ECONOMIA
No para el ascenso meteórico de SpaceX: subió otro 5% y ya alcanzó el valor de mercado de Amazon

Las acciones de SpaceX subieron por tercer día consecutivo desde su salida a cotización en Wall Street. Este martes avanzaron 4,8%, en los USD 211, para acumular una suba de 56,3% desde el viernes 12.
SpaceX alcanzó a Amazon en capitalización bursátil y llegó a estar brevemente por encima de Microsoft, a medida que el valor de mercado del fabricante de cohetes se acercó por la mañana a los 3 billones de dólares.
En su máximo del martes de USD 225,64, SpaceX estaba valorada en aproximadamente 2,97 billones de dólares, lo que la sitúa solo por detrás de Nvidia, Alphabet y Apple entre las empresas públicas estadounidenses, según un análisis de Yahoo Finance en base a los datos de AlphaSpace.
Al cierre, el market cap de SpaceX quedó apenas debajo del de Amazon: USD 2,642 billones contra USD 2,646 billones de la empresa de Jeff bezos.
Esto convierte a SpaceX en una de las empresas que más rápido entró en la élite del mercado estadounidense. Apenas unos días después de su debut bursátil, la compañía ya cotiza en el mismo rango de capitalización que las mayores empresas tecnológicas del mundo.
SpaceX confirmó este martes que adquirirá Anysphere, la empresa detrás de la herramienta de codificación de IA Cursor, por 60 mil millones de dólares.

En un comunicado, SpaceX confirmó que el acuerdo será una transacción totalmente en acciones, y la compañía espera que la fusión se cierre durante el tercer trimestre, una vez obtenidas las aprobaciones regulatorias.
El acuerdo surge a raíz de una opción que SpaceX obtuvo en abril de este año, mediante la cual la empresa de Elon Musk consiguió el derecho a pagar unos USD 10.000 millones por una asociación con Cursor o a adquirir la empresa por USD 60.000 millones más adelante ese mismo año.
El negocio de Cursor creció rápidamente desde su fundación en 2022, con unos ingresos anualizados de USD 2.600 millones y un aumento en las ventas empresariales, según Reuters. En abril, la compañía estaba en conversaciones para obtener nueva financiación con una valoración de unos 50.000 millones de dólares .
Cursor es un editor de código con inteligencia artificial diseñado para acelerar el desarrollo de software. Incluye un asistente de chatbot, autocompletado de código y agentes de IA capaces de gestionar tareas de codificación de forma independiente, además de otras funcionalidades.
SpaceX consideró esta adquisición como parte de su estrategia para expandirse en el mercado de la IA empresarial. El acuerdo se produce tras la exitosa salida a bolsa de la semana pasada, que recaudó más de USD 80.000 millones y valoró la compañía en más de 2 billones de dólares.
A pesar de que la operación se realizó íntegramente con acciones, las acciones de SpaceX volvieron a subir por tercer día, para extenderlas ganancias desde la salida a bolsa. Otro factor que podría impulsar las acciones es que las opciones sobre acciones de SpaceX también comenzarán a negociarse el martes, lo que marca la primera vez que los inversores podrán negociar derivados sobre las acciones de la empresa que acaba de cotizar en bolsa.
La empresa de Elon Musk también anunció el cierre de su oferta pública inicial (IPO, por sus siglas en inglés) con la colocación de acciones adicionales, lo que llevó los ingresos brutos totales de la operación a USD 85.700 millones.
Bolsas y Mercados Argentinos (ByMA) habilitó el Certificado de Depósito Argentino (Cedear) de SPCX, emitido por Banco Comafi, con un ratio de 50:1. La incorporación se realizó en simultáneo con el inicio de cotización en el Nasdaq.
El Cedear de SPCX permite operar en pesos desde una cuenta local, sin necesidad de cuenta en el exterior, de la misma forma que cualquier otro instrumento de ese tipo disponible en el mercado argentino. Para quienes prefieran exposición indirecta o diversificada, también está disponible en ByMA el Cedear del Entrepreneur Private-Public Crossover ETF (XOVR), un fondo que agrupa empresas públicas de alto crecimiento y tiene posiciones en capital privado de startups, con una fuerte participación en SpaceX.
Europe
ECONOMIA
Grandes bancos tienen un precio del dólar «ideal» y es bastante más alto que el que defiende Caputo

Existen algunas distorsiones en el mercado que comienzan a hacer cada vez más ruido en algunos sectores. De forma puntual, en un encuentro cara a cara que tuvo iProfesional con referentes de los principales bancos que operan en Argentina, la coincidencia generalizada es que el actual precio del dólar, que se encuentra prácticamente «clavado» en todo el año en torno a los $1.430, empieza a incomodar y a mostrar riesgos para el modelo económico.
Sobre todo, la preocupación de las entidades financieras es que este abaratamiento del tipo de cambio, cuyo valor cae un 2% en 2026 mientras la inflación arrastra un incremento del 15% en el mismo período, le coloque cada vez más presión a la demanda de divisas. Esta demanda se sigue manteniendo en niveles elevados y es solapada, hasta el momento, por el fuerte ingreso de dólares de las liquidaciones de las exportaciones de la cosecha gruesa del campo.
La inquietud que está surgiendo desde los bancos es que un dólar barato, sumado a que están concluyendo los ingresos fuertes del agro, genere una mayor demanda de los ahorristas, empresas e importadores, y una consecuente mayor salida de reservas del Banco Central (BCRA). Algo que se vería agravado por la cada vez mayor tensión generada por la llegada de las elecciones presidenciales de 2027.
Es decir, el temor es que el BCRA tenga cada vez menos capacidad de armarse un «colchón» de billetes verdes de respaldo para afrontar pagos y de poder de fuego para proveer las coberturas cambiarias de los argentinos en el año electoral. De hecho, las compras de divisas por parte del público para ahorrar fueron muy cercanas, en todo mayo pasado, a los u$s2.500 millones que pudo comprar la entidad monetaria para las reservas. Un equilibrio muy «finito» en pleno momento de venta de la cosecha gruesa.
Además, argumentan que un dólar mayorista estable en $1.430 también empieza a fomentar un mayor nivel de importaciones, aspecto que comienza a complicar a algunos sectores industriales y a otros ámbitos de la economía. También empieza a afectar a ciertos segmentos que exportan y para los cuales ya no es competitivo este valor del tipo de cambio.
Los bancos nunca harán ninguna afirmación sobre el dólar públicamente; es una de las cosas de las que más se cuidan. Incluso, evitan prestarse a ponerle cifras al tipo de cambio en un off the record. Por eso, es interesante que en un mano a mano se lance un número y se le ponga una cifra al precio del dólar que consideran ideal.
En ese diálogo con el grabador del celular desactivado, algunas de las voces no dudan al afirmar que el dólar debería estar más cerca de los $1.700 que de los $1.400 actuales.
La posición del Banco Central y las proyecciones del mercado de futuros del dólar
Al respecto, iProfesional consultó a distintos economistas de mercado, cuyas posturas tienen puntos de coincidencia y de disidencia respecto a este planteo.
Por lo pronto, la coincidencia generalizada es que la continuidad del cepo cambiario para las empresas ocasiona problemas para que haya un libre juego en el precio de mercado para el dólar en base a la oferta y la demanda. Por ende, todavía existen condiciones que limitan que la plaza cambiaria opere con normalidad.
«En el plano cambiario, actualmente la Argentina tiene una fuerte posición técnica vendedora de dólares, producto de la liquidación de una cosecha gruesa que marcó nuevos récords en volúmenes y con precios internacionales razonables, los préstamos privados en moneda estadounidense y las liquidaciones de colocaciones de bonos en el exterior», detalla Juan Ignacio Bialet, gerente de Finanzas Personales del Grupo SBS.
Y agrega: «Esto le ha permitido al BCRA realizar fuertes compras de dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y bajar las tasas de interés cortas a niveles negativos, buscando reactivar sectores económicos rezagados».
En resumen, en todo el año el tipo de cambio está cayendo nominalmente cerca del 2%, mientras que la inflación no cede y acumula un avance cercano al 15% en 2026, lo que conlleva a una «apreciación real con dudas de que se sostenga hacia adelante», sostiene Bialet.
Por lo pronto, el dólar estadounidense cotiza en la plaza mayorista alrededor de los $1.430. Para el mercado de opciones y futuros del Matba-Rofex, para fin de año se está negociando a $1.617,5.
Ahora bien, si se analiza el precio máximo contemplado de no intervención en la plaza cambiaria para la banda de flotación que fija el Banco Central, y que ajusta de manera mensual en base a la inflación registrada dos meses atrás (t-2), el valor actual de la misma coincide con el monto solicitado por varios bancos, debido a que se ubica en los $1.776. Es decir, la cotización actual se encuentra un 23% (340 pesos) por debajo del precio máximo contemplado como «tolerable» por el BCRA y del requerido por algunos sectores de la economía para poder ser competitivos.
Debate de economistas: Argumentos a favor y en contra de una devaluación
Respecto al precio del dólar mayorista que varios bancos consideran que sería el «ideal» para la economía, que se ubica más cercano a los $1.700 que a los $1.450 actuales, existen diversos puntos a favor y en contra. En especial, algunos economistas sostienen que la oferta y la demanda de divisas es la que hoy está determinando el valor de mercado, más allá de la interferencia del cepo cambiario y de las intervenciones oficiales en los mercados de futuros.
«Hoy las exportaciones básicas funcionan con este dólar y tienen rentabilidad, y son lo que más crece en el año. Sí puede ser que un dólar más alto brinde más rentabilidad a segmentos que ahora exportan a pérdida y a sectores estructuralmente competitivos de la Argentina que están teniendo una fuerte competencia de la oferta importada en el mercado local», detalla Sebastián Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go, a iProfesional.
Y agrega que, en caso de que suba el precio del dólar mayorista, esto podría servir como «un efecto que atempere los costos sociales de la transformación productiva, pero no tendría que implicar un gran salto del tipo de cambio, sino un reacomodamiento del mismo. O sea, depende del sector, pero veo poco probable que se pueda llevar a unos $1.700 sin una disrupción en lo financiero«. En resumen, Menescaldi ve como «poco probable» que el Gobierno deje que el tipo de cambio se escape.
«Puede tener más volatilidad y asemejarse a la inflación, pero veo poco probable que impulse una corrección. Es que el actual esquema permite avanzar con las compras, pero depende de una oferta abundante de dólares, tanto del comercio como de los canales financieros, que no se sabe si se sostendrá en el tiempo, y de una demanda que permanezca ralentizada», grafica el economista.
En este sentido, Fernando Baer, economista jefe de la consultora Quantum, reflexiona: «Las cantidades exportadas aumentan, así que, por ese lado, no veo una justificación para que aumente el precio del dólar hasta los $1.700. El temor es que se acelere la compra de dólares para atesoramiento, algo que puede contrarrestar el ingreso por superávit comercial y emisiones de deuda; pero, por ahora, no lo veo preocupante como para pedir una devaluación del 25%«.
Para Gustavo Quintana, analista de PR Corredores de Cambio, el valor actual es el que refleja el mercado: «No encuentro justificaciones para determinar arbitrariamente un valor de dólar para dar competitividad al comercio exterior. En los primeros cinco meses del año, el agro y la minería tuvieron un muy buen desempeño con sus exportaciones, con un tipo de cambio muy alejado del nivel indicado de $1.700. La competitividad del comercio exterior no depende del nivel del tipo de cambio solamente». Por eso, reflexiona que la competitividad depende de «muchos factores, ya que si solo se dependiese del tipo de cambio, entonces no se sería competitivo para exportar».
En la misma tónica, Nahuel Bernues, CFA, asesor financiero y fundador de la consultora Quaestus, concluye: «Creo que la balanza comercial nos habla y las economías regionales también. Récords de exportaciones por todos lados y un superávit de la balanza comercial que también viene siendo histórico. Por eso, un dólar más alto le daría más competitividad al comercio exterior, pero ¿a cambio de qué? No creo que a largo plazo eso redunde en mayor competitividad para el sector necesariamente, tampoco para la economía en su conjunto. Creo que los ingresos de divisas de energía y minería vienen a sacarle algo de la estacionalidad típica que históricamente tuvo el país».
Al respecto, Francisco Díaz Mayer, analista de ABC Mercado de Cambios, suma: «El dólar ajusta por oferta y demanda, por lo que si hay un aumento del 35% en la cantidad exportada, no se puede decir que no tiene competitividad a este precio. Incluso, si sube de precio puede ir apareciendo más oferta; no lo veo ahora más arriba de $1.600».
Reservas del BCRA: Impacto sectorial del atraso cambiario y la inflación
Otros economistas consideran que un tipo de cambio de $1.700 le daría más tranquilidad y «comodidad» a toda la economía.
«Un dólar de $1.700 sería muy bueno para una cantidad de sectores que hoy por hoy están siendo postergados en términos de crecimiento, porque hay otros sectores que soportan sin problemas un tipo de cambio más bajo. El tema es que la gran mayoría de los sectores, sobre todo los que más empleo brindan, necesitan una competitividad un poco mejor y, tal vez, $1.700 es un valor de referencia bastante apropiado para el contexto actual», resume Pablo Repetto, jefe de Research en Aurum.
Por el lado de Jorge Colina, economista de Idesa, coincide: «No es bueno hablar de cuánto debería ser el tipo de cambio, porque cada sector, cada actividad, tiene su propio tipo de cambio. A un precio de $1.400, energía y minería están exportando casi como el campo, y este último rubro sigue exportando bien a ese valor. Con un billete de $1.700, varios también se pueden poner a exportar su producto, pero hay otros que necesitan más de $2.000 para poder competir con las importaciones«.
En definitiva, indica que lo mejor para el tipo de cambio es que el mercado cambiario «sea libre» para que su valor se ubique según la oferta y la demanda, y luego que la economía sea muy competitiva en lo real para que todas las empresas se puedan manejar «independientemente de cuál sea el tipo de cambio».
Las causas por las que el Gobierno se «resiste» a subir el precio del dólar respecto a los actuales $1.430 del segmento mayorista se vinculan a evitar presiones a una inflación mayor y a mantener un tipo de cambio controlado para preservar la actual «estructura financiera», en la que el Banco Central compra dólares a diario para acrecentar las reservas y ya ha superado la meta de u$s10.000 millones en todo el año.
«Un dólar más alto genera más inflación, caída del salario real, entre otros aspectos a considerar. No lo veo catastrófico que se ubique a $1.700, pero es volver a afectar el proceso de desinflación, y es lo que el Gobierno tampoco quiere», finaliza Baer ante iProfesional.
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ECONOMIA
Industria: el uso de la capacidad instalada creció en abril, pero cinco sectores siguen operando por debajo del 50%

La utilización de la capacidad instalada en la industria (UCII), un indicador que permite medir cuánto de su potencial productivo aprovechan las distintas ramas manufactureras del país, tuvo una leve mejora en abril.
El relevamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que abarca un panel de entre 600 y 700 empresas, volvió a confirmar que la mejora del nivel general convive con una fuerte brecha entre sectores.
A nivel general, la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en 59,9% en el cuarto mes del año, un nivel superior al registrado en abril de 2025, cuando había sido de 58,6 por ciento. El dato confirma la tendencia de recuperación que viene mostrando el indicador desde marzo, mes en el que había alcanzado 59,8%, luego de un primer bimestre del año más débil: en enero el indicador había sido de 53,6% y en febrero de 54,6 por ciento. De todas formas, hay variaciones mensuales del indicador que se explican por factores estacionales, por lo que siempre es recomendable analizar el resultado en relación a la misma época del año anterior.
Cinco de los doce bloques sectoriales que componen el índice general operan con niveles de utilización superiores al promedio de la industria. El más alto corresponde a refinación del petróleo, con 86,8%, seguido por industrias metálicas básicas, con 73,4 por ciento. A continuación se ubican sustancias y productos químicos, con 69,9%; papel y cartón, con 67,3%, y productos alimenticios y bebidas, con 60,4 por ciento.

En contraste, por debajo del nivel general se ubican siete bloques sectoriales, de los cuales cinco trabajan con menos de la mitad de su capacidad instalada. Se trata de productos del tabaco, con 49,2%; industria automotriz, con 46,5%; metalmecánica excluida la industria automotriz, con 42,7%; productos de caucho y plástico, con 42,4%, y productos textiles, también con 42,4 por ciento.
Los otros dos bloques que se ubican debajo del promedio, pero todavía por encima del 50%, son edición e impresión, con 58,5%, y productos minerales no metálicos, con 54,8 por ciento.
La principal incidencia positiva del mes se observó en la elaboración de sustancias y productos químicos, que pasó de 59% en abril de 2025 a 69,9% en abril de este año. El Indec recordó que, en el mismo mes del año anterior, la actividad del polo petroquímico de Bahía Blanca estuvo afectada por las inundaciones que sufrió esa localidad en marzo de 2025, lo que provocó la falta de suministro de gas natural a las principales plantas de la zona. La comparación contra esa base más baja explica buena parte de la mejora registrada este año en el sector.
También se destacaron las industrias metálicas básicas, que pasaron de un nivel de utilización de 63,9% en abril de 2025 a 73,4% en abril de este año. Según datos de la Cámara Argentina del Acero, citados en el informe, la producción de acero crudo registró un aumento interanual de 18,4%.
La edición e impresión, por su parte, pasó de 53,8% a 58,5% en la misma comparación. De acuerdo con el índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero), la actividad del sector tuvo un incremento interanual de 7,6% durante abril.

La refinación del petróleo subió de 83,9% a 86,8% entre abril de 2025 y abril de este año, a partir de un mayor nivel de procesamiento de petróleo crudo.
La industria automotriz registró el mayor retroceso interanual entre los doce bloques sectoriales. En abril, el sector trabajó al 46,5% de su capacidad instalada, frente al 56,8% del mismo mes de 2025, una caída de 10,3 puntos porcentuales.
La metalmecánica excluida la industria automotriz, por su parte, pasó de 49,3% en abril de 2025 a 42,7% en abril de este año. Según el Indec, este bloque fue el que más incidió negativamente en el resultado general del indicador, debido al peso que tiene en la composición del índice. La caída se relacionó con los menores niveles de producción de maquinaria agropecuaria y de aparatos de uso doméstico: de acuerdo con el índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero), la fabricación de maquinaria agropecuaria tuvo una disminución interanual de 29,7%, mientras que la de aparatos de uso doméstico cayó 26,9% en la misma comparación.
ECONOMIA
El desafío de Caputo: encontrar señales positivas dentro de los indicadores negativos de actividad

Luis Caputo decidió dedicarse en tiempo completo a dar la guerra comunicacional por la interpretación de los datos económicos. Y su objetivo ya no se limita a relativizar la gravedad de un mes con IPC alto poniendo la lupa sobre el IPC núcleo: ahora busca convencer de que hay crecimiento incluso cuando los índices marcan una caída.
El punto máximo en esa batalla con sus críticos la tuvo tras la reciente publicación de los indicadores de actividad para la construcción y la industria manufacturera, que registraron fuertes caídas en abril, tanto respecto del mes previo como en términos interanuales.
Era un pésimo dato para el gobierno, dado que el mes previo se había tomado con ánimo de celebración el crecimiento interanual de 12,7% en la construcción, un posible indicador de que, como tantas veces anunció el gobierno, «la malaria ya quedó atrás». Sin embargo, la nueva caída registrada en abril -2,8 en comparación interanual y 4% respecto del mes previo- cayó como un baldazo de agua fría.
Fue ahí cuando la estrategia comunicacional de Caputo se puso en marcha. A pesar de que había celebrado públicamente los índices que marcaron la suba de marzo, luego desestimó por poco relevantes los mismos indicadores que marcaron la caída de abril. El ministro sostiene que lo que hay que mirar es la llamada «tendencia ciclo», que depura las distorsiones de las variaciones de corto plazo -como aumentos inesperados de materiales, lluvias abundantes o un mes con pocos días hábiles-.
Por eso, Caputo sostiene que la construcción lleva un ciclo ininterrumpido de crecimiento desde noviembre pasado. Y, además, recurrió a dos indicadores positivos para afirmar su argumento: se registra un crecimiento en el personal ocupado y en la cantidad de metros cuadrados solicitados para nuevas obras. Claro que hay un problema: ambos datos se publican con un mes de retraso, es decir que corresponden a marzo. En consecuencia, no puede descartarse que el mes próximo, cuando se actualicen, ambos muestren números negativos. ¿Qué haría Caputo ante esa situación: admitiría la caída o buscaría un índice alternativo?
Eligiendo indicadores: la estrategia de Luis Caputo
Los antecedentes de Caputo marcan con claridad su tendencia a mostrar la parte más favorable al gobierno. Así, cuando el IPC daba alto pero la «inflación núcleo» tenía variación menor, afirmaba que ese último era el indicador importante. Cuando el rubro servicios marcaba aumentos fuertes, se jactaba de que el rubro alimentario iba por debajo del promedio, y que era el más relevante desde el punto de vista social.
De hecho, ese fue el argumento detrás de la decisión del ministro de archivar el nuevo IPC del Indec que había confeccionado Marco Lavagna: como la nueva canasta agrandaba la ponderación de los servicios, y justo se estaba en pleno proceso de subas de tarifas -lo que Toto llama «readecuación de precios relativos»-, el cambio de IPC iba a reflejar una situación distorsionada.
El razonamiento de Caputo partía del supuesto de que la categoría de alimentos continuaría con bajos aumentos, y que eso haría de contrapeso al encarecimiento de servicios. Sin embargo, una situación inesperada en la industria de la carne -el rubro con más incidencia en la canasta- potenció la escapada inflacionaria del verano.
Caputo se defendía con el argumento de que «la carne no va a subir 8% todos los meses». Y, efectivamente, hubo una moderación en los precios de las carnicerías, pero se compensó con otra situación inesperada: una ola de aumentos en las verdulerías.
De manera que, después de entusiasmarse con una canasta alimentaria estabilizada en niveles inflacionarios menores a 2%, otra vez se revirtieron las expectativas: el rubro alimentos se incrementó 2,5% en mayo.
A esa altura, el único rubro del IPC que ayuda al discurso oficial es el de los productos importados que compiten con la industria nacional, principalmente la ropa y los electrodomésticos, pero ensalzar ese dato suponía agravar la discusión con los industriales que se quejan de que sufren una pérdida de competitividad por causa del modelo económico.
Inflación mayorista, a veces
Ante esa situación, Caputo empezó a destacar los bajos niveles del IPIM, el índice de la inflación mayorista. Es un índice al que los economistas no ven como predictor confiable del IPC, por su alto componente de insumos importados y porque está muy expuesto a las variaciones cambiarias.
Aun así, era un dato que venía bien para el «relato» económico, al punto que el propio Javier Milei celebró eufóricamente que los precios mayoristas hubiesen tenido una variación de apenas 1% en febrero. Claro, ese mes el IPC había dado 2,9% y los pronósticos para marzo eran de empeoramiento, entonces el gobierno usó al índice mayorista como una señal esperanzadora de que la crisis pasaría pronto.
El problema es que el índice mayorista de marzo fue igual que el IPC -3,4%- y que en abril los precios mayoristas se dispararon un 5,2%, casi duplicando al IPC. Si se siguiera el argumento utilizado hasta ese momento, no quedaría otra alternativa que aceptar que la inflación estaba empeorando.
Fue entonces cuando Caputo, en una nueva pirueta retórica, explicó que, justo ese mes, el índice mayorista había dejado de ser relevante, porque estaba distorsionado por el efecto del conflicto en Medio Oriente, que había disparado al petróleo y sus productos derivados.
Ya, a esa altura, los cambios de argumentación del ministro empezaron a generar respuestas irónicas por parte de los economistas críticos de la gestión. «Si excluimos educación, transporte, vivienda, recreación y cultura, restaurantes y hoteles, alimentos, bebidas y prendas de vestir, la inflación fue menor a la del mes pasado», afirmaba uno de los comentaristas en las redes.
Aunque, si se trata de críticas con ironía, ninguna superó a las dirigidas contra Antonio Aracre, asesor del gobierno, quien reflotó las viejas argumentaciones de los años ’80, cuando se difundía junto al IPC oficial, un «índice descarnado», para argumentar que, en realidad, la inflación no era tan grave, y aparecía magnificada por un problema específico en la carne vacuna.
El mismo argumento, que se usó en febrero y marzo, se utilizó luego pero con foco en los aumentos de la matrícula escolar y los servicios públicos.
Va ganando el pesimismo
La cuestión, en todo caso, es si ese uso «optimista» de los indicadores le está dando rédito político al gobierno. Y, de momento, las señales indican que eso no está ocurriendo. Más bien al contrario, las propias estadísticas que hace el Indec muestran una baja predisposición a invertir por parte de los empresarios.
En el caso de la construcción, apenas un 9,4% cree que la actividad del próximo trimestre se incrementará, mientras el resto ve un estancamiento o incluso un retroceso.
Algo similar ocurre en el sufrido rubro de las pymes, las más afectadas por la presión tributaria, y donde más se siente el desempleo. Caputo destacó el incremento de 25% interanual en las exportaciones de pequeñas empresas, lo que implica el volumen más alto desde el 2013.
Pero, en fuerte contraste, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) lleva un año ininterrumpido de registros negativos en su encuesta de ventas internas, que es el dato relevante para el 95% del universo pyme.
Y, en una reunión con el ministro, los dirigentes de la CAME le solicitaron que ARCA suspendiera los embargos y la aplicación de multas por atrasos en el pago de impuestos.
El argumento fue que el mix de consumo deprimido y la falta de una reforma impositiva ponía en riesgo la supervivencia de miles de empresas. Fue un pedido que, por lo pronto, negaba la afirmación oficial de que hay una recuperación fuerte del consumo.
Además, abundan los informes sectoriales que hablan de crisis. Se destacan los de las cámaras textil e indumentaria, la del juguete, la de autopartes y la metalurgia como sectores más afectados y con menores niveles de uso de la capacidad fabril instalada.
Los primeros indicadores llevaron a la mayoría de las consultoras a pronosticar que el próximo dato del EMAE -que corresponderá a abril- volverá a dar una variación negativa, desactivando así la esperanza que había generado la suba de 5,5% registrada en marzo.
Los economistas consideraron que ese dato había sido posibilitado, en realidad, por la baja base de comparación de hace un año, pero que la situación no se repetirá en el EMAE de abril. Más bien al contrario, los bajos niveles de actividad sectorial -que se refleja en ejemplos como la industria automotriz, que tuvo paradas de actividad en varias terminales- llevan a predecir un nuevo número en rojo.
El campo, sin «flow»
Por si estos debates no fueran suficientes, el ministro tampoco está demostrando mucha capacidad persuasiva con los empresarios agrícolas, protagonistas del gran boom exportador.
El argumento es que, aun cuando el gobierno haya anunciado un cronograma de alivio tributario por las retenciones a la exportación, eso no llega a compensar el incremento de costos. Por caso, la urea, uno de los principales insumos para la fertilización, subió más de un 50% desde el inicio del conflicto en Irán.
El malestar quedó en evidencia en la reunión del secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, con los productores maiceros. El funcionario se enojó por el escaso entusiasmo que demostraba el auditorio y por la ausencia de aplausos ante la enumeración de medidas positivas para el campo.
«Pónganle flow», se quejó el secretario, que les advirtió a los productores que, si no cambiaban la actitud, el malhumor social se transformaría en una victoria electoral del kirchnerismo en 2027.
Ese «flow», lejos de ser un pedido personal, se está transformando en política de Estado. Caputo lo demuestra ante cada indicador potencialmente negativo.
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