ECONOMIA
Qué claves mira Wall Street del programa económico de Milei: entusiasmo y una duda para 2027

El reciente viaje del ministro de Economía, Luis Caputo, y su equipo a Washington para participar de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) generó un debate intenso entre los grandes fondos e instituciones globales sobre el presente y futuro del programa económico argentino. Los encuentros dejaron sensaciones contrapuestas: entusiasmo por la disciplina fiscal y la acumulación de reservas, pero también dudas sobre la capacidad de sostener ese sendero hasta 2027, año marcado por elevados vencimientos de deuda y contexto electoral.
El análisis de los principales bancos de inversión, fondos y bancos internacionales mostró que el consenso sobre la coyuntura argentina se apoya en los logros recientes, aunque asoma una preocupación estructural por la transición hacia el próximo ciclo político. El equipo económico defendió sus avances ante las contrapartes en Washington.
Según un reporte de UBS, el equipo argentino se presentó “sumamente optimista” y describió al país bajo un “presupuesto equilibrado, moneda estable y una transformación estructural en energía y minería”. Para la entidad, el mensaje oficial enfatizó el “equilibrio fiscal y la mejora en la acumulación de reservas”, aunque reconoció la “frustración” porque “los spreads (N. de la R.: la sobretasa que paga Argentina, medida a través del índice de riesgo país) siguen demasiado amplios como para que las emisiones externas resulten atractivas”.
El equipo argentino se presentó sumamente optimista, con un presupuesto equilibrado, moneda estable y una transformación estructural en energía y minería (USB)
La visión de UBS también sumó el diagnóstico del FMI, que calificó la relación con el país como “constructiva, pero más moderada”. Según el banco, “el jefe de misión anunció el acuerdo técnico por la segunda revisión y calificó como bastante impresionante el impulso reformista posterior a las elecciones legislativas”. Sin embargo, el informe remarcó que persisten “una inflación pegajosa y un crecimiento desigual”.
El análisis de las agencias de riesgo soberano, según el reporte, “debate activamente una mejora de la nota soberana argentina desde la categoría CCC hacia B”, centrando su atención en “la sostenibilidad de la balanza de pagos, la acumulación de reservas y la flexibilidad financiera”. UBS aclaró que “ninguna parece exigir una emisión internacional como condición previa”, lo que implica una ventana de oportunidad si la macroeconomía se mantiene estable.
Un informe de JP Morgan recogió el mensaje oficial con claridad. En su análisis, la entidad afirmó que “las necesidades financieras de 2026 están cubiertas sin depender del mercado internacional” y subrayó que el equipo económico pone el foco en “mantener credibilidad, transparencia y reformas”. La entidad consideró que los principales riesgos hacia adelante “son más políticos que económicos”, en línea con la preocupación extendida sobre la transición a 2027.

Bank of America (BofA Securities) también intervino en el debate sobre la viabilidad del programa argentino. Según su reporte, el país alcanzó un “acuerdo con el FMI que destraba financiamiento” y destacó los “USD 2.000 millones anunciados con apoyo del Banco Mundial para aliviar vencimientos externos”. BofA proyectó que “la desaceleración de la actividad sería transitoria” y sostuvo que “el fin de la incertidumbre electoral y el avance de las reformas estructurales podrían crear un círculo virtuoso”. El banco estadounidense estimó un “crecimiento de 3,5% este año, con minería, energía, bancos y tecnología liderando la recuperación”.
Eurasia Group también trazó una visión dual. En su informe resaltó el “gran interés por la postura del FMI hacia Argentina y por las garantías multilaterales para operaciones de deuda”. La consultora resumió que “los clientes tuvieron opiniones divididas sobre si este acontecimiento representaba un avance significativo para la inversión”, y que “las garantías tenían sentido en el contexto de una respuesta proactiva de los responsables políticos ante el impacto de la guerra”.
La consultora internacional advirtió que el alivio financiero de este año no despeja el calendario de vencimientos de los próximos años.
Los principales riesgos hacia adelante son más políticos que económicos (JP Morgan)
En el plano de los números, un análisis de Morgan Stanley estimó que las necesidades en moneda extranjera del Tesoro ascienden a “USD 19.900 millones en 2026, pero subirán a USD 23.400 millones en 2027, impulsadas por mayores pagos al FMI y por vencimientos más concentrados en pleno año electoral”. Además, el Banco Central de la República Argentina debe afrontar “compromisos por al menos USD 11.000 millones el año que viene entre Bopreal y repos”, un desafío que se acumula en los primeros meses del año electoral.
Los informes de bancos internacionales también analizaron los sectores que impulsan y los que limitan la recuperación económica. Barclays advirtió que el desempeño económico en sectores intensivos en empleo “fue débil y que eso introduce riesgos para la popularidad de Milei”. Según el banco británico, “mientras agro, minería y servicios financieros crecieron con fuerza, manufactura, comercio, hoteles, restaurantes y construcción mostraron caídas”.
Banco Galicia recogió las inquietudes dominantes de los inversores internacionales, quienes enfocaron sus preguntas en “los buffers –amortiguadores-) que tendrá Argentina para suavizar un aumento potencial de la volatilidad en 2027” y en los tiempos de una eventual vuelta al mercado internacional de deuda. Según el banco argentino, el Gobierno transmitió que no existe una negativa ideológica a emitir deuda, sino que prioriza el acceso a tasas de interés más bajas en el futuro, en la medida en que los spreads acompañen la mejora de los indicadores.
Desde Nueva York, Banco Comafi elaboró un informe donde describió que el “sentimiento hacia la deuda argentina se mantiene positivo”, aunque “muchos fondos sobreponderan los activos argentinos, pero prefieren mantener posiciones antes que incrementarlas hasta contar con definiciones más estructurales”.
Muchos fondos sobreponderan los activos argentinos, pero prefieren mantener posiciones antes que incrementarlas hasta contar con definiciones más estructurales (Comafi)
Comafi detalló cinco elementos centrales destacados por los inversores en sus reuniones:
- los riesgos asociados al potencial incremento de la irregularidad del crédito,
- la actividad en sectores intensivos en empleo,
- los compromisos de deuda hacia 2027,
- la capacidad real de ejecutar un liability management exitoso, y
- el escenario político.
En cuanto al aspecto político, la entidad puntualizó que “entre inversores internacionales aparece como escenario base la continuidad de Milei, aunque persiste escepticismo respecto de cuánto y cuándo podría reflejarse eso en los precios de los activos locales”. El informe remarcó el peso de la agenda electoral y la gestión de pasivos para el próximo año, factores claves para determinar la evolución de la percepción de riesgo soberano.
GRIT Capital aportó un panorama del clima en Washington durante las reuniones del FMI-Banco Mundial. Describió una ciudad “repleta de portfolio managers concentrados en una misma discusión: cómo navegará la Argentina el muro de vencimientos de 2026 y 2027”.
Según GRIT, buena parte de las conversaciones se enfocó en el “Plan B” oficial: un esquema con garantías de organismos multilaterales para conseguir financiamiento bancario más barato y evitar una emisión inmediata a tasas elevadas. “Entre administradores de cartera también se discute si ese puente financiero alcanzará por sí solo o si, más adelante, el Gobierno deberá avanzar además en algún manejo de pasivos que permita despejar los vencimientos más pesados”, destacó la entidad.
El proceso desinflacionario avanza lento y se sostiene por la credibilidad fiscal, aunque la inflación estructural y shocks externos dificultan un descenso más rápido (Santander)
El proceso de desinflación y la dinámica inflacionaria recibieron atención especial en los reportes recientes. Santander observó que “el proceso desinflacionario avanza lento y se sostiene por la credibilidad fiscal, aunque la inflación estructural y shocks externos dificultan un descenso más rápido”. El banco estimó que “el superávit primario refuerza la narrativa de ajuste, pero la inflación cerraría en torno al 30% este año”, mientras que la recuperación del consumo sigue limitada por “pérdida de salario real y tasas reales negativas”.
El respaldo de los organismos multilaterales y la interacción con el FMI fueron temas recurrentes en los análisis. Eurasia Group y Bank of America resaltaron la importancia de las garantías y el apoyo de instituciones como el Banco Mundial. BofA subrayó que “la acumulación de reservas y el compromiso con el ajuste fiscal son factores centrales para sostener la confianza”, una percepción compartida por varias entidades.
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ECONOMIA
La agencia Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana de la Argentina

La calificadora Moody’s elevó la nota crediticia de la deuda soberana de Argentina, pasando de Caa1 a B3 para los compromisos en moneda local y extranjera, y modificó la perspectiva de estable a positiva. Según la agencia, esta mejora obedece a una reducción significativa del riesgo de default, en un contexto en el que la estabilización macroeconómica avanzó hacia una mejora más sostenible de los fundamentos crediticios, lo que también refleja un fortalecimiento en la gobernanza.
La calificadora destaca que los superávits fiscales sostenidos, la baja de la inflación y la continuidad de la liberalización económica refuerzan la credibilidad de las políticas y disminuyen la volatilidad macroeconómica. Además, resalta que el panorama externo de Argentina muestra una mejora notable, respaldada por un mejor desempeño exportador y un aumento de la inversión extranjera directa en los sectores de energía y minería, junto con un acceso más fluido al financiamiento internacional.
Según explicó la firma estadounidense, la perspectiva positiva refleja la visión de que el perfil crediticio de Argentina “podría fortalecerse aún más si las mejoras estructurales en las finanzas externas se combinan con la estabilización macroeconómica en curso”.
“Aunque persisten riesgos políticos de cara a las elecciones generales de 2027, se considera que el abanico de posibles políticas se ha reducido respecto a ciclos anteriores, lo que aumenta la probabilidad de continuidad en las medidas actuales y de mejoras sostenidas en la liquidez externa y la capacidad de pago de la deuda”, agregó el informe de Moody’s.
En tal sentido, precisaron que la calificación en moneda local se elevó a Ba3 desde B1, mientras que en moneda extranjera subió a B1 desde B2. La diferencia de tres escalones entre ambos representa “una mayor previsibilidad en las acciones e instituciones del gobierno y una menor intervención estatal en la economía y el sistema financiero, frente a riesgos políticos persistentes y desequilibrios externos que mejoran de forma gradual”. En tanto, la divergencia entre las notas en moneda extranjera y el de moneda local responde a una “mayor eficacia de las políticas y un bajo nivel de endeudamiento externo, aunque limitada por la baja apertura de la cuenta de capital”.

Tanto el ministro de Economía, Luis Caputo, como el viceministro de Economía, José Luis Daza, destacaron la decisión de la calificadora. “Con esta decisión, las tres grandes calificadoras (Moody’s, S&P y Fitch) quedan alineadas en B- por primera vez en más de una década. Miles de mandatos institucionales que exigen dos o tres agencias, o que utilizan la calificación promedio, tienen desde hoy luz verde para invertir en Argentina”, planteó Daza en su cuenta oficial de X.
En su comunicado, Moody’s explicó que el ajuste macroeconómico argentino evolucionó hacia un proceso de normalización más integral, sostenido por superávits fiscales continuos y un giro definitivo hacia la estabilización de la política económica y monetaria. Según la calificadora, el superávit fiscal funciona como el ancla central del programa de estabilización, ya que sostiene la desinflación, reduce las vulnerabilidades de financiamiento y fortalece la credibilidad de las políticas.
A diferencia de intentos de estabilización previos, que dependieron en gran medida de medidas transitorias o de ingresos externos de corto plazo, la agencia remarcó que el ajuste actual se apoya en una corrección sostenida de los desequilibrios fiscales, la eliminación del financiamiento monetario y las distorsiones de mercado, una normalización progresiva de los esquemas monetario y cambiario, y flujos genuinos de inversión. “La combinación de estas políticas redujo significativamente la volatilidad macroeconómica, fortaleció la confianza y creó condiciones para una recuperación gradual de la actividad del sector privado, evitando a la vez un resurgimiento de los desequilibrios que derivaron en la crisis de balance de pagos de 2023”, señaló Moody’s.
La firma también destacó que la credibilidad de las políticas se ve reforzada por mejoras institucionales y patrimoniales en todo el sector público, entre ellas la recapitalización del Banco Central y la reducción de los pasivos intra sector público, mientras que la baja de la inflación favorece la recuperación de los ingresos reales y de la confianza.

A esto se suman las reformas estructurales, incluidos los cambios en el mercado laboral y la desregulación en sectores clave, que a criterio de la calificadora están mejorando el entorno de negocios y promoviendo un reequilibrio gradual en la composición de la inversión y la actividad económica, hacia un modelo de crecimiento liderado por el sector privado. En ese marco, Moody’s proyectó una expansión del producto bruto interno de 3,4% para 2026 y de 3,5% para 2027.
El otro pilar de la suba de calificación es el frente externo. La calificadora sostuvo que “la posición externa de Argentina mejoró de manera sustancial” y que esa mejora se caracteriza cada vez más por avances estructurales en la generación de divisas. Históricamente, remarcó el informe, los desequilibrios externos, la pérdida de reservas y las crisis recurrentes de balance de pagos representaron la principal fuente de vulnerabilidad del país, restringiendo en forma reiterada el crecimiento económico y limitando la capacidad de pago.
De acuerdo con Moody’s, el desempeño exportador se fortaleció en una base amplia de sectores, entre ellos agricultura, manufacturas y servicios, mientras que el sector energético pasó de ser una fuente de presión externa a generar un superávit creciente. La agencia atribuyó esta mejora tanto al éxito del ajuste macroeconómico como a una transformación profunda en marcha en el sector exportador del país, impulsada por inversiones a gran escala en hidrocarburos, minería e infraestructura.
En ese sentido, el informe puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), orientado a atraer inversiones de gran escala y largo plazo en sectores con capacidad de incrementar de manera significativa la capacidad exportadora del país. Moody’s repasó que ese régimen catalizó flujos de inversión considerables, con una cartera de proyectos por USD 141.700 millones —equivalente a alrededor del 20% del producto bruto interno—, de los cuales USD 45.000 millones se encuentran en proceso de ejecución.

La calificadora precisó que estas inversiones se financian en gran medida en el largo plazo, lo que reduce la dependencia del endeudamiento soberano y a la vez genera un ingreso sostenido de divisas. A esto se agrega una mejora en la composición del financiamiento externo, con mayor peso de la inversión extranjera directa, el apoyo multilateral y el endeudamiento del sector privado, factores que refuerzan la disponibilidad de divisas y la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones externas.
Respecto de las reservas, Moody’s remarcó que la acumulación se fortaleció de manera significativa durante 2026, con compras del Banco Central por más de USD 11.000 millones hasta la mitad del año, sin que ese proceso generara presiones sobre el tipo de cambio. Aunque reconoció que los colchones de reservas siguen siendo relativamente débiles, la calificadora consideró que la mejora en la dinámica externa subyacente y en la capacidad de financiamiento redujo los riesgos de balance de pagos y disminuyó las preocupaciones en torno a las presiones de pago de deuda, en particular para 2026 y 2027.
Sobre la perspectiva positiva, la calificadora amplió que la fortaleza fiscal, la baja de la inflación y la creciente credibilidad de las políticas probablemente continúen, mientras que las inversiones de gran escala en energía y minería se traducirían en ganancias sostenidas de capacidad exportadora e ingreso de divisas. No obstante, Moody’s advirtió que «el ajuste macroeconómico deberá continuar hasta que una porción mayor de los proyectos del sector externo se concreten en 2027″, ya que, pese a las mejoras recientes, los colchones externos todavía no son lo suficientemente sólidos como para resistir un shock político o de balance de pagos.
En cuanto al escenario electoral, el informe planteó que un cambio en el panorama político tras los comicios de 2027 podría alterar la trayectoria de las políticas actuales. “La elección de una administración más intervencionista que revierta parcialmente las reformas recientes implicaría el riesgo de reintroducir distorsiones en la inversión, el comercio, el mercado cambiario y el manejo fiscal”, sostuvo Moody’s, y agregó que ese escenario probablemente debilitaría la confianza de los inversores, desaceleraría los flujos de inversión y limitaría la acumulación de reservas externas, erosionando de manera gradual las mejoras crediticias logradas durante el ajuste actual.
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ECONOMIA
Lado B del boom exportador: el aporte de dólares de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

La euforia con la que el ministro Luis Caputo anuncia los excelentes números de la exportación tiene un lado B: cuando se analiza con lupa la composición de la balanza comercial, puede notarse que el mejor momento ya quedó atrás y que, en los próximos meses, el aporte de dólares podría comenzar a mermar.
Para empezar, el «récord histórico» de las exportaciones en junio no fue tal: se vendió mercadería por u$s9.055 millones, lo que implica una caída de 5% respecto de mayo, cuando sí se registró un récord. Pero Caputo no quiso opacar el clima de festejo, y por eso destacó que era un máximo histórico… para el mes de junio.
Lo cierto es que en hay probabilidades de que las exportaciones de julio sean menores que las de junio, y así sucesivamente. No será una situación que sorprenda a los expertos en comercio exterior: es el típico efecto estacional del segundo semestre, cuando ya pasado el mejor momento de la cosecha gruesa, empieza a aminorar la liquidación de los productos agrícolas.
Pero, además, este año incide otro efecto, el de la exportación de petróleo, el rubro estrella que ayudó a que se equilibrara, por fin, la cuenta corriente.
La exportación del rubro hidrocarburos obedece al gran boom productivo del yacimiento Vaca Muerta, como lo acredita el hecho de que, en meses como mayo, los volúmenes vendidos hayan aumentado un 78% en términos interanuales. Pero, sobre todo, lo que hizo que este fuera un año extraordinario para la exportación fue el conflicto de Medio Oriente, que disparó la cotización del barril de crudo en el mercado internacional.
Exportaciones de Vaca Muerta y el «efecto precio»
Y hay un efecto que aparece en la «letra chica» de la estadística, y que los economistas suelen pasar por alto: hay un desfasaje, de aproximadamente 45 días, entre el momento en que se produce la venta y el momento en que se fija el precio. Esto llevó a que en marzo y abril, cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán estaba en su momento más intenso, los precios del petróleo argentino todavía no reflejaban plenamente el pánico de los mercados, que había llevado el crudo Brent por encima de los u$s120.
Y también ese efecto determinó que en marzo las exportaciones de petróleo argentino fueran de u$s1.235 millones y en abril de u$s1.554 millones. Son cifras excelentes, pero que no se explicaban por el aumento en el precio internacional -de hecho, en marzo hubo una caída en términos interanuales- sino por el mayor nivel de producción.
Fue recién en mayo cuando el «efecto Irán» se notó a pleno. Ese mes el petróleo aportó divisas por u$s1.745 millones, lo cual representó un 18,3% del total exportado. Todo un logro, en plena liquidación de la cosecha agrícola, que parecía confirmar el pronóstico de Caputo en el sentido de que el rubro de combustibles se dirige a disputarle el protagonismo al campo como proveedor de dólares en la economía argentina.
Claro, en mayo aparecieron reflejados los precios de inicios de abril, que se ubicaban en u$s110 para el tipo Brent. Ese mes, la exportación petrolera marcó una impactante suba interanual de 167%, lo cual se explica por una suba de precios de 49,9% y un aumento en las cantidades por 78,5%. Fue el mejor momento del año, y hay indicios de que no se volverá a repetir.
¿Lo mejor ya pasó para el petróleo?
Por lo pronto, los números de junio ya cayeron un escalón: se vendieron u$s1.406 millones. Y cuando se analiza cómo se compuso ese número, aparece una luz amarilla: hubo una mejora interanual de precios de 47,8%, pero las cantidades vendidas cayeron un 11,7%.
Los precios que refleja la estadística de junio corresponden al de inicios de mayo, cuando el crudo oscilaba en torno de u$s100. Es decir, todavía un precio alto, pero que ya daba señales de estar buscando los niveles previos al inicio del conflicto bélico.
¿Qué implica esto? Que, de acuerdo con ese desfasaje de precios, la exportación de julio reflejará el bajón del precio del petróleo ocurrido en junio, cuando la expectativa de una reapertura del estrecho de Ormuz llevó a la cotización del crudo al nivel de u$s80. Una situación similar podría ocurrir en agosto, cuando las ventas reflejen los precios de julio, que si bien están al alza por la incertidumbre sobre el conflicto, tuvieron un piso de u$s70 a inicios de mes.
Los bancos de inversión que analizan el mercado energético plantean un escenario de un precio en torno de u$s80 para el segundo semestre, y una caída para inicios del año próximo. Por supuesto que en el mundo petrolero hay una incidencia política mucho más alta que en otros productos pero, aun así, los analistas observan que el momento de mayor volatilidad ya pasó y que, aun con las amenazas de Donald Trump sobre un recrudecimiento del conflicto, difícilmente se repitan los precios récord de inicios de año.
Lo que viene
¿Cuál es la consecuencia de esta situación para Argentina?: que ese «plus» aportado por los altos precios en las exportaciones de mayo y junio ya no será tan fuerte, y que para que se mantenga el flujo de entrada de dólares se dependerá de un alto volumen de producción en Vaca Muerta.
Desde ya, no es que se trate de un objetivo imposible. Más bien al contrario, el boom inversor que se está produciendo en la cuenca neuquina está llevando a que se superen los récords de producción.
Con un volumen superior a los 630.000 barriles diarios, Vaca Muerta está mostrando un crecimiento de más de 35% en comparación con el año pasado. Y casi a diario se conocen nuevos proyectos, como el desarrollo de un bloque capaz de procesar 40.000 barriles de petróleo, a cargo de la empresa Vista bajo el régimen RIGI, por un monto de u$s5.800 millones.
El tema es que para que estos nuevos proyectos se concreten se requiere tiempo. Por caso, para que haya una exportación masiva de gas licuado, falta todavía dos años de obra que permitan transportar el gas hasta la nueva planta de licuefacción en la costa de Río Negro.
En definitiva, el largo plazo sigue siendo optimista. Pero en lo que refiere al programa económico de este año y el próximo -que incluye un exigente calendario de pagos por la deuda-, hay probabilidades de que el mejor momento en cuanto al aporte del petróleo ya haya quedado atrás.
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ECONOMIA
Mercados: subieron las acciones argentinas, respaldadas por las alzas de Wall Street y el petróleo

Las bolsas de Nueva York operaron con alzas este martes, un comportamiento que se produjo en simultáneo a otra sesión con alza para los precios del petróleo, dadas las renovadas hostilidades en Oriente Medio.
Los principales índices de Wall Street avanzaron en un rango de 0,7% a 1,3%, mientras que el crudo se encareció más de 2 por ciento.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 1,8%, a 3.281.979 puntos. Entre los ADR y acciones de empresas argentinas que son negociados en dólares en Wall Street predominan las ganancias, encabezadas por Edenor (+5,4%), Cresud (+4,4%) y Pampa Energía (+3,6%).

En la licitación extraordinaria del día, la Secretaría de Finanzas frente a la suscripción en especie del día adjudicó un total de USD 1.895 millones, habiendo recibido ofertas por un total de USD 2.087 millones, con una aceptación de 45,2% sobre el total de vencimientos nominales en circulación.
Se dividió en un bono Dólar Linked al 31 de agosto de 2026 por USD 1.736 millones adjudicado, y otro títulos similar al 15 de diciembre de 2028 (TZVD8) por 159 millones de dólares.
“Esta operación pretende reducir la volatilidad cambiaria del cierre de mes y extender los plazos de los compromisos de deuda”, explicaron desde Rava Bursátil.
En el exterior las acciones estadounidenses subieron, mientras los inversores se preparaban para una avalancha de informes de ganancias corporativas de empresas tecnológicas en medio de señales de una reactivación en las acciones de semiconductores, con los nuevos aranceles estadounidenses a Canadá y las hostilidades en Medio Oriente también en el punto de mira.
El índice Nasdaq Composite, con fuerte presencia de empresas tecnológicas, subió un 1,3%, impulsado por el auge de los semiconductores antes de la publicación de los resultados de las grandes tecnológicas esta semana. El promedio Dow Jones Industrial avanzó un 0,7%, mientras que el S&P 500 ganó un 0,9% tras la caída de las acciones el lunes en medio de las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.
Los precios del crudo operaron a su vez en alza, mientras los mercados evaluaban las noticias sobre los esfuerzos de mediación frente a los nuevos ataques intercambiados entre Estados Unidos e Irán, así como las amenazas de un bloqueo naval de Arabia Saudita por parte de los hutíes de Yemen.
Los futuros del Brent del Mar del Norte para septiembre ganaron 2,4%, a USD 91,39 el barril, mientras que el contrato de referencia del WTI (West Texas Intermediate) en Estados Unidos, también para septiembre, avanzó 2,5%, a 84,54 dólares.
El ascenso del crudo fue el fundamento de las ganancias de las acciones argentinas del sector de energía, como YPF (+1,6%, a USD 51,25), Vista Energy (+1,8%) y Tenaris (+1,6%).
“Hay cierta esperanza de una distensión entre Estados Unidos e Irán. Según algunas informaciones, los mediadores están proponiendo un alto el fuego de diez días, lo que podría volver a encarrilar el memorando de entendimiento”, señalaron los analistas de ING en una nota a clientes, en referencia al acuerdo provisional negociado en junio.
Sin embargo, persisten importantes diferencias entre Washington y Teherán, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió de represalias tras la muerte de varios soldados estadounidenses, añadió ING.
Un alto cargo iraní dijo a Reuters que Teherán recibió una propuesta de los mediadores para un alto el fuego de 10 días, en un intento por salvar el acuerdo firmado el 17 de junio, destinado a allanar el camino hacia un acuerdo duradero que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.
Esta iniciativa diplomática se produjo tras otra noche de bombardeos contra ciudades iraníes y de ataques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní contra instalaciones militares estadounidenses en toda la región.
Asimismo, los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron el lunes que impondrían un bloqueo naval a Arabia Saudita, lo que abre un posible nuevo frente contra Estados Unidos en su guerra contra Irán y aumenta la amenaza para el suministro energético mundial y el comercio más allá del golfo Pérsico.
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