POLITICA
Luciano Laspina: “Argentina necesita acuerdos básicos para evitar una crisis cada dos años”

Luciano Laspina volvió a la escena pública desde un lugar distinto. Después de años en el Congreso como uno de los referentes económicos del PRO, ahora ejerce el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), una de las organizaciones más influyentes en la producción de políticas públicas en la Argentina. Desde ese rol, intenta correrse de la lógica partidaria sin abandonar el núcleo del debate: cómo ordenar una economía que lleva más de una década y media sin crecer.
El directivo habló a días de la cena anual de la entidad, que este año se presenta bajo una consigna tan simple como contundente: “Crecer o crecer”. El encuentro se realizará el lunes 20 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, y contará con la participación de dirigentes políticos de todo el espectro ideológico, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil. Allí, hablarán José Orlando, presidente de Consejo de Administración de CIPPEC, y Luciano Laspina.
En una entrevista con Infobae, el flamante director ejecutivo resalta que no se trata de un eslogan sino de un diagnóstico estructural. Define esa idea como un “rezo laico”, una expresión que condensa el punto de partida de su análisis: la Argentina no genera empleo, acumula pobreza y atraviesa crisis recurrentes que impiden cualquier horizonte de desarrollo sostenido.
En ese marco, introduce un planteo que busca correrse de la grieta clásica. Sostiene que antes de discutir modelos económicos —más Estado o menos Estado, más apertura o más protección— el país necesita un conjunto de acuerdos básicos que eviten las crisis cíclicas. Los define como “preideológicos” y los reduce a tres pilares: respeto por los contratos, equilibrio fiscal y una política monetaria que no utilice al Banco Central para financiar al Tesoro.
La propuesta no es menor en el contexto actual. El gobierno de Javier Milei avanza con un programa de estabilización y desregulación profunda, mientras la oposición mantiene cuestionamientos sobre el rumbo económico y las herramientas elegidas. En ese escenario, la posibilidad de construir consensos aparece lejana. El propio Laspina reconoce que puede sonar “utópico”, pero sugiere que, por primera vez en años, podrían existir incentivos alineados para avanzar en ese sentido.
La entrevista también permite asomarse a una tensión central del momento económico. Por un lado, la estabilización macroeconómica, con la baja de la inflación como objetivo prioritario. Por otro, una transformación estructural que implica pasar de una economía cerrada y regulada a otra más abierta y competitiva. Ese proceso, advierte, genera una dinámica desigual: sectores que crecen con fuerza y otros —intensivos en empleo— que retroceden.
“Hoy hay una economía a dos velocidades”, sintetiza. Y en ese diagnóstico incorpora una variable clave para entender el freno actual: la falta de crédito. Sin financiamiento, explica, no hay consumo ni inversión que permita recomponer a los sectores más golpeados, como la industria, el comercio o la construcción.
En ese equilibrio inestable, Laspina evita alineamientos automáticos. Reconoce la lógica del Gobierno —“apagar el incendio” macroeconómico— pero también señala las limitaciones que enfrentan las empresas para adaptarse a una apertura rápida en un contexto de alta presión impositiva, costos financieros elevados y falta de infraestructura. “Los dos tienen parte de razón”, afirma, en una definición que intenta describir más que tomar partido.
Desde CIPPEC, su apuesta apunta a otro plano: pensar la transición sin destruir capacidades existentes. “Es mucho más eficiente reconvertir sobre los cimientos que empezar de cero sobre las ruinas”, plantea. La idea de fondo es encontrar una “diagonal” que permita integrar las dos tradiciones económicas de la Argentina —la industrial y la exportadora— y evitar una nueva reedición de esa tensión histórica.
En ese marco, la discusión de fondo vuelve a aparecer: si la política argentina está en condiciones de salir de la lógica de la urgencia permanente y avanzar en acuerdos mínimos que garanticen estabilidad. Para Laspina, ese es el punto de partida indispensable. No para asegurar el crecimiento, sino, al menos, para dejar de retroceder.
La entrevista a Luciano Laspina
—Un nuevo rol después de haber sido diputado tantos años, diputado por el PRO. ¿Cómo fue ese paso del ámbito político al ámbito de una organización civil como CIPPEC?
—Sí, efectivamente estoy dirigiendo CIPPEC, que es el Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Es una institución que piensa políticas públicas en muchas áreas, básicamente desarrollo económico, desarrollo social, educación, gobierno y Estado, para tener un Estado más eficiente. Tiene muchísima reputación en Argentina, más de veintiséis años aportando al debate de políticas públicas. Han pasado más de mil investigadores por CIPPEC. Muchos están en el sector privado, otros han ido a la función pública en distintos gobiernos, de distinto signo político. La verdad que muy contento. Para mí es una forma de poder seguir aportando desde otro lugar, seguir en lo que me gusta, que son las políticas públicas, pero ahora desde la sociedad civil, sin estar en la trinchera de la pelea partidaria. En lo personal, feliz de poder hacer un aporte. Creo que hay mucho para pensar de la Argentina que viene, mucho para discutir, y esa es la razón de ser de CIPPEC.
—El lunes 20 se va a realizar la cena anual, el encuentro que toda la política, todo el círculo rojo, los periodistas y empresarios vamos habitualmente. Es un encuentro muy oportuno para discutir otros temas, aparte de los temas urgentes o de coyuntura. Este año se convoca bajo la consigna “Crecer o crecer”. ¿Qué significa este lema?
—Es un lema que yo digo más que un lema es un rezo laico, porque es lo que necesita Argentina después de una década y media sin crecer, donde no hemos generado empleo, donde la pobreza ha ido creciendo.Lo que planteamos es que el crecimiento, sobre todo cuando tiene que generar inversiones, empleo de largo plazo, requiere de tener estabilidad en las reglas de juego.
Estabilidad en las reglas de juego requiere tener una serie de acuerdos básicos que eviten que Argentina tenga una crisis cada dos años, como ha tenido en promedio en los últimos quince. La última la tuvimos el año pasado en la crisis electoral. Vino el Tesoro americano, nos dio una mano y pudimos evitar una crisis, una megacrisis, una devaluación, y afortunadamente el Gobierno tuvo la habilidad de conseguir esa ayuda, porque si no hubiésemos tenido una crisis aún mayor, y eso es lo que tenemos que evitar.
CIPPEC es un ámbito de diálogo que junta a las fuerzas políticas de todos los sectores y vemos ahí, creo que esta vez, cierto campo para ponernos a pensar la Argentina del futuro, pero también quizás plantear una serie de acuerdos básicos, mínimos, de entendimientos entre distintos sectores de la política para que Argentina no tenga una crisis.
Yo creo que eso debería ser un acuerdo muy chiquito, preideológico, que entre las principales fuerzas políticas en competencia digan:
-Vamos a garantizar la continuidad de los contratos. Básicamente, no queremos defaultear otra vez ni reestructurar y todas esas cosas que hace Argentina dos por tres.
-Queremos mantener el equilibrio fiscal, que es una bandera que incluso fuerzas más progresistas o del campo nacional y popular están empezando a abrazar.
-No vamos a usar el Banco Central como quinta rueda del carro para imprimir pesos para darle al Tesoro, que es lo que genera la inflación a largo plazo.
Son tres acuerdos preideológicos muy parecidos a lo que hicieron Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso en el 2002, que a partir de ahí garantizó la estabilidad macroeconómica en Brasil.
Hoy hay campo fértil para lograr lo que nunca se logró, que nos pongamos de acuerdo en algo los argentinos, en esa lucha fratricida que muchas veces tenemos, porque esto es una bandera que el Gobierno nacional abrazaría sin ningún problema y porque yo creo que le serviría a la oposición para ser más competitiva.
Si logramos eso va a ser muy bueno para los dos sectores, pero sobre todo para la Argentina.
—Hay un requisito previo, una condición, que es que las partes quieran aceptar sentarse en una misma mesa. No se está viendo mucho eso. Sobre todo de los dos sectores políticos más importantes o que polarizan la Argentina, ¿es posible ese acercamiento? Pienso en Milei o su gente, en Axel Kicillof, en Juan Grabois u otros dirigentes del peronismo.
—Sí, parece medio Argentina año verde, utópico. Primero doy una visión institucional y después puedo hacer más análisis político.
Institucionalmente es un poco el rol de CIPPEC sentar a la mesa a muchos actores. Tampoco pretendemos que esto sea la única bandera. Parte de nuestro rezo laico para crecer es que no tengamos crisis, que podamos acordar en las cosas mínimas que evitan que haya una crisis, y ese es el rol de CIPPEC.
Ahora, al mismo tiempo, cuando veo las partes, creo que puede haber incentivos alineados esta vez, por distintas razones, para tener ese acuerdo que permita por lo menos —no digo estabilizar definitivamente la economía, no digo crecer— sino evitar crisis.
Y después, el resto, que lo definan las urnas: si queremos una economía más cerrada, más abierta, más regulada, más desregulada; si queremos equilibrio fiscal con más impuestos y más gasto público, o un Estado más chico con menos impuestos.
Pero por lo menos decir: bueno, sabemos que no tenemos una crisis inflacionaria, una crisis fiscal, una crisis de deuda, que son las que cada dos años, en promedio, nos generan una turbulencia y nos hacen retroceder cinco casilleros.

—En una columna que usted publicó hace algunos días hablaba de la necesidad de construir sobre los cimientos de lo anterior y no sobre los escombros del sistema anterior. ¿Qué significa esa idea?
—Argentina está en un proceso de transformación muy importante. Viene de ser una economía muy cerrada, hiperregulada, y ahora se está abriendo al mundo, se está desregulando, y obviamente eso va a generar ganadores y perdedores.
Hay un acuerdo, por lo menos en un pedazo importante de la sociedad e impulsado por el Gobierno, de que Argentina se tiene que integrar al mundo, y creemos desde CIPPEC que no hay país que haya crecido y desarrollado sin explotar la demanda global, sin salir a conquistar el mundo.
Hay todo un proceso de reconversión que hay que hacer. El punto es que es mucho más eficiente hacerlo sobre los cimientos de los que ya hay que sobre las ruinas. ¿En qué sentido? Más que quebrar todas nuestras empresas y que se fundan y empiece todo de cero, tratar de ver cómo hacemos para ayudar a reconvertir a las empresas.
Muchos lo van a hacer privadamente, tratando de rebuscárselas. El cinturón metalmecánico de la ciudad de Rosario ya está virando hacia Vaca Muerta, porque antes estaba enfocado en consumo masivo o en producción local y ahora está viendo cómo se suma a esa cadena de valor. Tenemos que ayudar a que eso ocurra.
Esto no implica ni subsidiar ni subir aranceles, sino ver qué elementos necesitan, cómo adaptamos la política educativa, la infraestructura, la política financiera, para reconvertir la Argentina con nuestras empresas, nuestros empleados, el capital que ya tenemos invertido, las capacidades que se han creado para ir a esa nueva Argentina.
Los que no se puedan reconvertir, lamentablemente, habrá que ver cómo se los asiste desde otro lado. Este es un desafío que hay que pensar, en una Argentina que está cambiando en muchos aspectos.
Lo que pasa en Neuquén es un modelo espectacular, porque está la sociedad civil, el Gobierno, los sindicatos y las empresas todos ligados detrás de un gran proyecto, que es Vaca Muerta, que va a implicar el desarrollo de la provincia y todo su potencial geológico, pero que al mismo tiempo va a derramar en toda la sociedad.
Eso mismo hay que encontrar para toda la Argentina. Cada uno tiene que tener su proyecto de progreso, donde sienta que eso que está pasando le va a llegar, y si no le llega directamente, le llega a sus hijos.
Ese sueño puede ser una diagonal entre las dos Argentinas que siempre chocaron: la economía más cerrada, industrialista, y la más abierta, exportadora. El desafío es ver cómo trazamos esa diagonal para que empiecen a convivir.
—En el debate público actual, incluso impulsado por el Presidente, hay una mirada muy crítica sobre el viejo sistema empresario. Se habla de “empresarios prebendarios” o “empresaurios”. ¿Qué mirada tiene CIPPEC sobre esa controversia?
—En CIPPEC, y se va a ver en la cena, participan empresarios de todos los sectores: ganadores, perdedores y los que están en el medio, porque todos apuestan no solo por sus empresas, sino también por el país.
CIPPEC no presta servicio a una empresa ni a un sector. Hemos hecho recomendaciones a lo largo de la historia con total independencia. Tenemos un financiamiento diversificado: más de noventa empresas participan, pero representan solo una parte del total, el resto proviene de provincias y organismos multilaterales. Eso garantiza independencia y honestidad intelectual.
Desde CIPPEC siempre tuvimos la mirada de que Argentina no podía vivir de espaldas al mundo. En eso Latinoamérica ya cambió hace mucho tiempo, mientras Argentina venía tropezando.
Compartimos en algún punto la visión del Gobierno de que hay que integrarse al mundo, comerciar más, exportar más. Pero también es cierto que para el tango se necesitan dos.
No se le puede pedir a las empresas que compensen una ineficiencia sistémica con talento extraordinario. Tampoco se le puede pedir a los consumidores que paguen sobreprecios por protección.
La forma de hacerlo es tener bienes públicos de calidad: educación alineada a la demanda, infraestructura de escala global, un sistema impositivo razonable.
Argentina tiene un sistema impositivo muy distorsivo, con impuestos que se cobran incluso antes de facturar. Eso atenta contra la competitividad.
Los países que se desarrollaron ayudaron de manera horizontal, no necesariamente eligiendo ganadores. Nosotros en el pasado elegimos sectores que a veces no podían ser competitivos, y eso tampoco funcionó.
La clave es generar condiciones para que las empresas se integren al proceso de crecimiento.
—Ahora está Vaca Muerta como gran oportunidad. Hay un contexto internacional favorable para el agro y la minería, pero al mismo tiempo hay sectores como la industria con caídas fuertes. ¿Cómo se miran esas dos dinámicas desde CIPPEC?
—Argentina está atravesada por dos fuerzas. Una es la estabilización macroeconómica. Reducir la inflación suele ser un proceso doloroso en la mayoría de los casos, muchas veces ha fracasado en el mundo y en Argentina, sobre todo.
Y la otra es una transformación del modelo económico, desde una economía muy cerrada y regulada hacia una más abierta y desregulada, con la expectativa de que eso genere más inversión, más empleo y más exportaciones.
En el medio hay muchos inconvenientes. Está la reconversión, que es la discusión que venimos teniendo, de cómo pasamos de la estructura vieja a la nueva sin destruir tanto valor, manteniendo nuestras empresas y no creando todo desde cero, porque eso es mucho más costoso y menos eficiente.
Al mismo tiempo está la estabilización macroeconómica, que es complicada. El Gobierno viene de atravesar una crisis el año pasado que le generó un freno en el proceso. La inflación empezó a subir, después a bajar, y eso dio como resultado una economía a dos velocidades: sectores ganadores creciendo mucho y sectores perdedores —muy intensivos en mano de obra, como comercio, industria y construcción— en retroceso.
Esto tiene que ver no solo con la transformación, sino también con que el proceso de estabilización tropezó con la crisis del año pasado. Afortunadamente no nos caímos, pero ahora cuesta volver a arrancar.
¿Dónde se ve la variable clave? En el crédito. No hay ninguna economía que pueda crecer sin crédito. Lo dijo el ministro Caputo hace algunos días: el crédito es fundamental para lubricar el crecimiento.
Infobae publicó que volvió a subir la mora. El sector bancario viene golpeado porque el crédito se frenó, y la economía necesita que vuelva a arrancar. Si eso ocurre, se va a reactivar el consumo, parte de la construcción y se van a empezar a recuperar los sectores más golpeados.
Si además logramos conectar los sectores perdedores con los ganadores —por ejemplo, como proveedores de bienes o servicios—, eso puede generar un efecto de arrastre.
Lo que pasa en Neuquén es un ejemplo claro: hay crecimiento, migración interna —cien familias por semana— y desarrollo urbano. Ese es el desafío para el resto del país.
—Este Gobierno parece más enfocado en remover obstáculos que en generar políticas activas de desarrollo. ¿Hay espacio para eso?
—Creo que el Gobierno tiene una agenda del presente, una agenda de lo urgente, muy ambiciosa por la complejidad de las reformas que está encarando: reforma tributaria, laboral, previsional, coparticipación, infraestructura.
Y además tiene que estabilizar la economía, que es “apagar el incendio”. En ese contexto, es difícil pensar en políticas de desarrollo más sofisticadas, que implican ver cómo conquistar mercados, cómo aprovechar acuerdos como el Mercosur–Unión Europea, cómo generar empleo a partir de eso.
Eso sería la etapa siguiente, la de “decorar la casa”.
Cuando se pide una reforma tributaria, es para eliminar impuestos distorsivos. Argentina tiene un récord mundial en ese sentido: impuestos como Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque, retenciones, sellos, que suman casi ocho puntos y medio del PBI. Eso no lo tiene ningún país.
Esos impuestos se exportan con los bienes y afectan la competitividad. Por eso hay empresas que se van a Uruguay, Paraguay o Australia. No es que acá sean ineficientes y allá eficientes: son las mismas empresas, pero con condiciones distintas.
El Gobierno dice: “déjenme que estoy apagando el incendio”. Y los empresarios dicen: “todavía no me hiciste la reforma tributaria y ya abriste la economía”.
En eso entiendo al Gobierno, pero también a los empresarios.
El tipo de cambio no está tan atrasado si uno lo compara históricamente, pero antes había menos impuestos, más crédito y energía más barata. Hoy las condiciones son distintas.
Las grandes empresas tienen acceso al crédito, pero las pymes enfrentan tasas altísimas. En ese contexto, el dólar actual se siente.
Esa es la tensión. El Gobierno no puede ir más rápido por restricciones fiscales y políticas, y las empresas no pueden ajustar más de lo que ya lo están haciendo. Los dos tienen parte de razón.

—En esa agenda de “crecer o crecer”, ¿cuál sería el primer paso o qué reforma debería acordar la política o el llamado “círculo rojo”?
—Yo le digo “círculo CIPPEC”, que no es rojo, no es violeta, no es celeste ni amarillo. Es el ámbito donde estamos todos los que discutimos política pública en la Argentina.
Deberíamos tener algunos acuerdos básicos, muy básicos. Ya lo hicieron Brasil, Chile, Colombia, Perú. Hay cosas que no se discuten. En Perú se van los presidentes, pero no se va el presidente del Banco Central y la política monetaria no cambia.
No es que con ese acuerdo se come, se cura y se educa. Con eso apagás el incendio básico. Después tenés que ver cómo construís una casa arriba de eso. El problema es que en la Argentina tenemos un incendio cada dos años y no salimos de eso.
Si acordamos en estas tres cosas —que pueden ser más, pero al menos estas— que son bastante preideológicas en la mayoría de los países: respetar los contratos, mantener el equilibrio fiscal y que el Banco Central no sea una maquinita de imprimir pesos, eso no te garantiza que vas a crecer, pero sí que no se te incendia la casa cada dos años.
Respetar los contratos es clave. El RIGI es un contrato entre el Estado y las empresas, y hay que respetarlo. Después se puede discutir si se mantiene o no hacia adelante, pero lo firmado hay que cumplirlo.
Puede venir un Congreso y decir “no hay más RIGI”, pero no violar lo anterior. Eso es lo que da seguridad jurídica.
El equilibrio fiscal también es un punto en el que, incluso sectores de la oposición, empiezan a coincidir. Y lo tercero es no financiar al Tesoro con emisión.
Son acuerdos básicos, preideológicos. El Gobierno no podría oponerse, y la oposición podría adoptarlos para ser más competitiva.
—El tema es si la oposición, hoy representada en gran parte por el peronismo, está en condiciones de asumir esos compromisos.
—No sabemos cómo se va a configurar la oposición, porque eso cambia todo el tiempo. Hace algunos años era Juntos por el Cambio, después fue Milei, ahora vuelve a reconfigurarse.
El peronismo es un espacio muy amplio, muy diverso. Hay que ver cómo se ordena, quiénes son sus candidatos, si hay uno o varios liderazgos.
Más allá de eso, este tipo de acuerdos le convienen a todos los argentinos. No es una cuestión ideológica ni partidaria.
No digo que esto sea una religión ni que haya que imponerlo, pero sí que sería bueno para el Gobierno, para la oposición y para el país, porque evitaría crisis y permitiría empezar a pensar la agenda del futuro.
—CIPPEC trabaja hace años sobre temas como educación y sistema previsional, que la política suele postergar. ¿Puede la política incorporar esos temas?
—Yo noto cambios, sobre todo en el vínculo con las provincias y los gobernadores. Estamos trabajando, por ejemplo, en aplicar inteligencia artificial para reducir la deserción escolar en varias provincias, con resultados muy interesantes.
Hay provincias que ya están pidiendo reformas educativas concretas. Eso muestra que, en la medida en que se pueda salir de la emergencia, se empieza a pensar en el largo plazo.
Creo que ese es el rol de CIPPEC: ayudar a implementar la agenda del presente para estabilizar la economía, promover acuerdos básicos y abrir el diálogo, pero al mismo tiempo empezar a pensar la agenda que viene.
Una vez que se apaguen los incendios, hay que construir una agenda superadora, que permita aprovechar el potencial de la Argentina: la cordillera, el agro, la energía, toda la cadena de valor asociada.
Los países que crecieron lo hicieron así. Con los mismos recursos naturales se puede ser Noruega o Nigeria.
Si esos recursos no se transforman en mejor educación, en mejores servicios públicos, en diversificación productiva, en más sectores que paguen buenos salarios, no hay desarrollo.
Cuanto más productividad, mejores salarios se pueden pagar. Y cuanto más sectores productivos y eficientes, mayor integración a la economía moderna.
El problema es que en Argentina estamos muy enfocados en la coyuntura. Yo mismo, que soy macroeconomista, lo reconozco: estamos entrenados para pensar en la urgencia, en el dólar, en la inflación, en el plan de estabilización.
Hoy la mayor contribución que puede hacer CIPPEC es no solo seguir pensando las reformas que ya están en agenda, sino empezar a trabajar en la agenda del futuro.
POLITICA
“No cometí ningún ilícito”: Edgardo Kueider espera la sentencia tras 18 meses de prisión domiciliaria

El ex senador nacional por Entre Ríos, Edgardo Kueider, aseguró que ni él ni su pareja, Iara Guinsel, cometieron delitos. “Eso quedará demostrado”, dijo tras los alegatos de cierre del juicio por contrabando. La sentencia podría conocerse el próximo lunes.
“No se cometió ningún ilícito”, dijo Kueider a medios paraguayos que se hicieron presentes en la audiencia de comienzos de semana. Antes de retirarse, el ex legislador dejó el escritorio desde donde siguió toda la audiencia y se acercó a la baranda que separa al público. Allí fue interrogado por la prensa tras el pedido de Fiscalía de dos años y dos meses de prisión.
El ex representante de Entre Ríos en el Senado de la Nación evaluó que los argumentos de su defensa fueron “más que elocuentes. Es así la cuestión. Hubo un error de criterio de Fiscalía: no se cometió ningún ilícito”.
Kueider está siendo juzgado por contrabando en grado de tentativa. Es por haber querido ingresar a Paraguay con USD 200 mil sin declarar durante la madrugada del 4 de diciembre de 2024. Viajaban en una Chevrolet Trailblazer que luego se supo estaba a nombre de una persona sindicada como su testaferro en Argentina: Daniel “Gonzalito” González.

El razonamiento defensivo se sustenta en un tecnicismo: el dinero no es mercancía, por lo tanto no puede haber contrabando. La acusación pública tiene una interpretación distinta y considera que el intento de ingresar desde Foz do Iguaçu a Ciudad del Este con divisas sin declarar constituye un delito.
“Ni yo ni Iara Guinsel hemos venido a Paraguay a cometer ilícitos”, remarcó Kueider. “De hecho —agregó—, en Argentina tampoco se ha cometido ningún ilícito. Eso quedará demostrado en este juicio y en los que vengan aquí y allá”, aventuró.
El ex senador y su pareja eligieron no hablar durante las audiencias. Esto lo privó de contar, por caso, su versión de cómo fue el procedimiento de detención. Mientras que los agentes paraguayos sostuvieron ante el Tribunal que el dinero estaba en una mochila ubicada en el asiento trasero, Kueider dijo en los medios que eso no había sido así y que, incluso, se mezcló plata de él y de Guinsel durante el secuestro. Pero eso no se escuchó en las audiencias.
“Ningún agravio”
Además, en el vecino país fue procesado hace unos días por lavado de activos. El caso se sustenta en la compra de seis departamentos con sus cocheras en un edificio de lujo en Asunción. La Fiscalía paraguaya sospecha que el dinero usado tuvo un origen ilícito.
Por otro lado, en Argentina hay dos expedientes judiciales abiertos en su contra. Está bajo sospecha de enriquecimiento ilícito. Una de las causas se tramita en el Juzgado de Garantías 2 de Concordia. La otra en el Criminal y Correccional Federal 1 de San Isidro. Su titular, Sandra Arroyo Salgado, pidió la extradición de Kueider y hay luz verde de Paraguay. La Corte tiene en trámite un proceso para determinar a quién le corresponde continuar.

En las últimas semanas, la Cámara Federal de San Isidro rechazó un pedido de eximición de prisión. Esto implica que, cuando vuelva a la Argentina, el ex senador quedará detenido de inmediato.
Antes de retirarse de la sala, Kueider subrayó que tanto él como su pareja “hemos estado siempre a derecho, sin cometer ninguna falta, ningún agravio ni a Paraguay ni a la Argentina”.
Cuándo se conocerá el fallo
El Tribunal especializado en delitos económicos volverá a reunirse por el caso Kueider el lunes 13 desde las 9:30 de la mañana. Será el momento de las réplicas y dúplicas, la última instancia del proceso antes de que los magistrados vayan a debate. En esta etapa, Fiscalía retrucará los argumentos defensivos y, a la inversa, los abogados de Kueider (Marcelo Bogado y Carlos Arévalo) contestarán a los acusadores.
Concluido este paso, los magistrados Elsa García (presidenta); Adriana Planás y Matías Garcete Piris, se retirarán a deliberar. En principio, la decisión podría conocerse ese mismo día, aunque el Tribunal no tiene un plazo preestablecido para dar el veredicto.
Cabe destacar que el pedido de Fiscalía está cerca del máximo que se puede establecer por este delito, que es dos años y medio. Y que, además, en caso de haber una condena contra Kueider y Guinsel, deberá contemplarse que llevan un año y seis meses de detención domiciliaria.
POLITICA
La niñera de la hija de Jesica Cirio declaró que nunca vio el vestidor donde se habrían filmado los fajos de dólares

Milagros Ayelén Escudero, la niñera de la hija de Jesica Cirio, declaró ante la Justicia bajo juramento que nunca subió al primer piso de la casa de la conductora en San Vicente y que nunca vio el vestidor donde se habría filmado un video en el que se ven fajos de dólares en bolsas de plástico, que según los investigadores sumarían unos 10 millones de dólares.
Escudero, de 27 años y todavía empleada de la modelo, declaró como testigo ante el juez federal Luis Armella y el fiscal Sergio Mola, que investigan a Martín Insaurralde y a su exmujer, Cirio, por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.
Este miércoles, como contó TN, la Justicia abrió el celular de Cirio y comenzó a analizar su contenido. La pericia busca determinar si el dispositivo conserva el video del vestidor que compartía con Insaurralde y logra aportar nuevas pruebas a la investigación.
Al ser interrogada sobre el vestidor de la habitación de Cirio e Insaurralde, la niñera aseguró que “no podría describirlo porque nunca ha pasado a la habitación”. Explicó que el cuarto del matrimonio estaba en la planta alta y que ella se limitaba a circular por la planta baja, donde estaban los ambientes de Chloe, la hija de la modelo. También dijo haber visto “los videos publicados en la prensa”, pero afirmó no recordar haber visto en la casa los elementos que aparecen en las imágenes, como gorras, una valija y remeras.
La testigo aportó además los nombres de otros empleados que circulaban por la propiedad: un chofer llamado Jhony, un electricista de nombre Sergio y dos mujeres de limpieza, Liz y Nely. Indicó que cuando ella se ausentaba, era reemplazada por otra mujer conocida como “Meli” o Melisa. La Justicia busca ahora a otra empleada de la casa, que ya no trabaja para Cirio y a la que no logran ubicar, para preguntarle específicamente por el vestidor.
Escudero relató también algunos viajes en los que participó como cuidadora de la niña, entre ellos uno al Mundial de Qatar junto a Cirio y un peluquero de la modelo, y otro de fin de semana a Bariloche en el que estuvo presente Insaurralde. Actualmente sigue trabajando para Cirio en su nuevo domicilio, en un barrio de Nordelta.
La causa avanza en paralelo con el peritaje contable sobre el patrimonio de Insaurralde, cuyo resultado se conocerá el 17 de julio y determinará si puede justificar su crecimiento patrimonial.
Jesica Cirio, Martín Insaurralde
POLITICA
VIDEO | El fuerte cruce entre Caruso Lombardi y el diputado Aldo Leiva: “¿A vos quién te conoce?” y “vende humo”

Ricardo Caruso Lombardi y el diputado nacional de Unión por la Patria, Aldo Leiva, protagonizaron un fuerte cruce en vivo durante el programa A Dos Voces, donde un debate sobre el presente de la Selección Argentina terminó convirtiéndose en una discusión cargada de insultos, descalificaciones y chicanas políticas.
Todo comenzó cuando el extécnico analizaba el rendimiento del equipo de Lionel Scaloni de cara al partido frente a Suiza. El hombre sostuvo que, pese a los buenos resultados, todavía había aspectos futbolísticos por corregir.
Minutos después, el programa giró hacia un debate político acerca de si existían sectores que deseaban una derrota de la Selección por diferencias ideológicas. Fue en ese contexto cuando Aldo Leiva apuntó directamente contra Caruso.
“Caruso vende humo. Siempre dirigió equipos de la B y ahora está esperando que Argentina quede afuera para decir que tenía razón”, lanzó el legislador.
La respuesta del exentrenador fue inmediata. Aunque ya se había levantado de la mesa, regresó al estudio para enfrentar a Leiva y le respondió a los gritos: “¿Vos quién sos? ¿A vos quién te conoce? ¡Callate la boca! Es la primera vez que te veo la cara”.
– Te pido una Coca porque tenés una pinta de mozo terrible.
Caruso Lombardipic.twitter.com/EFK9c902JX— Lucas Raffa 📺🤖✍️🇦🇷 (@elrafaargentino) July 9, 2026
Leiva no bajó el tono y redobló la apuesta. “¿A quién le ganaste? ¿Por qué nunca dirigiste en el exterior? Porque nadie te quiso llevar”, retrucó.
Del fútbol a la política
Con el correr de los minutos, la discusión pasó al terreno político. Cuando el representante K recordó que ocupa una banca en la Cámara de Diputados, Caruso cuestionó a la dirigencia y lo acusó de vivir del Estado.
“Tratá de laburar un poco. Laburen para el país, vagos. Yo trabajé 34 años en el fútbol argentino”, lanzó el exDT.
El diputado respondió recordándole la última elección legislativa en la Ciudad de Buenos Aires, donde Caruso fue candidato por el MID y sacó menos de 3 puntos.
“Soy diputado, en el cargo al que vos no pudiste llegar porque nadie te votó”, le respondió.
El intercambio terminó completamente desbordado. Antes de retirarse del estudio, Caruso volvió a insultar a Leiva y la producción decidió interrumpir la discusión para continuar con el resto del programa.
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A dos voces,Aldo Leiva,Caruso Lombardi,Selección Argentina
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