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Una idea “imposible” derivó en un gran avance contra el cáncer de páncreas

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El cáncer de páncreas es uno de los diagnósticos más terribles de la medicina. Hay pocos tratamientos disponibles, y ayudan poco. Durante décadas, los fármacos experimentales fracasaron en los ensayos. Muchos investigadores creían que no se podían superar los obstáculos biológicos.

En lo que parece un abrir y cerrar de ojos, todo eso ha cambiado. El daraxonrasib, un fármaco que está cerca de ser aprobado, es el primero en prolongar sustancialmente la vida de los pacientes con cáncer de páncreas. Actúa contra una proteína celular que alimenta no solo casi todos los tumores pancreáticos, sino también muchos cánceres de pulmón y colon. Estos tres son las principales causas de muerte por cáncer.

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Ahora, algunos científicos predicen que este enfoque podría acabar siendo el avance más importante en el tratamiento del cáncer en 15 años, desde la llegada de la inmunoterapia.

El largo camino científico que ha conducido al fármaco es un triunfo de la financiación de la investigación, tanto pública como privada, y ha tenido éxito después de décadas de falsos comienzos y esperanzas frustradas, y del desmantelamiento de ideas convencionales que resultaron ser completamente erróneas.

“Cada vez que se producía un avance, daba lugar a otro derribo del dogma y a descubrir que lo que todo el mundo daba por cierto, en realidad no lo era”, dijo Adrienne Cox, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte.

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Los científicos identificaron hace tiempo su objetivo: una proteína de superficie lisa en el interior de las células, denominada KRAS, la cual está alterada en ciertos cánceres e impulsa su crecimiento. Los investigadores la describían a menudo como una “bola grasienta”, aparentemente inmune a las agresiones.

“Casi todo el mundo pensaba que iba a ser imposible fabricar fármacos contra la KRAS”, dijo Marina Pasca di Magliano, investigadora de la Universidad de Míchigan.

Pero era posible. Durante décadas, los académicos sentaron las bases con el apoyo de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos y el Instituto Médico Howard Hughes, una organización de investigación médica sin fines de lucro. Después, la industria perfeccionó la química y convirtió la idea en un fármaco, utilizando un enfoque novedoso que une moléculas entre sí para sujetar y desactivar la KRAS.

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Y ahora que la estrategia dirigida a las proteínas resulta prometedora, varias empresas se han lanzado a la refriega. Se están probando decenas de fármacos similares para el cáncer de páncreas, pulmón y colon.

El fármaco que abrió las compuertas, el daraxonrasib, ha sido sometido a una revisión acelerada por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por su sigla en inglés) y podría ser aprobado este mismo año. Hasta entonces, la agencia ha aprobado un plan de Revolution Medicines, la pequeña empresa de Silicon Valley que desarrolla el fármaco, para ofrecer acceso anticipado a algunos pacientes.

La píldora, que se toma tres veces al día, no es una cura: con el tiempo, el daraxonrasib deja de funcionar. Muchos pacientes no responden. Y tiene efectos secundarios que pueden ser duros, como erupciones cutáneas, diarrea, fatiga, náuseas y puntas de los dedos agrietadas y en carne viva.

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Hasta ahora, sin embargo, a los pacientes con cáncer de páncreas normalmente se les ha ofrecido una quimioterapia agotadora que hace poco por alargar sus vidas.

El páncreas, una glándula situada en lo profundo del abdomen, ayuda a regular el azúcar en sangre y la digestión. Solo el 3 por ciento de estos pacientes con cáncer que se ha extendido a partes distantes del cuerpo sobreviven más de cinco años. La enfermedad mata a más de 50.000 estadounidenses al año.

Revolution probó el daraxonrasib en un ensayo clínico en fase avanzada en pacientes con cáncer metastásico que ya habían probado la quimioterapia. Para estos pacientes, recibir más tratamiento se consideraba un intento desesperado.

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Los pacientes que recibieron el fármaco vivieron en promedio más de 13 meses, frente a los menos de siete meses de los pacientes que recibieron quimioterapia, dijo la empresa en un comunicado de prensa.

Leé también: Desarrollaron una IA que podría ayudar a detectar el cáncer de páncreas antes de que sea visible

Los investigadores presentarán los resultados en una importante conferencia sobre el cáncer que se celebrará en Chicago este mes. El estudio aún no se ha publicado en una revista médica revisada por pares.

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Los científicos afirman que este fármaco podría convertirse en el equivalente, en la lucha contra el cáncer, a batir el récord de la milla en menos de cuatro minutos. “Es el principio, no el final”, dijo Elizabeth Jaffee, investigadora del cáncer de páncreas en la Universidad Johns Hopkins.

La bola grasienta

Los métodos habituales para encontrar un nuevo tratamiento no iban a funcionar para el cáncer de páncreas.

La forma típica en la que funciona un fármaco es al unirse a un bolsillo de la superficie de una proteína crucial, como un escalador que encuentra una grieta en la pared de un acantilado, para inutilizarla. Pero la KRAS, la bola grasienta, no tenía lugares obvios donde pudiera adherirse un fármaco.

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Fue a principios de la década de 1980 cuando los investigadores del MIT y Harvard descubrieron que los cánceres humanos podrían estar causados por mutaciones en una familia de genes llamados genes RAS. Uno de ellos era el gen KRAS.

El gen KRAS ayuda a las células a regular el crecimiento. Las dirige para que fabriquen proteínas que comparten su nombre –proteínas KRAS–, que se activan cuando una célula necesita replicarse.

La mayor parte del tiempo la proteína está “apagada”. Sin embargo, las mutaciones genéticas que causan el cáncer hacen que las proteínas KRAS estén siempre en estado “encendido”. Una vez que los científicos identificaron el papel del gen KRAS en el cáncer, se produjo una oleada de actividad entre las empresas farmacéuticas que esperaban desarrollar fármacos dirigidos contra las proteínas RAS.

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Fracasaron estrepitosamente.

“Todo el mundo huía de la KRAS”, dijo Channing Der, un investigador pionero de la KRAS que ahora trabaja en la Universidad de Carolina del Norte. “Miembros muy destacados del campo argumentaron que esto es una idea descabellada, que esto es una locura”.

Kevan Shokat, científico de la Universidad de California en San Francisco, no estaba convencido. Se le ocurrió una idea: quizá la bola grasienta no era tan lisa e impenetrable como todos pensaban.

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Pasó cinco años examinando 500 moléculas, hasta que por fin encontró una grieta en la proteína KRAS en la que encajaba una de sus moléculas. No llegó a convertirse en un fármaco, pero fue la primera señal de que quizá los detractores se equivocaban al pensar que la proteína KRAS era “intratable”.

Shokat publicó su histórico hallazgo en 2013. Su trabajo revitalizó el campo, y más tarde se unió a Revolution como cofundador académico y asesor.

Más o menos al mismo tiempo, Greg Verdine, científico de Harvard, creaba una empresa que buscaría formas creativas de atacar proteínas, incluida la KRAS. Se preguntaba si habría alguna molécula en la naturaleza que pudiera sortear los innumerables retos de adherirse a la proteína KRAS.

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Resultó que la naturaleza había creado lo que él llamó pegamentos moleculares, que pueden unir dos proteínas que normalmente nunca se unirían entre sí. Su idea era diseñar a medida un pegamento molecular para desactivar la KRAS.

En la empresa que fundó, Warp Drive Bio, Verdine y su equipo desarrollaron una estrategia para adherir un fármaco a otra proteína de la célula, la ciclofilina, y luego utilizar la superficie combinada más grande para envolver a la KRAS y desactivarla.

Entonces el fármaco se alejaría y seguiría para atacar a otra proteína KRAS.

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El daraxonrasib mostró resultados prometedores en pacientes con cáncer de páncreas metastásico y podría convertirse en uno de los mayores avances oncológicos de las últimas décadas.

Juntas, las investigaciones de Shokat y Verdine demostraron que, después de todo, se podía vencer a la bola grasienta. En 2018, Revolution, una pequeña empresa que se había dedicado a los fármacos para combatir infecciones, adquirió Warp Drive y amplió su trabajo.

Los químicos de Revolution adoptaron un enfoque audaz para diseñar un compuesto, lo que sorprendió a los dirigentes de la empresa. Su fármaco atacó a las proteínas KRAS cuando estaban “encendidas”, tanto en células sanas como cancerosas, y cambió su estado de “encendido” a “apagado”. Enfoques similares en experimentos con animales habían matado a ratones.

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“Eso nos puso nerviosos desde el principio”, dijo Mark Goldsmith, director ejecutivo de Revolution. “Pero empezamos a reducir tumores en animales y vimos que los animales parecían estar bien”.

En 2022, Revolution se sintió lo bastante segura como para empezar a administrar pequeñas dosis del fármaco a los primeros pacientes en un estudio de seguridad. “Empezamos a ver que los tumores se reducían y que los efectos secundarios eran manejables”, dijo Goldsmith.

Hace unos años, en una reunión médica, Anirban Maitra, director del Centro Oncológico Perlmutter de la NYU Langone Health, escuchó una presentación de datos sobre pacientes que recibieron daraxonrasib en un ensayo clínico inicial.

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Le asombró que un fármaco que bloquea la KRAS tanto en las células cancerosas como en las normales no perjudicara a los pacientes dañando su tejido sano.

“¿Cómo es posible?”, recordó haber pensado. “¿Cómo es que estos pacientes no mueren?”.

El fármaco de Revolution había conseguido alcanzar un delicado equilibrio, pues devastaba las células cancerosas al tiempo que preservaba la mayor parte de las normales.

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“Una vida bastante buena”

En otoño de 2023, Rhea Caras, abogada jubilada en Palos Verdes Estates, California, recibió un aviso de su oncólogo: pronto volaría a Europa para asistir a un congreso médico. Estaba entusiasmado con los primeros datos que presentarían unos investigadores sobre un fármaco experimental prometedor.

A principios de ese año, a Caras le habían diagnosticado un cáncer de páncreas metastásico y le habían dicho que probablemente le quedaban solo unos meses de vida. Cuando su médico le habló del fármaco experimental, ya había probado una primera quimioterapia agotadora y buscaba su siguiente tratamiento.

Caras no tardó en unirse a un ensayo de daraxonrasib en fase intermedia. Más de dos años después, sigue tomando las pastillas todos los días.

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Ahora, con 67 años, habitualmente tiene que lidiar con efectos secundarios como fatiga, náuseas y problemas digestivos. Pero su cáncer se ha reducido. El mes que viene tiene previsto viajar a Hawái con su familia.

“Estoy segura de que no estaría viva si no fuera por este medicamento”, dijo. “Llevo una vida bastante buena, y no me lo esperaba”.

Caras dijo que no sabía durante cuánto tiempo le seguiría haciendo efecto el fármaco, pero que ahora pensaba en los años venideros. “Creo que podría morir de otra cosa”, dijo.

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Para los científicos que fueron pioneros en la investigación sobre la KRAS, el estallido de entusiasmo lleva mucho tiempo gestándose.

En 1982, Robert Weinberg, científico del MIT, hizo uno de los descubrimientos fundamentales sobre cómo los genes RAS alimentan algunos cánceres. En una entrevista este mes, Weinberg, que ahora tiene 83 años, se maravilló de que los pacientes hubieran tardado 44 años en beneficiarse de su trabajo, y de haber vivido lo suficiente para verlo.

“Habría estado bien que el Señor nos enviara algo más fácil de medicar”, dijo. “Pero resultó que no fue así”.

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*Por Rebecca Robbins, reportera que cubre a la industria farmacéutica y que, desde 2015, investiga temas de salud y medicina. Y Gina Kolata, quien escribe sobre enfermedades y tratamientos, cómo se descubren y prueban los tratamientos y cómo afectan a las personas.

The New York Times, páncreas, Cáncer

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“No se borra encontrar cuerpos de niños”: El lado humano del rescate salvadoreño en Venezuela

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Equipos de rescate de El Salvador trabajaron entre los escombros en la zona costera de Venezuela, donde la cifra de muertos por los terremotos asciende a 4,829 (Cortesía: Secretaría de Prensa).

El relato de César Armando Marroquín, coordinador de equipos tácticos de Protección Civil de El Salvador, expuso en televisión la dimensión más cruda y humana del operativo salvadoreño en Venezuela tras los devastadores terremotos.

La vivencia de hallar cuerpos, especialmente de niños, marcó a los rescatistas y definió el tono de una misión atravesada por la empatía, la resiliencia y la solidaridad internacional.

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“No se borra encontrar cuerpos de niños”, reconoció Marroquín durante la entrevista en el programa Frente a Frente, donde repasó las jornadas más duras y los aprendizajes de una labor que va mucho más allá de la técnica.

El equipo salvadoreño, integrado por 300 personas de distintas instituciones, llegó a territorio venezolano con el objetivo claro de salvar vidas y colaborar en la remoción de escombros.

La realidad superó cualquier expectativa: enfrentaron jornadas de hasta doce horas, bajo calor intenso, y el peso emocional de buscar sobrevivientes entre estructuras colapsadas.

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Las imágenes de familias destruidas y la experiencia de rescatar cuerpos de menores quedaron grabadas en la memoria de los especialistas. “Las labores en edificaciones muchas veces son muy terribles, porque tienes que observar diferentes tipos de escenarios”, relató Marroquín ante las cámaras.

César Armando Marroquín, coordinador de equipos tácticos de Protección Civil de El Salvador, durante su participación en una entrevista televisiva en la que compartió las vivencias del equipo de rescate en Venezuela (Cortesía: Secretaría de Prensa).
César Armando Marroquín, coordinador de equipos tácticos de Protección Civil de El Salvador, durante su participación en una entrevista televisiva en la que compartió las vivencias del equipo de rescate en Venezuela (Cortesía: Secretaría de Prensa).

La vivencia de los rescatistas fue acompañada por una atención psicológica permanente. Según explicó el coordinador de Protección Civil, cada integrante del equipo recibió sesiones de soporte emocional tanto en Venezuela como a su regreso. “Se hace una interfaz de los momentos vividos con el actual para poder llegar a un contexto normal de su situación laboral”, detalló Marroquín en la entrevista recogida por Frente a Frente.

Además, el impacto de ingresar a espacios reducidos, encontrar cuerpos y, en ocasiones, rescatar personas con vida, exige una fortaleza emocional que solo se cultiva con preparación y acompañamiento.

El testimonio de Marroquín incluyó escenas de tensión máxima, como la operación de rescate de una mujer atrapada junto a su pareja fallecida. “Al encontrar vida, haces hasta lo humanamente posible, técnicamente, para extraerla”, afirmó el coordinador. La intervención del componente médico de Fosalud fue clave: personal entrenado en estabilización y rescate se internó en los escombros para asistir a las víctimas, controlando riesgos y evitando complicaciones médicas.

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La solidaridad se manifestó no solo en la colaboración internacional, sino también en la decisión de no abandonar el terreno mientras persista la posibilidad de encontrar sobrevivientes o entregar cuerpos a sus familiares. “No es abandonar a un pueblo que lo necesita”, sentenció Marroquín, en línea con la instrucción presidencial de mantener la presencia salvadoreña hasta el final de la emergencia.

Personal médico salvadoreño brinda atención en el hospital de campaña instalado en Venezuela como parte de la misión humanitaria tras los terremotos (Cortesía: Secretaría de Prensa).
Personal médico salvadoreño brinda atención en el hospital de campaña instalado en Venezuela como parte de la misión humanitaria tras los terremotos (Cortesía: Secretaría de Prensa).

La misión ha sorteado numerosos desafíos, desde la complejidad estructural de los edificios hasta la presión de las familias por obtener noticias de sus seres queridos. La remoción de escombros requirió maquinaria pesada enviada desde El Salvador y el trabajo coordinado con autoridades venezolanas. Se estableció un hospital de campaña y se distribuyeron 155 toneladas de suministros médicos y de primera necesidad para atender las demandas inmediatas de la población.

El hospital de campaña permanece activo, brindando servicios tanto a heridos como a quienes sufren quebrantos emocionales tras la pérdida de familiares. En lo logístico, el equipo de Protección Civil implementó relevos operativos para evitar golpes de calor y fatiga extrema.

Desde su cama de hospital, Marlene Santana, sobreviviente de dos terremotos, relata con una sonrisa el momento en que los rescatistas le dieron agua a través de una manguera, y a la peculiar petición de una Coca Cola. (Infobae Centroamérica/EFE)

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A pesar de la magnitud de la emergencia, todos los rescatistas salvadoreños regresaron sanos y salvos. Al regresar, los integrantes del equipo pasaron por controles médicos y recibieron apoyo psicológico para procesar las experiencias vividas.

El compromiso salvadoreño sigue vigente. La operación humanitaria continúa en la zona, con la presencia de personal médico, rescatistas y apoyo logístico para la remoción de escombros y la atención a la población. La experiencia en Venezuela, sumada a misiones anteriores en países como Turquía, fortalece la preparación de los equipos tácticos y deja un aprendizaje clave: más allá de la técnica, es la humanidad la que sostiene cada rescate y acompaña a quienes enfrentan el dolor de la pérdida.



corresponsal:Desde San Salvador, El Salvador

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Trump admin fires US attorney in Seattle minutes after he was appointed

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The Trump administration took the fight over who controls U.S. attorney appointments to a whole new level, firing a Seattle-based prosecutor less than an hour after he was picked for the job without the blessing of the administration.

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«District court judges can appoint a temporary U.S. Attorney, and POTUS can fire them,» acting Attorney General Todd Blanche wrote Wednesday on X as he was testifying before the Senate in his confirmation hearing, calling out a U.S. District Court for the Western District of Washington state panel for elevating Judge Roger Rogoff to be the top federal prosecutor in Seattle.

«WDWA judges abandoned the time-honored process of consultation with the administration so that the selected U.S. Attorney is qualified to serve in the administration,» Blanche said. «Roger Rogoff has been fired by the President.»

That post came after Rogoff, 57, a former King County Superior Court judge and longtime state and federal prosecutor, was sworn in before 8 a.m. local time at the federal courthouse in downtown Seattle as U.S. attorney for the Western District of Washington.

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TRUMP’S AG NOMINEE RACKS UP MASSIVE SUPPORT AHEAD OF CONFIRMATION HEARING: ‘REAL RESULTS’

Judge Roger Rogoff spent 20 years as a state prosecutor and six as a federal prosecutor before becoming a state judge, and admitted he knew the administration might fire him immediately but did not reject taking on «the best job there is.» (Ted S. Warren/AP)

He then went to the U.S. Attorney’s Office and asked to meet with Charles Neil Floyd, the Trump administration’s preferred choice for the job, whose 120-day interim term expired in February.

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While Rogoff waited in the lobby, he received an email notifying him that Trump had removed him from office.

Rogoff’s situation was not mentioned in Blanche’s Senate confirmation hearing Wednesday, but Blanche is back before the Senate again Thursday and Rogoff now might be a notable topic of discussion during his confirmation process.

BIDEN JUDGE REJECTS TRUMP’S SANCTUARY CITIES LAWSUIT, SAYS EVEN A WIN WOULDN’T SOLVE DOJ’S PROBLEM

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The quick dismissal came after all 17 active and senior federal judges in the deep-blue district appointed Rogoff to the vacancy. The judges, appointed by five presidents (10 by Democrats and seven by Republicans), had opened an application process after the administration did not send Floyd’s nomination to the Senate and instead kept him in place by making him first assistant U.S. attorney while leaving the top job vacant.

U.S. attorneys, who serve as the Justice Department’s chief federal prosecutors in each district, are normally nominated by the president and confirmed by the Senate. Federal law allows the attorney general to name an interim U.S. attorney for 120 days. If that period expires without a confirmed nominee, district judges may appoint someone to serve until the vacancy is filled.

Because of obstruction by Democrats in the narrowly held Senate, the Trump administration has resorted to using acting titles and other personnel moves to keep its prosecutors in place. Courts have pushed back in several Democrat-heavy districts like Seattle and New Jersey, issuing legal challenges to the Justice Department and White House authority.

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«I don’t think it’s the way to run the Department of Justice,» Rogoff told The New York Times. «When you have this sort of made up way of putting people in these positions, the process breaks down.»

Sen. Patty Murray, D-Wash., opposed Floyd for the U.S. attorney job and blasted Rogoff’s quick firing.

«Throughout his career, he has demonstrated an outstanding commitment to public service, and he was appointed legally by the federal judges in the Western District of Washington,» Murray wrote in a statement. «This administration doesn’t want to deal with advice and consent — they just want to install cronies to carry out a corrupt political agenda.»

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LEGAL WAR ON TRUMP’S AGENDA GAINS FIREPOWER AS FEDERAL LAWYERS DEFECT TO DEMOCRATS

Trump administration officials have long noted that the «advise and consent» role of the Senate does not grant Democrats against Trump’s administrative priorities to be a hard block on his agenda and nominees, though.

Rogoff has retained an employment law firm and is considering a legal challenge to his firing.

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Fox News Digital reached out to Rogoff for comment.

The Seattle clash follows similar disputes elsewhere. In New Jersey, Alina Habba resigned as the top federal prosecutor after an appeals court said she had been serving unlawfully. In Virginia, Lindsey Halligan left an acting U.S. attorney post after a judge found her appointment unlawful and dismissed indictments she had brought against New York Attorney General Letitia James and former FBI Director James Comey.

The administration has also fired court-appointed U.S. attorneys in other districts.

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Rogoff, who spent 20 years as a state prosecutor and six as a federal prosecutor before becoming a state judge, said he knew the administration might fire him immediately. Despite this, he said he had no qualms about the potential conflict he was walking into, because being U.S. attorney is «the best job there is.»

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«I’m really proud of my career,» Rogoff said. «The fact that the judges of this district — most of whom I’ve spent my career appearing in front of, or trying cases against, or working with — believed that I was the right person to do this work is just really humbling and amazing.»

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The Associated Press contributed to this report.

justice department, todd blanche, politics, federal judges, white house

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Editoriales de The Times: El mundo debe despertar ante el horror que se vive en Sudán

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Cinco meses después de que las Naciones Unidas informaran sobre actos de genocidio en Sudán, otra catástrofe de derechos humanos podría ser inminente.

Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo rebelde que controla partes del país y tiene un historial de atrocidades, se han concentrado en las afueras de El Obeid, una ciudad de importancia estratégica, y casi la han rodeado.

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Cerca de 600.000 personas sufren una grave escasez de alimentos, agua y medicinas, y las RSF ya han matado a algunos civiles mediante ataques con drones.

«Las señales en El Obeid son claras e inequívocas:

otra catástrofe de derechos humanos se está desarrollando en Sudán», declaró el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.

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Existen muchas razones por las que la guerra de Sudán suele pasarse por alto, a pesar de ser más sangrienta que conflictos que reciben mucha más atención.

Sudán no encaja en los debates políticos mundiales de la misma manera que las guerras en Ucrania y Oriente Medio.

África es ignorada con demasiada frecuencia por quienes viven en otros continentes, lo que refleja un doble standard racial y económico.

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Sudán ha sido devastado por la guerra durante tanto tiempo que los esfuerzos por lograr la paz pueden parecer inútiles.

Ninguna de estas explicaciones es aceptable y alimentan los terribles costos del conflicto en curso.

La guerra en Sudán es una de las más letales del mundo, con un número de muertos estimado por observadores independientes entre 150.000 y 400.000. Más allá de las muertes y el sufrimiento de inocentes en el propio Sudán, cuanto más se prolonguen los combates, mayor será la probabilidad de que se extienda la inestabilidad regional.

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El mundo debe redoblar sus esfuerzos para detener la matanza y el desplazamiento masivo en Sudán, y la amenaza a El Obeid debería impulsar acciones urgentes.

Estados Unidos se encuentra en una posición privilegiada para presionar a las potencias regionales a intervenir para detener la amenaza actual y poner fin a la guerra.

La influencia de Estados Unidos sobre Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, naciones que han apoyado a las partes en conflicto, puede reactivar las conversaciones de paz e iniciar un alto el fuego.

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La administración Trump debería reafirmar urgentemente su compromiso con la paz en Sudán y proteger a los numerosos civiles inocentes que se enfrentan a la amenaza de agresión sexual, tortura y muerte.

Lograr la paz en Sudán no será fácil.

Desde su independencia de Gran Bretaña y Egipto en 1956, Sudán ha sufrido décadas de inestabilidad, incluyendo golpes de Estado, largas guerras civiles y el genocidio de Darfur a principios de la década de 2000.

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La principal división es étnica, más que religiosa.

Más del 90% de la población de Sudán es musulmana, pero se divide entre una mayoría árabe y varios grupos étnicos negros no árabes.

En el genocidio de Darfur, milicias árabes respaldadas por el gobierno sudanés asesinaron a cientos de miles de civiles negros.

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El conflicto actual comenzó después de que Omar al-Bashir, dictador que gobernó el país durante tres décadas, recortara los subsidios al combustible y al trigo en 2018, lo que provocó protestas.

Al año siguiente, el ejército y las milicias privadas que durante mucho tiempo dominaron partes de Sudán se unieron para derrocar al gobierno.

Pero su alianza resultó ser temporal, y pronto el ejército y las milicias comenzaron a luchar entre sí, lo que derivó en la guerra civil.

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Además de luchar por el territorio, ambos bandos intentan controlar los recursos naturales, incluidos el oro, el petróleo y los productos agrícolas.

Ambos han cometido atrocidades.

Por un lado están las Fuerzas Armadas Sudanesas, lideradas por el general Abdel-Fattah Burhan, a quien muchos países reconocen como jefe de Estado.

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Mantienen estrechos vínculos con los Hermanos Musulmanes, el grupo islámico radical con casi un siglo de antigüedad, y han recibido ayuda de Irán y Egipto.

La ONU ha acusado a las fuerzas armadas de cometer crímenes de guerra, incluyendo tortura y violencia sexual.

Organizaciones de derechos humanos las han acusado de usar armas químicas.

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Por otro lado, se encuentran las Fuerzas de Apoyo Rápido, un grupo predominantemente árabe liderado por el general Mohammed Hamdan Dagalo.

La ONU afirma que sus fuerzas han cometido actos de genocidio en los últimos años, masacrando a miembros de grupos étnicos no árabes en el oeste de Sudán desde 2023.

Dagalo también lideró grupos que cometieron atrocidades en Darfur hace dos décadas.

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Las Fuerzas de Apoyo Rápido se autodenominan antiislámicas y, según funcionarios estadounidenses, han recibido ayuda de los Emiratos Árabes Unidos.

El resultado es una guerra de una brutalidad excepcional que, con demasiada frecuencia, pasa desapercibida.

Si incluso la cifra más baja estimada de muertos en Sudán es correcta —150.000 personas—, duplica la cifra oficial en la Franja de Gaza y es comparable a la de soldados y civiles ucranianos.

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Millones de sudaneses también han sido expulsados ​​de sus hogares, algunos de ellos huyendo a países vecinos.

¿Qué podría hacer el mundo para detener el derramamiento de sangre?

El papel más importante lo desempeñan los países de Oriente Medio que han apoyado a uno de los dos bandos.

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Arabia Saudita, oficialmente neutral, ha ayudado a las Fuerzas Armadas Sudanesas.

Los Emiratos Árabes Unidos proporcionan armas y otro tipo de ayuda a las Fuerzas de Apoyo Rápido.

En lugar de avivar el conflicto, ambos países deberían usar su influencia para detenerlo.

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Estados Unidos también tiene un papel crucial que desempeñar. La administración Trump, al igual que la administración Biden antes que ella, intentó poner fin a la guerra, sin éxito.

En septiembre, Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos propusieron una hoja de ruta hacia la paz, que comenzaría con una tregua de tres meses seguida de negociaciones para la formación de un gobierno civil de transición.

Las Fuerzas Armadas Sudanesas rechazaron el plan.

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Las Fuerzas de Apoyo Rápido fingieron acogerlo con beneplácito, pero pronto lanzaron un ataque despiadado contra El Fasher, capital regional del oeste de Sudán, que incluyó la matanza de 6.000 civiles en tres días tras la caída de la ciudad, según constató la ONU.

Funcionarios de la ONU afirmaron que el ataque presentaba «las características definitorias de un genocidio».

Ante el casi cerco de El Obeid, el mundo debe tomar medidas urgentes.

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La administración Trump debería retomar el diálogo, al igual que los líderes europeos que afirman querer desempeñar un papel más importante en los asuntos globales en respuesta al aislacionismo esporádico del presidente Donald Trump.

Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos deberían cesar su miope disputa por la influencia en Sudán y priorizar el fin de las masacres.

La década de 2020 marcó un hito sombrío.

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Las muertes en conflictos armados a nivel mundial alcanzaron su nivel más alto desde el genocidio de Ruanda en 1994, poniendo fin a un largo período de relativa paz.

La continua tragedia en Sudán ha sido uno de los principales factores que han contribuido a esta nueva era de derramamiento de sangre.

El resto del mundo debe actuar para prevenir el creciente peligro para la población civil y para poner fin a la guerra en Sudán de una vez por todas.

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c.2026 The New York Times Company

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