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“Un Cámpora para Cristina”: el kirchnerismo evoca un pasado traumático en medio de la interna con Kicillof

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El kirchnerismo empezó a evocar en voz alta uno de los antecedentes más traumáticos de la historia del peronismo: la construcción de un candidato presidencial concebido como instrumento político de un líder “proscripto”. La comparación con Héctor Cámpora reapareció mientras Cristina Kirchner intenta preservar su centralidad dentro del PJ y Axel Kicillof trabaja para evitar otra experiencia fallida de doble comando y disputas de poder como la que terminó destruyendo al gobierno de Alberto Fernández y pavimentando el ascenso de Javier Milei.

La referencia histórica tiene una potencia política evidente. No solamente por la figura de Cámpora, sino por todo lo que vino después.

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La experiencia camporista fue breve, convulsionada y terminó funcionando como antesala del período más oscuro de la Argentina contemporánea. Cámpora asumió el 25 de mayo de 1973 y renunció el 13 de julio de ese mismo año. Su presidencia duró poco más de 49 días. Pero en ese lapso quedaron expuestas las tensiones irreconciliables que atravesaban al peronismo: la disputa por la conducción real, la radicalización política, la violencia interna y la imposibilidad de estabilizar un esquema de poder donde el presidente formal convivía con otro liderazgo superior, exterior y determinante. El periodista y ex dirigente montonero Miguel Bonasso reconstruyó con enorme detalle aquella experiencia en su libro “El presidente que no fue”, donde expuso las contradicciones, presiones cruzadas y conflictos internos de un gobierno concebido como transición hacia el regreso definitivo de Perón al poder.

El regreso definitivo de Juan Domingo Perón terminó reorganizando el poder político, pero también acelerando una dinámica de confrontación que derivó en fracturas cada vez más violentas dentro del propio movimiento peronista. La masacre de Ezeiza, la escalada de violencia política, la expulsión de sectores de izquierda de la Plaza de Mayo y el deterioro institucional posterior terminaron desembocando en el colapso del sistema democrático y en la dictadura militar de 1976.

Por eso la sola evocación de Cámpora dentro del peronismo contemporáneo tiene una carga tan delicada.

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No se trata de una analogía electoral menor ni de una discusión académica sobre el pasado. La referencia reaparece mientras una parte importante del kirchnerismo duro trabaja para reinstalar la idea de Cristina Kirchner como vértice ordenador del futuro peronista aun después de la condena por la causa Vialidad y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

El pasado que vuelve

Presidentes. El brasileño Lula Da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum pidieron por Cristina Libre

La construcción política alrededor de Cristina ya empezó a incorporar elementos simbólicos que remiten deliberadamente al viejo relato de la proscripción peronista.

San José 1111 funciona cada vez más como un centro de peregrinación política y militante. La consigna “Cristina Libre” ya no aparece solamente vinculada a la defensa judicial de la ex presidenta, sino como parte de una estrategia más amplia: sostener su centralidad política y mantener abierta la posibilidad de un regreso pleno al centro del poder.

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La escena remite inevitablemente a otro momento histórico del peronismo. Durante los años de exilio de Juan Domingo Perón, Puerta de Hierro —la residencia del líder justicialista en Madrid— se convirtió en el centro simbólico y político del movimiento peronista proscripto. Gobernadores, sindicalistas, dirigentes juveniles, emisarios políticos y figuras internacionales peregrinaban hasta esa casa española para buscar una bendición política, validar candidaturas o discutir la estrategia del regreso del general a la Argentina.

Aquella lógica terminó condensada en una de las consignas más recordadas del peronismo de los años setenta: “Cámpora al Gobierno, Perón al poder”. La fórmula sintetizaba una idea muy precisa: el presidente formal podía ser otro, pero la conducción real seguiría estando en manos del líder proscripto.

Esa memoria histórica es la que vuelve tan sensible la comparación actual dentro del kirchnerismo.

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Héctor J. Cámpora y Juan Domingo Perón

Porque la evocación de Cámpora no aparece solamente asociada a la lealtad política hacia Cristina Kirchner. También remite a la posibilidad de una candidatura concebida para preservar la centralidad de una dirigente que, aun condenada e inhabilitada de por vida, sigue siendo considerada por el núcleo duro del PJ como la verdadera referencia estratégica del peronismo.

Ese es el punto más inquietante de toda la discusión.

Porque la idea de “un Cámpora para Cristina” no remite únicamente a la necesidad de un dirigente leal o alineado políticamente. Remite a la posibilidad de construir una candidatura presidencial subordinada a una misión superior: contribuir a revertir la situación judicial de Cristina Kirchner y garantizar que siga siendo la principal arquitecta del futuro peronista.

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La lógica quedó expuesta en una conversación televisiva entre Teresa García y Nancy Pazos. La periodista de C5N le preguntó directamente si el objetivo era encontrar “un nuevo Cámpora”. García dudó unos instantes y terminó admitiendo la comparación. “Sí”, respondió. Después intentó matizar la literalidad de la idea, pero dejó en claro el concepto político que atraviesa al kirchnerismo: “Hace falta alguien que entienda la lógica por la que vamos a atravesar en un próximo gobierno y que necesitamos que Cristina esté libre”.

La dirigente bonaerense incluso avanzó sobre otra dimensión más profunda de la narrativa kirchnerista: la idea de que Cristina Kirchner terminó judicializada por haber enfrentado “al poder real”. “No hay posibilidad para nadie que vaya a gobernar desde el peronismo, para el que vaya a gobernar este país, que no tenga en cuenta los dos períodos de Cristina presidente y las razones por las que está detenida”, afirmó.

En otro tramo de la entrevista, Teresa García también reivindicó el papel político singular que tuvo Cristina después de la muerte de Néstor Kirchner. “Cristina gobernó sola, tuvo que hacerse cargo de un país en el medio de la pérdida de su compañero”, sostuvo. Y enseguida agregó una definición que terminó funcionando casi como una admisión del clima interno que atraviesa hoy al PJ: “Hay que abandonar la hipocresía en la política”.

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La frase tuvo impacto porque sintetizó algo que empieza a percibirse dentro del peronismo: el kirchnerismo duro ya no parece dispuesto a disimular que pretende preservar la centralidad política de Cristina Kirchner aun cuando no pueda competir electoralmente.

Y lo hizo en el peor momento de la relación entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

Pelea de fondo y de formas

Otro pasado tumutuolso. Cristina Kirchner y Alberto Fernández

El gobernador bonaerense viene desarrollando desde hace meses una estrategia política orientada a construir autonomía, con el tácito objetivo de una candidatura presidencial para el 2027. Ya no actúa únicamente como heredero político de Cristina Kirchner. Empieza a intentar convertirse en otra cosa, nueva y con identidad propia: un dirigente con liderazgo propio, capacidad de ampliación electoral y margen de maniobra para evitar un nuevo gobierno condicionado desde adentro.

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Kicillof leyó el fracaso de la gestión de Alberto Fernández, en la presidencia; Cristina Kirchner, en la vicepresidencia; y Sergio Massa, en el Ministerio de Economía y lanzado a ser el candidato oficialista, como un esquema probadamente ineficaz y, sobre todo, destructivo.

La experiencia del Frente de Todos terminó convertida en un laboratorio político traumático para el peronismo. Un presidente sin control pleno del poder, disputas permanentes entre la Casa Rosada y el Instituto Patria, ministros que respondían a distintos liderazgos, internas públicas y una economía que terminó bordeando la hiperinflación antes de la derrota frente a Javier Milei.

El gobernador intenta evitar exactamente ese esquema.

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Por eso resiste el tutelaje político del kirchnerismo duro y trabaja para construir una candidatura presidencial capaz de ampliar la base electoral del PJ hacia sectores moderados y de centro. Esa búsqueda explica buena parte de las tensiones actuales con La Cámpora y con dirigentes que exigen que la bandera de “Cristina Libre” se transforme en el eje ordenador de toda la estrategia opositora hacia 2027.

Máximo Kirchner viene endureciendo sus cuestionamientos internos contra la gestión bonaerense. La ex intendenta de Quilmes Mayra Mendoza, se convirtió en una de las principales voces críticas del gobernador. También aparecieron reproches vinculados a la política social, los recortes presupuestarios y la eliminación del plan MESA.

La operación a la que fue sometido Máximo Kirchner el viernes pasado, por un tumor benigno en las glándulas submaxilares, volvió además a poner al diputado nacional en el centro de la escena política del kirchnerismo. Después de la intervención, habló con Cristina Kirchner y recibió el alta médica el sábado. Permanecerá una semana en reposo, pudo confirmar Infobae. ¿Axel tendrá un respiro?

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Pero antes, distintos dirigentes empezaron a aumentar la presión pública sobre Kicillof.

¿Segundos afuera o adentro?

Uno de ellos fue Sergio Berni. El ex ministro de Seguridad bonaerense sostuvo que Kicillof “tiene todas las posibilidades” de ser presidente, pero inmediatamente después introdujo una condición política decisiva. Ante la pregunta sobre qué ocurriría si el gobernador “no acepta la conducción estratégica de Cristina”, respondió: “Buscaremos otro candidato”.

La frase expuso sin filtros el núcleo de la pelea interna.

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La discusión ya no pasa solamente por quién puede ganar una elección presidencial. El conflicto real es quién conduce al peronismo y bajo qué condiciones debería gobernar un eventual presidente del PJ.

Berni fue todavía más allá. Cuestionó el perfil político de Kicillof, lo vinculó al “progresismo” y al experimento fallido de Alberto Fernández y sugirió que el gobernador todavía no logró construir una conducción efectiva dentro del peronismo. “No conduce quien quiere, sino quien puede”, afirmó.

Ese endurecimiento convive, sin embargo, con otra dinámica más silenciosa dentro del PJ: los intentos de reunificación.

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Ahí aparece el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto.

El ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri empezó a reconstruir vínculos con distintos sectores del peronismo. Se reunió con la CGT, mantiene conversaciones con Guillermo Moreno, con organizaciones sociales -a las que antes condenaba por sostener el “pobrismo”– dialoga con intendentes importantes del conurbano y también articula con figuras con pasado en el macrismo y el universo libertario, que buscan nuevos caminos: de Emilio Monzó y Nicolás Massot a Carlos Kikuchi y Sergio Vargas.

Pero el movimiento político más significativo fue su acercamiento a Cristina Kirchner.

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Miguel Ángel Pichetto y Emilio Monzó junto a miembros del bloque Unión y Libertad de la Legislatura bonaerense posan para una foto.

Después de casi una década sin diálogo, Pichetto volvió a verla y empezó a participar de conversaciones orientadas a evitar una fractura terminal del peronismo. “Hablé con la presidenta después de casi diez años y hablé en un plano humano, personal, de respeto”, explicó.

La definición tuvo peso político porque provino de uno de los dirigentes que durante años representó al peronismo más distante del kirchnerismo duro. Pichetto incluso reivindicó la necesidad de reconstruir vínculos políticos desde otro lugar. “Lo humano en política es importante”, sostuvo. Y agregó: “Hoy hay que considerarla como un actor fundamental”.

La frase expuso otro movimiento que empieza a desarrollarse dentro del peronismo: la aceptación pragmática de que Cristina Kirchner todavía conserva una centralidad política que ningún otro dirigente logró reemplazar.

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Pichetto también dejó una frase dirigida directamente a Kicillof: “Si algo le debería decir es que la vaya a ver”. Detrás de esa recomendación aparece otra preocupación que atraviesa al PJ: muchos dirigentes peronistas creen que una ruptura definitiva entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof podría destruir cualquier posibilidad competitiva hacia 2027.

El gobernador necesita autonomía política para construir volumen electoral y evitar el destino de Alberto Fernández. Pero Cristina Kirchner sigue conservando un nivel de centralidad, representación simbólica y capacidad de ordenamiento interno que el peronismo todavía no consiguió reemplazar. Todos saben que tiene voz y muchos votos.

Esa tensión es la que explica por qué el fantasma de Cámpora volvió a aparecer dentro del peronismo medio siglo después.

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Cuarenta días cruciales para el Gobierno y la oposición

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La evolución de la economía real y cómo se despejen tres incógnitas internacionales en los próximos cuarenta días serán cruciales para empezar a definir el mapa electoral de 2027. El punto de quiebre en el calendario está fijado en la primera semana de noviembre. Mientras tanto, lo que ocurra habrá que mirarlo como acciones preparatorias, nada menores, para el posicionamiento final.

El horizonte sigue demasiado brumoso. En los últimos 10 días se ha registrado un choque de cifras convertidas en insumos de la disputa por la narrativa sobre el cuadro de la situación económica, en la que se enfrentan el Gobierno, economistas de diversas escuelas, empresarios y, sobre todo, políticos del oficialismo y de la oposición.

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Este jueves, la baja de la inflación en agosto, que con un 1,7% tocó el piso de los últimos 14 meses, vino a competir con la difusión, en los días previos, de diversos indicadores oficiales de signo negativo respecto de la actividad económica, como los números de caída de la industria y de la construcción (principales dadores de trabajo) y la destrucción de empleo formal privado.

Esa proliferación de indicadores de signos contrapuestos le agregó condimento y suspenso a la dinámica político-electoral, ante la imposibilidad de imponer un relato dominante. Todo sigue siendo gris.

Sin embargo, para desvelo del oficialismo no parece que la nueva disminución registrada en el índice general de precios al consumidor alcance hoy para cambiar la mirada negativa o pesimista sobre la realidad política-económica que tiene más del 60% de los argentinos. La inflación ha sido desplazada en el ranking de los temas que más preocupan a la sociedad por el empleo, los ingresos, la pobreza, el consumo, el endeudamiento y la corrupción, en casi todas las encuestas.

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Malvinas no alcanza

Así, después del breve paréntesis que impuso la conversión nacionalista de la administración de Javier Milei, con la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas y el anuncio de medidas en consecuencia, se reinstaló en el centro de la escena la disputa de sentido respecto de la realidad económica y la percepción ciudadana al respecto. El bolsillo sigue mandando.

El dominio absoluto de la agenda pública por parte del Gobierno con la cadena nacional por el diferendo con Gran Bretaña duró poco más de 72 horas, según diversas encuestas y relevamientos de la conversación en redes sociales como los realizados por las consultoras Management Fit y AdHoc.

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Lo efímero de esa preeminencia temática tiene además el agravante de que el tenor de las interacciones digitales y de las respuestas de los encuestados resultaron más críticas que elogiosas para con la administración libertaria.

Se trata de un resultado demasiado magro para la expectativa y la pompa con la que se abrazó a la bandera soberanista el Gobierno, que procura que se sostenga el interés por la cuestión Malvinas para ayudarlo a transitar estos meses complicados. Tiene la ilusión de poder mostrar un panorama económico más auspicioso en los próximos dos meses, apalancado en algunas de las tibias medidas tomadas recientemente, destinadas a mover en algo la actividad.

La opinión mayoritaria de los economistas no oficialistas, sin embargo, no avala ese optimismo. La perspectiva de una mejora sensible en la economía personal en ese tiempo no está en sus cálculos, al menos mientras siga primando el fundamentalismo de Milei y su coloso Federico Sturzenegger. Contra la opinión, con muchos matices, de casi todo el resto del gabinete, incluido el ministro de Economía, Luis Caputo, que sobreactúa obediencia discursiva y demanda respeto de los críticos a los que disfruta de descalificar con epítetos que en su vida no mileísta se le desconocían.

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Por eso, entre la dirigencia política, luego de la sorpresa y el impacto que causó el muy preparado y promocionado anuncio malvinero, volvió la dispersión y cierto desconcierto, que operan como retardadores para la toma de muchas decisiones en la oposición y entre los aliados o fuerzas colaboracionistas con el Gobierno.

La política mira y no ayuda

En el universo no mileísta husmean la sopa espesa en la que se mueve la economía real para diferir cualquier definición respecto de su vínculo con el Gobierno con miras a 2027 tanto como para sacar provecho de las fragilidades que le impone al oficialismo la realidad. Hasta el macrismo domesticado arrastra los pies en el camino hacia algún acuerdo, aunque no ha dejado de andar en ese sentido.

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La instalación, el miércoles, en el recinto de la Cámara de Diputados por parte de los opositores de dos temas urticantes para la Casa Rosada, como son el endeudamiento y la morosidad de los individuos (que sigue en el centro de la agenda, a pesar de los esfuerzos minimizadores del Gobierno) y los fondos para la discapacidad, constituye una foto fidedigna del estado de cosas. Los 18 mejores meses mileístas se hacen esperar, como los brotes verdes de Macri, aunque quizá no tanto como la baja de la inflación de Massa.

A pesar de que el mileísmo trató de disimularlo sumándose al quorum que ya tenían los opositores, sufrió un golpe la Cámara baja que había intentado evitar por muchas vías y numerosas promesas, pero apenas lo atenuó y logró dilatar el abordaje de la cuestión de fondo. Ganar tiempo sigue siendo un objetivo y cada día cuenta.

No obstante, ciertas demoras inquietan en la Casa Rosada. El empantanamiento de la reforma político-electoral es el caso más paradigmático, en particular en lo que refiere a la eliminación o la suspensión de las PASO, por lo que se afana el oficialismo para dificultar la conformación de una oferta competitiva opositora. Más ahora cuando los números muestran que la chance de lograr la reelección de Milei sigue estando en el margen de lo probable, pero lejos todavía de lo seguro. Una incertidumbre que, en la medida, que se prolongue altera los nervios y lleva a revisar la exposición de los inversores al riesgo argentino.

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Los tiempos que calculaba hace menos de dos meses para el tratamiento de esa reforma el siempre optimista jefe de Gabinete, Diego Santilli, ya están vencidos. El exmacrista le auguraba a los hermanos Milei que este mes se aprobaría en Diputados. Todavía el proyecto del Poder Ejecutivo no solo no tiene dictamen de comisión, siquiera, sino que hasta para los propios todavía es susceptible de cambios importantes. La realidad le ofrece una ecuación de suma cero: el tiempo que el Gobierno gana por un lado lo pierde por otro.

“El temor mayor es que no se pueda sancionar antes de fin de año”, admite una de las espadas mileístas en la Cámara de Diputados, que no descarta que quede para que el Senado lo trate en febrero, en sesiones extraordinarias.

“Sería muy complicado si tuviéramos que intentar la sanción ya en el mismo año electoral. No va a ser lo mismo que en 2025 cuando se logró la suspensión de las PASO aunque era un año electoral. Y el precio de los gobernadores con los que tenemos que negociar los votos en el Congreso va a ser altísimo, además de que tenemos que acordar con ellos lo que se hará en las elecciones de cada provincia”, agregan las fuentes parlamentarias mileístas.

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El armado para llevar a buen puerto la reforma no es sencillo, sobre todo porque para aprobar leyes electorales se exige mayoría especial de la mitad más uno de los miembros de cada cámara. Es decir, 129 manos en Diputados y 37 en el Senado. La incertidumbre cuesta cara.

Elecciones de otros

Por otra parte, todos los jugadores esperan que se develen tres incógnitas electorales internacionales que se definirían entre la última semana de octubre y la primera de noviembre.

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El 25 de octubre está previsto que se celebre la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil, realización que se da por descontada, ya que no hay previsiones de que ninguno de los dos candidatos con más chances de ganar (el actual presidente, Lula da Silva, y el derechista Flávio Bolsonaro) puedan obtener la mitad más uno de los votos en la primera vuelta por efectuarse el 4 del mes próximo.

Rota en la práctica la relación diplomática en la actualidad, a raíz de los insultos de Milei a Lula, el presidente argentino apuesta todo al triunfo del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, actualmente en prisión por su participación en el intento de golpe de Estado, el 8 de enero de 2023. La condición de primer socio comercial de la Argentina exime de mayores explicaciones sobre la importancia de esta elección.

Un día después de la segunda vuelta brasileña, se hará la elección en Israel, donde las encuestas indican que el primer ministro y aliado personal de Milei, Benjamin Netanyahu, tiene todas las de perder. El peso, sobre todo simbólico, de este vínculo, que llevó a un alineamiento acrítico, explica la relevancia de estos comicios.

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De todas maneras, nada supera la importancia de las elecciones de medio término de los Estados Unidos, pese a que no sean presidenciales y aunque el faro máximo de Milei, Donald Trump, seguirá en el cargo sea cual fuere el resultado. Si es derrotado su partido y pierde el control de una o las dos cámaras del Congreso, lo cual asoma como altamente probable en este momento, significaría un golpe muy fuerte para el gobierno libertario. La administración trumpista, con la adhesión absoluta de Milei al excéntrico republicano, es garante de supervivencia y ha sido el fiador de última instancia.

La reacción de los mercados en caso de una derrota de Trump, que lo convierta en un pato demasiado rengo, podría tener sobre la Argentina un impacto muy duro en varias dimensiones. Tanto en cuanto al riesgo país como respecto de planes de inversiones. La incertidumbre financiera y la incertidumbre político-electoral tenderían a retroalimentarse a niveles impredecibles.

De suceder un triunfo trumpista, Milei no tendría asegurada la reelección, ya que hay demasiados cabos sueltos internos aun como para que estos factores externos tengan tanto peso, pero su proyecto de permanecer en el poder más allá de 2027 recibiría un fuerte envión.

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Por eso, todas las martingalas y especulaciones electorales están en suspenso. Y algunos eventuales candidatos demoran sus definiciones hasta dentro de dos meses. Así lo explicitó el outsider empresario de medios Daniel Hadad, quien vive buena parte del tiempo en Miami y sabe como pocos la relevancia del resultado de la elección norteamericana. Para los influyentes aliados que tiene en ese país uno u otro resultado será determinantes.

Pero no es el único en esa situación. En el peronismo, muy especialmente, esperan que en la primera semana de noviembre se aclare el panorama. Saben que después de eso no les quedará mucho más tiempo disponible para definir su armado electoral, ya que antes de discutir candidaturas deben resolver su profunda fractura interna, que solo los principales dirigentes peronistas confían que al final se solucionará. Mientras tanto, juegan con las fichas ajenas que le proveen la pálida realidad económica y las incógnitas internacionales, que, dicho sea de paso, no se limitan a esas tres elecciones, aunque estas corren con la ventaja de que tienen fecha para su esclarecimiento.

Mientras tanto, Axel Kicillof sigue moviéndose y tratando de construir confianza fuera de su pequeño circulo de leales, pero sin lograr todavía ninguna promesa de fidelidad.

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El gobernador bonaerense ya tiene que lidiar con la hiperactividad y la sombra que ha vuelto a proyectar Sergio Massa, a pesar del reciente escándalo de su viaje en avión privado al Caribe y la inflación del 211% que dejó su gestión como ministro de Economía, entre otras opacidades. Así como Milei se autodenomina doctor, el tigrense se autoeligió como arquitecto de la unidad peronista, con la pretensión de quedarse con la suite presidencial de esa casa hoy llena de goteras y fisuras.

Quedan por delante 40 días cruciales en los que prometen pasar demasiadas cosas. Noviembre será la línea de largada del proceso electoral.




Claudio Jacquelin,Javier Milei,Donald Trump,Lula da Silva,Conforme a

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Argentina le comprará cuatro helicópteros UH-60L Black Hawk a Estados Unidos

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El Departamento de Estado de EEUU dio luz verde a una operación militar que fortalece los lazos de defensa con Buenos Aires: la posible venta de cuatro helicópteros UH-60L Black Hawk y equipo relacionado al Gobierno argentino, por un valor estimado de 140 millones de dólares. La decisión, comunicada este jueves, se suma a una serie de adquisiciones que el país sudamericano encaró en los últimos meses en materia de defensa.

Según el comunicado oficial, el pedido incluye, además de las cuatro aeronaves, dos motores T700-GE-701D, fabricados por la rama aeroespacial de General Electric y utilizados también en helicópteros de ataque como el Apache. A esto se agrega una larga lista de equipos que Washington clasifica como “no mayores”: sistemas de referencia de rumbo y actitud, transpondedores de Identificación Amigo o Enemigo (IFF), receptores de radio y de aterrizaje visual, radios de alta y muy alta frecuencia, un sistema de posicionamiento global Garmin GTN-750 y un transmisor localizador de emergencia, entre otros dispositivos.

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El paquete contempla también elementos pensados para tareas de rescate y emergencia, como el sistema de extracción rápida por inserción de cuerda, equipos de polipasto y el denominado Bambi Bucket, utilizado para el combate de incendios desde el aire. Se suman, por otro lado, cascos, repuestos, herramientas de prueba, documentación técnica y programas de formación para las tripulaciones, así como servicios de apoyo logístico y técnico a cargo de personal estadounidense y de la empresa contratista.

El contrato recae en Sikorsky, subsidiaria de Lockheed Martin con sede en Stratford, Connecticut. Por el momento, el Departamento de Estado no tiene registro de ningún acuerdo de compensación asociado a la operación; ese tipo de convenios, aclaró el organismo, quedan sujetos a las negociaciones directas entre el comprador y el contratista.

El Departamento de Estado remarcó que la venta no alterará el equilibrio militar en la región sudamericana (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)

El comunicado del Departamento de Estado enmarca la operación dentro de los objetivos de política exterior y seguridad nacional de Estados Unidos. La venta, señala el texto, busca “mejorar la seguridad de un importante aliado no perteneciente a la OTAN”, categoría que Argentina ostenta desde hace años y que Washington describe como “una fuerza para la estabilidad política y el progreso económico en Sudamérica”.

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Entre los usos previstos para los nuevos helicópteros figuran la seguridad fronteriza, la lucha contra el crimen transnacional y las tareas de asistencia humanitaria o respuesta ante desastres. El propio organismo estadounidense sostuvo que Argentina “no tendrá dificultades para absorber estos artículos y servicios en sus fuerzas armadas” y remarcó que la operación no requerirá el envío de representantes adicionales del Gobierno estadounidense ni de contratistas al país.

El texto oficial subraya, además, que la venta “no alterará el equilibrio militar básico en la región” y que no habrá impacto negativo en la preparación de defensa de Estados Unidos como consecuencia de esta transacción.

El Black Hawk acumula cerca de 50 años en operación y pasó de ser un helicóptero utilitario exclusivamente militar a una aeronave empleada también en evacuaciones médicas, respuesta ante catástrofes y transporte de autoridades. Más de treinta países lo utilizan actualmente, entre ellos Colombia y Brasil.

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 El equipamiento incluye dispositivos destinados a tareas de rescate, como el sistema de extracción rápida por inserción de cuerda

Argentina, hasta el momento, contaba con una sola unidad del modelo, destinada al traslado del presidente de la Nación. Los cuatro aparatos ahora habilitados por Washington están orientados, principalmente, a reemplazar a los Bell UH-1H/Huey II que integran el Comando de Aviación del Ejército, una flota con varias décadas de antigüedad.

La operación se da en medio de un proceso más amplio de renovación de equipamiento militar que impulsa la gestión de Javier Milei. En paralelo a la incorporación de los Black Hawk, la Fuerza Aérea Argentina y la Armada realizaron pruebas para conectar a los aviones F-16, adquiridos a Dinamarca, con los P-3C Orion comprados a Noruega, mediante el sistema de enlace de datos Link 16, utilizado por países de la OTAN.

El Ejército, por su parte, incorporó vehículos Stryker y avanzó en la modernización de tanques TAM 2C y en la llegada de camiones Unimog U 4000, entre otros elementos presentados meses atrás por la Dirección de Arsenales. Según había anticipado el analista Andrei Serbin Pont en Infobae, se preveía la llegada de un primer lote de dos helicópteros Black Hawk antes de fin de año y otros dos durante el próximo, aunque esa información se encontraba todavía en desarrollo al momento de conocerse.

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El proceso de reequipamiento no está exento de cuestionamientos internos. La diputada nacional Agustina Propato, vicepresidenta de la Comisión de Defensa, había advertido semanas atrás sobre el deterioro salarial del personal militar, que a su juicio acumula una pérdida de 80 puntos porcentuales de poder adquisitivo desde 2023, y sobre la salida de 19.000 efectivos de las fuerzas armadas en ese mismo período.

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El cruce de Javier Alonso con Patricia Bullrich por la inseguridad en el conurbano: “No sea contradictoria”

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El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Javier Alonso, protagonizó este jeuves un cruce con la jefa de bloque en el Senado de La Libertad Avanza (LLA), Patricia Bullrich, luego de que la legisladora criticara al gobernador Axel Kicilof por la inseguridad en el conurbano, y a quien el funcionario le pidió que “no sea contradictoria”.

El cruce comenzó con un posteo de Bullrich en X, en el cual compartió el testimonio de una madre que había sufrido este jueves un intento de robo en El Palomar este jueves cuando estaba por dejar a su hijo en la escuela.

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El mensaje de BullrichCaptura

“7:14 AM, dejando a su hija en la escuela y termina herido por el tiro de un delincuente. El colmo: si son menores, quedarían libres por la locura de la jueza garantista”, expresó la senadora, en alusión a Marta Elba Pascual, quien quedó en el centro de la escena tras suspender la aplicación del Régimen Penal Juvenil en la provincia de Buenos Aires por 60 días.

El episodio ocurrió cerca de las 7.15 frente al colegio Emaus y un hombre, quien también estaba trasladando a su hija a la institución, sufrió una herida de bala.

Patricia BullrichCharly Diaz Azcue / Comunicación Senado – Charly Diaz Azcue

Luego, la exministra de Seguridal le apuntó a Kicillof por considerarlo ausente ante el crecimiento del crimen en el conurbano.

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¿Dónde está Kicillof? ¿Va a seguir en silencio mientras los bonaerenses viven con miedo, rodeados de violencia y terror? Y si no se anima a hablar con ellos, prenda la tele: ‘Todos los días pasa lo mismo’, dicen. Nota tras nota, siempre el conurbano», manifestó.

Horas después, Alonso respondió el posteo y acusó a Bullrich de ser “contradictoria” en sus dichos y accionar.

El mensaje de AlonsoCaptura

“Cuando usted era ministra, sus propias estadísticas mostraban a la Argentina como uno de los países más seguros de la región. Hoy (Alejandra) Monteoliva difunde números similares y, de repente, todo es violencia y terror. ¿En qué quedamos?“, afirmó el funcionario.

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A su vez, instó a la senadora a dejar la “chicana”, trabajar y devolverle a los bonaerenses “los miles de millones de dólares que les quitaron”, en referencia a la deuda de $22 millones que, según denuncia Kicillof, Nación mantiene con Provincia.

“Esos recursos también hacen falta para seguir construyendo una provincia más segura. Mientras ustedes chicanean en redes, la droga que llega a la Provincia recorre miles de kilómetros atravesando una frontera llena de agujeros que este Gobierno no logra contener”, subrayó.

Axel Kicillof junto a su ministro de Seguridad, Javier Alonso.

“¿No sería mejor que trabajaran seriamente para impedir que esa droga llegue al territorio bonaerense? Y no se pongan nerviosos. El gobernador está sólido, trabajando todos los días, recorriendo la Provincia y acompañado por el pueblo bonaerense en las urnas», indicó.

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Asimismo, le apuntó al gobierno de Javier Milei por no gestionar ni invertir y se preguntó en sentido irónico si “mostrar indignación por redes” era lo único que la administración libertaría sabía hacer por los argentinos. “Trabajen con seriedad y dejen de mentirle a la gente”, cerró.

Nueva respuesta de Bullrich

Bullrich respondió pero dirigiéndose a Kicillof. “Primero, la inseguridad no existe solo en las redes sociales, como dice su ministro. No tomen de tontos a los bonaerenses. Caminen por los barrios, sin militantes, o, al menos, prendan la televisión”, reclamó.

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“Segundo: la Argentina es hoy el país más seguro de la región gracias al esfuerzo que hacemos desde el Gobierno nacional, muchas provincias y las Fuerzas. Pero ese resultado se logra, en buena medida, a pesar de la provincia de Buenos Aires.

Y prosiguió: “En los municipios del conurbano, el índice de homicidios duplica al del resto de la provincia y al nacional, mientras que los robos con violencia aumentaron más de 150% en el último año”.

“Escudarse en el cuento de los 135 municipios les permitió durante años profundizar sus políticas pro-delincuentes. Tercero: el esfuerzo para sacar a la Argentina de la catástrofe que dejó su Gobierno en 2023 lo estamos haciendo todos, menos su gobierno de la provincia de Buenos Aires”, acusó.

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Y prosiguió: “Ustedes siguen con más de 20 ministerios, choferes, estructuras gigantes y contrataciones masivas. ¿Cuánto gastan en mantener todo eso? ¿Para qué tienen un Ministerio de la Mujer si no sirve? ¿De verdad no pueden achicarse para poner más recursos donde hacen falta: en seguridad, por ejemplo?”.

“Gobernador, esta pelea no tiene sentido porque nuestras posiciones sobre cómo combatir la inseguridad son opuestas. Para ustedes, una clara defensa a los delincuentes. Para nosotros, una sola regla: el que las hace, las paga”, concluyó Bullrich, al citar uno de los slogans de campaña de LLA.




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