ECONOMIA
Brecha en la cuota de un crédito hipotecario UVA entre banco y banco puede superar los $650.000

El regreso de los créditos hipotecarios UVA volvió a poner sobre la mesa una pregunta central para quienes buscan comprar una vivienda con financiamiento bancario. La tasa importa, pero no es lo único. El plazo, el porcentaje de financiación, la relación cuota ingreso y, sobre todo, la evolución esperada de la inflación pueden modificar de manera fuerte el esfuerzo mensual que debe afrontar una familia.
El último relevamiento de tasas muestra una dispersión amplia entre bancos. En el extremo más bajo aparece Banco Nación, con una TNA de UVA +6%, mientras que en la parte más cara se ubica Supervielle, con una TNA de UVA +15%.
Según los datos relevados por Salinas Andrés, el promedio del sistema se ubica en torno al UVA +9,4% TNA, aunque con diferencias relevantes según la entidad elegida. El mapa queda ordenado de la siguiente manera.
- Banco Nación ofrece una tasa de 6% TNA, con plazo de 30 años, relación cuota ingreso de 25% y financiación de hasta 75%.
- ICBC aparece con 6,9% TNA, plazo de 20 años, cuota ingreso de 25% y financiación de 75%.
- Ciudad se ubica en 7,5% TNA, con plazo de 20 años, cuota ingreso de 25% y financiación de hasta 70%.
- BBVA también muestra 7,5% TNA, aunque con plazo de 30 años y financiación de hasta 80%.
- Credicoop ofrece 8% TNA, a 20 años, con financiación de 70%.
- Macro aparece con 8,5% TNA, plazo de 20 años y financiación de 70%.
- Bancor se ubica en 8,9% TNA, a 20 años, con financiación de 75%.
- Banco del Sol marca 9% TNA, a 20 años, con financiación de hasta 80%.
- Banco Patagonia ofrece 9,3% TNA, con plazo de 30 años, relación cuota ingreso de 25% y financiación de 75%.
Luego aparece un grupo de entidades con tasas de 9,5% TNA, integrado por Hipotecario, Santander y Galicia. En el caso de Hipotecario, el plazo es de 15 años, la relación cuota ingreso de 20% y la financiación de 80%. Santander y Galicia ofrecen plazo de 20 años, cuota ingreso de 25% y financiación de 70%.
Más arriba quedan Grupo Petersen, con 9,9% TNA, Banco de Chubut, con 10% TNA, Comafi, con 10,5% TNA, Brubank y Banco de Corrientes, ambos con 12% TNA, y finalmente Supervielle, con 15% TNA.
Qué cuota inicial paga cada banco para una propiedad de u$s100.000
En el ejecicio se toma como base una propiedad de u$s100.000, financiación de 75%, plazo de 20 años, dólar oficial de $1.430 y UVA inicial de $1.967,84. Bajo esos supuestos, la cuota inicial cambia de manera sensible según la tasa de cada banco.
Para abril de 2026, la cuota estimada más baja corresponde a Banco Nación, con unos $788.350 mensuales. En el otro extremo, Supervielle muestra una cuota inicial cercana a $1.448.976.
La diferencia entre ambos casos ronda los $660.000 por mes, una brecha muy relevante para cualquier familia que analiza ingresar a un crédito hipotecario. Incluso dentro de tasas intermedias, el salto también pesa. ICBC aparece con una cuota de $846.535, mientras que Ciudad y BBVA se ubican en torno a $886.463. Credicoop arranca en $920.406, Macro en $954.940, Bancor en $982.979, Banco del Sol en $990.045 y Patagonia en $1.007.806.
En el grupo de 9,5% TNA, Hipotecario, Santander y Galicia muestran una cuota inicial estimada de $1.025.703. Grupo Petersen arranca en $1.054.615, Banco de Chubut en $1.061.895, Comafi en $1.098.602, Brubank y Banco de Corrientes en $1.211.619, mientras que Supervielle queda bastante más arriba por su tasa de 15% TNA.
El promedio del sistema, siempre bajo esta simulación, parte de una cuota cercana a $1.023.801 en abril de 2026.
Cómo evolucionaría la cuota con los supuestos de inflación
La simulación proyecta la evolución mensual de las cuotas con una pauta de inflación descendente. Es importante aclarar que no se trata de una estimación propia de inflación ni de una garantía sobre el valor futuro de la cuota, sino de un escenario utilizado para modelar cómo podría moverse el pago mensual si la UVA ajusta con esos porcentajes.
Los supuestos de inflación mensual utilizados son los siguientes.
- Para abril de 2026 se toma 2,6%
- Para mayo 2,3%
- Para junio y julio 2,1%
- Para agosto y septiembre 1,9%
- Para octubre 1,8%
- Desde noviembre de 2026 en adelante se utiliza una pauta de 1,4% mensual.
Con esos parámetros, la cuota promedio del sistema pasaría de $1.048.827 en mayo a $1.072.378 en junio, $1.096.472 en julio, $1.118.926 en agosto, $1.141.856 en septiembre y $1.164.128 en octubre.
Desde noviembre, con una inflación mensual supuesta de 1,4%, el promedio continuaría escalando hasta $1.182.479 en noviembre, $1.201.135 en diciembre y $1.220.103 en enero de 2027.
Hacia diciembre de 2027, la cuota promedio proyectada llegaría a $1.451.017. Esto implica que, bajo estos supuestos, una cuota promedio inicial de poco más de $1 millón podría subir cerca de 42% en menos de dos años.
El caso de Banco Nación, que arranca como la alternativa más barata, pasaría de $788.350 en abril de 2026 a $1.134.889 en diciembre de 2027. ICBC subiría de $846.535 a $1.213.128. BBVA y Ciudad, que comienzan en $886.463, llegarían a $1.266.762. En el extremo más alto, Supervielle pasaría de $1.448.976 a $2.021.664.
La comparación permite ver que la tasa inicial condiciona todo el recorrido posterior. La UVA ajusta por inflación, pero la tasa real que cobra cada banco define desde qué escalón empieza la cuota y cuánto pesa el crédito desde el primer mes.
El riesgo no está solo en la tasa, sino en el salario
En los créditos UVA, el punto más sensible no es únicamente cuánto sube la cuota, sino cómo evoluciona frente al ingreso familiar. Si los salarios acompañan la inflación, el esfuerzo relativo puede mantenerse más estable. Si los ingresos corren por detrás del índice de precios, la cuota puede empezar a pesar cada vez más sobre el presupuesto mensual.
Por eso, la relación cuota ingreso que informa cada banco es un dato central dado que la mayoría de las entidades trabaja con un límite de 25%, aunque hay excepciones. Hipotecario exige una relación de 20%, mientras que Grupo Petersen y Banco de Chubut permiten una relación de 30%.
En la práctica, esto significa que también hay que observar cuánto financia cada banco, qué plazo permite, qué porcentaje del ingreso acepta comprometer y cuál es la cuota inicial resultante. Un crédito con tasa menor puede ser más exigente si financia menos o si pide una relación cuota ingreso más restrictiva. A la inversa, una entidad con tasa algo más alta puede resultar útil si permite financiar una mayor proporción de la vivienda o extender el plazo.
Banco Nación, BBVA, Banco Patagonia y Brubank ofrecen opciones a 30 años, lo que ayuda a reducir la cuota inicial frente a un crédito más corto. Sin embargo, un plazo más largo también implica más años de exposición al ajuste UVA y al pago de intereses.
Qué mirar antes de elegir un crédito UVA
Para comparar créditos hipotecarios UVA conviene mirar cuatro variables al mismo tiempo.
- La primera es la TNA, porque marca el costo financiero real sobre el capital ajustado
- La segunda es el plazo, ya que define cuánto se estira el repago
- La tercera es el porcentaje de financiación, clave para saber cuánto ahorro previo necesita el comprador
- La cuarta es la relación cuota ingreso, que determina si el solicitante califica o no.
En este mapa, Banco Nación queda como la entidad con menor tasa, mientras que ICBC, Ciudad y BBVA aparecen dentro del grupo más competitivo. Del otro lado, Brubank, Banco de Corrientes y Supervielle muestran los costos más elevados, aunque cada caso debe evaluarse con las condiciones completas del préstamo.
El escenario de cuotas proyectadas muestra, además, que una inflación mensual que baje hacia la zona de 1,4% igualmente genera una suba acumulada relevante en los pagos. El crédito UVA puede ser una herramienta potente para acceder a la vivienda, pero exige una lectura fina del flujo de ingresos futuros y del margen disponible para absorber aumentos mensuales.
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ECONOMIA
El 85% de las personas de entre 61 y 70 años quiere seguir trabajando, emprender o crear nuevos proyectos

“El 85% de las personas mayores de 50 quiere seguir trabajando pero el mercado laboral no se ha adaptado a la nueva realidad”: es la conclusión del estudio realizado por The Silver Lab, a partir de una muestra de más de 300 hombres y mujeres mayores de 50 años del AMBA.
El corte en los 50 años se fijó siguiendo los parámetros de la ONU para lo que se llama Economía Silver. Pero si se restringen los resultados a la franja de entre 61 y 70 años, el porcentaje es el mismo que el promedio: 85%. A partir de los 71 baja a 69%, lo que sigue siendo una muy alta proporción.
Por otro lado, si pierden el trabajo, los silver enfrentan grandes dificultades para reinsertarse en el mercado laboral donde el criterio de edad —por no decir prejuicio— pesa todavía mucho en los parámetros de reclutamiento de los empleadores. Por lo tanto, perder el empleo a los 50 años sigue siendo drámatico.
¿No se verifica todavía un cambio de actitud en los empleadores respecto del criterio de edad? ¿Una mirada más adaptada a la nueva longevidad?
“Creo que hay un discurso de que sí, pero en los hechos no se traduce en un cambio significativo”, responde Alejandra Bicocchi, fundadora de The Silver Lab, ante la consulta de Infobae. “Hay un discurso de inserción e igualdad pero en la práctica todo se sigue mirando con los criterios tradicionales. Muchos head hunters me dicen ‘para tal o tal puesto me piden como condición buscar una persona de una edad determinada’”.

Otro dato interesante del estudio es que el 84% de las personas relevadas pertenecientes a ese rango etrario aprendió algo nuevo durante los últimos tres años. Esto contradice el prejuicio asociado a la edad: la incapacidad para actualizarse o la falta de interés por las nuevas tecnologías por parte de las personas mayores. Para Bicocchi esto demuestra que “tenemos una generación que quiere aportar, que se sigue formando y que todavía tiene muchos años de vida activa por delante”. El problema no es la falta de talento disponible, sigue diciendo, sino “un mercado laboral capaz de reconocerlo e incorporarlo”.
Principales resultados del Mapa Silver 2026
• El 85% quiere trabajar, emprender o crear nuevos proyectos. (82% entre los 50 y los 60 años / 85% entre los 61 y los 70 / 69% a partir de los 71).
• El 83% volvería a trabajar si pudiera elegir cómo y cuándo hacerlo.
• El 68% de las personas jubiladas quiere desarrollar nuevos proyectos.
• El 84% aprendió algo nuevo durante los últimos tres años.
• El 40% atraviesa actualmente cambios relacionados con su trabajo o profesión.

A los 55, 60, 65 años una persona puede tener todavía dos o tres décadas de vida activa por delante. Sin embargo, señala el informe de Silver Lab, buena parte del mercado laboral continúa respondiendo a un modelo lineal: formación, desarrollo profesional y retiro, esquema que queda desactualizado ante la nueva longevidad.
Para medir la dimensión del problema —o de la oportunidad—, hay que tener en cuenta que el 34% de la población de la Ciudad de Buenos Aires tiene 50 años o más. “Se trata de una generación con experiencia, voluntad de mantenerse activa y capacidad para seguir aprendiendo y aportando, pero que todavía encuentra dificultades para ser incorporada a los procesos de selección y a las nuevas formas de trabajo”, dice el informe.
“Estos resultados derriban la idea del retiro pasivo. No estamos frente a una generación que perdió las ganas de trabajar sino frente a personas que quieren seguir aportando aunque posiblemente de una manera diferente: con mayor autonomía, flexibilidad y capacidad de elección”, dice Bicocchi.

Según datos de la Encuesta Anual de Hogares (EAH) 202, en la Ciudad de Buenos Aires, donde la tasa general de desocupación fue del 5,8% en 2025, en el segmento conformado por mujeres de 50 a 59 años y varones de 50 a 64 años, la tasa de desocupación se ubicó en el 4,3%.
Pero, aunque parezca que el segmento +50 se encuentra en una situación más favorable, la realidad es que la dificultad de encontrar trabajo lleva a muchos a abandonar la búsqueda o bien a optar por el empleo informal o no declarado. Con lo cual dejan de ser considerados como desocupados.
El desaliento es frecuente en esa franja etaria, confrontada a barreras muy concretas: el sesgo de edad puede estar explícito en los avisos como también funcionar como un filtro automático in péctore en el reclutador.

La paradoja es que con frecuencia las empresas manifiestan dificultades para encontrar talento, pero ello no se corresponde con una valoración acorde de la experiencia de un senior.
“De acuerdo con la OCDE, si bien las personas de 50 a 64 años presentan, en general, tasas de desempleo más bajas que otros grupos etarios, cuando pierden su empleo enfrentan mayores dificultades para reinsertarse en el mercado laboral y una mayor incidencia del desempleo de larga duración”, dice el informe.
El dato de que 84% de los encuestados aprendió algo nuevo en los últimos tres años es también significativo. “Queremos fomentar que estos adultos mayores se sigan capacitando para mantenerse competitivos frente a generaciones más jóvenes. La experiencia no basta. Es un valor importante, pero la tecnología avanza muy rápido. Si alguien mauyor de 60, 65, quiere seguir activo, debe seguir estudiando, capacitándose”.

“A partir de los 50 años, claramente las personas enfrentan discriminación por edad —sigue diciendo— y en muchas empresas persiste la tendencia a promover el retiro anticipado”.
Hay que combatir el edadismo, sostiene Alejandra Bicocchi y afirma que, por ejemplo, en Estados Unidos, es muy frecuente ver a personas de hasta 80 años atendiendo en recepciones o boleterías o en los mostradores de distintos establecimientos. Casi siempre son tareas de servicios, aptas para esas edades.
El cambio que hay que hacer es esencialmente cultural, dice, porque es cultural la actitud que existe actualmente frente a este tema. “Antes a los 60 te retirabas y te ibas a tu casa. Eso sigue estando en la cultura y en los reclutadores está esa idea. Estamos ante el desafío de transformar las mentalidades y para eso hay que trabajar mucho”.
Con una formación en Administración de Empresas y una larga experiencia laboral en marketing, fue a partir de la observación de que las marcas no les hablan de temas actuales a los adultos mayores, que se empezó a interesar en la economía plateada y en el mercado laboral silver.

Aclara que el deseo de seguir activo por parte de los +60 no siempre significa una continuidad laboral absoluta: “A través del análisis de los datos observamos que estas personas no necesariamente quieren volver al mismo trabajo ni trabajar de la misma manera sino que buscan proyectos con mayor flexibilidad, autonomía y sentido. El desafío para las empresas es dejar de pensar la edad como un límite y comenzar a diseñar oportunidades capaces de aprovechar esa experiencia”.
La nueva longevidad hace necesario revisar la idea tradicional de retiro y pensar alternativas que se adapten a estas trayectorias profesionales más extensas, diversas y flexibles. “El desafío no es convencer a las personas mayores de 50 de que sigan activas. Los datos muestran que ya quieren hacerlo. El verdadero desafío es crear las condiciones para que puedan seguir participando”.
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ECONOMIA
Día del Agricultor: el próximo salto del campo argentino es la regeneración

Cada 8 de septiembre Argentina conmemora el Día del Agricultor y el Productor Agropecuario en homenaje a la fundación de Esperanza en 1856, la primera colonia agrícola organizada del país, ubicada en Santa Fe. Aquel hito coincidió con el inicio del modelo agroexportador, que ubicó a la Argentina en el mapa alimentario global e hizo del campo uno de los principales motores económicos del país.
Sin embargo, décadas de políticas inestables, regulaciones restrictivas, sumado a modelos productivos centrados exclusivamente en la extracción de recursos limitaron ampliamente su potencial. En muchos casos, esta lógica tuvo también consecuencias sobre los suelos y su biodiversidad, que hoy enfrentan desafíos crecientes vinculados a la degradación y la pérdida de fertilidad.
Actualmente, el campo argentino está volviendo a ocupar el lugar que merece en la economía. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la economía cerró el 2025 con una expansión del 4,4% anual, impulsada en gran medida por la recuperación del sector agropecuario. Ese protagonismo también se refleja en el comercio exterior: durante 2025, Argentina exportó cerca de USD 87.076 millones, de los cuales USD 52.900 millones corresponden al complejo agroindustrial, equivalente al 61 % de las exportaciones totales.
Según la FAO, alrededor del 95% de los alimentos que consumimos se producen directa o indirectamente en los suelos
Pero para sostener esta relevancia y asegurar la seguridad alimentaria debemos cuidar el recurso más importante que tenemos: el suelo. Según la FAO, alrededor del 95% de los alimentos que consumimos se producen directa o indirectamente en los suelos, que además albergan más del 25 % de la biodiversidad del planeta.
En ese camino, la agricultura regenerativa propone un cambio sistémico: recuperar la salud biológica de los suelos, incrementar la materia orgánica y promover la biodiversidad, garantizando la viabilidad económica en el largo plazo.
Acá es donde la biotecnología actúa como una herramienta clave. Un estudio de Pampas Group y Somera revela que 1 de cada 2 campos en Argentina ya aplica insumos biológicos, cubriendo más de 18 millones de hectáreas. El crecimiento sostenido de bioestimulantes, biofertilizantes y biocontroladores refleja cómo el productor busca optimizar la interacción suelo-planta y reducir la huella química, potenciando los procesos biológicos naturales sin descuidar la eficiencia productiva.
Uno de cada dos campos en Argentina ya aplica insumos biológicos, cubriendo más de 18 millones de hectáreas
Asimismo, Argentina posee un ecosistema científico e industrial de vanguardia: el primer Censo Argentino de Empresas Bio y Nano identificó más de 340 empresas biotecnológicas, posicionando al país dentro del top 10 mundial del sector. Programas como Camino AR, la infraestructura digital de Aapresid para el autodiagnóstico, seguimiento y certificación de prácticas productivas regenerativas, o iniciativas de trazabilidad de carbono muestran que la ciencia aplicada al suelo está lista para escalar.
Por supuesto, aprovechar esta oportunidad requiere una mirada estratégica. Trabajamos en el desarrollo de soluciones biotecnológicas integrales y, tras 10 años en el sector, aprendimos que la investigación y el desarrollo deben tener como objetivo transformar la tecnología en soluciones concretas y rentables para el productor.
Para lograrlo, es necesario adoptar una mirada más amplia, que trascienda el laboratorio y permita detectar las necesidades reales del campo, trabajando junto a productores, asesores y referentes.
La transformación del agro ya empezó. La pregunta ahora no es si va a ocurrir, sino qué países van a liderarla. Argentina tiene los recursos naturales, el talento científico y la experiencia productiva para hacerlo. Si logra consolidar un ecosistema que articule ciencia, empresa y producción, el país no solo podrá producir más alimentos: también podrá exportar tecnología, conocimiento e innovación al mundo.
El autor es socio y director de Operaciones de Biofilm
Corporate Events,South America / Central America
ECONOMIA
Boom de los importados: qué autos dejaron de fabricarse en el país en el último año y cuáles siguen siendo nacionales

La oferta de vehículos fabricados en la Argentina se redujo en el último año, en un mercado atravesado por el avance de los importados y por cambios de estrategia industrial que reconfiguraron la producción local. Aunque la apertura comercial y la baja de impuestos incidieron en el nuevo escenario, buena parte de las salidas respondió a una pérdida de competitividad y a un proceso de especialización de las terminales.
A mediados del año pasado, en las plantas nacionales se fabricaban o ensamblaban 20 modelos. La lista incluía a Toyota Hilux, SW4 y Hiace; Ford Ranger; Volkswagen Amarok y Taos; Peugeot 208, 2008 y Partner; Citroën Berlingo; Fiat Cronos y Titano; Renault Alaskan, Sandero, Stepway, Logan y Kangoo; Nissan Frontier; Chevrolet Tracker; y Mercedes-Benz Sprinter.
En julio de este año, ese número bajó a 13 vehículos, ya que salieron de producción el Citroën Berlingo, el Peugeot Partner, las pick ups Nissan Frontier y Renault Alaskan, el Volkswagen Taos y los Renault Logan, Sandero y Stepway. En paralelo, se sumó la Ram Dakota.
La caída de modelos respondió a cierres puntuales y reestructuraciones industriales
Las razones detrás de esas interrupciones fueron distintas entre sí y no remiten, necesariamente, a un proceso de desindustrialización. En varios casos, lo que aparece es una convergencia hacia una mayor especialización productiva dentro de la industria automotriz local.

Nissan resolvió dejar la Argentina como base de fabricación y avanza también en su salida como comercializador directo, en el marco de una reorganización global que incluyó el cierre de plantas redundantes para concentrar la producción en centros de mayor escala. Esa decisión explicó el final de la Frontier, que compartía línea de montaje con la Renault Alaskan en Santa Isabel, en Córdoba, para concentrar la fabricación regional en México.
Ese movimiento también puso fin al programa industrial de Renault para la Alaskan, ya que la plataforma de esa camioneta pertenecía íntegramente a Nissan. Al mismo tiempo, la automotriz francesa había iniciado en 2022 la reconversión de su histórica planta cordobesa en un polo de vehículos comerciales livianos, un plan que se completará con la llegada de la pickup compacta Niágara y con la continuidad de producción del furgón Kangoo.
En ese contexto de reestructuración, y por la antigüedad comercial de los modelos, también se cerró a fines del año pasado el ciclo de vida de los Logan, Sandero y Stepway.
Las terminales apostaron a proyectos con mayor escala exportadora
Un proceso parecido atravesó Stellantis en la planta de El Palomar, en la provincia de Buenos Aires. Los utilitarios Peugeot Partner y Citroën Berlingo acumulaban más de 30 años en el mercado, y una renovación industrial no aparecía como una inversión razonable frente al bajo volumen de unidades. La decisión fue reemplazarlos por la nueva generación importada desde Vigo, España, al amparo del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

El caso del Volkswagen Taos también se vinculó con un cambio de estrategia industrial. La planta de General Pacheco se concentrará desde el año próximo en la nueva generación de la VW Amarok, un proyecto en el que más de la mitad de la producción estará orientada a la exportación. Esa escala prevista es superior a la que la marca sostenía hasta 2025 con la fabricación conjunta de Amarok y Taos.
En sentido inverso, la planta cordobesa de Stellantis incorporó en 2025 una línea de pickups medianas para dos marcas: Fiat Titano y Ram Dakota. Ambos proyectos tienen una proyección exportadora mayor a la que tenía la fábrica cuando dependía casi exclusivamente del Fiat Cronos y, además, funcionan como una compensación interna frente a la caída de ventas de productos Peugeot en la otra planta del grupo.
De hecho, sin contar al Fiat Cronos, que sigue siendo el principal producto exportado por el grupo hacia Brasil, Peugeot exportaba en 2025 un 40% más a ese mercado de lo que ocurre en 2026. Sin embargo, gracias al aporte de las dos pick ups, en julio ambas cuentas se equilibraron y, al sumar 208, 2008, Titano y Dakota, Stellantis ya exporta más vehículos que un año atrás.

Actualmente, Argentina fabrica cinco pick ups: Toyota Hilux, Ford Ranger, Volkswagen Amarok, Fiat Titano y Ram Dakota y serán seis desde octubre cuando sumen la Renault Niágara; también se producen dos modelos convencionales como el Fiat Cronos y el Peugeot 208; otros tres SUV, 2 del segmento B como los Chevrolet Tracker y Peugeot 2008, y una del D, la Toyota SW4; tres furgones y Vans como el Renault Kangoo, y los más voluminosos Mercedes-Benz Sprinter y Toyota Hiace.
Sin embargo, hay un desafío todavía pendiente para estos proyectos industriales, que es la localización de partes argentinas y regionales. Para que un vehículo sea considerado Mercosur y de ese modo se pueda exportar a Brasil sin arancel, debe tener una integración mínima del 50%.
Pero dentro de ese porcentaje está también la operación industrial, es decir, los costos de fabricación, por lo que las partes en sí son entre el 10 y el 20%. Con los costos de partes asiáticas actuales, muchos armadores locales utilizan componentes de origen externo con una mínima integración local, y eso termina impactando en una peor situación para las empresas autopartistas argentinas.
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