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Vuelve Marcelo Cohen: reeditan su gran novela de mil páginas ‘Donde yo no estaba’

Vuelve Marcelo Cohen. Sigilo reeditó su novela Donde yo no estaba, a veinte años de su primera publicación. Un libro de más de mil páginas que presenta uno de los proyectos narrativos más amplios de la literatura argentina reciente. Definida como una novela realista situada en un universo fantástico, su historia es narrada por Aliano D’Evanderey, un mayorista de lencería femenina, esposo, padre y participante activo de la vida social y política de la isla del Delta Panorámico donde transcurre la acción.
El personaje aparece presentado como un hombre de sensatez singular, cuya curiosidad convierte la escritura en un programa de vida. Ese programa consiste en “adelgazar la personalidad”, borrarse de manera progresiva y dejar que el mundo ocupe su lugar. El diario personal que escribe funciona como el espacio donde se registra esta comedia sobre la muerte y sobre las dificultades de la vida en común.
El núcleo de la trama se activa cuando esa calma se rompe por tres hechos: la separación de su mujer, enamorada de otro hombre; el diagnóstico de una enfermedad extraña que podría matarlo en cualquier momento; y la aparición de varios personajes atribulados. La novela plantea que esa cadena de acontecimientos empuja al protagonista a realizar un gesto capaz de desatar una crisis en su comunidad. Ese movimiento lo arrastra, además, a una aventura existencial.

Marcelo Cohen nació en Buenos Aires en 1951 y murió en 2022. Sin dudas está entre los escritores más originales de la literatura contemporánea en español: se destacó como narrador, traductor y ensayista. Entre 1975 y 1996 vivió en Barcelona, etapa en la que escribió y publicó libros como El país de la dama eléctrica, Insomnio, El oído absoluto, El fin de lo mismo, El testamento de O’Jaral e Inolvidables veladas. En 1996 regresó de manera definitiva a Buenos Aires.
Su obra ensayística incluye ¡Realmente fantástico!, Música prosaica, Un año sin primavera, Notas sobre la literatura y el sonido de las cosas y Una morada ambulante. Además, tradujo a autores como William Burroughs, Alice Munro, Clarice Lispector, Nathaniel Hawthorne, J. A. Baker, J. M. Coetzee, M. John Harrison y Philip Larkin, dirigió la colección “Shakespeare por escritores” y “Línea C”, y junto con Graciela Speranza fundó la revista Otra Parte. Murió en 2022, a los 71 años.
El universo en que ocurre esta historia pertenece al ciclo del Delta Panorámico, inaugurado por Cohen con el libro de relatos Los acuáticos, publicado en 2001, y que expandió con Casa de Ottro, Balada, Gongue, Algo más, La calle de los cines y Llanto verde. Ese espacio fue concebido por el autor como “el mundo de las posibilidades de nuestro mundo”. La reedición de Donde yo no estaba devuelve al centro de esa constelación una de sus piezas más extensas. A continuación, un fragmento.
SÁBADO 16 – A veces el monitorio de casa cumple sus funciones con un celo arrasador. Hoy a la hora del desayuno, justo cuando me llevaba la taza de cafeto a la boca, el individuo se encendió en la pared para informarme de que en el techo del cobertizo de las herramientas siguen extendiéndose unas manchas de hume- dad. Parecen plantas flotantes en proceso de replicarse, señor, dijo. Molesto con su relamido estro poético, que debe de ser un sello de la empresa programadora, fui rezongando a los fondos del jardín; pero en cuanto entré en el cobertizo caí en la cuenta de que el monitorio tenía razón, pues las humedades han cobra- do tal colorido y vivacidad que si uno tuviera fe, como dicen que ocurría antaño, debería atribuirles un alma, o una condición morbosa. Entretanto el monitorio ya se había concretado en la pantalla mural, que allí está bastante deslucida, y hacía guturales cálculos sobre la mejor manera de cambiar la membrana asfáltica del techo antes de que lleguen los aguaceros, dónde encontrar losas para el exterior y el tipo de impermeabilizante más apto para llenar los posibles resquicios. Habrá también que masillar la ventanita, agregó, a lo que respondí pidiéndole que me pasara una relación de gastos de albañilería. Luego le ordené que se apagase. Tanto me había desconcertado interrumpir el desayuno que solo al salir del cobertizo reparé en que al costado de la puerta, entre la cicuta de la tapia trasera del jardín, había un cráneo de paloma que el viento debió de transportar durante la noche. Nunca antes había visto un cráneo de paloma sin su revestimiento de carne y plumas. Los huesos de este ya se han puesto por completo blancos, secos y quebradizos como yeso, pero la forma total sigue intacta, sin grietas ni imperfecciones. Habríase tomado por una artesanía de no ser porque en el fondo de las órbitas destellaba una presencia que se avivó mientras lo estaba examinando. Entonces, como si ese parpadeo me lo hubiera señalado, reparé en el lujurioso abandono en que ha caído ese rincón del jardín, y se me ocurrió que me corresponde hacer allí algo; y esta vez la vecindad de una tarea me reconfortó. No es tan arduo para un humano naturalizarse. Los muertos abren los ojos a los vivos. Creo en esto, no sé si con firmeza. Pareciome que el reflejo, quizás un bichito fosforescente refugiado entre las cuencas vacías, me estaba pidiendo que adecentase lo que la abundancia silvestre ha puesto lúgubre e hirsuto, tan diferente de la pulcritud del resto de nuestra casa. Lo difícil era hacer algo con el cráneo de la paloma, fuera guardarlo en un estante, desprenderse de él o eliminarlo. Elegir es una enfermedad de la mente. Me exaspera a veces el soliloquio admonitorio de mi Locutor Interior, su barroca música de ventajas e inconvenientes, sus frases de aliento y sus reprimendas. Pero por suerte hoy no había elección. Dejé el cráneo donde estaba, rogando que Gul no vaya a quebrarlo de un mordisco. La naturaleza nunca ha dicho que necesite las obras del hombre. Pero, como tampoco se queja cuando el hombre la mima, me ceñí al cometido de hacerme cuanto antes con unas tijeras de podar, digamos antes del sábado próximo. Cler, que amorosamente había vuelto a calentarme el cafeto, recordó que el jardinero siempre trae unas tijeras suyas pues en las tiendas es muy difícil encontrar ese instrumento anticuado. No supo explicarme por qué el jardinero no poda las hierbas de la tapia. Tampoco lo averiguaremos de la perruna reticencia de Gul.
MARTES 19 – En el negocio siguen las lerdas tareas de fin de temporada, aunque no sin un atisbo de indomable prisa por acercar el porvenir. Entre todos hemos limpiado estantes, lavado recovecos y sudado como deportistas entre el vals de la polvareda. Mis empleados aprestan los exhibidores para las prendas de estación fría, además de reacomodar el género de verano que no ha salido. A decir verdad queda bastante poco. Repasando con Soneida el saldo de inventario, comprobé que apenas consiste en unas cajas de bikinis de tisúheir y esos pijamas porosos que por alguna razón nos ha costado imponer. Soneida insiste en que los colocaremos en invierno a tiendas de aquellos cuartieres donde menores sean las restricciones de energía y más intensa la calefacción. También señaló que debemos encargar una partida de sostenedores inteligentes, de esos que adaptan su elasticidad al tamaño y la oscilación de los pechos de las deportistas. La contenida salacidad de Soneida contribuye a agudizarle la perspicacia. Si la competencia que muestra en los gustos actuales de su sexo sigue reflejándose en las ventas, acabará por ganarse un aumento de sueldo.
En casa, al anochecer, Fiena y Sereno no han parado de repetir que hoy hizo treinta y nueve grados de temperatura. Exhalan la palabra gradosss con un siseo estridente, como si amplificando la crueldad del calor acumularan méritos para resarcirse en la busca del placer. Lo más admirable de mis hijos, y acaso de todos los jóvenes, es la falta de dirección; lo que les permite (la deriva mental, digo) incluir los fenómenos atmosféricos entre los atributos del sistema sociopolítico que según ellos aplasta a la juventud. Pero tratar el calor como un régimen tiránico los anima a mantenerse en acción constante. Sugieren una y otra vez que nuestra civilización de agua dulce tiene a la gente presa de la baja tensión arterial y, por eso, de la obsecuencia tarada. No obstante sé que los rebeldes como ellos nunca compran sal clandestina, lo que me alegra porque es carísima. Se ríen si les digo que el secreto del frescor es la quietud, se ríen y matan mosquitos, y los golpes me hacen reír a mí también, y en esa risa también se desvanece el calor. Ahora han salido los dos, Fiena a su sesión de entrenamiento de balompo y el muchacho con sus amigos los gemelos Braimande a uno de esos clubes donde tocan la música que les gusta. La luna está en creciente. No entiendo por qué me duele tanto la cabeza.
MIÉRCOLES 20 – Hoy por la tarde, circa 16 hs, le avisé al contador que tenía unas diligencias que hacer, lo que no era una excusa, y escapé a la calle a fundirme con los viandantes. Estaba resuelto a comprarme unas tijeras de podar, y poseído del deber las veía guiarme los pasos como un espejismo. Pero en la avenida Tresby, donde todos los comercios están saldando, se agolpaba tal masa de compradores aturdidos, sin duda por la imposibilidad de comprar, que por poco paso de largo ante la ferretería. Me inspira confianza el escaparate de esa tienda oscura, un cambalache de implementos de todas las eras de la técnica. La dependienta se internó un buen rato en el dédalo de anaqueles antes de volver con un surtido de tijeras en las manos tiznadas. Mientras fingía elegir como si supiera, creí ver que ella caía en un abismo interior, o quizá se elevaba hacia un limbo. Era una mujer más ajada por el dolor que por los años, con una cabellera larga y dura de color escoba, como erizada por una delgadez impropia de su alrededor de cuarenta años. Esperó mi decisión con una cortesía minada de nerviosismo. Cuando al fin me hubo empaquetado unas grandes cizallas de acero, y se disponía a cobrármelas, confesó atribulada no recordar qué me estaba llevando. Me apresuré a decírselo, y entonces ella dijo que desde luego, sí, las tijeras, pero que era la cuarta vez en el día que le ocurría aquello; y no por excepción: en las últimas semanas venía olvidando los hechos recientes con una asiduidad cada vez más despiadada, como si a cada instante la secuestrasen de sí misma o la mente lo absorbiera todo, hasta las trivialidades más indecentes, y nada le devolviera salvo avisos de que debía ocuparse de tal o cual cosa. ¿Qué me pasa, señor?, preguntó de golpe dejando caer las manos sobre el mostrador, con tal violencia que debió de hacerle daño. Repuse que nada distinto de lo que nos pasa a muchos; a saber, sentir que el pensamiento de una tarea incumplida, de un plan a largo alcance, de una discusión frustrante o de una ocasión desaprovechada nos arrebata fuera de lo inmediato (ejemplo, empaquetar unas tijeras o acariciar una mano), con el consiguiente malestar que esto acarrea y la añadida mortificación de advertir luego cómo lo inmediato ha huido, como dicen por ahí, irreparablemente. Pero sin duda ella no me oyó porque ya estaba repitiendo: ¿Qué me pasa? ¿Usted puede, señor, decirme qué me pasa? El hecho de que le tocara el codo pareció devolverla a la actualidad del diálogo, aunque en realidad se calló la boca. Decidí quedarme clavado allí todo lo posible (mientras la permanencia no se alargara tanto como para sugerir locura), pues suponía que un silencio compartido, y mecido en los antagónicos ritmos de nuestras respiraciones, la ayudaría a recuperar la atención. Pero la indefectible ansiedad de ella la propulsó a enjaretarme de pronto, con un pálido semblante de escarcha, que para colmo estaba cada vez más aquejada de tafofobia, esto es, temor enfermizo a que la entierren en vida. Aunque intenté matizar que la tafofobia, no existe en realidad para la ciencia médica, ella no paraba. Si llego a despertarme después del funeral, dijo, porque alguien cree que me morí de infarto pero estoy nada más desmayada, no tendría fuerza en las manos para empujar la tapa del ataúd, ni potencia en los pulmones para hacerme oír bajo dos metros de tierra. Me da pavor, dijo. Pavor. Tuve que oír una recua de nombres de personajes célebres que padecieron esa fobia, entre ellos Adom Spereguy, el filósofo Noquerstam, nuestro expresidente Solye y la diva Mim Gosche (quien por cierto contó su caso con pormenor en unas plomizas memorias), antes de poder deslizarle que todos, o casi todos, hemos tenido alguna vez esa fantasía espeluznante. Le aclaré que existen incluso crónicas sobre lugares en donde se acumulaban cadáveres putrefactos, cada uno de los cuales llevaba atado a un dedo un cordel sujeto por el otro extremo al badajo de una campana. Hice un silencio elocuente.
Alzando entonces las cejas, la mujer me preguntó si tanta gente había podido equivocarse. Le dije que, en efecto, la tasa de miedo a ser enterrado en vida supera con mucho la de ocurrencia del suceso, sobre todo desde que la justicia exige que no se disponga de ningún cadáver sin el legal certificado de defunción. Lo leí en una revista, le aseguré. El viraje científico del diálogo dio un tono más carnal a sus mejillas, como si al compadecerme le hubiera endosado algo de mi sangre. Entonces ella razonó que, al fin y al cabo, aquello no debía de suceder nunca, nunca, y que a partir de hoy ya no tendría miedo; pero que el aplacamiento de la tafofobia la dejaría sola con sus engorrosas distracciones, lo que la atemorizaba aún más; la soledad, vale decir. Quizá la pena me impidiera observarle con adecuado ardor que de hecho llevábamos un buen lapso conversando de manera concentrada y retributiva, pero a ella la mera observación la consoló. Meneando la cabeza, lo que curiosamente le aflojó el pelo almidonado, me suplicó que no le hiciera caso, ya, y me deseó que usara las tijeras con provecho, pues me consideraba una persona bondadosa. En ese punto dejé que mi educación esbozara una sonrisa y salí de la tienda, deseoso de llegar a la calle para elegir otro gesto. Pues si algo me apetecía escaso era sonreír, atónito como me sentía al verme súbitamente cuajado en una definición. ¿De dónde salía ese azoramiento? Me había limitado a permanecer allí, esperando que la angustia de la mujer remitiese un poco, como si algo me dijera que ninguna historia puede culminar, y por lo tanto librar de su peso a quien la guarda, mientras no consiga que al menos un oyente la aguante hasta el fin. Ahora bien: en este caso se había interpuesto un ardid, consistente en la precipitación del final por medio de mi cooperación, cosa que no todos los oyentes hacen. Y se vislumbra aquí un raro intríngulis. Porque entre el final lógico de la historia de esa mujer y el final forzado por mi intervención quedaba un resto de anécdota, algo que iba a molestar a la mujer como una miga en el escote, hasta que capturara otra atención en la cual depositarlo entero. De modo pues que mi supuesta bondad era muy parcial, inoperante y dudosa. Bondad, auténtica bondad, es embucharse la historia entera sin decir ni pío. Pues si existe una promesa de alegría en tener menos volumen de persona, dice el maestro Rosezno, un buen procedimiento de despersonalización es ingerir lo que de sus personas suelten otros, y en el mismo acto evacuar parte de uno. Cuando volvía a mi negocio casi me lleva por delante una pareja que venía trastabillando. El hombre tenía la cara ensangrentada y la mujer no lograba convencerlo de que se dejara restañar las heridas. Caray, me he cansado. Cler ha puesto el cráneo de paloma que encontré el lunes en un estante de la sala, encima de la musicaja, junto al cuadro de Esmelty, no como un adorno más sino como un recordatorio. Solo Cler puede obrar con gusto esa contigüidad entre el artefacto humano y la vida animal, o entre el diseño y la muerte. Lo más notable es que no hace ningún hincapié en la armonía, esa aspiración que endurece un poco los movimientos. Por eso duerme tan bien. Y no es que por mi parte duerma mal; no diría tanto. Pero ella duerme como si muriera unas horas, para revivir con la mañana, castaña clara y expectante, con solo un día más de edad.
JUEVES 21 – Hoy recibí la visita de Atarvo Glamis, el coadjutor de la Junta de Comercio (y comisionado del gabinete del presidente Goyfrena). Traía almibarados elogios a mi desempeño empresarial, de parte de una fraternidad que más ajena siento cuanto más recalca Glamis la palabra nuestra. Quieren que integre una lista para las próximas elecciones a la Junta, si no por mi futuro al menos en honor al recuerdo de mi padre, etcétera. Las elecciones a la Junta serán en agosto próximo, poco antes de la renovación de las presidenciales. Es un mero dato. Mientras le servía una infusión de yecle, Glamis coló ciertas informaciones sobre la marcha de la culturización en las Islas Balugas. No me huele bien, aunque no sé a qué me huele, que los murmoranos nos alegremos tanto de culturizar unas islas cercanas que jamás nos habían interesado. Glamis se desvi- vió por exhibir sus relaciones con el canciller Tab, por quien habría sabido que las gestiones del cuerpo de culturización están logrando allanar las tensas relaciones entre la población vernácula y nuestros maneros, esos colonos disfrazados. De paso deslizó que los minerales de las Balugas reactivarán nuestra economía. Por mi parte no sabía que en las Balugas hubiera minerales, y él no especificó cuáles pudiere haber. Le comenté cuán desconcertante resulta que sigan siendo materia confidencial las noticias sobre un proceso que tiene ya cuatro años de historia; él me replicó que es así porque Isla Múrmora nunca había emprendido una empresa como esta. Pero pre- siento que tampoco él sabe si en las Balugas existe algo o alguien que culturizar, y si se han hecho prospecciones o puros y brutos desplazamientos de población. Le pregunté si alguna vez se había figurado el raro encuentro entre un manero nuestro (o acaso un mercenario) y un ignoto nativo balugano. Glamis pareció molestarse. Desenrolló un panegírico de nuestro sistema. Lo consabido: la Democracia Gentil murmorana es una experiencia político-civilizatoria, el mejor parate que se ha inventado contra el espíritu de movilización del progreso, afiebrado, arrasador. Le dije que, si bien es cierto que la Democracia Gentil ha hecho de nuestra isla un espacio mucho más laxo que en tiempos de mis abuelos, a veces temo que se trate de un alarde, un ni esto ni aquello, pasivo y represivo, por cuyas costuras desborda el nervio de la competencia. ¿Pasivo o represivo?, me apretó él. No lo sé, Glamis, repuse. Mi duda lo desinfló; y en el desalentado manotazo con que espantó una mosca inexistente vi la constancia de que no es hipócrita. Un instante después recondujo la charla hacia su motivo predilecto: la moral de los administradores. Hoy habló mucho de la manipulación, entendida en el sentido de las relaciones personales. Habló en contra, claro. Hay un poso de poesía libertaria en este hombre. Pero me aburrió tanto que al poco me encontré imaginándome en el lugar de su esposa, la de Glamis, público de un soliloquio del marido sobre el pecado y la compulsión a manejar a los demás, en el curso de una cena hogareña, un día cualquiera de la semana, con el calor y la humedad y los mosquitos revoloteando en torno a la lámpara; y aunque la escena no era desagradable volví a aburrirme y me despabilé. Glamis aún discurría sobre la tendencia humana a coaccionar las mentes ajenas para que emitan lo que esperamos de ellas. Decía que él no quiere ser un déspota. El botarate se atormenta, busca de veras una moral para ajustarse a ella. Pero sus escrúpulos nunca me persuadirían de ser directivo de la Junta de Comercio. Virilidad, firmeza, caridad inteligente, capacidad de acción concentrada y reacción amplia y veloz a los defectos de la época: todo cuanto pediría de un buen hombre público en mí sigue en vías de formarse. Y se me va haciendo tarde, pues todavía no logro desprenderme de veleidades fútiles, o ideas de esas veleidades. Una cosa me gustó, y es cómo estrecha Glamis la mano. En realidad, intuyo que tiene ambiciones políticas, incluso la decisión de realizarlas pronto, y es como si en el apretón buscara sorberle a uno algo. Llegué a casa con una molestia mínima, como una respiración incompleta, que solo afloró cuando en el cuarto de baño, frente al espejo, noté que mi crecido bigote cubría el labio de abajo. Ignoro cuánto tiempo estuve deliberando: de una parte tiraba el impulso de afeitarme el bigote por completo, como para eliminar una defensa innecesaria, o cambiar de personaje, y de otro el deseo de hacer bien el trabajo de recorte. Ninguno de los dos era genuino. Allí había en el espejo una efigie de la pasión inservible, apta para el museo del hombre arcaico. Para colmo, comprendí que en los últimos tiempos me miro muy poco en el espejo, y solo para efectuar tareas prácticas de este tipo, como si rehuyera ver algo exasperante, quizá mi propia presencia. El caso es que estos recelos, sumados a la alarma por uno que otro pelo blanco que produzco, se resolvieron en un trabajo torpe, sobreactuado, que me dejó el borde inferior del cepillito unos tres milímetros por encima de su largo habitual. Una ancha franja de piel morena separa ahora el vello canoso del labio superior, lo que me da, dice Cler, un aire de gigoló, de esos que parecen sonreír por partida doble. Me complació ser objeto de esa caracterización. Pero no creo que haya ganado en ambigüedad, habida cuenta de que durante la cena todos, Cler y los chicos, me preguntaron sin rodeos qué cuerno iba a hacer con las cizallas de podar que he comprado. Así que luego del cafeto fui al fondo del jardín, encendí el reflector, arranqué la mala hierba y corté a ras del suelo la que me parecía buena. Considerando que los ladridos del cargoso Gul no me dieron tregua, el trabajo supera con mucho lo que hice con el bigote. Al cabo comprendí que el perro no le ladraba al chasquido de las tijeras. Tengo que llamar al fumigador, porque la casa rebosa de leboches.
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Top US ally’s defense chief quits, warns military lacks resources for rising threats

NEWYou can now listen to Fox News articles!
Britain’s defense secretary resigned Thursday after accusing Prime Minister Keir Starmer’s government of failing to adequately fund the military despite rising threats from Russia and growing NATO demands, delivering a major political blow to the prime minister ahead of July’s alliance summit.
In a sharply worded resignation letter, John Healey said the government had failed to commit the resources needed to execute Britain’s long-term defense strategy, arguing the country’s armed forces risk being left short of the money, personnel and industrial capacity needed to meet mounting security challenges.
«This new era for defence required further investment through the Defence Investment Plan,» Healey wrote. «Since then, you have been unable, and the Treasury has been unwilling, to commit the resources that the nation needs to defend the country at this time of rising threats.»
While European governments have pledged major increases in defense spending and warned that Russia poses a long-term threat to the alliance, many continue to struggle with the political and fiscal realities of rebuilding armed forces after decades of post-Cold War cuts. The debate has taken on added urgency as Trump pushes European nations to assume a greater share of responsibility for their own defense.
In a sharply worded resignation letter, John Healey said the government had failed to commit the resources needed to execute Britain’s long-term defense strategy. (Peter Nicholls/Pool Reuters)
UK DEFENSE MINISTER WARNS PUTIN OF ‘SERIOUS CONSEQUENCES’ AFTER COVERT UNDERWATER MILITARY OPERATION
Healey’s departure appears to stem from a dispute over the pace and scale of future defense spending. In his letter, he argued that Britain should commit to spending 3% of gross domestic product on defense by 2030 and criticized a government funding plan that he said would reach only 2.68% by the end of the decade.
«The Government cannot warn about Russia, Iran and China, then produce a Defence Investment Plan that leaves the Armed Forces short of the money, people, stockpiles and industrial capacity needed to meet that threat,» Retired British Army Major Andrew Fox, senior associate fellow at the Henry Jackson Society, told Fox News Digital.

Sir Keir Starmer is battling to save his position and refusing to stand aside despite dozens of Labour MP’s demanding he resigns. (Leon Neal/Getty Images)
«For Keir Starmer, this is now a test of seriousness. A Defence Secretary resigning over national security tells our allies, our enemies and our own troops that Britain’s defence ambitions are not being properly funded.»
Healey had been one of Starmer’s most loyal cabinet allies, publicly defending the prime minister during recent internal Labour Party unrest.
LABOUR MP PUTS CABINET ‘ON NOTICE,’ THREATENS TO TRIGGER LEADERSHIP CHALLENGE AGAINST STARMER BY MONDAY
The resignation intensifies pressure on Starmer, who already is battling questions about his political future after a series of electoral setbacks and growing unrest within his own Labour Party.
The dispute arrives at a pivotal moment for NATO. Alliance leaders recently agreed to significantly increase defense spending targets amid continued concerns about Russia’s military ambitions and growing pressure from President Donald Trump for European allies to assume a greater share of the burden for their own defense.
Healey himself had been telling Parliament that Starmer was determined to publish the Defence Investment Plan before the upcoming NATO summit July 7. Healey learned the final details of the spending settlement only days before his Monday resignation, according to the Guardian.

Military personnel load munitions onto a U.S. Air Force B-1 bomber at RAF Fairford in Fairford, England, on March 11, 2026. (Christopher Furlong/Getty Images)
EUROPE’S $116B FIGHTER JET ‘FAILURE’ RAISES FRESH DOUBTS ABOUT ABILITY TO DEFEND ITSELF WITHOUT US
In recent weeks, Europe’s flagship Future Combat Air System sixth-generation fighter project collapsed after years of disputes between France and Germany, raising fresh doubts about the continent’s ability to execute major defense initiatives despite repeated pledges to strengthen its military posture.
Robert Jenrick, now one of Reform UK’s most prominent figures, praised Healey and directly blamed Starmer and Chancellor Rachel Reeves.
«Good on Healey. Shame on them. Reeves and Starmer should go too.»
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Liberal Democrat leader Ed Davey likewise argued the resignation demonstrated the need for the government to devote greater resources to national defense, saying Labour must «get serious about funding our armed forces properly.»
Britain remains one of NATO’s most important military powers, but there is growing debate about whether its armed forces are large enough and adequately funded to sustain the leadership role successive governments have promised.
Britain’s own parliamentary defense committee recently warned that while the UK remains a leading European military power, its ability to maintain that position is under pressure.
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Ni una fuga ni un túnel: la inesperada estrategia que eligió El Chapo para recuperar su libertad

Cada día es insoportablemente igual al anterior. La rutina opresiva lo está volviendo loco. Días quietos. Días vacíos. Siempre aislado, sin nada para hacer, sin nadie con quién hablar.
El Chapo Guzmán está detenido hace una década y no parece que vaya a salir nunca. Tampoco hay indicios de que sus condiciones de vida, de encierro, mejoren. Sin embargo él no se resigna. Sigue intentando recuperar su libertad.
Su nueva táctica es escribir. De pronto, el ex líder del Cartel de Sinaloa, el narco más peligroso del mundo, confía en la literatura. En las últimas semanas envió 13 cartas tratando de mejorar su situación.
A su actual casa la llaman La Alcatraz de las Rocosas. La Supermax, ADX Florence en Colorado es la cárcel de máxima seguridad más impenetrable, más inexpugnable del mundo. Lo alojaron ahí porque el Chapo con sus millones, su impunidad y su audacia había convertido el término cárcel de máxima seguridad en un eufemismo. Parecía que era capaz de escaparse de donde quisiera. Eso cambió. Ahora ni siquiera él cree en la posibilidad de una fuga. Es un sueño -el único que tenía- que se le escapó para siempre. El Chapo Guzmán siendo escoltado por agentes federales tras su extraditación en 2017. (Foto: AP)
De su antiguo poder no le queda nada. Ni siquiera el nombre. Allí, donde vive, no es ni Chapo, ni Joaquín, ni Guzmán Loera, es el recluso 89914053. Apenas un número.
De manejar el mundo, de sentirse omnipotente y de ser el capo narco más conocido e importante, el más influyente, a pasar 23 horas por día -sin nada que hacer- en una celda de unos pocos metros cuadrados. A disposición tiene una cama de hormigón, un escritorio angosto y un taburete también de hormigón, un inodoro, un lavatorio y una ducha. Y nada más. La única luz natural entra por una ventana muy delgada, un rectángulo de poco más de un metro de largo y apenas 10 centímetros de ancho. Después paredes sólidas que no dejan pasar ningún sonido y varias puertas metálicas.
Su régimen de detención tiene un nombre especial y es aplicado a muy pocos reclusos, casi que se creó a medida de una capo narco inasible y con vocación a la fuga y a continuar manejando sus negocios desde la cárcel. El régimen se llama SAMs (sigla de: Medidas administrativas especiales). Se somete al preso de alta peligrosidad a un aislamiento total (no pueden hablarle los guardias ni siquiera), los encuentros con algún familiar y con sus letrados también están vedados, tienen vigilancia todo el tiempo, el monitoreo es constante. Siempre hay alguna luz prendida, desconocen lo que es la oscuridad. Pasan 23 horas al día en la celda. Y tienen restringido el acceso a la información, no saben nada de lo que sucede en el exterior. No cruzan una palabra con nadie, a veces, durante semanas.
Sólo 50 presidiarios en todo el sistema penal de Estados Unidos padecen el régimen SAMs. Son principalmente condenados por terrorismo, algún capomafia, varios narcotraficantes y unos pocos asesinos seriales. El Chapo es el más célebre de todos. La cárcel ADX Florence, también conocida como la «Alcatraz de las Rocosas» donde fue sentenciado el Chapo Guzmán. (Foto: AP)
La posibilidad de que Guzmán salga es nula. Cumple tres condenas simultáneas. Una perpetua por tráfico de drogas, otra de 30 años por uso de armas de fuego contra personas y una de 20 por lavado de dinero. Cuando en abril del año que viene cumpla 70 años no sólo no recibirá regalos ni visitas, sino que la entrada en la nueva década no le otorga ningún beneficio que alivie su situación cotidiana.
Algunas semanas atrás se viralizó un video de cámaras de seguridad de la celda de Ghislaine Maxwell, la ex pareja de Jeffrey Epstein, quien no sufre un régimen tan estricto. Se ve a la mujer en su traje de presidiaria. Acostarse, sentarse, caminar unos pocos pasos, tomarse la cabeza, acostarse, sentarse. Cualquiera que vea ese video (acelerado para que se note que el tiempo no pasa más) entiende que pocas situaciones de vida pueden ser peores que esa.
Una de las pocas cosas que Guzmán tiene permitido hacer, y sólo de vez en cuando, es escribir. Como muchos otros reclusos de la historia, utiliza el tiempo -que le sobra- en enviar cartas. No deja mensajes al futuro, ni recrea su vida, ni hace manifiestos políticos, ni siquiera revuelve el pasado o trata de buscar explicaciones a lo que sucedió como Oscar Wilde. El Chapo denuncia y pide clemencia, reducción de pena, que lo devuelvan a su país, un nuevo juicio, condiciones de vida mejores. Todo aquello que consiga terminar o alivianar su estricto confinamiento actual.
Hasta ahora, en estas últimas semanas, se han conocido 13 cartas del Chapo. En la primera tanda con letra inquieta, insegura, le pedía al juez que se respetaran sus derechos humanos, que su calidad de vida actual está debajo de cualquier estándar razonable. Explicaba -se quejaba- que las condiciones del encarcelamiento violaban todas las garantías previstas por la constitución norteamericana.
No es una nueva situación. Unos años atrás en otra carta dijo que sufría dolores de cabeza, estrés, depresión y pérdida de memoria debido a la dureza extrema del aislamiento. “Pido que por favor remuevan las SAMs antes de que me dé un ataque al corazón o antes de que me vuelva loco, porque en las condiciones en las que estoy actualmente, que son tan crueles e inhumanas, eso es lo que va a pasar”, esa carta de hace cuatro años estaba repleta de errores de ortografía y un manejo gramatical más trabado que el que muestra este torrente postal que Guzmán desató en el último tiempo. Lo que permanece igual es que subrayó varias palabras de cada oración, aunque, si uno lee con atención, el criterio elegido resulta un verdadero misterio. No se entiende si quiere enfatizar algún concepto, si es un recurso absolutamente arbitrario o si está mandando algún mensaje velado.
Celda de la prisión ADX Florence o «Alcatraz de las Rocosas» donde se encuentra en aislamiento total el Chapo Guzmán. (Foto: AP)
Tiempo después aseguró respirar aire sucio -con lo que eso signifique- y que el agua que le hacen tomar no es pura, está contaminada.
Después de esa primera carta, el 7 de mayo mandó otra con pedidos más firmes y más ambiciosos. Exigía un nuevo juicio y ser regresado a México. El juez de la causa rechazó sus pretensiones de inmediato. Ni siquiera se sabe si leyó las misivas. También denunció que no permiten que sus abogados le hagan llegar escritos traducidos al español.
En las misivas posteriores Guzmán fue todavía más lejos. En un giro que nadie pudo prever, que nadie puede creer, aseguró que él es inocente. Y encontró un responsable: el gobierno mexicano, al que culpó del clima de violencia instalado mientras él estaba libre. No le importó haber pedido unos años antes la intermediación del presidente mexicano López Obrador. Como la excusa de su salud física y mental no resultó, el Chapo decidió jugar la carta del racismo. Dijo que lo discriminaban por mexicano, que a él lo trataban peor que a los terroristas islámicos. Tampoco resultó esa línea argumentativa.
Otra afirmación audaz: el caso en su contra debe desestimarse por falta de pruebas. Denunció que el jurado fue presionado por las autoridades norteamericanas para condenarlo pese a que en el juicio no se había probado nada de lo alegado, en especial que haya cometido algún perjuicio a algún ciudadano de Estados Unidos. El Chapo Guzmán se dibuja, se perfila a sí mismo, como un pobre angelito desamparado y sometido por gobiernos y jueces corruptos. Y hasta explicó que en aquel asesinato del cardenal Posadas Ocampo en el aeropuerto ocurrido en 1993 y que desató la primera persecución al Chapo, él fue víctima de un conjuro del destino. No negó estar presente en el lugar pero aseguró -por primera vez en estas décadas- que sólo era un viajero más en esa jornada y que de pronto quedó en medio de una balacera salvaje. Nadie, ni siquiera, cree que ese argumento, esa ficción, puede ser creída alguna vez.
Al día siguiente, el 8 de mayo, otras cuatro cartas pero con destinatarios diferentes. Otros dos jueces federales, el alcalde de Brooklyn y Marco Rubio recibieron sus quejas y el pedido para que haya una revisión del juicio. La ilusión de que sus reclamos sean escuchados. El Chapo Guzmán en 1993. (Foto: AP)
Lo cierto es que hace un tiempo, la inteligencia norteamericana descubrió que a pesar de su aislamiento, el Chapo seguía enviando mensajes a sus hijos. Por eso las comunicaciones con sus abogados también fuera limitadas.
Todas estas cartas, algunas de varias páginas, constituyen casi su única actividad diaria. Pese a haber asegurado -también en el juicio- que no sabía inglés y que por eso era clave que se contactara con los abogados para que le proporcionaran las versiones en español para poder entender lo dictaminado en su contra, algunas de estas últimas las escribió en inglés. Un inglés ripioso, con discordancias sintácticas y palabras mal escritas, algo similar a lo que le sucedía con el español. Pero con la ilusión de que quienes reciban sus mensajes logren entenderlo. Sin embargo, si sus pedidos, súplicas, quejas y exigencias no fueron oídos no se debió a una confusión idiomática.
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Existen sospechas sobre si el Chapo es el autor de las cartas. Si lo fuera, los textos más allá de sus condiciones carcelarias y sus pretensiones, muestran sus avances en el manejo del inglés y la adopción de varios términos legales que antes parecía desconocer. Es por eso que muchos creen que no es él el verdadero autor de las misivas. El Chapo tendría un ghostwriter; presumiblemente su abogado.
Que la mayoría de las alegaciones del Chapo sean absolutamente falsas y que sus pretensiones jurídicas no tengan el menor sustento, no significa que haya que pensar si las condiciones de vida dentro de la prisión de estos condenados de alta peligrosidad y exposición, no rozan lo inhumano con el aislamiento total, la imposibilidad de distraerse con otra actividades y la falta de contacto humano.
Una paradoja. El rey de la ilegalidad y de la violencia, de la acción directa sin importar las consecuencias, confía para mejorar su presente, para tener alguna esperanza en el futuro, en el método más civilizado del que disponen las sociedades: la escritura.
Chapo Guzmán, Narcotráfico, Cartel de Sinaloa, Cárcel, Sumario
INTERNACIONAL
La muerte de la princesa Bajrakitiyabha genera incertidumbre sobre la sucesión de la monarquía de Tailandia

La muerte de la princesa Bajrakitiyabha, anunciada este viernes por la Casa Real tailandesa, reconfigura el mapa sucesorio de la monarquía en un momento de escasa popularidad para la Corona. La primogénita del rey Vajiralongkorn, de 47 años y también conocido como Rama X, falleció tras más de tres años hospitalizada por un severo cuadro cardíaco que la mantuvo inconsciente desde diciembre de 2022.
En el comunicado oficial emitido, la Casa Real detalló: “A pesar de la atención minuciosa y constante del equipo médico, su estado empeoró progresivamente hasta el jueves 11 de junio, a las 19:48 (12:48 GMT), cuando falleció”.
Tras este desenlace, la línea de sucesión directa se concentra en el príncipe Dipangkorn, de 21 años, y la princesa Sirivannavari, de 39. Los cuatro hijos que el monarca repudió en su adolescencia permanecen excluidos del orden sucesorio.
Desde que la princesa fue ingresada de urgencia en un hospital de Bangkok el 15 de diciembre de 2022, la institución mantuvo un estricto hermetismo. Solo se conoció que la causa inicial fue la “inflamación del corazón” por una bacteria micoplasma. En agosto de 2025 y mayo pasado, se reveló que también sufría una “infección abdominal”.
La muerte de Bajrakitiyabha deja vacante la figura considerada más apta y moderna para suceder al actual monarca, cuya imagen pública se vio deteriorada desde su ascenso en 2016. La princesa era vista como una posible vía para restaurar parte del prestigio perdido por la monarquía tras la muerte de Bhumibol, quien reinó durante siete décadas.
El proceso sucesorio en Tailandia enfrenta ahora una mayor incertidumbre. El príncipe Dipangkorn, primero en la línea, es el hijo más joven del rey y, según círculos cercanos a la Casa Real, podría padecer problemas cognitivos, aunque la institución no lo ha confirmado. Sirivannavari, la única hija residente en Tailandia del segundo matrimonio del monarca, demostró una inclinación por la moda y asiste ocasionalmente a eventos oficiales.
En la historia reciente de la familia real, los hijos nacidos de la relación del rey con Sujarinee Vivacharawongse permanecen distanciados. Tras su destierro en 1996, hicieron escasas apariciones públicas en el país. Vacharaesorn, de 45 años y el tercero de esos hijos, regresó sorpresivamente a Tailandia unos meses después de la hospitalización de Bajrakitiyabha y participó en actos oficiales, lo que alimentó las especulaciones sobre la sucesión.
No obstante, en 2025 los cuatro hermanos (Vacharaesorn, Juthavachara, Chakriwat y Vatchrawee) denunciaron haber sido impedidos de ingresar a Tailandia por las autoridades migratorias. El allegado al rey de 45 años volvió a abandonar el país en junio de ese año, según relataron sus hermanos, tras ser presionado para ello.
La situación genera preguntas sobre si estos hijos conservan algún estatus real, ya que no figuran en las imágenes oficiales de la Casa Real.
La posibilidad de que el trono pase a alguna de las hermanas del rey es considerada remota. Sirindhorn, de 71 años, no tiene descendencia, y Chulabhorn, de 68, enfrenta problemas de salud. Ubolratana, la mayor, perdió sus títulos por casarse con un ciudadano estadounidense.
En ocasiones anteriores, la monarquía tailandesa recurrió al cambio de linaje para resolver vacíos sucesorios, como ocurrió en 1935 tras la abdicación del rey Prajadhipok. Si ninguna de las opciones mencionadas resulta viable, la historia podría repetirse con la elección de un familiar indirecto.
(Con información de EFE)
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