gran desafío de ir a buscar a quienes desde la consultora definen como una suerte de “consumidor derrotado”, que muchas veces ya dejó de bucear entre las alternativas de la góndola, básicamente porque puede comprar poco y nada. Argentinos y argentinas presionados y de bolsillos muy flacos. A ese público hay que intentar reconquistar otra vez, asegura el CEO regional.

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— ¿Qué canales ganan participación en este contexto?

— La caída es transversal. Dentro de los independientes, los autoservicios chinos se destacan por una propuesta enfocada en precio y un surtido más básico. El consumidor mezcla canales para encontrar mejor precio y oferta. El comercio electrónico crece cerca de 30% este año. Ya no es solo una opción de conveniencia: también funciona como una alternativa para comparar valores y acceder a promociones. Los mayoristas cobran relevancia, en especial para limpieza.

— ¿Qué escuchan de las cadenas y los productores de alimentos?

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— Los minoristas tienen una preocupación central: cómo posicionar su portafolio y su estrategia de precios. No hay un crecimiento orgánico fuerte: la expansión supone captar volumen de otro. Las compañías locales tienen mayor flexibilidad para manejar precios, promociones y acuerdos con los comercios. Las “multis”, por su parte, evalúan cómo seguirá el escenario macroeconómico y cuáles serán sus inversiones en la Argentina. Deben decidir entre volumen, margen y participación de mercado.

— ¿Qué perspectivas ven para 2027?

— Esperamos una recuperación modesta y muy vinculada a la evolución del PBI. El panorama seguirá complejo mientras no haya una mejora real y sostenida de los ingresos de las familias. El consumo de los hogares tiene un peso central dentro de la economía argentina y si las familias no recuperan capacidad de compra, será difícil que el mercado de consumo repunte como esperan las empresas.

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ECONOMIA

“Inteligencia distorsionada”: la crítica de un premio Nobel de Economía en medio de la polémica por la carrera de la IA

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La renuncia y denuncia de Jacob Coxon, un investigador de inteligencia artificial que trabajó en OpenAI y luego en Anthropic, por la carrera a su juicio “irresponsable” en que están enfrascadas las empresas del sector, sin medir los riesgos de que a partir de su “superinteligencia” la IA ejecute ciberataques y adquiera recursos o poder fuera del control de la humanidad, sigue generando revuelo.

La industria de la IA, dijo Coxon, “apuesta con nuestras vidas”. Evan Hubinger, responsable de “alineación” de Anthropic, estimó en cerca del 10% la probabilidad de que la IA mate a todos los humanos, Samuel Marks, investigador de seguridad de la empresa, sostuvo “a título personal” que desarrolladores de IA creen posible la extinción humana o resultados comparables y el propio Dario Amodei, CEO de Anthropic, dio crédito a la inquietud de Coxon en un texto en el que reconoció la necesidad de moderar el ritmo de avance de la IA, pero a su vez señaló que la presión competitivo le impide “frenar solo”.

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Distinta fue la reacción de Elon Musk que cuestionó a Coxon y sugirió que su hilo de posteos en la red X fue una operación coordinada, una suerte de “montaje”. Sin embargo, tanto Musk como Sam Altman, CEO de OpenAI, se manifestaron de acuerdo con disminuir la velocidad de desarrollo de la IA.

La denuncia de Coxon ya había generado reacciones políticas en EE.UU., como la de Bernie Sanders, senador socialista de Vermont, quien aprovechó para insistir en el proyecto para prohibir el desarrollo de la SuperInteligencia Artificial que presentó junto al demócrata Greg Casar días antes de la denuncia de Coxon. Ted Cruz, senador republicano por Texas, definió a la IA como un “riesgo catastrófico” y dijo que el posteo de Coxon le resultó muy preocupante, y Chris Van Hollen, senador demócrata, reclamó un mecanismo de salvaguardas, un régimen de pruebas y un diálogo con China, entre otras reacciones legislativas.

Economía, IA y “esfuerzo cognitivo”

Fue la ocasión que esperaba Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía 2024 y profesor del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para plantear nuevamente una crítica ya esbozada en trabajos previos.

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“¿El problema es una Inteligencia Artificial (demasiado) avanzada o una inteligencia distorsionada?“, se preguntó en un extenso posteo en X en el que celebró que “por fin” los propios investigadores de IA “se dan cuenta de que la carrera desenfrenada en la que están involucradas estas compañías es irresponsable”.

Dario Amodei, CEO Anthropic
REUTERS/Bhawika Chhabra/Archivo

Acemoglu cree que un problema irresuelto es la “alineación” de los modelos que -dice- “hacen cosas que no están en línea con los objetivos humanos”. Según él, el problema no es que los modelos de IA sean demasiado avanzados, sino que son entrenados de un modo que conduce a una “inteligencia distorsionada”.

“El problema no son las capacidades —aunque estas son claramente reales—, sino que las capacidades están al servicio de algunas métricas cuantitativas imperfectas —la aprobación de los usuarios, su interacción, métricas simples de finalización de tareas, diversas puntuaciones en pruebas comparativas— sobre las que el aprendizaje por refuerzo optimiza sin descanso. Que este proceso conduzca luego a comportamientos distorsionados, como manipular la evaluación de métricas simples de finalización, hacer trampa, mostrar exceso de confianza en respuestas equivocadas y adulación, quizá no debería sorprender”, escribió Acemoglu.

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Auto sin freno

Para aclarar su crítica, el Nobel de Economía recurrió al siguiente ejemplo. “No es que tengamos en nuestras manos un super-auto con mente propia, que quiera tomar el control de la conducción porque es superior al conductor. Más bien, tenemos un auto cuyo sistema de dirección y de frenos no funciona. Tiene muchas de las capacidades de autos muy buenos, y su motor, aceleración e interfaz gráfica pueden ser muy impresionantes. Pero si no se lo puede dirigir correctamente y no se pueden accionar los frenos cuando es necesario, ¿qué puede hacer un auto? Tal vez no deberíamos conducirlo hasta que esté reparado”, explicó.

La explicación de Acemoglu coincide con la que en la Argentina sostiene el economista Eduardo Levy Yeyati, quien alguna vez describió los algoritmos como un “espejo que adula” y en que los humanos delegamos decisiones que la IA asume a partir de cálculos abstractos. Cuando el algoritmo es el que decide, sostiene, los humanos resignamos la “agencia moral”.

Esfuerzo cognitivo

La crítica de Acemoglu, sin embargo, no se limita al problema de la “alineación”. En marzo pasado, en un paper conjunto con Dingwen Kong y Asuman Ozdaglar, otros dos académicos del MIT, modelizó que si bien la IA puede mejorar decisiones y trabajos puntuales, al mismo tiempo atenta contra la producción social de conocimiento al debilitar lo que llamó el “esfuerzo cognitivo”. En otras palabras, la IA aplicada sin criterio tiende al “colapso del conocimiento humano”, a una especie de embrutecimiento.

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Un investigador intenta presionar un botón de emergencia holográfico desconectado frente a un planeta Tierra cubierto por servidores interconectados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una IA agéntica, dice el paper publicado por el National Bureau of Economic Research (NBER) de EE.UU., al ofrecer a cada usuario, por caso, recomendaciones médicas o financieras personalizadas, actúa como sustituto del esfuerzo cognitivo. La respuesta inmediata y en apariencia buena conspira contra el beneficio de estudiar, contrastar fuentes o experimentar por cuenta propia, algo que el paper llama “esfuerzo cognitivo”.

Los autores formalizan que el esfuerzo aumenta cuando hay más conocimiento general acumulado y cae cuando crece la precisión de la recomendación de IA.

Un conflicto de este tipo, entre automatización y esfuerzo cognitivo, se presentó hace más de cincuenta años, cuando empezaron a difundirse las calculadoras de bolsillo. Entonces se debatió entre docentes y pedagogos si tenía sentido, por caso, que los estudiantes aprendieran las tablas de multiplicar. La respuesta sigue siendo que sí.

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