POLITICA
Luciano Laspina: “Argentina necesita acuerdos básicos para evitar una crisis cada dos años”

Luciano Laspina volvió a la escena pública desde un lugar distinto. Después de años en el Congreso como uno de los referentes económicos del PRO, ahora ejerce el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), una de las organizaciones más influyentes en la producción de políticas públicas en la Argentina. Desde ese rol, intenta correrse de la lógica partidaria sin abandonar el núcleo del debate: cómo ordenar una economía que lleva más de una década y media sin crecer.
El directivo habló a días de la cena anual de la entidad, que este año se presenta bajo una consigna tan simple como contundente: “Crecer o crecer”. El encuentro se realizará el lunes 20 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, y contará con la participación de dirigentes políticos de todo el espectro ideológico, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil. Allí, hablarán José Orlando, presidente de Consejo de Administración de CIPPEC, y Luciano Laspina.
En una entrevista con Infobae, el flamante director ejecutivo resalta que no se trata de un eslogan sino de un diagnóstico estructural. Define esa idea como un “rezo laico”, una expresión que condensa el punto de partida de su análisis: la Argentina no genera empleo, acumula pobreza y atraviesa crisis recurrentes que impiden cualquier horizonte de desarrollo sostenido.
En ese marco, introduce un planteo que busca correrse de la grieta clásica. Sostiene que antes de discutir modelos económicos —más Estado o menos Estado, más apertura o más protección— el país necesita un conjunto de acuerdos básicos que eviten las crisis cíclicas. Los define como “preideológicos” y los reduce a tres pilares: respeto por los contratos, equilibrio fiscal y una política monetaria que no utilice al Banco Central para financiar al Tesoro.
La propuesta no es menor en el contexto actual. El gobierno de Javier Milei avanza con un programa de estabilización y desregulación profunda, mientras la oposición mantiene cuestionamientos sobre el rumbo económico y las herramientas elegidas. En ese escenario, la posibilidad de construir consensos aparece lejana. El propio Laspina reconoce que puede sonar “utópico”, pero sugiere que, por primera vez en años, podrían existir incentivos alineados para avanzar en ese sentido.
La entrevista también permite asomarse a una tensión central del momento económico. Por un lado, la estabilización macroeconómica, con la baja de la inflación como objetivo prioritario. Por otro, una transformación estructural que implica pasar de una economía cerrada y regulada a otra más abierta y competitiva. Ese proceso, advierte, genera una dinámica desigual: sectores que crecen con fuerza y otros —intensivos en empleo— que retroceden.
“Hoy hay una economía a dos velocidades”, sintetiza. Y en ese diagnóstico incorpora una variable clave para entender el freno actual: la falta de crédito. Sin financiamiento, explica, no hay consumo ni inversión que permita recomponer a los sectores más golpeados, como la industria, el comercio o la construcción.
En ese equilibrio inestable, Laspina evita alineamientos automáticos. Reconoce la lógica del Gobierno —“apagar el incendio” macroeconómico— pero también señala las limitaciones que enfrentan las empresas para adaptarse a una apertura rápida en un contexto de alta presión impositiva, costos financieros elevados y falta de infraestructura. “Los dos tienen parte de razón”, afirma, en una definición que intenta describir más que tomar partido.
Desde CIPPEC, su apuesta apunta a otro plano: pensar la transición sin destruir capacidades existentes. “Es mucho más eficiente reconvertir sobre los cimientos que empezar de cero sobre las ruinas”, plantea. La idea de fondo es encontrar una “diagonal” que permita integrar las dos tradiciones económicas de la Argentina —la industrial y la exportadora— y evitar una nueva reedición de esa tensión histórica.
En ese marco, la discusión de fondo vuelve a aparecer: si la política argentina está en condiciones de salir de la lógica de la urgencia permanente y avanzar en acuerdos mínimos que garanticen estabilidad. Para Laspina, ese es el punto de partida indispensable. No para asegurar el crecimiento, sino, al menos, para dejar de retroceder.
La entrevista a Luciano Laspina
—Un nuevo rol después de haber sido diputado tantos años, diputado por el PRO. ¿Cómo fue ese paso del ámbito político al ámbito de una organización civil como CIPPEC?
—Sí, efectivamente estoy dirigiendo CIPPEC, que es el Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Es una institución que piensa políticas públicas en muchas áreas, básicamente desarrollo económico, desarrollo social, educación, gobierno y Estado, para tener un Estado más eficiente. Tiene muchísima reputación en Argentina, más de veintiséis años aportando al debate de políticas públicas. Han pasado más de mil investigadores por CIPPEC. Muchos están en el sector privado, otros han ido a la función pública en distintos gobiernos, de distinto signo político. La verdad que muy contento. Para mí es una forma de poder seguir aportando desde otro lugar, seguir en lo que me gusta, que son las políticas públicas, pero ahora desde la sociedad civil, sin estar en la trinchera de la pelea partidaria. En lo personal, feliz de poder hacer un aporte. Creo que hay mucho para pensar de la Argentina que viene, mucho para discutir, y esa es la razón de ser de CIPPEC.
—El lunes 20 se va a realizar la cena anual, el encuentro que toda la política, todo el círculo rojo, los periodistas y empresarios vamos habitualmente. Es un encuentro muy oportuno para discutir otros temas, aparte de los temas urgentes o de coyuntura. Este año se convoca bajo la consigna “Crecer o crecer”. ¿Qué significa este lema?
—Es un lema que yo digo más que un lema es un rezo laico, porque es lo que necesita Argentina después de una década y media sin crecer, donde no hemos generado empleo, donde la pobreza ha ido creciendo.Lo que planteamos es que el crecimiento, sobre todo cuando tiene que generar inversiones, empleo de largo plazo, requiere de tener estabilidad en las reglas de juego.
Estabilidad en las reglas de juego requiere tener una serie de acuerdos básicos que eviten que Argentina tenga una crisis cada dos años, como ha tenido en promedio en los últimos quince. La última la tuvimos el año pasado en la crisis electoral. Vino el Tesoro americano, nos dio una mano y pudimos evitar una crisis, una megacrisis, una devaluación, y afortunadamente el Gobierno tuvo la habilidad de conseguir esa ayuda, porque si no hubiésemos tenido una crisis aún mayor, y eso es lo que tenemos que evitar.
CIPPEC es un ámbito de diálogo que junta a las fuerzas políticas de todos los sectores y vemos ahí, creo que esta vez, cierto campo para ponernos a pensar la Argentina del futuro, pero también quizás plantear una serie de acuerdos básicos, mínimos, de entendimientos entre distintos sectores de la política para que Argentina no tenga una crisis.
Yo creo que eso debería ser un acuerdo muy chiquito, preideológico, que entre las principales fuerzas políticas en competencia digan:
-Vamos a garantizar la continuidad de los contratos. Básicamente, no queremos defaultear otra vez ni reestructurar y todas esas cosas que hace Argentina dos por tres.
-Queremos mantener el equilibrio fiscal, que es una bandera que incluso fuerzas más progresistas o del campo nacional y popular están empezando a abrazar.
-No vamos a usar el Banco Central como quinta rueda del carro para imprimir pesos para darle al Tesoro, que es lo que genera la inflación a largo plazo.
Son tres acuerdos preideológicos muy parecidos a lo que hicieron Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso en el 2002, que a partir de ahí garantizó la estabilidad macroeconómica en Brasil.
Hoy hay campo fértil para lograr lo que nunca se logró, que nos pongamos de acuerdo en algo los argentinos, en esa lucha fratricida que muchas veces tenemos, porque esto es una bandera que el Gobierno nacional abrazaría sin ningún problema y porque yo creo que le serviría a la oposición para ser más competitiva.
Si logramos eso va a ser muy bueno para los dos sectores, pero sobre todo para la Argentina.
—Hay un requisito previo, una condición, que es que las partes quieran aceptar sentarse en una misma mesa. No se está viendo mucho eso. Sobre todo de los dos sectores políticos más importantes o que polarizan la Argentina, ¿es posible ese acercamiento? Pienso en Milei o su gente, en Axel Kicillof, en Juan Grabois u otros dirigentes del peronismo.
—Sí, parece medio Argentina año verde, utópico. Primero doy una visión institucional y después puedo hacer más análisis político.
Institucionalmente es un poco el rol de CIPPEC sentar a la mesa a muchos actores. Tampoco pretendemos que esto sea la única bandera. Parte de nuestro rezo laico para crecer es que no tengamos crisis, que podamos acordar en las cosas mínimas que evitan que haya una crisis, y ese es el rol de CIPPEC.
Ahora, al mismo tiempo, cuando veo las partes, creo que puede haber incentivos alineados esta vez, por distintas razones, para tener ese acuerdo que permita por lo menos —no digo estabilizar definitivamente la economía, no digo crecer— sino evitar crisis.
Y después, el resto, que lo definan las urnas: si queremos una economía más cerrada, más abierta, más regulada, más desregulada; si queremos equilibrio fiscal con más impuestos y más gasto público, o un Estado más chico con menos impuestos.
Pero por lo menos decir: bueno, sabemos que no tenemos una crisis inflacionaria, una crisis fiscal, una crisis de deuda, que son las que cada dos años, en promedio, nos generan una turbulencia y nos hacen retroceder cinco casilleros.

—En una columna que usted publicó hace algunos días hablaba de la necesidad de construir sobre los cimientos de lo anterior y no sobre los escombros del sistema anterior. ¿Qué significa esa idea?
—Argentina está en un proceso de transformación muy importante. Viene de ser una economía muy cerrada, hiperregulada, y ahora se está abriendo al mundo, se está desregulando, y obviamente eso va a generar ganadores y perdedores.
Hay un acuerdo, por lo menos en un pedazo importante de la sociedad e impulsado por el Gobierno, de que Argentina se tiene que integrar al mundo, y creemos desde CIPPEC que no hay país que haya crecido y desarrollado sin explotar la demanda global, sin salir a conquistar el mundo.
Hay todo un proceso de reconversión que hay que hacer. El punto es que es mucho más eficiente hacerlo sobre los cimientos de los que ya hay que sobre las ruinas. ¿En qué sentido? Más que quebrar todas nuestras empresas y que se fundan y empiece todo de cero, tratar de ver cómo hacemos para ayudar a reconvertir a las empresas.
Muchos lo van a hacer privadamente, tratando de rebuscárselas. El cinturón metalmecánico de la ciudad de Rosario ya está virando hacia Vaca Muerta, porque antes estaba enfocado en consumo masivo o en producción local y ahora está viendo cómo se suma a esa cadena de valor. Tenemos que ayudar a que eso ocurra.
Esto no implica ni subsidiar ni subir aranceles, sino ver qué elementos necesitan, cómo adaptamos la política educativa, la infraestructura, la política financiera, para reconvertir la Argentina con nuestras empresas, nuestros empleados, el capital que ya tenemos invertido, las capacidades que se han creado para ir a esa nueva Argentina.
Los que no se puedan reconvertir, lamentablemente, habrá que ver cómo se los asiste desde otro lado. Este es un desafío que hay que pensar, en una Argentina que está cambiando en muchos aspectos.
Lo que pasa en Neuquén es un modelo espectacular, porque está la sociedad civil, el Gobierno, los sindicatos y las empresas todos ligados detrás de un gran proyecto, que es Vaca Muerta, que va a implicar el desarrollo de la provincia y todo su potencial geológico, pero que al mismo tiempo va a derramar en toda la sociedad.
Eso mismo hay que encontrar para toda la Argentina. Cada uno tiene que tener su proyecto de progreso, donde sienta que eso que está pasando le va a llegar, y si no le llega directamente, le llega a sus hijos.
Ese sueño puede ser una diagonal entre las dos Argentinas que siempre chocaron: la economía más cerrada, industrialista, y la más abierta, exportadora. El desafío es ver cómo trazamos esa diagonal para que empiecen a convivir.
—En el debate público actual, incluso impulsado por el Presidente, hay una mirada muy crítica sobre el viejo sistema empresario. Se habla de “empresarios prebendarios” o “empresaurios”. ¿Qué mirada tiene CIPPEC sobre esa controversia?
—En CIPPEC, y se va a ver en la cena, participan empresarios de todos los sectores: ganadores, perdedores y los que están en el medio, porque todos apuestan no solo por sus empresas, sino también por el país.
CIPPEC no presta servicio a una empresa ni a un sector. Hemos hecho recomendaciones a lo largo de la historia con total independencia. Tenemos un financiamiento diversificado: más de noventa empresas participan, pero representan solo una parte del total, el resto proviene de provincias y organismos multilaterales. Eso garantiza independencia y honestidad intelectual.
Desde CIPPEC siempre tuvimos la mirada de que Argentina no podía vivir de espaldas al mundo. En eso Latinoamérica ya cambió hace mucho tiempo, mientras Argentina venía tropezando.
Compartimos en algún punto la visión del Gobierno de que hay que integrarse al mundo, comerciar más, exportar más. Pero también es cierto que para el tango se necesitan dos.
No se le puede pedir a las empresas que compensen una ineficiencia sistémica con talento extraordinario. Tampoco se le puede pedir a los consumidores que paguen sobreprecios por protección.
La forma de hacerlo es tener bienes públicos de calidad: educación alineada a la demanda, infraestructura de escala global, un sistema impositivo razonable.
Argentina tiene un sistema impositivo muy distorsivo, con impuestos que se cobran incluso antes de facturar. Eso atenta contra la competitividad.
Los países que se desarrollaron ayudaron de manera horizontal, no necesariamente eligiendo ganadores. Nosotros en el pasado elegimos sectores que a veces no podían ser competitivos, y eso tampoco funcionó.
La clave es generar condiciones para que las empresas se integren al proceso de crecimiento.
—Ahora está Vaca Muerta como gran oportunidad. Hay un contexto internacional favorable para el agro y la minería, pero al mismo tiempo hay sectores como la industria con caídas fuertes. ¿Cómo se miran esas dos dinámicas desde CIPPEC?
—Argentina está atravesada por dos fuerzas. Una es la estabilización macroeconómica. Reducir la inflación suele ser un proceso doloroso en la mayoría de los casos, muchas veces ha fracasado en el mundo y en Argentina, sobre todo.
Y la otra es una transformación del modelo económico, desde una economía muy cerrada y regulada hacia una más abierta y desregulada, con la expectativa de que eso genere más inversión, más empleo y más exportaciones.
En el medio hay muchos inconvenientes. Está la reconversión, que es la discusión que venimos teniendo, de cómo pasamos de la estructura vieja a la nueva sin destruir tanto valor, manteniendo nuestras empresas y no creando todo desde cero, porque eso es mucho más costoso y menos eficiente.
Al mismo tiempo está la estabilización macroeconómica, que es complicada. El Gobierno viene de atravesar una crisis el año pasado que le generó un freno en el proceso. La inflación empezó a subir, después a bajar, y eso dio como resultado una economía a dos velocidades: sectores ganadores creciendo mucho y sectores perdedores —muy intensivos en mano de obra, como comercio, industria y construcción— en retroceso.
Esto tiene que ver no solo con la transformación, sino también con que el proceso de estabilización tropezó con la crisis del año pasado. Afortunadamente no nos caímos, pero ahora cuesta volver a arrancar.
¿Dónde se ve la variable clave? En el crédito. No hay ninguna economía que pueda crecer sin crédito. Lo dijo el ministro Caputo hace algunos días: el crédito es fundamental para lubricar el crecimiento.
Infobae publicó que volvió a subir la mora. El sector bancario viene golpeado porque el crédito se frenó, y la economía necesita que vuelva a arrancar. Si eso ocurre, se va a reactivar el consumo, parte de la construcción y se van a empezar a recuperar los sectores más golpeados.
Si además logramos conectar los sectores perdedores con los ganadores —por ejemplo, como proveedores de bienes o servicios—, eso puede generar un efecto de arrastre.
Lo que pasa en Neuquén es un ejemplo claro: hay crecimiento, migración interna —cien familias por semana— y desarrollo urbano. Ese es el desafío para el resto del país.
—Este Gobierno parece más enfocado en remover obstáculos que en generar políticas activas de desarrollo. ¿Hay espacio para eso?
—Creo que el Gobierno tiene una agenda del presente, una agenda de lo urgente, muy ambiciosa por la complejidad de las reformas que está encarando: reforma tributaria, laboral, previsional, coparticipación, infraestructura.
Y además tiene que estabilizar la economía, que es “apagar el incendio”. En ese contexto, es difícil pensar en políticas de desarrollo más sofisticadas, que implican ver cómo conquistar mercados, cómo aprovechar acuerdos como el Mercosur–Unión Europea, cómo generar empleo a partir de eso.
Eso sería la etapa siguiente, la de “decorar la casa”.
Cuando se pide una reforma tributaria, es para eliminar impuestos distorsivos. Argentina tiene un récord mundial en ese sentido: impuestos como Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque, retenciones, sellos, que suman casi ocho puntos y medio del PBI. Eso no lo tiene ningún país.
Esos impuestos se exportan con los bienes y afectan la competitividad. Por eso hay empresas que se van a Uruguay, Paraguay o Australia. No es que acá sean ineficientes y allá eficientes: son las mismas empresas, pero con condiciones distintas.
El Gobierno dice: “déjenme que estoy apagando el incendio”. Y los empresarios dicen: “todavía no me hiciste la reforma tributaria y ya abriste la economía”.
En eso entiendo al Gobierno, pero también a los empresarios.
El tipo de cambio no está tan atrasado si uno lo compara históricamente, pero antes había menos impuestos, más crédito y energía más barata. Hoy las condiciones son distintas.
Las grandes empresas tienen acceso al crédito, pero las pymes enfrentan tasas altísimas. En ese contexto, el dólar actual se siente.
Esa es la tensión. El Gobierno no puede ir más rápido por restricciones fiscales y políticas, y las empresas no pueden ajustar más de lo que ya lo están haciendo. Los dos tienen parte de razón.

—En esa agenda de “crecer o crecer”, ¿cuál sería el primer paso o qué reforma debería acordar la política o el llamado “círculo rojo”?
—Yo le digo “círculo CIPPEC”, que no es rojo, no es violeta, no es celeste ni amarillo. Es el ámbito donde estamos todos los que discutimos política pública en la Argentina.
Deberíamos tener algunos acuerdos básicos, muy básicos. Ya lo hicieron Brasil, Chile, Colombia, Perú. Hay cosas que no se discuten. En Perú se van los presidentes, pero no se va el presidente del Banco Central y la política monetaria no cambia.
No es que con ese acuerdo se come, se cura y se educa. Con eso apagás el incendio básico. Después tenés que ver cómo construís una casa arriba de eso. El problema es que en la Argentina tenemos un incendio cada dos años y no salimos de eso.
Si acordamos en estas tres cosas —que pueden ser más, pero al menos estas— que son bastante preideológicas en la mayoría de los países: respetar los contratos, mantener el equilibrio fiscal y que el Banco Central no sea una maquinita de imprimir pesos, eso no te garantiza que vas a crecer, pero sí que no se te incendia la casa cada dos años.
Respetar los contratos es clave. El RIGI es un contrato entre el Estado y las empresas, y hay que respetarlo. Después se puede discutir si se mantiene o no hacia adelante, pero lo firmado hay que cumplirlo.
Puede venir un Congreso y decir “no hay más RIGI”, pero no violar lo anterior. Eso es lo que da seguridad jurídica.
El equilibrio fiscal también es un punto en el que, incluso sectores de la oposición, empiezan a coincidir. Y lo tercero es no financiar al Tesoro con emisión.
Son acuerdos básicos, preideológicos. El Gobierno no podría oponerse, y la oposición podría adoptarlos para ser más competitiva.
—El tema es si la oposición, hoy representada en gran parte por el peronismo, está en condiciones de asumir esos compromisos.
—No sabemos cómo se va a configurar la oposición, porque eso cambia todo el tiempo. Hace algunos años era Juntos por el Cambio, después fue Milei, ahora vuelve a reconfigurarse.
El peronismo es un espacio muy amplio, muy diverso. Hay que ver cómo se ordena, quiénes son sus candidatos, si hay uno o varios liderazgos.
Más allá de eso, este tipo de acuerdos le convienen a todos los argentinos. No es una cuestión ideológica ni partidaria.
No digo que esto sea una religión ni que haya que imponerlo, pero sí que sería bueno para el Gobierno, para la oposición y para el país, porque evitaría crisis y permitiría empezar a pensar la agenda del futuro.
—CIPPEC trabaja hace años sobre temas como educación y sistema previsional, que la política suele postergar. ¿Puede la política incorporar esos temas?
—Yo noto cambios, sobre todo en el vínculo con las provincias y los gobernadores. Estamos trabajando, por ejemplo, en aplicar inteligencia artificial para reducir la deserción escolar en varias provincias, con resultados muy interesantes.
Hay provincias que ya están pidiendo reformas educativas concretas. Eso muestra que, en la medida en que se pueda salir de la emergencia, se empieza a pensar en el largo plazo.
Creo que ese es el rol de CIPPEC: ayudar a implementar la agenda del presente para estabilizar la economía, promover acuerdos básicos y abrir el diálogo, pero al mismo tiempo empezar a pensar la agenda que viene.
Una vez que se apaguen los incendios, hay que construir una agenda superadora, que permita aprovechar el potencial de la Argentina: la cordillera, el agro, la energía, toda la cadena de valor asociada.
Los países que crecieron lo hicieron así. Con los mismos recursos naturales se puede ser Noruega o Nigeria.
Si esos recursos no se transforman en mejor educación, en mejores servicios públicos, en diversificación productiva, en más sectores que paguen buenos salarios, no hay desarrollo.
Cuanto más productividad, mejores salarios se pueden pagar. Y cuanto más sectores productivos y eficientes, mayor integración a la economía moderna.
El problema es que en Argentina estamos muy enfocados en la coyuntura. Yo mismo, que soy macroeconomista, lo reconozco: estamos entrenados para pensar en la urgencia, en el dólar, en la inflación, en el plan de estabilización.
Hoy la mayor contribución que puede hacer CIPPEC es no solo seguir pensando las reformas que ya están en agenda, sino empezar a trabajar en la agenda del futuro.
POLITICA
La presidenta de LLA en CABA mostró cautela ante un acuerdo electoral con el PRO: “Futurología no hago”

Pilar Ramírez, presidenta del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en la Legislatura porteña, afirmó que la prioridad de su espacio es garantizar la reelección de Javier Milei y descartó anticipar definiciones sobre el armado electoral en la Ciudad de Buenos Aires para 2027.
“Nuestro objetivo es que el Presidente reelija. Esa es la prioridad como espacio político, porque entendemos que necesitamos cuatro años más para poder consolidar el modelo que inició”, sostuvo en Infobae al Regreso.
La legisladora explicó que, por el momento, la actividad parlamentaria y las recorridas por los barrios concentran los esfuerzos de su espacio. “Para pensar en las elecciones falta un montón, un montón”, señaló, antes de descartar que existan definiciones sobre un eventual acuerdo con el PRO, que gobierna la Ciudad desde 2007.
“Futurología no hago”, respondió cuando le preguntaron por una posible alianza entre ambas fuerzas. Y agregó: “No podemos poner el carro delante del caballo. Falta tiempo, falta trabajo, falta entender por dónde van a estar ambos espacios”.
La estrategia electoral de LLA en la Ciudad
Ramírez también evitó pronunciarse sobre una eventual candidatura propia o la posibilidad de integrar una fórmula con Jorge Macri si el actual jefe de Gobierno buscara la reelección. Consultada sobre si podría convertirse en vicejefa porteña, respondió con ironía: “Soy la vicejefa ideal de todos”.
Luego aclaró que no está evaluando esa posibilidad y destacó su responsabilidad al frente de una bancada que pasó de tres a 14 legisladores. “Hoy tengo una responsabilidad enorme, que es manejar un bloque de 14 legisladores, ser la presidenta de un espacio acá en la Ciudad de Buenos Aires, un espacio nuevo, un espacio que no existía”, afirmó.
Sobre Patricia Bullrich, con quien trabajó durante la campaña electoral de 2025, destacó el vínculo político que mantienen. “Fui jefa de campaña de ella en el 2025. Trabajamos mucho”, recordó.
La legisladora también se refirió a las diferencias dentro del oficialismo y defendió la convivencia entre distintas posiciones. “No necesariamente todos compartimos lo que opinan todos. Somos libres y podemos tener diferentes miradas”, sostuvo.

El conflicto en el subte y la agenda legislativa
El conflicto sindical en el subte porteño fue otro de los temas centrales de la entrevista. Ramírez respaldó la postura del Gobierno de la Ciudad frente a los metrodelegados y cuestionó las interrupciones del servicio por su impacto en los pasajeros.
“Los porteños no podemos seguir poniéndonos de rodillas por presiones sindicales”, afirmó. Y agregó: “Tu vida no puede ser rehén de un conflicto sindical. Yo creo que esa Argentina se tiene que terminar”.
La dirigente vinculó esa posición con la política nacional frente a los piquetes y los acampes. “El orden es una prioridad”, remarcó.
En el ámbito legislativo, defendió las iniciativas de LLA para reducir impuestos, desregular actividades económicas y simplificar trámites. Como ejemplo del cambio en la discusión política porteña, recordó los comienzos de su bloque, cuando esas propuestas tenían menos respaldo.
“Empezamos siendo tres legisladores y parecíamos tres loquitos que pedíamos baja de impuestos, desregulación”, expresó. También señaló que otras fuerzas comenzaron a incorporar el alivio fiscal a sus agendas. “El año pasado terminamos incluso con el peronismo discutiendo baja de impuestos o peleándose por quién presentaba el proyecto de más baja de impuestos”, afirmó.

Ramírez mencionó, además, los obstáculos que enfrentan los comerciantes para abrir y mantener sus negocios. Entre los reclamos que recibe durante sus recorridas, enumeró las trabas para obtener habilitaciones y las clausuras de establecimientos.
“Se quejan mucho de las trabas que hay muchas veces para la apertura de negocios o las clausuras”, señaló. En ese sentido, defendió mecanismos que agilicen los procedimientos administrativos y permitan corregir determinadas irregularidades antes de aplicar sanciones inmediatas.
La defensa del programa económico de Milei
Consultada por las dificultades de la clase media, los salarios y el poder adquisitivo, Ramírez respaldó el rumbo económico del Gobierno nacional y sostuvo que el proceso de estabilización debe evaluarse a partir de la situación que recibió la administración.
“Por primera vez tenemos un presidente economista. Tiene muy claro cuál es el rumbo”, afirmó.
Frente a los cuestionamientos por el impacto del ajuste, la legisladora argumentó que la recuperación requiere tiempo. “Todo plan de estabilización tiene sus momentos”, señaló, antes de defender la gestión de Milei: “No recuperás una economía destruida en tres años y este presidente lo está haciendo”.

Durante la entrevista, también rechazó que el mandatario deba modificar su estilo de comunicación para explicar sus medidas sin confrontar con sus críticos. “Lo explica bien”, respondió cuando le preguntaron si podría transmitir su programa económico de otra manera.
“Yo creo que la gente lo entiende. La gente lo entiende y la gente lo acompaña”, sostuvo. Para Ramírez, la claridad del rumbo anunciado por el oficialismo es uno de los factores que explican el respaldo al Presidente.
“Es muy claro en su rumbo y es muy claro también en lo que dijo que iba a ser este proceso. No subestimemos a los argentinos”, concluyó.
De cara a 2027, la legisladora evitó adelantar candidaturas y acuerdos en la Ciudad. Su planteo fue concentrar los esfuerzos en la consolidación de La Libertad Avanza en el distrito, mientras el espacio mantiene como prioridad política la continuidad del Gobierno nacional.
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pilar ramírez
POLITICA
Consejo de la Magistratura: los abogados eligieron a sus representantes y una lista con referentes porteños sacó ventaja

Como parte de la renovación de bancas en el Consejo de la Magistratura, este martes votaron los abogados de la matrícula federal y en el escrutinio provisorio sacó ventaja la lista “Unidad en Defensa de la Abogacía”, que reúne a la actual conducción del Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal (Cpacf) y del Colegio de Abogados de la Ciudad con decenas de agrupaciones profesionales de todas las provincias.
Pasadas las 21 horas, y con el 93,4% de las mesas escrutadas, “Unidad en Defensa de la Abogacía” lideraba la votación. Detrás de ella se ubicaba “Abogacía Unida y Dignidad Profesional”, que cuenta con el impulso de un sector del peronismo porteño. Tercera, una lista con respaldo mixto entre radicales y peronistas: “Abogacía Federal”. Y en cuarto lugar, el espacio identificado con La Libertad Avanza, “Abogacía por la Libertad”.
Los números terminaron muy justos. Por eso, fuentes tribunalicias manifestaron cautela a la hora de definir si las cuatro listas tendrán un representante y así se completan las cuatro bancas en juego, o si la última de las listas se quedaba con las manos vacías. Esto se debe a que para calcular el reparto se emplea el sistema D’Hondt, el mismo que rige para el Congreso, razón por la que el porcentaje final de cada lista será determinante.
Como primer candidato de lista “Unidad en Defensa de la Abogacía”, Alberto Biglieri se encamina a ocupar una de las bancas en el Consejo de la Magistratura. Lo acompañan en la lista Claudia Sarmiento, Eduardo Bittar y Jaminka Mihaljevic, como candidatos titulares, y Carlos Más Vélez, Ana O’Neill, Guillermo Lipera y Carolina Grillo como suplentes, con un sistema de rotación de bancas a mitad de mandato.
En la previa, esta lista se asomaba como la gran candidata a ganar la elección. Contaba con el impulso de Ricardo Gil Lavedra, expresidente del Cpacf.
Biglieri ganó notoriedad en los últimos meses después de haber sido el interventor de la UOM. Desde ese rol impulsó una auditoría que detectó presuntas irregularidades durante la gestión de Abel Furlán al frente del sindicato. Y además rescindió el contrato del gremio con una de las empresas atribuidas a María Soledad Calle, propietaria del piso de abajo de la expresidenta Cristina Kirchner, en San José 1111.
Biglieri integró el Consejo de la Magistratura porteño entre 2019 y 2023 y está vinculado con el empresario del juego y operador judicial del radicalismo y Pro Daniel Angelici.
En segundo lugar en el escrutinio provisorio aparecía la lista Abogacía Unida y Dignidad Profesional, impulsada por el peronismo. Contó con el respaldo del auditor general de la Nación Juan Manuel Olmos. Su primera candidata es la cordobesa Itatí Demarchi Arballo, presidenta del Colegio de Abogados de Villa María.
Esta última referencia no es un dato menor, ya que la territorialidad también influye en cómo pueden repartirse las cuatro bancas para los abogados en el Consejo de la Magistratura. Miembros de la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) explicaron que la integración tiene que respetar las condiciones previstas por el reglamento: entre los cuatro representantes debe haber al menos dos abogados o abogadas de la matrícula federal del interior del país, al menos uno de la Ciudad de Buenos Aires y al menos dos mujeres.
En Abogacía Federal, el primer candidato es Fernando Levene. Expresidente del Colegio de Abogados de La Plata, este año fue incorporado a la lista de conjueces de la Suprema Corte bonaerense.
¿Quiénes la impulsan? Conviven un sector del radicalismo y otro del peronismo. Detrás de la lista están el senador Maximiliano Abad (UCR), el peronista Diego Molea −ya elegido para regresar a fin de año al Consejo de la Magistratura en representación de los académicos−, el exconsejero Miguel Piedecasas y el gobernador peronista de Córdoba, Martín Llaryora. Es el espacio que busca quedarse con el lugar que hoy ocupa en el estamento de los abogados la consejera María Fernanda Vázquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Es decir, el peronismo participó desplegado en más de una lista y con dirigentes cordobeses en ambas: Llaryora detrás de una, Demarchi Arballo al frente de la otra.
La lista “Abogados por la Libertad”, identificada con La Libertad Avanza, está encabezada por Luis Palomino, concejal de Vicente López y exfuncionario en la Secretaría de Trabajo de la Nación. En función de cómo finalice el conteo final de los votos, pese a ubicarse en cuarto lugar, podría llegar a obtener una banca.
Ignacio Grimaldi,Conforme a
POLITICA
Una enviada de León XIV llegará a la Argentina mientras siguen los preparativos por la visita papal

Alessandra Smerilli, prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, llegará a Buenos Aires en los próximos días desde Roma como enviada del papa León XIV. Va a participar del Encuentro Regional de Movimientos Populares, que se hará el martes 27 y el miércoles 28 de octubre en la Ciudad Papa Francisco, en La Matanza. El encuentro se organizó como antesala de la visita del Pontífice a la Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre, que todavía está en duda por su salud.
El martes 13 de octubre, León XIV fue operado en el Policlínico Gemelli de Roma, donde le sacaron un tumor maligno del pulmón derecho. Ya recibió el alta y los médicos evalúen si está en condiciones de viajar. La gira también incluye Uruguay y Perú.
El dicasterio que encabeza Smerilli es el organismo de la Santa Sede que acompaña a los movimientos populares desde el comienzo. La religiosa italiana va a viajar con el padre Flavio Lauría, del equipo del dicasterio, y con Emilce Cuda, de la Pontificia Comisión para América Latina. También va a estar el padre Mattia Ferrari, coordinador general del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP).
Del encuentro, que se llama “Por una Magnífica Humanidad: los pueblos construyen organización, dignidad y esperanza”, van a participar la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y delegaciones de la Argentina y de otros países de la región. Van a analizar Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV, a partir de la experiencia de los barrios populares. Con las conclusiones van a escribir un mensaje común que esperan entregarle al Papa. “Queremos estar con León XIV, como él dijo estar con nosotros”, dijeron desde la organización en un comunicado.
Luego de su recuperación, el viaje del papa León XIV a Sudamérica podría ser épico
El secretario general de la UTEP, Alejandro “Peluca” Gramajo, relacionó el encuentro con el camino que empezó Francisco con la agenda de “Tierra, Techo y Trabajo”. Según él, León XIV, “en continuidad del legado de Francisco, agudiza la discusión y pone centro en otro de los problemas centrales que atraviesa la humanidad con la IA y la revolución tecnológica”. Y agregó: “Esperamos poder hacer un aporte a este debate a partir de la carta encíclica”.
El EMMP nació en Roma el 28 de octubre de 2014, cuando Francisco recibió a organizaciones territoriales de los cinco continentes y definió como “derechos sagrados” la tierra, el techo y el trabajo. El 23 de octubre de 2025, León XIV recibió por primera vez en el Vaticano a los movimientos populares. Les dijo que quería estar con ellos, les habló de “una Iglesia pobre para los pobres” y sostuvo que tierra, techo y trabajo son derechos por los que vale la pena luchar.
En septiembre, las organizaciones de la economía popular le entregaron al Papa un informe de 72 páginas sobre la situación de los sectores más vulnerables. El documento habla de un aumento de los “trabajadores pobres”, es decir, personas que tienen un trabajo informal y no llegan a cubrir la canasta básica. También señala el crecimiento de las deudas de las familias, la paralización de las obras de integración en los barrios populares, una emergencia alimentaria que supera a los comedores comunitarios y el avance del narcotráfico entre los jóvenes.
El Vaticano enviará una nueva misión a Perú y siguen los preparativos para la visita del papa León XIV a Sudamérica
La visita de León XIV sería la primera de un papa a la Argentina en casi 40 años. La última fue la de Juan Pablo II, en 1987. La gira por América del Sur va a empezar el 6 de noviembre en Uruguay, donde el Papa va a estar en Montevideo, Paysandú y Florida. El 8 va a llegar a Ezeiza, y el lunes 9 se va a reunir con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada. Después del 11 va a seguir viaje a Perú, donde va a estar hasta el 17 de noviembre.
En la Ciudad de Buenos Aires, la agenda incluye una misa central en la avenida del Libertador, una reunión con la Conferencia Episcopal Argentina y encuentros con referentes del deporte, la cultura, la academia y los movimientos populares. También va a ir a la Basílica de Luján y a Córdoba, donde va a celebrar una misa masiva para los fieles del centro y el norte del país. Por la visita, el Gobierno declaró feriado nacional el 9 de noviembre. El 10 va a ser feriado en la Ciudad y en Córdoba, y el 11, en la provincia de Buenos Aires.
Papa, papa León XIV
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