ECONOMIA
El dólar subió por tercer día y se operaron casi USD 1.000 millones en el mercado, un máximo en 2026

El dólar se negoció en alza en el mercado mayorista, ante una mayor demanda por cobertura observada por los operadores, aun dado un gran volumen de operaciones, que alcanzó los USD 954,5 millones, en una etapa que concentra mayores liquidaciones por exportaciones del agro en conjunto con un fuerte flujo de divisas que ingresan a la plaza por la emisión de deuda corporativa y provincial.
Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio, observó este viernes un “volumen récord en el segmento de contado para el 2026, superando el registro del 29 de diciembre del año anterior”.
El dólar mayorista ganó 7,50 pesos o 0,5%, a $1.399,50, un máximo desde el 13 de marzo. El tipo de cambio oficial conserva un descenso de 55,50 pesos o 3,8% en 2026.
A lo largo de la última semana el dólar comercial ascendió 35 pesos o 2,6 por ciento.
El BCRA estableció una banda superior de su esquema cambiario en los $1.693,51, cifra que dejó al dólar mayorista a 294,01 pesos o 21% de esa referencia.
El dólar al público sumó cinco pesos o 0,4% este viernes, para concluir a $1.420 para la venta, según la referencia del Banco Nación. Así, el billete minorista se encareció 30 pesos o 2,2% en la semana, para volver a operarse en el nivel del 30 de marzo.
El dólar blue quedó operado sin variantes a $1.420 para la venta, mientras que las agencias informales tomaron los billetes ofrecidos a $1.400, esto es 30 pesos o 2,2% más que los $1.370 en las entidades bancarias.
Todos los contratos de dólar futuro estuvieron negociados con alzas en un rango de 0,2% a 0,4%, según datos de la plataforma A3 Mercados. Las posturas más operadas, para fin de mes, terminaron a $1.403, con ganancia de seis pesos o 0,4 por ciento.
Dada la seguidilla de compras de contado del BCRA, Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital, consideró que “abril se perfila como el período más fructífero del año para la institución, ya que suma compras por USD 2.300 millones en apenas tres semanas. Esta tendencia de fortalecimiento financiero cuenta con un respaldo adicional en el corto plazo”.
“Un informe técnico presentado por Vladimir Werning, vicepresidente del organismo, anticipa ingresos inminentes por USD 3.200 millones vinculados a la liquidación de Obligaciones Negociables. El saldo positivo mensual ratifica la eficacia de la estrategia cambiaria oficial en un contexto de alta demanda”, evaluó Morales.
La provincia de Chubut volvió a los mercados internacionales con un nuevo bono en dólares bajo ley de Nueva York por USD 650 millones en un instrumento a 10 años -con una vida promedio de 6,6 años- a una tasa de 9,45 por ciento. Al mismo tiempo, el gobierno provincial anunció una oferta de recompra para su bono con vencimiento en 2030 -que tiene USD 267 millones en circulación-, que sería financiada con los fondos de la emisión de esta semana.
“Se convierte así en la quinta provincia en emitir en los mercados internacionales tras las elecciones, luego de CABA, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos”, indicó Max Capital.
“Esta operación refleja la renovada confianza de los inversores internacionales en las provincias argentinas y en estructuras financieras sólidas, incluso en un contexto global desafiante. El resultado obtenido para Chubut demuestra que, con una estrategia adecuada, es posible acceder al mercado en condiciones competitivas”, señaló Marcos Wentzel, Managing Director de Puente.
Desde el inicio del nuevo esquema cambiario, el BCRA compró divisas todos los días operativos excepto el 2 de enero, por encima del límite programado del 5% de la oferta y con compras diarias promedio de 90 millones de dólares.
Sin contar la operatoria de este viernes, la entidad monetaria acumula compras por 6.683 millones de dólares en lo que va del año, para sumar 73 ruedas consecutivas con intervención en el mercado.
“En el corto plazo, los riesgos cambiarios (en Argentina) permanecen contenidos gracias a la fuerte oferta estacional de divisas”, reportó el equipo de Research de Adcap Grupo Financiero.
Por su parte, el agente de liquidación y compensación Facimex estimó que “la velocidad de la apreciación cambiaria reavivó el debate en torno al tipo de cambio real, a pesar del impresionante ritmo de compras de divisas del BCRA”.
“Si el mercado de bonos está en lo correcto, el Gobierno encararía el próximo año electoral con un tipo de cambio real muy apreciado en términos históricos”, estimó Facimex.
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ECONOMIA
“Pasaporte dorado”: según Financial Times, Milei lo lanzaría este año para captar divisas, atraer millonarios y cancelar deuda

El gobierno de la Argentina prepara un plan para otorgar ciudadanía a cambio de inversiones o aportes por hasta USD 1 millón, una apuesta de la administración de Javier Milei para captar divisas y ayudar a afrontar los vencimientos de deuda que el país debe cubrir en los próximos años, publicó Financial Times.
El medio británico afirma que la iniciativa, que según fuentes oficiales consultadas por Infobae está todavía en estudio y sujeta a cambios, sería lanzada este año.
Al respecto, cita a dos personas “al tanto de las conversaciones” según las cuales el documento se expediría a cambio de un pago no reembolsable de USD 500.000 o la compra de bonos soberanos “cupón cero” (así se llama a los que no pagan cupón de intereses y se cancelan enteramente a su vencimiento) por un millón de dólares.
Según menciona el FT, la expectativa oficial es que el programa aporte recursos por “decenas de miles de millones” de dólares. Un dato de contexto que menciona es que la Argentina no volvió a los mercados globales de capital desde la reestructuración de deuda de 2020 y procura mecanismos alternativos para conseguir dólares.
De concretarse la iniciativa, Argentina pasaría a ser uno de los países más grandes del mundo en ofrecer ciudadanía por inversión. Quienes obtengan la ciudadanía por esa vía tendrían acceso sin visa a casi 170 países, lo que según el medio británico es más que cualquier otro programa de este tipo actualmente vigente.
Argentina pasaría a ser uno de los países más grandes del mundo en ofrecer ciudadanía por inversión
Los llamados “pasaportes dorados” crecieron con rapidez en distintas regiones como herramienta para atraer aportes de personas de alto patrimonio. Paraguay comenzó en abril a ofrecer residencia a cambio de inversiones desde USD 70.000. Los programas que otorgan ciudadanía directa generaron más controversia y varios países terminaron desistiendo de ellos. El modelo recibió críticas de organizaciones que promueven la transparencia y advierten sobre riesgos de seguridad y corrupción.
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El medio británico menciona al tecno-magnate Peter Thiel, que recientemente se instaló temporalmente en Buenos Aires como una suerte de “embajador” del programa. Dice además que consultores que participaron en el proyecto creen que la propuesta puede interesar a ciudadanos de Estados Unidos y Europa preocupados por la polarización política, los debates sobre impuestos en sus países y la posibilidad de una guerra con Rusia.
David Lincoln, fundador de Lincoln Global Partners, dijo que clientes de alto patrimonio ya mostraron interés por la “ubicación estratégica” de Argentina, lejos de zonas de conflicto. Lincoln agregó que “la preocupación por la dirección que está tomando el mundo es un motor cada vez mayor de nuestra industria”. También señaló que la ciudadanía argentina sería más barata que la visa para inversores de Nueva Zelanda, cuyo costo asciende en moneda neozelandesa a cerca de USD 3 millones.
Otro experto citado es Eric Major, director ejecutivo de Latitude Group, que también asesoró al gobierno y afirmó al FT: “simplemente no hay nada como Argentina en el mercado de ciudadanía por inversión”, por ser mucho más atractivo que los de pequeñas islas del Caribe y del Pacífico sur.
Otra fuente es Armand Arton, fundador de Arton Capital, consultora que según el FT asesoró al gobierno en el diseño del programa y lo promociona entre sus clientes. Según Arton, cuya firma tiene como lema “empoderar al ciudadano global” y asesora en trámites de ciudadanía por inversión, “Peter Thiel es un gran embajador del programa antes de su lanzamiento”. Además, aseguró al diario británica que es poco probable que el esquema incluya un requisito de residencia, lo cual limitaría la carga impositiva de quienes ingresen al programa
El FT también recuerda que el año pasado el gobierno de Milei modificó las reglas de ciudadanía, en parte para habilitar este programa. De todos modos, agrega, esa reforma enfrenta impugnaciones judiciales aún en curso, ya que la Constitución argentina otorga al Congreso la facultad sobre las leyes de ciudadanía.
Muchos países grandes ofrecen residencia por inversión, pero no ciudadanía plena. El presidente de Estados Unidos Donald Trump, aliado cercano de Milei, lanzó el año pasado un permiso de residencia acelerado por USD 1 millón, aunque recibió pocas solicitudes. La puesta en marcha del esquema coincide con el intento del gobierno de Milei de reposicionar al país como un destino atractivo para los capitales, después de años en los que los impuestos al patrimonio y la volatilidad económica empujaron a parte de la élite local a mudarse al exterior.
El artículo puntualiza también que en 2024 la Corte de Justicia de la Unión Europea declaró ilegal el esquema de Malta, que ofrecía un programa de ciudadanía por inversión, por convertir “la adquisición de la nacionalidad en una mera transacción comercial”. Cerró así la última vía de pasaporte dorado dentro de la Unión Europea, después de que Chipre y Bulgaria ya abandonaron sus propios planes. Otro antecedente citado es el del Reino Unido, que en 2022 eliminó su programa de residencia por inversión como parte de una ofensiva contra el lavado de dinero y además suprimió el ingreso sin visa para algunos países con esquemas de ciudadanía por inversión, como Dominica y Santa Lucía. Según las autoridades británicas, el pasaporte por inversión es “intrínsecamente de alto riesgo”.
Por último el Financial Times cita a Paula Carello, abogada migratoria y exfuncionaria de la oficina argentina de ciudadanías, quien también advierte “muchos riesgos” del sistema en materia de seguridad y reputación que a su criterio probablemente “superan los beneficios para un país del tamaño y perfil de la Argentina.
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ECONOMIA
La pausa de Engels

Entre los períodos en la historia hay divergencias acentuadas entre las tasas de crecimiento económico y las del consumo popular -o, si se quiere, del consumo de la “clase trabajadora”-.
En Argentina tenemos sobrada experiencia de períodos que caracterizamos con el rótulo genérico de “populistas”, en los que el gobierno de turno dilapida stocks acumulados (reservas externas tras la Segunda Guerra Mundial, los fondos de las cajas jubilatorias entre 1950 y 1990, la inversión hundida de empresas privatizadas entre 2003 y 2015) o aprovecha flujos transitorios (ganancias de términos del intercambio entre 2003 y 2008) para distribuirlos en forma de aumentos del gasto corriente.
También hubo episodios de exceso de gasto por sobre su nivel de equilibrio intertemporal que se transformaron luego, inevitablemente, en crisis de deuda y defaults.
Menos frecuentes han sido los momentos en los que la economía crece a tasas elevadas, mientras los ingresos salariales y el empleo lo hacen a tasas mucho más modestas.
Podemos intentar identificar algunos períodos relativamente cortos en la Argentina -más claramente a comienzos del siglo XX-, una etapa de tasas muy altas de inversión, pero en otros países podrían asociarse a períodos algo más extensos de recuperación tras episodios dramáticos de guerra.
Podemos intentar identificar algunos períodos relativamente cortos en la Argentina -más claramente a comienzos del siglo XX-, una etapa de tasas muy altas de inversión
El tramo más extenso que se documenta es en el Reino Unido -y que no precisamente puede imputarse a la salida de una guerra- es el así llamado la “pausa de Engels”, que duró aproximadamente medio siglo entre 1790 y 1840.
Durante esos largos años, la productividad y la economía crecieron a tasas muy elevadas (para la historia previa), mientras los salarios se estancaron. Recién después de este período, en el que las tasas de retorno al capital y las inversiones fueron excepcionalmente altas, los salarios convergieron a crecer con la productividad.

Alguien podría pensar que lo que la Argentina experimenta en la actualidad -crecimiento económico con salarios estancados desde hace cerca de un año- tiene reminiscencias de una Engels’ pause, y que ello puede continuar así por algún tiempo, o incluso por bastante tiempo. Algo de eso hay, pero hay que tener en cuenta que conviven componentes estructurales y cíclicos, y que probablemente anticipan un escenario de “ajuste entre productividad e ingresos laborales” algo más corto.
A no desesperar: no serán 50 años, pero quizás esto se tome dos o tres años, o algo así. ¿Cuáles son los factores que llevarían a una “pausa” larga y cuáles pueden acortarla? El principal lastre viene del pasado: el país lleva 20 a 25 años de estancamiento de la productividad total factorial, y eso se compara con un mundo emergente y regional en el que esa tasa fue positiva y, en algunos casos, muy alta.
El principal lastre viene del pasado: el país lleva 20 a 25 años de estancamiento de la productividad total factorial
Hacer el catch up requiere reestructurar y, por lo tanto, mucho capital, quiebras y tiempo. Pero ello no implica que volver a la productividad de fines de los ’90 tenga el premio mayor, tanto por el punto de partida como porque, además, ahora corremos con el desafío de pegar el salto a nuevas formas tecnológicas, IA y apertura al mundo mediante. La “puesta a punto”, por lo tanto, implica ahorrar (en sentido amplio) durante varios años.

En lo coyuntural, es cierto, parte de la recuperación cíclica de la economía ya se ha dado (lo que implica que algo de productividad se recuperó), pero seguramente no toda a nivel sectorial. Por lo tanto, todavía hay margen en muchas actividades para crecer usando capacidad ociosa sin requerir mucho más empleo.
Una segunda pregunta es si, a partir de mejoras de productividad, nuestro sistema de relaciones laborales y jurídicas en general facilita o traba los procesos de ajuste cada vez que se enfrenta la necesidad de adaptarse a cambios de cualquier tipo.
Si la respuesta es que tenemos un régimen jurídico-laboral que es tanto o más flexible que el de nuestros competidores, entonces al catch up en productividad le habremos sumado una condición de flexibilidad que limita contingencias sobre los costos laborales.
Hay margen en muchas actividades para crecer usando capacidad ociosa sin requerir mucho más empleo
Si, en cambio, la respuesta es “no estoy seguro todavía de un cambio en el régimen jurídico y laboral”, entonces la mejora del stock (subir productividad hasta la frontera de posibilidades) puede ser en parte compensada de manera negativa por amenazas sobre el flujo (incertidumbre sobre pasivos contingentes).
Lo anterior reúne cuestiones que pueden imponer una pausa más larga en los salarios medios, y naturalmente podemos agregar otros factores, como la interrupción de los procesos de inversión y crecimiento por cambios políticos hacia el distribucionismo que alteren el ritmo de catch up en productividad y nos lleven a otra secuencia de deterioro de productividad, como en décadas previas.

Pero hay también factores que pueden acortar los tiempos en que los salarios puedan mejorar con las ganancias de productividad. Entre ellos, el primero para destacar es la apertura de la economía argentina a grandes inversiones en minería metalífera y en hidrocarburos, así como el favorable cambio de políticas hacia la agricultura, que en conjunto ponen un piso al crecimiento agregado.
Si a ello se le suma un proceso sostenido de apertura y desregulación, políticas de equilibrio fiscal intertemporalmente sostenibles, y el hecho de que la población crece a tasas tan bajas (menos de 0,2% anual) que se aleja el temible escenario de una sobreoferta extraordinaria de trabajadores (alto desempleo), el tiempo de ajuste hacia un escenario de crecimiento de más sectores y mejores ingresos se acorta. En ese contexto pueden mejorar las expectativas, lo que a su vez permite traer al presente parte de los beneficios futuros.
En suma, estas pocas líneas advierten sobre un proceso que requiere mejorar los retornos al capital por un tiempo, porque el pasado nos condena y lo que nos legaron nuestros “padres políticos” de los últimos 80 años es una economía de productividad mediocre, inestable e insostenible. Salir de ello nos lleva, nos guste o no, a un período del tipo que caracterizó a la Engels’ pause, aunque no tan dramático, porque la tecnología, la apertura y nuestro pasado nos enseñan hacia donde debemos intentar ir esta vez.
El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 686 de FIEL
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ECONOMIA
Mercados frente a la inteligencia artificial

La inteligencia artificial se ha convertido en la narrativa dominante de los mercados financieros globales. Nvidia superó los cinco billones de dólares de capitalización bursátil; Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta destinan cientos de miles de millones de dólares a infraestructura; y empresas privadas como OpenAI, Anthropic o xAI alcanzan valuaciones que hace apenas unos años parecían imposibles.
Los siete magníficos de la Bolsa (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla) representan casi el 40% del principal índice bursátil del mundo, el S&P 500.
Sin embargo, detrás de esta historia de crecimiento extraordinario comienza a aparecer una pregunta incómoda: ¿cuánto del crecimiento que observamos responde a una demanda genuina de clientes finales y cuánto responde a mecanismos de financiamiento que se retroalimentan dentro del propio ecosistema?

La pregunta no implica negar la revolución tecnológica que representa la inteligencia artificial. Tampoco implica afirmar que exista fraude o manipulación.
Lo que sí plantea es la posibilidad de que una parte relevante de la expansión actual esté impulsada por una estructura de inversión circular que hace que el crecimiento aparente sea mayor que el crecimiento económico subyacente.

El circuito de la IA
La forma más sencilla de entender el fenómeno es observar uno de los circuitos más conocidos del sector.
Nvidia invierte en empresas de inteligencia artificial como OpenAI. OpenAI, a su vez, firma contratos multimillonarios para adquirir capacidad de procesamiento en centros de datos operados por Oracle, Microsoft o Amazon. Esas empresas compran enormes cantidades de chips fabricados por Nvidia para satisfacer esa demanda.
El resultado es que el dinero que inicialmente sale de Nvidia termina regresando, directa o indirectamente, a Nvidia. En el proceso, cada participante puede mostrar crecimiento.
Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema
OpenAI incrementa sus gastos en infraestructura. Oracle, Microsoft o Amazon registran mayores ingresos por servicios de nube y procesamiento. Nvidia registra ventas crecientes de chips.
Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema.

La diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental. Una cosa es una demanda financiada por clientes independientes que generan ingresos suficientes para pagar los servicios que consumen. Otra, muy distinta, es una demanda impulsada por capital de riesgo, emisiones de acciones o financiamiento cruzado entre empresas que apuestan a una rentabilidad futura que todavía no existe.
La empresa que hoy ocupa el centro de esta estructura es OpenAI.
Las estimaciones más difundidas sugieren que OpenAI tiene compromisos de largo plazo cercanos a USD 1,4 billones entre infraestructura, centros de datos, procesamiento y equipamiento tecnológico.
Dentro de esos compromisos aparecen montos significativos destinados a Oracle, Microsoft, Nvidia, AMD, Amazon y diversos proyectos de construcción de centros de datos.
El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos.
El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos
OpenAI genera ingresos crecientes y probablemente se encuentre entre las empresas tecnológicas de expansión más rápida de la historia.
Sin embargo, continúa registrando pérdidas significativas y depende de sucesivas rondas de financiamiento para sostener su ritmo de inversión.

En otras palabras, buena parte de la infraestructura que se está construyendo hoy no está siendo financiada con utilidades generadas por el negocio, sino con expectativas sobre la rentabilidad futura del negocio.
La apuesta es que la demanda terminará justificando la inversión. Pero todavía no está claro cuándo ocurrirá eso ni en qué magnitud.
La historia financiera ofrece numerosos ejemplos de procesos similares. A finales de los años noventa, empresas como Lucent Technologies, Global Crossing o WorldCom invirtieron sumas gigantescas en redes de telecomunicaciones.
Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber
La tesis era correcta: internet transformaría el mundo. Lo que resultó incorrecto fue el timing y la magnitud de las inversiones. Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber.

En 2008, la crisis financiera global mostró cómo un sistema basado en deuda y expectativas crecientes podía sostenerse durante mucho tiempo antes de quebrarse abruptamente.
Más cerca en el tiempo, el boom del shale norteamericano produjo enormes inversiones financiadas por deuda bajo el supuesto de que los precios del petróleo permanecerían elevados durante décadas. Muchas compañías terminaron destruyendo capital aun cuando la revolución energética finalmente se materializó.
En todos los casos aparece un patrón recurrente: sobreinversión, financiamiento abundante y expectativas que terminan creciendo más rápido que la demanda efectiva.
Los defensores de la inteligencia artificial tienen argumentos sólidos:
- Productividad podría aumentar de forma extraordinaria.
- Automatización de tareas intelectuales podría abrir mercados completamente nuevos.
- Aplicaciones empresariales apenas están comenzando.
Y es perfectamente posible que dentro de 10 años la infraestructura construida hoy resulte insuficiente. Sin embargo, el mercado no necesita que la revolución fracase para sufrir una corrección importante:
- Basta con que la adopción ocurra más lentamente de lo esperado.
- Basta con que los ingresos crezcan menos de lo proyectado.
- Basta con que una empresa central del ecosistema encuentre dificultades para financiar sus pérdidas.
Cuando los sistemas dependen de cadenas de financiamiento interconectadas, una interrupción en un punto puede propagarse rápidamente al resto de la red. Y esa es precisamente la preocupación de algunos analistas.

La cuestión no es si la inteligencia artificial cambiará el mundo. Probablemente lo haga.
La cuestión tampoco es si Nvidia, OpenAI, Anthropic o los grandes proveedores de nube tienen tecnologías extraordinarias. Claramente las tienen.
La pregunta relevante para los inversores es otra: ¿el crecimiento que hoy observamos está impulsado por una demanda económica ya consolidada o por expectativas de demanda futura?
Si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración
Porque si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración del crecimiento.
El riesgo es que el mercado esté descontando hoy beneficios que todavía no existen.

La historia demuestra que las grandes innovaciones suelen transformar la economía. Pero también demuestra que los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que esa transformación se traduce en ganancias reales.
Los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que la transformación se traduce en ganancias reales
La inteligencia artificial podría convertirse en la tecnología más importante del siglo XXI.
La pregunta es si los precios actuales ya descuentan un futuro perfecto.
El autor es Director de Club de Inversores
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