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Luciano Laspina: “Argentina necesita acuerdos básicos para evitar una crisis cada dos años”

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Luciano Laspina volvió a la escena pública desde un lugar distinto. Después de años en el Congreso como uno de los referentes económicos del PRO, ahora ejerce el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), una de las organizaciones más influyentes en la producción de políticas públicas en la Argentina. Desde ese rol, intenta correrse de la lógica partidaria sin abandonar el núcleo del debate: cómo ordenar una economía que lleva más de una década y media sin crecer.

El directivo habló a días de la cena anual de la entidad, que este año se presenta bajo una consigna tan simple como contundente: “Crecer o crecer”. El encuentro se realizará el lunes 20 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, y contará con la participación de dirigentes políticos de todo el espectro ideológico, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil. Allí, hablarán José Orlando, presidente de Consejo de Administración de CIPPEC, y Luciano Laspina.

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En una entrevista con Infobae, el flamante director ejecutivo resalta que no se trata de un eslogan sino de un diagnóstico estructural. Define esa idea como un “rezo laico”, una expresión que condensa el punto de partida de su análisis: la Argentina no genera empleo, acumula pobreza y atraviesa crisis recurrentes que impiden cualquier horizonte de desarrollo sostenido.

En ese marco, introduce un planteo que busca correrse de la grieta clásica. Sostiene que antes de discutir modelos económicos —más Estado o menos Estado, más apertura o más protección— el país necesita un conjunto de acuerdos básicos que eviten las crisis cíclicas. Los define como “preideológicos” y los reduce a tres pilares: respeto por los contratos, equilibrio fiscal y una política monetaria que no utilice al Banco Central para financiar al Tesoro.

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La propuesta no es menor en el contexto actual. El gobierno de Javier Milei avanza con un programa de estabilización y desregulación profunda, mientras la oposición mantiene cuestionamientos sobre el rumbo económico y las herramientas elegidas. En ese escenario, la posibilidad de construir consensos aparece lejana. El propio Laspina reconoce que puede sonar “utópico”, pero sugiere que, por primera vez en años, podrían existir incentivos alineados para avanzar en ese sentido.

La entrevista también permite asomarse a una tensión central del momento económico. Por un lado, la estabilización macroeconómica, con la baja de la inflación como objetivo prioritario. Por otro, una transformación estructural que implica pasar de una economía cerrada y regulada a otra más abierta y competitiva. Ese proceso, advierte, genera una dinámica desigual: sectores que crecen con fuerza y otros —intensivos en empleo— que retroceden.

Hoy hay una economía a dos velocidades”, sintetiza. Y en ese diagnóstico incorpora una variable clave para entender el freno actual: la falta de crédito. Sin financiamiento, explica, no hay consumo ni inversión que permita recomponer a los sectores más golpeados, como la industria, el comercio o la construcción.

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En ese equilibrio inestable, Laspina evita alineamientos automáticos. Reconoce la lógica del Gobierno —“apagar el incendio” macroeconómico— pero también señala las limitaciones que enfrentan las empresas para adaptarse a una apertura rápida en un contexto de alta presión impositiva, costos financieros elevados y falta de infraestructura. “Los dos tienen parte de razón”, afirma, en una definición que intenta describir más que tomar partido.

Desde CIPPEC, su apuesta apunta a otro plano: pensar la transición sin destruir capacidades existentes. “Es mucho más eficiente reconvertir sobre los cimientos que empezar de cero sobre las ruinas”, plantea. La idea de fondo es encontrar una “diagonal” que permita integrar las dos tradiciones económicas de la Argentina —la industrial y la exportadora— y evitar una nueva reedición de esa tensión histórica.

En ese marco, la discusión de fondo vuelve a aparecer: si la política argentina está en condiciones de salir de la lógica de la urgencia permanente y avanzar en acuerdos mínimos que garanticen estabilidad. Para Laspina, ese es el punto de partida indispensable. No para asegurar el crecimiento, sino, al menos, para dejar de retroceder.

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La entrevista a Luciano Laspina

—Un nuevo rol después de haber sido diputado tantos años, diputado por el PRO. ¿Cómo fue ese paso del ámbito político al ámbito de una organización civil como CIPPEC?

—Sí, efectivamente estoy dirigiendo CIPPEC, que es el Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Es una institución que piensa políticas públicas en muchas áreas, básicamente desarrollo económico, desarrollo social, educación, gobierno y Estado, para tener un Estado más eficiente. Tiene muchísima reputación en Argentina, más de veintiséis años aportando al debate de políticas públicas. Han pasado más de mil investigadores por CIPPEC. Muchos están en el sector privado, otros han ido a la función pública en distintos gobiernos, de distinto signo político. La verdad que muy contento. Para mí es una forma de poder seguir aportando desde otro lugar, seguir en lo que me gusta, que son las políticas públicas, pero ahora desde la sociedad civil, sin estar en la trinchera de la pelea partidaria. En lo personal, feliz de poder hacer un aporte. Creo que hay mucho para pensar de la Argentina que viene, mucho para discutir, y esa es la razón de ser de CIPPEC.

—El lunes 20 se va a realizar la cena anual, el encuentro que toda la política, todo el círculo rojo, los periodistas y empresarios vamos habitualmente. Es un encuentro muy oportuno para discutir otros temas, aparte de los temas urgentes o de coyuntura. Este año se convoca bajo la consigna “Crecer o crecer”. ¿Qué significa este lema?

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—Es un lema que yo digo más que un lema es un rezo laico, porque es lo que necesita Argentina después de una década y media sin crecer, donde no hemos generado empleo, donde la pobreza ha ido creciendo.Lo que planteamos es que el crecimiento, sobre todo cuando tiene que generar inversiones, empleo de largo plazo, requiere de tener estabilidad en las reglas de juego.

Estabilidad en las reglas de juego requiere tener una serie de acuerdos básicos que eviten que Argentina tenga una crisis cada dos años, como ha tenido en promedio en los últimos quince. La última la tuvimos el año pasado en la crisis electoral. Vino el Tesoro americano, nos dio una mano y pudimos evitar una crisis, una megacrisis, una devaluación, y afortunadamente el Gobierno tuvo la habilidad de conseguir esa ayuda, porque si no hubiésemos tenido una crisis aún mayor, y eso es lo que tenemos que evitar.

CIPPEC es un ámbito de diálogo que junta a las fuerzas políticas de todos los sectores y vemos ahí, creo que esta vez, cierto campo para ponernos a pensar la Argentina del futuro, pero también quizás plantear una serie de acuerdos básicos, mínimos, de entendimientos entre distintos sectores de la política para que Argentina no tenga una crisis.

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Yo creo que eso debería ser un acuerdo muy chiquito, preideológico, que entre las principales fuerzas políticas en competencia digan:

-Vamos a garantizar la continuidad de los contratos. Básicamente, no queremos defaultear otra vez ni reestructurar y todas esas cosas que hace Argentina dos por tres.

-Queremos mantener el equilibrio fiscal, que es una bandera que incluso fuerzas más progresistas o del campo nacional y popular están empezando a abrazar.

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-No vamos a usar el Banco Central como quinta rueda del carro para imprimir pesos para darle al Tesoro, que es lo que genera la inflación a largo plazo.

Son tres acuerdos preideológicos muy parecidos a lo que hicieron Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso en el 2002, que a partir de ahí garantizó la estabilidad macroeconómica en Brasil.

Hoy hay campo fértil para lograr lo que nunca se logró, que nos pongamos de acuerdo en algo los argentinos, en esa lucha fratricida que muchas veces tenemos, porque esto es una bandera que el Gobierno nacional abrazaría sin ningún problema y porque yo creo que le serviría a la oposición para ser más competitiva.

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Si logramos eso va a ser muy bueno para los dos sectores, pero sobre todo para la Argentina.

—Hay un requisito previo, una condición, que es que las partes quieran aceptar sentarse en una misma mesa. No se está viendo mucho eso. Sobre todo de los dos sectores políticos más importantes o que polarizan la Argentina, ¿es posible ese acercamiento? Pienso en Milei o su gente, en Axel Kicillof, en Juan Grabois u otros dirigentes del peronismo.

—Sí, parece medio Argentina año verde, utópico. Primero doy una visión institucional y después puedo hacer más análisis político.

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Institucionalmente es un poco el rol de CIPPEC sentar a la mesa a muchos actores. Tampoco pretendemos que esto sea la única bandera. Parte de nuestro rezo laico para crecer es que no tengamos crisis, que podamos acordar en las cosas mínimas que evitan que haya una crisis, y ese es el rol de CIPPEC.

Ahora, al mismo tiempo, cuando veo las partes, creo que puede haber incentivos alineados esta vez, por distintas razones, para tener ese acuerdo que permita por lo menos —no digo estabilizar definitivamente la economía, no digo crecer— sino evitar crisis.

Y después, el resto, que lo definan las urnas: si queremos una economía más cerrada, más abierta, más regulada, más desregulada; si queremos equilibrio fiscal con más impuestos y más gasto público, o un Estado más chico con menos impuestos.

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Pero por lo menos decir: bueno, sabemos que no tenemos una crisis inflacionaria, una crisis fiscal, una crisis de deuda, que son las que cada dos años, en promedio, nos generan una turbulencia y nos hacen retroceder cinco casilleros.

—En una columna que usted publicó hace algunos días hablaba de la necesidad de construir sobre los cimientos de lo anterior y no sobre los escombros del sistema anterior. ¿Qué significa esa idea?

—Argentina está en un proceso de transformación muy importante. Viene de ser una economía muy cerrada, hiperregulada, y ahora se está abriendo al mundo, se está desregulando, y obviamente eso va a generar ganadores y perdedores.

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Hay un acuerdo, por lo menos en un pedazo importante de la sociedad e impulsado por el Gobierno, de que Argentina se tiene que integrar al mundo, y creemos desde CIPPEC que no hay país que haya crecido y desarrollado sin explotar la demanda global, sin salir a conquistar el mundo.

Hay todo un proceso de reconversión que hay que hacer. El punto es que es mucho más eficiente hacerlo sobre los cimientos de los que ya hay que sobre las ruinas. ¿En qué sentido? Más que quebrar todas nuestras empresas y que se fundan y empiece todo de cero, tratar de ver cómo hacemos para ayudar a reconvertir a las empresas.

Muchos lo van a hacer privadamente, tratando de rebuscárselas. El cinturón metalmecánico de la ciudad de Rosario ya está virando hacia Vaca Muerta, porque antes estaba enfocado en consumo masivo o en producción local y ahora está viendo cómo se suma a esa cadena de valor. Tenemos que ayudar a que eso ocurra.

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Esto no implica ni subsidiar ni subir aranceles, sino ver qué elementos necesitan, cómo adaptamos la política educativa, la infraestructura, la política financiera, para reconvertir la Argentina con nuestras empresas, nuestros empleados, el capital que ya tenemos invertido, las capacidades que se han creado para ir a esa nueva Argentina.

Los que no se puedan reconvertir, lamentablemente, habrá que ver cómo se los asiste desde otro lado. Este es un desafío que hay que pensar, en una Argentina que está cambiando en muchos aspectos.

Lo que pasa en Neuquén es un modelo espectacular, porque está la sociedad civil, el Gobierno, los sindicatos y las empresas todos ligados detrás de un gran proyecto, que es Vaca Muerta, que va a implicar el desarrollo de la provincia y todo su potencial geológico, pero que al mismo tiempo va a derramar en toda la sociedad.

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Eso mismo hay que encontrar para toda la Argentina. Cada uno tiene que tener su proyecto de progreso, donde sienta que eso que está pasando le va a llegar, y si no le llega directamente, le llega a sus hijos.

Ese sueño puede ser una diagonal entre las dos Argentinas que siempre chocaron: la economía más cerrada, industrialista, y la más abierta, exportadora. El desafío es ver cómo trazamos esa diagonal para que empiecen a convivir.

—En el debate público actual, incluso impulsado por el Presidente, hay una mirada muy crítica sobre el viejo sistema empresario. Se habla de “empresarios prebendarios” o “empresaurios”. ¿Qué mirada tiene CIPPEC sobre esa controversia?

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—En CIPPEC, y se va a ver en la cena, participan empresarios de todos los sectores: ganadores, perdedores y los que están en el medio, porque todos apuestan no solo por sus empresas, sino también por el país.

CIPPEC no presta servicio a una empresa ni a un sector. Hemos hecho recomendaciones a lo largo de la historia con total independencia. Tenemos un financiamiento diversificado: más de noventa empresas participan, pero representan solo una parte del total, el resto proviene de provincias y organismos multilaterales. Eso garantiza independencia y honestidad intelectual.

Desde CIPPEC siempre tuvimos la mirada de que Argentina no podía vivir de espaldas al mundo. En eso Latinoamérica ya cambió hace mucho tiempo, mientras Argentina venía tropezando.

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Compartimos en algún punto la visión del Gobierno de que hay que integrarse al mundo, comerciar más, exportar más. Pero también es cierto que para el tango se necesitan dos.

No se le puede pedir a las empresas que compensen una ineficiencia sistémica con talento extraordinario. Tampoco se le puede pedir a los consumidores que paguen sobreprecios por protección.

La forma de hacerlo es tener bienes públicos de calidad: educación alineada a la demanda, infraestructura de escala global, un sistema impositivo razonable.

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Argentina tiene un sistema impositivo muy distorsivo, con impuestos que se cobran incluso antes de facturar. Eso atenta contra la competitividad.

Los países que se desarrollaron ayudaron de manera horizontal, no necesariamente eligiendo ganadores. Nosotros en el pasado elegimos sectores que a veces no podían ser competitivos, y eso tampoco funcionó.

La clave es generar condiciones para que las empresas se integren al proceso de crecimiento.

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—Ahora está Vaca Muerta como gran oportunidad. Hay un contexto internacional favorable para el agro y la minería, pero al mismo tiempo hay sectores como la industria con caídas fuertes. ¿Cómo se miran esas dos dinámicas desde CIPPEC?

—Argentina está atravesada por dos fuerzas. Una es la estabilización macroeconómica. Reducir la inflación suele ser un proceso doloroso en la mayoría de los casos, muchas veces ha fracasado en el mundo y en Argentina, sobre todo.

Y la otra es una transformación del modelo económico, desde una economía muy cerrada y regulada hacia una más abierta y desregulada, con la expectativa de que eso genere más inversión, más empleo y más exportaciones.

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En el medio hay muchos inconvenientes. Está la reconversión, que es la discusión que venimos teniendo, de cómo pasamos de la estructura vieja a la nueva sin destruir tanto valor, manteniendo nuestras empresas y no creando todo desde cero, porque eso es mucho más costoso y menos eficiente.

Al mismo tiempo está la estabilización macroeconómica, que es complicada. El Gobierno viene de atravesar una crisis el año pasado que le generó un freno en el proceso. La inflación empezó a subir, después a bajar, y eso dio como resultado una economía a dos velocidades: sectores ganadores creciendo mucho y sectores perdedores —muy intensivos en mano de obra, como comercio, industria y construcción— en retroceso.

Esto tiene que ver no solo con la transformación, sino también con que el proceso de estabilización tropezó con la crisis del año pasado. Afortunadamente no nos caímos, pero ahora cuesta volver a arrancar.

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¿Dónde se ve la variable clave? En el crédito. No hay ninguna economía que pueda crecer sin crédito. Lo dijo el ministro Caputo hace algunos días: el crédito es fundamental para lubricar el crecimiento.

Infobae publicó que volvió a subir la mora. El sector bancario viene golpeado porque el crédito se frenó, y la economía necesita que vuelva a arrancar. Si eso ocurre, se va a reactivar el consumo, parte de la construcción y se van a empezar a recuperar los sectores más golpeados.

Si además logramos conectar los sectores perdedores con los ganadores —por ejemplo, como proveedores de bienes o servicios—, eso puede generar un efecto de arrastre.

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Lo que pasa en Neuquén es un ejemplo claro: hay crecimiento, migración interna —cien familias por semana— y desarrollo urbano. Ese es el desafío para el resto del país.

—Este Gobierno parece más enfocado en remover obstáculos que en generar políticas activas de desarrollo. ¿Hay espacio para eso?

—Creo que el Gobierno tiene una agenda del presente, una agenda de lo urgente, muy ambiciosa por la complejidad de las reformas que está encarando: reforma tributaria, laboral, previsional, coparticipación, infraestructura.

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Y además tiene que estabilizar la economía, que es “apagar el incendio”. En ese contexto, es difícil pensar en políticas de desarrollo más sofisticadas, que implican ver cómo conquistar mercados, cómo aprovechar acuerdos como el Mercosur–Unión Europea, cómo generar empleo a partir de eso.

Eso sería la etapa siguiente, la de “decorar la casa”.

Cuando se pide una reforma tributaria, es para eliminar impuestos distorsivos. Argentina tiene un récord mundial en ese sentido: impuestos como Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque, retenciones, sellos, que suman casi ocho puntos y medio del PBI. Eso no lo tiene ningún país.

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Esos impuestos se exportan con los bienes y afectan la competitividad. Por eso hay empresas que se van a Uruguay, Paraguay o Australia. No es que acá sean ineficientes y allá eficientes: son las mismas empresas, pero con condiciones distintas.

El Gobierno dice: “déjenme que estoy apagando el incendio”. Y los empresarios dicen: “todavía no me hiciste la reforma tributaria y ya abriste la economía”.

En eso entiendo al Gobierno, pero también a los empresarios.

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El tipo de cambio no está tan atrasado si uno lo compara históricamente, pero antes había menos impuestos, más crédito y energía más barata. Hoy las condiciones son distintas.

Las grandes empresas tienen acceso al crédito, pero las pymes enfrentan tasas altísimas. En ese contexto, el dólar actual se siente.

Esa es la tensión. El Gobierno no puede ir más rápido por restricciones fiscales y políticas, y las empresas no pueden ajustar más de lo que ya lo están haciendo. Los dos tienen parte de razón.

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—En esa agenda de “crecer o crecer”, ¿cuál sería el primer paso o qué reforma debería acordar la política o el llamado “círculo rojo”?

—Yo le digo “círculo CIPPEC”, que no es rojo, no es violeta, no es celeste ni amarillo. Es el ámbito donde estamos todos los que discutimos política pública en la Argentina.

Deberíamos tener algunos acuerdos básicos, muy básicos. Ya lo hicieron Brasil, Chile, Colombia, Perú. Hay cosas que no se discuten. En Perú se van los presidentes, pero no se va el presidente del Banco Central y la política monetaria no cambia.

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No es que con ese acuerdo se come, se cura y se educa. Con eso apagás el incendio básico. Después tenés que ver cómo construís una casa arriba de eso. El problema es que en la Argentina tenemos un incendio cada dos años y no salimos de eso.

Si acordamos en estas tres cosas —que pueden ser más, pero al menos estas— que son bastante preideológicas en la mayoría de los países: respetar los contratos, mantener el equilibrio fiscal y que el Banco Central no sea una maquinita de imprimir pesos, eso no te garantiza que vas a crecer, pero sí que no se te incendia la casa cada dos años.

Respetar los contratos es clave. El RIGI es un contrato entre el Estado y las empresas, y hay que respetarlo. Después se puede discutir si se mantiene o no hacia adelante, pero lo firmado hay que cumplirlo.

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Puede venir un Congreso y decir “no hay más RIGI”, pero no violar lo anterior. Eso es lo que da seguridad jurídica.

El equilibrio fiscal también es un punto en el que, incluso sectores de la oposición, empiezan a coincidir. Y lo tercero es no financiar al Tesoro con emisión.

Son acuerdos básicos, preideológicos. El Gobierno no podría oponerse, y la oposición podría adoptarlos para ser más competitiva.

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—El tema es si la oposición, hoy representada en gran parte por el peronismo, está en condiciones de asumir esos compromisos.

—No sabemos cómo se va a configurar la oposición, porque eso cambia todo el tiempo. Hace algunos años era Juntos por el Cambio, después fue Milei, ahora vuelve a reconfigurarse.

El peronismo es un espacio muy amplio, muy diverso. Hay que ver cómo se ordena, quiénes son sus candidatos, si hay uno o varios liderazgos.

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Más allá de eso, este tipo de acuerdos le convienen a todos los argentinos. No es una cuestión ideológica ni partidaria.

No digo que esto sea una religión ni que haya que imponerlo, pero sí que sería bueno para el Gobierno, para la oposición y para el país, porque evitaría crisis y permitiría empezar a pensar la agenda del futuro.

—CIPPEC trabaja hace años sobre temas como educación y sistema previsional, que la política suele postergar. ¿Puede la política incorporar esos temas?

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—Yo noto cambios, sobre todo en el vínculo con las provincias y los gobernadores. Estamos trabajando, por ejemplo, en aplicar inteligencia artificial para reducir la deserción escolar en varias provincias, con resultados muy interesantes.

Hay provincias que ya están pidiendo reformas educativas concretas. Eso muestra que, en la medida en que se pueda salir de la emergencia, se empieza a pensar en el largo plazo.

Creo que ese es el rol de CIPPEC: ayudar a implementar la agenda del presente para estabilizar la economía, promover acuerdos básicos y abrir el diálogo, pero al mismo tiempo empezar a pensar la agenda que viene.

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Una vez que se apaguen los incendios, hay que construir una agenda superadora, que permita aprovechar el potencial de la Argentina: la cordillera, el agro, la energía, toda la cadena de valor asociada.

Los países que crecieron lo hicieron así. Con los mismos recursos naturales se puede ser Noruega o Nigeria.

Si esos recursos no se transforman en mejor educación, en mejores servicios públicos, en diversificación productiva, en más sectores que paguen buenos salarios, no hay desarrollo.

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Cuanto más productividad, mejores salarios se pueden pagar. Y cuanto más sectores productivos y eficientes, mayor integración a la economía moderna.

El problema es que en Argentina estamos muy enfocados en la coyuntura. Yo mismo, que soy macroeconomista, lo reconozco: estamos entrenados para pensar en la urgencia, en el dólar, en la inflación, en el plan de estabilización.

Hoy la mayor contribución que puede hacer CIPPEC es no solo seguir pensando las reformas que ya están en agenda, sino empezar a trabajar en la agenda del futuro.

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Yacobitti le respondió a Adorni por los fondos a la UBA en la previa a la marcha

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A días de la cuarta Marcha Federal Universitaria convocada para el próximo martes, el vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Emiliano Yacobitti, le respondió al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien el viernes aseguró que la denuncia de los rectores por la falta de giro de fondos es “falsa”.

Con acusaciones cruzadas, las autoridades de la UBA señalan al gobierno nacional por no girar los fondos pertinentes al presupuesto de este año, mientras que la administración libertaria dice que mandó el dinero pero que el rectorado pide lo que le corresponde al resto de las universidades públicas.

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No nos va a sorprender una mentira más o una mentira menos de Adorni. El comunicado del Ministerio de Capital Humano lo deja claro, la partida de $80.000 millones que tiene aprobada para hospitales universitarios es una partida que el Gobierno propuso en un presupuesto que se votó y reconoce que no cumplió. No giró ni un peso a ninguna universidad con hospitales”, marcó Yacobitti este sábado, con un dardo al jefe de Gabinete por inconsistencias en sus dichos por la investigación judicial en su contra por su patrimonio y sus viajes.

En diálogo con radio Mitre, continuó: “Lo que está haciendo Adorni es confundir a la gente para deslegitimar un reclamo y confundir las partidas presupuestarias. Esta partida es especial para los hospitales que tienen Córdoba, la UBA, Cuyo y la Rioja, y el Gobierno todavía no giró un solo peso”.

Dijo, además, que la administración de Javier Milei “no puede justificar por qué estamos en mayo y esa partida no se giró”. Y es que los hospitales de la UBA advirtieron esta semana que en un plazo de 45 días los servicios de atención se verán afectados si no transfieren el dinero.

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Emiliano Yacobitti, el vicerrector de la UBA Hernán Zenteno

El Gobierno no cree en el sistema público de educación. Son todas excusas. Estos $80.000 millones es menos de lo que van a gastar por bajar el impuesto a los autos de lujo. Es una cuestión de prioridades”, sumó.

En otro tramo de la entrevista, el vicerrector de la UBA aseguró que la gestión mileísta “presiona para que baje la intensidad del reclamo” antes de la marcha del martes, convocada para las 17 en Plaza de Mayo. “Tenemos problemas en las universidades porque cuesta arreglar lo que se rompe. Si creen que son cajas políticas, es problema del Gobierno”, completo Yacobitti.

Al hablar el viernes, Adorni buscó deslegitimar el reclamo de fondos por parte de la UBA. “La política trata de instalar que el Gobierno quiere desfinanciar las universidades o cerrarlas cuando se cumplieron todas las obligaciones y se transfirió el presupuesto en gastos de funcionamiento para 2026 que contempla la función salud. Una sola universidad pretende apropiarse del presupuesto para todos los hospitales”, acusó.

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El cruce de comienzos de esta semana comenzó cuando la UBA advirtió por la falta de capitales para el funcionamiento de los hospitales correspondiente a la partida destinada a gastos operativos para la red, prevista en el Presupuesto 2026 y correspondiente a unos $80.000 millones.

Ante ello, el Ministerio de Capital Humano compartió un comunicado. “Frente a las falsas acusaciones por parte de las autoridades de la UBA, el Gobierno transfirió mensualmente a esa universidad la totalidad de los créditos presupuestarios asignados por la Ley N°27.798 de Presupuesto 2026, que incluyen la función salud, tanto para gastos en personal como para gastos de funcionamiento», escribió la cartera de Sandra Pettovello.

Sandra PettovelloSoledad Aznarez –

Y añadió: “El reclamo de la UBA, basado en una nota oportunamente respondida por la Subsecretaría de Políticas Universitarias, apunta a obtener una asignación adicional sobre la partida Hospitales Universitarios por un monto de $79.763.113.948″.

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“La UBA solicitó, por nota del 30 de abril de 2026, que se le asignen $75.371.896.068 de esa partida, es decir, el 95% de un fondo que pertenece a todo el sistema universitario nacional”, acusó el texto.

La Facultad de Ciencias Médicas de la UBACamila Godoy

Tras aclarar que desde la cartera de Capital Humano consideran “inadmisible” que, a través de “amenazas de medidas de fuerza”, la universidad pretenda “apropiarse del crédito presupuestario” destinado al conjunto de hospitales universitarios de todo el país e “imponer criterios de distribución de una partida que pertenece al sistema universitario completo y no a una sola institución”.

Durante la tarde, la UBA publicó un comunicado donde aseguraba que las recientes declaraciones del ministerio confirmaban su planteo sobre el financiamiento de hospitales universitarios. “El propio Ministerio reconoce que, a la fecha, aún no se ha transferido ni un solo peso de la partida específica destinada a gastos operativos de hospitales universitarios prevista en la Ley de Presupuesto 2026, impulsada por el mismo Poder Ejecutivo”, escribieron en X.

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Desde la casa de altos estudios señalaron que, cuando el Gobierno dijo que el área debe contemplar su distribución eficiente, admitió que esos fondos “todavía no fueron asignados ni transferidos a las universidades correspondientes”.

“Cabe aclarar además que la partida Hospitales Universitarios no está destinada al conjunto del sistema universitario nacional sino específicamente a aquellas universidades que cuentan con instituciones asistenciales y cumplen funciones sanitarias, docentes y de investigación, como la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad Nacional de La Rioja», expresaron.

Sostuvieron que la solicitud presentada por la UBA plantea una distribución consistente con los criterios y antecedentes de ejecución observados durante 2024 y 2025, en función de magnitud, complejidad y nivel de atención de los hospitales universitarios que sostiene cada institución.

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Continuaremos defendiendo el normal funcionamiento de los hospitales universitarios, cuya tarea resulta esencial para la atención sanitaria, la formación de los profesionales de la salud, y el desarrollo científico y académico del país”, concluyeron.




cuarta Marcha Federal Universitaria,investigación,falta de capitales para el funcionamiento de los hospitales,gastos operativos para la red,May 5, 2026,Universidad de Buenos Aires,Manuel Adorni,Sandra Pettovello,Conforme a,,Alerta por ciclón extratropical. Fuerte temporal en la Costa Atlántica: olas de hasta ocho metros, inundaciones y evacuados,,»Salir adelante». Son hermanos, comenzaron un emprendimiento con 400 pesos y un molde prestado y ahora sueñan con su propio local,,Dos provincias y un río. Qué hay detrás del conflicto entre La Pampa y el Gobierno por la reforma de la Ley de Glaciares,Universidad de Buenos Aires,,Lo echaron por la fuerza. Un estudiante de la UBA fue suspendido por acosar y amenazar a alumnas,,»¿Cuál es el problema?». El Gobierno le propuso a la UBA que si no puede administrar sus hospitales los transfiera al Estado nacional,,»No se transfirió ni un peso». Cruce de acusaciones entre la UBA y Capital Humano por el financiamiento a los hospitales

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El Gobierno quedó atrapado en el caso Adorni y ahora busca oxigenar la gestión con una batería de anuncios económicos

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Toda la semana, de principio a fin, volvió a girar alrededor de Manuel Adorni. El Gobierno quedó atrapado en una crisis política que, pese a los intentos por desactivar rumores y mostrar respaldo interno, siguió escalando mientras avanzaba la causa judicial que investiga al jefe de Gabinete por presunto enriquecimiento ilícito.

La semana había comenzado mal para la Casa Rosada. Mientras Adorni brindaba una conferencia de prensa ante los periodistas acreditados, en los tribunales declaraba el contratista Matías Tabar, quien aseguró que el vocero de Javier Milei le pagó 245.000 dólares en negro por obras en una de sus propiedades. A partir de ahí comenzó una verdadera montaña rusa política y judicial.

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Adorni negó haber entregado esa suma. Sostiene que su casa en el country Indio Cuá de Exaltación de la Cruz vale mucho menos de lo que se afirma en el expediente y vincula a Tabar y a su familia con un partido vecinal y con el peronismo.

El martes la situación se recalentó todavía más. Ese día Javier Milei viajó a Los Ángeles, aunque su hermana Karina, por las dudas, permaneció en Buenos Aires. En paralelo, Adorni convocó a una reunión de Gabinete para el viernes, es decir, cuatro días después. El plazo alimentó todo tipo de especulaciones sobre una posible renuncia del funcionario.

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Sin embargo, Karina Milei lo respaldó en reuniones muy reservadas y el Presidente lo incluyó en una foto de fuerte contenido político junto a la comunidad judía. Fue una señal de apoyo explícita en medio de la crisis.

Mientras tanto, el fiscal Gerardo Pollicita ordenó abrir el celular del contratista. En la Justicia creen que su contenido puede resultar explosivo. Adorni, en cambio, asegura que puede justificar todos sus movimientos de dinero y sostiene que parte de sus ingresos podrían provenir de una herencia de su padre.

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En el plano judicial, la causa ingresó en el tiempo lento de los peritajes contables. Pero hay dos circunstancias que el jefe de Gabinete no podrá evitar. Por un lado, el expediente seguirá filtrando novedades que lo incomodan. Por el otro, el juez Ariel Lijo le pedirá, más temprano que tarde, que justifique ingresos, patrimonio y gastos. Solo si sus números cierran podría evitar una indagatoria.

Sin embargo, el principal problema para el Gobierno no es judicial, sino político. Las especulaciones continuaron durante toda la semana y el miércoles Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, tuvo que salir a aclarar que no reemplazará a Adorni y que el funcionario explicará todos sus temas ante la Justicia.

Bullrich abrió otro foco de conflicto interno

Patricia Bullrich y Santiago Caputo, en la Cámara de Diputados. (Foto: TN / Agustina Ribó)

Pero todo volvió a tensarse cuando, por la tarde, Patricia Bullrich sostuvo que Adorni debería presentar de inmediato su declaración jurada y no esperar hasta el 31 de julio, porque “está sufriendo el Gobierno, el país y el proyecto”. La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza hizo así un gesto de autonomía y lanzó una bomba política justo cuando Milei estaba en Estados Unidos.

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Bullrich no es una dirigente más dentro del oficialismo. La exministra tiene menos peso que antes en la toma de decisiones del Poder Ejecutivo, pero conserva un capital electoral importante, con altos niveles de imagen y caudal de votos. Su postura marcó una diferencia relevante respecto de la línea oficial. En la Casa Rosada muchos se preguntan si piensa en 2027 o si se conformará con ser candidata en la Ciudad de Buenos Aires.

Milei reaccionó rápido. Respondió con dureza: aseguró que Adorni no se va, que presentará rápidamente su declaración jurada y remarcó que los colaboradores los elige él, porque es el Presidente. Fueron dos respuestas con destinatarios distintos. La crisis derivó en enojo y malestar en la cima del poder.

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El Presidente tiene tres explicaciones. Si no lo desplazó el primer día, difícilmente lo hará ahora, después de haber resistido semanas de cuestionamientos. En segundo lugar, sostiene que el affaire no alteró la imagen pública sobre la gestión. Por último, avanzar contra Adorni significaría ceder su alfil a una supuesta conspiración que, según él cree, armaron los medios de comunicación y empresarios.

Ese mismo día, Karina Milei dio otra orden categórica: la derogación de las PASO, proyecto enviado por el Gobierno al Senado, “no es negociable”. Fue otro mensaje dirigido a Bullrich, que había planteado que el oficialismo estaba dispuesto a evaluar alternativas menos drásticas o modificaciones aceptables para la oposición.

Por eso, Martín Menem bajó inmediatamente la línea de Karina Milei en Diputados: ningún proyecto que llegue desde el Senado modificando el régimen de las PASO será aprobado en la Cámara baja. El oficialismo solo aceptará la derogación total.

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El jueves, Adorni intentó quitarle dramatismo a la exigencia de Bullrich. Dijo que ella es una “fenómena” y sostuvo que simplemente “espoileó” algo que todos ya sabían: que adelantará la presentación de su declaración jurada. No precisó cuándo lo hará.

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Ayer, finalmente, el Gobierno dio tres señales de respaldo. El jefe de Gabinete participó de una actividad en la nueva planta de Mercedes-Benz junto a Karina Milei y Diego Santilli.

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Manuel Adorni participó de una actividad en la nueva planta de Mercedes-Benz junto a Karina Milei y Diego Santilli. (Foto: REUTERS/Irina Dambrauskas)
Manuel Adorni participó de una actividad en la nueva planta de Mercedes-Benz junto a Karina Milei y Diego Santilli. (Foto: REUTERS/Irina Dambrauskas)

Más tarde, Adorni encabezó una conferencia de prensa que tuvo un doble sentido. A sus lados se ubicaron los ministros Luis Caputo y Alejandra Monteoliva, quienes concentraron las respuestas y los anuncios oficiales. Caputo anticipó el envío al Congreso de un nuevo Súper RIGI y, además, aprovechó para decir que la causa no tiene impacto en la economía. La aclaración no fue casual: durante la semana habían circulado versiones que le atribuían una posición diferente e incluso cuestionamientos hacia el jefe de Gabinete.

Finalmente, Javier Milei encabezó una extensa reunión ampliada de Gabinete, de la que participaron todos los ministros y también Patricia Bullrich. Ese fue el escenario elegido por el mandatario para volver a ratificar a Adorni. “Prefiero perder la elección a echarlo”, aseguró ante los presentes. Bullrich escuchaba.

A esta altura, el Gobierno ya no tiene un problema, sino dos. El primero sigue concentrado en Adorni; la posibilidad de volver a imponerse que él tiene al frente de la gestión diaria y los avatares judiciales.

Pero el segundo frente tiene una densidad política mayor. Algo hace ruido en la cima del poder entre Karina Milei, que tiene cada día un rol más relevante en el Gobierno, y Bullrich, que expresamente hizo hincapié en aclarar que “siempre fue rebelde”. Ya no es una interna entre Karina y Santiago Caputo. Ahora, aquella grieta se mide en votos.

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Los números económicos, sin impacto en la agenda

El abrazo de Javier Milei y el ministro Luis Caputo, en el Congreso. (Foto: Reuters)
El abrazo de Javier Milei y el ministro Luis Caputo, en el Congreso. (Foto: Reuters)

En medio de la crisis política, el Gobierno también acumuló varias noticias económicas positivas. Argentina comenzó a exportar a la Unión Europea aprovechando los cupos establecidos por el acuerdo UE-Mercosur. Además, la calificadora Fitch elevó la nota de la deuda argentina desde CCC, considerada de riesgo extremo, a B-, categoría de deuda especulativa, lo que habilita a bancos y fondos a comprar títulos argentinos.

También bajó el riesgo país. Las exportaciones mineras podrían alcanzar los 9000 millones de dólares anuales. Según la Cámara Argentina de Comercio, las exportaciones a Brasil crecieron 21% interanual. A su vez, en marzo la industria avanzó 3,2% respecto de febrero y la construcción creció 4,7%.

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La Ciudad de Buenos Aires, además, logró colocar un bono por 500 millones de dólares a la tasa de interés más baja de los últimos 30 años.

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Pero las nubes siguen borrando el horizonte y el Gobierno continúa atrapado en el caso Adorni, sin lograr recuperar la agenda política.

Manuel Adorni, Javier Milei, Patricia Bullrich, Karina Milei, La Libertad Avanza

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POLITICA

Hacia un nuevo orden mundial

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Mientras el mundo atraviesa cambios profundos sin precedentes desde principios de los años dos mil, la tendencia hacia la multipolaridad también se está acelerando. Sin embargo, en este nuevo período de turbulencia y transformación, la multipolaridad muestra nuevas características: la desigualdad y el desorden se agravan, la competencia despiadada entre las grandes potencias se hace más evidente y crecen los temores de una nueva guerra mundial.

Las superpotencias quebrantan el derecho internacional y tratan los territorios de países independientes como su “patio trasero”, por decir lo menos. La mejor solución a esta situación es promover el desarrollo de la multipolaridad en una dirección más justa y ordenada, con intentos de erigir un nuevo orden político y económico mundial.

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Al mismo tiempo, un factor positivo —y la manifestación más significativa de esta transformación— es el ascenso del Sur Global y su creciente conciencia política: mayor independencia, autonomía y un desafío a las potencias hegemónicas y agresivas. El Sur Global, junto con otros países no “occidentales”, constituye el Oriente, determinando un neto desplazamiento del equilibrio de poder entre Oriente y Occidente, con el ascenso del primero y la declinación del segundo.

Sin embargo, en el marco más amplio del ascenso de Oriente y el declive de Occidente, la República Popular China y los Estados Unidos de América revisten una importancia particular. Entre las potencias globales emergentes, la RP China destaca especialmente. Aprovechando sus fortalezas como gran potencia y, sobre todo, su rápido desarrollo en los últimos cuarenta años, la fuerza nacional china ha crecido exponencialmente, convirtiéndola en la segunda economía más grande después de la estadounidense.

Mientras tanto, en el mundo occidental en declive, Estados Unidos, como potencia y líder mundial, ha registrado el declive más lento, lo que ha resultado en una ampliación de la brecha de poder con los demás países occidentales. Por lo tanto, la alternancia de momentos de fuerza y debilidad entre Pekín y Washington se ha convertido en uno de los temas más debatidos de la política internacional. Algunos estudiosos consideran que el orden mundial se ha desplazado de la multipolaridad a la bipolaridad, como lo fue alguna vez entre la Casa Blanca y el Kremlin.

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Independientemente de las motivaciones de quienes sostienen la bipolaridad, la unilateralidad de este argumento es evidente.

El factor decisivo en el orden mundial es la comparación de la fuerza de las grandes potencias. Actualmente, Estados Unidos lidera en términos de fuerza integral, seguido de cerca por China, pero la brecha entre las fuerzas del “Imperio del Centro”, EE. UU. y las otras grandes potencias es mucho menos significativa que la que hubo entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría.

Hoy es innegable que la superpotencia única de las barras y estrellas se está debilitando. Su búsqueda de nuevos teatros de guerra no es un invento del “malvado Trump” —como piensan las mentes ingenuas de algunos políticos desprevenidos— sino una exigencia del capital financiero, como fusión entre el capital bancario e industrial y la creciente injerencia del Estado en la economía para invertir en la proliferación y producción bélica. Los presidentes de EE. UU., sean del color que sean, son meramente un producto de las tesis de Hilferding.

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Al mismo tiempo, las “otras” potencias (RP China, Rusia, UE y Japón) se están fortaleciendo. Con el ascenso del Sur Global, la India, con más de 1400 millones de habitantes, está sustituyendo a Japón en relevancia. Por tanto, en este orden multipolar en evolución, los miembros no occidentales están superando a los occidentales.

El tema de la 61.ª Conferencia de Seguridad de Múnich (febrero de 2025) fue la multipolaridad que cada día se vuelve más real. Es relevante que EE. UU., que siempre persiguió la hegemonía unipolar, haya comenzado a modificar su percepción. La declaración de Trump en enero de 2025, afirmando que EE. UU. ya no era la potencia líder mundial, significa reconocer que Washington ha perdido su estatus unipolar y busca recuperar terreno a través de la producción bélica.

Dado que Estados Unidos, por su posición geográfica, no conoce la guerra con extranjeros en casa (salvo en 1812 y Pearl Harbor), como talasocracia prefiere exportarla al extranjero.

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¿Qué significa un mundo multipolar equitativo y ordenado? Significa:

Desde el Congreso de Viena en 1815 hasta el colapso de la URSS en 1991, los órdenes mundiales han sido seguidos por periodos de estabilidad y crisis. Tras la caída de la URSS, las “mentes simples” imaginaron un paraíso terrenal, sin comprender que la Unión Soviética era el katechon paulino (lo que frena al caos). El 11 de septiembre de 2001 demostró que, caído el katechon, los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis” tuvieron rienda suelta.

Históricamente, un nuevo orden mundial presupone una deflagración global o un fallo estructural de un pilar. Nosotros solo podemos esperar en la voluntad de paz de los actores internacionales. Las conferencias internacionales son cruciales para, si no crear un nuevo orden, al menos prevenir el colapso del viejo establecido por la ONU. Por lo tanto: o estas conferencias, o una guerra mundial para un nuevo orden mundial. Todo depende meramente de la voluntad de quienes deciden.

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*El autor es un diplomático, presidente del International World Group y profesor en diferentes universidades como Schiller International University, de Paris, y Sapienza, de Roma

Por Giancarlo Elía Valori




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