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POLITICA

“Un Cámpora para Cristina”: el kirchnerismo evoca un pasado traumático en medio de la interna con Kicillof

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El kirchnerismo empezó a evocar en voz alta uno de los antecedentes más traumáticos de la historia del peronismo: la construcción de un candidato presidencial concebido como instrumento político de un líder “proscripto”. La comparación con Héctor Cámpora reapareció mientras Cristina Kirchner intenta preservar su centralidad dentro del PJ y Axel Kicillof trabaja para evitar otra experiencia fallida de doble comando y disputas de poder como la que terminó destruyendo al gobierno de Alberto Fernández y pavimentando el ascenso de Javier Milei.

La referencia histórica tiene una potencia política evidente. No solamente por la figura de Cámpora, sino por todo lo que vino después.

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La experiencia camporista fue breve, convulsionada y terminó funcionando como antesala del período más oscuro de la Argentina contemporánea. Cámpora asumió el 25 de mayo de 1973 y renunció el 13 de julio de ese mismo año. Su presidencia duró poco más de 49 días. Pero en ese lapso quedaron expuestas las tensiones irreconciliables que atravesaban al peronismo: la disputa por la conducción real, la radicalización política, la violencia interna y la imposibilidad de estabilizar un esquema de poder donde el presidente formal convivía con otro liderazgo superior, exterior y determinante. El periodista y ex dirigente montonero Miguel Bonasso reconstruyó con enorme detalle aquella experiencia en su libro “El presidente que no fue”, donde expuso las contradicciones, presiones cruzadas y conflictos internos de un gobierno concebido como transición hacia el regreso definitivo de Perón al poder.

El regreso definitivo de Juan Domingo Perón terminó reorganizando el poder político, pero también acelerando una dinámica de confrontación que derivó en fracturas cada vez más violentas dentro del propio movimiento peronista. La masacre de Ezeiza, la escalada de violencia política, la expulsión de sectores de izquierda de la Plaza de Mayo y el deterioro institucional posterior terminaron desembocando en el colapso del sistema democrático y en la dictadura militar de 1976.

Por eso la sola evocación de Cámpora dentro del peronismo contemporáneo tiene una carga tan delicada.

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No se trata de una analogía electoral menor ni de una discusión académica sobre el pasado. La referencia reaparece mientras una parte importante del kirchnerismo duro trabaja para reinstalar la idea de Cristina Kirchner como vértice ordenador del futuro peronista aun después de la condena por la causa Vialidad y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

El pasado que vuelve

Presidentes. El brasileño Lula Da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum pidieron por Cristina Libre

La construcción política alrededor de Cristina ya empezó a incorporar elementos simbólicos que remiten deliberadamente al viejo relato de la proscripción peronista.

San José 1111 funciona cada vez más como un centro de peregrinación política y militante. La consigna “Cristina Libre” ya no aparece solamente vinculada a la defensa judicial de la ex presidenta, sino como parte de una estrategia más amplia: sostener su centralidad política y mantener abierta la posibilidad de un regreso pleno al centro del poder.

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La escena remite inevitablemente a otro momento histórico del peronismo. Durante los años de exilio de Juan Domingo Perón, Puerta de Hierro —la residencia del líder justicialista en Madrid— se convirtió en el centro simbólico y político del movimiento peronista proscripto. Gobernadores, sindicalistas, dirigentes juveniles, emisarios políticos y figuras internacionales peregrinaban hasta esa casa española para buscar una bendición política, validar candidaturas o discutir la estrategia del regreso del general a la Argentina.

Aquella lógica terminó condensada en una de las consignas más recordadas del peronismo de los años setenta: “Cámpora al Gobierno, Perón al poder”. La fórmula sintetizaba una idea muy precisa: el presidente formal podía ser otro, pero la conducción real seguiría estando en manos del líder proscripto.

Esa memoria histórica es la que vuelve tan sensible la comparación actual dentro del kirchnerismo.

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Héctor J. Cámpora y Juan Domingo Perón

Porque la evocación de Cámpora no aparece solamente asociada a la lealtad política hacia Cristina Kirchner. También remite a la posibilidad de una candidatura concebida para preservar la centralidad de una dirigente que, aun condenada e inhabilitada de por vida, sigue siendo considerada por el núcleo duro del PJ como la verdadera referencia estratégica del peronismo.

Ese es el punto más inquietante de toda la discusión.

Porque la idea de “un Cámpora para Cristina” no remite únicamente a la necesidad de un dirigente leal o alineado políticamente. Remite a la posibilidad de construir una candidatura presidencial subordinada a una misión superior: contribuir a revertir la situación judicial de Cristina Kirchner y garantizar que siga siendo la principal arquitecta del futuro peronista.

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La lógica quedó expuesta en una conversación televisiva entre Teresa García y Nancy Pazos. La periodista de C5N le preguntó directamente si el objetivo era encontrar “un nuevo Cámpora”. García dudó unos instantes y terminó admitiendo la comparación. “Sí”, respondió. Después intentó matizar la literalidad de la idea, pero dejó en claro el concepto político que atraviesa al kirchnerismo: “Hace falta alguien que entienda la lógica por la que vamos a atravesar en un próximo gobierno y que necesitamos que Cristina esté libre”.

La dirigente bonaerense incluso avanzó sobre otra dimensión más profunda de la narrativa kirchnerista: la idea de que Cristina Kirchner terminó judicializada por haber enfrentado “al poder real”. “No hay posibilidad para nadie que vaya a gobernar desde el peronismo, para el que vaya a gobernar este país, que no tenga en cuenta los dos períodos de Cristina presidente y las razones por las que está detenida”, afirmó.

En otro tramo de la entrevista, Teresa García también reivindicó el papel político singular que tuvo Cristina después de la muerte de Néstor Kirchner. “Cristina gobernó sola, tuvo que hacerse cargo de un país en el medio de la pérdida de su compañero”, sostuvo. Y enseguida agregó una definición que terminó funcionando casi como una admisión del clima interno que atraviesa hoy al PJ: “Hay que abandonar la hipocresía en la política”.

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La frase tuvo impacto porque sintetizó algo que empieza a percibirse dentro del peronismo: el kirchnerismo duro ya no parece dispuesto a disimular que pretende preservar la centralidad política de Cristina Kirchner aun cuando no pueda competir electoralmente.

Y lo hizo en el peor momento de la relación entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

Pelea de fondo y de formas

Otro pasado tumutuolso. Cristina Kirchner y Alberto Fernández

El gobernador bonaerense viene desarrollando desde hace meses una estrategia política orientada a construir autonomía, con el tácito objetivo de una candidatura presidencial para el 2027. Ya no actúa únicamente como heredero político de Cristina Kirchner. Empieza a intentar convertirse en otra cosa, nueva y con identidad propia: un dirigente con liderazgo propio, capacidad de ampliación electoral y margen de maniobra para evitar un nuevo gobierno condicionado desde adentro.

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Kicillof leyó el fracaso de la gestión de Alberto Fernández, en la presidencia; Cristina Kirchner, en la vicepresidencia; y Sergio Massa, en el Ministerio de Economía y lanzado a ser el candidato oficialista, como un esquema probadamente ineficaz y, sobre todo, destructivo.

La experiencia del Frente de Todos terminó convertida en un laboratorio político traumático para el peronismo. Un presidente sin control pleno del poder, disputas permanentes entre la Casa Rosada y el Instituto Patria, ministros que respondían a distintos liderazgos, internas públicas y una economía que terminó bordeando la hiperinflación antes de la derrota frente a Javier Milei.

El gobernador intenta evitar exactamente ese esquema.

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Por eso resiste el tutelaje político del kirchnerismo duro y trabaja para construir una candidatura presidencial capaz de ampliar la base electoral del PJ hacia sectores moderados y de centro. Esa búsqueda explica buena parte de las tensiones actuales con La Cámpora y con dirigentes que exigen que la bandera de “Cristina Libre” se transforme en el eje ordenador de toda la estrategia opositora hacia 2027.

Máximo Kirchner viene endureciendo sus cuestionamientos internos contra la gestión bonaerense. La ex intendenta de Quilmes Mayra Mendoza, se convirtió en una de las principales voces críticas del gobernador. También aparecieron reproches vinculados a la política social, los recortes presupuestarios y la eliminación del plan MESA.

La operación a la que fue sometido Máximo Kirchner el viernes pasado, por un tumor benigno en las glándulas submaxilares, volvió además a poner al diputado nacional en el centro de la escena política del kirchnerismo. Después de la intervención, habló con Cristina Kirchner y recibió el alta médica el sábado. Permanecerá una semana en reposo, pudo confirmar Infobae. ¿Axel tendrá un respiro?

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Pero antes, distintos dirigentes empezaron a aumentar la presión pública sobre Kicillof.

¿Segundos afuera o adentro?

Uno de ellos fue Sergio Berni. El ex ministro de Seguridad bonaerense sostuvo que Kicillof “tiene todas las posibilidades” de ser presidente, pero inmediatamente después introdujo una condición política decisiva. Ante la pregunta sobre qué ocurriría si el gobernador “no acepta la conducción estratégica de Cristina”, respondió: “Buscaremos otro candidato”.

La frase expuso sin filtros el núcleo de la pelea interna.

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La discusión ya no pasa solamente por quién puede ganar una elección presidencial. El conflicto real es quién conduce al peronismo y bajo qué condiciones debería gobernar un eventual presidente del PJ.

Berni fue todavía más allá. Cuestionó el perfil político de Kicillof, lo vinculó al “progresismo” y al experimento fallido de Alberto Fernández y sugirió que el gobernador todavía no logró construir una conducción efectiva dentro del peronismo. “No conduce quien quiere, sino quien puede”, afirmó.

Ese endurecimiento convive, sin embargo, con otra dinámica más silenciosa dentro del PJ: los intentos de reunificación.

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Ahí aparece el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto.

El ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri empezó a reconstruir vínculos con distintos sectores del peronismo. Se reunió con la CGT, mantiene conversaciones con Guillermo Moreno, con organizaciones sociales -a las que antes condenaba por sostener el “pobrismo”– dialoga con intendentes importantes del conurbano y también articula con figuras con pasado en el macrismo y el universo libertario, que buscan nuevos caminos: de Emilio Monzó y Nicolás Massot a Carlos Kikuchi y Sergio Vargas.

Pero el movimiento político más significativo fue su acercamiento a Cristina Kirchner.

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Miguel Ángel Pichetto y Emilio Monzó junto a miembros del bloque Unión y Libertad de la Legislatura bonaerense posan para una foto.

Después de casi una década sin diálogo, Pichetto volvió a verla y empezó a participar de conversaciones orientadas a evitar una fractura terminal del peronismo. “Hablé con la presidenta después de casi diez años y hablé en un plano humano, personal, de respeto”, explicó.

La definición tuvo peso político porque provino de uno de los dirigentes que durante años representó al peronismo más distante del kirchnerismo duro. Pichetto incluso reivindicó la necesidad de reconstruir vínculos políticos desde otro lugar. “Lo humano en política es importante”, sostuvo. Y agregó: “Hoy hay que considerarla como un actor fundamental”.

La frase expuso otro movimiento que empieza a desarrollarse dentro del peronismo: la aceptación pragmática de que Cristina Kirchner todavía conserva una centralidad política que ningún otro dirigente logró reemplazar.

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Pichetto también dejó una frase dirigida directamente a Kicillof: “Si algo le debería decir es que la vaya a ver”. Detrás de esa recomendación aparece otra preocupación que atraviesa al PJ: muchos dirigentes peronistas creen que una ruptura definitiva entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof podría destruir cualquier posibilidad competitiva hacia 2027.

El gobernador necesita autonomía política para construir volumen electoral y evitar el destino de Alberto Fernández. Pero Cristina Kirchner sigue conservando un nivel de centralidad, representación simbólica y capacidad de ordenamiento interno que el peronismo todavía no consiguió reemplazar. Todos saben que tiene voz y muchos votos.

Esa tensión es la que explica por qué el fantasma de Cámpora volvió a aparecer dentro del peronismo medio siglo después.

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La hoja de ruta de Javier Milei para 2027: torniquete al dólar y alianza con gobernadores

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Desde el comienzo de la semana, el Gobierno dejó en claro cuál será su estrategia para encarar el año electoral. La hoja de ruta se apoya sobre dos ejes: el ordenamiento financiero para afrontar los vencimientos de deuda y la negociación con los gobernadores. El tercer pilar, el desempeño de la macro y la microeconomía, en la Casa Rosada lo dan prácticamente por descontado.

El objetivo es uno: la reelección.

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El lunes, el ministro de Economía, Luis Caputo, explicitó cómo piensa cubrir los vencimientos por unos US$ 24.000 millones. Horas más tarde, durante el Tedeum, Javier Milei se mostró junto a 13 gobernadores con los que mantiene diálogo político y aseguró que “se inicia una nueva etapa”. Para el oficialismo, ese es el camino que conduce a las elecciones presidenciales de 2027.

Caputo decidió avanzar sobre el frente financiero con la presentación del programa que, según explicó, permitirá afrontar todos los vencimientos hasta fines de 2027 y alejar el fantasma de un default.

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En el Gobierno consideran que el riesgo de un regreso del kirchnerismo es bajo, aunque admiten que siempre existe la posibilidad de que un cambio en las expectativas electorales impacte sobre el tipo de cambio. Por eso buscan minimizar riesgos y construir un blindaje que despeje el horizonte electoral, aporte certidumbre y reduzca la posibilidad de una corrida cambiaria o bancaria.

Cuatro días antes, el Banco Central había anunciado que refinanció préstamos por US$ 6000 millones con diez entidades financieras mediante una operación tipo REPO, entregando bonos como garantía. De esa manera postergó los vencimientos hasta 2028, es decir, después de las elecciones, y consiguió una tasa de interés más baja.

Además, Caputo explicó cómo se pagarán los vencimientos de este año y de 2027 sin necesidad de volver al mercado internacional. Dejó abierta esa posibilidad únicamente si las tasas de interés descienden, pero aclaró que no constituye un objetivo en sí mismo.

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La primera reacción del mercado fue positiva. Desde el mismo lunes, el riesgo país se mantuvo cerca de los 400 puntos básicos, mientras subieron tanto los bonos como las acciones.

La negociación con los gobernadores y la agenda legislativa

El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, en su reunión con Diego Santilli, Martín Menem y Eduardo Menem. (Foto: Jefatura de Gabinete)

El segundo eje de la estrategia oficial pasa por la necesidad de avanzar en el Congreso con distintos proyectos, especialmente los vinculados con la reforma política.

A último momento, Milei sumó otra iniciativa: modificar la Carta Orgánica del Banco Central para limitar la facultad de emitir dinero. Durante la presidencia de Cristina Kirchner y la gestión de Mercedes Marcó del Pont se incorporó entre los objetivos de la autoridad monetaria no solo preservar el valor de la moneda, sino también promover el empleo y el desarrollo económico con equidad social. Milei busca eliminar esas referencias.

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También pretende obtener autorización para disponer el cierre de las oficinas de la administración pública (“shutdown”) cuando se agote el presupuesto. El objetivo es reducir el margen para que alguna decisión altere el rumbo del mercado. El Presidente aplica así las enseñanzas de Friedrich Hayek en su versión más pura.

La iniciativa también funciona como un gesto hacia la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, que llegará a la Argentina antes de fin de julio como señal de respaldo al programa económico. De hecho, el jueves la vocera del organismo, Julie Kozack, elogió la mayor transparencia en el financiamiento del sector público.

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Durante su discurso en Tucumán, Milei repasó los logros de su gestión y los proyectos que impulsa en el Congreso. Pero el dato político más relevante fue la presencia de los gobernadores que habitualmente mantienen una actitud dialoguista con la Casa Rosada. El Presidente les agradeció especialmente el respaldo y dejó abierta la puerta para profundizar esos acuerdos de cara a la reelección.

El contexto explica buena parte de esa estrategia. La mayoría de los gobernadores buscará la reelección en sus provincias o, cuando no tenga habilitado un nuevo mandato, intentará imponer a un sucesor propio.

En ese escenario, la negociación entre Diego Santilli y los mandatarios provinciales tiene dos caras.

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La primera está vinculada con los fondos, avales y obras que reclaman las provincias, afectadas por la caída de la recaudación nacional y de la coparticipación. Si esa cara tuviera un nombre, sería el de Luis Caputo. La lógica que guía a Santilli es que toda asistencia económica debe traducirse en gobernabilidad para Milei.

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La otra cara del acuerdo pasa por una discusión todavía abierta: si La Libertad Avanza impulsará candidatos propios en cada distrito o permitirá que los gobernadores compitan sin enfrentar una verdadera alternativa libertaria. En ese terreno, quien tiene la última palabra es Karina Milei, cuya estrategia hasta ahora dio resultado en las elecciones de medio término.

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Santilli administra ese delicado equilibrio entre gobernadores, Caputo y Karina Milei.

Ahora, sin la presión que implicó la campaña de Manuel Adorni, el Gobierno necesita que los proyectos avancen en el Congreso. Tanto la reunión de la mesa política del miércoles como el encuentro de Labor Parlamentaria en el Senado, que prepara la sesión prevista para la próxima semana, apuntan en esa dirección: impulsar una agenda que habilite nuevas negociaciones.

Aunque para la mayoría de los ciudadanos las elecciones todavía parecen lejanas, para la dirigencia política ya comenzaron a influir sobre todas las decisiones.

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El cronograma provincial suele iniciarse en febrero y los gobernadores necesitan saber cuál será el escenario político antes de definir si desdoblan los comicios o los hacen en forma simultánea con los nacionales. En la mayoría de los casos no solo se ponen en juego bancas legislativas, sino también la continuidad de sus propios proyectos políticos. La excepción es Corrientes, que tiene un calendario diferente.

Con el Mundial de fútbol a ocho días de finalizar, los tiempos políticos comenzarán a acelerarse.

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El proyecto de reforma política enviado por Milei todavía no reúne el respaldo de la mayoría de los gobernadores. Solo manifestaron apoyo Raúl Jalil, Leandro Zdero y Gustavo Valdés.

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Mientras tanto, el Gobierno puso sobre la mesa otra alternativa: el regreso de las colectoras o alguna variante de listas de adhesión.

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No se trata de una discusión sencilla. Ese mecanismo fue utilizado en distintas elecciones hasta que Mauricio Macri lo prohibió por decreto. Bastaría con derogar esa norma para volver a habilitarlo, aunque la implementación presenta complejidades, especialmente con la Boleta Única de Papel.

Además, Patricia Bullrich considera que volver a las colectoras sería un retroceso porque implica resolver las internas el mismo día de la elección general. Santilli evalúa otras alternativas, aunque toda reforma electoral enfrenta un obstáculo adicional: requiere una ley especial aprobada por mayoría absoluta de ambas cámaras, es decir, 37 senadores y 129 diputados.

Macroeconomía, inflación y el desafío del bolsillo

El viceministro de Economía, José Luis Daza, junto al titular del Palacio de Hacienda, Luis Caputo, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. (Foto: Ministerio de Economía)
El viceministro de Economía, José Luis Daza, junto al titular del Palacio de Hacienda, Luis Caputo, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. (Foto: Ministerio de Economía)

El tercer eje de cualquier estrategia electoral es la economía. Sin embargo, en el Gobierno parten de la premisa de que las condiciones macroeconómicas llegarán alineadas al momento de la elección.

El miércoles se conoció que la inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue del 1,8%. Ese dato coincide con las proyecciones del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que estima una inflación nacional cercana al 2% para junio, mientras que los diez pronosticadores más precisos la ubican entre 1,8% y 1,9%.

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Para el período comprendido entre julio y diciembre, el REM proyecta registros mensuales cercanos al 1,8%, equivalentes a una inflación anual del orden del 30%.

Todo indica que el próximo martes el Indec difundirá un dato nacional en línea con esas previsiones.

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El Gobierno sostiene una fuerte política de contracción monetaria para contener la inflación y evitar un salto del dólar. A su vez, el Fondo Monetario Internacional proyectó un crecimiento del 3,5% para la economía argentina durante este año.

La incógnita pasa por determinar cuándo esa mejora de la actividad llegará a los sectores urbanos. Mientras la construcción mostró un crecimiento sólido, con una suba del 6,3% intermensual y del 4,1% interanual en mayo, la industria continúa exhibiendo un comportamiento irregular, con un avance del 0,4% mensual y del 5,7% interanual.

¿Ese crecimiento ya se refleja en el bolsillo de la gente? El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció que todavía hay personas que no perciben esos beneficios, aunque aseguró: “No habrá plan platita. No hay atajos populistas”. Según sostuvo, la recuperación llegará a través de la expansión del crédito.

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Javier Milei, La Libertad Avanza

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Los planes políticos en torno a la reforma del BCRA: tiempos, consensos y especulaciones del Gobierno

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Javier Milei concentró en los últimos días toda su atención política en un solo objetivo: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. No solo ocupó buena parte de la reunión de Gabinete del jueves —pese al feriado—, sino que también se convirtió en el eje casi excluyente de su actividad en redes sociales, entre tuits propios y reposteos sobre el tema.

La iniciativa, aseguraron en Gobierno, fue ideada por el propio Milei, con los lineamientos que había expuesto semanas atrás en un discurso ante la Fundación Faro, con foco en dos puntos centrales. Por un lado, el artículo 3 de la Carta Orgánica vigente —el que habilita el mandato múltiple, introducido en 2012 durante la gestión de Mercedes Marcó del Pont. Por otro, los adelantos transitorios al Tesoro, que el Gobierno busca directamente prohibir.

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El plan oficial es que la iniciativa ingrese por el Senado y no por Diputados, lo que deja buena parte de su suerte en manos de las gestiones de Patricia Bullrich, pero sobre todo de los gobernadores, a quienes Milei viene mimando desde hace varias semanas.

“Fue un privilegio discutir esto con tres ex presidentes del Banco Central”, les dijo Milei a sus ministros durante la reunión de Gabinete del jueves, en referencia a Caputo, Sturzenegger y Bausili. El encuentro se organizó a instancias del propio Presidente, que quería transmitirles en persona a los ministros los detalles del proyecto que, aseguran quienes lo rodean, es hoy su prioridad excluyente.

Patricia Bullrich en el Senado, por dónde ingresará la iniciativa y la tendrá de protagonista en las negociaciones (Comunicación Senado)

En el Gobierno adelantaron que el proyecto probablemente sea girado por el Senado —aunque todavía no está confirmado— y que llegaría en un paquete de tres o cuatro leyes. En Casa Rosada calculan que el envío podría concretarse la semana próxima. Antes, buscan reunir a la mesa política y volver a convocar al Gabinete, además de medir el nivel de consenso real que tiene la iniciativa en la Cámara alta.

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Milei planea un anuncio formal, con bombos y platillos, alto despliegue comunicacional y posiblemente con un nombre de marketing que le dé mayor visibilidad. “Es una reforma estructural”, repitieron en el entorno presidencial. E insistieron en que no hay una especulación política detrás: “El Presidente no toma decisiones económicas por motivos políticos”, sostuvo un colaborador de la cúpula.

El consenso para la iniciativa aún es un misterio y pocos en la dirigencia aliada se refirieron al tema. “No leímos siquiera un borrador”, dijo un alto referente de PRO. Un funcionario de confianza de Milei fue elocuente: “Nada sale como uno quiere, siempre tenés que negociar con la política”, aunque aclaró que “no es un proyecto que genere polémica”. El único punto de fricción, según reconocieron, podría ser el artículo vinculado al “shutdown” del financiamiento al Tesoro: “Quizás eso puede tener un poco más de picante”, admitieron. Más allá de los resultados, festejaron que el Gobierno haya retomado la iniciativa: “El oficialismo propone nuevamente la agenda”, se entusiasmó un alto funcionario.

El edificio del Banco Central (REUTERS)

Sobre el origen de la idea, en el Gobierno fueron categóricos: se trata de una iniciativa personal de Milei, que trabaja junto a Caputo, Sturzenegger y Bausili. “Básicamente es blindar la baja de la inflación”, explicaron, al detallar que buscan impedir que el Banco Central emita dinero sin respaldo —una conducta que planean directamente tipificar como delito— y prohibir el financiamiento al Tesoro.

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“Faltan detalles que durante este fin de semana se pulirán”, agregaron.

En Balcarce 50 no descartan que Milei les pida a sus ministros del equipo que le lleven el proyecto nuevamente a la residencia este fin de semana, mientras la iniciativa permanece en lo que definen como “etapa final de redacción”.

El martes, Milei ya había convocado a Caputo, Bausili y Sturzenegger a Olivos para avanzar en la redacción del proyecto. Y, pudo saber Infobae, no se descarta una nueva convocatoria en los próximos días: “Que no extrañe que los llame de raje”, señaló una fuente con acceso directo al Presidente.

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Más allá de la discusión sobre la Carta Orgánica en sí, la reforma se despliega en un paquete más amplio. “Son tres proyectos, que también pueden ser cuatro, si tenés que cambiar algo asociado a la ley penal”, explicaron en el Gobierno, en referencia a la tipificación como delito de la emisión sin respaldo. El cuarto proyecto podría estar vinculado a la elección de las autoridades del Banco Central. “Es un paquete de reformas”, dijeron.

En el oficialismo sostienen que será difícil que la oposición —con excepción del kirchnerismo y la izquierda— no la acompañe: “Darle mayor independencia al Banco Central… no hay muchas maneras de discutir que eso es algo bueno”, deslizaron.

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Argentina empieza a cambiar los fusiles FAL: se firmó el contrato con Israel para la compra de armas militares

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El Ministerio de Defensa firmó el contrato con su contraparte de Israel para la compra de fusiles ARAD y de esta manera las Fuerzas Armadas comenzarán a reemplazar progresivamente a los históricos FAL en el marco de modernización del equipamiento militar que intenta llevar adelante la Argentina.

El acuerdo, al que tuvo acceso TN en exclusiva, contempla una primera entrega por parte de Israel de 700 fusiles ARAD 7 con accesorios y 167 dispositivos de fogueo por un monto de 1.730.499 dólares. Si bien se estableció que el envío puede realizarse durante 2026, se espera que se produzca en las próximas semanas.

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No está previsto un cronograma de pago y entrega del equipamiento militar luego de este primer desembolso. Lo que sí figura en el contrato firmado el 28 de junio es que habrá una ventana de ejecución de 3 años en donde la Argentina podrá solicitar armamento por un total máximo de 12 millones de dólares.

Teniendo en cuenta la primera transferencia mencionada anteriormente, al ministerio de Defensa argentino le quedará un saldo restante de 10.269.501 a abonar en los próximos tres años para la incorporación de los fusiles ARAD 7 –calibre 7,62 mm- y ARAD 5 –calibre 5,56mm-.

Carlos Presti firmó el contrato que se había empezado a negociar en 2024. (Foto: AFP/Luis ROBAYO)

El equipamiento militar que comprará la Argentina está producido por la empresa Israel Weapon Industries, a quien el Ministerio de Defensa israelí seleccionó para que sea el principal contratista para ejecutar el acuerdo.

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Como es habitual en este tipo de acuerdos, el ministerio de Defensa encabezado por Carlos Presti se compromete a no vender ni transferir el armamento adquirido a otras personas, empresas, entidades o gobiernos. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta la situación económica argentina, se plantearon anexos para proceder en caso de demoras en los pagos o entregas.

La firma del acuerdo supone una nueva confirmación del alineamiento en política exterior que adoptó la Argentina desde la llegada de Javier Milei en diciembre de 2023: primero, Estados Unidos; segundo, Israel. En este contexto es que se priorizó la oferta realizada desde Oriente Medio. Otros países que son potencia en industria militar están también interesados en convertirse en proveedores.

Leé también: Tanques, drones, armas y municiones: así es el nuevo equipamiento que mostró el Ejército argentino

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Las negociaciones con Israel para adquirir los modernos fusiles comenzaron hacia 2024 bajo la gestión del por entonces ministro Luis Petri con reuniones técnicas con representantes del Estado Mayor Conjunto, a las que le siguieron distintos encuentros con miembros del Ejército, Armada y Fuerza Aérea.

En los primeros años de Petri se activaron distintas líneas de negociación para adquirir insumos, equipamiento y transportes para modernizar las Fuerzas Armadas, una cuenta pendiente en las últimas décadas en el país.

En este contexto, hay diálogos en curso con distintos países para evaluar la adquisición de drones, helicópteros y hasta submarinos, aunque el sueño de volver a tener presencia militar debajo de los mares y océanos parece una idea más lejana por la escasa capacidad económica con la que cuenta la Argentina para afrontar estos proyectos.

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Fuerzas Armadas, Israel, Benjamin Netahyahu

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