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Nazarena Vélez cuestionó el abrazo entre Moria Casán y Georgina Barbarossa: “Hay cosas que yo no perdono”

Nazarena Vélez y su reflexión sobre el reencuentro de Moria Casán y Georgina Barbarossa (Video: Bondi Live)
La gala de los Premios Martín Fierro 2026 no solo entregó estatuillas; se transformó en el escenario de un debate que atraviesa la televisión argentina desde hace décadas: los límites del perdón y las reconciliaciones públicas entre figuras que expusieron sus conflictos ante millones de espectadores. El reencuentro entre Moria Casán, Carmen Barbieri y Georgina Barbarossa, tres nombres con peso propio en el espectáculo local, reavivó una discusión sobre cuándo es posible dejar atrás agravios y cuándo ciertas heridas permanecen abiertas, aún frente a los reflectores y la presión mediática.
El episodio en la premiación fue mucho más que un gesto cordial ante las cámaras. Tras años de distanciamiento marcado por declaraciones cruzadas y resentimientos acumulados, el saludo público entre las tres figuras generó un revuelo inmediato, tanto en el salón del evento como en las redes sociales. Las imágenes del abrazo recorrieron los portales y despertaron de inmediato todo tipo de comentarios, muchos de ellos centrados en el trasfondo de viejas enemistades que parecían irreparables.
La reacción ante el reencuentro no se limitó a los protagonistas directos. Nazarena Vélez en el ciclo Storytime del canal de streaming Bondi, puso en palabras lo que muchos espectadores se preguntaban: ¿es posible perdonar todo en el ambiente artístico, o existen ofensas que nunca cicatrizan? La actriz y panelista no dudó en explicitar su postura: “Yo recién se lo decía a Ángel. Si a mí me lo hacían, yo quedaba como una resentida de mierda, ¿eh? A mí me dicen: ‘Vení, Naza, dale un abrazo’. Yo no te doy”.
La intervención de Barbie Vélez agregó matices al debate: “Bueno, dependiendo la gravedad del asunto, ¿no?”. Alejandra Maglietti, también presente en la charla, ahondó: “¿En algún momento te has reconciliado con algunos y con otros no?” La respuesta de Nazarena fue contundente y, a la vez, reveladora sobre la dinámica de las relaciones en el mundo del espectáculo: “Re. Cuando pasó lo de Fabián (su pareja, quien falleció), quise romper un montón de cosas que no le encontraba el sentido. De hecho, me armigué con Moria después de que había dicho cosas tremendas en su momento. Con Roccasalvo, que lo contó el otro día, le dije: ‘Sí, tenés razón, te pido perdón’, porque yo le había dicho barbaridades”.
El debate sobre el perdón en el ambiente artístico argentino gira en torno a la posibilidad de dejar atrás viejos agravios públicos y privados, y la capacidad de las figuras para distinguir entre situaciones que pueden superarse y aquellas que marcan un quiebre definitivo en los vínculos. Las experiencias personales, la gravedad de los hechos y el paso del tiempo aparecen como factores centrales al momento de decidir si una reconciliación es posible.
La propia Nazarena Vélez lo resume: “Cuando te pasan cosas realmente muy fuertes, hay cosas que pierden el valor. Ahora, hay cosas, como dijo recién Barbie, que yo no las perdono nunca en la vida. Yo no le deseo el mal a nadie, ¿eh? Mirá que tengo gente para desearle el mal, pero no le deseo el mal a nadie. Ahora, no te quiero cerca”.
La escena, breve pero cargada de simbolismo, se produjo bajo la mirada atenta de colegas, periodistas y cámaras. Moria Casán, Carmen Barbieri y Georgina Barbarossa compartieron un saludo público tras años de distanciamiento, tensiones y frases filosas intercambiadas en los medios. El gesto, a instancias de un pedido del conductor, Santiago Del Moro, sorprendió a muchos, no solo por el historial de desencuentros, sino por el contexto: los Martín Fierro suelen ser el termómetro de los climas internos de la televisión argentina, donde los gestos públicos tienen un peso que trasciende la ceremonia.
El reencuentro fue rápidamente amplificado en las redes sociales, donde los usuarios recordaron viejos episodios de enemistad y analizaron el significado del gesto. Para algunos, la imagen del abrazo representó la posibilidad de dejar atrás los resentimientos; para otros, se trató de un acto forzado por las circunstancias mediáticas. La conversación virtual reflejó la complejidad de los vínculos en un ambiente donde las diferencias personales suelen ventilarse en público.
Para entender la magnitud del momento, es necesario repasar la historia detrás del distanciamiento entre Georgina Barbarossa y Moria Casán. La ruptura de la relación se remonta a mediados de los 2000, cuando una declaración televisiva de Casán marcó un antes y un después. Según relató la propia Barbarossa, el conflicto nació a partir de comentarios públicos sobre su esposo, Miguel “El Vasco” Lecuna, quien en ese entonces enfrentaba un tratamiento por adicciones. “Dijo: ‘todos saben muy bien que era alcohólico y drogadicto’, en un programa de televisión, mientras ‘El Vasco’ seguía su terapia de rehabilitación”, recordó Barbarossa.
La exposición mediática de una situación íntima fue vivida por Barbarossa como una traición: “En ese momento la quería mucho, le conté llorando lo que estábamos viviendo. Yo podría haber ocultado la adicción de mi esposo, pero preferí cuidarlo”. La herida se profundizó cuando, incluso después del fallecimiento de Lecuna, Casán continuó refiriéndose en términos duros al tema: “Después siguió hablando mal de mi marido, después de muerto, por eso no la perdono, ni la perdonaré nunca”, expresó Barbarossa en una entrevista. Unas palabras que el tiempo se encargó de aminorar hasta que un abrazo a la vista de todos y un emotivo posteo en redes sociales sellaron la reconciliación.
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El hijo del Indio Solari, envuelto en una grave polémica a horas del multitudinario velorio: la acusación y el dato que revela la verdad

El lunes 8 de junio, el país despidió al Indio Solari en un masivo velatorio en Villa Domínico que dejó infinidad de postales de tristeza, amor y devoción de la familia ricotera. Y apenas unas horas más tarde, un espacio libertario apuntó sobre Bruno, el único hijo que el músico tuvo con su compañera de toda la vida, Viru. ¿Por qué quedó en la mira? Por su trabajo.
Ocurre que el joven, nacido en 2000, este mes cumple un año como empleado en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Fue la cuenta El Disenso, que acostumbra exponer militantes del kirchnerismo con registros de empleo público, la que develó el sueldo del hijo del Indio, que cada vez percibe la suma de $833.652.
El dato del empleo de Bruno generó polémica y críticas en medio de este momento de duelo y de inmediato se supo la verdad: el heredero del líder de Los Redondos dona cada peso de lo que gana al Hospital Garrahan. Aclaró el periodista Manu Jove: “Bruno Solari, el hijo del Indio, efectivamente es empleado de la Legislatura provincial. Trabaja, de hecho, en el despacho de Facundo Tignanelli, diputado de La Cámpora”.
“Se incorporó por su interés en la política. Como algunos se imaginarán, no necesita de ese sueldo de más de algo más de 800 mil pesos para vivir y es por eso que lo dona mensualmente al Hospital Garrahan”, agregó.
LA POLÉMICA EN TORNO AL TRABAJO DEL HIJO DEL INDIO SOLARI
Asimismo, el periodista Fernando Soriano sumó en Twitter lo que le confiaron sus fuentes sobre el empleo de Bruno Solari. “Recién hablé con allegados muy cercanos a la familia Solari y con gente del bloque del FPV en la Legislatura bonaerense. Me aseguraron que Bruno trabaja de lunes a viernes ´como uno más´ en el área de Comunicación y que dona su sueldo al Garrahan”.
“Prometieron darme un comprobante pronto, dadas las circunstancias del luto familiar y esta información, que califican de falsa”, cerró Soriano su publicación, y agregó, a modo de respuesta: “Personalmente creo que no debería donar su sueldo. Quizá lo hace porque no necesita dinero para vivir”.
Marcela Feudale fue una de las tantas personas que se alzaron indignadas luego de la jugada digitada desde uno de los nichos de la LLA en este momento tan sensible: «El fino placer de escrachar a un pibe q acaba de perder a su padre. Y después de todo…les salió como el traste. Son mala gente», escribió en X.
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Del glamour de la alfombra a la fantasía de Willy Wonka: la noche soñada de Charlie y la Fábrica de Chocolate

La calle Corrientes tenía algo distinto esa noche. Quizás era la expectativa. Quizás las luces. O tal vez ese inconfundible aroma a chocolate que comenzaba a escaparse desde las puertas del Teatro Gran Rex mucho antes de que el telón se levantara. Lo cierto es que la función de prensa y para invitados especiales de Charlie y la Fábrica de Chocolate transformó por unas horas al histórico teatro en una suerte de portal hacia el universo imaginado por Roald Dahl.
Sobre la vereda, una enorme plataforma de luces LED proyectaba imágenes en movimiento y servía como improvisada alfombra roja para las decenas de figuras que desfilaron durante la tarde. Los drones sobrevolaban la escena y se mezclaban con las bocinas de los autos y el andar de los curiosos. Actores, cantantes, productores, conductores, influencers y personalidades de distintas generaciones fueron llegando poco a poco, mientras los flashes comenzaban a multiplicarse y el público buscaba reconocer a sus favoritos detrás de los vallados.
Adentro todavía faltaba para el comienzo de la función. Afuera, en cambio, ya había espectáculo.
La primera sensación que dominó la previa fue la de reencuentro. Abrazos largos. Saludos que parecían demorarse algunos segundos más de lo habitual. Colegas que hacía meses no coincidían por compromisos laborales, giras o agendas imposibles. En un ambiente artístico cada vez más fragmentado por los distintos proyectos y plataformas, la noche tuvo algo de reunión familiar.

Pasadas las 19 comenzaron a aparecer los primeros invitados. Uno de los más requeridos fue, sin dudas, Pachu Peña. El humorista avanzó lentamente entre pedidos de selfies, fotos grupales y saludos improvisados. Nadie se quedó sin su momento. Con paciencia infinita y una sonrisa que parecía no borrarse nunca, atendió a cada persona que se le acercó.
Cuando le tocó enfrentar los micrófonos explicó que uno de los motivos que lo habían llevado hasta el Gran Rex era acompañar a un amigo muy especial: Sebastián Almada, integrante del elenco. “Además es el cumpleaños de Seba”, dijo, celebrando la coincidencia.


Consultado sobre la posibilidad de sumarse alguna vez a una gran comedia musical, apeló inmediatamente al humor que lo caracteriza: “Soy muy malo cantando”.
Detrás suyo llegó Sebastián Presta. Relajado, amable y dispuesto a conversar, el actor y productor reconoció que venía con grandes expectativas por el espectáculo que estaba a punto de ver. Mientras atraviesa la gira de Mi amiga y yo, también se tomó unos minutos para hablar del presente teatral: “Estamos bien, pero no estamos a full. El año pasado me fue mucho mejor. Este año está más tranquilo, haciendo gira por el conurbano. Está lleno de obras muy buenas y la verdad es que la gente apoya muchísimo al teatro”, analizó.
La conversación derivó rápidamente hacia la televisión y la ficción argentina: “Veo mucho a la tele, me encanta, pero no la extraño. Ya trabajé mucho detrás de cámara. Lo que sí extraño es la ficción y que haya más producción. Netflix está haciendo algo y creo que en algún momento va a arrancar de nuevo”.

También habló de una de sus experiencias más recientes: la ficción vertical protagonizada por Wanda Nara y Maxi López. “Fue hermoso. Con Wanda y Maxi, la mejor. Y es hermoso cómo se llevan ellos también”, reveló. Y se mostró sorprendido por las repercusiones: “Lo hicimos en cuatro días, muy rápido, y quedó fantástico. Ya van treinta capítulos y más de sesenta millones de visualizaciones”.
Benja Rojas fue otro de los invitados que llegó con mucha expectativa, porque “con Rada a la cabeza que es una fija en este tipo de espectáculos, me encanta”. En lo que respecta al presente de la ficción, aclaró que “son momentos, ojalá que haya más ficción, que es lo que todos extrañamos. Extraño a la televisón como actor y como televidente; creo que si volvieran las novelas las veríamos todos, pero buen, ahí ya hay temas económicos, me encantaría que vuelva”.

La noche tuvo también sus momentos inesperados. Uno de ellos llegó con Vicky Xipolitakis. Fiel a su estilo, apareció luciendo una camiseta de la Selección Argentina y se convirtió instantáneamente en uno de los focos de atención de la alfombra: “Tengo la camiseta más hermosa puesta”, aseguró con entusiasmo.
La actriz Paula Kohan, por su parte, irradiaba felicidad. Actualmente forma parte de Cuestión de género, junto a Moria Casán, Jorge Marrale y Ariel Pérez De María, mientras disfruta además de la repercusión que le dejó su participación en la última temporada de El Encargado: “Estoy muy feliz. Me tocó un papel muy lindo, actuando con Guillermo. Fue una gran oportunidad y un gran desafío”.

Respecto a su presente teatral, destacó el recorrido de la obra: “Ya llevamos un año en funciones. Estamos muy felices porque la obra está funcionando muy bien y vamos a seguir hasta noviembre”.
Entre los invitados también hubo una importante presencia de músicos. Y en cada conversación, inevitablemente, apareció un tema que atravesaba al ambiente artístico: la reciente muerte del Indio Solari.

Cae, recién llegado de España después de una serie de siete presentaciones, fue uno de los primeros en referirse al histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: “No fue alguien con quien tuviera cercanía, pero sí fue un maestro en cuanto a la autogestión. Lo que construyeron abrió un camino que después recorrimos muchos. Y, por supuesto, está el legado de su música”.
Nahuel Pennisi también compartió su emoción: “El Indio generaba un revuelo especial, en el mejor de los sentidos. Tenía unas letras increíbles, llenas de metáforas. Se merece el respeto de todos”.

Y agregó: “Los Redondos me acompañaron muchísimo. Lo primero que siento es tristeza. La tristeza de perder a un grande”.
Uno de los momentos más cálidos de la previa llegó con Abel Pintos. El cantante apareció acompañado por su esposa Mora Calabrese y su hijo Agustín, en una postal familiar: “Vine a apoyar a todo el elenco y especialmente a Agustín, que es amigo”, explicó.

Al recordar al Indio Solari, eligió una reflexión cargada de afecto: “Es una historia que atravesó generaciones enteras. Pero sobre todas las cosas dejó mucha música que nos hace bien y que lo va a mantener eterno”.
La referencia inevitable fue aquel momento vivido meses atrás durante el Cosquín Rock, cuando sorprendió al público con una versión de Jijiji junto a Ale Kurz, excantante de El Bordo. Más tarde, el propio Indio compartió el video en sus redes sociales.

“Tuve la suerte de que él nos diera su respeto a nuestra versión. Eso fue muchísimo para mí. Lo vivimos con mucha emoción porque lo hicimos desde el respeto y él lo recibió de esa manera”, explicó emocionado.
Mientras las entrevistas continuaban, seguían llegando figuras. Entre ellas, una de las más esperadas de la noche: Lali Espósito. Todavía atravesada por la euforia de sus históricos conciertos en River Plate, fue recibida por una nube de flashes y celulares que intentaban registrar cada movimiento.

A pocos metros también podían verse a Cris Morena y varios talentos surgidos de su trouppe, como Cande Vetrano, Gastón Dalmau y Felipe Colombo, entre las decenas de artistas de diversos rubros y generaciones, como Juan Carlos Baglietto, Karina La Princesita, Gustavo Garzón y Flor Torrente que se acercaron para acompañar a Agustín “Rada” Aristarán, Mery del Cerro, Sebastián Almada y al resto del elenco.
La sensación general era que no se trataba simplemente de un estreno más. Había una expectativa especial alrededor de una producción que promete convertirse en uno de los grandes acontecimientos familiares de la temporada. Con una puesta monumental, escenografías de gran escala, música en vivo, coreografías y un elenco numeroso, la apuesta busca repetir en Argentina el fenómeno internacional que ya conquistó escenarios de todo el mundo.

De a poco la vereda comenzó a vaciarse. Los últimos invitados atravesaron las puertas del teatro. Los fotógrafos guardaron sus cámaras. Los productores dejaron de mirar sus relojes.
Y entonces volvió a aparecer ese aroma. Chocolate. Chocolate en el aire, en los pasillos. Chocolate mezclado con la ansiedad de miles de personas esperando que comenzara la función.
Las luces se atenuaron lentamente. El murmullo se transformó en silencio. El enorme telón del Gran Rex empezó a elevarse mientras la sala contenía la respiración. Del otro lado esperaba la fábrica de Willy Wonka. Pero esa, definitivamente, ya es otra historia.
Fotos: Gentileza Prensa
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Si una mariposa aparece en tu casa, te contamos qué significa y por qué se considera una buena señal

Que una mariposa entre a tu casa puede parecer una escena simple de la naturaleza, pero para muchas personas tiene un significado especial. Desde hace siglos, las mariposas aparecen en distintas culturas como símbolo de transformación, cambio y renovación, principalmente por su propio ciclo de vida: pasan de oruga a crisálida y luego se convierten en un insecto completamente distinto.
Según las creencias populares, cuando una mariposa aparece dentro del hogar puede interpretarse como una señal de movimiento energético o de una etapa que está por cambiar. No se trata de una explicación científica, sino de una lectura simbólica que muchas personas relacionan con momentos de transición, decisiones importantes o cierres emocionales.
También existe la idea de que las mariposas traen mensajes de calma y esperanza. Por eso, si una entra a una casa en un momento de preocupación, algunas creencias la vinculan con una señal de alivio, protección o acompañamiento. En otros casos, se la interpreta como anuncio de buenas noticias, especialmente cuando aparece de manera inesperada y permanece cerca de una persona.
El color de la mariposa también suele sumar distintas interpretaciones populares. Las mariposas blancas suelen asociarse con paz, pureza y protección; las amarillas, con alegría, prosperidad o noticias positivas; las negras, aunque muchas veces generan temor, se vinculan en algunas tradiciones con cambios profundos o cierres de etapa; y las de colores intensos, con creatividad, vitalidad y renovación.
Qué puede significar que una mariposa entre a tu casa
- Puede representar una etapa de cambio o transformación personal.
- Se asocia con renovación, crecimiento y nuevos comienzos.
- Para algunas creencias, anuncia buenas noticias o movimientos positivos.
- Puede interpretarse como una señal de calma en momentos de preocupación.
- Si es blanca, suele relacionarse con paz, protección o armonía.
- Si es amarilla, se la vincula con alegría, prosperidad o energía positiva.
- Si es negra, puede representar cierres, cambios profundos o una transición.
Más allá de las interpretaciones espirituales, también hay una explicación natural: las mariposas pueden entrar atraídas por la luz, las plantas, las flores, el calor o una ventana abierta. Por eso, su presencia no siempre tiene que leerse como una señal, aunque muchas personas eligen darle un valor simbólico.
En definitiva, que una mariposa entre a tu casa puede tener un sentido especial según las creencias populares, sobre todo si aparece en un momento emocional importante. Para algunos, es una señal de cambio; para otros, una visita cargada de calma y esperanza. En cualquier caso, su presencia suele despertar una sensación simple pero poderosa: la idea de que algo nuevo puede estar por comenzar.
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