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POLITICA

Luciano Laspina: “Argentina necesita acuerdos básicos para evitar una crisis cada dos años”

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Luciano Laspina volvió a la escena pública desde un lugar distinto. Después de años en el Congreso como uno de los referentes económicos del PRO, ahora ejerce el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), una de las organizaciones más influyentes en la producción de políticas públicas en la Argentina. Desde ese rol, intenta correrse de la lógica partidaria sin abandonar el núcleo del debate: cómo ordenar una economía que lleva más de una década y media sin crecer.

El directivo habló a días de la cena anual de la entidad, que este año se presenta bajo una consigna tan simple como contundente: “Crecer o crecer”. El encuentro se realizará el lunes 20 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, y contará con la participación de dirigentes políticos de todo el espectro ideológico, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil. Allí, hablarán José Orlando, presidente de Consejo de Administración de CIPPEC, y Luciano Laspina.

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En una entrevista con Infobae, el flamante director ejecutivo resalta que no se trata de un eslogan sino de un diagnóstico estructural. Define esa idea como un “rezo laico”, una expresión que condensa el punto de partida de su análisis: la Argentina no genera empleo, acumula pobreza y atraviesa crisis recurrentes que impiden cualquier horizonte de desarrollo sostenido.

En ese marco, introduce un planteo que busca correrse de la grieta clásica. Sostiene que antes de discutir modelos económicos —más Estado o menos Estado, más apertura o más protección— el país necesita un conjunto de acuerdos básicos que eviten las crisis cíclicas. Los define como “preideológicos” y los reduce a tres pilares: respeto por los contratos, equilibrio fiscal y una política monetaria que no utilice al Banco Central para financiar al Tesoro.

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La propuesta no es menor en el contexto actual. El gobierno de Javier Milei avanza con un programa de estabilización y desregulación profunda, mientras la oposición mantiene cuestionamientos sobre el rumbo económico y las herramientas elegidas. En ese escenario, la posibilidad de construir consensos aparece lejana. El propio Laspina reconoce que puede sonar “utópico”, pero sugiere que, por primera vez en años, podrían existir incentivos alineados para avanzar en ese sentido.

La entrevista también permite asomarse a una tensión central del momento económico. Por un lado, la estabilización macroeconómica, con la baja de la inflación como objetivo prioritario. Por otro, una transformación estructural que implica pasar de una economía cerrada y regulada a otra más abierta y competitiva. Ese proceso, advierte, genera una dinámica desigual: sectores que crecen con fuerza y otros —intensivos en empleo— que retroceden.

Hoy hay una economía a dos velocidades”, sintetiza. Y en ese diagnóstico incorpora una variable clave para entender el freno actual: la falta de crédito. Sin financiamiento, explica, no hay consumo ni inversión que permita recomponer a los sectores más golpeados, como la industria, el comercio o la construcción.

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En ese equilibrio inestable, Laspina evita alineamientos automáticos. Reconoce la lógica del Gobierno —“apagar el incendio” macroeconómico— pero también señala las limitaciones que enfrentan las empresas para adaptarse a una apertura rápida en un contexto de alta presión impositiva, costos financieros elevados y falta de infraestructura. “Los dos tienen parte de razón”, afirma, en una definición que intenta describir más que tomar partido.

Desde CIPPEC, su apuesta apunta a otro plano: pensar la transición sin destruir capacidades existentes. “Es mucho más eficiente reconvertir sobre los cimientos que empezar de cero sobre las ruinas”, plantea. La idea de fondo es encontrar una “diagonal” que permita integrar las dos tradiciones económicas de la Argentina —la industrial y la exportadora— y evitar una nueva reedición de esa tensión histórica.

En ese marco, la discusión de fondo vuelve a aparecer: si la política argentina está en condiciones de salir de la lógica de la urgencia permanente y avanzar en acuerdos mínimos que garanticen estabilidad. Para Laspina, ese es el punto de partida indispensable. No para asegurar el crecimiento, sino, al menos, para dejar de retroceder.

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La entrevista a Luciano Laspina

—Un nuevo rol después de haber sido diputado tantos años, diputado por el PRO. ¿Cómo fue ese paso del ámbito político al ámbito de una organización civil como CIPPEC?

—Sí, efectivamente estoy dirigiendo CIPPEC, que es el Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Es una institución que piensa políticas públicas en muchas áreas, básicamente desarrollo económico, desarrollo social, educación, gobierno y Estado, para tener un Estado más eficiente. Tiene muchísima reputación en Argentina, más de veintiséis años aportando al debate de políticas públicas. Han pasado más de mil investigadores por CIPPEC. Muchos están en el sector privado, otros han ido a la función pública en distintos gobiernos, de distinto signo político. La verdad que muy contento. Para mí es una forma de poder seguir aportando desde otro lugar, seguir en lo que me gusta, que son las políticas públicas, pero ahora desde la sociedad civil, sin estar en la trinchera de la pelea partidaria. En lo personal, feliz de poder hacer un aporte. Creo que hay mucho para pensar de la Argentina que viene, mucho para discutir, y esa es la razón de ser de CIPPEC.

—El lunes 20 se va a realizar la cena anual, el encuentro que toda la política, todo el círculo rojo, los periodistas y empresarios vamos habitualmente. Es un encuentro muy oportuno para discutir otros temas, aparte de los temas urgentes o de coyuntura. Este año se convoca bajo la consigna “Crecer o crecer”. ¿Qué significa este lema?

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—Es un lema que yo digo más que un lema es un rezo laico, porque es lo que necesita Argentina después de una década y media sin crecer, donde no hemos generado empleo, donde la pobreza ha ido creciendo.Lo que planteamos es que el crecimiento, sobre todo cuando tiene que generar inversiones, empleo de largo plazo, requiere de tener estabilidad en las reglas de juego.

Estabilidad en las reglas de juego requiere tener una serie de acuerdos básicos que eviten que Argentina tenga una crisis cada dos años, como ha tenido en promedio en los últimos quince. La última la tuvimos el año pasado en la crisis electoral. Vino el Tesoro americano, nos dio una mano y pudimos evitar una crisis, una megacrisis, una devaluación, y afortunadamente el Gobierno tuvo la habilidad de conseguir esa ayuda, porque si no hubiésemos tenido una crisis aún mayor, y eso es lo que tenemos que evitar.

CIPPEC es un ámbito de diálogo que junta a las fuerzas políticas de todos los sectores y vemos ahí, creo que esta vez, cierto campo para ponernos a pensar la Argentina del futuro, pero también quizás plantear una serie de acuerdos básicos, mínimos, de entendimientos entre distintos sectores de la política para que Argentina no tenga una crisis.

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Yo creo que eso debería ser un acuerdo muy chiquito, preideológico, que entre las principales fuerzas políticas en competencia digan:

-Vamos a garantizar la continuidad de los contratos. Básicamente, no queremos defaultear otra vez ni reestructurar y todas esas cosas que hace Argentina dos por tres.

-Queremos mantener el equilibrio fiscal, que es una bandera que incluso fuerzas más progresistas o del campo nacional y popular están empezando a abrazar.

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-No vamos a usar el Banco Central como quinta rueda del carro para imprimir pesos para darle al Tesoro, que es lo que genera la inflación a largo plazo.

Son tres acuerdos preideológicos muy parecidos a lo que hicieron Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso en el 2002, que a partir de ahí garantizó la estabilidad macroeconómica en Brasil.

Hoy hay campo fértil para lograr lo que nunca se logró, que nos pongamos de acuerdo en algo los argentinos, en esa lucha fratricida que muchas veces tenemos, porque esto es una bandera que el Gobierno nacional abrazaría sin ningún problema y porque yo creo que le serviría a la oposición para ser más competitiva.

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Si logramos eso va a ser muy bueno para los dos sectores, pero sobre todo para la Argentina.

—Hay un requisito previo, una condición, que es que las partes quieran aceptar sentarse en una misma mesa. No se está viendo mucho eso. Sobre todo de los dos sectores políticos más importantes o que polarizan la Argentina, ¿es posible ese acercamiento? Pienso en Milei o su gente, en Axel Kicillof, en Juan Grabois u otros dirigentes del peronismo.

—Sí, parece medio Argentina año verde, utópico. Primero doy una visión institucional y después puedo hacer más análisis político.

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Institucionalmente es un poco el rol de CIPPEC sentar a la mesa a muchos actores. Tampoco pretendemos que esto sea la única bandera. Parte de nuestro rezo laico para crecer es que no tengamos crisis, que podamos acordar en las cosas mínimas que evitan que haya una crisis, y ese es el rol de CIPPEC.

Ahora, al mismo tiempo, cuando veo las partes, creo que puede haber incentivos alineados esta vez, por distintas razones, para tener ese acuerdo que permita por lo menos —no digo estabilizar definitivamente la economía, no digo crecer— sino evitar crisis.

Y después, el resto, que lo definan las urnas: si queremos una economía más cerrada, más abierta, más regulada, más desregulada; si queremos equilibrio fiscal con más impuestos y más gasto público, o un Estado más chico con menos impuestos.

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Pero por lo menos decir: bueno, sabemos que no tenemos una crisis inflacionaria, una crisis fiscal, una crisis de deuda, que son las que cada dos años, en promedio, nos generan una turbulencia y nos hacen retroceder cinco casilleros.

—En una columna que usted publicó hace algunos días hablaba de la necesidad de construir sobre los cimientos de lo anterior y no sobre los escombros del sistema anterior. ¿Qué significa esa idea?

—Argentina está en un proceso de transformación muy importante. Viene de ser una economía muy cerrada, hiperregulada, y ahora se está abriendo al mundo, se está desregulando, y obviamente eso va a generar ganadores y perdedores.

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Hay un acuerdo, por lo menos en un pedazo importante de la sociedad e impulsado por el Gobierno, de que Argentina se tiene que integrar al mundo, y creemos desde CIPPEC que no hay país que haya crecido y desarrollado sin explotar la demanda global, sin salir a conquistar el mundo.

Hay todo un proceso de reconversión que hay que hacer. El punto es que es mucho más eficiente hacerlo sobre los cimientos de los que ya hay que sobre las ruinas. ¿En qué sentido? Más que quebrar todas nuestras empresas y que se fundan y empiece todo de cero, tratar de ver cómo hacemos para ayudar a reconvertir a las empresas.

Muchos lo van a hacer privadamente, tratando de rebuscárselas. El cinturón metalmecánico de la ciudad de Rosario ya está virando hacia Vaca Muerta, porque antes estaba enfocado en consumo masivo o en producción local y ahora está viendo cómo se suma a esa cadena de valor. Tenemos que ayudar a que eso ocurra.

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Esto no implica ni subsidiar ni subir aranceles, sino ver qué elementos necesitan, cómo adaptamos la política educativa, la infraestructura, la política financiera, para reconvertir la Argentina con nuestras empresas, nuestros empleados, el capital que ya tenemos invertido, las capacidades que se han creado para ir a esa nueva Argentina.

Los que no se puedan reconvertir, lamentablemente, habrá que ver cómo se los asiste desde otro lado. Este es un desafío que hay que pensar, en una Argentina que está cambiando en muchos aspectos.

Lo que pasa en Neuquén es un modelo espectacular, porque está la sociedad civil, el Gobierno, los sindicatos y las empresas todos ligados detrás de un gran proyecto, que es Vaca Muerta, que va a implicar el desarrollo de la provincia y todo su potencial geológico, pero que al mismo tiempo va a derramar en toda la sociedad.

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Eso mismo hay que encontrar para toda la Argentina. Cada uno tiene que tener su proyecto de progreso, donde sienta que eso que está pasando le va a llegar, y si no le llega directamente, le llega a sus hijos.

Ese sueño puede ser una diagonal entre las dos Argentinas que siempre chocaron: la economía más cerrada, industrialista, y la más abierta, exportadora. El desafío es ver cómo trazamos esa diagonal para que empiecen a convivir.

—En el debate público actual, incluso impulsado por el Presidente, hay una mirada muy crítica sobre el viejo sistema empresario. Se habla de “empresarios prebendarios” o “empresaurios”. ¿Qué mirada tiene CIPPEC sobre esa controversia?

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—En CIPPEC, y se va a ver en la cena, participan empresarios de todos los sectores: ganadores, perdedores y los que están en el medio, porque todos apuestan no solo por sus empresas, sino también por el país.

CIPPEC no presta servicio a una empresa ni a un sector. Hemos hecho recomendaciones a lo largo de la historia con total independencia. Tenemos un financiamiento diversificado: más de noventa empresas participan, pero representan solo una parte del total, el resto proviene de provincias y organismos multilaterales. Eso garantiza independencia y honestidad intelectual.

Desde CIPPEC siempre tuvimos la mirada de que Argentina no podía vivir de espaldas al mundo. En eso Latinoamérica ya cambió hace mucho tiempo, mientras Argentina venía tropezando.

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Compartimos en algún punto la visión del Gobierno de que hay que integrarse al mundo, comerciar más, exportar más. Pero también es cierto que para el tango se necesitan dos.

No se le puede pedir a las empresas que compensen una ineficiencia sistémica con talento extraordinario. Tampoco se le puede pedir a los consumidores que paguen sobreprecios por protección.

La forma de hacerlo es tener bienes públicos de calidad: educación alineada a la demanda, infraestructura de escala global, un sistema impositivo razonable.

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Argentina tiene un sistema impositivo muy distorsivo, con impuestos que se cobran incluso antes de facturar. Eso atenta contra la competitividad.

Los países que se desarrollaron ayudaron de manera horizontal, no necesariamente eligiendo ganadores. Nosotros en el pasado elegimos sectores que a veces no podían ser competitivos, y eso tampoco funcionó.

La clave es generar condiciones para que las empresas se integren al proceso de crecimiento.

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—Ahora está Vaca Muerta como gran oportunidad. Hay un contexto internacional favorable para el agro y la minería, pero al mismo tiempo hay sectores como la industria con caídas fuertes. ¿Cómo se miran esas dos dinámicas desde CIPPEC?

—Argentina está atravesada por dos fuerzas. Una es la estabilización macroeconómica. Reducir la inflación suele ser un proceso doloroso en la mayoría de los casos, muchas veces ha fracasado en el mundo y en Argentina, sobre todo.

Y la otra es una transformación del modelo económico, desde una economía muy cerrada y regulada hacia una más abierta y desregulada, con la expectativa de que eso genere más inversión, más empleo y más exportaciones.

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En el medio hay muchos inconvenientes. Está la reconversión, que es la discusión que venimos teniendo, de cómo pasamos de la estructura vieja a la nueva sin destruir tanto valor, manteniendo nuestras empresas y no creando todo desde cero, porque eso es mucho más costoso y menos eficiente.

Al mismo tiempo está la estabilización macroeconómica, que es complicada. El Gobierno viene de atravesar una crisis el año pasado que le generó un freno en el proceso. La inflación empezó a subir, después a bajar, y eso dio como resultado una economía a dos velocidades: sectores ganadores creciendo mucho y sectores perdedores —muy intensivos en mano de obra, como comercio, industria y construcción— en retroceso.

Esto tiene que ver no solo con la transformación, sino también con que el proceso de estabilización tropezó con la crisis del año pasado. Afortunadamente no nos caímos, pero ahora cuesta volver a arrancar.

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¿Dónde se ve la variable clave? En el crédito. No hay ninguna economía que pueda crecer sin crédito. Lo dijo el ministro Caputo hace algunos días: el crédito es fundamental para lubricar el crecimiento.

Infobae publicó que volvió a subir la mora. El sector bancario viene golpeado porque el crédito se frenó, y la economía necesita que vuelva a arrancar. Si eso ocurre, se va a reactivar el consumo, parte de la construcción y se van a empezar a recuperar los sectores más golpeados.

Si además logramos conectar los sectores perdedores con los ganadores —por ejemplo, como proveedores de bienes o servicios—, eso puede generar un efecto de arrastre.

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Lo que pasa en Neuquén es un ejemplo claro: hay crecimiento, migración interna —cien familias por semana— y desarrollo urbano. Ese es el desafío para el resto del país.

—Este Gobierno parece más enfocado en remover obstáculos que en generar políticas activas de desarrollo. ¿Hay espacio para eso?

—Creo que el Gobierno tiene una agenda del presente, una agenda de lo urgente, muy ambiciosa por la complejidad de las reformas que está encarando: reforma tributaria, laboral, previsional, coparticipación, infraestructura.

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Y además tiene que estabilizar la economía, que es “apagar el incendio”. En ese contexto, es difícil pensar en políticas de desarrollo más sofisticadas, que implican ver cómo conquistar mercados, cómo aprovechar acuerdos como el Mercosur–Unión Europea, cómo generar empleo a partir de eso.

Eso sería la etapa siguiente, la de “decorar la casa”.

Cuando se pide una reforma tributaria, es para eliminar impuestos distorsivos. Argentina tiene un récord mundial en ese sentido: impuestos como Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque, retenciones, sellos, que suman casi ocho puntos y medio del PBI. Eso no lo tiene ningún país.

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Esos impuestos se exportan con los bienes y afectan la competitividad. Por eso hay empresas que se van a Uruguay, Paraguay o Australia. No es que acá sean ineficientes y allá eficientes: son las mismas empresas, pero con condiciones distintas.

El Gobierno dice: “déjenme que estoy apagando el incendio”. Y los empresarios dicen: “todavía no me hiciste la reforma tributaria y ya abriste la economía”.

En eso entiendo al Gobierno, pero también a los empresarios.

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El tipo de cambio no está tan atrasado si uno lo compara históricamente, pero antes había menos impuestos, más crédito y energía más barata. Hoy las condiciones son distintas.

Las grandes empresas tienen acceso al crédito, pero las pymes enfrentan tasas altísimas. En ese contexto, el dólar actual se siente.

Esa es la tensión. El Gobierno no puede ir más rápido por restricciones fiscales y políticas, y las empresas no pueden ajustar más de lo que ya lo están haciendo. Los dos tienen parte de razón.

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—En esa agenda de “crecer o crecer”, ¿cuál sería el primer paso o qué reforma debería acordar la política o el llamado “círculo rojo”?

—Yo le digo “círculo CIPPEC”, que no es rojo, no es violeta, no es celeste ni amarillo. Es el ámbito donde estamos todos los que discutimos política pública en la Argentina.

Deberíamos tener algunos acuerdos básicos, muy básicos. Ya lo hicieron Brasil, Chile, Colombia, Perú. Hay cosas que no se discuten. En Perú se van los presidentes, pero no se va el presidente del Banco Central y la política monetaria no cambia.

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No es que con ese acuerdo se come, se cura y se educa. Con eso apagás el incendio básico. Después tenés que ver cómo construís una casa arriba de eso. El problema es que en la Argentina tenemos un incendio cada dos años y no salimos de eso.

Si acordamos en estas tres cosas —que pueden ser más, pero al menos estas— que son bastante preideológicas en la mayoría de los países: respetar los contratos, mantener el equilibrio fiscal y que el Banco Central no sea una maquinita de imprimir pesos, eso no te garantiza que vas a crecer, pero sí que no se te incendia la casa cada dos años.

Respetar los contratos es clave. El RIGI es un contrato entre el Estado y las empresas, y hay que respetarlo. Después se puede discutir si se mantiene o no hacia adelante, pero lo firmado hay que cumplirlo.

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Puede venir un Congreso y decir “no hay más RIGI”, pero no violar lo anterior. Eso es lo que da seguridad jurídica.

El equilibrio fiscal también es un punto en el que, incluso sectores de la oposición, empiezan a coincidir. Y lo tercero es no financiar al Tesoro con emisión.

Son acuerdos básicos, preideológicos. El Gobierno no podría oponerse, y la oposición podría adoptarlos para ser más competitiva.

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—El tema es si la oposición, hoy representada en gran parte por el peronismo, está en condiciones de asumir esos compromisos.

—No sabemos cómo se va a configurar la oposición, porque eso cambia todo el tiempo. Hace algunos años era Juntos por el Cambio, después fue Milei, ahora vuelve a reconfigurarse.

El peronismo es un espacio muy amplio, muy diverso. Hay que ver cómo se ordena, quiénes son sus candidatos, si hay uno o varios liderazgos.

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Más allá de eso, este tipo de acuerdos le convienen a todos los argentinos. No es una cuestión ideológica ni partidaria.

No digo que esto sea una religión ni que haya que imponerlo, pero sí que sería bueno para el Gobierno, para la oposición y para el país, porque evitaría crisis y permitiría empezar a pensar la agenda del futuro.

—CIPPEC trabaja hace años sobre temas como educación y sistema previsional, que la política suele postergar. ¿Puede la política incorporar esos temas?

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—Yo noto cambios, sobre todo en el vínculo con las provincias y los gobernadores. Estamos trabajando, por ejemplo, en aplicar inteligencia artificial para reducir la deserción escolar en varias provincias, con resultados muy interesantes.

Hay provincias que ya están pidiendo reformas educativas concretas. Eso muestra que, en la medida en que se pueda salir de la emergencia, se empieza a pensar en el largo plazo.

Creo que ese es el rol de CIPPEC: ayudar a implementar la agenda del presente para estabilizar la economía, promover acuerdos básicos y abrir el diálogo, pero al mismo tiempo empezar a pensar la agenda que viene.

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Una vez que se apaguen los incendios, hay que construir una agenda superadora, que permita aprovechar el potencial de la Argentina: la cordillera, el agro, la energía, toda la cadena de valor asociada.

Los países que crecieron lo hicieron así. Con los mismos recursos naturales se puede ser Noruega o Nigeria.

Si esos recursos no se transforman en mejor educación, en mejores servicios públicos, en diversificación productiva, en más sectores que paguen buenos salarios, no hay desarrollo.

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Cuanto más productividad, mejores salarios se pueden pagar. Y cuanto más sectores productivos y eficientes, mayor integración a la economía moderna.

El problema es que en Argentina estamos muy enfocados en la coyuntura. Yo mismo, que soy macroeconomista, lo reconozco: estamos entrenados para pensar en la urgencia, en el dólar, en la inflación, en el plan de estabilización.

Hoy la mayor contribución que puede hacer CIPPEC es no solo seguir pensando las reformas que ya están en agenda, sino empezar a trabajar en la agenda del futuro.

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Los detalles de la cadena nacional de Milei sobre la reforma del BCRA: equipo económico, mensaje corto y foco técnico

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El Gobierno ultima los detalles de la cadena nacional en la que Javier Milei presentará la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. En el Ejecutivo aseguran que el Presidente convocó al equipo económico para grabar el mensaje este jueves, unas horas antes de su emisión, prevista para las 20.

La grabación se realizará alrededor de las 16 en el Salón Blanco de la Casa Rosada y estará a cargo del director de Realización Audiovisual, Santiago Oría. En Balcarce 50 estiman que el mensaje durará entre 20 y 30 minutos. “Va a ser corta”, expresan en Nación. La decisión es concentrar la escena en los funcionarios que intervinieron en la elaboración de la iniciativa.

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En el oficialismo esperan que acompañen al Presidente el ministro de Economía, Luis Caputo; el titular del Banco Central, Santiago Bausili; y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. Los tres participaron en la preparación técnica y política de la reforma que el Ejecutivo enviará al Congreso. “Cuando el tema es económico, va solo el equipo”, agregan.

En distintos despachos adelantan, sin embargo, que la exposición será “más formal” que otras intervenciones del mandatario y que tendrá un contenido principalmente técnico. El jefe de Estado va a explicar los principales cambios en las funciones y la gobernanza del BCRA. Entre ellos aparecen la recuperación de la preservación del valor de la moneda como mandato central, las restricciones al financiamiento del Tesoro y el endurecimiento de las condiciones para remover a las autoridades de la entidad.

El Presidente ya anticipó que la reforma prohibirá la asistencia directa o indirecta al fisco, eliminará las Letras Intransferibles y limitará la distribución de utilidades. También planteó que la remoción del presidente y del directorio del BCRA requerirá los dos tercios de ambas cámaras del Congreso.

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En Nación esperan que Milei contraste el proyecto con el funcionamiento del organismo durante administraciones anteriores. El principal antecedente que utilizará será la modificación de la Carta Orgánica sancionada en 2012, durante la presidencia de Cristina Kirchner y la gestión de Mercedes Marcó del Pont al frente de la autoridad monetaria.

El principal antecedente que utilizará será la modificación de la Carta Orgánica sancionada en 2012 (Foto: AFP).

La última reforma amplió los objetivos del Banco Central e incorporó, además de la estabilidad monetaria y financiera, metas relacionadas con el empleo, el desarrollo económico y la equidad social. Milei sostiene que esa modificación habilitó un mayor uso de la entidad para financiar al Tesoro y transferir reservas mediante Letras Intransferibles.

Pese a esa confrontación, en el Gobierno insisten en que el tono central no será partidario. “Será con foco técnico”, expresan cerca de la preparación del mensaje. La intención es que la cadena funcione como explicación del proyecto y como presentación institucional del próximo eje de la gestión.

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Leé también: El Gobierno relativiza el reclamo de Cristina Kirchner ante la ONU y evalúa su impacto en la estrategia electoral

La Casa Rosada busca además utilizar la exposición para ordenar la narrativa económica de la campaña presidencial de 2027. El oficialismo quiere asociar la reforma con la baja de la inflación y presentar los cambios legales como una garantía para impedir que futuras administraciones vuelvan a financiar el déficit mediante emisión monetaria.

En la mesa política creen que el anuncio permitirá trasladar el debate desde las medidas coyunturales hacia las reglas permanentes del programa. Milei pretende sostener que la desaceleración de los precios no debe depender únicamente de la disciplina fiscal de su gobierno, sino de límites institucionales que alcancen a las próximas gestiones.

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La cadena marcará además el comienzo de la estrategia legislativa. El Ejecutivo apunta a tratar la reforma en una megasesión en la Cámara de Diputados hacia fines de agosto, junto con los cambios a la Ley de Inocencia Fiscal, que ingresaron al Congreso la semana pasada. Nación dejó afuera de este primer paquete la posibilidad de reforzar la autonomía del Indec. La propuesta había sido acercada por legisladores libertarios.

El Ejecutivo también prevé impulsar luego el tratamiento del pliego de Bausili. La secuencia definida es aprobar primero la nueva Carta Orgánica y luego impulsar en el Senado el acuerdo para regularizar la designación del funcionario hasta septiembre de 2028. La última cadena nacional no protocolar de Milei fue el 27 de marzo, cuando comunicó el fallo favorable para la Argentina en el juicio por la expropiación de YPF. Lo acompañaba el Gabinete.

Javier Milei, cadena nacional, Banco Central

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Un anuncio ortodoxo y un plan de alianzas: Milei quiere ahuyentar el fantasma del péndulo

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Javier Milei se dirigirá esta noche al país en una cadena nacional para anunciar su proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central, centrado en castigar a la “maquinita” y cerrar la canilla del financiamiento al Tesoro. A priori, dicen en la Casa Rosada, no está previsto que su discurso tenga un mensaje dirigido al ciudadano que tiene el bolsillo castigado, ni una promesa de mejoras de corto plazo en el poder adquisitivo para esa mayoría de argentinos que habita los grandes conglomerados urbanos. Será el Milei de siempre: técnico y ortodoxo.

Con el aura de relevancia que tienen los mensajes presidenciales dirigidos al país, el Presidente va a dejar en claro que solo piensa en profundizar en su modelo económico actual, sin correcciones ni otras recetas para apuntalar el consumo.

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La premisa que circula en la política de cara a 2027 -tanto en el oficialismo como en la oposición- es que, sacando a los tres grandes motores de la macro (la energía, la minería y el agro) los ingresos de las familias difícilmente tendrán un despegue. En un escenario sin sobresaltos, el repunte será lento. “La perspectiva es un salario real estable. Si se mira un gráfico de lejos es una línea más o menos plana”, consideró el exministro de Economía, Hernan Lacunza ayer en Infobae.

Milei presentará hoy la reforma ede la carta orgnánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) (Foto: REUTERS/Enrique Marcarian)

No es muy distinta la previsión que hacen en la Casa Rosada. Si bien dentro del libreto oficial comenzó a asomar una respuesta al reclamo por los ingresos, la morosidad y el empleo – “trabajamos para que cada vez menos gente no llegue a fin de mes”- no se prevé un cambio sustancial para la industria y el comercio. “La pregunta por el bolsillo nos va a acompañar todas las semanas. Y va a ser el principal argumento de la oposición. El desafío es demostrar que el esfuerzo vale la pena. Que tiene sentido dejar madurar al plan económico”, dijo a Infobae una alta fuente de la Casa Rosada.

Es por eso que, mientras Milei cristaliza su modelo económico, el Gobierno despliega un masterplan de alianzas para apuntalar el plan de reelección. Se busca aunar fuerzas en lo internacional y en lo nacional para ahuyentar el mayor temor que tiene el oficialismo: el fantasma del péndulo argentino.

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(Casi) todo acorde al plan

En la agenda internacional de esta semana, los insultos de Javier Millei le profirió a Luiz Inacio Lula Da Silva en su propia tierra no formaron parte de un guión prefabricado ni de una estrategia geopolítica. A veces, la agenda del Gobierno se adapta a exabruptos que forman parte del carácter del Presidente y a un estado de agitación alimentado por lo que él lee en redes sociales. Lo que sí formó parte de un plan para perpetuar al líder de La Libertad Avanza (LLA) fue la idea de entronizarlo como el principal referente de la derecha latinoamericana y, sobre todo, como el enviado de Donald Trump en la región.

Javier Milei junto a Flavio Bolsonaro en Brasil (Foto: REUTERS/Jean Carniel)

En la cúpula del Gobierno quieren que Milei sea el líder de la “ola azul”, como se le llama al conservadurismo en la región, pese a que en los Estados Unidos los republicanos se identifican con el rojo. Un primus inter pares de los jefes de Estado de derecha que fueron electos en los países del cordón de la Cordillera de los Andes: Keiko Fujimori (Perú), Abelardo de la Espriella (Colombia), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz (Bolivia) y José Antonio Kast (Chile). El mandatario argentino quiere liderarlos porque se considera el primer llegado -aunque Noboa también asumió en 2023- y el preferido de Trump.

A ese bloque podrían sumarse otros mandatarios centroamericanos ideológicamente alineados como Nayib Bukele (El Salvador), José Raúl Mulino (Panamá); Nasry Asfura (Honduras) y Luis Abinader Corona (República Dominicana).

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Alimenta ese posicionamiento estratégico el consultor de Milei, Santiago Caputo, que está extremadamente conectado con segundas líneas de algunos de esos gobiernos. Se reunió en Buenos Aires con Cristian Valenzuela, el principal asesor de Kast. Y estuvo encima de las elecciones en Perú: además de haber mantenido un encuentro en la Casa Rosada con el vicepresidente electo de ese país, Luis “Garfio” Galarreta, expertos del entorno de Caputo habrían brindado servicios al equipo de campaña de Fujimori. Milei señala a Lula por el rol que tuvieron sus gurúes en la campaña de Sergio Massa en 2023, pero en los servicios de consultoría política no hay fronteras.

Volviendo a lo que marcha acorde al plan y lo que no, la idea de fortalecer a Milei como un referente regional de extracto ideológico nunca contempló el insulto a Lula, ni una tensión diplomática sin precedentes con Brasil: en el último siglo, Itamaraty nunca había llamado a consulta a su embajador en Buenos Aires como hizo con Julio Bitelli (hubo otro episodio en 2024, aunque más light).

El presidente Javier Milei y su homólogo de Brasil, Lula da Silva (Foto: REUTERS)

En el mismo acto donde Milei le dijo a Lula “ladrón” y “presidiario” estaba el canciller Pablo Quirno, que no tuvo más salida que aplaudir la performance presidencial. “Se percibe eso claramente en el video”, reconoció a Infobae una fuente muy al tanto de la deliberación que hay por estas horas en la diplomacia brasileña.

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Según pudo reconstruir este medio, el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores estaba allí, en el acto de presentación de la candidatura de Flavio Bolsonaro, por una cuestión logística: siempre acompaña a Milei en sus actividades en el exterior. Pero no se preveía que su presencia se leyera como una convalidación a la embestida contra el jefe de Estado vecino. Nadie pensó en cruzar la línea entre lo político/ideológico y lo diplomático/comercial.

De hecho, quienes buscan que Milei se empodere como un referente regional admiten que en la calculadora estratégica se contempla que Flavio Bolsonaro, de acuerdo a los sondeos, hoy tiene pocas chances de ganarle a Lula los comicios presidenciales en octubre en su país. Si el hijo del expresidente brasileño se impusiera, asomaría un competidor serio ante Washington. Cabe recordar que su hermano, Eduardo Bolsonaro (condenado como su padre por la Justicia brasileña), quiso ser embajador en los Estados Unidos, reside allí y días atrás obtuvo la green card.

La seguidilla de triunfos de líderes outsiders ¿Muestra una tendencia a los gobiernos de ultraderecha? ¿O una impaciencia democrática que vota el cambio? ¿Hacia a dónde se movilizan las sociedades una vez que probaron la experiencia antisistema? Milei será, en la “marea azul”, el primero en ponerse a prueba.

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Milei mantuvo una reunión bilateral con Keiko Fujimori en el día de su asunción como presidenta de Perú

Acuerdos con los gobernadores

En lo doméstico, el plan de alianzas implica ir zurciendo acuerdos con los gobernadores. Ya está claro lo que quieren los mandatarios provinciales: desdoblar (en muchos casos, en la primera mitad del año) y reelegir. En la Casa Rosada hablan de fijar las reglas de juego del 2027 a más tardar en septiembre. Eso implica que en agosto se irá apuntalando la reforma electoral. En particular, la suspensión de las PASO (ya casi no se habla de eliminación).

Karina Milei dio una enorme demostración de que trabaja con una estrategia distinta a la del 2025, recordada como “pintar el país de violeta”. Días atrás, en la reunión con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, para la cesión de la Ruta Nacional A012 -el anillo vial que rodea Rosario y conecta el tránsito del complejo agroexportador- se mostró como una típica política del sistema. Ahora cumplirá con otro pedido del gobernador: el Ministerio de Justicia enviará pliegos de jueces de Santa Fe en una próxima tanda al Senado.

Si bien no hubo conversaciones concretas en lo electoral con Pullaro, en el Gobierno creen que sería uno de los casos donde LLA buscará cerrar un pacto de no agresión. No es un caso menor: Santa Fe es la tercera provincia más poblada del país y allí la representante violeta es Romina Diez, íntima amiga de la hermana presidencial. Pullaro es un gobernador que hasta acá no fue un aliado. Pero aquel intento suyo de fortalecer un espacio federal (Provincias Unidas) para dar la pelea nacional hoy está sin vitalidad.

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No es el mismo escenario que se prevé, por caso, para Córdoba. En esa provincia los libertarios quieren dar la pelea. “Ya se ganó con (Gonzalo) Roca. Hay motivos para pelear”, dicen en el karinismo. De mínima, los libertarios deberían llegar a algún tipo de acuerdo con actores como Luis Juez y Rodrigo De Loredo.

¿En qué provincias los libertarios podrían dar la pelea? Cerca de la hermana presidencial hablan de Salta (eventualmente, con la senadora Emilia Orozco), de Río Negro (con el diputado Anibal Tortoriello, recientemente afiliado a LLA) y de Tierra del Fuego (con el senador Agustin Coto), ademas de la provincia de Buenos Aires con Diego Santilli. Una duda sobre el camino a seguir es Neuquén, la joya del país, en donde Karina tiene a Nadia Marquez como lugarteniente.

El jefe de Gabinete, Diego Santilli, se reunió con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, la semana pasada

En buena parte de las provincias, madura la idea de hacer un acuerdo con el gobernador para evitar que una fractura de la centroderecha le habilite un triunfo al peronismo. Es el caso de las alianzas que ya se estrenaron en 2025 –Entre Ríos (Rogelio Frigerio), Mendoza (Alfredo Cornejo), Chaco (Leandro Zdero), San Luis (Claudio Poggi)- a las que pueden sumarse Corrientes (ahí no está en juego la gobernación, hoy a cargo de Juan Manuel Valdes), San Juan (Marcelo Orrego), Jujuy (Carlos Sadir) y Chubut (Ignacio Torres), aunque en ese último caso no hay gran sintonía entre el gobernador y Karina Milei. En La Pampa, por caso, se especula con un acuerdo con la UCR detrás de la figura del diputado Martin Berhongaray para dar la pelea contra el gobernador Sergio Zillioto.

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Los libertarios no tienen exponentes competitivos en la mayoría de las provincias. De todas formas, Karina Milei le ordenó días atrás al apoderado de LLA, Santiago Viola, que pusiera los papeles del partido en orden en los 24 distritos.

El paquete de alianzas provinciales que busca la Casa Rosada contempla, además, un eventual pacto político con el PRO. En eso vienen trabajando Santilli y Cristian Ritondo, que administran los tiempos y los egos con el afán de cerrar una alianza en la Ciudad, en la provincia y en el interior del país. En el partido amarillo dicen que desde el Gobierno hicieron saber que Karina Milei pretende que el interlocutor de la negociacion sea Mauricio Macri. Todavía no hubo un encuentro de alto nivel post Mundial, pero podría darse de un momento a otro.

Macri se mueve lento. Todavía no bendijo a su primo Jorge Macri para que juegue la reelección en la Capital Federal, pese a que el alcalde ya anunció que va por un segundo mandato. Fernando De Andreis y Guillermo Dietrich son otros nombres que suenan en el campamento amarillo como potenciales candidatos, a modo globo de ensayo.

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El expresidente Mauricio Macri (Foto: PRO)

La agitada agenda de Milei esta semana postergó la instancia de mesa política. Después de dos viajes internacionales, el Presidente se apresta a hacer el anuncio del BCRA, que tiene su sello. Patricia Bullrich carga con una mochila pesada de cara a las próximas semanas: el próximo jueves se trata el proyecto de Ley de Propiedad Privada y el poroteo está difícil. En el caso del bloque de la UCR (que suma 10 senadores) algunos no acompañarán. Carolina Losada, por ejemplo, apoyaría, pero Maximiliano Abad no.

Con este escenario, en el Gobierno desaceleraron el proyecto ómnibus de Federico Sturzenegger para desregular múltiples industrias (como el libro, los medicamentos y el vino). En el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado dicen que la iniciativa “todavía no está lista”. Y en Balcarce 50 aseguran que todavía el tema no pasó por el tamiz de la mesa política. En principio, Bullrich tiene una larga lista de iniciativas en espera: además de Propiedad Privada, la Ley de Sociedades, el super RIGI, Hojarasca y Etiquetado Frontal. Muchos son proyectos del propio Sturzenegger.

Además, el Senado tiene que tratar los pliegos de los jueces: hay 74 pliegos en el Senado (100 ya fueron aprobados) y en los proximos dias el Poder Ejecutivo enviará otros 25. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, estuvo reunido con Milei ayer en la quinta de Olivos. En su entorno aseguran que sigue en pie la idea de no enviar candidatos a la Corte Suprema -que tiene dos vacantes- antes del recambio presidencial de 2027.

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Mahiques y Viola, número uno y dos del Ministerio de Justicia, cuidan sus movimientos para no quedar bajo la lupa del propio Gobierno por el entramado judicial en torno a Claudio “Chiqui” Tapia. Está la lupa puesta en la vacante que hay en el juzgado Nacional en lo Penal Económico N°10, que tiene a su cargo la causa de la quinta en Pilar. Se hablaba de la posible postulación de María Pérez-Cárrega, secretaria letrada del camarista y consejero vinculado al kirchnerismo Alberto Lugones, que saltó del puesto 12° al 4° en el concurso y fue incluida en la terna que ahora analiza el Poder Ejecutivo. Pero el avispero se movió de tal forma que en el Gobierno dan por sentado que ella no será la elegida.

En cambio, el Gobierno quiere empujar en el Senado los pliegos de los jueces penales económicos Juan Pedro Galván Greenway y Alejandro Catania para integrar la Cámara de ese fuero. Hoy están congelados porque no tienen el visto bueno de Bullrich.

Son agendas que aprovechan la ventana de tiempo, cada vez más estrecha, que queda hasta que se inaugure la temporada electoral. La reaparición en escena ayer de Cristina Kirchner (su hijo, Maximo, subrayó que ella “mostró su voluntad de participar en la vida pública”) movió una ficha en la oposición. El esquema de alianzas del Gobierno tendrá un impacto en el Congreso. El objetivo del oficialismo es sostener la estabilidad económica y política en el tiempo. Recrear un clima que estire la paciencia social. Y que convenza a los mercados que el modelo Milei todavía aguanta.

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POLITICA

Javier Milei y sus medidas, en vivo: la cadena nacional sobre la reforma del Banco Central y la tensión con Brasil

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Hace apenas tres años, el entonces candidato presidencial Javier Milei proponía “dinamitar” el Banco Central (BCRA) y definía al peso como “excremento”. Este jueves, por cadena nacional, el Presidente anunciará una reforma que, según consideran en Casa Rosada, resulta “equivalente a cerrarlo”. La diferencia es que, en lugar de eliminar la institución, el Gobierno buscará reducirla a una función mucho más acotada: preservar el valor de la moneda y actuar como proveedor de liquidez, sin posibilidad de financiar al Estado.

El ministro de Economía, Luis Caputo, junto al presidente Javier MileiLUIS ROBAYO – AFP

Según pudo reconstruir , Milei enviará al Congreso un proyecto para modificar la Carta Orgánica del BCRA que tendrá cuatro ejes centrales. El primero será establecer que el único mandato de la autoridad monetaria sea preservar el valor de la moneda. El segundo, prohibir de manera taxativa el financiamiento directo e indirecto al Tesoro Nacional. El tercero, eliminar las letras intransferibles emitidas por el Estado en favor del Banco Central. Finalmente, la iniciativa buscará fortalecer la gobernanza de la entidad, otorgando mayor estabilidad a sus autoridades y elevando los requisitos para remover al presidente y al directorio.

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