CHIMENTOS
Qué ver en Netflix: la nueva película de Diego Peretti que es una joya imperdible

Netflix vuelve a apostar fuerte por las producciones argentinas y esta vez lo hace con una película que mezcla drama, fantasía y una historia emocional atravesada por el duelo. Se trata de Risa y la cabina del viento, el nuevo film protagonizado por Diego Peretti y Cazzu que llegará a la plataforma el próximo 3 de junio y que ya empezó a generar expectativa.
La película pone el foco en Risa, una niña de apenas 10 años interpretada por Elena Romero, cuya vida cambia para siempre después de la desaparición de su padre. En medio del dolor y la angustia, la pequeña encuentra una misteriosa cabina telefónica fuera de servicio que parece esconder algo imposible: la posibilidad de comunicarse con los muertos.
Dirigida por Juan Cabral, la historia construye un relato íntimo y sensible sobre la pérdida, aunque lo hace desde una mirada fantástica y cargada de simbolismo. Lejos de apoyarse únicamente en el drama, la película apuesta por una estética poética y emocional que acompaña el recorrido de la protagonista.
Uno de los puntos que más curiosidad despertó alrededor del proyecto tiene que ver con el debut actoral de Cazzu. La artista se aleja completamente de los escenarios y muestra una faceta mucho más contenida, dentro de una historia donde predominan los silencios, las emociones pequeñas y los vínculos atravesados por el dolor.
YA SE VIENE EL ESTRENO DE LA NUEVA PELÍCULA DE DIEGO PERETTI
La trama arranca en Tierra del Fuego, escenario donde ocurre una tragedia que deja marcada a toda una comunidad. Risa pierde a su padre durante un incendio y, mientras intenta procesar lo sucedido, descubre la extraña cabina telefónica abandonada que aparentemente ya no funciona. Sin embargo, solo ella logra escuchar voces del otro lado de la línea.
Con el correr de la historia, ese objeto olvidado termina convirtiéndose en una especie de puente entre dos mundos. Muchas personas intentan utilizar la cabina para reencontrarse con seres queridos fallecidos, aunque únicamente Risa parece tener la capacidad real de establecer contacto con esas almas que todavía cargan asuntos pendientes.
Además, Joaquín Furriel aparece en la segunda mitad del film con un papel breve pero clave para el desarrollo emocional del relato. Y justamente ahí parece estar una de las mayores fortalezas de la película: evitar los golpes bajos fáciles y construir, en cambio, una historia sensible donde la angustia convive constantemente con momentos de ternura, esperanza y hasta pequeños destellos de humor.
Netflix, Diego Peretti
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La conmovedora historia de Sergio Denis antes de convertirse en ídolo popular

Hay recuerdos que parecen escritos con la madera áspera de una carpintería de pueblo. Esos en los que el hambre, el frío y las tormentas no alcanzan para borrar el calor de una cocina a leña ni el amor silencioso de una familia.
La historia de Sergio Denis empezó mucho antes de los escenarios, de los aplausos y de las canciones que marcaron generaciones enteras. Empezó en una casa humilde de Coronel Suárez, entre el olor a aserrín, el recuerdo de las manos curtidas de un padre trabajador y las canciones que se entonaban los domingos interminables de campo.
Allí nació Héctor Omar Hoffmann. Hijo de Feliciano Hoffmann y María Esther Fenzel. Nieto de inmigrantes alemanes del Volga y de una abuela española que terminaría siendo uno de los grandes amores de su vida. Mucho antes de convertirse en el creador de éxitos inoxidables, fue simplemente “El Negro”, el chico morocho del pueblo, el hijo del carpintero, el que cantaba folclore en reuniones familiares mientras soñaba, todavía sin saberlo, con escaparle a la pobreza a través de la música.
“Sé que nací a la mañana, a las 8.30, pero de eso nunca hablamos con mis viejos”, recordaría alguna vez con esa mezcla de ternura y melancolía que atravesaba cada uno de sus relatos, sobre lo ocurrido en esa casa el 16 de marzo de 1949, sobre su llegada al mundo. En cambio, había otro tema que sí habitaba permanentemente la memoria familiar: la muerte de Alicia, la beba que su madre perdió con apenas tres meses de vida.
“Se hablaba mucho de la beba que murió, y eso me impresionaba muchísimo. Creo que hasta recuerdo a mi madre sufriendo… aunque yo tenía dos años”, confesaría. “Finalnente somos tres hermanos, Carlos, es mi hermano mayor, de un año más, y mi hermana menor Nora, de cuatro años menos”.
Aquella tristeza quedó suspendida para siempre dentro de la casa familiar. Una vivienda mínima, “que la compartíamos con la familia de un camionero, separada por un tabique y chapadur”. De un lado ellos. Del otro, los vecinos. Todos respirando las mismas necesidades.
“Era una espacio muy humilde. Una cocina y una pieza grande donde dormíamos todos”, recordaba. Hasta los siete años estuvieron allí, apretados, sobreviviendo. Después, gracias a un crédito y a años enteros de sacrificio, Feliciano pudo comprar una casita a catorce cuadras.
Pero incluso en medio de las carencias, Sergio siempre hablaba de felicidad. No de una felicidad idealizada. No de una infancia perfecta. Sino de algo mucho más profundo: la sensación de hogar.

“Vivimos una infancia de muchas necesidades, pero para mí fue fantástica”, decía. Y entonces aparecían las imágenes que lo acompañaron toda la vida: la cocina de hierro encendida, la leña sobrante de la carpintería, el olor a torta caliente, el ruido del viento golpeando los techos. “Una vez escuché que un escritor decía que la felicidad era el olor a torta caliente… y yo entendí perfectamente lo que quería decir”.
La pobreza no necesitaba explicaciones en aquellos años. Se sentía. Estaba en cada comienzo de clases en marzo, en cada lista de útiles imposible de comprar: “Recuerdo la incomodidad que había en mis viejos cuando llegaba el momento del inicio de clases, porque no se llegaba nunca a comprar libros. Y uno no quería traer problemas, pero por ahí lo que te daban anotado para llevar al colegio era demasiado y no había ninguna posibilidad. Y nos arreglábamos como podíamos, quizás algún vecino nos prestaba algún manual de otro tiempo y con eso zafábamos más o menos». El colegio Sarmiento fue su espacio en la primaria, en tanto que la secundaria fue en el Manuel Estrada.
No había lugar para dramatizar. La palabra “depresión” todavía no existía en el lenguaje cotidiano de los trabajadores, o al menos no lo hacía notar. “Mi viejo era un hombre callado, pero muy sabio. Sufrió muchísimo, pero jamás se quejó. Me enseñó el amor al trabajo. Podías estar triste, pero había que salir adelante porque las cosas no podían esperar”.
Feliciano Hoffmann era carpintero. Un hombre silencioso, duro y noble. En aquella carpintería el joven Héctor descubrió uno de los olores más importantes de su vida: “El recuerdo más conmovedor que tengo es el olor a madera de la carpintería de mi papá y el olor a pasto mojado del campo”. Esos perfumes quedaron tatuados en su memoria incluso cuando ya era famoso.

La otra gran figura de su infancia fue su abuela: “Era uno de los seres más importantes de mi vida. Chiquita, flaquita, pero inmensa. Poderosa. Trabajadora. Me llamaba a las cuatro de la mañana para ordeñar”. Cierra los ojos y recuerda la casa de sus abuelos, pero no sólo por la nostalgia de lo que fue, dino de lo que padeció: “A veces cuando escucho las tormentas, agradezco tener un lugar seguro, porque la casa de mis abuelos era de paja y adobe, más de una vez se le volaba el techo y se le llovía adentro, arriba de la cama. Y yo recuerdo eso y me provoca una emoción muy grande. El campo de mi abuelo era chiquito, pero tenía eso; primero, rogar que llueva, porque para el sembrado era fundamental, pero a la vez el terror por las tormentas y el granizo. En esa época el cielo se ennegrecía, se ponía oscura la ciudad y podía arrasar hasta con palos de teléfono”.
En ese universo áspero nació la música.
Los domingos familiares en el campo se convertían en verdaderas celebraciones populares. Se cantaba durante horas. Su abuelo tocaba el acordeón, mientras sus tíos interpretaban canciones alemanas y rancheras mexicanas que llegaban gracias a las películas de ese país que en un momento fueron furor en el pueblo, y esas melodías terminaron atravesando también la sensibilidad del pequeño Héctor: “Crecí en un ambiente donde se cantaba siempre”.
“Mis padres siempre nos apoyaron mucho, fuimos bastante independientes, bastante libres en la elección del repertorio, incluso mi papá me hizo un bombo y ahí toqué la primera chacarera”, rememoraría.
A tal punto atravesó su vida, que a los doce años ya tenía un conjunto musical junto a su hermano Carlos y un amigo apodado “El Negro Ruiz” con el que ensayaban todo el tiempo, porque la perfección tenía que estar siempre. Y a los 16 empezaron las giras.

En realidad, eran pequeñas aventuras ferroviarias por pueblos vecinos: Pigüé, Coronel Pringles, localidades perdidas de la provincia donde viajaban con los instrumentos cargados a mano en el tren “y después desarmar todo y esperar al otro día el tren a la 1 o las 2 de la tarde para volver. Para nosotros eso era un sueño, y hacer 80 kilómetros era ser internacionales”, recordaría entre risas.
Comenzaron cantando folclore y tangos. Y su gran escuela sentimental fue Atahualpa Yupanqui: “Yo tuve una escuela de oreja. Aprendí escuchando”, pero luego llegaría el sonido beat, y Los Jokers comenzarían, además de hacer temas propios, covers de Sandro y Los Beatles.
La primera guitarra llegó gracias a un episodio que parece salido de una película costumbrista. “De más está decir que en casa no había plata para comprar un instrumento”, entonces apareció el abuelo del Negro Ruiz, que tenía abandonada en un galpón una vieja guitarra de gaucho destruida por el tiempo. “Era una cosa descalabrada, rota por todos lados”, pero que me la dieron con la condición de que mi padre a deje en condiciones. Así, Feliciano la reconstruyó pieza por pieza en su carpintería.
“Yo esperaba todos los días que papá terminara de arreglarla… aunque después el viejo Ruiz me la pidió de vuelta cuando quedó linda”, contaba muerto de risa.
La música comenzaba a ocupar cada rincón de su vida, pero él tenía otro sueño continuar el legado de su padre en la carpintería, aunque reconocía que no tenía habilidades para eso, pero lo intentaba, y lo vovía a intentar. hasta que… “Papá me tuvo que echar de la carpintería”, tras una escena que lo perseguiría toda la vida. “Vino un cliente y me vio martillando un tornillo… ahí mi viejo entendió que yo no servía para eso”. Después remataba la anécdota con una frase demoledora: “Más que tocar la guitarra y escribir canciones, no sé hacer nada”.
En esas peimeras presentaciones empezó a notar algo que le cambiaba el ánimo: cuando cantaba, la gente reaccionaba: “Veía que gustaba. Que tenía aceptación con las chicas. Y empecé a pensar que quizá podía pasar algo más grande”.
En ese momento de la historia, su padre, que trabajó haciendo arreglos nen el hotel de un amigo, le habló sobre su hijo y el canto, y éste le respondió que vuelva a los días, que tenía alguien para presentarle. No sería otro que un productor llamado Arturo Gómez Ferrán, quien escuchó hablar de “un pibe que cantaba” en Coronel Suárez. Tras el cara a cara en el hotel: “Cuando me vio me dijo: ‘Ah, le vas a gustar a las chicas’. Y ni siquiera quiso escucharme cantar”.
Pasaron casi dos años sin novedades, pero la ilusión intacta, por lo que emprendió el viaje. Llegó en 1968 con una cintadebajo del brazo -grabada a voz y piano con un amigo-, y el miedo pegado al cuerpo. Venía de una ciudad de veinte mil habitantes y la Capital Federal lo paralizaba.

“Yo no sabía moverme en Buenos Aires. Me aterraba, pero seguía buscando a ese hombre que me crucé en el hotel”. Hasta las cosas más simples le parecían enormes: “No me animaba ni a tirar la soga del colectivo para pedir la parada porque pensaba que lo iba a hacer mal y me iban a echar”.
Ahí empezó la verdadera pelea. En marzo de 1969 se instaló definitivamente y entró al grupo Los Bambis, de Paso del Rey. Grabó por primera vez para CBS el disco Los Bambis también cantan. Pero la estabilidad duró poco.
Cuando dejó el grupo, en noviembre, terminó viviendo en una pensión de La Reja de la que tuvo que escaparse porque no podía pagar. “Le dejé ropa, unas frazadas y una carta pidiéndole disculpas a la dueña porque era una mujer buenísima”.
Tras ello llegaría el tiempo de habitar un hotel de Talcahuano y Mitre que apenas un año y medio después sería clausurado por insalubre y disturbios. “Conocí gente fantástica, pero el hotel era fatal. Tengo recuerdos de ese lugar que son lindísimos, mucha gente sola hay en Buenos Aires”, destacaría sobre las noches de compañías anónimas, salvo por un nombre que siguió mucho tiempo después en su memoria y en su corazón.

“Recuerdo de ese tiempo a Marga, una mujer mayor que trabajaba y volvía tarde a la noche. Yo en ese momento dejaba la puerta abierta de mi habitación porque quién me iba a robar algo si no tenía ni para el sánguche. Lo único que tenía era un trajecito colgado para cuando hacía los shows. Y Marga pasaba a la noche y me dejaba comida en la mesa de luz. Y después cuando ese lugar cerró empecé a ir por otros hoteles”.
En medio de esa incertidumbre volvió a cruzarse a Fernando Iborra, representante de Los Bambis, quien insistía en que tenía condiciones para triunfar como solista. La respuesta del joven Héctor fue inmediata: “Si me conseguís una prueba en CBS, sigo”. La prueba llegó.
En las oficinas del sello lo esperaban Hugo Piombi, el directivo de la compañía, y el productor Francis Smith. “Me aceptaron a los dos o tres meses, y en ese momento apareció Francis con Te llamo para despedirme’, que fue mi primera canción, y cuyo lado B fue Fui un soñador”.
Y junto con aquella oportunidad llegó también una transformación definitiva. Porque “Héctor Hoffmann” no sonaba comercial. Entonces, en esa reunión, nació el nombre artístico que lo acompañaría hasta el final de su vida: Sergio Denis. “Al principio me daba vergüenza. Sentía que era como traicionarme”.
Pero después entendió algo. Que detrás de Sergio Denis seguía viviendo el mismo chico de Coronel Suárez que se le estrujaba el corazón escuchando la lluvia. El hijo del carpintero. El nieto de inmigrantes. El muchacho que aprendió a cantar rodeado de rancheras, acordeones y guitarras rotas.
El chico que alguna vez llegó con miedo a Buenos Aires sin saber siquiera cómo pedir una parada de colectivo… y terminó convirtiéndose en una de las voces más queridas de la música argentina.
El hombre que estaba cantando Te llamo para despedirme en el teatro Mercedes Sosa de Tucumán el 11 de marzo de 2019 cuando, al volver al escenario desde la platea, cayó hacia el foso de orquesta, sufriendo graves heridas y que luego de 14 meses determinarían su muerte, el 15 de mayo de 2020.
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Ca7riel y Paco Amoroso iniciaron su nueva etapa Free Spirits: de los famosos que fueron al elogio a sus fans

Ca7riel y Paco Amoroso iniciaron su nueva etapa Free Spirits
Tras dos años increíbles, en los cuales brillaron con su Tiny Desk, su EP Papota y su gira internacional, Ca7riel y Paco Amoroso parecían haber alcanzado el mayor éxito de sus carreras. Fue entonces cuando el dúo se pregunto, “¿y ahora qué?”. ¿Cómo superar la instancia que los llevó a la fama mundial?. Esa es la respuesta que responde Free Spirits, la nueva etapa de Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero, la cual parece no tener límites creativos, les permite reinventarse y mostrarse más genuinos que nunca.
Esa fue la esencia que plasmaron los jóvenes en el inicio de su gira internacional, la cual, como no podía ser de otra manera, fue en Argentina, junto a sus seguidores más fieles. Ante un Movistar Arena colmado, Ca7riel y Paco brillaron durante dos horas sumando una nueva página a su historia.
En la previa, mientras los fans ocupaban sus lugares, las pantallas mostraban frases que reflejaban su forma de vivir y los elementos de su etapa de bienestar. “La luz solar temprana es fundamental para regular el reloj biológico” (Andrew Huberman), “El cuerpo siempre habla lo que la mente calla” (Alejandro Jodorowsky) y “Tus pensamientos crean tu realidad” (Osho).
Así, cuando el reloj marcó la hora señalada, una doctora salió al escenario mientras una voz decía: “Gracias por apuntarse a la demostración del programa intensivo del Free Spirits Wellness Center. Esto es una demostración interactiva de cómo conseguimos liberar a los espíritus de sujetos absolutamente quebrados en menos de 90 minutos. Nuestro pacientes de hoy están despertando en uno de los peores estados posibles, pero los verán salir de esta sala en verdaderos espíritus libres con simples pasos cuidadosamente diseñados”.
El baile sensual de Ca7riel a Chita, su novia
Acto seguido, la gigante cortina blanca que cubría el escenario cayó y descubrió a Ca7riel y Paco recostados en unas camillas, con looks extravagantes, como en la gala de los Latin Grammy. Fue entonces cuando empezó a sonar “No me sirve más”, la canción que marcó su etapa de descontrol. Como si trataran de liberar la energía contenida, los miles de fans comenzaron a saltar.
Luego, al término de la primera canción, los músicos comenzaron a desvestirse, dando paso a looks sobrios totalmente negros. Fue entonces cuando sonó “Nada nuevo”, el primer tema de su último disco. Así siguieron canciones como “Ay Ay Ay”, “Muero”, “Mi Diosa”, “#TETAS”.



Fue entonces cuando Ca7riel y Paco volvieron a modificar sus outfits y adoptar la imagen que mostraron en Free Spirits: look total white. Así, el dúo siguió con “Hasta Jesús tuvo un mal día” y “Soy increíble”. En ese instante, Paco tomó el micrófono y se dirigió a sus fans. “Muchas gracias por venir esta noche, estamos muy felices de estar con ustedes en una nueva gira. Yo sé que a veces piensan que somos gente insensible que no siente nada por la música que hacemos. pero quiero que sepan que hace un tiempo yo estaba muy triste y nos juntamos a hacer esta canción”, afirmó Amoroso antes de presentar “Vida Loca”.
Sin embargo, uno de los instantes más genuinos del show llegó cuando el dúo interpretó “Impostor”. Ca7riel y Paco dejaron sus ubicaciones en el escenario y se dirigieron a la tribuna detrás de ellos. En la misma se ubicaban celebridades como Juliana Gattas, Maia Reficco, Esmeralda Mitre, Walas, Santiago Korovsky, Coti Sorokin, Chita, Hernán Coronel de Mala Fama, Luz Gaggi y Anita B Queen, quienes lucían barbijos y batas de enfermeros.


En ese transcurso, Ca7riel aprovechó para bailar y cantar junto a su novia. Fiel a su estilo, el joven primero se colocó de espaldas a ella, moviendo sus glúteos. Luego, el guitarrista giró y la besó. Continuando con su perfomance, recorrió las gradas, se abrazó con Coti y terminó quitándole su sobrero a Walas, el cantante de Massacre.
Para cerrar, los jóvenes convirtieron su show en una fiesta electrónica. Tras invitar a los famosos a la pasarela, las luces se apagaron, lásers de colores iluminaron el Movistar Arena y el público comenzó a saltar. Entre gritos y pogos, el show se convirtió en una celebración entre los cantantes y su público.

De esta manera, el show no solo fue una fiesta, sino que permitió a Ca7riel y Paco conectar su anterior etapa con la actual y celebrar su presente entre de amigos, compañeros y fans.
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El duro castigo que Gran Hermano le dio a Cinzia: “Debido a todas estas desobediencias”

La casa de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) volvió a quedar en el centro de la polémica tras una decisión drástica de la producción. Esta vez, la protagonista fue Cinzia Francischiello, quien recibió una dura sanción por un motivo que atenta contra una de las reglas más fundamentales del reality: la prohibición de compartir información del exterior con el resto de los participantes.
El episodio se desató durante la gala de este jueves, cuando Santiago del Moro cortó la rutina habitual para dar paso a un comunicado del “Big” que rápidamente generó un clima de silencio e incomodidad en la casa. El conductor recordó que el aislamiento y la incomunicación con el mundo exterior son pilares esenciales del formato, ya que buscan que el desarrollo del juego no se contamine con información que los jugadores no podrían conocer si no atravesaran la experiencia completa del encierro.
“Todos ustedes saben que el aislamiento es una condición esencial de este juego, ¿verdad?”, comenzó diciendo la voz de Gran Hermano. “La incomunicación con el mundo exterior tiene como fin que lo que sucede puertas adentro no tenga ese riesgo de ser contaminado”. La advertencia apuntó directamente a Cinzia, quien tras reingresar a la competencia con un “golden ticket” fue señalada por sus compañeros y por la producción por deslizar repetidas veces datos que solamente puede conocer alguien que estuvo afuera.
Según trascendió y se viralizó en redes sociales, Cinzia habría comentado a Danelik la cantidad de “hate” que tenía fuera de la casa, y a Eduardo le habría implantado la duda sobre su imagen pública. Además, Laura Ubfal informó que la venezolana habría contado que Emanuel era “fuerte” afuera y que los eliminados daban el beneficio 3, 2, 1 en las nominaciones, información sensible que puede influir en la estrategia y las alianzas dentro del juego.
Gran Hermano dejó en claro que no se trata de un descuido ni de una distracción. “Desde tu vuelta a la casa te he llamado la atención en más de una oportunidad. Puedo comprender algún tipo de distracción. Pero si esta conducta se repite, a pesar de las reiteradas advertencias, ya dejan de ser meros descuidos o distracciones. Y eso no lo puedo permitir”, enfatizó el “Big”, apuntando que la reincidencia de Cinzia fue determinante para tomar la decisión.
El castigo fue inmediato y contundente: “Debido a estas desobediencias, he decidido aplicarte una sanción. Cinzia, te comunico que formás parte de esta placa de nominados”, sentenció la voz del reality ante la mirada atónita de todos los participantes. Así, la venezolana quedó automáticamente nominada y dependerá ahora del voto del público para continuar en competencia.

Antes de finalizar el mensaje, Gran Hermano fue tajante y dejó una advertencia que apunta tanto a Cinzia como a los próximos jugadores que reingresen a la casa tras el repechaje: “Estaré prestando atención, como siempre, a tu comportamiento. No quiero tener que aplicar medidas aún más severas”. El mensaje fue interpretado como una señal de alerta para quienes intenten sacar ventaja del contacto con el mundo exterior.
Santiago del Moro explicó luego por qué la producción optó por la sanción y no por la expulsión directa: “Se evaluó la situación y no era tan grave para una expulsión. Además, es una advertencia para los próximos jugadores que entrarán a la casa en el repechaje porque, probablemente, no tendrán tantas chances de equivocarse”.
Con la sanción ya aplicada, la placa de nominados suma un nuevo nombre y el juego, una nueva dosis de incertidumbre. El público, como siempre, tendrá la última palabra. Y la casa, una vez más, se ve sacudida por una decisión que puede cambiarlo todo. Tras la salvación de Juanicar, la placa quedó conformada por Cinzia, Luana Fernández, Franco Zunino, Eduardo Carrera, Danelik Galazán y Tamara Paganini.
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