ECONOMIA
Nuevo semáforo de bonos: inversores de la City ya definieron cuáles comprar y qué títulos evitar

El mercado de pesos cambió en las últimas ruedas y después de varias semanas de fuerte compresión de tasas, dólar contenido y récord de compras, los informes más recientes de la City empezaron a mostrar una señal más matizada, en donde, todavía hay valor en la deuda local, pero ya no alcanza con comprar cualquier bono en pesos y esperar que la baja de tasas haga el resto.
El BCRA sigue comprando dólares, el Tesoro mantiene margen para refinanciar vencimientos y las curvas en pesos todavía ofrecen oportunidades. Pero, al mismo tiempo, la suba del tipo de cambio oficial, la mayor volatilidad en los bonos soberanos en dólares, el deterioro de algunas variables reales y la estrategia oficial de estirar duration obligan a ser más selectivo.
En ese contexto, PPI, Balanz, One618 y Criteria actualizaron sus recomendaciones y dejaron un mapa bastante claro sobre dónde ven más valor, qué activos conservarían en cartera y qué segmentos empiezan a exigir mayor prudencia.
Los bonos que quedan en verde
El consenso más amplio aparece en la curva CER, aunque con diferencias importantes sobre qué tramo elegir ya que la inflación implícita todavía luce baja para varias mesas de estrategia, especialmente si el tipo de cambio oficial sigue moviéndose con algo más de velocidad.
PPI ubica sus fichas en el CER corto y, en su informe, la sociedad de bolsa remarca que los rendimientos en pesos se ampliaron durante abril, con un movimiento más fuerte en la curva de tasa fija. Aun así, sostiene que los break even de inflación todavía se mantienen relativamente bajos, por lo que sus principales elegidos dentro del tramo corto son TZX26 y TZXD6.
La lógica detrás del break even es que, si la inflación termina ubicándose por encima de lo que hoy descuentan los precios, esos bonos ajustados por CER pueden capturar mejor ese escenario que una LECAP o BONCAP a tasa fija. Además, al estar en la parte corta de la curva, tienen menos riesgo de duration que los vencimientos más largos.
Balanz también mantiene preferencia por CER y su principal elegido es TZXO6, acompañado con cobertura en Rofex para reducir el riesgo cambiario. La sociedad de bolsa considera que la inflación implícita sigue algo por debajo de sus proyecciones, pero advierte que la combinación actual de tasas y tipo de cambio no resulta tan atractiva como para estirar demasiado la duration -ir a bonos que vencen más allá de 2027-.
Para manejo de liquidez -pesos excedentes-, Balanz prefiere TZX26. El argumento es que los instrumentos más cortos de la curva CER ya operan prácticamente como tasa fija y están arbitrados contra sus comparables, mientras que TZX26 todavía ofrece una mejor ecuación frente a alternativas como T30J6 o TTJ26.
One618, a través del posicionamiento del Consultatio Balance Fund, muestra una cartera más agresiva en pesos. El fondo mantiene 80% pesificado y una exposición de 60,7% a CER, con una tenencia muy relevante en TZX26, que representa 26,5% de la cartera. También aparece TZX28, con 15,6%, lo que marca que el fondo no abandonó el tramo largo, aunque sí empieza a moverse hacia alternativas más defensivas.
El dato más interesante de One618 es la incorporación de CER provincial. La administradora empezó a mirar bonos de Córdoba y Mendoza, que ofrecen spreads de entre 370 y 400 puntos básicos de tasa real sobre la curva soberana. En su cartera aparecen papeles como CO3D7 y COD7P, mientras que la exposición provincial total llega a 15,5%.
Para One618, estos instrumentos funcionan como una alternativa superadora frente al CER soberano, porque mantienen cobertura inflacionaria pero agregan un diferencial de carry por riesgo crédito provincial.
Criteria, en tanto, mantiene preferencia por la curva CER para inversores en pesos, aunque su selección va más hacia una extensión marginal de duration. Sus elegidos son TX26, TZXM7 y TZXS7, especialmente para quienes proyectan una inflación por encima de las expectativas de mercado.
El TX26 aparece como una opción intermedia, con pagos parciales en mayo y noviembre, mientras que TZXM7 y TZXS7 permiten capturar más tasa real si el mercado vuelve a convalidar una compresión de rendimientos. La clave, en este caso, es que Criteria no recomienda alargar duration de manera indiscriminada, sino hacerlo en instrumentos puntuales.
Dentro de la deuda en dólares y para carteras con horizonte de largo plazo, Criteria mantiene preferencia por la curva bajo ley local, con AL30 como posición principal y AE38 como complemento. El AL30 ofrece menor duration y más liquidez, mientras que AE38 suma rendimiento y exposición a una eventual compresión de spreads.
Los bonos que quedan en amarillo
En la zona amarilla aparecen los activos que todavía pueden tener sentido, pero donde la relación riesgo-retorno ya no luce tan cómoda.
El primer grupo es el de los CER largos, en donde, PPI y Balanz coinciden en que el tramo largo puede tener valor, pero también advierten que es más vulnerable a la estrategia del Tesoro. El Gobierno viene aprovechando las tasas cortas bajas para extender vencimientos, y eso implica pagar premio en instrumentos más largos. Si esa dinámica continúa, los bonos de mayor duration podrían sufrir caídas de precios a medida que salen nuevas licitaciones.
Balanz destaca como el tramo largo (TZX28, TZXS8, TX31, DICP) es el que mayor carry ofrece y sería el más beneficiado ante una compresión del riesgo país, pero también es el que más sufriría si el Tesoro sigue presionando con nuevas colocaciones de duration extendida. Por eso, prefiere el tramo medio/corto antes que avanzar agresivamente sobre papeles más largos.
One618 mantiene una tenencia relevante en TZX28, pero su propio informe reconoce que la compresión desde estos niveles no será tan agresiva como la observada hasta ahora. Esa frase resume bastante bien el cambio de etapa. El trade CER no está agotado, pero el margen de ganancia fácil se volvió más acotado.
También quedan en amarillo los bonos duales (TTJ26, TTS26, TTD26) ya que One618 tiene apenas 2,3% de la cartera en estos instrumentos, mientras que Balanz señala que, si la TAMAR se mantiene en los niveles actuales, los duales y TAMAR podrían pagar algo más que la tasa fija, aunque por debajo del CER bajo sus proyecciones de inflación.
Es decir, no son instrumentos para descartar, pero tampoco aparecen como la apuesta principal. Funcionan mejor como complemento para escenarios donde las tasas variables sostienen atractivo o donde la inflación no alcanza para que el CER saque una ventaja tan clara.
En deuda en dólares, los Globales bajo ley extranjera también quedan en amarillo. Criteria destaca como la deuda soberana corrigió aun con compras récord del BCRA, lo que empieza a debilitar la relación directa entre acumulación de reservas y compresión del riesgo país.
Los bonos que quedan en rojo
El segmento que aparece con más advertencias es la tasa fija larga (T15E7, T30A7, T31Y7, T30J7 TY30P). La razón es que el mercado empieza a exigir más premio por alargar plazos sin cobertura inflacionaria ni cambiaria.
PPI muestra que la curva soberana de tasa fija en pesos fue la más golpeada durante abril. Los rendimientos volvieron a ubicarse cerca de 28%/29% anual en varios vencimientos, pero la corrección no necesariamente alcanza para convertir a toda la curva en atractiva. Si la inflación no baja tan rápido como espera el mercado o si el dólar oficial mantiene una mayor velocidad de ajuste, los instrumentos a tasa fija quedan más expuestos.
Balanz también mira con cautela ese tramo y advierte que el menor spread entre la tasa a un día y el resto de la curva dificulta el rollover del Tesoro. En ese escenario, el Gobierno puede verse obligado a convalidar tasas más altas en la parte larga o a modificar la dinámica de las tasas cortas. Para los bonos largos a tasa fija, eso implica riesgo de pérdida de precio.
Criteria tampoco prioriza la tasa fija y concentra su estrategia en pesos en CER y en posiciones cortas para liquidez. Para el comité, los instrumentos cortos en pesos siguen superando a los fondos comunes de inversión money market, pero eso no se traduce en una recomendación amplia para extenderse en LECAP o BONCAP largas.
El nuevo semáforo de la City
Por todo esto, el nuevo semáforo de bonos marca un cambio de etapa para la renta fija local, en donde, después de la fuerte compresión de tasas, la oportunidad dejó de estar en comprar deuda en pesos de manera amplia y pasó a depender mucho más de la selección de instrumento, plazo y cobertura.
La zona verde queda dominada por la curva CER, sobre todo en los tramos corto y medio. Allí aparecen TZX26, X31L6, X30S6, TZXD6, TZXO6, TX26, con matices según cada informe de la City y según el riesgo de duration que pueda tolerar cada inversor. La tesis detrás de esos nombres es que la inflación implícita todavía luce baja frente a las proyecciones de varias mesas, mientras que el ajuste por CER permite capturar un escenario en el que la desaceleración de precios sea más lenta que la esperada por el mercado.
Dentro de esa misma lógica también ganan lugar los CER provinciales, especialmente bonos de Córdoba y Mendoza como CO3D7 y COD7P, que One618 incorporó por el diferencial de tasa real frente a la curva soberana. Para carteras en dólares con horizonte más largo, Criteria mantiene preferencia por la ley local, con AL30 como posición principal y AE38 como complemento.
La zona amarilla queda para activos con potencial, aunque con una relación riesgo-retorno más ajustada. Los CER largos, como TZX28, TZXS8, TX31 y DICP, ofrecen mayor carry y podrían capturar una eventual compresión del riesgo país, aunque su sensibilidad aumenta si el Tesoro insiste con licitaciones de mayor duration y convalida premios más altos. En esa misma franja aparecen los duales, como TTJ26, TTS26 y TTD26, útiles como complemento para escenarios de tasas variables más firmes, aunque lejos de ocupar el centro del interés de las mesas de la City.
La zona roja queda concentrada en la tasa fija larga, con instrumentos como T15E7, T30A7, T31Y7, T30J7 y TY30P. Ese tramo exige que varias condiciones jueguen a favor al mismo tiempo: inflación en baja, dólar oficial estable y un Tesoro capaz de renovar vencimientos sin pagar mucho más premio. Cualquier desvío en alguno de esos frentes puede golpear los precios, porque estos bonos no cuentan con cobertura inflacionaria ni cambiaria.
iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,bonos,city,inversiones
ECONOMIA
Argentinos en colectivo: cuáles son las ciudades más caras y más baratas para el autotransporte urbano de pasajeros

El precio del boleto de colectivo sigue mostrando grandes diferencias entre ciudades, en un contexto marcado por nuevas actualizaciones tarifarias y cambios en los esquemas de subsidios. Mientras algunos distritos aplicaron aumentos en las últimas semanas para recomponer costos operativos, otros mantienen tarifas considerablemente más bajas, lo que profundiza la brecha entre los extremos del mapa urbano argentino.
El relevamiento de tarifas correspondiente a mayo de 2026 muestra que viajar en colectivo puede costar más del doble según la ciudad. Las diferencias no sólo responden a decisiones locales sobre subsidios o estructura de costos, sino también al nivel de financiamiento provincial y municipal, la cantidad de pasajeros transportados y la situación económica de cada sistema de transporte.
Entre las tarifas más elevadas del país aparecen varias ciudades del interior que durante los últimos meses aplicaron ajustes para sostener el funcionamiento de los servicios urbanos. En el tope del ranking se ubica Pinamar, con un boleto mínimo de $2.625 (la ciudad cobra tarifas diferentes para residentes y no residentes). Le sigue San Martín de los Andes, con $2.500, y Centenario —localidad neuquina— con $2.478. Completan el grupo de las más caras Pergamino ($2.332), Bariloche ($2.046) y Eldorado ($2.000), según relevamientos realizados por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) y la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta).
Se trata, en su mayoría, de ciudades medianas o de perfil turístico, donde el sistema de transporte público suele tener menor escala y, por lo tanto, menos posibilidades de distribuir costos entre una gran cantidad de pasajeros. Eso se traduce, en general, en tarifas más altas.
En la franja intermedia del ranking aparecen algunas de las ciudades más pobladas del interior del país. Santa Fe encabeza ese grupo con $1.900. Más abajo se ubican las capitales de Córdoba, Rosario y Paraná, que comparten el mismo valor: $1.720. En el puesto 22 aparece Mendoza, con un boleto mínimo de $1.400.
En el extremo opuesto del cuadro, las tarifas más bajas del país corresponden a la región más poblada: el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El boleto de las líneas nacionales del AMBA cuesta actualmente $714, el de las líneas porteñas (CABA) asciende a $754, y el de las líneas de la provincia de Buenos Aires llega a $969. Partido de la Costa, con $698, es la única jurisdicción que se ubica por debajo de las líneas nacionales del AMBA.
También están en la franja baja General Pico ($800) y Viedma ($980). Un grupo de ciudades se posiciona exactamente en los $1.000: Villa Mercedes, Villa María, San Luis, Trelew y La Rioja.
Que el AMBA concentre las tarifas más bajas no es casual. Las líneas de jurisdicción nacional reciben subsidios del Estado nacional que permiten mantener los valores deprimidos respecto del resto del país. Sin embargo, esa diferencia tiene un costo: según informó Infobae días atrás, la Secretaría de Transporte de la Nación adeuda a las empresas de colectivos del AMBA $35.000 millones en concepto de “atributo social”, lo que derivó en una reducción de frecuencias que afectó a miles de pasajeros.
En las últimas semanas, varias ciudades ajustaron sus tarifas. Uno de los incrementos más significativos se registró en Villa Mercedes, donde el boleto subió un 17,65%. En la provincia de Buenos Aires, el aumento fue del 16,33%, mientras que en Santa Fe el boleto trepó un 10,47% y en CABA un 10,56%.

En el caso del AMBA nacional, el aumento fue más moderado: el boleto pasó de $700 a $714, lo que representa una suba del 2%. El Gobierno prevé dos incrementos adicionales para los meses siguientes —en junio y julio— de igual magnitud, lo que llevaría el valor a $742 hacia mediados del tercer trimestre del año.
Ese esquema escalonado fue cuestionado por las empresas del sector, que sostienen que los ajustes están por debajo de la inflación y no alcanzan para cubrir el aumento de los costos operativos, en particular el del combustible.
Una brecha que se agranda
La combinación de aumentos en el interior y subas más moderadas en el AMBA profundiza una diferencia tarifaria que ya era marcada. Mientras ciudades como Córdoba, Rosario o Santa Fe superan ampliamente los $1.700, las líneas nacionales del AMBA se mantienen por debajo de los $750.
Esa distancia no solo refleja distintas políticas de subsidios, sino también realidades operativas diferentes: sistemas de mayor escala, distintos niveles de cobertura estatal y estructuras de costos que varían según la región. El resultado es un mapa tarifario fragmentado, donde el precio de un viaje en colectivo depende, en gran medida, de en qué ciudad se vive.
ECONOMIA
Caputo emite cada vez más pesos para comprar más dólares: ¿le está haciendo caso a Cavallo?

Al final, después de la dura pelea pública, ¿Toto Caputo y Santiago Bausili le están haciendo caso a Domingo Cavallo? Es lo que sugiere la aceleración en la compra de dólares por parte del Banco Central, que en los últimos días llegó a un promedio diario de u$s192 millones.
Es una cifra que supera ampliamente los promedios de los meses previos: en enero hubo compras por u$s55 millones diarios, en febrero por u$s83 millones, en marzo por u$s80 millones y en abril por u$s138 millones.
Previsiblemente, la suma viene en ascenso, coincidiendo con la intensidad creciente del flujo de divisas que deja la balanza comercial. Ya en marzo se había batido el récord de exportaciones, y se acaba de conocer la nueva marca histórica alcanzada en abril, con ventas de bienes al exterior por u$s8.914 millones y un saldo neto de u$s2.711 millones.
Lo mejor es que las expectativas para mayo y junio son aun más altas, dado que en las estadísticas de comercio exterior todavía no se ve reflejado el impacto pleno de la suba en el precio del petróleo, el nuevo rubro estrella de la exportación nacional. Dado que hay un desfasaje de unos 45 días entre el inicio de la operación aduanera y el ingreso por la exportación, todavía se están registrando los precios del inicio del conflicto en Medio Oriente.
Eso implica que si las exportaciones de combustibles crecen a un 85% anual no es -al menos, no todavía- por el «efecto precio», sino por el boom productivo en la cuenca de Vaca Muerta.
Tal vez se trate sólo de una coincidencia, o una estrategia financiera de corto plazo ante los vencimientos de deuda, pero no deja de ser llamativo el hecho de que el volumen de compra de dólares se haya intensificado en la misma medida en que el flujo de entrada de divisas fue más fuerte.
Y eso es, precisamente, lo que Domingo Cavallo le había sugerido el mes pasado al equipo económico del gobierno: que aprovechara la «ventana de oportunidad» que le iba a dar esta época del año -tradicionalmente generosa en ingreso de dólares del agro- para acumular reservas en el BCRA.
Piñas van, piñas vienen
Cavallo sostenía que, de esa forma, se transmitiría una señal de mayor confianza al mercado. Y afirmaba que el gobierno no debería tener miedo de que la contracara inevitable de la compra de dólares -la inyección de pesos al mercado- pudiera tener un efecto de presión sobre la inflación ni sobre el tipo de cambio.
Claro que Cavallo no se detuvo ahí. También dijo que esta era la ocasión ideal para deshacerse de las restricciones remanentes del cepo, que dificultan a las empresas el movimiento de capitales entre los diferentes segmentos del mercado financiero. Cavallo dijo que era ese cepo, y no el «riesgo kuka», el verdadero obstáculo para que el índice de riesgo país cayera por debajo del nivel de 500 puntos.
Para completar, calificó a Caputo como «un trader sin formación teórica ni ideología», en línea con la visión despectiva que suelen entrever los economistas del sector académico respecto de los que actúan en el mercado de capitales.
Además, Cavallo dejó flotando una advertencia inquietante: que el año próximo, por el solo hecho de realizarse elecciones presidenciales, volverá a producirse una masiva dolarización por parte del público. Y que siempre será mejor que esa situación ocurra con un mercado cambiario libre, porque el tipo de cambio se ajustará rápidamente, sin que se genere una sangría de reservas del BCRA.
Lo que ocurrió a partir de allí es conocido por todos: acusaciones de «resentimiento» de parte de Caputo hacia Cavallo y hasta una amenaza velada de contar sugerencias que el padre del Plan de Convertibilidad había hecho al inicio de la gestión Milei, y que implicaban ruptura de los derechos de propiedad -es decir, el ministro insinuó que Cavallo quería reeditar alguna medida confiscatoria parecida al Plan Bonex de 1990-.
La cautela de Toto
Parecía que esa esgrima verbal marcaba un alejamiento irreconciliable entre los puntos de vista de los dos economistas. Sin embargo, los hechos parecen demostrar que, en el fondo, no había tantas diferencias.
Para empezar, Caputo confirmó que su objetivo es llegar a la liberalización total del mercado cambiario. Es decir, no discrepaba con Cavallo respecto de la conveniencia de esa medida, sino que no creía que en este momento estuvieran dadas las condiciones.
Caputo tiene por delante un exigente calendario de vencimiento de deuda dolarizada, que implica que, para el trimestre julio-septiembre se acumularán obligaciones con los bonistas del mercado por u$s4.400 millones, con el Fondo Monetario Internacional por u$s1.613 millones y con otros organismos de crédito por u$s1.529 millones.
Se da por descontado que la parte de esos vencimientos que corresponde al capital será «rolleada», pero habrá que abonar los intereses, lo que implicará pagarle u$s820 millones al FMI y u$s551 millones a los organismos. El escenario base que manejan los analistas es que la deuda a mercado deberá ser cancelada en su totalidad, lo que implica que las necesidades de caja del Tesoro ascenderían a unos u$s6.170 millones.
El refuerzo de la caja del Tesoro -gracias, en buena medida, al «regalo» del BCRA que le transfirió $6 billones por las ganancias que dejó el último balance-, disipa los temores respecto de los pagos de deuda para este año.
En cambio, el panorama de 2027 luce mucho más complejo, tanto por el monto de los vencimientos -u$s23.000 millones para el Tesoro y u$s11.200 millones para el BCRA- como por el hecho de que se trate de un año electoral, lo cual puede impactar sobre las expectativas del mercado.
Inyectando plata en el mercado
La advertencia pública que Milei le había hecho a Bausili hace dos meses era bien elocuente: le había pronosticado que le iban a «salir dólares por las orejas», pero le hizo notar que existía el riesgo de que las compras del BCRA se trasladaran a los precios.
De hecho, el presidente nunca se había mostrado como un entusiasta de la acumulación de reservas, precisamente porque consideraba que ese objetivo podía tener efectos colaterales, como una escapada del dólar y una mayor inflación.
En un reciente discurso ante un auditorio de empresarios, dijo que reforzará el sesgo contractivo de la política monetaria para que no haya riesgos de desvíos en el sendero descendiente del IPC.
Sin embargo, los números están marcando algo diferente: la inyección de pesos que hace el Central cada vez que compra dólares va en un aumento notorio. En enero emitió $1,7 billones, en febrero y marzo $2,2 billones, en abril saltó a $3,8 billones. Y todo indica que en mayo también se superarán los $3 billones.
Estas cifras implican que en el último mes el BCRA emitió el equivalente al 7% del del M2 transaccional privado -que incluye pesos circulantes, depósitos en cuentas corrientes y en cajas de ahorro-. Si, en cambio, se toma como referencia al agregado M3 -que suma también la deuda del sector público y los depósitos en plazos fijos- esa emisión es por 2,3% de la base. Son números relativamente bajos, pero que duplican el nivel de expansión de los últimos meses.
Si el gobierno estuviera particularmente preocupado por el hecho de que esa expansión fuera inflacionaria, eso se reflejaría en un afán de absorción de todos los pesos «excedentes». Sin embargo, la postura de Caputo en las últimas licitaciones del Tesoro ha sido menos dura.
A diferencia de lo que ocurría a inicios de año, cuando no se contentaba con «rollear» los vencimientos de la deuda en pesos, sino que además «pasaba la aspiradora» mediante la colocación de bonos, en las últimas licitaciones apenas sacó del mercado $1 billón, una suma que, a esta altura, luce menor.
¿Hay más demanda de pesos?
Esta actitud podría interpretarse como que, desde el punto de vista del ministro, se está produciendo un aumento en la demanda de dinero por parte del público.
De hecho, Caputo hizo una argumentación técnica en ese sentido, al afirmar que cuando el dólar y las tasas de interés caen en forma simultánea, eso es un síntoma de que los argentinos tienen mayor disposición a mantener pesos en el bolsillo.
Es un punto que generó polémica entre los economistas, dado que los de la línea más ortodoxa sostienen que, contrariamente a lo que afirma Caputo, si hubiese mayor demanda de pesos eso se reflejaría en una mayor tasa de interés.
Pero entre quienes adhieren al punto de vista del gobierno hacen otro análisis: afirman que cuando cae la demanda por activos en pesos, el Tesoro se ve obligado a convalidar una mayor tasa en las licitaciones de bonos, y eso se traslada al sistema bancario. Es, de hecho, lo que ocurrió el año pasado antes de la elección legislativa. Ahora, como los inversores compran bonos en pesos a menor tasa, Caputo tiene el argumento de una mayor demanda de pesos.
Sus críticos contestan que, si esa fuera la verdadera situación, entonces no se estaría viendo un crecimiento en la compra de dólares por parte de los ahorristas. Los últimos números marcaron que en abril se duplicó ese nivel de compras, y ya supera los u$s1.500 millones mensuales.
El tema, como queda en evidencia, da para un extenso debate. Pero lo cierto es que, de momento, el gobierno se está dando el gusto de comprar grandes cantidades de dólares sin subir la tasa de interés ni generando una contracción monetaria que enfríe más la economía. Como pedía Cavallo.
iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,dólar,banco central,bcra,pesos,emisión,devaluación,inflación,tasas,interés,domingo cavallo,toto caputo
ECONOMIA
Qatar 2022 vs EEUU-México-Canadá 2026: del Mundial más caro de la historia para el anfitrión al más caro para los espectadores

El torneo que Argentina defenderá como campeón, y que podría ser la última Copa del Mundo de Lionel Messi, estableció un nuevo récord que va mucho más allá de lo deportivo: ningún Mundial en la historia resultó tan caro para quienes quieren verlo en persona. Y la paradoja es que, a diferencia de ediciones anteriores, esta vez el dinero no se gastó en construir estadios sino en llenarlos.
El Mundial 2026 parte de una premisa que lo distingue de sus predecesores inmediatos: los 16 estadios (11 en EEUU, 3 en México, 2 en Canadá) donde se disputarán los 104 partidos ya estaban construidos. Once corresponden a Estados Unidos, tres a México y dos a Canadá. El partido inaugural se jugará en el estadio Azteca de Ciudad de México, refaccionado para la ocasión. La final está prevista en el MetLife Stadium de New Jersey, donde Estados Unidos aporta también la mayor parte del calendario: 78 de los 104 partidos, incluida esa definición.
No hubo que levantar infraestructura desde cero, como ocurrió en Qatar 2022, donde el país anfitrión invirtió alrededor de 200.000 millones de dólares en estadios, aeropuertos, hoteles y un sistema de transporte construido prácticamente de la nada para recibir un evento que un país de apenas 3 millones de habitantes no podía albergar sin esa transformación. La FIFA, en cambio, cubrió costos de alrededor de 1.700 millones de dólares en aquel torneo y obtuvo ingresos estimados en 4.700 millones, con una ganancia neta de unos 3.000 millones.
En 2026, la lógica se repite, pero con una diferencia: lo que la organización no se gastó en infraestructura, que en gran medida ya estaba hecho, se trasladó al precio de las entradas.
Según un análisis de The Economist, el Mundial 2026 es el evento cultural más caro de la historia en términos de acceso para el público. Las entradas para la fase de grupos promediaron los 200 dólares, mientras que la tarifa mínima para la final llegó a 2.030 dólares. Ajustando por inflación, los precios más que duplican los de Qatar 2022 y cuadruplican los del Mundial de 1994, también disputado en suelo estadounidense.

El mecanismo detrás de este salto es novedoso. Por primera vez, la FIFA tomó el control total del ticketing, desplazando a los operadores locales, e implementó un sistema de precios dinámicos: los valores suben en función de la demanda en tiempo real. Además, habilitó un mercado oficial de reventa con una comisión del 15% tanto para compradores como para vendedores. El resultado fue una escalada que llevó algunas entradas para la final a relistarse en el mercado secundario por hasta 2 millones de dólares.
Para los hinchas de Brasil, asistir a los tres partidos de la fase de grupos representaba, en la reventa, un desembolso de alrededor de 3.800 dólares. Para los seguidores de Cabo Verde, que debuta en la Copa del Mundo, la cifra rondaba los 1.000 dólares. The Economist señala que el modelo se asemeja a la lógica del mercado estadounidense de espectáculos, donde las entradas para el Super Bowl rara vez bajan de los 900 dólares. En contraste, el boleto más accesible para la final de la Champions League europea se ubicó en torno a los 200 dólares.
En el caso de Argentina, se estima que ver los tres partidos de fase de grupos, con precios de reventa, tendrá un costo aproximado de USD 2.500. Claro está, que dependiendo de la disponibilidad y la demanda, ese valor puede variar.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, salió al cruce de las críticas con una frase que sintetiza la postura oficial: “Si algunas personas ponen en el mercado de reventa entradas para la final a 2 millones de dólares, en primer lugar, eso no significa que las entradas cuesten 2 millones de dólares. Y si alguien compra una entrada para la final por 2 millones de dólares, personalmente le llevaré un perrito caliente y una Coca-Cola para asegurarme de que tenga una gran experiencia.”
Una demanda que no llegó
El problema para los organizadores, es que ni siquiera a esos precios la demanda respondió como se esperaba. En las semanas previas al inicio del torneo, los valores en el mercado oficial y en plataformas secundarias comenzaron a caer de manera pronunciada. El partido inaugural entre Estados Unidos y Paraguay registró una baja superior al 30% en el último mes. El promedio de reducción de precios en los partidos disputados en territorio estadounidense llegó al 24%, con algunos encuentros que sufrieron recortes de más del 50%.
Scott Friedman, conductor del programa Ticket Talk, fue directo en su diagnóstico: “La FIFA sobrestimó la demanda y esto les está costando caro. Los precios fueron demasiado altos en los 104 partidos, fue un desastre completo”.
REUTERS/Caroline Brehman TPX IMAGES OF THE DAY
Las consecuencias se extendieron al sector hotelero. A mediados de abril, con una demanda muy por debajo de las proyecciones, los hoteles de ciudades sede como Atlanta, Dallas, Miami, Filadelfia y San Francisco ya habían tenido que reducir sus tarifas cerca de un tercio respecto del pico que habían alcanzado a principios de año, según datos de Lighthouse Intelligence citados por el Financial Times. La American Hotel and Lodging Association (Ahla) calculó que un 80% de los operadores en los mercados estadounidenses reconoció cifras por debajo de sus proyecciones. En Kansas City, ese porcentaje se ubicó entre el 85% y el 90%.
Hasta el 70% de las habitaciones que la FIFA había reservado en Boston, Dallas, Los Ángeles, Filadelfia y Seattle fueron canceladas, lo que distorsionó la percepción real de la demanda y afectó la planificación de los hoteles. Michael Bellisario, analista senior de Baird Equity Research, recortó su estimación de crecimiento en ingresos por habitación disponible del rango de entre 0,75 y 1 punto porcentual a entre 0,25 y 0,50 puntos.

La revisión de expectativas también alcanzó al turismo en términos más amplios. La consultora Tourism Economics redujo su proyección de crecimiento de visitantes internacionales a Estados Unidos para este año del 3,9% al 3,4%, según su director de estudios sectoriales, Aran Ryan. Esto contrasta con lo que Infantino había prometido a las ciudades sede en 2024: “cientos de miles” de visitantes, no sólo quienes tuvieran entradas sino también quienes simplemente quisieran “formar parte de algo especial.”
Entre las barreras identificadas por los especialistas figuran el alto precio de las entradas, los costos del transporte local, la carga impositiva, el contexto geopolítico y las dificultades para obtener visas. Entre un 65% y un 70% de los operadores hoteleros identificaron las barreras de visado y las preocupaciones geopolíticas como factores que limitaron la llegada de visitantes. El Departamento de Estado de Estados Unidos eliminó una fianza de 15.000 dólares para los solicitantes de visa de 50 países que posean un boleto válido, en un intento de estimular ese flujo.
La baja demanda también golpeó a quienes, desde Argentina, intentaron armar operativos para llevar hinchas al torneo. Aerolíneas Argentinas canceló los vuelos que tenía previstos desde el interior del país hacia Miami —puerta de entrada al Mundial para muchos argentinos— debido a la combinación de una demanda insuficiente y un aumento del 50% en los precios de los combustibles, consecuencia del conflicto en Medio Oriente.
La aerolínea de bandera había proyectado operar desde el 8 de junio dos vuelos semanales desde Córdoba, tres desde Rosario y dos desde Tucumán, todos con escala técnica en Punta Cana. La decisión fue concentrar a los pasajeros en Buenos Aires, donde la oferta se mantiene en 20 vuelos semanales, para preservar la rentabilidad de las rutas. Fuentes de la empresa indicaron que esperaban un repunte en las ventas más cerca de la fecha que finalmente no se produjo, incluso después de lanzar una tarifa especial. Los vuelos directos a Kansas City y Dallas, alineados con el calendario de partidos de la selección argentina, se mantienen sin cambios.
Soccer World Cup,Sports,Top Picture,North America,Sport,Soccer World Cup,World Cup
ECONOMIA2 días agoMilei lanza «operativo» urgente para que el salto de inflación mayorista no explote en góndolas
ECONOMIA2 días agoEl FMI aprobó la revisión del acuerdo con la Argentina y destraba el desembolso de USD 1.000 millones
POLITICA3 días agoVIDEO | Un especialista demostró que la cuenta de X que desató la interna libertaria pertenecía a Martín Menem
















