CHIMENTOS
La cuenta pendiente que atormenta al hijo de Mario Pergolini: “Nunca pude hacerlo”

Tomás Pergolini atraviesa uno de los momentos más sensibles de su vida personal y decidió compartirlo públicamente. Durante una emisión de su programa de streaming en Vorterix, el hijo mayor de Mario Pergolini recordó con profunda emoción a su abuela Beatriz, quien falleció el pasado 7 de mayo, y dejó una confesión que conmovió a todos.
Lejos de ocultar el dolor, Tomás abrió su corazón frente a cámara y habló del vínculo especial que mantenía con ella. Entre recuerdos, anécdotas familiares y lágrimas contenidas, reveló cuál es la deuda emocional que siente que nunca pudo saldar.
“Siempre me tuvo muy presente y eso a mí me enternece muchísimo”, comenzó diciendo sobre Beatriz, a quien describió como una mujer frontal, intensa y con una personalidad imposible de pasar desapercibida.
Con una mezcla de emoción y ternura, también recordó la manera en la que su abuela expresaba el cariño que sentía por él. “Ella decía muy descaradamente que yo era su favorito delante de todos sus otros nietos”, contó entre risas, dejando ver la conexión especial que compartían.
Sin embargo, el momento más fuerte de su relato llegó cuando habló de aquello que hoy le genera culpa. “Me quedó una mini deuda pendiente, nunca le cociné”, confesó con la voz quebrada y al borde del llanto. La frase impactó de lleno entre quienes seguían el programa y rápidamente comenzó a viralizarse en redes sociales.
Es que Tomás viene desarrollando desde hace tiempo una fuerte pasión por la gastronomía e incluso comenzó a estudiar cocina de manera profesional en el IAG. Según explicó, cocinar siempre fue algo que lo conectó con los recuerdos familiares y especialmente con su abuela, autora —según él mismo contó— de “los mejores canelones y las mejores papas fritas” que probó en su vida.
En medio del dolor, también compartió las palabras que le dijo un amigo para intentar aliviar esa sensación de culpa que lo acompaña desde la despedida. “Por más que no le hayas cocinado, ella va a vivir siempre en tu comida porque fue quien te despertó las ganas de cocinar”, recordó emocionado.
La reflexión terminó de quebrarlo y dejó uno de los momentos más íntimos y sinceros que se vieron en el streaming en los últimos días. Además, Tomás aprovechó para hacer una profunda reflexión sobre el duelo y los vínculos familiares. “Siempre va a quedar algo por hacer. Siempre vas a lamentar no haber estado más o no haber hecho algo más”, expresó con honestidad.
A pesar del dolor, también destacó que pudo despedirse emocionalmente de ella y quedarse con el amor compartido durante tantos años. “Sé que hasta el último momento pensé en ella y ella pensó en mí, y eso es algo muy lindo”, cerró.
Mario Pergolini, Tomás Pergolini
CHIMENTOS
Malena Guinzburg: “Quiero dedicarme a esto toda la vida”

A los desafíos del teatro de elenco se suma el nombre propio de una figura ya consolidada: Malena Guinzburg sigue ampliando su camino en los escenarios argentino. Ahora forma parte del elenco de “Casual”, comedia que explora vínculos y contradicciones actuales en la cartelera porteña. Hija de Jorge Guinzburg, reconocida por su trabajo en stand up y en el grupo Las Chicas de la Culpa, Malena cruza con naturalidad la frontera entre el humor individual, la actuación en grupo y la televisión, impulsando una voz propia en el mundo del espectáculo.
El estreno de “Casual” marcó un nuevo desafío para Guinzburg, que alterna las funciones en el Multiteatro de Buenos Aires con giras, televisión y sus proyectos con Las Chicas de la Culpa. La comedia, escrita por Federico Viescas y dirigida por Pablo Fábregas, aborda identidades y vínculos en la era digital a través de descubrir los secretos de un celular. Con un elenco que integran Carlos Belloso, Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich.
Con funciones semanales a cuesta y una reciente nominación al Martín Fierro con Las Chicas…, la artista conversa sobre temores, aprendizajes y autenticidad en diálogo con Teleshow.

—En “Casual” das un salto importante al teatro de elenco tras muchos años de stand up. ¿Cómo viviste este proceso y qué aprendizajes te dejó?
—Fue un cambio enorme para mí. Ya el primer desafío fue modificar totalmente mi manera de actuar: dejar de ser yo misma, como en el stand up, y pasar a aprenderme una letra, a componer un personaje con cuarta pared. Sentí muchos miedos e inseguridades, sobre todo por compartir escenario con actorazos como Diego Gentile y Carlos Belloso. Una semana antes de estrenar lo agarré a Pablo Fábregas, al director, y llorando le dije: “Soy malísima”. Y me respondió: “Dejá de hinchar las bolas, divertite”. Me animó a disfrutar y hoy estoy muy feliz. Quiero que la vea todo el mundo y ahora siento mucho orgullo.
—¿Te planteaste en algún momento posponer tu carrera como humorista por este desafío?
—Soy medio cagona evidentemente. Tuve el temor de alejarme un poco del stand up, que venía funcionando bien y donde quería armar otro unipersonal, pero las ganas de hacer algo nuevo ganaron siempre. El proyecto, la obra, el elenco y el director me gustaban mucho más que cualquier miedo. Además, sigo con Las Chicas de la Culpa, así que el deseo pesó más que la inseguridad.
—¿Sentís que esta experiencia abre nuevas puertas en tu carrera actoral?
—Ojalá. Me divierto mucho. Al principio dudaba si hacer seis funciones por semana, repitiendo el mismo texto, me iba a aburrir. Pero no me faltaron ganas ni un solo día, siempre encontré cómo hacerlo de una forma nueva. Ahora quiero dedicarme a esto toda la vida.

—La trama de “Casual” gira en torno a los secretos y lo privado en la vida actual. ¿Te identificás con esta temática?
—Creo que, como todos, tengo algunos secretos. Mi Depende quién encuentre mi celular, tal vez pueda ver cosas que preferiría que no. Mi novio tiene mi clave, no oculto nada grave, pero me daría vergüenza que vean charlas tontas, como mis preguntas al ChatGPT por un grano o alguna playlist de música y que me digan “qué grasa”. Son esas “microvergüencitas” que uno no quiere mostrar. Eso sí: en mi vida de pareja no reviso celulares ni oculto nada, pero reconozco que soy algo chusma, incluso con los amigos.
—¿Creés que hoy el celular es literalmente nuestra extensión, como muestra la obra?
—Totalmente. Si alguien analiza tu celular puede saber todo: en qué gastás, qué hacés, cuánto tiempo pasás con cada cosa. Es como la caja negra de quiénes somos.
— Y en el Instagram de tu novio, ¿no mirás si alguna chica le pone un corazoncito, por ejemplo?
—No, igual, la verdad que mi novio casi no usa las redes sociales. Cero, cero, cero. Las usa por laburo nada más. No me da esa ni esa chance. A ver, tampoco me quiero hacer la recontrasuperada en la vida. Tal vez si yo viera que sí pasa eso de: “Che, siempre te pone corazones”, no haría ningún escándalo, pero miraría para ver quién es, ¿entendés?

—Con Las Chicas de la Culpa saltaste del teatro al horario central de los domingos en El Trece. ¿Cómo fue esa adaptación del humor al formato televisivo?
—Entendimos desde el comienzo que eran dos cosas distintas.En el teatro somos muy zarpadas, podemos hablar de todo sin filtro. En la televisión, los domingos a las 21 horas, ni siquiera es después del horario de protección al menor, así que tuvimos que armar un código propio y empezar a filtrar. Ahora también sumamos entrevistas, lo que cambió mucho la dinámica. De a poco encontramos nuestro estilo, nos divertimos e incluso vemos el impacto en la calle; mucha gente nos habla del programa, más allá de los números.
—Siguen manteniendo la “picardía” propia pese a los nuevos límites. ¿Cómo lo logran?
—Obvio, nadie nos puede quitar la esencia. Nuestro humor tiene eso picante y natural. Aunque en tele no podemos hacer lo del teatro, tratamos de conservar la chispa.
—¿Recibiste alguna reacción inolvidable por algún chiste o situación en teatro?
—En el teatro somos cuidadosas, no nos metemos con el público porque puede ser un caos, sobre todo con mil personas en el Nacional. Lo que sí pasa es que a veces decimos cosas muy graciosas en el teatro, pero si las subís a redes pueden tomarse mal porque salen de contexto. Ya nos pasó: subimos un recorte y alguien, un famoso, se ofendió. No te voy a decir quién es porque nadie se enteró. Nos llamó directamente y lo bajamos enseguida. Es el riesgo de que el humor, fuera de su entorno, pierda sentido.
—¿Cómo lidian con esos riesgos en la era digital?
—Simple: mucho cuidado al elegir qué subimos. Sabemos que el lenguaje de las redes es distinto y hay cosas que solo funcionan cuando todos están en la misma sintonía. Con humor negro, sobre todo, hay que estar atentos a no herir.

—Hablando de tu papá, Jorge Guinzburg, ¿cómo vivís el peso del apellido y tu propia independencia profesional?
—Siento que hice mi propio camino. Ya van más de 20 años trabajando y toda mi carrera fue sin mi viejo, que falleció en 2008. Eso no quita que me llene de orgullo cuando lo recuerdan con cariño en el medio. No busqué nunca imitarlo ni podría hacerlo, pero no reniego de mi apellido, al contrario: estoy muy orgullosa.
—¿Te inspiran algunos consejos o miradas de Jorge en tu faceta de entrevistadora?
—No busco copiarlo ni repaso sus entrevistas, pero sí me acuerdo de consejos sobre escuchar al entrevistado, que es lo básico para una buena charla. Viéndolo trabajar aprendí mucho y lo valoro.
—Con un ritmo tan intenso de compromisos, ¿cómo manejás tu vida personal y la exposición?
—Por suerte puedo salir a la calle y hacer mi vida normal. Me gusta tener contacto con el público, recibir el cariño de quienes agradecen que los hagas reír. Lo difícil es el poco tiempo libre; entre “Las Chicas de la Culpa”, las funciones de “Casual” y las grabaciones para tele, no tengo un día de descanso. Es más, ahora termino esta entrevista y tengo una reunión.

—El grupo Las Chicas de la Culpa es famoso por su trabajo en equipo y amistad. ¿Esa unión es real fuera del escenario?
—Es así, somos muy amigas y eso hace posible el éxito. Tuvimos diferencias, claro, pero las resolvimos. Venimos de una gira espectacular por Europa y hasta nos tomamos vacaciones juntas. Ahora estamos nominadas al Martín Fierro por la televisión y ya alquilamos una habitación para prepararnos juntas. Para que podamos divertirnos y decirnos lo que nos decimos en el grupo tiene que haber verdadera amistad.
—En las giras y funciones internacionales, ¿qué diferencias notaste con el público y el humor local?
—En Ámsterdam y Londres el público era latino, pero en España el 80% eran españoles, algo que nos sorprendió y nos encantó. El humor es universal, todos nos reímos de lo mismo aunque algunos públicos sean más tímidos. Como pasa acá también: en algunos lugares en el interior tardan un poco en soltarse, pero después es igual.
—¿Tienen que ajustar mucho el lenguaje o los códigos del humor dependiendo del público?
—Sí, con Las Chicas de la Culpa nos pasa seguido que alguna palabra no se entiende afuera. Entonces preguntamos: “¿Esto se entiende?”, y buscamos adaptarnos sobre la marcha. A veces, como público, te perdés alguna palabra, pero el contexto hace que todos nos entendamos.
—¿Cómo vivís la nominación al Martín Fierro? ¿Tenés algún discurso preparado para la ceremonia?
—No, nunca prepararía un discurso. Estar nominada ya es muy lindo, es un reconocimiento. El lunes iremos a divertirnos, a celebrar y ojalá ganemos, porque siempre está bueno ganar.
Fotos: Rosario González del Cerro
malena guinzburg
CHIMENTOS
Tamara Meschller, la violinista que brilló con Milo J en el Tiny Desk: “Toda mi formación se la debo a la educación pública”

—¿Cómo comenzó tu pasión por la música?
—Yo soy folclorista hace veintidós años.
—¿Cuántos años tenés?
—Tengo veintiocho.
Cuando el Tiny Desk de Milo J desplegó una ráfaga de argentinidad a la National Public Radio de Washington hace mas de siete días, el país celebró la llegada de un artista que llevaba a los ojos del mundo elementos de nuestra cultura. El Martín Fierro, Mercedes Sosa, el “Nunca Más”, las Islas Malvinas. Nuestros ritmos. Dentro de los talentosos músicos que acompañaban al artista, Tamara Meschller se robó los corazones de la audiencia tocando cuatro instrumentos en una sesión de 16 minutos. “Yo quiero que hablemos más de esta reina porque es tremenda artista”, expresó una usuaria de X, hechizada por su actuación, poco después del lanzamiento.
Las mas de 5 millones de visualizaciones que viene recibiendo el video de la “oficinita” de Milo (hasta el momento), para la multinstrumentista se traducen en una avalancha de mensajes y demostraciones de afecto cada vez que abre el teléfono. “Es una locura lo que pasó. Es hermoso el cariño de la gente y los mensajes son muy lindos. Muchos seguidores nuevos también en mis redes, gente que me está conociendo por esto. La verdad que me da mucho orgullo. Así que estoy muy feliz» , repite a Teleshow la violinista nacida en Rafaela, Santa Fe, directora de orquesta y hoy un eslabón de ese fenómeno distinto que es Milo J, mientras navega días de visibilidad internacional.

En un momento de descanso luego de un showcase privado en Miami, antes de aterrizar en Paraguay y en el Estadio Nacional de Chile durante mayo, entre horas de ensayos, aviones y gira, la artista recuerda al teléfono los fines de semana acompañando a su padre músico desde muy temprana edad, su formación musical luego de asistir al colegio y la concreción de una meta como directora de orquesta por la Universidad Nacional del Litoral. “Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas”, dice.
En la charla aparecerá su compromiso para que mayor cantidad de mujeres tengan visibilidad en el mundo de la música; la tormenta de nieve que postergó su primer intento para conquistar el escritorio del NPR Music que pisaron desde Dua Lipa, Coldplay y Adele a Ca7riel & Paco Amoroso, Natalia Lafourcade y Bad Bunny; el valor de las orquestas-escuela; la reivindicación de la “Argentina marrón” frente al “porteñocentrismo” y cómo ya tachó varios sueños cumplidos, pero uno solo la entusiasma por demás y la conmueve. “Mi hija te vio y la anoté en la escuela de música de mi pueblo”, cuenta, sobre esos mensajes que le llegan como simientes.


—El resultado final del Tiny Desk con Milo J está a la vista y es hermoso. ¿Tuvieron algunos inconveniente antes de grabarlo?
—Fue un proceso largo. Pensamos varias veces que se iba a hacer y se suspendía por diferentes cosas. Una tormenta de nieve nos pasó en enero, que estábamos por ir a Estados Unidos y no pudimos llegar. Ya estábamos a mitad de viaje y se suspendió por una tormenta que tenían ahí, así que se pospuso hasta ahora y lo pudimos hacer recién en marzo. Fue de mucha satisfacción y alivio que saliera todo bien. Lo recontra disfrutamos.
—Sos multinstrumentista y te volviste muy viral porque tocás violín, flauta y algunas cosas más en la presentación junto a Milo. ¿Cuántos instrumentos tocás?
—Hicimos violín, flauta traversa, pinkullo y siku. Agregamos para la canción de Milo “Solifican12″ los vientos andinos. Eso tuvo una repercusión espectacular. Es algo que estamos haciendo en todos los shows y, si bien yo sé que a la gente le gusta, no me esperaba que llame tanto la atención. Es hermoso todo lo que puedo decir de este momento de visibilidad. También canto, toco algo de piano por mi formación. En realidad soy directora de orquestas. Estudié en la Universidad Nacional del Litoral, estudié dirección orquestal, así que en realidad mi profesión es esa. Toda la vida estudié instrumentos. Me gusta incursionar en cosas nuevas. Faltó la quena también, quena también toco. Pero no mucho más, lo otro no lo hago de manera tan profesional.
La multinstrumentista nacida en Rafaela, Santa Fe, tiene un largo recorrido que une la música académica, las peñas y ahora, su arribo al Tiny Desk
(Video: Instagram)
—Contame cómo fueron tus primeros pasos en la música.
—Nací con el folclore en mi familia, mi papá es músico. A los seis años me subí con él al escenario, y él me acompañó toda la carrera. En ese momento y a esa edad le expresé el deseo de saber música y de querer estudiarla. En mi ciudad, que es Rafaela, Santa Fe, hay una escuela municipal de música que tiene una formación espectacular. Es como un terciario que hacés mientras cursás la primaria y la secundaria. Es una tecnicatura.

—¿Qué recuerdos tenés de esos años de formación?
—Estudié toda la vida en esa escuela, estudié violín y flauta traversa de una manera más académica, si se quiere. Después estudié Dirección Orquestal y me fui a vivir a Buenos Aires, pero siempre con el folclore. Toda la vida toqué folclore en la banda de mi papá primero y después acompañando a otros artistas. Ese lugar a mí me hace muy feliz. En este caso con Milo, me da muchísimo orgullo estar junto a un artista tan joven y tan talentoso. Por la diferencia de edad que tenemos, yo lo veo triunfar y me emociona estar en el lugar de música de él, ahí a un costadito, viéndolo brillar.
—¿Qué valor le das a la educación pública?
—Toda mi formación, los colegios primario y secundario, la tecnicatura que hice en la Escuela Municipal de Música, mi licenciatura, todo lo hice en la educación pública. Para mí, que soy hija de un músico que además trabajaba en una fábrica de obrero metalúrgico, no hubiera sido posible de otra manera. Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas. Estoy más que agradecida.


—Muchas orquestas en los barrios sirven como lugares de contención social.
—Hay unos programas de orquestas-escuelas que son maravillosos y muy valiosos para la cultura de nuestro país. Hay muchos instrumentistas que incluso hoy llegan al Teatro Colón y a lugares así, que estudiaron y se formaron en orquestas-escuela. Es una locura sacar presupuesto a eso.
—¿Qué pensás sobre la presencia de mujeres en escenarios populares?
—No es fácil ver mujeres violinistas en estos escenarios. Hace falta todavía más. Tuvimos que hacer una ley de cupo para que haya mujeres arriba de los escenarios. Es una deuda que evidentemente no está saldada. Por más mujeres en los escenarios y que ojalá mas chicas y también chicos quieran aprender instrumentos, que es maravilloso.


—La vida era más corta, el último álbum de Milo J del que formás parte, está dedicado a la “Argentina marrón”. ¿Qué reflexión te genera?
—Me sumo a su mensaje porque me parece muy importante, como provinciana también, que salgamos un poco de la esfera del “porteñocentrismo”. Me alegra mucho su mensaje y lo apoyo. Nosotros tenemos un país muy amplio, muy diverso, y tenemos que estar todos.
—¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?
—No tengo ni idea de qué puede llegar a pasar. La cantidad de información es tanta. Hace muy poquito, hace como dos semanas atrás, hicimos un estadio en Perú que estuvo repleto. Eso es increíble. Un artista tan joven argentino que agote un estadio en diez horas… es mucha información. Terminamos de hacer semejante cosa y salió el Tiny Desk. Hay una vorágine por el arte de Milo que es espectacular. Tratamos de estar lo más preparados físicamente y mentalmente para acompañar este momento de él. La expectativa es poder seguir acompañándolo y veremos qué pasa. Con mucha alegría todo.

—¿Tenés algún gran deseo pendiente en lo profesional?
—De chica y toda mi vida soñé con tocar en Cosquín, en el Festival de Folclore. Ese era mi sueño máximo y lo cumplí. Dije: bueno, ¿y ahora qué más? Me parecía que era muy joven para ya no tener sueños. Había cumplido el de toda mi vida y dije: “bueno, ahora quiero tener un sueño más”. “Algún día quizá me encantaría tocar en un estadio”, dije, y a los meses lo cumplí con Milo cuando hicimos dos estadios Vélez, lo cual fue una locura también. Quizá lo próximo, qué sé yo, un estadio como River, que es una cosa muy enorme. Pero estoy tan contenta en este momento, tan feliz y disfrutando todo esto que trato de no pensarlo demasiado en esos términos. Siento que estoy viviendo un sueño todos los días.
—¿Qué le decís a quiénes quieren elegir la música como su camino?
—Hay que estar preparados. A veces las oportunidades te llegan y a veces todo te desmotiva. Es un camino muy difícil, muy sacrificado el del músico. Pasamos por muchas cosas, pero debemos estar listos. O sea, hacer todo lo mejor de uno para que si se da algo así, poder ser parte y poder aprovecharlo. Mi consejo es que estudien música. Estoy a disposición para ayudar a quien lo necesite, para tomar clases o lo que sea. Y si se arma una comunidad de violinistas mujeres, me voy a poner muy feliz.
CHIMENTOS
«Llegué a pensar en…»: Ian Lucas habló del infierno que vivió tras su vínculo con Evangelina Anderson

Ian Lucas decidió romper el silencio y hablar a fondo sobre uno de los capítulos más intensos y polémicos de su vida mediática. En una entrevista íntima con Luis Ventura para Secretos Verdaderos, el influencer se sinceró sobre cómo lo afectó toda la exposición que generó su cercanía con Evangelina Anderson durante y después de MasterChef Celebrity.
Aunque evitó entrar en escándalos directos, dejó frases contundentes sobre el desgaste emocional que vivió en aquel momento y reconoció que hubo días en los que sintió que no podía más. “Llegué a pensar en renunciar, en tirar la toalla”, confesó Ian al recordar la presión que comenzó a sentir mientras el tema explotaba en programas, redes sociales y portales de espectáculos.
Todo comenzó durante su paso por MasterChef Celebrity, donde logró consolidarse como una de las grandes revelaciones del certamen. Además de destacarse en la cocina, Ian construyó vínculos muy cercanos con varios participantes. Sin embargo, la relación que más llamó la atención fue la que mantuvo con Evangelina.
La química entre ambos rápidamente generó rumores y especulaciones. Con el tiempo, empezaron a mostrarse juntos también fuera del programa y el vínculo quedó bajo la lupa mediática. Pero lejos de convertirse en una historia tranquila, la situación terminó explotando públicamente.
Mientras Ian sostenía que lo vivido era genuino y real, Evangelina tomó distancia y dejó entrever otra postura sobre el tema, situación que derivó en tensiones y fuertes repercusiones en redes. Ahora, meses después, el influencer habló del impacto que tuvo semejante nivel de exposición sobre su salud emocional. “Me estaba haciendo mal el afuera”, reconoció durante la entrevista.
Según explicó, entrar a un ambiente completamente distinto al de las plataformas digitales fue mucho más difícil de lo que imaginaba. “Soy muy transparente y se me nota todo. Entré en un ambiente que no era el mío y sentí prejuicios desde el principio”, expresó.
En medio de esa crisis emocional, Ian aseguró que el apoyo de su familia fue fundamental para no abandonar el programa. “Por suerte estuvieron todos atrás mío. Mi familia, mi equipo de trabajo… sentía que me iba”, relató. A pesar del mal momento, también eligió recordar algunas cosas positivas de la experiencia y sorprendió al hablar sin resentimiento sobre Evangelina Anderson.
“Ella es muy buena persona”, afirmó, dejando en claro que no guarda rencor por lo ocurrido. Además, reflexionó sobre cómo cambió todo cuando la historia salió del ámbito privado y pasó a convertirse en tema de debate público. “Adentro fue una cosa y afuera se empezó a opinar muchísimo”, explicó.
Ian también remarcó que jamás utilizó la situación para obtener visibilidad o generar repercusión mediática. “De mi parte nunca salió nada. Nunca subí nada ni expuse nada”, sostuvo con firmeza. Con estas declaraciones, el influencer dejó ver un costado mucho más vulnerable. Y aunque hoy asegura sentirse más fortalecido, dejó claro que hubo momentos en los que la presión mediática casi lo supera por completo.
Ian Lucas, Evangelina Anderson
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