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ECONOMIA

Señal de alarma: volvió el déficit primario en marzo según las cuentas del Congreso

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Finalmente se encendió la luz roja que más temía el gobierno: los números fiscales, base del programa económico de Javier Milei, tuvieron un punto de inflexión en marzo, cuando se produjo un regreso a los números en rojo, tanto a nivel primario -es decir, comparando ingresos y gastos corrientes- como en el plano financiero -o sea, descontando además el pago de intereses de la deuda-.

Este es, al menos, el alerta que surge del último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que mensualmente informa el resultado de las cuentas fiscales con una semana de antelación respecto de los datos que publica el ministerio de Economía.

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Estos números de la OPC suelen ser considerados un predictor de las cifras oficiales, aunque no necesariamente haya coincidencia en las cifras. El reporte cubre la administración central -no todo el sector público- y se trata de cifras «base devengado» y no «base caja» -es decir, sobre los gastos hechos pero no necesariamente ya pagados-, lo que implica que en la versión final podría haber cambios.

Pero más que los números, lo relevante es «la historia» que cuentan las cuentas fiscales: que, luego de ocho meses consecutivos en los que se produjo una caída interanual real del ingreso por impuestos, y ante las dificultades para seguir aplicando la «motosierra» a un gasto público donde ya los recortes gruesos fueron realizados, el resultado fiscal va adelgazando peligrosamente.

Puesto en números, en marzo la OPC registró un ingreso corriente total por $11 billones, mientras los gastos ascendieron a $12 billones. Es decir, un resultado económico en rojo por $1 billón, que se reduce a $700.000 millones cuando se consideran ingresos por inversiones y transferencias de capital.

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El resultado financiero, después del pago de intereses de la deuda pública, registra un déficit de $1,3 billones.

La vuelta del gasto público

Estos números marcan el ingreso a una zona peligrosa, en la que el gobierno pone en riesgo su meta fiscal para el año, consistente en un superávit primario de 2,2% del PBI, ampliando el logro del año pasado, cuando el saldo positivo fue del 1,4%.

Y las cifras son el resultado de una combinación letal: ingresos en caída junto con un gasto duro de recortar. De hecho, el renglón del gasto público ya está mostrando una suba en términos reales.

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Uno de los rubros en los que el gobierno está «recomponiendo precios relativos», como el de las tarifas a los servicios públicos, fue, paradójicamente, uno de los que registró mayores costos por subsidios. En marzo, el aumento interanual por el subsidio estatal a la energía fue de 89% -hablando en plata, unos $400.000 millones-.

La OPC detalla que este gasto estuvo compuesto por transferencias a Cammesa -la empresa de propiedad mixta que provee en forma mayorista la energía al sistema nacional- para atender la brecha entre los costos y las tarifas de la generación eléctrica. Además, se registraron transferencias al Fondo Fiduciario para Subsidios a Consumos Residenciales de Gas.

También volvieron a registrarse incrementos de gasto en el crucial rubro de jubilaciones y pensiones, que representa, por lejos, el principal rubro del presupuesto, con un 42% del total. En marzo, la erogación fue de $5,1 billones, lo que supone una suba real de 1,1% respecto del año pasado.

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Y la perspectiva es que ese gasto continúe al alza, dada la disparada inflacionaria de los últimos meses. Las jubilaciones de marzo tomaron como referencia al IPC de enero, que fue del 2,9%. La misma cifra se aplicará en el pago de abril y, de acuerdo con las previsiones de las consultoras privadas, el número podría ser mayor aun para el pago de pasividades en mayo -que se ajustará según el IPC de marzo-.

Si a las jubilaciones se les suma el gasto por programas de asistencia social y pensiones no contributivas, entonces el gasto por prestaciones sociales saltó a $8,3 billones en marzo, lo que representa un incremento real de 1,6% interanual.

Como casi siempre, el mayor rubro que cumplió el rol de variable de ajuste, fue el de los salarios del personal estatal, también uno de los más voluminosos del presupuesto, con un 11% del gasto público total. En el mes, la masa salarial de los trabajadores públicos cayó un 0,7% real, lo que implica que en el primer trimestre del año acumula una caída de 5,8%.

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No es de extrañar que uno de los sectores con mayor conflictividad sindical sea, precisamente, el de los gremios de los trabajadores del Estado, cuyo salario ha evolucionado por debajo de la inflación desde mediados del año pasado, según la estadística del Indec.

Esperando el rebote impositivo

Pese al mal resultado de marzo, cuando se considera el saldo fiscal del primer trimestre, los números siguen siendo positivos, de $6,8 billones a nivel primario y de $2,3 billones en el plano financiero.

La preocupación de los economistas es que, con una economía que todavía no da señales de recuperación plena, no hay optimismo sobre una mejora drástica en el ingreso.

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Con apenas un aumento nominal de 26,2%, la recaudación tributaria tuvo una caída interanual de 4,5% -asumiendo que el IPC de marzo rondará el 3% y la inflación anual acumulada será de un 32,2%-. Esto hace que marzo haya tenido una de las peores performances en cuanto a ingreso fiscal, y ponga mayor presión al gobierno para acentuar la «motosierra» sobre el gasto público, de manera de no poner en riesgo el superávit primario.

El ítem más llamativo de la recaudación de marzo es el ligado al comercio exterior. Con apenas $503.000 millones -apenas un 3% en la «torta» de la recaudación-, las retenciones hicieron un aporte muy exiguo. En la comparación interanual es un desplome de 35%, algo que se explica por el boom exportador que se registró un año atrás luego de la rebaja temporaria del impuesto al agro.

Es así que, pese al optimismo por los buenos volúmenes logrados en la cosecha -y el pronóstico de Toto Caputo sobre un ingreso exportador de u$s42.000 millones por aporte del campo-, todavía no se refleja un cambio positivo en la caja de ARCA.

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Lo que parece seguro es que, pese a las críticas por los incrementos en los costos de los insumos -derivados del petróleo-, el campo no tendrá este año otra ayuda de un «tax holiday». Los números fiscales están demasiado ajustados como para que Caputo pueda darse el lujo de prescindir de las retenciones.

Sobre todo, cuando acaba de verse obligado a posponer la actualización del impuesto a los combustibles, con el objetivo de no acentuar el malhumor social tras la suba de precios en las estaciones de servicio.

Con una suba real de 35%, el impuesto a los combustibles se ha transformado en uno de los puntales de la recaudación, al punto que ya resulta más importante que los derechos de exportación y los aranceles de importación.

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Motosierra cerca del límite

Pero las preocupaciones no se limitan a los ingresos, sino también al rendimiento decreciente de la «motosierra». Los economistas que analizan las cuentas fiscales afirman que el primer año todo se facilitó por la «licuación inflacionaria» de las jubilaciones y por el freno en la obra pública. Pero que, a partir de allí, se ingresa en una etapa en la que la mayor parte del gasto es rígido.

Aun así, empiezan a surgir visiones escépticas sobre que se pueda sostener el superávit únicamente con las subas de tarifas, y será necesario un avance en las reformas de tipo estructural, con mayor recorte en la nómina de empleados estatales. Lo que ven los economistas es que cada vez se necesita un esfuerzo mayor en el recorte, para obtener una mejora marginal en las cuentas.

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ECONOMIA

Licencias de conducir: la inexplicable exigencia de capacidad para conducir motos que no se aplica para autos y pickups

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La legislación argentina tiene una exigencia razonable para otorgar licencias de conducir de motos, pero no se repite el patrón para autos y pickups

A raíz de la decisión del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de cambiar las condiciones que deben cumplir los choferes de autos que prestan servicios de viajes por aplicación y las de los choferes de taxis, dos de los puntos más destacados son la obligatoriedad para los primeros de tener licencia de conducir profesional y una póliza de seguro específica para el servicio que prestan.

Esta última, de hecho, viene a resolver un eventual problema que podían tener los choferes que trabajan para las empresas de aplicaciones, porque muchos tenían un vehículo con un seguro normal, terceros completos transportados, pero no una póliza específica para actividades comerciales, con lo cual, en caso de un accidente corrían serio riesgo de tener que indemnizar de manera particular a un pasajero lesionado porque el seguro no se iba a hacer cargo.

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El tema de la licencia profesional, en cambio, puede verse desde dos ópticas diferentes. Si se toma el mismo enfoque de la actividad comercial que se aplica para el seguro, un chofer de un auto particular afectado al transporte de pasajeros tanto sea un Taxi o un viaje de aplicación, debería tener licencia profesional.

Licencia de Conducir Digital
La nueva Licencia Nacional de Conducir es ahora digital, pero las categorías siguen siendo las mismas

Pero si se lo mira técnicamente como el hecho de conducir un automóvil normal, que no requiere ninguna habilidad particular y es exactamente igual que manejar un auto personal, sin necesidad de conocimientos adicionales, una licencia profesional puede ser un requisito innecesario.

Como concepto general, las categorías de las licencias de conducir están determinadas por el artículo 16 de la Ley Nacional de Tránsito 24.449 y la última reglamentación estuvo dada por el Decreto 26/2019. Sin embargo, algunas provincias e incluso los municipios tienen diferencias en la segmentación, amparadas en el sistema de federalismo que se aplica sobre el tránsito.

Para conducir una motocicleta se debe tramitar una licencia Clase A1, pero existen 4 subcategorías de acuerdo a la cilindrada y/o potencia del vehículo.

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  • Clase A 1.1: Ciclomotores hasta 50 cm3 o 4 Kw de potencia máxima continua nominal en el caso de las motos eléctricas.
  • Clase A 1.2: Motocicletas de hasta 150 cm3 u 1111kw de potencia máxima continua nominal si se trata de motorización eléctrica. Esta licencia incluye las de Clase A 1.1.
  • Clase A 1.3: Motocicletas de más de 150 cm3 y hasta 300 cm3 o de más de 11 kw y hasta 20 kw de potencia eléctrica. Para obtener esta clase de licencia se debe acreditar una antigüedad previa de 2 años en la Clase A 1.2, excepto las personas mayores de 21 años de edad. Esta licencia también incluye las de Clase A 1.2.
  • Clase A 1.4: Motocicletas de más de 300 cm3 o de más de 20 kw de potencia en el caso de las eléctricas. El requisito para acceder a esta licencia es una antigüedad previa de 2 años en la licencia Clase A 1.3, excepto los mayores de 21 años de edad, quienes deberán acreditar al menos 1 año en motocicletas de cualquier cilindrada. También, por supuesto, incluye las licencias Clase A 1.3.
Para obtener una licencia de moto, es necesario acreditar experiencia previa y tener más de 21 años de edad. (Gastón Taylor)
Para obtener una licencia de moto, es necesario acreditar experiencia previa y tener más de 21 años de edad. (Gastón Taylor)

Esta clasificación tiene una coherencia, ya que no es lo mismo manejar una moto de 110 cm3 que una gran moto “pura sangre” de 1.000 cm3 y 180 CV de potencia. Sin embargo, esa lógica parece no existir cuando se pasa de las motos a los automóviles, porque no hay tal segmentación por potencia, peso o tracción.

En el caso de los autos, si un conductor rinde un examen para obtener su licencia de Clase B1 y lo hace con un Renault 12 modelo 70, esa licencia lo habilita para conducir una Ferrari de 800 CV de potencia o una camioneta 4×4 de 250 CV, sin que nadie se pregunte si está preparado ese conductor para ese salto de velocidad, potencia o tamaño de vehículo.

Ese no es el único caso. Si una persona que quiere llevar un trailer cargando un cuatriciclo o una lancha chica o mediana, cuyo peso total es de menos de 750 kg, se le exige una licencia de Clase B2, que es la que habilita a conducir automóviles, camionetas, vans de uso privado y casas rodantes motorizadas de hasta 3.500 kg de peso con un acoplado de hasta 750 kg o casa rodante no motorizada.

Primer plano de dos manos de adulto sosteniendo una licencia de conducir y varias hojas de documentos, con la parte frontal de un camión blanco desenfocado en el fondo.
La licencia profesional para una casa rodante de más de 750 kilos es la misma que para un camión de 45 toneladas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, si el peso que transportará es de 750 kg y el trailer para esa envergadura de carga pesa otros 300 kg se le exige tener una licencia profesional Clase E1, que es la que autoriza a conducir vehículos automotores de clase C o D, con uno o más remolques y articulaciones, y que se debe renovar anualmente con presentación de certificado de antecedentes penales incluido.

La problemática está en que ese mismo conductor, con esa misma licencia para transportar un trailer y una carga de menos de 1.000 kg, queda habilitado para manejar un camión con acoplado de 45 tn o de 22 mts de largo.

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La capacidad para conducir un vehículo no parece estar acompañada por la legislación. Los cada vez más frecuentes accidentes con grandes pickups V6 como el que destrozó una familia en San Vicente al impactar a más de 180 km/h a un pequeño auto particular, es otro ejemplo de una falta de control sobre la habilidad o la experiencia, como sí se lo tiene en las motos.

Quizás debería existir una escala intermedia entre las Clase B1 y B2, que exija pericia para conducir un auto deportivo o una pickup 4×4 de más de 250 CV de potencia, y una licencia diferenciada, también particular para que aquellos conductores que quieran llevar un trailer o una casa rodante hasta 1.500 kg no tengan que ser considerados conductores profesionales.

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ECONOMIA

Una inversión desafió los pronósticos y lideró el ranking de la City en el el primer semestre

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El mercado argentino llega a la mitad del año con una foto que desafía varios lugares comunes. Mientras el dólar financiero siguió prácticamente anestesiado, las curvas en pesos se llevaron buena parte de los retornos y los bonos ajustados por CER quedaron al tope del ranking, impulsados por una combinación de inflación todavía relevante, compresión de tasas reales y demanda por instrumentos de cobertura. Del otro lado, los activos que peor parados quedaron fueron los que dependían de una suba del tipo de cambio o de una recuperación más sostenida del equity local, con el S&P Merval en dólares todavía en terreno negativo en el acumulado anual.

Según el informe de retorno total de la consultora 1816, los bonos CER encabezan el ranking de 2026 con una ganancia del 24,5% en lo que va del año, seguidos por los Duales con un 19,2%, las LECAPs con un 19% y los bonos TAMAR con un 17,6%.

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En un año de dólar contenido y tasas nominales en baja, la renta fija en moneda local fue la gran ganadora, especialmente en los tramos donde el mercado pagó cobertura inflacionaria y duration antes de que la compresión dejara menos margen.

En el mismo período, los globales en dólares avanzaron apenas un 4,1%, los Bonares subieron un 3,3%, el dólar CCL acumuló una mejora del 2,8% y los bonos en dólares bajo legislación local quedaron prácticamente neutros, mientras que el S&P Merval cayó un 4,1% en dólares. En la medición de los últimos 12 meses, la diferencia se vuelve más notoria, dado que:

  • El CCL cayó un 22%
  • El dólar mayorista retrocedió un 18,8%
  • El Merval perdió un 4,1%
  • Los bonos CER ganaron un 19,2%
  • Los globales subieron un 18,1%
  • Los Bonares avanzaron un 16,7%

Por qué los bonos CER arrasaron en el primer semestre

El liderazgo de los bonos CER encaja con el diagnóstico de varias sociedades de bolsa. Comafi remarcó que, por el arbitraje entre CER y tasa fija, mantiene su preferencia por los Boncer cortos para el manejo de liquidez, en un contexto donde la inflación implícita se ubica en el 2,2% hasta junio y en el 1,9% hasta agosto, niveles que la firma considera alineados con su escenario base.

La misma preferencia aparece en SBS, aunque la entidad considera que, para quienes todavía ven riesgos por la inercia inflacionaria, los ajustes de precios relativos o los shocks externos, hay valor en el X30N6 para el tramo corto y en el TZXD7 para el tramo medio-largo. No obstante, advierte que las oportunidades en pesos ya no son tan evidentes como antes y que el posicionamiento depende mucho más del perfil de cada inversor.

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Y es que la performance también favoreció a los Duales tasa fija, las LECAPs y los bonos TAMAR, que se ubicaron entre los cinco mejores activos del año según el reporte de 1816. La explicación surge de la misma dinámica: con el tipo de cambio oficial y financiero sin una presión relevante, el mercado pudo capturar tasas en pesos sin que una corrección del dólar licuara los retornos medidos en moneda dura.

Sin embargo, ese mismo éxito empieza a generar interrogantes para el segundo semestre, debido a que las tasas actuales dejan menos colchón ante un eventual cambio de humor cambiario.

Dólar y acciones, los grandes perdedores del año

El otro lado del ranking lo ocupan los activos que dependen más directamente del dólar o del apetito por riesgo accionario. El informe de 1816 muestra que, en los últimos 12 meses, el CCL perdió un 22% y el dólar mayorista retrocedió un 18,8%, una caída que refleja el efecto combinado de una política cambiaria contenida, ingresos de divisas, emisiones corporativas y compras del BCRA en el mercado oficial.

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En lo que va de 2026, el CCL apenas subió un 2,8%, ubicándose muy por debajo de la renta fija en pesos, por lo que cualquier estrategia dolarizada pasiva quedó lejos del rendimiento de las curvas locales.

Las acciones tampoco lograron destacarse en el balance del año, dado que el S&P Merval muestra una caída del 4,1% tanto en el acumulado anual como en los últimos 12 meses, pese a ruedas puntuales de rebote y a la mejora reciente de bancos y energéticas. Al respecto, PPI señaló que el Merval tuvo una rueda positiva en la que subió un 3,8% hasta los u$s1.945, con un avance semanal del 6,6%, aunque todavía sin consolidar una recuperación sostenida frente a los máximos previos.

La deuda soberana en dólares quedó a mitad de camino: no fue la peor inversión, pero tampoco logró competir con la renta fija local. Los globales subieron un 4,1% en el año y los Bonares un 3,3%, según 1816, aunque en el acumulado de 12 meses todavía muestran ganancias del 18,1% y 16,7%, respectivamente. Esa diferencia demuestra que el rally más fuerte ocurrió antes, mientras que en 2026 el mercado quedó más pendiente de nuevos catalizadores, como una compresión sostenida del riesgo país, emisiones externas exitosas o una acumulación de reservas más contundente.

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A pesar de la mejora en los fundamentos externos —con compras de reservas por parte del BCRA, superávit comercial récord y avances en el frente financiero—, el riesgo país no logró quebrar de manera consistente el umbral de los 500 puntos básicos, lo que limita una compresión más rápida de los bonos hard dollar. Por eso, varias mesas mantienen una visión constructiva, pero prefieren el tramo corto de la curva, especialmente el AO28 y el AN29, que ofrecen rendimientos del 8,5% al 8,9% TEA.

La mejora macroeconómica es uno de los principales argumentos para sostener el apetito por los activos argentinos. Comafi destacó que la economía consolida superávits gemelos apoyada en un frente externo muy favorable, con un salto exportador energético y un saldo comercial histórico durante el primer cuatrimestre; aunque también advirtió que la erosión de los ingresos tributarios expone los límites de sostener el ajuste exclusivamente por el lado del gasto.

PPI también marcó que el Directorio del FMI aprobó la segunda revisión del acuerdo y habilitó un desembolso de u$s1.000 M, al mismo tiempo que reconoció los avances fiscales, comerciales, laborales, monetarios y cambiarios, aunque el organismo admitió que no se cumplió la meta cuantitativa de acumulación de reservas netas de diciembre.

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GRIT, con una lectura más optimista, sostuvo que la Argentina volvió a transformarse en un trade de momentum, impulsado por el superávit comercial de abril de u$s2.710 M, el aporte energético, el desembolso del FMI y la posibilidad de que el BCRA acumule entre u$s9.000 M y u$s10.000 M brutos hasta fines de julio. Desde esa mirada, si la liquidez global acompaña, los bonos soberanos y las acciones argentinas podrían volver a recibir interés internacional.

El punto de mayor prudencia aparece de cara al segundo semestre. Parakeet Capital advierte que julio puede funcionar como un mes bisagra por la combinación de vacaciones, aguinaldo y un menor flujo exportador, aunque no espera un ajuste macro significativo. El broker sostiene que el carry trade todavía tiene fundamentos, pero decidió tomar ganancias en el Boncer 2028 y rotar hacia el Boncer de fin de 2026 (TZXD6), debido a que la inflación implícita de mercado ronda el 30% anual y su proyección se ubica en el 32%.

Las apuestas de la City para el segundo semestre

La estrategia para el segundo semestre se vuelve más fina que la foto del primer tramo del año. Después de retornos del 24,5% en bonos CER, 19,2% en duales y 19% en LECAPs, la City no parece dispuesta a extrapolar mecánicamente esos rendimientos, sino que empieza a distinguir entre los instrumentos que todavía tienen valor y otros que ya quedaron demasiado comprimidos.

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En pesos, el consenso favorece el CER corto seleccionado antes que la duration larga, con preferencia por papeles como TZXO6, X31L6, X30N6 o instrumentos similares, según el perfil, porque todavía permiten capturar inflación y manejar liquidez sin quedar demasiado expuestos a una suba de tasas o a un cambio brusco en el tipo de cambio.

En cambio, los Boncer 2028 pasan a una zona más intermedia, porque ya comprimieron buena parte de su rendimiento y podrían sufrir si el Tesoro insiste con colocaciones en ese tramo.

En deuda en dólares, el mercado se divide entre la cautela de los tramos cortos y el potencial de los Globales largos. Nazareno Taus, portfolio manager en Cocos Capital, ubica al AO28 como uno de sus top picks, con una TIR cercana al 8,5%, porque ve una mejora del frente externo apoyada en el balance comercial, las exportaciones energéticas, las compras del BCRA y la recalificación de Fitch; mientras que SBS mantiene como favoritos al GD35 y GD41 para inversores que busquen mayor potencial ante una eventual compresión de spreads.

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Por su parte, Rocco Abalsamo, asesor financiero, advierte que la tasa fija puede rendir muy bien si el escenario se presenta prolijo —con actividad creciendo, dólar estable e inflación en baja—, pero también puede sufrir si una suba del tipo de cambio de $40 o $45 en pocos días borra el rendimiento acumulado de varias semanas. Por eso, recomienda no asumir una exposición excesiva en pesos y plantea un límite cercano al 15% de la cartera para posiciones en moneda local.



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ECONOMIA

El riesgo político de estabilizar la economía argentina

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El gobierno de Javier Milei decidió desde el inicio priorizar el ordenamiento macroeconómico como condición necesaria para cualquier recuperación futura (Foto: Reuters)

Argentina atraviesa uno de esos momentos históricos en los que la economía parece debatirse entre dos tiempos distintos: el técnico de la macroeconomía, que exige disciplina fiscal, estabilidad monetaria y reformas estructurales, y el social y político de las familias y las empresas, que necesitan resultados concretos en su vida cotidiana para sostener expectativas, consumo, inversión y apoyo político.

El gobierno de Javier Milei decidió desde el inicio priorizar el ordenamiento macroeconómico como condición necesaria para cualquier recuperación futura. En términos conceptuales, la estrategia tiene fundamentos reconocidos por buena parte de la teoría económica moderna: reducción de la inflación, estabilización cambiaria, equilibrio fiscal, saneamiento del Banco Central, y disminución del peso de la deuda cuasifiscal como base para reconstruir credibilidad.

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Economistas como Milton Friedman sostuvieron históricamente que “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, mientras que Thomas Sargent y Robert Lucas Jr. desarrollaron la idea de que las expectativas económicas son determinantes en la dinámica inflacionaria. Bajo esa lógica, el ajuste fiscal y monetario del actual gobierno apunta a modificar expectativas y cortar con décadas de dominancia fiscal sobre la política monetaria argentina.

Los resultados iniciales en materia inflacionaria y de estabilización cambiaria muestran señales que el mercado internacional observa con atención. La desaceleración de la inflación, el superávit fiscal financiero y una mayor disciplina en las cuentas públicas representan cambios que, hasta hace pocos años, parecían políticamente imposibles en Argentina.

El desafío aparece cuando la macroeconomía choca con la percepción microeconómica de la sociedad

El desafío aparece cuando la macroeconomía choca con la percepción microeconómica de la sociedad. La economía no se mide solo en indicadores agregados: también se mide en la capacidad de una pyme de sostener ventas, pagar salarios, financiar capital de trabajo y evitar romper la cadena de pagos.

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En los hogares todavía sienten pérdida de poder adquisitivo, caída del consumo y dificultades para llegar a fin de mes (Foto: Reuters)
En los hogares todavía sienten pérdida de poder adquisitivo, caída del consumo y dificultades para llegar a fin de mes (Foto: Reuters)

También se mide en hogares que todavía sienten pérdida de poder adquisitivo, caída del consumo y dificultades para llegar a fin de mes, aun cuando la inflación desacelera.

En economía política hay un punto central: los procesos de estabilización suelen tener costos sociales inmediatos y beneficios diferidos. John Maynard Keynes advertía que “a largo plazo estaremos todos muertos”, una frase usada para describir la tensión entre necesidades presentes y promesas futuras de los programas económicos.

El problema para el gobierno de Milei es que la sociedad vota en tiempo presente. Las empresas y los hogares no solo evalúan la dirección de la economía: evalúan su situación concreta. Una pyme puede reconocer que la inflación baja es positiva y aun así encontrarse asfixiada por caída de ventas, altas tasas reales, presión impositiva o dificultades de financiamiento.

Un trabajador puede valorar la estabilidad cambiaria y, a la vez, no registrar mejora real en su ingreso disponible

Del mismo modo, un trabajador puede valorar la estabilidad cambiaria y, a la vez, no registrar mejora real en su ingreso disponible.

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Allí reside quizás el mayor riesgo político del programa económico: que el electorado comprenda intelectualmente la necesidad del ajuste, pero que emocional y materialmente no pueda sostenerlo en el tiempo. La legitimidad social de los programas de estabilización depende muchas veces de que los beneficios empiecen a percibirse antes de que el desgaste económico y psicológico erosione el capital político del gobierno.

Imagen dividida: izquierda, mercado vibrante con compradores; derecha, centro comercial con tiendas vacías y poca gente. Ambos lados muestran analistas de datos frente a pantallas.
a legitimidad social de los programas de estabilización depende muchas veces de que los beneficios empiecen a percibirse antes de que el desgaste económico y psicológico erosione el capital político (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historia argentina ofrece antecedentes donde gobiernos atravesaron las etapas más difíciles del ordenamiento macroeconómico, pero no llegaron a capitalizar electoralmente los beneficios posteriores. El riesgo para la administración Milei es realizar el trabajo políticamente más costoso -el ajuste del gasto público, la corrección de precios relativos y el sinceramiento económico- mientras otro espacio político aprovecha en el futuro los efectos positivos sobre la actividad, el crédito y el consumo.

En términos económicos, puede existir una diferencia temporal entre la recuperación de la macro y la recuperación de la micro. La estabilización financiera puede anteceder varios trimestres a la mejora efectiva del empleo, los salarios reales y la rentabilidad empresarial. El problema es que los calendarios electorales suelen ser mucho más cortos que los tiempos de maduración de las reformas estructurales.

Las personas perciben las pérdidas con mayor intensidad que las ganancias futuras esperadas (Kahneman)

También hay un componente psicológico y social que muchas veces la teoría económica subestima. Daniel Kahneman mostró cómo las personas perciben las pérdidas con mayor intensidad que las ganancias futuras esperadas. En otras palabras, el sacrificio presente suele pesar más que una promesa racional de mejora futura.

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Por eso, el desafío del Gobierno no pasa solo por ordenar variables macroeconómicas, sino también por construir una transición socialmente sostenible. La estabilidad económica necesita legitimidad política, y la legitimidad política requiere que las personas perciban algún alivio concreto en su economía diaria.

Argentina probablemente necesitaba un fuerte ordenamiento macroeconómico. Pero también necesita que ese ordenamiento se traduzca en una mejora tangible para la economía real antes de que el desgaste social transforme una eventual estabilización exitosa en una derrota política. Porque, paradójicamente, uno de los mayores riesgos para el gobierno de Milei es hacer el trabajo más ingrato de la política económica y dejarle a otro gobierno, a partir de 2028, el terreno fértil para capitalizar los beneficios de una macroeconomía finalmente estabilizada.

El autor es Analista Económico y director de la consultora Focus Market

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