ECONOMIA
Plazo fijo tradicional vs. UVA: cuál gana con la inflación en baja, según proyecciones del mercado

La desaceleración de la inflación reabrió una pregunta clásica entre los ahorristas argentinos: ¿conviene hoy apostar por un plazo fijo tradicional o por uno ajustado por UVA?. A esto se suma otra otra duda: ¿qué pasa con el dólar?
El interrogante cobra fuerza luego de que el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina proyectara una inflación en descenso para los próximos meses. Según las estimaciones de consultoras y bancos privados, el IPC pasaría del 2,3% en mayo al 1,8% mensual en octubre.
En paralelo, las tasas que pagan los bancos por depósitos tradicionales a 30 días rondan actualmente el 1,5% mensual promedio y no se esperan subas en el corto plazo. Con ese escenario, empieza a definirse un claro ganador en la pulseada entre ambas alternativas de inversión conservadora.
Qué pasa hoy con el plazo fijo tradicional
El plazo fijo tradicional volvió a perder atractivo desde que los bancos redujeron las tasas pagadas a los ahorristas. Actualmente, el rendimiento promedio mensual se ubica cerca del 1,5%, aunque algunas entidades pagan apenas por encima de ese nivel. Esto implica que, si la inflación efectivamente se mantiene arriba del 2% durante los próximos meses, el inversor perdería poder adquisitivo.
Por ejemplo, con una inflación del 2,3% y una tasa del 1,5%, el rendimiento real sería negativo en torno al 0,8% mensual. Incluso si el IPC baja al 1,8% hacia octubre, como prevé el REM, el plazo fijo tradicional seguiría prácticamente empatando o quedando apenas debajo de la inflación esperada.
Por qué el plazo fijo UVA aparece como ganador
En ese contexto, el plazo fijo UVA vuelve a ganar terreno como herramienta de cobertura. Este instrumento ajusta el capital según la inflación medida por el CER y además suma una tasa adicional cercana al 1% anual. En otras palabras, garantiza mantener el poder adquisitivo del dinero invertido. Mientras el plazo fijo tradicional depende de la tasa que definan los bancos, el UVA acompaña directamente la evolución de los precios.
Por eso, con expectativas de inflación todavía por encima de las tasas tradicionales, el UVA aparece hoy como la opción más rentable para perfiles conservadores que priorizan no perder contra el costo de vida.
Qué dicen los expertos
Para Andrés Reschini, analista de F2 Soluciones Financieras, «mientras la inflación esperada siga por encima de la tasa nominal que pagan los bancos, el plazo fijo tradicional continuará ofreciendo retornos reales negativos». «El UVA hoy vuelve a posicionarse como una cobertura lógica para quienes buscan preservar capital en pesos sin asumir riesgo de mercado», explicó.
En la misma línea, Gustavo Ber, economista y titular de Estudio Ber, sostuvo que «la fuerte desaceleración inflacionaria redujo el atractivo de muchas coberturas tradicionales, pero las tasas bancarias todavía no logran superar las expectativas de inflación».
Según el especialista, «el plazo fijo UVA puede resultar más conveniente para perfiles conservadores que tengan horizonte de al menos tres meses y no necesiten liquidez inmediata».
Por su parte, el economista Salvador Di Stefano consideró que «el mercado todavía no cree en una inflación debajo del 1,5% mensual de manera sostenida, por eso el UVA sigue siendo competitivo frente al plazo fijo clásico».
Qué pasa con el tercero en discordia: el dólar
En medio de la discusión entre plazo fijo tradicional y UVA, aparece además un tercer competidor histórico para el ahorrista argentino: el dólar. Sin embargo, el escenario actual también cambió para la divisa estadounidense. Tras la flexibilización del cepo y el nuevo esquema cambiario impulsado por el Gobierno, el tipo de cambio oficial viene mostrando una mayor estabilidad relativa.
Eso redujo, al menos por ahora, la expectativa de una devaluación brusca en el corto plazo. Para muchos analistas, el dólar dejó de ser una cobertura automática contra la inflación mensual, especialmente en períodos donde el tipo de cambio se mueve por debajo del IPC.
«Hoy el ahorrista enfrenta un escenario distinto al de otros años: el dólar ya no garantiza necesariamente ganarle a la inflación mes a mes», explicó Gustavo Ber.
Desde el mercado sostienen que, si el crawling peg o la suba del dólar continúa corriendo detrás de la inflación, los instrumentos ajustados por CER podrían seguir ofreciendo mejores retornos reales en pesos. De todos modos, los especialistas aclaran que el dólar mantiene atractivo como activo de cobertura política y financiera de mediano plazo, especialmente en un país con historial de volatilidad cambiaria. Por eso, muchos asesores recomiendan estrategias mixtas: combinar una parte en instrumentos UVA para cubrir inflación y otra dolarizada para reducir riesgos ante eventuales shocks cambiarios.
La gran contra del UVA: el tiempo de inmovilización
Sin embargo, el plazo fijo UVA tiene una desventaja importante: exige inmovilizar en algunos casos el dinero durante al menos 90 días y en términos generales unos 180 días.
Esa condición hace que muchos ahorristas sigan prefiriendo el plazo fijo tradicional, especialmente en un contexto donde el Gobierno busca consolidar la desaceleración inflacionaria y evitar sobresaltos cambiarios. Además, algunos inversores creen que las tasas bancarias podrían volver a subir si aparece tensión financiera o cambiaria, aunque hoy el mercado no descuenta ese escenario como el más probable.
Qué conviene hacer hoy
Con las proyecciones actuales, el plazo fijo UVA parece tener ventaja frente al tradicional al menos en el corto plazo. Si la inflación termina ubicándose entre 2% y 2,3% mensual y las tasas siguen alrededor del 1,5%, el inversor tradicional continuará perdiendo contra los precios. El panorama podría cambiar recién si la inflación perfora claramente el 1,5% mensual o si los bancos vuelven a elevar con fuerza las tasas pagadas por depósitos. Hasta entonces, la batalla entre ambos instrumentos tiene, según el mercado, un ganador bastante claro: el plazo fijo ajustado por UVA.
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ECONOMIA
Domingo Cavallo, otra vez crítico con el Gobierno: cuestionó el RIGI y pidió levantar los controles cambiarios

Tras mantener cruces públicos con Javier Milei y Luis Caputo en los últimos meses, el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, cuestionó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) al poner en duda la efectividad del esquema propuesto por el Gobierno y volvió a pedir la eliminación de los controles cambiarios.
En su blog, donde expone su visión sobre la economía argentina, Cavallo sostuvo que ni la visión optimista que imagina un crecimiento sostenido a partir de un boom exportador impulsado por el RIGI, ni la mirada pesimista, que teme la aparición de la llamada “enfermedad holandesa”, resultan realistas para explicar el presente y el futuro del país.
Desde su perspectiva, la economía global actual enfrenta más incertidumbres que en el pasado, debido, entre otros factores, a la velocidad de los cambios tecnológicos, a la imprevisibilidad de las políticas comerciales de Estados Unidos y a los crecientes riesgos geopolíticos.
En ese escenario, el ex titular del Palacio de Hacienda consideró que la estrategia del Estado de orientar inversiones mediante incentivos fiscales y privilegios cambiarios para determinados sectores y escalas empresariales puede derivar en nuevos desequilibrios estructurales. Según el exfuncionario, este tipo de políticas ya limitaron el desarrollo argentino durante el último siglo y no contribuyen a crear un ambiente general favorable para la inversión y la exportación.

Cavallo remarcó la necesidad de que las economías emergentes cuenten con estructuras productivas flexibles y ágiles, capaces de adaptarse a los cambios globales. Para alcanzar esa meta, insiste en que no sirven los incentivos sectoriales “discriminatorios por tamaño de empresa e inversiones”, sino la eliminación de los sesgos que históricamente han frenado el desarrollo argentino. En palabras del ex ministro, “los sesgos anti exportador y anti inversor fueron y siguen siendo los mayores frenos al crecimiento sostenible de la economía argentina”.
El padre de la Convertibilidad aseguró que la eliminación de estos sesgos es “la clave del éxito de la estrategia de crecimiento económico”. A su juicio, el RIGI y el Súper RIGI no resuelven este problema: “Ambos esquemas discriminan y ponen en desventaja a millones de empresas y emprendedores cuyas decisiones de inversión y esfuerzos exportadores son indispensables para afrontar con éxito los desafíos de una eficiente asignación de recursos, con flexibilidad y agilidad”.
En tal sentido, Cavallo subrayó que el actual boom exportador argentino responde a inversiones realizadas en el pasado, sin incentivos fiscales especiales, y a pesar de los obstáculos generados por el sesgo anti exportador que, según él, reapareció desde 2002.
Bajo su perspectiva, es incorrecto medir ese sesgo sólo a través del tipo de cambio real. Planteó analizar la diferencia entre el tipo de cambio efectivo para exportaciones y el vigente para importaciones. Cuando el tipo de cambio efectivo para importar es superior al de exportar, la economía exhibe un sesgo anti exportador que restringe la capacidad de las empresas para orientar su producción y sus inversiones hacia los mercados externos, según la lógica del economista.
En su análisis, el analista advirtió que este sesgo no sólo limita la posibilidad de aprovechar las ventajas de la escala productiva, sino que también incrementa los costos de inversión y de insumos internacionalmente comercializables. Esto, a su vez, impide alcanzar en las actividades de exportación los niveles de productividad de los países competidores.

El ex ministro de Economía respaldó su posición con investigaciones realizadas junto al economista Yair Mundlak, en las que se estudió el desarrollo agropecuario argentino. Allí se observa que la eliminación de retenciones y la reducción de costos en los años 90 permitieron cerrar la brecha de rendimientos agrícolas con Estados Unidos, mientras que Brasil quedó rezagado. Sin embargo, según Cavallo, la reimplantación de retenciones y la falta de respeto a la propiedad intelectual desde 2002 abrieron nuevamente esa brecha, no sólo frente a Estados Unidos, sino también respecto de Brasil, que hoy triplica el valor de las exportaciones agropecuarias argentinas.
Respecto del sesgo anti inversor, identificó como principal obstáculo las dificultades para acceder a financiamiento a tasas de interés razonables, tanto en el mercado interno como en el externo. Desde su óptica, si se logra reducir ambas tasas por debajo del potencial de crecimiento de la economía, se facilitaría la eliminación de los sesgos existentes, lo que permitiría a su vez liberar recursos fiscales para eliminar impuestos a las exportaciones y aranceles a las importaciones.
El ex jefe de la cartera económica insistió en la necesidad de levantar todos los controles de cambio y garantizar la libre movilidad de capitales, acompañado de la acumulación de reservas. “Mi insistencia en eliminar cuanto antes todos los controles de cambio e impedir que puedan ser reintroducidos, es decir, asegurar de una vez y para siempre la libre movilidad de capitales y, al mismo tiempo, acumular muchas reservas, apunta a conseguir rápidamente la baja de la tasa real de interés y eliminar los sesgos anti exportador y anti inversor”, subrayó.
Por último, Cavallo opinó que existe una contradicción entre quienes proponen mantener un tipo de cambio real alto como incentivo a las exportaciones, sin considerar la importancia de la libertad de movimientos de capital.
“La prédica en favor de un tipo de cambio real alto sin libertad de movimiento de capitales, como forma de alentar las exportaciones, es totalmente contraproducente porque adormece las demandas de menor sesgo anti exportador y rebajas en las tasas reales de interés por parte del sector privado”, señaló.
Y concluyó: “El tipo de cambio real alto de los ideólogos del ‘Plan Fénix’ con el que comenzó el período post convertibilidad en 2002, en conjunto con los defaults externo e interno, llevó a que se acentuara el sesgo anti exportador a lo largo de todos los años siguientes y que desapareciera el crédito externo e interno, tanto para el sector público como para el sector privado. Esto explica el bajo crecimiento, a pesar de los términos del intercambio favorables que predominaron durante todo el período”.
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ECONOMIA
De Vaca Muerta a Miami: la frase de Melconian que reabre el debate sobre un nuevo «dólar turista»

Ya es un clásico argentino: la discusión sobre si los turistas deben pagar el dólar oficial o si deben tener un impuesto para frenar la salida de capitales siempre vuelve. Incluso si, como ocurre este año, hay un boom exportador y el gobierno proyecta un superávit de la cuenta corriente.
En los últimos tiempos parecía que el castigo tributario al turismo era sólo un tema del peronismo: al día de hoy se recuerda la entrevista en la que la ex ministra Silvina Batakis argumentó que el derecho de los turistas a viajar no podía colisionar con el derecho a generar trabajo en la industria argentina.
Por cierto que el gobierno de Javier Milei está en la antípoda de ese pensamiento, lo cual no fue obstáculo para que haya mantenido durante el primer año de su gestión el impuesto PAIS, que gravaba la compra de divisas o el uso de tarjeta de crédito en el exterior. Luego, eliminó ese tributo, pero no eximió del pago adelantado de los impuestos a las Ganancias y a los Bienes Personales. En consecuencia, el «dólar turista» está ahora en $1.943,50, un 30% por encima del tipo de cambio minorista.
Es cierto que hay formas de eludir esa carga: una es pagar la tarjeta con dólares, la otra es reclamarle a ARCA la devolución de esa percepción, si uno no está alcanzado por Ganancias ni Bienes Personales, pero muchos prefieren pagar y evitarse el riesgo de ser auditados por la agencia recaudadora.
El debate por un nuevo «dólar turista»
Aun con esa situación, en los últimos días ha regresado la inquietud por el costo del turismo en términos de divisas y por la «competencia» que se genera entre el turismo y otras necesidades del aparato productivo, como la importación de insumos y bienes de capital para la industria. Uno de los economistas que planteó esta situación de manera más gráfica fue Carlos Melconian, quien no duda en calificar como un error –»margaritas a los chanchos», fue su expresión textual- el levantamiento del cepo para los ahorristas y turistas.
Hablando ante un auditorio de empresarios pyme, Melconian comparó la demanda minorista de dólares registrada en mayo con el saldo de la balanza comercial, y concluyó con otra frase provocadora de su acervo: «Los dólares de Vaca Muerta terminan todos en la Comuna 16, que es Miami».
Pocos días antes, su socio en la consultora Econviews, Rodolfo Santangelo, había tocado el mismo tema en el programa de streaming «Economía en off», donde opinó sobre la afirmación del ministro Toto Caputo respecto de que la abundancia de dólares de la economía permite que todos los sectores tengan acceso a las divisas y que incluso el Banco Central compre reservas.
Santangelo no solamente argumentó sobre «el desperdicio» que supone que salgan del país unos u$s10.000 millones anuales por turismo en el exterior mientras la economía todavía sigue en crisis, sino que, además, propuso que se repusiera un impuesto al turismo. «El dólar para viajar debería ser de 2.000 pesos», defendió.
En definitiva, eso equivaldría a aplicar un impuesto de un 30%. Si, además, se le suma la percepción ya existente por Ganancias y Bienes Personales, eso implicaría que el «dólar turista» que pide Santangelo costaría $2.450.
Afinando el lápiz para el debate
Estas opiniones sobre la salida de dólares por turismo generaron, como suele suceder, una ola de respuestas. Pero, en todo caso, lo que pone en evidencia es que el tema sigue siendo motivo de discusión acalorada y que podría transformarse en un punto de debate en la campaña electoral. Después de todo, Melconian era en 2023 el «candidato a ministro de economía» si Patricia Bullrich llegaba a ganar la presidencia.
Lo cierto es que Melconian y Santangelo se pusieron en el centro de las críticas. Y no sólo por la discusión filosófica sobre si los dólares de la economía «son del Banco Central» o si son de todo el mercado. Ocurre que, además, hay un problema con las cuentas, que debilitan el argumento de los que quieren castigar al turismo.
Para empezar, Melconian hizo una comparación errónea: el saldo comercial de mayo no fue de u$s2.700 millones, sino de u$s3.500 millones. Y, además, el gasto por turismo tampoco fue de u$s2.600 millones, porque esa cifra es la demanda total, que incluye compra de dólares para ahorro, transferencias al exterior, pago de servicios digitales como Netflix, importaciones online como Temu y Shein y, además, pagos con tarjeta en el turismo.
El Banco Central suele hacer hincapié en que, del total de dólares que se compra en los bancos, un 70% queda depositado. Es decir, no es técnicamente una «fuga de capitales», sino que permanece en la economía.
Además, también estableció que, cuando un argentino usa su tarjeta para hacer turismo en el exterior y luego le llega el resumen, usa en promedio un 70% de dólares propios para cancelar el pago. Es decir, es un error técnico sumar los dólares del ahorro y del turismo y considerar que la totalidad de esa suma se fuga al exterior ni que haya implicado un sacrificio de reservas del BCRA.
¿Cuántos dólares cuesta el turismo?
Para poner el tema en cifras, en los primeros cinco meses del año, los gastos en dólares con tarjeta de crédito sumaron u$s3.832 millones. Pero si a esa cifra se le descuenta la compra de productos online -efecto Temu- y se contabiliza sólo el turismo propiamente dicho, entonces la salida de divisas se reduce a u$s3.340 millones.
Este número cuenta sólo los dólares que se van por el turismo, pero no los que entran por los extranjeros que vienen de vacaciones a Argentina. De manera que se trata de cifras brutas, y no netas.
En contraste, las exportaciones del sector energético ascienden, en cinco meses, a u$s6.182 millones. Para utilizar la comparación que realizó Melconian, no todos los dólares de Vaca Muerta se van a Miami, sino algo más de la mitad.
Si, en cambio, la comparación se realiza entre el turismo y el saldo total de la balanza comercial, entonces la relación es mucho menor: el turismo es un 28% de los u$s11.783 millones que registra el superávit de la balanza.
Sigue siendo mucho, claro, pero es una cifra que luce pequeña en comparación con otros años, en los cuales no sólo había un alto gasto turístico sino que, además, la balanza generaba déficit.
Del Mundial de Rusia 2018 a Miami
Si al turismo «puro» se le agrega el costo de las compras online y, además, las transferencias realizadas por las agencias de viaje, entonces la cifra se agranda a u$s4.413 millones en términos brutos. Aun así, sigue siendo un 29% menos que las ventas petroleras de Vaca Muerta.
En una proyección, se puede establecer que esa salida bruta -es decir, sin descontar los dólares que los extranjeros dejan en el país- llegará a u$s10.000 millones en el total del año. En contraste, el saldo de la balanza comercial podría ubicarse en torno a u$s23.000 millones, según las estimaciones que realiza el gobierno.
¿Es mucho ese gasto por turismo? Depende de con qué se lo compare. En términos internacionales, Argentina siempre ha tenido un costo alto en ese rubro, y su balanza de servicios es históricamente deficitaria.
Pero cuando se compara el momento actual con el pasado reciente, no puede concluirse que el turismo sea un problema. En 2017, por ejemplo, durante la gestión macrista -cuando el dólar era, en teoría, flotante, pero abundaban las críticas sobre atraso cambiario-, salieron u$s10.600 millones por concepto de viajes. O sea, una cifra parecida a la que se espera para este año.
Pero, a diferencia de lo que ocurre hoy, ese año la balanza comercial dio un saldo negativo de u$s8.471 millones. Y el saldo de la cuenta corriente arrojaba un déficit por un impactante 5% del PBI, lo cual derivó luego en la gran devaluación del 2018.
Ese año, por cierto, se jugó el Mundial de Rusia. Y el hecho de que el dólar hubiera pasado desde $18 en enero a $28 en junio no impidió que igualmente miles de hinchas viajaran a alentar a Messi y compañía. En todo caso, el mayor efecto causado por la devaluación fue que la barra albiceleste cantara en la Plaza Roja, ante la mirada de los moscovitas sorprendidos, «que baje el dólar, la puta que los parió…». Ese año, tanto la balanza comercial como la cuenta corriente volvieron a dar déficit.
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ECONOMIA
Wall Street coronó su mejor trimestre en seis años, las acciones argentinas cayeron y volvió a bajar el riesgo país

En la última rueda operativa de junio, las acciones y los bonos argentinos quedaron afuera de la tendencia ganadora de Wall Street, con récord para el Dow Jones de Industriales y un S&P 500 que anotó en el segundo trimestre de 2026 su mayor alza para el período en seis años.
Los principales indicadores de las bolsas de Nueva York negociaban con subas en un rango de 0,3% a 1,5 por ciento. El S&P 500 protagonizó una impresionante recuperación desde sus mínimos del 30 de marzo, para repuntar aproximadamente un 14% en los últimos tres meses.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cedió 0,3% en pesos, en los 3.168.608 puntos, mientras que los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- cayeron un 0,3% en promedio, aunque el riesgo país de JP Morgan bajó seis unidades para la Argentina, en los 426 puntos básicos, ante el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street, hubo mayoría de pérdidas. Destacó una nueva baja de Globant (-3,8%), mientras que en el otro extremo, Bioceres subió 5,3 por ciento. En la primera mitad de 2026, el panel Merval anotó una suba de 4% en pesos y de 2% en dólares.
Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL, expresó que “el S&500 y el Nasdaq se encaminaron a su mejor desempeño trimestral desde el segundo trimestre de 2020, mientras que el Dow Jones apuntó a su mejor primer semestre desde 2021. Sin embargo, los últimos tres meses estuvieron signados por bruscos vaivenes, con el mercado oscilando al ritmo del sentimiento en torno a la IA y la velocidad de construcción de la infraestructura que la sostiene”.
Las acciones tecnológicas fueron el principal motor de las ganancias de Wall Street, con las empresas de semiconductores de alto rendimiento superando al resto del sector. El ETF de semiconductores (SOXX), que incluye al fabricante de memorias, está en camino de cerrar su mejor trimestre registrado.
“El hito más relevante del mes fue la mejora de calificación crediticia de Argentina a B- por parte de S&P Global Ratings, que se sumó a la otorgada previamente por Fitch. Con dos de las tres principales agencias calificadoras ubicando a Argentina en esa categoría, el país quedó formalmente clasificado como B- ante los ojos del mercado internacional. El impacto fue inmediato: los bonos soberanos comprimieron fuertemente sus spreads -el riesgo país pasó de niveles cercanos a los 550 puntos básicos a comienzos del mes a ubicarse en torno a los ~430 puntos básicos al cierre-, con el tramo largo de la curva liderando el movimiento. En el acumulado del mes, los Globales rindieron entre 6% y 7% en dólares», definieron los analistas de Balanz.
“En el frente local, la deuda soberana siguió comprimiendo riesgo, apuntalada por la mejora de calificación de Standard & Poor’s y un riesgo país en mínimos de ocho años, mientras la renta variable corrigió tras el revés del MSCI y el dólar abandonó la calma de los meses previos”, acotó Vlassich.
Mientras tanto, el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz se está recuperando más rápido de lo esperado, lo que provocó un cambio de los temores a la escasez de crudo a las advertencias de un posible exceso de oferta. Los precios del petróleo continuaron cayendo cerca del 1%, con una leve baja trimestral pese a la guerra en Oriente Medio, con los futuros del Brent del Mar del Norte que cotizaron a 73,40 dólares el barril y los futuros del WTI en los 70,06 dólares.
“Paralelamente, la presión sobre las tecnológicas es evidente, aunque el Nasdaq 100 sigue con un desempeño trimestral histórico, los fondos de cobertura han reducido agresivamente su exposición a acciones estadounidenses -cayendo a un mínimo histórico de -20% frente al MSCI ACWI- en favor de una sobreponderación récord en los mercados asiáticos”, advirtió Laura Torres, directora de Inversión IMB Capital Quants.
El cierre del mes volvió a registrar un muy importante monto de operaciones por USD 836,4 millones en el segmento de contado de la plaza mayorista, con una ganancia marginal de 50 centavos, a 1.482 pesos. El tipo de cambio oficial anotó en junio una suba de 74 pesos o 5,3 por ciento.
“Luego de varias ruedas consecutivas de avances, en las últimas dos jornadas pareció encontrar un punto de equilibrio en la zona de $1.480, moderando el ritmo de las subas y operando de manera más lateral”, definió Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios. “En el acumulado de junio se negociaron USD 12.304 millones, lo que representó un incremento del 15,76% respecto de mayo”, añadió.
El Banco Central fijó un techo para las bandas cambiarias en los $1.806,92: el tipo de cambio oficial quedó negociado a 324,92 pesos o 21,9% de ese límite para la flotación administrada.
El billete al público subió cinco pesos o 0,3% en el Banco Nación, a $1.500 para la venta, el precio más alto desde el 24 de octubre, con lo que acumuló un incremento de 70 pesos o 4,9% en junio. En el primer semestre el dólar minorista avanza 20 pesos o 1,4%, muy lejos de la inflación del período, en torno a 16% acumulado.
El Banco Central informó que en las entidades financieras el dólar al público promedió $1.502,09 para la venta y $1.450,60 para la venta.
La suba de la cotización de la divisa de EEUU este martes estuvo en línea con el sendero ratificado a lo largo todo el mes, en el que acumuló una ganancia que superó a la inflación por primera vez desde octubre, cuando la escalada cambiaria que se produjo durante las elecciones de medio término exigió la intervención directa del Tesoro de EEUU en el mercado de cambios doméstico.
Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, adelantó que “el IPC de junio cerraría en torno al 1,8% mensual, perforando el piso del 2%, que venía siendo una barrera difícil para el Gobierno. A lo largo del mes se observó una desaceleración: comenzó cerca del 2,1%, luego bajó al 2%, se mantuvo en torno al 1,9% y finalmente se ubicó en 1,8%”.
La cotización informal del dólar ganó cinco pesos o 0,3%, a $1.515 para la venta. En el mes de junio el dólar blue extendió la ganancia a 85 pesos o 5,9 por ciento. En lo que va de 2026 el blue pierde 15 pesos o 1%, desde los $1.530 del cierre de 2025.
El Banco Central compró USD 47 millones en el mercado, para totalizar un saldo a favor por su intervención de USD 1.418 millones en junio, mientras que las reservas internacionales cedieron a USD 44.873 millones, un mínimo desde el 30 de abril, ante movimientos técnicos de bancos propios de fin de mes.
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