DEPORTE
Messi y la veteranía en el fútbol: por qué ciertos atletas logran prolongar su vigencia en la alta competencia

A los 38 años Lionel Messi consiguió en el Mundial 2026 una marca más: se convirtió en el jugador más veterano en anotar dos y también tres goles en un mismo partido de la Copa del Mundo, un registro que reabre la discusión sobre la longevidad en la alta competencia y sobre cómo algunos deportistas extienden su rendimiento al máximo nivel.
Luego del partido contra Argelia, el capitán argentino superó a Roger Milla, que había marcado un doblete mundialista con 38 años y 34 días en 1990. Con el triplete, además, dejó atrás por más de cinco años la edad con la que Cristiano Ronaldo había logrado un hat-trick en el torneo de 2018 ante España.
Después del encuentro, Messi describió un presente atravesado por el disfrute del entorno y del juego en la previa de su cumpleaños 39 que será el 24 de junio.
—¿Cómo vas a pasar tu cumpleaños?
—Nada especial. Ahí con los compañeros, como generalmente me pasa, en alguna concentración, en alguna competición. Y nada, disfrutando, disfrutando de todo esto, del grupo.
También habló del vínculo con el público y de la dimensión que tomó su figura fuera de la cancha. “Lo de la gente es impresionante. Yo juego en Estados Unidos y me pasa también con el club, que vaya donde vaya la gente llena los estadios. Y esta vez es un Mundial y vimos que con Argentina iba a ser así, que iba a explotar en todos lados”, señaló el 10.
La pregunta de fondo no es solo cuánto tiempo puede seguir jugando Messi, sino por qué ciertos atletas logran prolongar su vigencia en disciplinas de exigencia extrema. En diálogo con Infobae, el médico cardiólogo y jugador de la selección argentina de waterpolo Carlos Ramón Vozzi vinculó esa continuidad con la combinación entre tiempo y calidad de vida.

Vozzi, formado en la Universidad Nacional del Litoral, con residencia de investigación en el Texas Heart Institute de Baylor College of Medicine de Houston, sostuvo que en estos casos importa distinguir “la prolongación cuantitativa de la cualitativa”.
El cardiólogo y estudiante de Filosofía puso a Messi como ejemplo de una conducta marcada por la prudencia. Dijo que en el partido lo vio “tranquilo”, sin desesperación, con una forma de actuar que atribuyó al conocimiento de sus límites y a la capacidad de decidir en el momento justo.
Para Vozzi, esa permanencia no depende de prohibiciones sino de hábitos. En su explicación, esos rasgos no aparecen de manera súbita en la madurez, sino que se incorporan “desde la más tierna infancia” y se consolidan con constancia.
—¿Cómo ves a estos deportistas de alto rendimiento, en donde cada vez es más natural verlos prolongar su carrera, no solo en el fútbol, sino también en otros deportes? ¿Por qué se da?
—Lo veo como una dinámica existencial que renueva al ser, y renueva al ser humano en su esencia año tras año. Esta prolongación de la vida requiere que uno diferencie bien la prolongación cuantitativa de la cualitativa. Lo ideal es que se den las dos cosas: la cantidad de tiempo vivido, con calidad. A mí me impresiona, humildemente lo digo, que algunos deportistas de élite tienen una trayectoria destacada y reúnen estos aspectos de prolongación de la vida en el tiempo, mientras practican deportes de alto rendimiento y mantienen una buena calidad de vida. Reflexionaba sobre el caso de lo que está ocurriendo con Messi y con otros deportistas, como ha ocurrido en el tenis o en otras actividades.

—¿Y qué es lo que más te llama la atención de Messi?
—Messi hoy me demostró lo prudente que es. Cómo ejercita la prudencia en su devenir. La prudencia como esa virtud requerida para ubicarse en el término medio, el conocer la realidad y saber lo que hay que hacer en base a conocer las cosas como son. Creo que él actúa así. Disfruta, se emociona, pero esa actitud que tuvo, cuando no pudo anotar el penal, fue notable. Me sorprendió ver cómo el hombre, tranquilo, sabía por dónde tenía que ir, pero no desesperó. Creo que estos deportistas que van prolongando su excelencia en su actitud y en el deporte reúnen las dos cualidades: son virtuosos en su comportamiento ético, en su moral y con el cuerpo, cómo lo trabajan.
—¿El cuidado en el alto rendimiento es una cuestión de prohibiciones o de equilibrio?
—Vuelvo al concepto de los hábitos y las virtudes. Creo que ahí está el equilibrio, que no tiene que haber prohibiciones. Tiene que haber un ejercicio de la libertad sustentada en una voluntad que conduce a un proceso de decisión, pero en un ámbito de libertad. El trabajo de las virtudes, que es apuntar a lograr bien. Menciono algunas que se consideran fundamentales: la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Ese accionar son hábitos que se van incorporando con el devenir del tiempo.

—Uno va incorporando esos hábitos desde la infancia…
—Sí, sí, sí.
—¿Qué importancia tienen los hábitos y la constancia en la vida de estos deportistas de élite?
—Veo que los grandes deportistas, como Messi, Ginóbili o incluso Cristiano y Nadal, han construido su carrera a partir de hábitos muy sólidos: cuidan mucho su alimentación, su descanso y la relación entre lo que desean y lo que la razón les indica que es mejor. Todo eso requiere un trabajo diario, una disciplina constante.

—¿El sacrificio es imprescindible para alcanzar la excelencia?
—Hay una expresión un poco dura, que me la voy a tomar literalmente, que la aprendí hace muchos años cuando estaba haciendo mi guardia de cardiología. En el Instituto de Cardiología de Texas, en Houston, cerca de Dallas, donde fue el partido hoy. Tenía que trabajar mucho y estudiar mucho para aprender bien a ser cardiólogo. Y mi jefe me dijo: «No pain, no gain“, que traducido es: sin dolor no hay ganancia. En inglés suena mejor… pero es eso.
No sé si hay que llegar al extremo del dolor en el hacer. Pero ellos, con la constancia incorporan hábitos de conducta que los llevan a tener una vida virtuosa, en la que ejercen virtudes orientadas a hacer el bien. A mí me da toda la impresión de que es así. Además, he escuchado a Messi estar imbuido de un alto espíritu de relación con Cristo, con Dios, porque él siempre dice que agradece a Dios que lo hizo así. Lo noto como un cristiano en sus declaraciones.
—Hoy se lo ve a Messi jugando a la pelota. Sin la presión de ser el campeón, porque ya lo es. ¿Qué papel juega el disfrute en la carrera de un deportista que ya lo ganó todo y sigue compitiendo al máximo nivel?
—Ha logrado ser un hombre dichoso. Los griegos tienen una palabra que es la eudaimonía, que significa estar bien, ser dichoso. No necesariamente se necesita de objetos materiales, que de hecho Messi los tiene, probablemente lo que él quiera, pero disfruta la vida espiritualmente en su sensibilidad.
En esos gestos tan simples, como decís, de ir a jugar a la pelota siendo un hombre excepcional, un profesional extraordinario y, sin embargo, va a jugar a la pelota. Él ha logrado eso: la dicha de vivir bien, de vivir en equilibrio, una vida armoniosa. Me da la impresión de que la tiene, no solo en el juego, sino en el devenir, porque es un ser humano como todos nosotros, aunque a veces parece de otro tipo de humanidad. Pero es un ser humano biológico, psicológico y social, biopsicosocial. Da la sensación de que este joven hombre se puede mover en todos los escenarios con su cuerpo, con su mente, en la sociedad donde está a gusto, en la que interacciona. Esa es su historia, porque somos nuestra historia. Cuando uno mira la historia de Messi, la evolución, los pasos, el tiempo, lo que hizo, cómo lo hizo, es así. El camino de la gloria, ese esfuerzo. Y él lo hizo. Constancia. Pero destaco que lo veo como un hombre que vive en armonía, que vive la dicha de existir. Da alegría verlo a Messi existir, porque transmite eso.
Hasta cuándo puede jugar Messi
—Te hago la última. Vos que llevás la camiseta de la selección argentina de waterpolo y tenés 74 años… ¿Cómo lo ves, desde tu edad y hasta dónde puede dar Messi?
—Messi como modelo de ser, como hombre, como deportista, como futbolista, puede tener los límites que él quiera, porque él lo va a disponer. Sin necesidad de seguir jugando a este nivel internacional, va a ser un líder que va a seguir comunicando, porque ha superado la barrera del futbolista puro. Desde lo biológico, hasta la edad que pueden llegar, eso lo va a determinar todas las evaluaciones que se hacen de los parámetros que hacen al cuerpo de un humano.
Por ejemplo, salvando la enorme distancia, yo hago actividad física de jugar al waterpolo y de nadar, pero en modo Rastrojero, como me dijo mi entrenador: “No te olvides que vos sos un Rastrojero, no sos un Tesla, no sos una Ferrari. Entonces, tenés que cuidarte como un Rastrojero“. Messi hoy en día juega en la élite internacional. Va a tener unos cincuenta, sesenta, setenta los años que pueda vivir, pero va a seguir haciendo lo que el cuerpo le dé y lo que él trabaje para que le dé. Porque todos nuestros cuerpos, vuelvo a la palabra cuidado, que es una palabra muy delicada.
Cuidar nuestro cuerpo es una tarea muy amplia, que requiere saber que el cuidado va variando según las contingencias del día a día. Hoy necesitamos un cuidado de esta naturaleza, mañana de otro, y que a su vez la acción de cuidar es un trabajo en conjunto. ¿Por qué el trabajo conjunto, el cuidado? Porque somos vulnerables. Ejemplo claro: la pandemia. La pandemia nos demostró la vulnerabilidad de los humanos. Y la tenemos que cuidar entre todos, los unos con los otros.
El cuidado que Messi haga de su cuerpo y cómo lo cuiden los que están alrededor y cómo él cuide a la gente con su actitud le va a permitir seguir hasta donde él quiera.
Y una pequeña disquisición respecto a cuántos años tengo. Ya viví 74 años, ya no los tengo más. Se los llevó el tiempo y poniéndolo existencialmente podría decir que se los llevó la muerte. Ahora, ¿cuántos años siento que tengo? Te lo resumo. En mi cumpleaños, en enero, había dos números: el 74, por un lado, que son los que se fueron, y el 30, que son los próximos años que quiero vivir para llegar a los 104 y después veremos.
Messi tiene por delante todo lo que quiera llevar adelante y herramientas para hacer de todo, de sobra. Porque no sé cómo lo ves vos, Juan, pero yo siento que hoy Messi va más allá del fútbol. Lo siento como un líder mundial que tiene muchas cosas para comunicarnos a todos.
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DEPORTE
Portugal-Uzbekistán, EN VIVO, por el Mundial 2026: hora, TV, formaciones y todo lo que hay que saber

Horarios del partido: 14:00 horas (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) / 13:00 horas (Chile, Bolivia, Venezuela y Miami, Estados Unidos) / 12:00 horas (Ecuador, Perú, Colombia y Panamá) / 11:00 horas (México, El Salvador, Honduras y Costa Rica) / 19:00 (España).
Televisación: DSports, Paramount+ (Argentina) / Canal 5, DGO, DSports (Uruguay) / DAZN, RTVE, La 1 (España) / ViX, TUDN, 5, TZ Azteca, (México) / DSports, RCN, DGO, Caracol (Colombia y Ecuador) / América TV (Perú) / Televen, DSports, DGO (Venezuela) / FOX, FS1, Telemundo, TUBI, Universo, y Peacock (Estados Unidos) / FOX y Tigo Sports (Centroamérica).
Posibles formaciones:
Portugal: Diogo Costa; João Cancelo, Rúben Dias, Renato Veiga, Nuno Mendes; Vitinha, João Neves; Bernardo Silva, Bruno Fernandes, Pedro Neto; Cristiano Ronaldo. DT: Roberto Martínez.
Uzbekistán: Utkir Yusupov; Bekhruz Karimov, Abdukodir Khusanov, Jakhongir Urozov, Abdulla Abdullaev, Farrukh Sayfiev; Akmal Mozgovoy, Otabek Shukurov; Abbosbek Fayzullaev, Eldor Shomurodov, Odiljon Khamrobekov. DT: Fabio Cannavaro.
¡Bienvenidos! Aquí podrán seguir todos los detalles del partido clave entre la selección de Portugal y Uzbekistán por la segunda fecha del Grupo K.
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La calculadora de Argentina para el cruce de 16avos de final del Mundial: cuál puede ser el rival entre España, Uruguay, Cabo Verde y Arabia Saudita

La selección argentina selló su pasaje a los 16avos de final como líder de su zona, gracias al triunfo en el último turno de Argelia ante Jordania en San Francisco. En ese contexto, las cuentas empiezan a enfocarse en un cruce que se desarrollará el viernes 3 de julio en el Hard Rock Stadium de Miami contra el segundo del Grupo H (España, Uruguay, Arabia Saudita y Cabo Verde).
Tras las dos victorias en el inicio del torneo, Argentina tuvo que esperar por el resultado entre Jordania y Argelia que confirmó su liderazgo de manera anticipada. Como los asiáticos no ganaron, la Albiceleste se aseguró quedar en lo más alto del Grupo J. De este modo, al clasificar como líder Argentina enfrentará al escolta del H en Miami.
Actualmente, el Grupo H está abierto. España lidera con cuatro unidades y un +4 en la diferencia de gol tras empatar 0-0 ante Cabo Verde y golear a Arabia Saudita 4-0. Detrás aparece Uruguay con 2 unidades tras las igualdades 1-1 con los árabes y 2-2 ante los africanos: suman 3 goles a favor que los coloca por delante del resto.
La tercera posición tiene a los caboverdianos también con 2 puntos, pero figuran detrás de los sudamericanos porque cuentan con 2 goles tras sus dos empates en el estreno. En el fondo está Arabia Saudita con 1 punto, producto de la igualdad con los uruguayos (1-1), pero ostentan una peor diferencia de gol a raíz de los cuatro tantos recibidos en la segunda jornada ante los europeos.
Cuando dos o más selecciones de un mismo grupo terminan con los mismos puntos, la FIFA aplica criterios en cascada para separarlas. Primero se mira qué pasó entre esos equipos empatados: el resultado de los partidos entre sí. En caso de permanecer el empate, se amplía la mirada a todos los partidos del grupo: diferencia de goles general, goles marcados en total y, como penúltimo recurso, el fair play (las tarjetas recibidas suman o restan puntos: amarilla descuenta 1, roja directa descuenta 4, y así). Si nada de eso resuelve el desempate, entra el ranking FIFA: gana el puesto la selección mejor ubicada en la clasificación mundial más reciente, y si hay más ediciones anteriores disponibles, se van consultando hasta encontrar una diferencia. Ese listado tiene ordenados a España (2°), Uruguay (16°), Arabia Saudita (61°) y Cabo Verde (67°).
Hasta el momento, México, Estados Unidos, Alemania y Argentina son los equipos que ya aseguraron el pase a 16avos de final cuando todavía resta una fecha de acción. Antes del cruce de playoff, la Selección disputará la última fecha del Grupo J contra Jordania el sábado 27 de junio desde las 23 horas (de Argentina) en el Dallas Stadium.
El camino rumbo a una hipotética final marca que, en caso de avanzar a los 16avos de final, se topará en octavos ante el ganador de un cruce que emparejará a los escoltas del Grupo D (Australia o Paraguay) y G (Egipto, Irán, Bélgica o Nueva Zelanda).
Más adelante en el cuadro aparecen los cuartos de final en el horizonte por ese lado de la llave: el rival podría ser los punteros del Grupo B (Canadá o Suiza) o del K (Colombia, Congo, Portugal o Uzbekistán); o alguno de los ocho mejores terceros que se clasifiquen a los 16avos de final y se crucen contra estos líderes.
• VS. ESPAÑA: si Uruguay le gana a los españoles y Cabo Verde no vence a Arabia Saudita.
• VS. URUGUAY: si iguala con España y Cabo Verde no le gana a Arabia Saudita.
• VS. CABO VERDE: si España vence a Uruguay y Cabo Verde empata o le gana a Arabia Saudita.
• VS. ARABIA SAUDITA: si supera a Cabo Verde y España vence a Uruguay.
• SI GANAN CABO VERDE Y URUGUAY: ambos terminarían con 5 puntos. El 2º —y rival de Argentina— será el que tenga peor diferencia de goles general, menos goles a favor en el grupo, el peor ubicado en la tabla de fair play o, en último término, por ranking FIFA.
Si dos o más selecciones del mismo grupo tuvieran los mismos puntos tras completar la fase de grupos, se aplicarán los siguientes criterios, en el orden indicado, para determinar su posición:
1.er paso:
a) más puntos obtenidos en los partidos de grupo entre las selecciones en cuestión;
b) mayor diferencia de goles en los partidos de grupo entre las selecciones en cuestión;
c) más goles marcados en los partidos de grupo entre las selecciones en cuestión.
2.o paso:
Si, tras aplicar los anteriores criterios a) a c), las selecciones siguen igualadas, para determinar su posición definitiva se aplicarán los criterios a) a c) a los partidos en los que se hayan enfrentado únicamente las selecciones restantes. Si no se puede llegar a una decisión por este procedimiento, se aplicarán los siguientes criterios
d) a f) a los dos o más equipos que sigan igualados a puntos:
d) mayor diferencia de goles en todos los partidos de grupo;
e) más goles marcados en todos los partidos de grupo;
f) más puntos obtenidos por conducta deportiva (de jugadores y cuerpo técnico)
según el número de tarjetas amarillas y rojas recibidas:
– tarjetas amarillas: 1 punto menos
– tarjetas rojas (tras doble amonestación): 3 puntos menos
– tarjeta roja directa: 4 puntos menos
– tarjeta amarilla y tarjeta roja directa: 5 puntos menos
Formato de la competición
Se aplicará a cada jugador o miembro del cuerpo técnico una sola de las deducciones mencionadas por partido. La selección que tenga más puntos obtendrá el puesto más alto en la clasificación. Por lo que respecta al segundo paso, todas las selecciones afectadas se posicionarán mediante la aplicación por orden de los criterios d) a f). Si una de las selecciones tuviera derecho a ocupar una posición superior o inferior de conformidad con un criterio, pero no fuera posible determinar el posicionamiento de todas las selecciones según ese mismo criterio, el orden de las dos o tres selecciones restantes se determinará de conformidad con el siguiente criterio y así sucesivamente. En cualquier caso, el segundo paso no se volverá a aplicar desde el principio para las dos o tres selecciones restantes después de que se haya aplicado un criterio.
3. er paso: Si no se puede llegar a una decisión siguiendo los procedimientos del primer y el segundo paso, se aplicarán los siguientes criterios:
g) las dos o más selecciones que sigan igualadas a puntos se ordenarán según la edición publicada más reciente de la Clasificación Mundial Masculina FIFA
h) las dos o más selecciones que sigan igualadas a puntos se ordenarán según la edición publicada de la Clasificación Mundial Masculina FIFA anterior a la edición publicada más reciente, y así sucesivamente, hasta que se llegue a una decisión.
DEPORTE
“Insaciable”: los detalles desconocidos de la metamorfosis de Messi hasta convertirse en el líder de la selección argentina

“Cuando una meta ya alcancé / Cuando la clave revelé / Cuando llegué a conocer lo desconocido / Si algo imposible quedó atrás / Y lo que era extraño es habitual / Mi interés de pronto quedó desvanecido”.
Lionel Messi llegó al Mundial de Alemania 2026 con 18 años. 20 años después (y 47 títulos, 916 goles, 415 asistencias, ocho Balones de Oro, un trofeo ecuménico, dos Copas América y una Finalissima) con casi 39 en el pasaporte, dio un recital en sus dos primeros partidos de su sexta Copa del Mundo. Tres goles ante Argelia, dos contra Austria. En su lugar, cualquier mortal (si es que con su talento se lo puede agrupar entre los mortales), después del último ítem tildado en Qatar, se hubiese recostado en el lecho de laureles con total derecho. Messi, no.
Ya sin las presiones que lo persiguieron toda su carrera (sobre todo cada vez que se vistió de albiceleste), aunque sin resignar un ápice de apetito, encaró su proyecto en el Inter Miami, con la Selección siempre de fondo. Se puso metas más cortas: primero la Copa América 2024, las Eliminatorias; también el Mundial, si el tiempo no se devoraba la explosión, si las piernas seguían respondiendo a la mente, a la intuición. Gracias al fútbol, lo hicieron.
“Si pude ya encontrar lo que buscaba / Cuando un deseo intenso se cumplió / Si resolví el truco que me desvelaba / La magia que quedaba se acabó”.
No hubo una comunicación oficial. Hasta el propio Lionel Scaloni confesó que lo llamó para saber si estaba disponible, con el afán de citarlo, de tener presta la cinta de capitán. “Estaba esperando que saliera la lista”, respondió, como si fuera uno más en la nómina, un número, y no precisamente el 10.
Una sobrecarga muscular inoportuna alteró el guion justo en el último partido con su club antes de sumarse al plantel para la gran cita. Tal vez fue solo el giro para darle una pátina de épica más, como si le faltara a su historia. Porque volvió a la acción justo en el último amistoso antes del Mundial, y lo hizo con un gol frente a Islandia. Y con la motivación palpitante jugó ante Argelia con los bríos de aquel adolescente del mohín a José Pekerman porque no entró en el duelo de cuartos de final ante Alemania en 2006, que decretó la eliminación albiceleste.
Uno, dos tres goles. Todos golazos, cada uno con diferente impronta. Cayó otro récord, cayeron las dudas en Argentina por la epidemia de molestias físicas, los rivales fueron debidamente notificados de que el campeón está en la casa, con Messi, el eterno Lionel Messi, al comando. Y, contra Austria, martilló el aviso.
“Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador / Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador».
Siempre quiere más. Insaciable, como dice la canción de la banda uruguaya El Cuarteto de Nos. Messi siempre fue Messi. El de la gambeta en patines, el que levita con la pelota. Con más años, es el mismo que se divertía esquivando baches en Grandoli o en Newell’s, o en las canchas realeadas del potrero. Con la lava del fuego sagrado siempre a punto de erupcionar, aunque entonces con un perfil más reservado.
Sí, el “animal deportivo”, tal como lo definió el preparador físico Gerardo Salorio, histórico de las juveniles de Argentina, es parte de él. No así el perfil del líder que construyó. Ese carácter introvertido, por caso, lo definió desde que cruzó por primera vez el portón del predio de Ezeiza que hoy lleva su nombre.
“Llegó acompañado por el padre, Jorge, y el representante. Salió el preparador físico, que era Salorio y le dijo: ‘Si no te cortás el pelo, no podés jugar’. Decí que no le hizo caso, ja. Tenía unas ganas de jugar para Argentina…“, supo contarle a Infobae el recordado Omar Souto.
En ese momento, declamaba su personalidad desde su desparpajo, vencía la timidez con habilidad. Un jugador sin temperamento no se aplicaba solo las inyecciones para resolver el déficit de la hormona de crecimiento, no respondía a las patadas pidiendo de nuevo la pelota, o no era capaz de rechazar una y otra vez las ofertas de España -hasta el cocinero lo tentó- para cumplir el sueño de jugar para Argentina, cuando se había marchado del país a los 12 años para sumarse a la Masía de Barcelona.
Un futbolista sin su ambición sin fin no jugaba un Mundial Sub 20 con 17 años y, pese a iniciar como suplente, se convertía en top scorer y figura. O no crecía en el espejo de Ronaldinho hasta fagocitarlo. O no le torcía el brazo a Guardiola para jugar los Juegos Olímpicos de Beijing (y colgarse la medalla dorada) o para hacer añicos los pizarrones, salir de la banda derecha y llenar canastas como falso 9. Pero no llevaba riendas de vestuario. Guiaba desde el juego, desde su talento. Podía opinar en el vestuario, pero la voz la llevaban otros.
“No pierdo el tiempo en festejar / Ni paro para meditar / Voy como Sísifo cargando con su piedra / Y cuando al límite llegué / Y la frontera traspasé / El reto se esfumó pero sigue mi carrera”.
La cinta de capitán la recibió interinamente en la era Maradona y ya con continuidad con Alejandro Sabella, quien dio el golpe sobre la mesa como Carlos Bilardo con Diego en el 83. En el medio, con los vaivenes de la Albiceleste, quedó en el foco de las críticas porque su rendimiento en un Barcelona de época era descollante y no se repetía en una Argentina convulsionada. Incluso, los reproches llegaron a apuntar sobre su argentinidad, porque parte de su desarrollo se dio en Catalunya. O con el cartel del “club de amigos”.
“Todos decían ‘no canta el himno, no canta el himno’. Y en realidad nadie escuchaba que en los torneos ponían la parte que no era la cantada. Cuando cambió, ¿vieron? Leo lo canta”, lo defendió Omar Souto, quien fue una especie de segundo papá en Ezeiza para la Pulga. De hecho, fue quien llamó por teléfono a su casa para su primera convocatoria, aunque se equivocó de nombre y lo llamó “Leonardo”.
“Cuando alcancé el trofeo que deseaba / Si el día esperado ya pasó / Cuando atrapé la presa que anhelaba / El juego al que jugaba terminó”.
La gloria merodeó varias veces en aquella colección de finales ingratas. Pudo ser en la Copa América de 2007, cuando todavía era un niño. Luego, en el Mundial de Brasil 2014, cuando le pasó por al lado al trofeo y lo miró con frustración, como si fuera inalcanzable. Los dos torneos intercontinentales de 2015 y 2016, con los penales infames ante Chile, casi le hacen bajar los brazos. O lo hicieron, pero por apenas unos días. “Es increíble, pero no se me da”, dijo, antes de presentar una renuncia que el Patón Bauza revirtió con un viaje a España y un puñado de palabras.
“Hablaba más con los compañeros para expresar lo que sentía, no era de levantar la voz. Por ahí, esa función la cumplía Mascherano. Hoy está más maduro, más abierto a hablar con todos y decir lo que piensa”, semblanteó alguien que conoce a la perfección los pasillos de Ezeiza. Pero esa búsqueda inclaudicable, ese insistir, seguía hablando de su tesón. Mientras, por más que cargara con la cinta, Masche era su escudo.
“Yo decía que iba a ser un jugador muy importante, por eso lo llevamos en el primer Mundial siendo muy jovencito, pero creímos que le iba a hacer muy bien estar en alemania. El liderazgo apareció con el transcurso de los años. Fue pasando el tiempo, se fue acostumbrando a sus compañeros y terminó con un liderazgo muy importante”, supo narrar Hugo Tocalli, histórico ladero de José Pekerman y legendario formador, al hablar de esa transición, que llevó su tiempo.
“Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador / Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador».
Las turbulencias en el Mundial 2018 fueron un empujón para que aflorara la versión que hoy disfruta Argentina. “Hay líderes de cancha y líderes de vestuario”, supo acuñar Salorio. El rosarino siempre lo fue con el balón en los pies. La metamorfosis se dio donde las cámaras no llegan. O sí, pero solo cuando los celulares de los jugadores lo permiten.
El periodista Ariel Senosiain publicó el diálogo en Rusia entre Sampaoli y los referentes (con Messi, ahora sí, entre los protagonistas principales) en el libro El Mundial es Historias. Fue luego del oprobioso 0-3 ante Croacia que dejó a Argentina en el borde del abismo de la eliminación en primera ronda.
-No nos llega lo que decís. Ya no confiamos en vos. Queremos tener opinión.
-¿Opinión en qué?
-En todo.
-¿Y ustedes van a armar el equipo, dirigir los entrenamientos, todo?
“Me preguntaste diez veces a qué jugadores querías que pusiera y a cuáles no, y nunca te di un nombre. Decime adelante de todos si alguna vez te nombré a alguien”, lo cruzó Leo, dándole a entender que, hasta esa situación límite, jamás había interpuesto su criterio o relación con sus compañeros para objetar determinaciones o realizar sugerencias.
Según reza la crónica, “en la sala, además de los veintitrés jugadores y los tres integrantes del cuerpo técnico, estaba presente Claudio Tapia. El presidente de la AFA sabía de antemano lo que le dirían al entrenador, a quien sólo le dijo: ‘Tenés que ceder’”. Fue ahí que nació el “doble comando”, cristalizado en aquella foto de Sampaoli, Mascherano y un pizarrón en Rusia. Alcanzó para el triunfo épico ante Nigeria, pero no para vencer a la súper poderosa Francia, que de todas formas tuvo sus momentos de flaqueza.
Sin embargo, sentó un precedente, aunque muchos creyeron que el tropiezo ante Les Bleus podía ser el último compromiso de Messi en un Mundial. Lógico, a Qatar iba a llegar con 35. Una cifra límite para cualquier mortal, pero no para Messi.
“Nunca tengo suficiente, no lo puedo evitar / La adrenalina me domina si pienso en lo que vendrá / Soy como un vaso que gotea apenas un pozo que no se llena / Y mientras almuerzo ya estoy pensando en la cena / Si tengo uno, quiero dos, si no me siento mal / No es codicia ni malicia, es ambición emocional / Por obseso no hay receso, lo que obtengo lo desecho / El progreso se nos debe a los insatisfechos / Seré un inconformista, un paria masoquista / Y en verdad la palabra saciedad no está en mi lista / Y con el afán de superarme, arriesgarme no me importa / ¡Quiero tener el pan pero también quiero la torta!“.
Lionel Scaloni lo pensó frutilla de esa torta. Armó la transición en el interinato y lo llamó junto a Pablo Aimar desde Valencia para explicarle su plan. Los detalles aparecen en la brillante biografía del entrenador escrita por el periodista Diego Borinsky. “Le dijimos que íbamos a asumir y su primera reacción fue reírse, estaba contento. ‘Me parece bárbaro, espero que les vaya bien’, nos dijo. Y luego agregamos: ‘Te esperamos con los brazos abiertos’. No había apuro, teníamos hacer una especie de casting y, cuando él regresara, que viera que había potencial”, remarcó.
El mensaje fue más profundo: “Vas a disfrutar, vas a pensar solo en lo futbolístico. Te vamos a poner un equipo con el que te sientas cómodo y en el que los compañeros se van a sentir cómodos con vos”. Luego de una decepción tan fuerte como la de Rusia, Messi pudo haber pensado que eran palabras vacías. Tal vez quiso ver para creer. Y vio. El delantero se sumó a un grupo en vías de consolidación. Rodrigo de Paul se convirtió en el nuevo Mascherano, pero en otro rol, más bien escudero. Messi ya era otro Messi.
Tal vez esta versión más contestataria, más hacia afuera, surgió en la Copa América de 2019, a partir de las injusticias por el arbitraje en la semifinal ante Brasil, que lo hicieron estallar sin protocolo ante los micrófonos. El tercer puesto también habló. La semilla ya mostraba brotes.
Ese crack retraído, que desbloqueaba a Mister Hyde solo con la pelota, le dejó la reja abierta. ¿Louis Van Gaal lo subestimó en los cuartos de final de Qatar 2022 antes del choque ante Países Bajos? Combustible para Messi, con Topo Gigio en las barbas del bravucón. Tuvo su tobillo hecho una bola de bowling, como Maradona en Italia 90, pero en la final de la Copa América 2024, de la que solo lo pudieron sacar entre lágrimas. Si hasta con su papá atravesando un problema de salud y a pocos días de cumplir 39 años, da la cara en un nuevo Mundial, en el que ya se convirtió en el máximo anotador de la historia del certamen y se bate a duelo con jóvenes como Kylian Mbappé o Erling Haaland.
“Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador / Y siempre quiero más / ¡Un insaciable! / Y siempre quiero más / Un depredador».
Messi siempre quiere más. Un insaciable. Tiene los banquetes sobre la mesa, pero juega con la panza vacía. Tal vez persigue la única marca que le falta, una utópica, casi imposible: la de ganarle al tiempo.
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