POLITICA
Un túnel de 135 metros, meses de trabajo y una ayuda inesperada: el plan para escapar del Muro de Berlín

Un túnel construido con paciencia, temor e incertidumbre. Había que atravesar el Muro de Berlín, uno de los lugares más custodiados de Europa. Cada fuga, cada traspaso clandestino era visto como una derrota para unos y como un triunfo enorme para los otros. En cada intento, los protagonistas se jugaban la vida.
Ya había transcurrido más de un año desde que Berlín había amanecido dividida en dos.
Del lado oriental, los guardias patrullaban las 24 horas. La piedra sólida del muro, los fardos de alambres de púa, las torres de vigilancia, los focos con luz muy potente, las sirenas, los puestos de control, las armas siempre listas para disparar.
Un grupo de jóvenes no se resignó. Algunos habían quedado del lado occidental el día de la división, otros habían logrado fugarse durante las primeras confusas horas, cuando la gran pared estaba todavía construyéndose y existían algunos mínimos puntos de fuga.
Eran estudiantes de ingeniería y urdieron un túnel para engañar al régimen. Después tuvieron que trabajar. Mucho. Más de 8 meses cavando, ensuciándose, arriesgándose. Cuando muchos querían escapar, ellos que lo habían logrado, hicieron el camino inverso; volvieron a la parte oriental para rescatar a novias, amigos, familiares, hasta desconocidos. Una historia de ingenio, peligro, coraje y libertad. 29 personas que lograron burlar el Muro de Berlín cuando parecía inexpugnable. Pero con un condimento especial, único: todo quedó filmado. Una especie de video pionero de los reality shows.
Los intentos de fuga
Hacía poco más de un mes que Berlín había quedado dividida en dos. Joachim Rudolph decidió que ya no se quedaría en la parte controlada por los soviéticos. Valía la pena intentar pasar al otro lado para disfrutar de una vida mejor, más libre. Tenía 22 años y era audaz. También era alguien cerebral. Durante varios días se dedicó a tratar de descubrir cuáles eran los puntos en los que la seguridad de esa frontera en la que se estaba levantando el Muro de Berlín era menos rígida, cuál era el lugar más vulnerable. Eligió un río al que debía vadear. Allí solo había una torre de vigilancia aislada con guardias que solían distraerse, que se dejaban vencer por el aburrimiento. Sabía que si era descubierto, lo matarían. Se arriesgó. Sigiloso, se arrastró por la ribera del río, se mojó en sus aguas y logró pasar. En la parte oriental dejaba amigos y familiares.
A los pocos días se convenció de que debía intentar algo para que varios de sus afectos y los de sus amigos lograran atravesar el Muro, que cada día se mostraba más robusto, más infranqueable.
La noche del 12 al 13 de agosto de 1961 se había dividido la ciudad en dos. Muchas familias quedaron separadas sin previo aviso, muchas parejas alejadas por la mole de piedra. Hasta bebés separados de sus madres.
Pasar de Berlín Oriental a Berlín Occidental parecía imposible. Hubo muchos que, como Joachim Rudolph, intentaron sacar partido de la confusión y la precariedad de los primeros días para atravesar la prohibición y abandonar el lado bajo el dominio soviético. Hubo quienes aprovecharon una zona despoblada y, por ende, con menos concentración de guardias; otros se arrastraron por el cauce de un río a medio secar.
El caso de una mujer de 58 años fue uno de los más conocidos; su edificio había quedado justo en la zona de la división, a tan sólo tres metros de la línea que separaba Berlín, mientras el muro se levantaba. Ida Siekmann, una de las primeras mañanas, saltó desde su ventana a la libertad: fue la primera víctima fatal del Muro. Después, otros quisieron imitarla, pero las autoridades de Alemania Democrática (sin duda un raro eufemismo) pusieron vigilancia extrema en esos edificios linderos al Muro y luego terminaron clausurándolos, expropiándolos o, directamente, demoliéndolos. Tal vez la fuga más arquetípica, la que más espacio ocupó en los medios, fue la de Conrad Schumann, un soldado que debía custodiar que los del Este no pasaran al Oeste y que en un impulso giró y pegó un gran salto para pasar por encima de unos alambres de púa. Ese salto quedó registrado en una foto histórica. El paso hacia la libertad del joven de uniforme, arma en mano y un casco metálico que tenía la forma de un wok.
Otra vía de escape que se intentó fue la subterránea. A lo largo de más de tres décadas se excavaron alrededor de 75 túneles. Sólo 19 consiguieron el objetivo de lograr que 450 personas pasaran hacia el sector occidental.
Los intentos de fuga, en su mayoría, fracasaban. La seguridad se fue haciendo cada vez más extrema. Hubo miles de detenidos por tratar de traspasar el Muro y alrededor de 200 que fueron asesinados por disparos de los guardias mientras intentaban llegar al sector occidental.
El túnel
Volvamos a Joachim Rudolph. Mientras rehacía su vida en Berlín Occidental, dos amigos le pidieron ayuda. Querían construir un túnel para que sus familiares y novias pudieran escapar. Joachim aceptó de inmediato, aunque sabía que era una tarea riesgosa.
Estudiaron el terreno, robaron picos, palas y alguna carretilla de un cementerio, convencieron al dueño de una fábrica lindera al Muro de que les dejara hacer la excavación desde su sótano y reclutaron más colaboradores. Empezaron a sacar tierra en mayo de 1962. Sabían que sería un trabajo arduo y largo. Entraban con los pies para adelante y sacaban toda la tierra que podían en una carretilla. Con un teléfono que habían encontrado del tiempo de la Segunda Guerra Mundial daban aviso a sus compañeros en la superficie, que tiraban de una soga para sacar la carretilla llena. Trabajaban más de ocho horas por día. El peligro de que todo se desmoronara y que quedaran sepultados por la tierra era real.
Joachim utilizó sus conocimientos de ingeniería para poner soportes, dar ventilación y hasta iluminar el camino. Pero el trabajo avanzaba demasiado lento y se habían quedado sin fondos.
Mientras tanto, en las oficinas de la NBC en Estados Unidos estaban buscando una buena historia sobre Berlín y el Muro. La Guerra Fría estaba en su punto más tenso y la posibilidad de un enfrentamiento nuclear entre las dos potencias era una amenaza que sobrevolaba cada conversación cotidiana y cada movimiento político. Kennedy y Kruschev parecían jugar al ajedrez sobre una soga a 100 metros de altura. Y sin red. El corresponsal de la NBC en Alemania comenzó a buscar historias de fugas hasta que alguien le dio el dato de este grupo de jóvenes que intentaban construir un túnel para reencontrarse con sus afectos. Con cautela logró contactarlos. Se enteró de que necesitaban fondos para proseguir con su tarea. Hubo una discusión ética en la NBC. Iba contra los estatutos de la empresa pagar para obtener una noticia. Los directivos consideraron que se trataba de una excepción válida. Les dieron 15.000 dólares a cambio del permiso y los derechos para filmar la construcción del túnel y la fuga.
A partir de ese momento, los trabajos avanzaron. Más herramientas y más colaboradores. Pero de pronto surgió un inconveniente grave. Un tubo de agua de la ciudad sufrió una rotura e inundó buena parte del túnel. Intentaron continuar con agua por las rodillas, pero les resultó imposible. No era el único en construcción en Berlín en ese momento. Joachim y sus amigos se ofrecieron a continuar otro que estaba mucho menos avanzado que el de ellos. Al llegar descubrieron que era mucho más precario, angosto y frágil que el suyo. Pero decidieron continuar, era lo único que tenían. En un momento trabajaban tan cerca de la superficie que escuchaban los pasos de los guardias custodiando el muro y las conversaciones que se daban en las calles. Debían tener cuidado porque desde arriba también podían oír los ruidos que ellos ocasionaban abajo.
Del otro lado, en la Alemania Democrática, se enteraban de las noticias y de los avances gracias a los residentes de la parte occidental que tenían permiso para atravesar el Muro por la jornada. Un amigo del grupo se ofreció como contacto. Avisó a la gente, les anunció la fecha y el lugar en el que tenían que estar para escapar. Pero el grupo estaba infiltrado por la temible Stasi.
La Stasi era la policía secreta de la Alemania Oriental. Su red estaba tan extendida que se cree que uno de cada seis habitantes la integraban. En este caso, el espía y delator fue un peluquero que había intentado cruzar el Muro y había sido descubierto. Para no ir preso (lo amenazaron con agravar su pena por su licenciosa vida privada ya que en ese tiempo la homosexualidad era sinónimo de vida licenciosa) debió pasarse a las filas de la Stasi. Los métodos de interrogación y tortura se hicieron célebres por su crueldad.

Joachim y otros dos cruzaron el túnel y abrieron la brecha final para salir a la superficie en la planta baja de una casa cercana al Muro. En ese momento le avisaron por la radio que el grupo había sido infiltrado y que los que se iban a escapar habían sido apresados y que la Stasi los detendría -con consecuencias impensables- también a ellos. Reemprendieron, como pudieron, el camino de regreso arrastrándose por el túnel polvoriento y angosto. El enlace pasó varios años en prisión. Todo el trabajo de meses había sido en vano.
No les importó haber tenido la confirmación de que su vida había estado en juego y lo volvieron a intentar. Regresaron al túnel original. Había barro por todas partes pero el agua había bajado. Consiguieron que la empresa de aguas de Berlín Occidental controlara los caños para que no hubiera otra inundación súbita.
En esta ocasión debieron hacer el túnel más largo (130 metros) y la salida era en un lugar que quedaba más pegado al muro pero alejado del anterior para no levantar sospechas. Otros meses de trabajo infernal hasta que llegaron a la superficie. El contacto, esta vez, sería la novia de uno de los excavadores que debía dar señales en tres pubs diferentes de que la fuga había comenzado. La gente fue llegando y allí la recibieron Joaquim y dos de sus compañeros que sabían que si eran descubiertos los esperarían largas torturas y reclusión perpetua. Bebés, adolescentes, madres, padres, esposas, novias, hermanos y mejores amigos lograron salir de allí gracias a la construcción subterránea. Pasó a llamarse Túnel 29 por la cantidad de gente que logró pasar al otro lado.
Su historia la reconstruyó la periodista británica Helena Merriman en un podcast que tuvo millones de oyentes que luego fue trasladado a un libro El Túnel 29, editado en castellano por Salamandra. Sus fuentes fueron la memoria extraordinaria de Joachim, testimonios de otros participantes, diarios de la época y los profusos archivos de la Stasi.
Hay un documento más que certifica la verosimilitud de la historia. El documental que la NBC grabó. En él se ve a las personas asomar por la salida del túnel, cubiertas de lodo, pero con la sonrisa de la ilusión de un futuro y la emoción del reencuentro con sus seres queridos.
El documental tuvo récords de rating y ganó tres Emmys. Pero tardó varios meses en ser emitido. El presidente Kennedy dudaba en autorizar su emisión para no generar más problemas con la Unión Soviética y Kruschev después de la Crisis de los Misiles. Sin embargo, Kennedy finalmente dio el permiso. Y millones de televidentes pudieron conocer esta historia extraordinaria.
Muro de Berlín, Guerra Fría, John Fitzgerald Kennedy, Unión Soviética
POLITICA
Elevan a juicio oral la causa contra el exministro bonaerense Jorge D’Onofrio por lavado de dinero

El exministro de Transporte de la provincia de Buenos Aires Jorge D’Onofrio deberá enfrentar un juicio oral por la compra de una camioneta de lujo, adquirida por un funcionario de su entorno. El juez federal de Campana Adrián González Charvay dio por cerrada la investigación por el delito de lavado de dinero y elevó el expediente a juicio.
También será juzgado Facundo Asensio, exdirector de Fiscalización y Control bonaerense, un hombre que respondía a D’Onofrio.
La novedad está vinculada de manera directa con otro expediente, en la Justicia provincial, donde se investiga el supuesto delito precedente. En ese caso, el fiscal provincial Álvaro Garganta pidió que D’Onofrio vaya a juicio por un millonario negociado con el sistema de la Verificación Técnica Vehicular (VTV).
¿En qué consistía la maniobra? Varias empresas se comprometieron a subcontratar a una firma ligada al exministro para administrar el sistema de turnos. Esa firma, que no tenía experiencia en el rubro tecnológico, recaudó $4.995.000.000 en poco más de un año.
La Justicia sospecha que los fondos utilizados para la compra de la camioneta proveían de alguna de estas maniobras ilícitas.
La camioneta, una Audi Q8, dominio AE554ZD, estaba a nombre de Asensio pero era utilizada por D’Onofrio. “Asensio actuó como interpuesto registral o testaferro, ocultando la verdadera titularidad del rodado y disimulando el patrimonio real de D’Onofrio, configurando un típico esquema de disimulación patrimonial propio de maniobras de lavado de activos”, sostuvo Charvay cuando procesó al exministro.
El procesamiento fue confirmado por la Cámara Federal de San Martín y luego por la Cámara de Casación.
La defensa de D’Onofrio luego planteó que una de las causas que tramitan en la provincia de Buenos Aires había sido archivada, pero omitió que otros expedientes seguían avanzando. Además del caso de las VTV, el fiscal Garganta tiene en la mira una red de gestores que ofrecían descuentos del hasta el 50 por ciento para hacer desaparecer las infracciones.
Esa maniobra, que habría arrancado en enero de 2022, cuando D’Onofrio llegó al gabinete de Axel Kicillof, contaba con la participación de varios jueces de faltas.
“No se atribuyó el origen de los activos a un único hecho precedente sino que se valoraron un conjunto de investigaciones y circunstancias que, apreciadas de manera integral, permitieron sostener la existencia de actividades ilícitas susceptibles de generar los fondos involucrados en la maniobra de autos», sostuvo Charvay al momento de justificar la elevación a juicio.
D’Onofrio finalmente será juzgado por la compra de una camioneta, aunque en ese mismo expediente se investigaban otros bienes de lujo del exministro y sus allegados. Algunos de los datos llegaron desde España a través de la Unidad de Información Financiera (UIF).
En ese país, la concejal de Pilar Claudia Pombo, muy cercana al ex ministro, había creado una sociedad junto al exjuez de Faltas Mario Quattrochi para explotar dos restaurantes: Tardeo PacíficoyTardeo Soho. Tras el escándalo, las sociedades se disolvieron rápidamente.
Para justificar la supuesta compra de ese vehículo, Asensio aportó un contrato de mutuo por $30 millones con la firma “Los Altos de Don Carlos Emprendimiento Inmobiliario SA”, creada para la ocasión y puesta a nombre de sus padres.
Para la Justicia, fue una maniobra para esconder el verdadero origen del dinero. “Los fondos utilizados para la adquisición del vehículo habrían provenido de presunta la actividad ilícita desplegada por D´Onofrio mientras cumplía funciones de Ministro de Transporte de la provincia de Buenos Aires», sostuvo el juez en varias ocasiones.
pidió que D’Onofrio vaya a juicio,sostuvo Charvay cuando procesó al exministro.,Nicolás Pizzi,Jorge D’Onofrio,Lavado de dinero,Conforme a,Jorge D’Onofrio,,El caso de las fotomultas y la VTV. Rechazaron una apelación de D’Onofrio y confirmaron su procesamiento por lavado,,Denuncias cruzadas. Tapia acusó de “extorsión” a los dirigentes de la Coalición Cívica y también apuntó contra un empresario,,En la Justicia. Un custodio de Yofe declaró que el denunciante de la AFA “revoleó” su celular al mar tras el allanamiento
POLITICA
Javier Milei defendió a las empresas manejadas por IA y planteó la posibilidad de tener políticos robots

Javier Milei volvió a defender la creación de un marco legal para empresas manejadas por inteligencia artificial y le respondió al historiador Yuval Noah Harari, que había advertido sobre los riesgos de otorgarles personalidad jurídica a agentes autónomos. En una carta oficial fechada este jueves, Milei sostuvo que esas compañías deberían estar sujetas a la ley como cualquier sociedad convencional y dejó una frase de alto impacto político: citó a Isaac Asimov y se preguntó por qué no “probar con el político robot”.
El texto, titulado Personalidad jurídica para empresas de IA: revisando las preocupaciones de Harari, aparece como una respuesta directa al artículo que el autor de Sapiens publicó en el Financial Times contra la propuesta argentina. La discusión se había iniciado días antes, cuando Milei difundió en ese mismo diario una columna en la que presentó a la Argentina como un posible polo global de inteligencia artificial, con baja regulación, incentivos fiscales y una nueva categoría legal para compañías operadas por algoritmos, agentes de IA o robots.
Harari cuestionó esa idea y sostuvo que otorgar personalidad jurídica a empresas no humanas puede abrir una puerta peligrosa hacia el sistema financiero, económico y político. Su planteo central fue que una compañía manejada por IA podría tener activos, contratar empleados, participar del comercio internacional, iniciar demandas judiciales o incluso financiar campañas sin la intervención directa de una persona. También advirtió que sería difícil sancionar a una IA como se sanciona a un ejecutivo humano, porque no puede ser enviada a prisión.
Milei rechazó ese enfoque y afirmó que los temores de Harari son, en realidad, un argumento a favor de darles un encuadre jurídico. Según el Presidente, si las empresas de IA implican más riesgos, entonces es más necesario identificar sus activos, establecer un patrimonio embargable y fijar responsabilidades. “Preferiría ampliamente tener un patrimonio contra el cual poder reclamar si soy engañado por una IA, antes que no tener protección alguna”, planteó en la carta.
El tramo más polémico aparece cuando Milei toma una historia de Yo, robot, de Isaac Asimov, en la que una campaña política queda atravesada por la sospecha de que el candidato principal podría ser un robot. El Presidente remarca que, en ese relato, el robot trabaja las 24 horas, es honesto y no pierde la compostura. Luego agrega: “¿Por qué no probar con el político robot?”. Si bien no lo presenta como una propuesta formal, la frase instala una comparación sensible entre dirigentes humanos e inteligencia artificial.
La explicación de fondo de Milei es que una firma de IA podría tener más incentivos para cumplir la ley que un humano. Su argumento es que, si la empresa quebrara o fuera disuelta por una infracción, eso equivaldría para la IA a una suerte de “muerte”. Por eso, sostiene que una compañía autónoma podría ser más adversa al riesgo que un ejecutivo humano y preferiría mantenerse dentro del marco legal.
Leé también: Senado: el oficialismo busca avanzar con las leyes de Milei y la oposición redobla la presión sobre Adorni
El Presidente también buscó desactivar los escenarios más catastróficos. Sostuvo que otorgar personalidad jurídica a una empresa de IA no equivale a habilitar el “Día del Juicio Final” de Terminator, sino a darle un marco de desarrollo comparable al refugio que necesitó James Watt durante la Revolución Industrial. Con esa comparación, Milei intentó ubicar el debate en una tradición de innovaciones resistidas por temor, pero que luego generaron saltos de productividad.
En otro pasaje, Milei cuestionó la analogía de Harari con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Para el Presidente, ese caso no demuestra el peligro de la personalidad jurídica empresarial, sino el riesgo de que el Estado delegue poderes soberanos, como administración territorial, fuerza militar o derecho a firmar tratados. “Fue el Estado el que causó y permitió el abuso”, sostuvo.
Javier Milei, Robots
POLITICA
La respuesta de Milei a Yuval Harari por cuestionar su iniciativa para crear empresas no humanas con IA

El presidente Javier Milei sumó un nuevo capítulo a su debate con el influyente historiador israelí Yuval Noah Harari sobre la posibilidad de crear empresas no humanas con inteligencia artificial (IA).
El lunes, el filósofo había cuestionado un articulo de la autoría del mandatario para el Financial Times. En resumidas cuentas, el jefe de Estado se había expresado a favor de crear “sociedades automatizadas”, que funcionan con algoritmos o robots, sin la necesidad de contar con personas humanas.
Harari ofreció respuesta a aquel planteo en otra columna para el mismo medio: “Cuando hablé en el Foro Económico Mundial en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personalidad jurídica a los modelos de IA. Jamás imaginé que ese algún día llegaría tan solo cuatro meses después”.
Desde el título de la nota -“No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA-, Harari se ubica en la vereda de enfrente de Milei, quien imagina nueva tipología de empresas no humanas con el objetivo de garantizar una seguridad jurídica a un tipo de inversiones que en general operan en un gris legal. Esa idea es la que surge del proyecto de ley empujado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.
“La semana pasada, en este periódico, el presidente argentino Javier Milei anunció la creación de una nueva categoría jurídica para las corporaciones no humanas. Al igual que las corporaciones tradicionales, estas corporaciones no humanas gozarán de los beneficios de la personalidad jurídica. Presumiblemente, podrán poseer activos, contratar empleados, participar en el comercio internacional, demandar ante los tribunales e incluso donar a campañas políticas. A diferencia de las corporaciones tradicionales, podrán hacer todo esto sin la intervención ni la responsabilidad de ningún ser humano. Todas las decisiones sobre compra, venta, contratación, inversión, litigios y donaciones podrán ser tomadas por agentes de IA”, escribió el filósofo e historiador.
Y cerró al advertir: “Otorgar personalidad jurídica a las IA permitiría a los agentes de IA emprender numerosas iniciativas nuevas, generando potencialmente una enorme riqueza. Sin embargo, la personalidad jurídica es una llave de uso general que también les permitiría acceder a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos. Esto suscita muchas preocupaciones”.
En su última contestación, Milei le agradeció por participar del “fascinante y trascendental debate” y anticipó que prepararía una réplica con la intención de “calmar sus temores”. En ese marco, la Oficina del Presidente compartió este jueves un extenso comunicado en inglés, que lleva la firma de Milei y donde ofrece una formulación más amplia del punto de vista del líder de La Libertad Avanza (LLA).
La respuesta oficial de Milei al planteo de Harari
Siempre es un placer y un honor que Noah Harari comente una de las ideas de uno. Sin embargo, la preocupación de Harari respecto de las sociedades de responsabilidad limitada operadas de manera autónoma por inteligencia artificial es, en todo caso, inesperada. En primer lugar, porque probablemente ninguna persona en el mundo pueda prever el futuro tan bien como él; y otorgarles a las empresas gestionadas por IA un marco jurídico parece ser una característica necesaria de ese futuro. En segundo lugar, porque en Sapiens Harari elogia la responsabilidad limitada. De hecho, sostiene: “La idea detrás de tales compañías se encuentra entre las invenciones más ingeniosas de la humanidad”.
La personalidad jurídica cumple una función precisa y ampliamente comprendida: permite que una organización tenga un patrimonio propio y centraliza las relaciones jurídicas derivadas de sus actividades. Lejos de ser una novedad, es una de las herramientas más probadas en la historia del derecho comercial.
Si es cierto, como argumenta Harari, que las empresas operadas por IA conllevan mayores riesgos que las corporaciones dirigidas por seres humanos (volveré sobre esto más adelante), entonces el argumento a favor de la personalidad jurídica se vuelve más fuerte, no más débil. Cuanto mayores son los riesgos, más necesario es poder identificar los activos vinculados (o susceptibles de ser vinculados) a una actividad. Los temores de Harari son, en mi opinión, un argumento a favor de la personalidad jurídica, no en contra.
También tengo reparos respecto de su preocupación por la supuesta capacidad especial de la IA para encontrar vacíos legales o hacer trampas. No es que avalemos tales conductas. Sin embargo, incluso antes de preguntarnos por qué esos vacíos no pueden corregirse, deberíamos preguntarnos: ¿acaso los seres humanos no hacen lo mismo? Y aun así, eso no es motivo para abolir las estructuras corporativas, y no creo que nadie lo haya sugerido en el caso de empresas dirigidas por personas. Ni siquiera después de Enron. De hecho, preferiría tener un patrimonio contra el cual hacer valer un reclamo si una IA me perjudica, antes que no tener protección alguna. Huelga decir que, en nuestro esquema, las mismas penas y sanciones que se aplican a compañías cuyos directivos humanos cometen irregularidades se aplicarían a las firmas autónomas.
También existe una tensión en el argumento de Harari sobre la rendición de cuentas que merece atención. Él señala que una IA no puede ser enviada a prisión y sostiene que eso constituye un problema: una IA que no pueda ser castigada probablemente se comporte de manera temeraria. Pero también argumenta que la quiebra sería, para una IA, el equivalente a la muerte, y que haría todo lo posible para evitarla. Entonces, ¿las IA se preocupan o no por el castigo? Parecería que una IA tendría mucho más en juego que un ejecutivo humano (la muerte en lugar de la prisión), lo que sugiere que preferiría mantenerse estrictamente dentro de la ley y minimizar los riesgos.
Esto me recuerda a una historia de Isaac Asimov, Yo, Robot, escrita en 1950, en la que una campaña política queda eclipsada por la sospecha de que el principal candidato podría ser un robot. El debate posterior es fascinante. La conclusión: el robot trabaja las veinticuatro horas, es escrupulosamente honesto y nunca pierde la compostura. ¿Por qué no probar con el político robot? Nadie lo sabe con certeza, pero considero probable que las empresas de IA sean más adversas al riesgo que los seres humanos.
Luego está la visión del futuro que ofrece Harari: una Yakarta en llamas, ciudades consumidas por fuerzas que escapan a nuestro control. Estas ansiedades merecen respeto. Harari y sus advertencias no deberían ser desestimados a la ligera. Sin embargo, el historial de la historia ofrece una guía diferente. James Watt también temía llevar el caos al mundo (de hecho, fueron Adam Smith y otros profesores de la Universidad de Glasgow quienes le dieron refugio para que pudiera trabajar en la máquina de vapor). Y aquí estamos. Muy lejos de aquellos temores, la Revolución Industrial multiplicó la producción mundial aproximadamente doscientas veces (aunque no estuvo exenta de sufrimientos). Más relevante para los acontecimientos actuales: ese cambio se desarrolló a lo largo de dos siglos. No ocurrió de un día para otro. Comprendo que hoy la velocidad del cambio es mayor y algo vertiginosa, pero la acumulación de capital lleva tiempo y recursos. La división del trabajo debe encontrar sus nichos. La demanda debe seguir el ritmo de la oferta. Por todas estas razones, los escenarios distópicos son autodestructivos: un mundo de privilegiados y excluidos que no pueda sostener una demanda acorde a la oferta simplemente se detendría. Otorgar personalidad jurídica a una empresa de IA no es desencadenar el Día del Juicio Final de Terminator; es equivalente a brindar el refugio que James Watt necesitó hace doscientos años, permitiendo que la imaginación se desarrolle libremente y prospere. Aun así, eso no significa que no vaya a haber ajustes en el camino.
Imaginar el futuro también plantea una cuestión que Harari no aborda plenamente: ¿la IA conducirá a un pequeño número de corporaciones dominantes o a una cantidad cada vez mayor de empresas más pequeñas? La IA parece reducir las barreras de entrada en muchas actividades. Si es así, la teoría económica sugiere que las empresas serán más pequeñas, no más grandes. En ese caso, lejos de ser el vehículo institucional de la concentración, la personalidad jurídica para la IA podría demostrar ser su antídoto. De hecho, me preocupa menos el poder de las corporaciones —que deben competir entre sí, una experiencia profundamente aleccionadora— que el del Estado, porque el autoritarismo surge del monopolio de la fuerza que solo los gobiernos poseen. Una empresa legalmente constituida jamás mantendrá ese monopolio. De hecho, siempre estará a un paso de la irrelevancia.
Finalmente, la personalidad jurídica, lejos de habilitar abusos, es precisamente el mecanismo mediante el cual una sociedad canaliza su energía creativa dentro del marco de la ley, los derechos de propiedad y el principio de no agresión que constituyen los pilares del liberalismo. Esto es así porque una empresa de IA estará sujeta al Estado de derecho exactamente del mismo modo que cualquier corporación convencional.
Esto me lleva a la analogía histórica final de Harari. La comparación es vívida y atractiva, pero no es precisa. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales poseía poderes soberanos delegados por el Estado: administración territorial, fuerza militar y el derecho a celebrar tratados. En otras palabras, fue el Estado quien causó y permitió los abusos. Una empresa autónoma que opere dentro de un marco jurídico capaz de disolverla, embargar sus activos o exigirle responsabilidad legal no está escapando de la ley. Está sometiéndose a ella. Y, en gran medida, esa es precisamente la razón por la que importa otorgarle personalidad jurídica.
Noticia en desarrollo.
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