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Quién es quién en la red de fiestas de médicos y el robo de fentanilo y propofol de hospitales porteños

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La investigación judicial por el desvío de anestésicos de uso hospitalario derivó en la reconstrucción de un entramado de vínculos entre profesionales de la salud. El caso tomó dimensión tras la muerte del anestesista Alejandro Zalazar y la aparición de indicios sobre el uso de estas sustancias en ámbitos privados.

En ese contexto, elementos incorporados a la causa permitieron delinear un esquema de relaciones que los investigadores buscan ordenar. El foco se mantiene en determinar cómo fármacos de uso restringido salieron del circuito hospitalario y llegaron a otros lugares.

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La muerte que destapó el caso

La muerte de Alejandro Zalazar, anestesiólogo que trabajaba en la guardia del Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez, dio lugar a una investigación por el hallazgo de anestésicos e insumos médicos en su domicilio y derivó, además, en averiguaciones sobre presuntas reuniones privadas, en las que esas sustancias eran utilizadas por fuera del ámbito asistencial.

Zalazar era médico anestesiólogo y había realizado su residencia en el Hospital Rivadavia.

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El médico fue encontrado muerto el 20 de febrero en su departamento de Palermo, después de que su familia advirtiera que no podía comunicarse con él desde el día anterior. Cuando ingresaron a la vivienda lo hallaron en una de las habitaciones, ya sin vida, y personal médico confirmó el fallecimiento.

Cerca del cuerpo había elementos vinculados a la administración intravenosa de sustancias. En el lugar no se detectaron signos de violencia ni indicios de una intervención de terceros.

La causa del fallecimiento fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos fármacos de uso anestésico intravenoso en el ámbito hospitalario. En la vivienda se encontraron medicamentos anestésicos e instrumental médico, lo que dio inicio a una serie de averiguaciones para determinar el origen de esas sustancias.

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A partir del análisis de la trazabilidad de los fármacos y de los elementos encontrados, se estableció que los insumos pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires, lugar donde no trabajaba la víctima. Ese dato derivó en un procedimiento interno dentro de la institución privada. En ese marco fueron identificados un médico del área de Anestesiología, Hernán Boveri, y una residente de tercer año, Delfina Lanusse, como presuntos responsables del robo y de la posterior distribución de las drogas.

Los principales nombres bajo investigación

Entre los ejes del expediente aparecen Hernán Boveri y Delfina Lanusse, también conocida como “Fini”, ambos vinculados al servicio de Anestesiología del Hospital Italiano.

Boveri, anestesiólogo con trayectoria en la institución, fue identificado como uno de los principales investigados en la causa. Se formó en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo Diploma de Honor. Realizó la residencia en Anestesiología en el Hospital Italiano de Buenos Aires y se desempeñó dentro de ese centro de salud en distintas funciones vinculadas con la práctica clínica y la formación.

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Entre sus antecedentes figura su participación como miembro de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires, así como su rol como coordinador de la rotación de anestesia total intravenosa y neuromonitoreo dentro del Hospital Italiano. También se lo menciona como secretario científico de TIVAmérica, un grupo vinculado a la especialidad.

Fue indagado y optó por no declarar en un expediente que analiza la presunta sustracción de medicamentos hospitalarios.

Hernán Boveri

Lanusse, por su parte, se desempeñaba como residente de tercer año de Anestesiología en el Hospital Italiano desde septiembre de 2023. Según su recorrido profesional, se había formado en Medicina en la Universidad Austral, donde además de cursar la carrera participó de instancias prácticas vinculadas con procedimientos anestésicos.

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En su paso por esa institución, realizó una rotación clínica en anestesiología entre marzo de 2021 y septiembre de 2023, con alrededor de 500 horas de observación y participación en procedimientos quirúrgicos junto a anestesiólogos. En paralelo, también se desempeñó como tutora académica en materias como Fisiopatología, entre marzo y diciembre de 2021, y previamente en Inmunología.

Durante su indagatoria realizó un descargo verbal y adelantó que lo ampliaría por escrito, sin aportar elementos sustanciales sobre el eje central del caso.

Delfina Lanusse

El nexo en el entramado

Según el informe presentado en LN+, en la investigación surgió la figura de una intermediaria identificada como “Tati”, señalada como un punto de conexión entre distintos actores.

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Se trata de Chantal Leclercq, quien no es solo una residente de anestesiología que cursa el tercer año en el Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia del sistema de salud porteño, sino también la figura que conecta, a partir de su propio relato, las dos causas que hoy investiga la Justicia: la muerte del anestesista del hospital de niños Ricardo Gutiérrez y la investigación por la sustracción de propofol del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Sin embargo, su testimonio quedó incorporado formalmente a una causa judicial y es el primero que vincula de manera directa a los protagonistas de ambas investigaciones: Zalazar, encontrado muerto el 20 de febrero pasado, y Delfina Lanusse, residente del Hospital Italiano e imputada en la causa por el robo de anestésicos del reconocido centro de salud porteño, del que fue desvinculada.

Nueva testigo

En febrero de 2025, Mechi S., la nueva testigo, escuchó algo que la incomodó de inmediato: Delfina Lanusse, su compañera de residencia, le contó que había consumido propofol junto con un anestesiólogo del Hospital Italiano, Hernán Boveri.

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Mechi es médica y residente de anestesiología en el Hospital Italiano. Compartía guardias, traslados, viajes y rutinas con Lanusse. Vivía en la zona norte del conurbano y más de una vez la pasaba a buscar a Fini para ir juntas al Hospital Italiano. Ese vínculo previo, de confianza y cercanía, fue determinante para que al principio optara por no intervenir de forma institucional. La idea de “traicionar” a una amiga pesó durante meses.

El recorrido de los medicamentos

La causa se centró en determinar cómo sustancias como el propofol y el fentanilo habrían salido del circuito hospitalario. Se trata de fármacos que no se comercializan en farmacias y cuyo uso está restringido al ámbito médico.

Según las líneas investigativas, el análisis apunta a un posible esquema sostenido en el tiempo. Se investiga un presunto “robo hormiga” de anestésicos que podría haberse extendido durante años, con maniobras reiteradas de extracción.

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Hospital Italiano de Buenos Aires, donde trabajaban los imputados

Las reuniones bajo la lupa

El caso tomó notoriedad pública por referencias a encuentros privados en los que se habrían utilizado estas sustancias. En la investigación se analiza la existencia de reuniones en domicilios donde se administraban anestésicos fuera de todo control médico.

En ese marco, también se mencionó la hipótesis de experiencias denominadas “viajes controlados”, en las que terceros accederían a estos fármacos bajo determinadas condiciones.

Una reunión clave

Una reunión atrajo en los últimos días la atención de los abogados que ajustan sus estrategias de defensa luego de que la Justicia empezara a investigar la sustracción de drogas para anestesia de diferentes hospitales. Fue en la sede de la entidad que nuclea a los anestesiólogos del área metropolitana, donde una residente del Hospital Rivadavia que conocía a Zalazar dijo haber consumido medicamentos obtenidos de ese centro porteño y, “en una única oportunidad”, junto a él.

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El encuentro con “Tati” Leclercq ocurrió el 9 de marzo pasado en la Asociación de Anestesiología, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires

El encuentro con “Tati” Leclercq ocurrió el 9 de marzo pasado en la Asociación de Anestesiología, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba). A partir de sus dichos, la Secretaría de Acciones Institucionales de la entidad abrió un sumario de investigación para revisar la conducta de la médica que fue suspendida hasta que se definan esas actuaciones internas.

Leclercq concurrió ese día a la entrevista con un comité de la Aaarba, como también lo hizo Manuel Carcar, jefe de Anestesiología del Rivadavia. Fue luego de que el profesional comunicara a esa área de la asociación su preocupación por un “consumo de sustancias” que la residente del servicio le había manifestado. Ese “historial”, que incluía “diversas drogas de uso recreativo”, databa desde antes del ingreso a la residencia y siguió, después, ya con drogas “de uso habitual” durante las cirugías. Nombró propofol, fentanilo, midazolam y ketamina, productos de uso institucional. Refirió que eran sustancias obtenidas del Rivadavia, pero que el consumo había sido fuera del hospital.

Un entramado en reconstrucción

El expediente se inició el 23 de febrero y quedó radicado en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°29, con intervención de la Fiscalía N°49. La pesquisa apunta a determinar cómo medicamentos anestésicos de uso exclusivo hospitalario fueron sustraídos y utilizados fuera del ámbito asistencial.

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La causa aún no fue formalmente caratulada, aunque —según la evaluación preliminar— podría encuadrarse en la figura de hurto, con una pena máxima de dos años, o, de manera más probable, en la de administración fraudulenta, que prevé penas de hasta seis años de prisión.

En paralelo, la muerte de Zalazar continúa bajo investigación como averiguación de muerte dudosa, con intervención de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6. Ese hecho fue el disparador que permitió detectar prácticas que, según los denunciantes, se desarrollaban sin controles adecuados.

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Nintendo lanza tutorial para crear a los Miis de Tomodachi Life: Una vida de ensueño Direct – Nintenderos

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¡Un curioso tutorial de parte de Nintendo! Hablamos de Tomodachi Life: Una vida de ensueño ya que ahora tenemos noticias.

Y es que, tras conocer que aplica un cambio estético clave a los Miis, ahora el juego está disponible ya. Tras conocer las mejoras en Switch 2, ahora Nintendo ha lanzado un tutorial sobre cómo incorporar a tu isla a ciertas caras conocidas de la presentación Tomodachi Life: Una vida de ensueño Direct: ¡Bubbles, Rosa y Marie! En las capturas de pantalla podrás consultar qué elementos faciales lleva cada personaje Mii y cuáles son los parámetros de su voz.

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Bubbles

Un payaso; tal cual.

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Rosa

Aunque se pusiese un disfraz de abeja, esta chica estaría siempre estilosísima.

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Marie

Enamoradiza a más no poder. (¡Luego no digas que no te avisamos!)

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Nosotros también hemos publicado nuestro análisis y podéis leerlo aquí.

De cara a este debut, Nintendo nos dio un nuevo Nintendo Direct que confirmó nuevos detalles, entre ellos esa fecha. Tras la confirmación de relaciones del mismo sexo y personajes no binarios, así como restricciones a la hora de compartir imágenes, ahora hay más novedades después de su demo.

Recordad que nosotros también lo hemos podido probar y tenéis nuestras primeras impresiones aquí.

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¿Qué os ha parecido la noticia? Podéis compartirlo en los comentarios.

Fuente.

Tomodachi Life,Tomodachi Life: Una vida de ensueño

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Llevo 19 años probando juegos de estrategia y este es el más realista y difícil al que me he enfrentado nunca

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Lo bueno de la estrategia es que puede fusionarse con muchos subgéneros e ideas sin perder el norte y siendo capaz de sorprender al más preparado. Pero esto no es nuevo: The Guild lo lleva haciendo desde que yo estaba aprendiendo a multiplicar con decimales, y ahora Ashborne Games nos quiere llevar de la mano con The Guild – Europa 1410 a 2003 en un proyecto de simulación empresarial mezclado con RPG, estrategia isométrica y sandbox histórico

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Hablamos de un batiburrillo de ideas y géneros que puede sonar abrumador desde el primer minuto, y no os engaño, lo es. The Guild – Europa 1410 parte de una premisa muy sencilla de entender: apabullar al jugador con uno de los despliegues técnicos y de gestión más profundos y realistas posibles. Admito, de hecho, que durante la primera media hora del juego no sabía bien qué hacer —también puede ser porque hablamos de una demo como parte del Find Your Next Game, aún en fase de desarrollo temprano, cuyo tutorial está en pañales—, pero esa es la esencia de la vida adulta en un entorno capitalista, donde sentarte a verlas venir no está ni en la lista de opciones.

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El Capitalismo aprieta, pero es la base de tu futuro en la Bohemia medieval

Como un miembro de clase baja de la Edad Media en la zona de la antigua Bohemia, nuestro objetivo es ir ascendiendo social y políticamente hasta lo más alto del escalafón, o morir en el intento. Para ello, podremos escoger una serie de profesiones como carpintero, albañil o alquimista, y lanzarnos a lo que, entre nosotros, es la selva. Y es que el proyecto del estudio checo erige su concepto jugable sobre toda la plétora de creencias, miedos y estereotipos sociales del medievo real europeo, por lo que, aunque es cierto que se pasa de frenada en algunas ocasiones, hablamos de un juego muy difícil porque históricamente así lo fue.

The Guild 1410 1

Así, una vez elijamos una ciudad en la que establecernos, pudiendo incluso dejarnos caer por la Kutná Hora que vimos en Kingdom Come: Deliverance 2, es hora de quedarnos embobados sin saber qué hacer hasta dar con la solución: toca subirnos a la rueda de la producción empresarial. Como miembros de la población activa, tendremos una casa a nuestro nombre y un local donde realizar las actividades pertinentes, con un trabajador asociado como aprendiz. El problema es que The Guild – Europa 1410 es bastante poco afable con el jugador ajeno a este tipo de juegos, con un menú de actividades, tareas, opciones de personalización y demás complejísimo de entender y de colocar en pantalla.

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Pensaba que la review más difícil de 2026 sería la de GTA 6, pero no podía estar más equivocado. Análisis de Tomodachi Life: Una Vida de Ensueño

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The Guild – Europa 1410 recuerda inherentemente a un juego de Paradox, con Crusader Kings quizá como máximo representante en esto de los «juegos de menús». Sin embargo, Ashborne Games trabaja mejor la iteración. Aunque siempre vas a estar aprendiendo algo y es cierto que estás obligado a aprender porque el tiempo corre en tu contra, a la hora de juego entenderás bien cómo funciona todo. Es sencillo: necesitas materias primas para fabricar una serie de elementos —en mi caso, como herrero, anillos, herraduras o espadas en un comienzo— y venderlas, ya sea en tu tienda o en el mercado de la ciudad. Esa es la base misma del juego, sin más, pero el truco está en que el mercado respira: si decides acaparar todo el hierro de la zona para que tus competidores no puedan trabajar, verás cómo el precio se dispara en tiempo real, asfixiando a las otras herrerías o enriqueciéndote si sabes cuándo soltar el stock. No es una economía de cartón piedra; es un ecosistema de oferta y demanda que te obliga a ser tanto artesano como tiburón financiero.

The Guild Europa 1410

Por ejemplo, todos los que viven en la ciudad tendrán una opinión de nosotros, sea buena o mala. Desde el párroco hasta el alcalde, pasando por nuestra vecina o los hijos de esta. Hablamos de un simulador a varios niveles, tanto comercial como de relaciones, y lo mejor es que todos están deseando vernos caer. Al final, somos alguien que busca alcanzar un grado de estabilidad que pocos consiguen, lo que supone quitarles el hueco a otros. Por ello, podremos proclamar rumores, acusaciones, sean falsas o verificables, amenazar, secuestrar, ayudar económicamente o casarnos. Y ojo, porque estas acusaciones tienen consecuencias tangibles.

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El sistema legal de Europa 1410 permite llevar a tus rivales a juicio, donde un juez —que bien podrías ser tú mismo si has ascendido lo suficiente o alguien a quien hayas sobornado previamente— dictará sentencia. Ver cómo la guardia embarga el local de tu competencia porque lograste «convencer» al magistrado de su culpabilidad es, sencillamente, una delicia. The Guild – Europa 1410 es complejo y ninguno de sus mil sistemas, por muy difíciles de entender que parezcan, es menos relevante que otro.

La máxima de The Guild es sobrevivir, pero no tú, tu apellido

Como el tiempo pasa y nuestro personaje va haciéndose mayor, si no tenemos descendencia, cuando muramos se acabará la partida. No es un juego donde nuestro nombre deba hacer historia, sino donde debemos crear un árbol genealógico y sobrevivir a lo que ocurra. Lo mejor es que The Guild – Europa 1410 es tan complejo que solo dejándonos en total libertad es como mejor lo disfrutaremos. Podremos casarnos, aunque para ello tendremos que estar cierto tiempo cortejando a dicha dama para llegar al altar; pero unirnos a otra persona no siempre tiene que ser por el simple hecho de asegurar una descendencia. Si jugamos bien nuestras cartas y esa persona es de clase alta, ganaremos ciertos beneficios, amén de una peor valoración por parte del resto de aldeanos trabajadores, e incluso podremos acceder a su fortuna.

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The Guild Europa 1410 1

Para toda esta inmensísima lista de opciones que realizar, tendremos que tener dinero, claro está, pero también energía, puntos de acción y, por encima de todo, un buen nivel de aceptación. Los puntos de acción se recargan cada año que pasa y nos permiten, por ejemplo, mejorar nuestra labor profesional con nuevas opciones de fabricación o un mejor pulido de nuestro producto, lo que nos dará más dinero y nos granjeará una mejor fama. La energía también determina qué actividades podremos hacer, como la mejora en nuestra rama laboral, pero también aspectos como la crianza o incluso trabajos adicionales que hagamos —The Guild – Europa 1410 nos permite compaginar nuestro trabajo principal con tareas en la iglesia o como guardia de la ciudad—. Pero siempre tienes que tener en cuenta una cosa: no hagas nada por quedar bien, todo tiene que tener un beneficio. No debemos acabar el año con las manos vacías, pues, al final, nuestra supervivencia depende de ello.

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No hagas nada por quedar bien, todo tiene que tener un beneficio

Pero si ya es difícil tratar con la gente —de hecho, llegué a maldecir al hijo de una vecina solo porque esta confabuló en mi contra, todo para acabar multado—, el mundo en sí no es mucho más favorable. Aunque es un juego de estrategia, su enfoque sandbox implica que el entorno tiene mucho que decir en lo que pasa. La lluvia puede afectar a nuestra vivienda y lugar de trabajo, obligándonos a gastar dinero para arreglar humedades o el techo, y enviar nuestro carro al mercado para conseguir recursos puede conllevar que sea asaltado por ladrones, obligándonos a pelear por el botín o dejarlo estar. Y es que, aunque es cierto que el sistema de pelea del juego aún está verde, puedes luchar contra otros. Eso sí, nada de peleas en tiempo real o por turnos, sino en base a estadísticas y equipo. ¿Tienes una espada y un peto pero poca experiencia? Quizá saldrás herido. Puedes incluso contratar un escolta o pedirles a tus trabajadores que escolten el carro armados, pero esto afectará a su confianza en ti, pudiendo exigirte que pagues el tratamiento médico o incluso que confabulen para dañarte.

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The Guild 1410 3

Y es que debes tener en cuenta una cosa importantísima: The Guild – Europa 1410 es más inteligente que tú. El ciclo jugable, lo que sucede bajo el capó, está tan bien engrasado que jamás sabes por dónde te saldrá la sorpresa. Si mejoras las condiciones de tus trabajadores al mismo tiempo que fabricas y comercia mucho, los vecinos pueden quejarse a las autoridades por «competencia desleal«. Puede que esos asaltantes sean incluso el alcalde y su hijo (me ha ocurrido) y que, cuando los denuncies, el pueblo se ponga en tu contra si no tienen buena relación contigo. Sin olvidarnos de las enfermedades, que pueden diezmar la población y cuyos remedios se encuentran en el mercado a precios desorbitados porque «¡es el mercado, amigo!«.

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Hay una pizca de humor ácido, sin entrar en concienciar ni en discursos planos, y mucho realismo en un proyecto que, desde ya, se ha ganado mi atención. Aún hay aspectos que requieren trabajo, como la edificación, pues podremos tanto cambiar los interiores de nuestros edificios como comprar inmuebles enteros de la ciudad para que el dinero fluya como el agua. Pero sí tengo una cosa clara: The Guild – Europa 1410 es tan complejo como divertido y puñetero, algo que no hace sino darme aún más ganas de jugarlo.

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Llevo 19 años probando juegos de estrategia y este es el más realista y difícil al que me he enfrentado nunca

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3DJuegos

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por
Alberto Lloria

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La historia de Alberto: tiene 84 años, le robaron lo que más quería y su vida dio un vuelco inesperado

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“Soy Alberto Fierro, tengo 84 años y estoy cursando una carrera universitaria por amor”.

La presentación no es aleatoria; esos ítems que destaca son los que hoy definen la vida de Alberto, este hombre que ostenta con orgullo sus logros, su resiliencia y al motor de su vida: Norma, su compañera a la que conoció en una de las curvas finales del camino y lo marcó a fuego.

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Nació en Córdoba, pero su vida se construyó en La Plata, donde trabajó durante décadas como tapicero. De ese oficio no solo vivió, sino que también dejó un legado: diez hijos —siete varones y tres mujeres—, varios de ellos dedicados a lo mismo, y hasta nietos que hoy continúan el camino. “Fui tapicero siempre”, cuenta Alberto, con la simpleza de quien no necesita agregar nada más.

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En paralelo, hubo otra pasión que lo acompañó desde chico: la música. “Es un hobby que arranqué de chiquito con un primo que era músico, estaba siempre pegado a él”, recuerda. Autodidacta aprendió a tocar de oído, siguiendo la intuición, mirando a otros. “Yo seguía la mano izquierda del pianista, así aprendí a tocar el contrabajo”, explica. Durante un tiempo formó parte de orquestas y grupos tropicales, hasta que las circunstancias lo llevaron por otro camino. “Me casé y ahí terminó mi vida como músico”, dice.

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Décadas después, sin embargo, la música volvió a aparecer. Esta vez, a través del saxofón. Y no fue un detalle menor: se convirtió en su refugio. “Era mi cable a tierra. Cuando algo no iba bien, me ponía a tocar el saxo y volvía a la normalidad”, asegura Alberto, que se apasionó tanto que comenzó a tomar clases y a perfeccionarse en ese instrumento.

El amor inesperado

Después de su última separación y con sus hijos ya grandes, la soledad empezó a pesarle. “No quería estar solo”, admite. Y decidió hacer algo que nunca había imaginado: anotarse en una aplicación de citas. Ahí apareció Norma.

Alberto Fierro y su mujer, Norma. (Foto: Agustina Ribó)

“Nos conocimos por Badoo, empezamos a chatear y un día decidimos vernos”, cuenta sobre aquella primera cita que duró horas en un bar porteño. El impacto fue inmediato. “Cuando me fui, ya en el micro volviendo a La Plata, me di cuenta: estaba enamorado. Dije ‘esta es la mujer que quiero para mí’”, recuerda Alberto.

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Desde entonces, la historia avanzó sin pausas. Lo que empezó como encuentros esporádicos se transformó en una decisión compartida. “No daba para vernos de vez en cuando, queríamos estar juntos todo el tiempo”, asegura. La pandemia terminó de unirlos: él se mudó a la casa de ella, en Lugano, y desde entonces no se separaron más.

“Estamos las 24 horas juntos y no nos cansamos. Siempre tenemos momentos alegres”, dice. Y cuando habla del secreto para una relación duradera y exitosa, no duda: “Hay que respetarse, hablar, no guardarse nada. Porque después uno explota por cualquier cosa y las palabras hieren”, asegura.

El golpe que lo cambió todo

En medio de esa nueva etapa, un episodio los sacudió profundamente. Un día, al volver a su casa, descubrieron que les habían robado: “Se llevaron todo, vaciaron la casa”. Pronto descubrieron que les habían sustraído dinero, objetos personales, electrodomésticos, pero horas después, Alberto notó que le faltaba lo más importante: su saxo.

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“En el shock inicial no me había dado cuenta, pero cuando vi que no estaba el instrumento caí mal. El saxo era todo para mí”, dice. Días después intentó recuperarlo y ahí llegó el segundo golpe. “Fuimos con Normita a la casa de música a averiguar precios y cuando vi lo que costaba, más de un millón de pesos, me despedí para siempre. No era un gasto que pudiera hacer”, cuenta.

La pérdida fue mucho más que material. “Era mi cable a tierra. Sin eso me vine abajo, me deprimí mal”, admite. Durante un tiempo, la tristeza ocupó todo el espacio.

La salida apareció de una forma inesperada. “Un día agarré una novela de la biblioteca y la empecé a copiar en un cuaderno. Después otra, y otra”, relata. Lo que parecía un simple pasatiempo se transformó en un descubrimiento. “Ahí vi mi letra, vi que podía, pero tenía que mejorar”, dice.

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Y entonces tomó una decisión que cambiaría su rumbo. “Yo tenía el primario incompleto. Entonces dije: ‘lo voy a terminar‘”, cuenta Alberto.

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Se anotó en una escuela para adultos en Lugano y empezó de nuevo. Norma estuvo ahí desde el primer momento. “Ella se anotó en computación para acompañarme”, destaca.

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No fue fácil, sin embargo pasó todas las instancias y se animó a completar la secundaria. “Ahí se complicó: pasé de tener dos maestras a tener un profesor detrás de otro, muchas materias, inglés. Había días que me quería ir, todo el primer año me costó mucho. Pero en la escuela me decían ‘no te vayas’… y me quedé”, recuerda.

Con esfuerzo, constancia y el apoyo incondicional de docentes y Norma, en seis años completó ambos niveles y se consagró egresado de secundaria. “El último examen lo di en diciembre. Vinieron nuestros hijos, hicimos una comida, todo fue muy lindo”, asegura, con orgullo.

Estudiar por amor

Lejos de detenerse, Alberto volvió a empezar otra vez y se anotó en el CBC de la UBA para cursar Podología en la sede de Ciudad Universitaria. Lo hace por un motivo claro. “Estudio por ella”, dice, mirando a Norma.

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“Tiene diabetes y en los pies de un diabético un mal trabajo puede costarle un dedo. Y como algo entiendo del tema, del cuidado de los pies, quiero estar preparado para cuidarla”, asegura.

También estudia computación e inglés. “La computadora me cuesta, pero voy igual. Hay que insistir”, dice. Y en esa insistencia hay algo más profundo: lo becaron para estudiar en un instituto privado, pero las clases son virtuales y no sabe si va a poder afrontar el desafío.

Alberto Fierro tocando el saxo. (Foto: gentileza Alberto Fierro)
Alberto Fierro tocando el saxo. (Foto: gentileza Alberto Fierro)

“No hay edad para nada. Ni para enamorarse, ni para estudiar”, afirma Alberto. “Antes yo pensaba ‘esto no es para mí’. Ahora no. Ahora intento”, cuenta.

La vida juntos es simple y plena. Comparten todo: la rutina, las salidas, el día a día. “Nos divertimos mucho, siempre hay algo para hacer”, dice Alberto.

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Saben que el tiempo es finito, pero no lo viven desde el miedo, sino desde la elección diaria de estar juntos. Y cuando llega el final de la charla, él lo resume en una frase que lo contiene todo: “Vamos a estar siempre juntos, hasta el último minuto. Ojalá yo me vaya primero porque si fuera al revés, no lo podría soportar”.

La voz de Norma

Ella escucha, acompaña y, cuando habla, completa la historia. “Yo lo conocí por una página. Estaba sola, viuda, un poco depresiva”, cuenta. Una amiga la ayudó a anotarse y así empezó todo: “Empezamos a chatear y después de tres meses nos conocimos. Me gustó porque tocaba el saxo, soy muy romántica”.

El encuentro confirmó lo que intuía. “Nos vimos en Once y empezamos a salir. Después vino la pandemia y él me dijo si podía venir a casa porque no nos íbamos a poder ver más. Le dije ‘venite’, y se quedó”, dice. Desde entonces, no se separaron.

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Alberto y Norma se conocieron en una página de citas y no se separaron más. (Foto: Agustina Ribó)
Alberto y Norma se conocieron en una página de citas y no se separaron más. (Foto: Agustina Ribó)

“La verdad que es una gran persona, muy bueno, cariñoso, compañero. No me hace faltar nada. Yo digo que es un enviado de Dios”, asegura Norma. Y agrega, sin vueltas: “Nos encontramos los dos y nos amamos mucho”.

Volver a enamorarse no era algo que diera por seguro. “Yo quería compañía, alguien que me quiera realmente, y me siento como una elegida porque al final me llegó”, cuenta.

Hoy, cuando mira su vida, no duda en lo que siente. “Nunca es tarde para enamorarse. Siempre hay alguien esperando lo mismo”, afirma. Y cuando le piden que le diga algo a Alberto, lo mira y resume todo en un deseo simple, profundo: “Que sigamos siempre así, juntos los dos, que Dios nos acompañe”.

Sumario, estudio, historia de amor, saxo

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