POLITICA
La Casa Rosada negocia acuerdos reservados con gobernadores y prepara una señal para el núcleo libertario

La Casa Rosada trabaja en acuerdos reservados con gobernadores dialoguistas y, en paralelo, prepara la visita de David Friedman, hijo de Milton Friedman, uno de los economistas preferidos de Javier Milei y cuyo nombre lleva uno de sus perros. En la Casa Rosada combinan la negociación política con mandatarios provinciales, la agenda legislativa de junio y una nueva señal ideológica del Presidente hacia el mundo libertario.
Friedman participará de un evento organizado por la Fundación Faro, el think tank libertario que coordina Agustín Laje y que en el oficialismo vinculan al universo de Santiago Caputo. En el entorno de Milei no dudan de que el Presidente buscará recibirlo o compartir una actividad con él. Cerca del jefe de Estado remarcan que sus encuentros favoritos siguen siendo los eventos económicos, las conferencias ideológicas y las reuniones con autores o referentes de su biblioteca liberal.
La visita se da, además, en un momento sensible para Faro. La fundación quedó bajo la mira de la Inspección General de Justicia, que pidió información sobre donantes y movimientos contables. En Balcarce 50 interpretan ese expediente como otro capítulo de la disputa interna entre el sector que responde a Karina Milei y el que orbita alrededor de Caputo.
David Friedman es autor de “La maquinaria de la libertad”, uno de los textos más mencionados en el entorno intelectual de Milei. Su llegada se inscribe en una agenda que el Presidente busca sostener antes de viajar a Estados Unidos para participar de las celebraciones por el 4 de Julio, donde también se espera la presencia de otros mandatarios.
El otro eje del tablero pasa por los acuerdos reservados con gobernadores. En la Casa Rosada hablan de entendimientos de competencia y gobernabilidad: no necesariamente ir juntos en las boletas, pero sí evitar choques directos en algunos distritos, sostener la votación de reformas y no jugar con candidatos locales que compliquen el vínculo político. El esquema aplica sobre todo a mandatarios dialoguistas como Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz, entre otros.
En el Gobierno sostienen que prefieren priorizar el desarrollo de la militancia propia antes que apoyarse en el aparato de los gobernadores. “La diferencia es entre usar tu aparato o el del gobernador. Preferimos sumar bancas en la Legislatura y en el Congreso”, resumen en despachos oficiales. La idea es competir con el sello de La Libertad Avanza en la mayoría de las provincias, aunque sin romper los canales de negociación con los mandatarios que necesitan para aprobar leyes.
En el Ejecutivo aseguran que el armado electoral será similar al de 2025. Planean competir sin acuerdo con el oficialismo local en alrededor de 18 provincias y jugar con más intensidad en los distritos con mayor cantidad de habitantes e infraestructura partidaria. “No sé cuánto sirve arrancar a gobernar una provincia quebrada sin recursos”, agregan en el oficialismo para justificar una estrategia que prioriza bancas y estructura antes que candidaturas ejecutivas en todos los territorios.
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La Casa Rosada también analiza el impacto que podrían tener eventuales derrotas en elecciones desdobladas. La respuesta que preparan ante los mercados es que esos resultados no implicarán un cambio en el rumbo nacional y que los acuerdos de gobernabilidad seguirán vigentes. “Vamos a seguir trabajando en línea”, sostienen en Balcarce 50.
La conducción electoral queda en manos de Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem. Ese esquema busca ordenar candidaturas, alianzas, estructura territorial y presencia legislativa. En el Gobierno ponen el foco en la verticalidad de La Libertad Avanza y sostienen que una bancada integrada por dirigentes propios permite administrar mejor las crisis internas y defender al Ejecutivo en momentos de desgaste.
En ese razonamiento aparece el caso de Manuel Adorni. En Nación sostienen que una estrategia basada en aliados externos podría complicar la defensa política del Gobierno ante escándalos o investigaciones judiciales. “Imaginate a De Loredo en el bloque con lo de Adorni. Con Patricia nos sobra”, grafican cerca del oficialismo, en alusión a la autonomía que mostró Bullrich, pero también a la decisión de mantenerla dentro del esquema libertario.

La situación de Bullrich sigue atravesando el armado electoral. En el Gobierno insisten con que quieren que sea candidata a jefa de Gobierno porteña y descartan un acuerdo con el PRO. También dejan fuera de ese esquema a Pilar Ramírez, por bajo nivel de conocimiento público, y a Adorni, al que consideran sin margen electoral por el impacto de las investigaciones sobre su patrimonio.
En la provincia de Buenos Aires, la Casa Rosada ya le aseguró a Diego Santilli que será el candidato de La Libertad Avanza si no hay sorpresas en los próximos meses. El distrito es central para el cálculo de 2027 y forma parte de la discusión más amplia sobre cómo combinar armado propio, acuerdos de gobernabilidad y contención de dirigentes con peso electoral dentro del oficialismo.
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Los acuerdos con gobernadores también están atados a la agenda legislativa. En Balcarce 50 buscan sostener entendimientos de votos para las reformas hasta por lo menos marzo. Ponen en duda una convocatoria a la reforma tributaria en el corto plazo y descartan que pueda quedar sancionada antes de fin de año, aunque haya mejorado la recaudación. En cambio, creen tener los votos para avanzar con el Súper RIGI y confían en que los cambios sobre las PASO saldrán con modificaciones hacia un esquema optativo.
En paralelo, el Gobierno busca reforzar la coordinación digital en las provincias bajo el ala de La Libertad Avanza. La idea es sumar encuentros, grupos de organización y lineamientos de comunicación que no dependan exclusivamente de Las Fuerzas del Cielo, el espacio referenciado en Caputo. En el entorno del asesor sostienen que no harán nada para impedirlo y que mantendrán su línea de trabajo. “Es la cuarta vez que lo intentan hacer. No va a salir bien”, expresan cerca de ese sector.
“El valor agregado de las redes sociales es dirigir la conversación pública. Ellos hablan en una cámara de eco interna. Nosotros le hablamos a los de enfrente”, agregan en Las Fuerzas del Cielo. La frase resume la diferencia entre el armado territorial que impulsa el sector de Karina Milei y la lógica de intervención digital que sostiene el grupo caputista. Todo ocurre mientras la Casa Rosada intenta ordenar las reformas, contener la interna y llegar a 2027 con más bancas, más estructura territorial y acuerdos de gobernabilidad sin ceder el control político de La Libertad Avanza.
Casa Rosada, Gobernadores, Javier Milei
POLITICA
La historia detrás del velorio del Indio Solari: el llamado de Cristina Kirchner, el rechazo político y la decisión final

La despedida pública de Carlos “Indio” Solari en Villa Domínico estuvo precedida por una intensa jornada de negociaciones, llamados políticos y búsqueda de un espacio capaz de recibir a miles de seguidores. Así lo reveló el escritor y biógrafo del músico, Marcelo Figueras, quien reconstruyó las horas decisivas que desembocaron en la elección del Polideportivo Gatica, en Avellaneda, como escenario del último adiós al exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Según relató Figueras, uno de los protagonistas centrales de la organización fue Máximo Kirchner, quien llegó a la residencia de Parque Leloir donde se encontraba la familia de Solari y participó activamente de todas las gestiones para garantizar una despedida masiva.
“El Indio estuvo con nosotros cuando estábamos más abajo”, recordó Máximo durante la jornada, evocando el apoyo que el músico había brindado a la familia Kirchner en momentos difíciles. Incluso contó que Solari los había llamado cuando la Justicia había inhibido sus bienes para ofrecer ayuda económica.

La primera opción que surgió para el homenaje fue el Congreso de la Nación. La propuesta fue impulsada por Cristina Fernández de Kirchner, quien habló con Virginia, integrante del entorno familiar del músico. La expresidenta consideraba que el lugar era el más adecuado tanto por su valor simbólico como por cuestiones logísticas.
“El mejor lugar para la despedida pública era el Congreso”, sostuvo Cristina, según reconstruyó Figueras. Argumentó que allí “se ha despedido a grandes de verdad” y destacó que el edificio cuenta con una explanada abierta y accesos que facilitan la circulación de grandes cantidades de personas.
Sin embargo, la iniciativa no prosperó. Durante horas se desarrollaron negociaciones con las autoridades nacionales, pero finalmente el Gobierno rechazó la posibilidad. Según el escritor, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, publicó un mensaje en redes sociales justificando la negativa por razones de seguridad.
Ante esa situación, comenzaron a analizarse otras alternativas. Sobre la mesa aparecieron opciones como los estadios de Boca, Racing y Huracán, además de la Ciudad Universitaria y el Hipódromo de La Plata.

“Con él barajamos todas las posibilidades”, escribió Figueras en referencia a Máximo Kirchner. Finalmente, la decisión fue realizar la despedida en el Polideportivo Gatica, ubicado sobre la avenida Mitre al 5.000, dentro del Parque de los Trabajadores de Villa Domínico.
La participación de Kirchner fue determinante. De acuerdo con el relato, asumió personalmente las negociaciones y mantuvo varias conversaciones con el gobernador bonaerense Axel Kicillof para coordinar el operativo. “Habló no menos de tres veces con Axel”, señaló Figueras, destacando que ambos no mantenían contacto desde hacía varios meses.
Cuando la organización ya estaba encaminada, desde el Gobierno nacional intentaron retomar el contacto y ofrecieron otras alternativas, entre ellas Tecnópolis. Sin embargo, para entonces la familia del Indio ya había tomado una decisión.
En medio de la jornada, Máximo Kirchner recordó una enseñanza que le había transmitido Néstor Kirchner tras la muerte de un dirigente político muy querido. Según contó, el expresidente le explicó que llega un momento en que ciertas figuras dejan de pertenecer exclusivamente a su círculo íntimo.

“Ahora es de todos”, fue la frase que Néstor le dijo en aquella oportunidad. Para quienes participaron de la organización de la despedida, esa definición también resumía lo que representa el Indio Solari para varias generaciones de argentinos.
En el comunicado final de la familia del artista, publicado tras el final del velorio, se invitó a mantener vivo su recuerdo: “Él nos anticipó que las despedidas son estos dolores dulces. Lo que no nos avisó fue que dolores dulces como estos iban a durar toda nuestra vida. Como no podía ser de otro modo, pensó en todo antes de irse. Y por eso dejó encendido el equipo Marshall de su guitarra y el equipo de sonido donde escuchaba las canciones en las que trabajaba. Nos sugirió, así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso. Que su música no pare nunca más”.
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POLITICA
El Gobierno vuelve a reunir a su mesa política y Milei participa de otro homenaje al rebe de Lubavitch

En el inicio de una semana sin reuniones de gabinete previstas, la mesa política del Gobierno está en agenda para el jueves. Ministros y funcionarios se verán las caras luego del gesto de rebeldía de Patricia Bullrich en el Senado, y con otras dos grietas sin cerrar, como el conflicto entre el asesor presidencial Santiago Caputo y el presidente de la Cámara baja, Martín Menem (sobrevoló la última reunión de la mesa, el 26 del mes pasado) y la situación judicial que enfrenta el jefe de gabinete, Manuel Adorni, por el otro.
El presidente Javier Milei, en tanto, participará este lunes y martes de distintos eventos y reuniones, varias de ellas vinculadas con figuras religiosas judías y del Estado de Israel.
La mesa política concretará el primer encuentro de la primera línea del Gobierno, desde que Bullrich planteara públicamente su rechazo al retiro del pliego de la jueza María Verónica Michelli, vetada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el propio Presidente por ser cuñada del periodista de Hugo Alconada Mon. Ningún ministro se expidió hasta el momento sobre el contrapunto, que el Gobierno intentó cerrar con una foto y reunión entre Karina Milei y Bullrich, el miércoles en Casa Rosada. Al día siguiente, el Senado aprobó entre otros el pliego de Michelli, con la abstención de Bullrich, interpretado como un gesto de conciliación y el inicio de una tregua por Balcarce 50.
En la reunión de mesa política también estará el jefe de gabinete Manuel Adorni, quien podría presentar esta semana su declaración jurada de bienes luego de semanas de promesas incumplidas. Declaración que la propia Bullrich le pidió presentar a principios del mes pasado, desatando otra crisis en el seno del Gobierno.
La agenda de hoy
Este lunes, el Presidente participará por la noche en el Palacio Libertad de un tributo al Rebe de Lubavitch, del que también estarán el rabino Tzvi Grunblatt, director de Jabad Argentina, y Iosef Ohana, joven israelí que permaneció más de dos años secuestrado por el grupo fundamentalista Hamas, que lo capturó en el festival de música Nova, el 7 de octubre de 2023. Estará también Avi Ohana, padre de Iosef, uno de los protagonistas de las protestas por la liberación de los rehenes en Israel. Ambos serán recibidos por el Presidente el martes, en Casa Rosada, a las 10 de la mañana.
En el caso del homenaje al Rebe, el Presidente suele visitar la tumba del rabino, fallecido en 1994, en Queens, barrio de New York. Durante su última visita, en marzo pasado, se conoció la presencia, integrando la delegación oficial, de Bettina Angeletti, esposa del jefe de gabinete Adorni, una foto que dio inicio a la investigación judicial en torno a su presunto enriquecimiento ilícito.
La agenda presidencial para los próximos días incluirá, el mismo martes, la recepción de cartas credenciales de embajadores extranjeros, y la despedida de la delegación argentina que participará de los Juegos Macabeos mundiales, entre el 30 de junio al 14 de julio en Israel, evento considerado de interés nacional vía resolución de la secretaría general, a fines de abril pasado.
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El mensaje político de una multitud unida en el histórico velatorio al Indio Solari y los síntomas de una Argentina rota

Casi 10 kilómetros de fila. Un flujo estimado de 1.500 personas por hora frente al féretro. Un velatorio que comenzó el domingo a las 9 de la mañana y que, según los organizadores, continuará “todo lo que haga falta”. La despedida de Carlos “El Indio” Solari ya se convirtió en uno de los funerales más multitudinarios de la historia argentina y podría reunir cerca de un millón de personas durante varias jornadas.
La dimensión de la convocatoria sorprendió incluso a los propios organizadores. También obligó a la política a observar un fenómeno que excede largamente al rock. La negativa del gobierno de Javier Milei a ofrecer la Casa Rosada o el Congreso para un homenaje oficial derivó en una negociación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner para organizar una despedida popular en Avellaneda. Mientras la dirigencia discutía la logística y las implicancias políticas del evento, una pregunta se impuso sobre todas las demás: ¿qué estaba despidiendo realmente esa multitud?
La muerte del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida el viernes pasado tras sufrir un ACV no traumático luego de una década conviviendo con el Parkinson, volvió a poner en escena algo que permanecía disperso desde hacía años. Una comunidad gigantesca, atravesada por varias generaciones, con códigos propios, símbolos compartidos y una relación singular con la política.
Para intentar comprender el significado de esa movilización, Infobae consultó al sociólogo y antropólogo Pablo Semán, al ex secretario de Cultura Pablo Avelluto, al historiador Roy Hora y al filósofo Alejandro Rozitchner. Aunque desde perspectivas diferentes, los cuatro coincidieron en un punto: la despedida del Indio excedió ampliamente al rock y también a las categorías tradicionales de la política argentina. La discusión pasó por entender qué expresó esa multitud y qué reveló sobre una sociedad atravesada por cambios culturales, crisis de representación y nuevas formas de identificación colectiva.
Qué observó Pablo Semán en el velatorio
Pablo Semán estuvo durante las primeras horas del velatorio. Recorrió el predio como un seguidor más, pero también como uno de los investigadores que mejor estudió las transformaciones culturales y políticas de la Argentina reciente. Su primera conclusión cuestionó varias de las interpretaciones que circularon desde que se conoció la muerte de Solari.
“Era una multitud herida y al mismo tiempo inteligente en su reacción”, explicó. Lo que observó no coincidió con las lecturas que intentaron interpretar el fenómeno como una demostración partidaria o como una movilización política convencional.
“Había gente procesando el duelo”, sostuvo. “En cada pogo que se armaba no estaba la intensidad de un recital. Era una cosa más autoconsciente, más mesurada, porque se estaban enfrentando a una cosa que el sentido común respeta muchísimo, que es la muerte”.
La observación pareció menor, pero resultó central para entender lo que ocurrió en Avellaneda. Muchos vieron una multitud. Semán vio una comunidad atravesando una experiencia colectiva de duelo.

“Si alguien está esperando concluir de esto que acá hay un partido político en formación, una rebelión o un 2001, eso es totalmente extrínseco a esta realidad”, afirmó.
La definición obligó a ir un paso más allá. Si aquello no era una marcha política, ni un acto partidario, ni un recital, entonces ¿qué era?
La respuesta apareció en otra idea que atravesó todo su análisis. “Los Redondos y el Indio formaron una comunidad de sentido”, resumió.
La expresión ayuda a comprender por qué la despedida convocó a personas tan distintas entre sí. Porque lo que se reunió alrededor del féretro de Solari no fue una organización: fue una comunidad construida durante más de cuatro décadas alrededor de una poética, una ética y una forma de interpretar el mundo.
“Muchas veces se acentúa el lado de la misa ricotera, la colectividad. Eso es verdad. Pero también mucha gente se sintió contenida, escuchada y autodescubierta a partir de la propia poética del Indio”, explicó.
La lectura de Pablo Avelluto: policlasismo y una ética compartida
La misma intuición apareció en el análisis de Pablo Avelluto. “Creo que el Indio Solari y Los Redondos fueron mucho más que una banda de rock. Fueron una militancia o un punto de encuentro cultural multiclases sociales”, señaló el ex secretario de Cultura.
La definición resultó significativa porque apuntó a uno de los rasgos más llamativos del fenómeno: su carácter policlasista.

En una Argentina crecientemente fragmentada por ingresos, consumos, identidades políticas y experiencias sociales, el universo ricotero conservó una capacidad de convocatoria excepcional.
“Había pluralidad social. No hay tantos eventos policlasistas en la Argentina contemporánea. Este es uno de ellos”, observó Semán. A esa diversidad social se sumó una diversidad generacional igualmente extraordinaria.
El Indio consiguió algo que muy pocas figuras de la cultura popular lograron en las últimas décadas. Se convirtió simultáneamente en referencia para quienes descubrieron a Los Redondos en los años ochenta, para quienes los siguieron durante la explosión masiva de los noventa y para jóvenes que nacieron mucho después de la separación de la banda.
Abuelos, hijos y nietos compartieron durante años un mismo repertorio simbólico. Para Avelluto, allí residió parte de la explicación de la conmoción actual.
“Fue la banda de sonido de la vida de mucha gente. Son las canciones con las que la gente se enamoró, se divorció o educó a sus hijos”, explicó.
Pero el fenómeno no se explicó solamente por la nostalgia. Avelluto sostuvo que Los Redondos construyeron algo parecido a una ética compartida. “Evidentemente tiene que ver ese movimiento con una actitud ética, de resistencia ante el sistema”, señaló.
Y agregó una observación que ayuda a comprender por qué la despedida conmovió incluso a personas que nunca fueron seguidores del músico.
“Hay dolor en el medio, y ese dolor es muy genuino. Si no, no habría un millón de personas bajo la lluvia esperando para saludarlo y despedirse”.
Más allá de la música, la multitud pareció reunida alrededor de una experiencia común: una experiencia construida durante décadas y capaz de sobrevivir a la separación de Los Redondos, al retiro progresivo de Solari y a los cambios culturales y políticos que atravesó el país.
Identidad cultural e identidad electoral: una relación no automática
La pregunta inevitable fue si detrás de esa comunidad cultural existió también una identidad política. Y allí aparecieron las mayores complejidades.
La dimensión emocional del fenómeno ayuda a comprender la magnitud del duelo. Pero no alcanzó para explicar por qué la muerte del Indio se transformó también en un hecho político.

Porque Solari nunca fue una figura políticamente neutra. Durante años se definió como peronista. Mantuvo una identificación pública con Cristina Kirchner. La visitó, la defendió y cuestionó tanto a Mauricio Macri como a Javier Milei. En los últimos años, además, sus intervenciones públicas quedaron asociadas al universo político y cultural del progresismo argentino.
Sin embargo, la multitud que se reunió para despedirlo pareció mucho más amplia que el kirchnerismo y probablemente también más amplia que el propio peronismo.
Allí, apareció una de las paradojas más interesantes que dejó el fenómeno. Semán rechazó la idea de una traducción automática entre identidad cultural e identidad electoral.
“Hay que resistir un modo de la sociología que supone que están sistemáticamente asociadas la comida, el voto o la música”, explicó. “La verdad es que en Argentina esas experiencias están distribuidas en campos tan distantes y son tan diferentes que el gusto musical o la pertenencia a una comunidad de sentido no habla mucho del voto”.
La observación apuntó directamente a una de las tentaciones que aparecieron desde el viernes: interpretar el velatorio como una demostración política contra Milei o como una expresión masiva del kirchnerismo.
Para Semán, la realidad fue más compleja. “Probablemente uno podría decir que la mayoría de los que están ahí votan en contra de los libertarios. Pero en este momento la mayor parte de la sociedad argentina vota contra los libertarios”, sostuvo.
Y fue todavía más lejos. “Algunos de los que están ahí habrán votado a Milei y otros lo van a volver a votar”, afirmó.

La afirmación pudo resultar incómoda para quienes intentaron leer el fenómeno en clave binaria. Pero ayudó a explicar por qué la despedida del Indio generó tantas dificultades de interpretación.
La comunidad que se reunió en Avellaneda compartió símbolos, referencias y emociones. No necesariamente compartió una conducta electoral uniforme. “La gente resiste que le digan: ‘Vos porque sos del Indio sos kirchnerista’”, explicó Semán.
La observación adquirió relevancia por el momento político en que ocurrió la muerte del músico. Cristina Kirchner, la dirigente con la que Solari decidió identificarse durante los últimos años, ya no pudo competir electoralmente. El peronismo atravesó una discusión abierta sobre su liderazgo futuro. Gobernadores, intendentes, sindicalistas y dirigentes de La Cámpora buscaron reordenar un espacio que durante dos décadas giró alrededor de una figura dominante.
Al mismo tiempo, el progresismo argentino pareció haber perdido centralidad en la discusión pública.
Las ideas, valores y causas con las que el Indio se identificó durante buena parte de sus últimos años sobrevivieron en distintos sectores de la sociedad, pero ya no ocuparon el centro de la escena política.
Ese lugar hoy perteneció a Javier Milei. Y esa fue otra de las razones por las cuales el fenómeno resultó interesante.
Porque la multitud que se reunió para despedir al Indio pareció expresar una sensibilidad cultural que siguió existiendo, pero cuya traducción política apareció cada vez más difusa.
Crisis de representación y reacción del Gobierno
Esa misma idea apareció, desde otra perspectiva, en el análisis de Pablo Avelluto. Para el ex secretario de Cultura, la despedida masiva dejó al descubierto una crisis de representación que atravesó a buena parte de la oposición. “Hay un electorado vacante de representación”, sostuvo.
La definición excedió al kirchnerismo y también al peronismo. Describió, según Avelluto, a una porción de la sociedad que no encontró en Javier Milei una representación de sus valores, pero que tampoco encontró una alternativa capaz de entusiasmarla.
“Hay gente que dice: ‘Esto no me gusta, pero no encuentro entre la oferta nada que me entusiasme o nada que me represente’”, explicó. La reflexión conectó con una de las preguntas centrales de esta historia.
Si una comunidad cultural capaz de movilizar a cientos de miles de personas siguió existiendo, ¿por qué ninguna fuerza política logró convocarla con la misma intensidad?
Para Avelluto, el fenómeno dialogó con otras movilizaciones de los últimos años. Las marchas universitarias, las convocatorias posteriores al discurso de Milei en Davos o las movilizaciones vinculadas a distintas causas sociales mostraron algo parecido: ciudadanos que participaron sin sentirse necesariamente representados por estructuras partidarias tradicionales.
“Cada vez hay más gente que uno ve en esas movilizaciones que no está encuadrada en una organización, un sindicato o un partido político”, observó.

Por eso consideró que reducir el velatorio del Indio a una disputa partidaria implicó perder de vista lo esencial.
“Reducir esto a un fenómeno partidario es no ver la dimensión que tiene. Ningún fenómeno partidario en la Argentina convoca a un millón de personas hoy. Ni del oficialismo ni de la oposición”, afirmó. La frase resumió buena parte del problema.
El dato político más relevante quizás no fue que muchos de los asistentes compartieran determinadas posiciones ideológicas.El dato fue que la convocatoria existió. Que una figura cultural retirada desde hacía años logró movilizar una energía social que ningún dirigente político pareció capaz de generar.
Esa constatación interpeló a todo el sistema político. Interpeló al oficialismo, porque reveló la existencia de sensibilidades culturales que muchas veces observó exclusivamente desde la lógica de la confrontación ideológica.
Interpeló al peronismo, porque mostró que una parte del universo simbólico con el que dialogó durante años siguió vivo mientras sus dirigentes discutieron liderazgos, estrategias y candidaturas.
E interpeló también al progresismo, que observó cómo muchas de las banderas culturales con las que se identificó durante décadas sobrevivieron en amplios sectores sociales mientras perdió capacidad para convertirlas en una propuesta política competitiva.
La reacción del Gobierno frente a la muerte de Solari terminó convirtiéndose también en parte de esa discusión.
Para Semán, la Casa Rosada quedó atrapada en una lectura excesivamente ideológica del fenómeno.
“Si hay media Argentina llorándolo, no te ausentás de ese sentimiento”, resumió. El sociólogo consideró que la decisión de mantener distancia frente al velatorio terminó siendo contraproducente.
“Es más fácil generar antagonismo contradiciendo la sensibilidad de la gente”, explicó. Roy Hora coincidió en que la actitud oficial reveló una dificultad para comprender la magnitud cultural del acontecimiento.
“La enorme cantidad de gente que se movilizó habla de que Solari tocó una fibra muy profunda, que ahora le vuelve como amor y afecto en la despedida final”, sostuvo.
Para el historiador, el problema excedió la coyuntura. “La renuencia del gobierno nacional a organizar el funeral habla de cuán pobre y oscura es su visión de la cultura. Parece que sólo los que son de su bando merecen reconocimiento”, afirmó.
Y agregó una reflexión que apuntó al papel institucional del Estado. “El Estado simboliza la unidad de la nación y, por razones miserables, faltó al homenaje que todo ídolo popular merece en el momento del saludo final”.
La crítica de Hora coincidió parcialmente con la de Semán, aunque desde perspectivas distintas. Ambos observaron una desconexión entre la reacción oficial y la magnitud emocional del fenómeno.
Sin embargo, la nota también admitió un contrapunto. Alejandro Rozitchner, filósofo cercano al oficialismo y distante tanto de la obra como de las posiciones políticas de Solari, ofreció una mirada diferente.

“A mí no me gustaba el Indio. Nunca me tocó su arte. Creo que hay muchas obras más importantes dentro del rock nacional”, admitió.
Pero rechazó la lógica de trincheras que dominó parte del debate público.
“Tampoco me molesta que haya mucha gente emocionada por su muerte”, señaló. Y concluyó con una frase que funcionó como advertencia frente a cualquier intento de apropiación política del fenómeno.
“Es absurdo que nos peleemos por música”. La observación resultó significativa porque recordó algo que atravesó todos los testimonios.
La multitud que siguió llegando a Avellaneda probablemente no constituyó una fuerza política organizada. Tampoco una nueva mayoría electoral ni una alternativa de poder en gestación. Pero dejó al descubierto algo que la dirigencia observó con dificultad.
La existencia de una comunidad cultural gigantesca, atravesada por el dolor, la memoria compartida, la crítica a la autoridad y la búsqueda de pertenencia.
Una comunidad que sobrevivió a la desaparición de Los Redondos, al retiro de Solari y a los cambios políticos de las últimas décadas.
Y que, durante unas horas, volvió a hacerse visible frente a un sistema político que muchas veces pareció incapaz de comprenderla.
La muerte del Indio no modificó el predominio político de Javier Milei ni resolvió los interrogantes que atravesaron al peronismo y a la oposición. Pero expuso una paradoja que recorrió la Argentina de 2026: mientras la representación política atravesó una crisis evidente, todavía existieron comunidades culturales capaces de movilizar emociones, identidades y pertenencias a una escala que ningún partido logró alcanzar.
Ese pudo ser el mensaje más profundo que dejó la multitud que se reunió para despedirlo: no una consigna electoral ni una candidatura, sino algo más difícil de descifrar y, por eso mismo, más relevante: la persistencia de una Argentina cultural, emocional y simbólica que siguió viva, incluso cuando la política pareció no saber bien qué hacer con ella.
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