ECONOMIA
Wall Street ahora se enfoca en el riesgo político y se mantiene cauto antes de la pelea de fondo Milei-Kicillof

La Ciudad de Buenos Aires dio la nota esta semana al colocar un bono a diez años en el mercado internacional por USD 500 millones. a una tasa de 7,37% anual, la más baja de su historia. Además, recibió propuestas por más de USD 3.000 millones, de los cuales el 80% correspondió a inversores internacionales y solo 20% a inversores argentinos.
Tras la exitosa emisión, el ministro de Hacienda porteño, Gustavo Arengo, contó detalles de las reuniones previas a la colocación en Nueva York: “Vimos en total a 46 fondos de inversión distintos. Prácticamente recibimos la misma inquietud de todos, que pasa por las dudas sobre el rumbo que tomará Argentina luego de las elecciones del 2027. Nadie quiere que tengamos de vuelta una marcha atrás”.
La agenda electoral pasó a un primer plano, pero no tiene que ver solo con un tema de ansiedad de los inversores. La caída de los Índices de Confianza en el Gobierno, la caída del poder de compra y escándalos como el que hace ya dos meses jaquea a Manuel Adorni, están impactando en la fortaleza del Presidente y su proyección electoral.
Este escenario de incertidumbre provoca que el mercado tome sus recaudos. Uno de los más visibles pasa por un riesgo país que se resiste a bajar de los 500 puntos básicos. Los más de USD 7.000 millones comprados por el Central en lo que va de 2026 o el financiamiento que ahora está consiguiendo el Tesoro a través de la emisión de Bonares en dólares no parece ser suficiente para convencer a los inversores. Aún a pesar de que el año pasado se pedía de manera insistente que el Central empiece a comprar.
La calificadora Fitch, que elevó la nota de la deuda argentina a B- esta semana, calculó que las reservas brutas del Central pegarán un salto desde los casi USD 46.000 millones actuales a poco más de USD 52.000 millones para fin de año. Tampoco parece ser un dato suficiente para convencer a los inversores a apostar por la deuda argentina, pese a que gradualmente mejora la capacidad de pago del Gobierno.
REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración
La diferencia de rendimientos entre el Bonar 2027 y el Bonar 2028 es un claro ejemplo de las dudas que surgen en relación al proceso electoral que atravesará la Argentina el año próximo. Mientras que el rendimiento del primero es de solo 5,1% anual en dólares, solo un año después salta al 8,7% anual. La diferencia pasa por las elecciones y la posibilidad de un recambio de signo político.
Este gobierno hizo un ajuste mucho más importante que el de Macri, pero la nota hoy está dos escalones por debajo que aquella vez; somos más cautelosos y no nos queremos apurar
El vicepresidente de Moodys para América Latina y encargado de la calificación argentina, Jaime Reusche, pasó esta semana por Buenos Aires y dejó una definición sugestiva: ”Este gobierno hizo un ajuste mucho más importante que el de Mauricio Macri. Sin embargo, la nota hoy está dos escalones por debajo que aquella vez porque nosotros también somos más cautelosos y no nos queremos apurar”.
No obstante, también dejó trascender que en dos semanas comenzará formalmente el proceso de revisión de la nota y que habrá una definición “antes de julio”. Lo más probable es que la decisión sea a un mejora que siga los mismos pasos de Fitch.
Luis “Toto” Caputo también se refirió a la reticencia de los mercados por redoblar la apuesta en Argentina: “Sigue pesando el riesgo kuka. Para mí se equivocan, porque no hay ninguna posibilidad de que vuelvan”, aseguró en referencia al kirchnerismo.

En la oposición, sin embargo, empiezan a moverse de cara al 2027. En ese marco hay que entender la presentación de Axel Kicillof en la Feria del Libro tras el viaje por Europa. No parece una casualidad que su flamante libro “De Smith a Keynes” tenga en su título nada menos que Adam Smith, el padre de la libertad de mercado pero al mismo tiempo también las políticas keynesianas, que aluden a una mayor presencia del Estado para reactivar la economía.
El gobernador bonaerense tendrá un arduo recorrido para llegar a las elecciones. Primero, necesita llegar como candidato de unidad del peronismo y kirchnerismo. Pero luego tiene un desafío enorme: convencer a los mercados que no se repetirá la fallida experiencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en 2019.
La victoria de aquella fórmula presidencial provocó una caída récord de la Bolsa y de los bonos. A los pocos meses el ministro de Economía, Martín Guzmán, ya avanzaba con una nueva renegociación de la deuda en dólares.
Kicillof, si quiere asegurar gobernabilidad en caso de una victoria presidencial, deberá convencer a Wall Street que está convencido de mantener el superávit fiscal y que la deuda debe ser honrada. El dilema es cómo hacer campaña para asegurarse al electorado pero al mismo tiempo no espantar a los inversores. Le juega en contra la historia de cepos, default, cierre de la economía y brecha cambiaria que acompañó a las distintas gestiones kirchneristas.

Claro que todavía queda mucho por andar hasta llegar a las elecciones del año que viene. Los tiempos se aceleran, sin embargo, porque el Gobierno no tendría los votos para eliminar las PASO. Por lo tanto, el calendario electoral está mucho más cerca de lo que parece.
La marcha de la economía será fundamental para que se detenga el deterioro de los últimos meses que sufrió la imagen de Milei.
El jueves se conocerá el dato de inflación de abril, que arrojará una disminución por primera vez en diez meses. Este descenso continuaría en los próximos meses y según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) se perforaría el 2% en agosto. El descenso de la inflación es clave para que empiece a repuntar el poder adquisitivo, luego de muchos meses de deterioro.
La liquidación de la cosecha gruesa traerá una lluvia de dólares en la próxima semana, lo que le permitirá al Central acelerar la compra de divisas y acumular reservas. La gran pregunta es hasta qué punto habrá un efecto derrame por ejemplo en los grandes centros urbanos.
La industria y la construcción arrojaron un interesante rebote luego de la caída de febrero. Pero por ahora no parece una tendencia firme. Los datos adelantados de abril sugieren que no logró mantenerse el envión y que se trata de sectores más bien amesetados.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Otra variable que juega a favor es la baja de la tasa de interés, sobre todo para el financiamiento de capital de trabajo de las PYMES. Hoy el descuento de cheques ya se está haciendo a tasas del 27% anual, muy lejos del 70% y hasta 80% del año pasado. Esto debería servir como efecto dinamizador para las empresas.
Una variable a favor es la baja de la tasa de interés: el descuento de cheques se está haciendo al 27% anual, muy lejos del 70% y hasta 80% del año pasado
La economía de los próximos meses proyecta más crecimiento pero que seguirá concentrado en sectores que no generan mucha mano de obra, como el agro o la energía. Además, el dólar se mantendrá tranquilo aunque podría empezar a subir en el segundo semestre, mientras que la inflación se proyecta en baja en forma gradual.
Todavía la incertidumbre se proyecta en la situación de los grandes centros urbanos, especialmente el Conurbano, más afectado por el cierre de fábricas e ingresos deprimidos. Se trata de un amplio segmento de la población que eventualmente puede definir el resultado de las elecciones del año próximo.
ECONOMIA
Brasil: sin margen fiscal

Brasil llega a las elecciones presidenciales con una incipiente crisis fiscal que promete ser uno de los principales desafíos para el próximo gobierno. Después de casi cuatro años de gestión de Lula, el déficit consolidado de las finanzas públicas se aproxima al 10% del PBI, según los datos del Banco Central de Brasil.
El deterioro es evidente frente al déficit de 4% que dejó Bolsonaro en 2022, aún después de la pandemia.
Parte del deterioro de los últimos años se explica por el resultado primario. Lula recibió una economía que llevaba más de un año registrando superávit primario. Pero desde inicios de su gestión, lo revirtió y este año apunta a un déficit de 0,7% del PBI.

Pero el principal factor de presión sobre las cuentas públicas está en los intereses de la deuda.
Brasil enfrenta una combinación de elevado endeudamiento con altas tasas de interés en moneda local, catapultando la carga de intereses de la deuda pública.

La tasa de interés sobre la deuda local supera actualmente el 14% anual, un nivel similar al observado durante los últimos meses del gobierno de Dilma Rousseff, antes de su impeachment. Pero esta vez, con una inflación cercana al 4%, la tasa de interés real se ubica alrededor del 10 por ciento.

Esta combinación tiene un impacto directo sobre la dinámica fiscal.
El pago de intereses alcanza actualmente casi 9% del PBI y constituye una de las principales fuentes del déficit.

Según los últimos datos oficiales, correspondientes a 2024, los intereses de la deuda se convirtieron en el segundo mayor componente del gasto público brasileño, por encima del gasto destinado a educación, salud, seguridad y defensa.

La deuda pública
El persistente déficit fiscal también se refleja en la evolución del endeudamiento público.
En 2013, la deuda pública era equivalente a 60% del PBI, hoy llega al 100% del PBI.

La casi totalidad de la deuda pública de Brasil es en moneda local (96,3 por ciento).
Medida en dólares, la deuda ronda los USD 1,8 billones (1,8 billones). De ese total, aproximadamente una quinta parte vence durante los próximos doce meses.
Lula recibió una economía que llevaba más de un año registrando superávit primario. Pero desde inicios de su gestión lo revirtió
El próximo presidente asumirá con unos USD 360.000 millones de deuda que deberán ser refinanciados durante su primer año de gestión.

A este cuadro se suma un problema adicional: la deuda pública ya empieza a ser una carga para la economía y se refleja en la desaceleración del crecimiento económico. Pese al buen desempeño de las materias primas agrícolas y de los precios de la energía, el crecimiento del PBI de Brasil se ubica en su menor nivel de los últimos cinco años.
El crecimiento del PBI de Brasil se ubica en su menor nivel de los últimos cinco años
Esto agrega presión a una dinámica de deuda/PBI ya deteriorada. El desafío del próximo gobierno, por lo tanto, será doble: corregir el resultado fiscal y, al mismo tiempo, relanzar la tasa de crecimiento.

El real en juego
El equilibrio cambiario luce cada vez más frágil y pone al real en zona de riesgo. La estrategia del Banco Central de sostener tasas de interés reales en torno al 10% ha funcionado hasta ahora como un dique de contención: garantiza el apetito por los títulos en moneda local y ancla transitoriamente la cotización de la divisa.
Pero a estos niveles la tasa Selic del Banco Central sirve más para sostener el carry y retener los capitales que para frenar la inflación. El costo lo paga el Tesoro.
La estrategia del Banco Central de sostener tasas de interés reales en torno al 10% ha funcionado hasta ahora como un dique de contención
Cerca de la mitad de la deuda pública interna está indexada a la Selic, y el resto se renueva en plazos cortos, de modo que la tasa que fija el Banco Central termina siendo, en los hechos, la tasa de la deuda.

Pero el costo es creciente, la carga de intereses ya es 10% del PBI y acelera la dinámica explosiva de la deuda pública, ya en el 100% del PBI. Es una trampa clásica de tasa: el Banco Central sube la tasa para estabilizar el mercado cambiario, pero la mayor carga de intereses aumenta el déficit fiscal, reiniciando el ciclo que pide más tasa.
El Gobierno puede insistir, pero todo carry tiene un límite y lo decide el mercado.

Los amortiguadores
Hasta ahora la economía pudo contar con dos grandes colchones para mantener bajo el riesgo país:
- Las reservas internacionales que se mantienen estables en torno a los USD 360.000 millones. Sus oscilaciones de los últimos años respondieron sobre todo a efectos de valuación: más de un cuarto de las reservas está invertido en otras monedas o en oro, de modo que el precio del metal y los movimientos del dólar mueven el stock sin que entre ni salga un solo dólar.
- En 2022 la caída del precio de los Tesoros.
La única venta significativa de reservas fue a fines de 2024, cuando el Banco Central volcó miles de millones de dólares al mercado para frenar una crisis de confianza en el real.

Segundo, el saldo comercial que apunta a cerrar el año cerca de los USD 87.000 millones, el segundo más alto de la serie después del récord de 2023. Lo explican sobre todo los mayores precios internacionales de las materias primas.

El desafío para el próximo ciclo presidencial
El margen de maniobra para la próxima administración no es elevado. A pesar de las cuantiosas reservas y del saldo comercial, pretender aliviar la carga de intereses recortando la tasa de referencia sin implementar antes un ajuste fiscal desataría una salida inmediata del carry trade local.
Sin ancla fiscal ni premio por tasa, la demanda de deuda soberana caería en picada y trasladaría toda la presión sobre el tipo de cambio, materializando una devaluación del real que reavivaría el frente inflacionario.
Difícilmente haya margen para seguir procrastinando un ajuste fiscal que permita bajar la tasa de interés sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria
Difícilmente haya margen para seguir procrastinando un ajuste fiscal que permita bajar la tasa de interés sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria.
Con un déficit fiscal de 10% del PBI, un stock de deuda llegando a 100% del PBI y una economía que se estanca ante elevadas tasas de interés, la dinámica de las cuentas del Estado será el principal desafío que enfrentará quien gane las elecciones. La salud de la moneda estará en juego.
Los autores son máster en Economía de la Universidad de Tilburg, en Holanda, y en Management de la Universidad Luiss, Italia, y director de la consultora Econométrica, respectivamente
ECONOMIA
La inflación de octubre podría rozar el 2% y complica la meta oficial del 29% anual

Si no hubiéramos tenido que enfrentar el intento de siete golpes de Estado, 40 leyes intentando romper el equilibrio fiscal, la gente haciendo actos terroristas en la calle y algunos jugadores de mercado con ganas de romper todo, la inflación ya estaría empezando con cero hace rato (Milei)
Noviembre y diciembre son dos meses que suelen ser un poco más complicados en términos de precios por la propia dinámica estacional que traen el comienzo de las vacaciones y las fiestas (Bisang)


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ECONOMIA
La industria perdió 415.000 empleos en tres años, mientras la gastronomía sumó 495.000

La tasa de empleo pasó de 44,6% a 45% de la población
El segmento administración pública, la defensa y la seguridad social registró una pérdida de representatividad de 8,6% a 7,1% del total
El total de no asalariados aumentó en 633.000 personas (11,9%) y ganó dos puntos porcentuales de representatividad
- Las mujeres de 65 años y más registraron el mayor incremento porcentual, con 138.000 puestos adicionales (41,3%), lo que elevó su peso en el total ocupado de 1,6% a 2,2 por ciento.
- Los varones del mismo tramo etario sumaron 74.000 empleos (15,1%) y pasaron de 2,4% a 2,7% de representatividad. Las mujeres de 30 a 64 años sumaron 460.000 ocupadas (6,9%) y ampliaron su participación de 32,6% a 33,6 por ciento.
El empleo creció más entre las mujeres mayores y bajó entre las jóvenes
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