POLITICA
La Corte bonaerense le reclamó a Axel Kicillof que active de manera urgente las negociaciones para cubrir sus vacantes

LA PLATA.- La Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos reclamó a Axel Kicillof la cubertura de cuatro cargos vacantes en el máximo Tribunal al presentar hoy un proyecto de autarquía que será elevado a la Legislatura.
La Corte de la provincia tiene sólo tres miembros: Hilda Kogan, Daniel Soria y Sergio Torres, que está en la presidencia y que estuvo a cargo de la presentación del proyecto de autarquía que será enviado a la Legislatura.
El procurador General Julio Conte Grand asistió también a la presentación que se realizó en el Palacio de Tribunales ante miembros del Poder Judicial.
En un discurso sin precedentes, en el que se señaló la extrema gravedad institucional, Torres denunció: “Los ministros de este Tribunal debiéramos ser siete. Este Tribunal de encuentra inéditamente desintegrado“.
Ante magistrados, camaristas, abogados y representantes del ministerio público, Torres reclamó por la cobertura de las cuatro vacantes en el Tribunal Superior de Justicia de la provincia.
“Una Corte incompleta limita la capacidad de conducción. Postergar las designaciones es debilitar el sistema”, exhortó Torres.
En ese marc reclamó tanto a Kicillof como al Senado a que se “aboquen a la urgente cobertura de las vacantes”.
Los postulantes deben ser propuestos por el gobernador Axel Kicillof ante el Senado bonaerense. Pero el trámite se dilata dado que el mandatario no tiene dos tercios de los votos suficientes para imponer a sus candidatos.
S
“La cobertura de las vacantes en la Corte no es una cuestión de política menor. Es una condición constitucional básica para garantizar el gobierno del poder judicial y el ejercicio pleno de las competencias de la Constitución”, señaló Torres.
El juez argumentó que el máximo tribunal de la provincia de Buenos Aires atraviesa una situación crítica. Pero recordó que aún falta cubrir más de 200 vacantes en distintos lugares del Poder Judicial del distrito bonaerense.
La Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires está incompleta hace más de seis años. Desde entonces se acumularon cuatro vacantes. La última se generó en 2024, con la renuncia de Luis Genoud.
Torres recordó que hay un plazo de quince días para postular reemplazos desde que la vacancia ocurrió.
“El mandataron inconstitucional fue desoído acumulando incumplimientos”, apuntó. “La cobertura de vacantes en el Superior Tribunal no debe ser una cuestión diferible ni accesoria”, reclamó Torres. “Es indispensable”, completó.
En el mismo acto anunció que se elevará un proyecto a la Legislatura para lograr la autarquía financiera y funcional del Poder Ejecutivo.
El proyecto de autonomía presupuestaría y de autarquía económica para el poder judicial cuenta con el aval del Colegio de Magistrados y Funcionarios (CMFBSAS), la Asociación Judicial Bonaerense (AJB) y los colegios de Abogados; con la adhesión de múltiples poderes judiciales del país, incluida la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de las provincias argentinas y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jufejus).
Acompañan con su firma al proyecto de ley el presidente del CMFBSAS, Matías Rappazzo, la presidenta de la Comisión de Funcionarios de esa entidad, Erika Rodríguez Merino; el presidente del Colegio de Abogados provincial (COLPROBA), Bienvenido Rodríguez Basalo; y el secretario general de la AJB, Hugo Daniel Russo.
cuatro cargos vacantes,María José Lucesole,Conforme a
POLITICA
Milei contra el sistema: gol del sistema

En su agonía como político, Manuel Adorni esbozó una definición de sí mismo que sobrevive como el epitafio de una época. “Yo soy un pedazo de Milei”, le dijo a Alejandro Fantino en una charla que salió al aire el 7 de mayo. Su salida del poder le hace honor involuntario a esa idea que pronunció para darse importancia. Con él fuera se cierra la fase antisistema del gobierno libertario.
La resolución de la crisis mostró una faceta ya conocida de Milei: es habitual que priorice tener razón a lograr sus objetivos, pero se rinde al pragmatismo cuando ve muy cerca la pared. Al entregar a Adorni hizo algo más. Aceptó el consejo de quienes le piden desde hace tiempo que se allane a las leyes de la política, que busque acercarse a quienes quieren ayudarlo y trate de tranquilizar el clima social.
Le toca convertirse en la contracara del León que venía a poner patas arriba el sistema. Al borde del rugido, decía en febrero de 2024, en los inicios de su presidencia: “Los que hablan de consenso son unos corruptos. ‘Viva el consenso’ es ‘viva la corrupción, viva el toma y daca, viva la entrega de cargos a cambio de plata’. Nosotros no estamos dispuestos a hacer política de esa manera mugrosa”.
Diego Santilli llega con el ímpetu de un domador. Dejemos que Milei explique por qué lo eligió: “Gran parte del trabajo tiene que ver con trabajar con los gobernadores. Se requiere músculo político y él es un gran trabajador, conoce bien el oficio, tiene mucho oficio político”. Al decirlo parecía corroborar que un pedazo de él se iba con Adorni.
Una comitiva de 13 jefes provinciales respondió al llamado de Santilli para darle sentido a su jura como ministro coordinador. Posaron en la foto como quien dice “acá estamos”.
Muchos de ellos habían sufrido en silencio a Adorni cuando intentaba enseñarles las normas de la nueva era. Los recibía -como les pasó también a empresarios e inversores- repantigado en el sillón y dispuesto a recitarles el pliego de condiciones. “Tienen que entender que ahora las cosas cambiaron”, era una frase que a menudo le atribuían los que salían de la Casa Rosada con las manos vacías.
En Santilli, en cambio, encuentran un lenguaje común. Su ascenso les abre la esperanza de obtener lo que necesitan para gobernar en paz y blindar el territorio que les toca en las elecciones del año que viene. Imaginan un pacto de asistencia mutua y no agresión, que todavía no se concretó pero que huelen en el aire.
La promesa de sosiego es explícita. Al dialoguismo existencial de Santilli se suma la vocación del nuevo vocero, Adrián Ravier. Es el antiAdorni: habla pausado y sin altanería, lee en lugar de improvisar y esquiva los temas que desconoce.
Semejante transformación no altera las dinámicas internas del gobierno libertario, cruzadas por la pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo, los dos “hermanos” del Presidente. Continuidades.
La sombra del Pro
El nuevo esquema, de afianzarse, acomoda a La Libertad Avanza (LLA) al electorado que hoy representa. El Milei de 2021 y 2023 fue un fenómeno transversal, plebeyo, rupturista, que basó su éxito en gran medida a que pisó fuerte en zonas de raíz peronista. Al cabo de dos años en el poder, la radiografía de sus apoyos resultó mucho más nítida. El voto libertario de las legislativas de octubre guarda una correlación casi perfecta con el de Juntos por el Cambio en sus mejores épocas.
Después de quedarse con el votante del Pro, ¿por qué no “ser” el Pro? El Gabinete ya tiene mayoría clara de exfuncionarios del gobierno macrista. Solo Sandra Pettovello y Mario Lugones sobreviven de la generación inicial de ministros que venían de fuera de la profesión política.
La crisis de Adorni y las fragilidades de la economía alimentaron la esperanza de algunos sectores empresariales y partidistas de construir una alternativa electoral que “preserve el rumbo liberal”. Al entronizar a Santilli, el Presidente busca revertir la situación: en lugar del “mileísmo sin Milei” alumbra un “macrismo sin Macri”.
Es un modelo clásico en el que la estridencia queda reservada a Milei. “Seremos el Pro con guitarra eléctrica”, bromea un diputado libertario de larga experiencia.

El discurso presidencial ya no registra inflexiones que popularizó Adorni en sus días dorados, como “los amarillos fracasados” para aludir al Pro. Milei concentra sus críticas en la figura de Macri, a quien esta semana acusó de haber estafado a los argentinos con el llamado reperfilamiento de la deuda pública del tramo final de su mandato, en 2019.
La dinámica de la etapa que arranca conduce a un tablero político otra vez dominado por la polarización. Con el oficialismo libertario, ampliado por la anuencia de gobernadores aliados, de un lado, y el peronismo de matriz kirchnerista, del otro (si puede salir airoso de la guerra civil entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner).
Llegar a un escenario como ese requiere una delicada ingeniería de pactos. Las provincias acumulan demandas insatisfechas desde hace tiempo. Ahogados por el ajuste, casi todos los gobernadores necesitan fondos y ansían un repunte de la actividad que no convierta en una carga la opción de acercarse a Milei. Ellos tienen la llave para la reforma electoral, decisiva para el objetivo libertario de quitarle a la oposición una herramienta para ordenarse como es el sistema de primarias obligatorias.
Los datos de la economía son previsibles, pero desconcertantes. ¿Es un modelo ganador de elecciones? La baja de la inflación y el dólar bajo control funcionan como bandera de éxito para Milei. Pero los “mejores 18 meses de la historia” que prometió el ministro Luis Caputo no terminan de empezar.
En los últimos días se conoció una batería de datos que llaman a la prudencia:
-La recaudación de junio cayó un 7,1% interanual después del celebrado repunte del mes pasado.
-La última cifra oficial sobre morosidad bancaria registró un alza, con 7 millones de personas excluidas de la posibilidad de recibir préstamos.
-El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) volvió a caer en abril respecto del mes anterior y sigue en modo serrucho. La construcción, el comercio y la industria manufacturera revirtieron lo que parecía un repunte.
-Por cuarto trimestre consecutivo se redujo la inversión, pese al RIGI y los esfuerzos del Gobierno por incentivarla.
Este último indicador sugiere que la confianza persiste como un déficit estructural argentino que la fe de Milei por los mercados no consigue revertir.
Santilli se propone aplicar las herramientas de la política tradicional para completar lo que la motosierra no es capaz.
La incógnita que se impone es si tendrá margen de maniobra para ceder a los pedidos de los aliados. El ministro Caputo ha sido hasta ahora el verdadero jefe de Gabinete en lo que refiere a la vinculación con los gobernadores. ¿Estará dispuesto a abrir la mano para aceitar los acuerdos electorales? Hasta el año pasado Milei alardeaba de navegar contra la corriente y de haberse animado a ajustar sin miedo a perder votos. Se percibía Ulises atado al mástil para no oír el canto de las sirenas del gasto público.
El manual de la vieja política dice otra cosa. Que se gana si la gente siente que su situación personal está mejorando. Si hay que abrir la billetera, se abre. Ofrece también la coartada ética para que un dogmático como Milei acepte doblegarse: para que la revolución en marcha se afiance, es necesario blindar cuatro años más de mandato. Hay que conjurar a toda costa el miedo al péndulo, al regreso a una Argentina de corte estatista, porque eso puede alimentar una corrida cambiaria antes de las urnas.
La continuidad del ajuste pide precisión. El Gobierno jura que no gastará más de lo que ingresa. La caída de la recaudación lo pone en el brete de recortar más. Y eso aumenta la prevención de los eventuales aliados.
La vara moral
Milei juró una y otra vez que él solo va a “hacer lo que hay que hacer”. Es la base de lo que llama “la moral como política de Estado”, un concepto que concibió como un eslogan para retratar lo que a su juicio es la superioridad del capitalismo de libre empresa.
Aquel lema se convirtió en caricatura con el caso Adorni. Con la compra de casas y departamento, con las refacciones de nuevo rico, con la mentira en sede parlamentaria sobre los bienes que ocultó en sus declaraciones juradas y los favores que les pedía a sus empleados para darse los gustos de la infancia sin dejar rastro, como tener el monitor de videojuegos más moderno.
Adorni será pronto una anécdota en la política nacional. Su renuncia con una carta victimista ofrecía un abrazo de oso al que Milei se rindió, literalmente, el día de la despedida. El Presidente convalidó la tesis de que su ministro le hacía el favor de alejarse porque sufría una “carnicería mediática” planificada para debilitar las reformas libertarias.
No reprochó sus dobleces. No cuestionó que hubiera admitido evadir impuestos, que escondiera parte de su patrimonio, que hiciera uso de los privilegios de tener a su cargo empleados a tiro de decreto a los que pedirles prestada la tarjeta de crédito.
El fin del ciclo de Adorni habla sobre todo de los estándares de Milei. Actuó igual que con José Luis Espert, a quien aún defiende mientras la Justicia se dispone a indagarlo por los pagos que recibió de un empresario que confesó haber lavado dinero en Estados Unidos. Del mismo modo que nunca se despegó de Mauricio Novelli y Hayden Mark Davis, los tecnobros que idearon el criptoactivo tóxico $LIBRA. Ni a su exabogado Diego Spagnuolo lo repudió cuando se difundieron las grabaciones en las que describía con desparpajo un sistema de coimas con el dinero para los discapacitados.
Quedó claro que Milei decidió dar vuelta la página de Adorni. La duda que persiste es si se tomó el tiempo de leerla.
salida del poder,Martín Rodríguez Yebra,Javier Milei,Diego Santilli,Manuel Adorni,Conforme a,Javier Milei,,La propuesta de Milei. Las incógnitas y oportunidades alrededor de las sociedades administradas por IA,,Próxima semana. Karina Milei convoca a una reunión de la mesa política: será la primera con Santilli en su nuevo rol,,Minuto a minuto. Javier Milei y sus medidas: cambios de funcionarios en el Gobierno y sus primeras decisiones
POLITICA
Javier Milei felicitó a Keiko Fujimori y anunció una nueva etapa en la relación bilateral con Perú

Javier Milei se comunicó hoy, de manera telefónica, con Keiko Fujimori para felicitarla por su victoria en las elecciones presidenciales de Perú y anunció, además, el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral entre ambos países.
El mandatario argentino afirmó que las dos naciones “vuelven a encontrarse en el camino de la libertad” y subrayó en X que el Perú se suma al bloque de países de la región que, según sus palabras, decidieron “plantarse frente al socialismo”.
Fujimori, de 51 años, ganó la segunda vuelta del 7 de junio frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez por un margen de apenas 49.641 votos —50,135% contra 49,865%— sobre un total de más de 18 millones de sufragios. El resultado, confirmado con el 100% de las actas escrutadas, la convierte en la primera mujer en alcanzar la presidencia del Perú y pone fin a tres derrotas presidenciales consecutivas. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene previsto oficializar el resultado el 3 de julio.

Más allá de esta comunicación, Milei ya había felicitado a la presidenta electa el pasado 30 de junio, también a través de sus redes sociales. “El pueblo peruano se suma a Colombia y ha enviado un mensaje claro: la región quiere volver al camino de la libertad y la seguridad”, indicó en ese momento. Luego añadió que “los peruanos rechazaron la debacle comunista que planteaba Roberto Sánchez y le dijeron nunca más al socialismo totalitario”.
Fujimori respondió a su par argentino y lo hizo utilizando la misma vía. “Muchas gracias, presidente Javier Milei, por su saludo y sus palabras”. A su vez, adelantó los lineamientos de la relación bilateral que proyecta para su gestión. “El Perú inicia una nueva etapa con la firme voluntad de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con Argentina, sobre la base del diálogo, el respeto mutuo y una agenda común que impulse el desarrollo, la libertad y la prosperidad de nuestros países”.
En la publicación de hoy, a su vez, el mandatario destacó la necesidad de “abrir una nueva etapa entre la Argentina y el Perú, dos naciones hermanas que vuelven a encontrarse en el camino de la libertad”. “Coincidimos en la necesidad de más libertad, crecimiento económico y lucha contra el crimen organizado transnacional”, agregó. Y concluyó: “El Perú se suma al bloque de países que en la región decidimos plantarnos frente al socialismo y trabajar juntos en la defensa de la libertad”.
Para Milei, la victoria de Fujimori se inscribe en una dinámica más amplia que el gobierno argentino viene promoviendo. Junto con Bolivia (Rodrigo Paz) y Colombia (Abelardo de la Espriella, presidente electo), presenta a Perú como parte de un bloque de países que, según su narrativa, se orientan hacia la libertad económica y el rechazo al socialismo.
La victoria de Fuerza Popular representa el retorno del fujimorismo al Poder Ejecutivo peruano por primera vez desde el año 2000, cuando el gobierno de Alberto Fujimori colapsó tras el escándalo de los denominados “vladivideos”, una serie de grabaciones de video secretas realizadas entre 1998 y 2000 por orden de Vladimiro Montesinos, asesor de inteligencia y hombre de confianza del entonces presidente peruano, que registraban pagos a congresistas, jueces, empresarios, dueños de medios de comunicación y militares para asegurar su lealtad al gobierno fujimorista.
Fujimori asumirá el cargo el 28 de julio, fecha en que relevará al presidente interino José María Balcázar. La Constitución Política del Perú establece que la presidenta de la República es, a la vez, jefa de Estado y jefa de Gobierno, con atribuciones que abarcan desde la conducción de la política exterior y la conformación del gabinete ministerial hasta la dirección del Sistema de Defensa Nacional. El mandato tendrá una duración de cinco años.
South America / Central America
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De Saratoga a la Argentina

Hay aniversarios que se celebran con fuegos artificiales y discursos, y hay otros que conviene celebrar leyendo despacio la letra torcida de un documento de 1818. Ese es el caso de la historia de los Stearns, una familia de granjeros de Holden, un pueblito del condado de Worcester, Massachusetts, que peleó por la independencia de Estados Unidos, que cumple hoy 250 años.
Ciento cincuenta años antes de la independencia
La historia de los Stearns en América no empieza con la Revolución: empieza en 1630, apenas diez años después del desembarco del Mayflower, cuando los primeros Stearns cruzaron el Atlántico a bordo del Arbella, la nave insignia de la llamada Flota de Winthrop. Saleiron de Inglaterra huyendo de la persecución religiosa de la Iglesia anglicana. El gen de la disidencia y la fe profunda venía de fábrica en esta familia, ciento cincuenta años antes de que un descendiente suyo tuviera que decidir entre la lealtad a un rey o a una idea todavía por nacer: la de una nación libre.
El padre que ya había peleado contra otro imperio
Antes de que existiera Estados Unidos, ya existía un Stearns, Increase, dispuesto a tomar las armas. El padre de nuestra historia había combatido en la Guerra Franco-India, el conflicto colonial entre británicos y franceses (con sus respectivas alianzas indígenas) que asoló la frontera norteamericana entre 1754 y 1763. Formó parte, según la tradición familiar documentada, del socorro al fuerte William Henry, en el lago George —el mismo episodio, con su sitio y su masacre, que Fenimore Cooper inmortalizó en El último de los mohicanos y que Hollywood volvió a contar en la pantalla grande.

Veinte años más tarde, ese mismo hombre se alistó de nuevo, esta vez por la causa patriota: el 14 de marzo de 1777 se enroló en el Regimiento 15 de Massachusetts, al mando del coronel Timothy Bigelow. Massachusetts fue el estado que más tropas aportó al Ejército Continental de George Washington. Fue con esa unidad, incorporada a la Brigada del general John Glover, que el Stearns padre llegó a Saratoga. Y ahí, el 19 de septiembre de 1777, en la batalla de Freeman’s Farm, el Regimiento 15 no fue tropa de reserva: peleó en primera fila. Sin tiendas de campaña, durmiendo bajo refugios improvisados de ramas y tablas, la brigada de Glover encabezó el combate y sufrió allí más de trescientas bajas hasta que, tras una segunda batalla en Bemis Heights el general británico Burgoyne rindió su ejército completo. La victoria de Saratoga no fue una batalla más: fue el hecho de armas que convenció a Francia de reconocer la independencia americana y firmar la alianza militar que resultaría decisiva para ganar la guerra. En algún punto de esa campaña el padre fue herido —y esa herida es la que empuja a su hijo, todavía adolescente, a tomar su lugar en las filas.

El hijo que reemplazó a su padre a los dieciséis años
En enero de 1778, con apenas dieciséis años, Increase Stearns (h) se presentó ante el coronel Bigelow para alistarse como sustituto de su padre herido. Bigelow lo aceptó y lo mandó a incorporarse al mismo Regimiento 15, dentro de la Brigada de Glover, en la compañía del capitán John Pierce. Así lo relata el propio Stearns, de puño y letra, en la declaración jurada que presentó cuarenta años después para reclamar su pensión de veterano: un trámite burocrático que, sin proponérselo, se convirtió en un relato vívido de la guerra.

De ahí en más, el joven Stearns marchó con el grueso del Ejército Continental desde el campamento de Valley Forge —el invierno en que la tropa de Washington estuvo a punto de disolverse por hambre y frío, y donde el oficial prusiano Barón Von Steuben hizo de las milicias una fuerza militar profesional, hasta Nueva Jersey, donde el 28 de junio de 1778 se libró la batalla de Monmouth. Esa es, de todas las que peleó, la batalla en la que Increase Stearns hijo combatió más cerca del propio Washington y de Lafayette: ese día la brigada de Glover formó parte del ala izquierda, y fue precisamente el cuerpo principal del ejército —donde marchaba Stearns— el que tuvo que sostener la línea después de que la vanguardia se replegara en desorden. Se conserva incluso el registro de otro soldado del mismo regimiento, William Wyman, confirmando su presencia ese día bajo el mando de Bigelow. Monmouth fue el último gran choque frontal entre los dos ejércitos en el norte, y probó algo decisivo para el curso de la guerra: que la disciplina aprendida en Valley Forge había convertido a los granjeros y artesanos del Ejército Continental en una fuerza capaz de resistir, campo a campo, a las tropas regulares británicas; después de esa batalla, los ingleses evacuaron Nueva Jersey y desplazaron el grueso de su esfuerzo militar hacia el sur.

Dos meses después, en la isla de Rhode Island, la brigada de Glover volvió a ser decisiva: apostada detrás de un muro de piedra en Quaker Hill, resistió el avance británico que perseguía a las tropas americanas en retirada y disuadió a los ingleses de lanzar un asalto mayor, permitiendo que el general Sullivan retirara a su ejército de la isla sin ser destruido. El propio Sullivan, en su parte de guerra, elogió a la brigada por haber actuado “con gran firmeza”.
Un castigo, una injusticia y una vida entera para repararla
Pero el documento que se conserva no es solo un relato de gloria militar. Es, sobre todo, el testimonio de una injusticia. En enero de 1780, Stearns y una veintena de compañeros, apostados cerca de West Point, reclamaron —con razón, según ellos— que su tiempo de servicio había vencido y pidieron la baja. Al no ser escuchados, decidieron marchar por su cuenta hacia Boston para presentar el reclamo ante el gobierno de Massachusetts.
Y aquí aparece un detalle que dice tanto de la época como del episodio mismo: esos soldados no pensaban apelar al Congreso Continental ni al gobierno de Estados Unidos —una entidad que, en 1780, todavía era poco más que una alianza de circunstancia entre trece estados soberanos, sin Constitución, sin ejecutivo propio, regida apenas por unos Artículos de Confederación. Pensaban apelar a Massachusetts, el estado al que sentían pertenecer antes que a cualquier otra cosa.
Fueron interceptados cerca de Danbury, Connecticut, y devueltos al campamento. Un consejo de guerra investigó lo ocurrido y exigió que se identificara a los cabecillas de la protesta. Nadie habló. Ninguno de los soldados delató a sus compañeros, a pesar de que negarse a hacerlo significaba, con toda seguridad, cargar con el castigo. Al no obtener esa información, el tribunal condenó a los cuatro más jóvenes a cien latigazos cada uno, ejecutados de inmediato. Increase Stearns —el menor de todos, con apenas dieciocho años— fue uno de los castigados. Y aun así, ni en el momento ni cuarenta años después, al escribir su declaración de pensión, dio un solo nombre.
Cumplida la pena, volvió al servicio y sirvió con honor hasta su baja regular, en marzo de 1780. Casi cuarenta años más tarde, ya con la salud de su esposa quebrada y doce hijos a cargo, le escribió al Secretario de Guerra pidiendo que ese castigo —“más severo de lo común, considerando mi edad en aquel momento”— no lo excluyera del beneficio de la ley de pensiones de 1818. Un antiguo oficial, Joel Pratt, atestiguó que Stearns “sirvió su tiempo honorablemente” y que todos los hombres de aquel episodio eran, en su memoria, “buenos y fieles soldados”. La pensión, finalmente, le fue concedida: 50 dólares con 91 centavos era (1300 dólares de hoy), según la Corte de Worcester, todo lo que este veterano poseía en el mundo —un carro, una yunta de bueyes, tres cerdos, dos mesas, ocho sillas y poco más.

De Massachusetts, a Buenos Aires
Los Stearns no se detuvieron ahí. Ciento sesenta años después de que el joven Increase recibió aquellos cien latigazos por no delatar a sus compañeros, un tataranieto suyo, Louis Agassiz, volvió a calzarse el uniforme: desembarcó en el norte de África para combatir contra las tropas alemanas del Afrika Korps de Rommel. El Coronel Louis Agassiz Stearns, descansa hoy en el Cementerio Nacional de Arlington, el camposanto militar donde Estados Unidos honra a quienes murieron sirviendo bajo su bandera y a héroes que sobrevivieron el frente de combate. Y la posta, otra vez, pasó de padres a hijos: los suyos pelearon en el Pacífico contra Japón, en esa misma guerra, mientras que su hija, agente del FBI en plena guerra, se enamoraba de un chileno de padres asturianos, con el que se mudó a la Argentina para empezar una nueva vida.
Una carta casi ilegible ya, escrita con la letra apurada de un adolescente que a los dieciséis años cambió el arado por el mosquete, es hoy el hilo que une a los Estados Unidos de 1776 con Buenos Aires: los descendientes de aquel soldado raso viven, 250 años después, en la Argentina. Hoy, mientras Estados Unidos celebra un cuarto de milenio de independencia, vale la pena recordar que esa gesta no la hicieron solo los nombres que figuran en los libros de historia, sino también unos improvisados 35.000 milicianos que pusieron su cuerpo en la primera línea de batalla contra un enemigo superior en número y capacidad, que pasaron un invierno a la intemperie en Valley Forge y, cuando la injusticia les cayó encima, no dejaron nunca de reclamar lo que por derecho les correspondía. Hoy se celebra una vocación de servicio, que generación tras generación siempre estuvo del mismo lado de la historia: el de quienes empuñaron las armas contra la tiranía, no para someter a nadie sino para que otros pudieran ser libres.
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