CHIMENTOS
Yanina Latorre explotó de furia como nunca, a puros insultos contra un famoso actor: «No hay que darle trabajo a ese hijo de p…»

La polémica en torno a la biopic de Andrea Del Boca sigue creciendo y sumó un capítulo explosivo tras las durísimas declaraciones de Yanina Latorre. Todo se originó a partir de la versión que indica que Juan Darthés podría formar parte del proyecto, una biopic sobre su historia con Ricardo Biasotti, una posibilidad que generó un inmediato rechazo.
El dato no tardó en instalarse en los medios y, como era de esperarse, abrió un fuerte debate. En ese contexto, Yanina fue una de las voces más críticas y no dudó en manifestar su indignación frente a esta eventual decisión.
“¿Ustedes saben a qué actor están buscando para que haga a Biasotti? A Juan Darthés. ¿Hay algo más estigmatizante?”, lanzó en primer lugar, dejando en claro su sorpresa por el rumbo que estaría tomando el proyecto, desde su canal en El Observador.
Pero lejos de quedarse ahí, profundizó su postura con una frase aún más fuerte, en la que expuso cómo se construiría ese personaje: “¿Hay algo más estigmatizante? Lo quieren dejar como un hijo de p…, violador y abusador”, disparó, generando un fuerte impacto.
YANINA LATORRE FURIOSA CONTRA JUAN DARTHÉS
La panelista también apuntó directamente contra Andrea Del Boca, cuestionando el trasfondo de la decisión. “Me parece de una mente diabólica. No hay que darle trabajo a ese hijo de p… y menos para estigmatizar a un hombre que hoy es inocente», sostuvo, sin filtros, alimentando aún más la polémica.
En la misma línea, Yanina fue por más y dejó una definición contundente sobre Darthés: “Es un hijo de p…”, afirmó, dejando en claro su postura personal frente al actor y todo lo que lo rodea.
Finalmente, cerró con una frase que resume su enojo: “Es demasiado, se fueron todos los límites”. La biopic, que aún ni siquiera comenzó a rodarse, ya quedó envuelta en un escándalo que promete seguir sumando repercusiones.
Yanina Latorre, Andrea del Boca, Ricardo Biasotti
CHIMENTOS
Diego y Omar Romay: “Billy Elliot es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos”

No cualquiera…
Cuando “salir a jugar” quería decir exactamente eso, salir a jugar a la pelota (en la vereda) o a la escondida con los amigos del barrio (“¡piedra libre para todos los compa!!!!“) y no sentarse fente a la compu para ”jugar a la Play“… En esos días no cualquiera podía darse el gusto de, con tan solo 17 años, encontrarse produciendo un programa de la tele muy pero muy visto, Musica en Libertad, o conocer de primera mano el back de la polémica y bizarra visita de Los American Beetles, en 1964, que además de sobrarles una E y faltarles una A, lo que más les faltaba, claro, era Paul, John, George y Ringo, más allá de sus morochos flequillos…
Todo eso le pasó a Omar Romay desde muy chico.
O corretear, por ejemplo, entre los auténticos decorados de Darío Vittori o las mesitas tipo bar de Grandes Valores del Tango…
Eso también le pasó a Diego Romay desde muy chico.
Claro, así cualquiera: porque Omar y Diego son de la dinastía Romay, hijos de Alejandro, el Zar, para cualquiera que tenga más de 40, sinónimo automático de Canal 9, el canal de la palomita, que es como decir José de Zer (“¡Seguime, Chango!“”), Raúl Rossi, “¡Y feliz domingo para todossssssssssss!“, en fin, horas y horas de TV, teta nutritiva de más de una generación de cuando la tele era blanco y negro y, al apagarla, quedábamos colgados de ese sugestivo puntito luminoso que seguía titilando en la pantalla.
Todo eso es ayer. Hoy, ahora mismo, Diego y Omar están reunidos con Teleshow (“¡Nuestra primera nota juntos, eh!”, vende con estusiasmo el encuentro Diego), y es que Omar vive en Miami y está recién llegado para el inminante estreno… Lo que están por estrenar los hermanos —este 27 de mayo— es Billy Elliot, el Musical en el teatro Opera.
Seguramente, todo el mundo recuerda la película; incluso los que no la vieron saben de qué va: estrenada en el año 2000, cuenta la historia de Billy, un niño de clase obrera de 11 años, que crece en el proletario condado de Durham, Inglaterra. Hacia 1984/85 descubrirá su pasión por el ballet justo en los críticos días de Margaret Thatcher, cuando un profundo ajuste estatal dispara conflictos sociales… Entre ellos, la famosa huelga minera, el principal sustento económico de la región, que deja sin trabajo tanto a su padre, Jackie, como a su hermano mayor, Tony, ambos mineros. Con este trasfondo social, el nudo conflictivo del filme se plantea cuando Jackie descubre que Billy, a quien mandó a practicar boxeo “como los hombres”, en realidad se enamora del ballet, luego de ver una clase accidental en su gimansio. Billy lo sabe, lo siente, está seguro: la danza es su vocación.Y abrazará ese sueño más allá de la oposición familiar y de los prejuicios sociales. Fin. Aplausos, lágrimas, saquen los pañuelos…
—Imposible hablar de Billy Elliot, entonces, sin remontarnos a la peli. ¿Cuándo recuerdan haber visto la peli?
Diego: —Hará diez años atrás la habré visto. Y recién después vi el musical.
Omar: —Yo la película no la vi, vi la obra en Madrid, cuando estrenamos -en coproducción- en nuestro teatro, el Alcalá, hace cuatro años atrás. Pero fue Diego el que se enamoró de la pieza antes que yo, y empezó a explorar la posibilidad de traerla a Buenos Aires.
Diego: —Y ahí Omar me dijo: “¿Por qué no la hacemos juntos? Yo te ayudo, te acompaño”.
Omar: —Totalmente, pero me acuerdo como si fuera hoy, la hora cero habrá sido casi dos años atrás en el Círculo Italiano, ahí, en Libertad al 1200, un restaurant al que mi papá iba mucho. En Madrid duró… ¿cuánto, tres, cuatro años…?
Diego: —… tres temporadas.
Omar: —Fue un éxito enorme. Estamos hablando… no sé, unas quinientas mil personas habrán pasado.
—Y acá están a punto de estrenar la versión argenta, el proximo miércoles 27 de mayo, o sea, días de ensayo general…
Omar: —Sí, pero en el caso de Billy…, como hay tres elencos, se tienen que pasar tres ensayos generales…
—¿Cómo es eso de los tres elencos? Desarrollenlo un poco…
Omar: —Un tema de minoridad.
Diego: —Minoridad te obliga a que ningún chico menor de dieciocho años puede hacer determinadas cantidades de funciones semanales. Pensá que en total tenés ochenta y cuatro personas en escena.
—Repasemos, entonces, el proceso desde el casting inicial hasta esta realidad del estreno…
Diego: —Bueno, Teleshow tuvo la oportunidad de ver todo desde el casting inicial que se hizo en la Fundación Julio Bocca. Primero tuvimos las audiciones, que fueron hace un año y medio atrás. Ahí fueron quedando seleccionados los chicos candidatos para Billy… De ahí pasamos a ensayar durante un mes y medio en un estudio cerrado, que buscamos uno estudio que replique las medidas del escenario, porque requería un espacio grande, que, ¿sabés dónde fue?

—¿Dónde?
Diego: —¡En Canal 9, justo! Y de ahí ya saltamos a los ensayos finales acá, en el Opera.
—¿Cómo está la venta previa? ¿Expectativas…?
Diego: —Supercaliente, lo notamos en llamadas a la boletería y, sobre todo, en redes. Mirá, te muestro -y muestra-. “¿Cuándo agregan funciones? ¿Cuándo agregan funciones?” -le preguntan varios posteos.
Omar: —Eso es, aclaremoslé a la gente, porque la obra va a estar hasta el 2 de agosto: sólo ocho semanas.
—¿¡Solo ocho!? ¿Por? ¿No es una inversión muy grosa para presentarla sólo ocho semanas?
Diego: —Por el teatro; el Opera, después del 2 de agosto, ya tenía programado otros shows. Pero sí que hay dos o tres semanas de agosto que por ahí seguimos… Billy Elliot es una obra auténticamente familiar; muchos pueden verla como una infantil, pero no: acá se interpela tanto a los chicos como a los mayores. Y tiene ese gran mensaje de que, más allá de las dificultades sociales que te ha tocado atravesar, con determinación, y creyendo en vos mismo, los sueños se pueden hacer realidad.
Omar: —Incluso fijate que incluye el tema de la grieta mucho antes de lo que se hablaba acá…
—¿Te referís al hecho de que la historia sucede en Inglaterra a mediados de los ‘80, plena época de la Thatcher, cuando la famosa crisis de los mineros?
Omar: —Claro, esa grieta se internacionalizó. Acá la vivimos muy de cerca, pero la obra la encara frontal, en el sentido de la importancia de la unidad del obrero para proteger sus derechos y sus luchas. Y por el otro lado, la libertad que Billy representa, que es la individualidad, los deseos personales de superación. Y esa discusión que existe en la obra entre qué hay que privilegiar: si el avance del sindicato o el progreso individual…
—Bueno, una cosa no quita la otra, pero sí está muy presente ese conclicto, es cierto, y salir de un teatro y poder hablar de esas cosas con los pibes siemprre está bueno, ¿no?
Omar: —Absolutamente. Para mí, es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos, ya vas a ver…
—Ya veremos, entonces. Ahora sí, los llevo un poco hacia atrás, o bien para atrás mejor: ¿dónde comienzan, para cada uno, sus primeros recuerdos en relación a “mi papá es el dueño de Canal 9″?
Omar: —El Nueve nace en el ’63, yo tenía siete años. Y me acuerdo que una mañana de domingo papá nos llamó a los tres más grandes al dormitorio y nos dijo que se iba a meter en un proyecto muy grande, que le iba a llevar veinticuatro horas-siete en la cabeza. Y si estábamos de acuerdo, si lo apoyábamos, ¿qué pensábamos de eso?
—Bueno, si pienso en tanta tarea hecha con Bonanza de fondo (¡ese mapa quemándose en los títulos!), en tantos Feliz Domingo con Marconi primero y Soldán después, los aplausos para Darío Vittori cuando abria esa puerta en su living de vodevil, y así podría seguir, digo está claro que en aquella reunión familiar le dieron su okey a papá Romay…

Omar: —Hasta ahí la radio había sido una experiencia familiar y la televisión ya no lo iba a ser. Cuando en el ’58 papá accede a Radio Libertad, la radio era un espacio donde íbamos a visitarlo, participaba toda la familia. El estaba en una cabina de locutores trabajando o podía estar en la oficina y nosotros íbamos a verlo. En cambio después viene la televisión y él ya sabía que le iba a chupar la cabeza. A partir de ahí vivimos otra experiencia. Ahí mi recuerdo más grande tiene que ver con los programas ómnibus, sábado y domingo, que eran de ocho horas de duración. Papá los dirigía desde una cabina en el segundo piso, que tenía una gran vidrio sobre el estudio principal…
—¿Qué programas eran?
Omar: —Y, ahí arranca Sábados Continuados, originalmente con Antonio Carrizo y después con Emilio Ariño. Los domingos también estaba Domingos de la ciudad...
—¡Cómo! ¿No era Feliz domingo?
Omar: —¡Noooooo! Domingos de la ciudad es anterior. Pero el recuerdo más intenso no es con Sabados continuados sino con Sabados de la bondad, con Héctor Coire. Ibamos a ese lugar en el segundo piso. Mamá llevaba comida o cocinaba (había una pequeña cocinita) y comíamos mientras veíamos el programa desde arriba. Había muchos invitados, de pronto venía Pelé desde Brasil, por ejemplo; o Cantinflas, Mario Moreno, desde México, o Mina desde Italia, y yo aprovechaba para pedirles una foto, claro…


—¿Estamos hablando de qué año… 1963, ‘64?
Omar: —Un poquito más: ‘65-’66…
—O sea, pasaron a vivir en el canal, entre comillas…
Omar: —Total. Y pasamos a ser parte de un mundo de artistas, qué sé yo… —Se queda pensando—. Mirtha empieza con sus almuerzos… En realidad, la anécdota es que ella viene a competir por una institución de bien público -pasaba mucho eso- y hacía tiempo que no hacía cine. Sube al segundo piso y estaba muy hermosa con un sombrero, me acuerdo. Y papá le dice: “¿Por qué no te venís en la semana y hablamos?“, y ahí se inicia el primer contacto que la lleva a firmar con papá por los almuerzos.

—En cambio a vos, Diego, te agarra más pequeño…
Diego: —Claro, con ocho… no, nueve años.
—¿Y tenés imágenes vivas todavía?
Diego: —¡Muuuuuuuuuy! Y así como Omar lo toma a mi viejo en el viaje de ida en el canal, yo lo tomo en el viaje de vuelta. Era la época en la que estaba volviendo la democracia… a mí me agarra con doce, trece años. En esa época era muy divertido ir a jugar entre los decorados de las novelas…
—¿Hablamos del histórico pasaje Gelly, no?
Diego: —¡Gelly tres tres siete ocho, claro! Ahí arranca mi historia en el canal. Ya un poquito más de preadolescente me acerqué a un director muy legendario de esa época, Raúl Caserta, y jugábamos mucho con su hijo también. Era el placer de salir del colegio —aparte yo iba medio día— y a la tarde mandarme para el canal a divertirme.

—Por cierto, leí por ahí que ya en la secundaria, participaste con tu escuela en Feliz Domingo y gracias a que tenías algunos contactos… en fin, perdían pero seguían. ¿Verdadero o falso?
Diego: —(Risas) Cierto. Yo iba al colegio Dorrego, que ya no existe más. Llegó quinto año y obviamente nos anotamos, a ver si ganábamos el vviaje a Bariloche! Pero perdimos.
—Momento, ¿etapa Marconi o Silvio Soldán?
Diego: —No, no, Silvio Soldán…
Omar: —Con Jorgito Rossi…
Diego: —… claro. Pasó que perdimos en primera ronda.
—¡Pará, pará, Diego!, diría Fantino. Pensá que fuimos toda una generación tratando de combatir la culpa porque en lugar de estar estudiando para el otro día Historia (¡con la Menotti en mi caso, muy brava, la Menotti!) o Física (¡con el Toto Epstein!, sigue recordando el cronista), en lugar de eso nos colgábamos con Feliz Domingo hasta que tarde o temprano mi viejo me preguntaba “¿no tenés nada que estudiar, vos?» Así que despacio, Diego…
Diego: —(Risas) No, y nada… lo confieso: si bien perdimos, se hicieron algunas gestiones sobre la marcha y logramos llegar al repechaje…
—¿Y… cómo les fue?
Diego: —Ni así, perdimos igual (más risas).
Fin.
Fotos: Jaime Olivos
CHIMENTOS
El recuerdo de Rodrigo Bueno: los amores del seductor que vivió al límite y dejó una huella imborrable

Apuesto, carismático y talentoso. El paso de Rodrigo Bueno por este plano fue breve, pero intenso. El cuartetero había nacido hace 53 años, más exactamente el 24 de mayo de 1973, en Córdoba capital. Y aunque trabajó mucho para poder convertirse en un ídolo popular, su salto a la fama se dio de manera repentina y contundente. Pero quizá no supo lidiar con tanta exigencia. Se vio sobrepasado. Y, el 24 de junio de 2000, un mes después de haber cumplido los 27, murió en un accidente de tránsito volviendo de la ciudad de La Plata, adonde había ido a dar un show. Uno de tantos.
Podría decirse que casi no llegó a disfrutar de su éxito. Es más, después de un año de furor en el que batió el récord de llenar 13 veces el Luna Park, el Potro anunció su retiro de los escenarios. Pensaba dar un último recital el 25 de diciembre en el Estadio de River Plate, a modo de despedida, para después dedicarse a la producción. Decían que estaba amenazado. Que necesitaba parar. Todo se había dado demasiado rápido. Y cuando nadie podía imaginarlo, o sí, la tragedia lo sorprendió.
Desde el preciso instante en que se confirmó su partida, empezó a crecer el mito. Y, al día de hoy, su recuerdo sigue presente entre sus fanáticos y su música sigue sonando. Pero también se continúan rememorando sus romances, formales o no. Porque, ante todo, el cordobés era un seductor. Y las mujeres caían rendidas frente a él. Sin embargo, muy pocas lograron ganarse un lugar en su corazón. Todas ellas, a pesar de sus desprolijidades, lo recuerdan con un inmenso amor.

La más famosa de sus novias, y por ende la que más ha hablado de él en los medios, fue Marixa Balli. Corría el año 1992. Rodrigo estaba en pleno crecimiento profesional y se obsesionó con ella, que ya se había consagrado como La diosa del verano en el ‘90 en Ritmo de la Noche, el exitoso programa de Marcelo Tinelli. Así que decidió convocarla para que formara parte del videoclip de La chica del ascensor, con la única intención de conquistarla.
La creadora de La Cachaca, a decir verdad, ni siquiera lo conocía. Y tuvo sus reparos a la hora de aceptar la oferta laboral. Sin embargo, una vez frente a él, no pudo resistirse a sus encantos. El cuartetero supo seducirla de inmediato y ambos comenzaron un noviazgo intenso, marcado por la pasión y los celos. Marixa fue una de las mujeres más importantes de su vida. Sin embargo, Rodrigo y ella no pudieron compatibilizar sus caracteres. Y, al cabo de tres años, la relación se terminó. Aunque el afecto se mantuvo intacto. Y, cada tanto, ambos rememoraban los buenos tiempos con algún encuentro furtivo.

Patricia Pacheco fue la mujer que acompañaba a Rodrigo el día del fatal desenlace. Para entonces, ya hacía mucho tiempo que había dejado de ser su pareja, agobiada por las infidelidades del cantante. Pero ambos tenían un hijo en común, Ramiro, quien también iba en el coche en el momento del accidente ocurrido en la autopista Buenos Aires-La Plata a la altura de Berazategui y que, al igual que su madre, salvó su vida de milagro.
El Potro la había conocido en 1996, en un bar situado frente a los estudios de Crónica TV, mientras daba una entrevista para presentar Lo mejor del amor, tema que con el tiempo se convertiría en uno de sus mayores hits. Los dos eran muy jóvenes: él tenía 23 años y ella 20. Así que bastaron un par de miradas y algunas pocas palabras para que terminaran intercambiándose los teléfonos y acordando una cita. La primera de varias.
Lo cierto es que no se dieron el tiempo suficiente como para consolidar la relación. A poco de haber comenzado el romance apostaron a la convivencia. Y decidieron buscar su hijo, quien llegó al mundo el 1 de julio de 1997. Entonces todo se complotó contra la pareja. El Potro empezó a despegar en su carrera, lo que lo obligaba a viajar permanentemente y estar fuera de su casa. Y a esto se le sumaba su debilidad por el sexo opuesto. De manera que Patricia se empezó a sentir cada vez más sola y vulnerable. Hasta que, finalmente, optó por la separación.

Otro de los grandes amores de Rodrigo fue Sarita Carrera. Ella era secretaria de Qué bochorno, un ciclo que se emitía por Canal 26 con la conducción de Torry Palenzuela y que todas las semanas recibía a distintos músicos. El Potro la conoció en 1997, justamente, en los estudios de ese programa donde había ido a cantar El Cucumelo. Según cuentan los testigos, quedó flechado. Pero claro, en ese momento, ya había formado una familia y no podía blanquear este romance, que recién salió a la luz muchos años después.
Aunque no se hizo pública, la relación con esta mujer habría sido la que terminó de ponerle un punto final a la relación con la madre de su hijo. Cuentan que Rodrigo estaba tan embelesado con Sarita, que la agasajaba con flores y bombones, prometiéndole una vida juntos. Y que hasta habría llegado a hacerse un tatuaje en el pecho en honor a ella. De hecho, aseguran que ella habría decidido alejarse de los medios, justamente, para poder acompañarlo a él.
Es que, como todo infiel, Rodrigo era muy celoso y no quería que nadie más posara los ojos en su amada. Por eso, según cuenta la leyenda, en alguna oportunidad habría llegado a agarrarse a golpes por ella con Guillermo Coppola en medio de un boliche. ¿El motivo? Una versión dice que el mánager habría mantenido una affaire con Sarita. Y, la otra, que habría sido el propio Diego Maradona quien estaba interesado en ella y habría utilizado a su representante como intermediario. De todas formas, tanta intensidad era imposible de sostenerse en el tiempo. Y, finalmente, la pareja se terminó.

La última novia oficial de Rodrigo fue Alejandra Romero, quien compartió con él su pico de gloria. La conoció de casualidad, en la bailanta Escándalo, de City Bell, en 1999. Ella no tenía idea de quién era el cantante, pero había accedido a acompañar a una amiga a su show. Y, mientras la otra muchacha le pedía un autógrafo a su ídolo, el Potro la miró a ella y, sin preguntarle, le estampó un beso en la boca.
La actitud del cuartetero, hoy, sería totalmente cancelable. Pero hace más de dos décadas, para un galán como él, era habitual. Y, aunque al principio Alejandra se incomodó, luego terminó cayendo en sus redes de seducción. Así entró en la vorágine que se llevó puesto a Rodrigo: recitales, viajes, entrevistas, corridas… Hasta que, un día, todo se terminó.
Hubo, sin lugar a dudas, muchas otras mujeres que cayeron en los brazos de Rodrigo. Incluso, famosas. Algunas trascendieron. Pero él, como buen caballero, siempre se guardó sus nombres. Quienes fueron sus parejas oficiales, en tanto, lo siguen teniendo presente hasta la actualidad. Y a pesar de sus desprolijidades y de las lágrimas que, seguramente, derramaron por él, aún lo continúan recordando con amor.
CHIMENTOS
La revelación de Fernán Mirás sobre el problema de salud que lo dejó luchando su vida: «Era muy peligroso, volví a nacer»

Fernán Mirás es uno de los actores argentinos más importantes de la ficción nacional; el jueves pasado 21 de mayo, en el teatro El Nacional, se estrenó Sottovoce, una obra de calidad que llegó a la calle Corrientes, acompañado por un elencazo conformado por Adrián Suar, Carla Peterson y Lorena Vega, con la dirección de Mariano Pensotti.
A raíz de este enorme éxito, todos juntos fueron a la mesa de Mirtha Legrand. Allí la Chiqui mantuvo un interesante ida y vuelta con cada un de sus invitados. Rápidamente comenzó hablando con Fernán, a quien le consultó por el problema de salud que tuvo hace algunos años.
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Producto de un aneurisma cerebral, Fernán debió someterse a una cirugía y a donde su vida corrió serio riesgo. Recordando lo que fue aquel momento, el actor reveló que se salvó de milagro y fue como volver a nacer.
“Estuve enfermo hace cinco o seis años, tuve un episodio muy peligroso, pero del cual zafé y nací de nuevo, en un sentido”, comenzó diciendo Mirás. Gracias al enorme labor del equipo médico, pudo salir adelante.
EL COMPLICADO MOMENTO DE SALUD QUE VIVIÓ FERNÁN MIRÁS
Claro que, tanto para él, como para su familia y amigos, significó un antes y después. El actor la pasó muy mal, en un momento cargado de máxima incertidumbre y en donde fue realmente crítico todo lo que pasó.
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“Estaba justo por empezar a dirigir una película con Natalia Oreiro y, a diez días de empezar, tuve este episodio. Fue una desgracia con suerte”, aseveró Fernán, bajo la atenta mirada de Mirtha, quien se informó antes de comenzar su programa.
Y al finalizar, agregó: “Era un aneurisma, que es algo genético que uno tiene y, si lo tenés, no lo podés tener nunca más ni lo pueden tener tus seres queridos. El médico me dijo: ‘Mirá, esto es muy peligroso, pero si salís bien, nunca más vas a tenerlo’. Tuve suerte”.
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Fernán Mirás, Mirtha Legrand, El Trece
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