DEPORTE
La vanidosa declaración de Erling Haaland tras darle la clasificación a Noruega ante Costa de Marfil en el Mundial

Erling Haaland rescató a Noruega sobre el final y, con una sonrisa, admitió que no tenía fuerzas para la prórroga, por lo que no le quedó más remedio que marcar. El delantero del Manchester City anotó el gol que clasificó a los noruegos a los octavos de final del Mundial, y sus propias palabras después del partido lo dijeron todo.
Fue a cuatro minutos del final, con el marcador empatado a uno y la prórroga acechando, cuando Erling Haaland hizo lo que lleva años haciendo: aparecer cuando su equipo más lo necesita. El centrocampista Patrick Berg recibió un pase de Oscar Bobb y deslizó el balón hacia el lado contrario de la portería; ahí estaba el delantero, casi sorprendido por el servicio perfecto, para empujarlo al fondo de la red. Noruega selló así su primer triunfo en una fase eliminatoria del Mundial y avanzó a los octavos de final, donde se medirá a Brasil el domingo. Pero fue lo que dijo Haaland después del partido lo que concentró todas las miradas.
“Estaba agotado, así que pensé: ‘No puedo aguantar la prórroga, así que tenemos que marcar’”, declaró el delantero a la cadena noruega TV2, con una sonrisa que resumía el alivio y la arrogancia contenida de quien sabe que puede resolver una situación límite a voluntad.
Una frase que, pronunciada por cualquier otro jugador, sonaría a bravuconada, pero que en boca de Haaland tiene el respaldo de los números y de una tarde en la que, aun lejos de su mejor versión, terminó siendo el hombre del partido.
El encuentro ante Costa de Marfil estuvo lejos de ser una actuación brillante del noruego. Durante gran parte de los 90 minutos, Haaland estuvo completamente desconectado del juego. Flotó entre los dos centrales marfileños, logró llegar a algún remate de cabeza sin potencia y, conforme avanzaban los minutos, se volvió cada vez más invisible sobre el césped. Frustrado por la escasez de pases, comenzó a bajar más en busca del balón, aunque eso lo alejaba de su zona de mayor peligro: de cara a la portería.
El problema no era solo de Haaland. Los extremos Antonio Nusa y Alexander Sorloth optaron con demasiada frecuencia por conducir el balón en lugar de servirlo rápido al delantero, lo que dejaba sus carreras sin sentido y lo obligaba a detenerse en el centro del campo.
El capitán Martin Odegaard intentó filtrar pases al espacio para los laterales que llegaban al ataque, pero los ataques noruegos fracasaron una y otra vez. El gol de Amad Diallo en el minuto 74 para igualar el marcador fue la consecuencia directa de esa dinámica.
Ante ese panorama, el seleccionador Stale Solbakken movió el banquillo: retiró a Nusa y Sorloth e introdujo a Andreas Schjelderup y a Bobb. El problema de abastecer a Haaland, no obstante, persistió durante varios minutos más, hasta que Berg tomó la decisión más sencilla y la ejecutó con precisión.

Bobb habilitó al centrocampista del Bodo/Glimt, que eligió el pase directo al delantero en lugar de complicarse. Haaland estuvo a punto de fallar ante la portería abierta, tal fue su sorpresa al recibir finalmente un balón en condiciones, pero le dio el toque justo para que entrara.
Después del pitido final, Haaland buscó a Berg entre el grupo de jugadores y le estampó un beso en la frente en agradecimiento por la asistencia. Luego se quedó solo en el campo, ante la afición noruega, con un casco vikingo con cuernos puesto, radiante. Era la primera vez que Noruega ganaba un partido en la fase eliminatoria de un Mundial.
El delantero del City llegó al duelo ante Costa de Marfil con cuatro goles en los dos primeros partidos de la fase de grupos, tras perderse el tercero. El peso de la delantera noruega recae sobre sus hombros de forma casi exclusiva, y esa dependencia quedó expuesta durante buena parte del partido: cuando no le llega el balón, el equipo pierde su principal recurso ofensivo.
Solbakken, que respiró aliviado al final, resumió la tarde con una frase que habla de la presión que genera depender de un solo jugador para sobrevivir en un torneo de este nivel. “Si pude sobrevivir a eso, puedo sobrevivir a cualquier cosa”, le dijo el técnico a Reuters. El próximo examen llega el domingo, ante Brasil, en lo que será el partido más exigente de la historia reciente del fútbol noruego.
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DEPORTE
Miguel Brindisi, el Mundial 74 y la muerte de Perón: “Cuando vimos la bandera a media asta, nos quisimos volver”

En el año 2015, AFA Revista convocó a un centenar de profesionales del fútbol para votar a las figuras de un “11 ideal de la historia”, y en ese seleccionado soñado, junto a Kempes, Batistuta, Maradona y Messi, entre otros, estaba Miguel Ángel Brindisi, considerado uno de los mejores volantes de la historia del fútbol argentino. Había sido figura en el Huracán de César Luis Menotti —fue capitán del equipo que salió campeón en 1973— y luego también fue campeón en el Boca Juniors de 1981, junto a Diego Maradona. Además, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Mundial de 1974. En toda su carrera, convirtió 224 goles, de los cuales 194 los hizo en Argentina, por lo que está entre los 10 máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.
Aquel plantel del 74 que integró Brindisi fue definido por el propio Menotti como uno de los mejores de la historia, un grupo de brillantes individualidades que sin embargo no llegó a solidificarse como equipo.
“El Mundial de 1974 había sido, para Argentina, una campaña complicada desde el comienzo —dijo a Infobae el historiador Camilo Scaglia—. Omar Sívori había renunciado meses antes como DT por conflictos con la AFA y para el mundial, Vladislao Cap fue designado como entrenador titular, encabezando un triunvirato técnico junto a José Varacka y Víctor Rodríguez. La AFA atravesaba una crisis institucional propia, con cambios de autoridades en medio del torneo”.
Cuando falleció el presidente Juan Domingo Perón, el 1° de julio, el país quedó paralizado. La noticia llegó también al hotel de la concentración argentina en Alemania Federal. Scaglia señala que muchos futbolistas provenían de familias trabajadoras cuyas historias estaban ligadas a las transformaciones impulsadas durante el primer peronismo. La conmoción fue tal que los futbolistas analizaron seriamente la posibilidad de no disputar el encuentro frente a Alemania Oriental. Se destacó la reacción de René Houseman, que al marcar el gol del empate en ese último partido gritó: “¡Viva Perón!” y luego no pudo contener el llanto.

En esta charla con Infobae, a 52 años de esos hechos, Miguel Ángel Brindisi evoca aquellos días de la Copa del Mundo en Alemania y el impacto que causó en el plantel la noticia de la muerte de Perón.
También habla con entusiasmo y hasta con emoción del seleccionado de hoy y sobre todo de su capitán. Elogia el temperamento de Lionel Messi y la ausencia de rencor por parte de quien fue tan criticado hasta hace pocos años. Agradece a este equipo que le “devolvió el fútbol a la familia”. Dice que los argentinos tenemos que madurar. No se valoraba que Argentina hubiese sido dos veces finalista en Mundiales: “Solo sirve ser campeón, somos implacables en la crítica, acá perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía, y eso es muy injusto”.

— Jugaste un mundial, el del 74, con la Argentina sumida en un clima político impactante, con la vuelta de Perón y su tercera presidencia, con la gente quizás más preocupada por ir a Plaza de Mayo, a diferencia de ahora que se paraliza el país por el fútbol. ¿Qué clima vivían ustedes en el mundial?
— Nosotros estábamos aislados de todo lo que fuera político, más allá de que se sabía todo lo que estaba sucediendo y había preocupación porque sabíamos que el general Perón, el presidente, estaba enfermo. Eso sí, angustiaba que el presidente de tu país y una figura como él estuviera atravesando un momento tan delicado.
— ¿Cómo se enteraron de la muerte de Perón ese 1° de julio?
— Nosotros esa mañana tuvimos libre. No son tantas las cosas que me acuerdo del mundial, pasaron cincuenta y dos años, pero de eso sí. Estábamos en Colonia (Köln) y teníamos la mañana libre porque entrenábamos a la tarde. Habíamos ido hasta el centro, toda la delegación. Y cuando volvimos al hotel, encontramos la bandera a media asta. Eso nos marcó. Entramos al hotel y no había un solo dirigente. Se había ido todo el mundo a hacer trámites para venirse. Fue un momento duro, traumático, difícil. Nosotros teníamos una postura muy firme de que no íbamos a jugar, porque era una falta de respeto estar jugando al fútbol y estar velando al presidente del país.

— Pero finalmente tuvieron que hacerlo…
— Sí, porque, ¿qué sucedía?, la siguiente sede del Mundial era Argentina. Y si nosotros hubiéramos seguido adelante con esa postura, Argentina habría perdido la sede. Obviamente, recibimos del Gobierno la comunicación de que podíamos, de que teníamos que jugar. Hicimos una misa, que compartió todo lo que quedó de la delegación, que era el plantel y los colaboradores. A nivel dirigencial, se habían vuelto, como era lógico, para llegar al velatorio y por todo lo que significaba la muerte del Presidente de la República y mucho más la figura del general Perón.
— ¿Lo conociste?
— Sí, yo tuve la suerte de que me distinguió por un gesto que tuve, por convicción, de quedarme en el país, de no querer ir a jugar al exterior para jugar el Mundial con mi selección. Quería vivir esa experiencia. Esperé cinco años, porque en las eliminatorias del 69 para el mundial de México 70 nos eliminó Perú. Era muy joven yo en ese momento, tenía 18 años y quería vivir esa experiencia, me decía “no me puedo perder el jugar un Mundial”. Entonces, por el hecho de no haber querido ir a jugar a diferentes equipos de Europa [N. de la R: tuvo ofertas del Sevilla y del Olympique de Marsella], el General, cuando regresó, me distinguió con una plaqueta, y eso para mí fue increíble. Que haya tenido ese detalle contigo por una acción que yo tenía muy clara: quería jugar un Mundial con la camiseta argentina.

— ¿Dónde fue ese encuentro con Perón y cómo te convocaron?
— En la Casa de Gobierno. Me llamaron de Presidencia. Me llamó un periodista, Jorge Conti, a la casa de mi mamá. Antes era teléfono de línea [risas]. Primero pensé que era una broma, se pueden imaginar. Ese día hubo distinciones para deportistas de diferentes disciplinas. Hubo chicos de natación, chicas de esgrima; ese día Perón reconoció a los deportistas.
— Finalmente, se cumplió tu sueño del Mundial.
— Tuve esa suerte, más allá de que terminamos en un sexto lugar y de que no estuvimos a la altura de lo que se esperaba, porque aunque teníamos un gran plantel, nunca pudimos construir equipo. Nos tocó entrar a la zona de Holanda, que fue la revolución con ese fútbol total, de presión, de achique, de líneas cortas, que te asfixiaba, que después lo adoptó, o trató de adoptarlo, el mundo entero. Y Alemania y Brasil, nos tocaba una zona bastante difícil. Terminamos en un sexto lugar, que no era lo que aspirábamos, pero después también me tocó vivir la formación de la otra, los dos primeros años de lo que fue después la selección campeona del 78 con el Flaco Menotti. Y en el 76 me fui a jugar al exterior, a España.

— Volviendo a aquel 1° de julio, decías que hicieron una misa…
— Sí, ahí mismo en Colonia. Cierro los ojos y lo veo. La bandera a media asta, y ya nos queríamos volver nosotros también. Porque resultaba chocante que estuvieran velando al presidente de la República y nosotros jugando un partido. Pero la FIFA nos obligó y el Gobierno lo autorizó.
— En el partido que jugaron, ¿hubo un homenaje?
— Sí, sí. Con luto, como correspondía, salimos a cumplir, nada más. Nuestra cabeza estaba en otro lado.

— A los de tu generación, ¿los habían marcado los torneos Evita para tener esa identificación con Perón?
— Mi familia era bien peronista, tanto mi mamá como mi papá. Nuestra primera casa en Villa Luzuriaga cuando, mirá lo que te estoy diciendo, no había ni calle asfaltada, fue por un plan Evita. Mi padre fue siempre un agradecido y me contaba, cuando yo era chico, las horas de cola, con lluvia y frío, que había hecho para poder llegar al velatorio [de Evita|. Y en el 73 tuvimos de técnico a (Omar) Sívori, que acompañó a Perón en el regreso.

— Fue uno de los pasajeros del vuelo charter que trajo a Perón…
— Sí, y todo ese grupo, también el Cordero (Roberto) Telch, el Ratón (Rubén) Ayala, el Cabezón Sívori, que era el técnico, y tres o cuatro muchachos más fuimos a Puerta de Hierro una noche para conocerlo, pero no pudo darse. Eso fue en el año 73. Después, bueno, su figura, lo que significaba, me acuerdo lo que sentí con la distinción que me dio y además tuvo el gesto de recibirnos a todos los que íbamos a jugar Copa Libertadores. Fuimos con el plantel de Huracán, y vino también Rosario Central, que representaba a Argentina. Perón era futbolero, le gustaba mucho el fútbol, y dialogó con nosotros desde una simpleza tremenda. Verdaderamente su figura atrapaba.
— De aquel último partido en el Mundial de Alemania otra cosa que trascendió fueron las lágrimas de René Houseman.
— Sí, René hace el gol y se pone a llorar. Lloraba y… es que estábamos todos sentidos. Era una figura más que atrayente, era el Presidente de la República. Es muy difícil para un plantel que está representando a un país, que fallezca el Presidente, más allá de que se sabía que estaba peleándola. Pero fue duro.

— ¿Y cómo fue ese partido?
— Era contra la otra Alemania [N. de la R: República Democrática Alemana, la Alemania comunista, o Alemania Oriental]. Habíamos perdido con Brasil y con Holanda y el único punto que sacamos fue en ese partido con la otra Alemania.
— ¿No pudieron llegar al velatorio?
— No, porque jugábamos dos días después del día que falleció Perón. De lo contrario, hubiéramos estado todos los de la delegación. Al otro día se hizo la misa, y después se jugó.

— ¿Qué diferencias ves entre el fútbol de los 70 y el de hoy?
— Antes se jugaba, hoy se trabaja en el fútbol. El materialismo mató la pasión. [risa] Antes, qué sé yo, me quedo por la camiseta. Por ejemplo, yo volví de Europa porque quería terminar mi carrera en mi club, donde me había formado desde los doce años, que era Huracán. Y llegué a Huracán para terminar mi carrera. Tenía 29 años, estaba próximo a cumplir los 30, y en esa época, a los 30, 31, la pregunta era si ya te retirabas. Vine a terminar mi carrera en Huracán y me encontré al presidente detenido, fugado el tesorero. Nada fuera de lo normal, ¿no? Más o menos como la inflación en nuestro país. Pero yo quería terminar mi carrera en Huracán. Eso sí, en el carretel había bastante hilo, porque después fui a Boca, jugué en Unión, jugué en Nacional de Montevideo y terminé mi carrera en Racing.

— ¿Hasta qué edad jugaste?
— Hasta los 34. Me retiré en 1984.
— ¿Eso también cambió un poco ahora? ¿Se estira más la edad del retiro? Hay varios veteranos en este mundial, y Messi, que cumplió 39.
— Hoy es profesionalismo puro. Hoy el que no se cuida, el que no es profesional, no puede competir. Se han profesionalizado muchísimo los dirigentes de acá y en Europa no tienen por qué profesionalizarse porque ya lo son. Es decir, la única preocupación que tenés es cuidarte, entrenar, jugar, competir. Y te cumplen. Hoy hay una infraestructura diferente. También se avanzó mucho en el fútbol de divisiones inferiores. Antes se creía que era un dinero tirado a la calle, hoy se dan cuenta de que es la mejor inversión porque ahí está el capital más grande de una institución. Cambiaron totalmente los tiempos. Hoy, sin ninguna duda, el fútbol es un negocio. Son empresas y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo estás viendo el Mundial y a la Selección?
— Me sorprendió para bien. Para lo de Messi ya no hay calificativos. Es lo máximo. Él viene de recibir muchas injusticias, muchas críticas. Y esas críticas vinieron después de haber jugado tres finales. Pero estamos muy lejos culturalmente todavía como sociedad. Tenemos que aprender mucho, porque solo sirve ser campeón, no hay análisis, es muy injusto. Se deteriora una figura que, si llega a ser débil, puede terminar mal. Tuvimos la suerte de que este pibe todo eso se lo puso al hombro, lo sacó adelante, y ahora en el Mundial lo está demostrando, con el problema personal tan fuerte que está atravesando, y sin embargo tiene una entereza… Lo que construyó este chico no sé cómo definirlo, lo único que sé es que me hace feliz, me hace sentir orgulloso.
— ¿Cambió la imagen de nuestro fútbol en el mundo?
— En los años setenta, en los países en los que me tocó trabajar, todos tenían una camiseta brasileña. Hoy todos tienen una camiseta argentina. Más allá del mérito de todo el equipo, del entrenador, de todo lo bueno que se viene haciendo hace años, hay un común denominador en la aceptación de lo que es este pibe como diferente, porque es grande no solo en el rectángulo, sino también afuera. Es un fenómeno social muy importante. Y cuando se viven estas instancias, hay que tener una gran mujer al lado. Él la tiene, tiene una familia que lo ha contenido. Este chico no es casualidad: está su formación, su educación, su simpleza. Viene de una escuela como La Masía, el Barcelona. Este pibe cada día es más grande. Yo tengo una admiración, una devoción…. Devolvió la familia a las canchas.

— Se puede disfrutar en familia…
— Sí, la familia disfruta del espectáculo que brinda él con la Selección y todo el mundo se va feliz, no te defraudan. Y eso hacía muchísimos años que no pasaba. Tampoco es casualidad, esto se viene construyendo, hace muchos años que la Selección viene haciendo un trabajo extraordinario desde las formaciones en la sub-17, la sub-20, la 23, los diferentes torneos.
— También se ve armonía entre ellos, integración.
— La gran mayoría también se vino construyendo un grupo. Casi todos juegan en Europa. Y es otra la disciplina, otra la formación, otro el estrés. Aquí vos perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía. Tenés amenazas, convivís con la barra, con los impagos, vivís siempre con una tensión diferente que en Europa. Ellos fueron creciendo con esa cultura, han contenido a su amigo y referente, en este momento tan difícil para Messi. Si no se hacía público nadie se habría dado cuenta, si no hubiera sido porque se le escaparon las lágrimas y él abrió esa puerta, no se habría sabido. Hay que tener muchos hombros. Es un chico que nunca tuvo que golpear la mesa para ejercer su liderazgo, lo hace a través del juego. Se ganó un respeto. Nunca una palabra fuera de lugar. Lo peor que se le escuchó fue: “Andá pa’ allá bobo”. Estamos en presencia de un diferente total y eso a mí me resulta maravilloso.

— ¿Cómo ves al resto del plantel? ¿Somos una selección en torno a una sola persona o hay realmente un equipo?
— Son familia estos pibes. Hay equipo. Una cosa es plantel y otra cosa equipo. Y ellos son equipo, con excelentes jugadores. Hay una competencia muy sana. A mí me tocó trabajar con diferentes grupos, y siempre destaco que son familia en todo sentido, porque Messi es la cabeza de todo esto, pero también su esposa y las esposas de los jugadores. Quieren ser campeones y ellas acompañan. Miren a dónde llegaron y no hubo nadie, nadie, que se haya desubicado cuando la cosa venía mal. No le dijeron al esposo: “No vayas más, nos quedamos con los nenes”, y tienen una posición económica para salvar a cuatro generaciones. Con esa forma de ser nos han dado participación a todos los hinchas, a todos los argentinos, ese orgullo de cuando cantamos el himno, cuando vemos al equipo, cómo gritamos los goles. Y hay una generación de chicos, que así como eligen equipos cuando son campeones y se hacen hinchas de esos equipos, hoy todos los pibes son hinchas de la selección. Estos chicos atrapan, hacen feliz a la gente, por cómo se expresan en la cancha, cómo juegan. Estamos todos identificados y orgullosos con el fútbol que intentan. Revirtieron una situación que era muy, muy difícil. Y Messi se pudo haber negado tranquilamente a venir a jugar después de todos los ataques recibió. Sin embargo, terminaba de jugar, se subía a su avión y hacía doce horas para venir. No faltó nunca a un partido, porque también tenía un desafío grande: quería ser campeón, primero de América, después del Mundo. Hoy están consolidados. Y a veces hay partidos, como el de Austria, que al principio estaba medio complicado, te presionaban arriba, él no logra hacer el gol de penal y, sin embargo, con la experiencia que ya tienen y cómo se conocen, mantuvieron la situación y después la rompieron. Por eso yo ya no sé más qué adjetivo ponerle, no solo a Messi, a toda la selección y al trabajo que vienen haciendo.
DEPORTE
Del “lo siento en el alma” que lo dejó sin Mundial a su resurgimiento: la historia de superación de uno de los más queridos por Scaloni

(Desde Estados Unidos) Si hay algo para destacar de Lionel Scaloni es la forma en que condujo al grupo en lo que va de su exitoso ciclo. Desde elecciones tácticas en partidos trascendentales, como poner a Ángel Di María como titular en la final del Mundial de Qatar ante Francia, a la fuerte decisión de dejar afuera a varios jugadores de su riñón en la antesala de la Copa del Mundo que terminó con festejo en el Lusail, marcaron su trayectoria como seleccionador argentino. Y una de esas elecciones estuvo íntimamente relacionada con alguien que fue protagonista en el reciente triunfo frente a Jordania en Dallas.
Giovani Lo Celso se dio el gran gusto de su vida el pasado sábado. Con su esposa Magui Alcacer en la tribuna como toda su familia, el volante surgido de las Divisiones Inferiores de Rosario Central frotó la lámpara y emuló a su amigo Lionel Messi para clavar un golazo de tiro libre, el que abrió el marcador ante el combinado árabe. “Por tu lucha, tu perseverancia y tu constancia la vida siempre trae revancha. Te amamos profundamente. A seguir. ¡Vamos Argentina!”, escribió la pareja del jugador del Betis, de España, y acompañó el mensaje con una foto junto al hijo que comparten.
¿A que se refirió? Es que, más allá de haber sido elegido por Jorge Sampaoli como uno de los 23 para viajar a Rusia 2028, el talentoso jugador rosarino no vio minutos en aquel torneo que tuvo al plantel enfrentado con el entrenador oriundo de Casilda, Santa Fe. Poco más de cuatro años más tarde, en Medio Oriente, ya consolidado como parte del ciclo de Scaloni y con el valor agregado de ser parte del grupo de amigos que visitan la habitación del capitán para charlar, jugar al truco o tomar mate, Lo Celso atravesó uno de los impactos más duros de su carrera como futbolista.
El 30 de octubre del 2022, a menos de un mes del debut contra Arabia Saudita, Giovani se lesionó. Y fue una herida durísima, física y emocional. Durante el partido entre Villarreal y el Athletic Club en San Mamés, el volante por izquierda sufrió un desprendimiento en el bíceps femoral de la pierna derecha y, a pesar de que intentó recuperarse, el equipo médico determinó su intervención quirúrgica con una recuperación de entre cuatro a ocho semanas. Afuera de la Copa del Mundo a pesar de luchar. Y de una reunión privada con el entrenador para tratar de convencerlo de que podría estar disponible para la fase eliminatoria en Qatar.
En un fragmento de la biografía oficial de Scaloni, escrita por el periodista Diego Borinsky, se recordó lo que fue ese mano a mano entre el jugador, una pieza clave del ciclo, tanto que fue el que anotó el primer gol (7 de septiembre de 2018, en el 3-0 ante Guatemala), y el DT de Pujato. “Vos te enojaste después de ese partido porque te quisieron ocultar lesiones, que era un poco lo que habías hecho vos como jugador”, le dijo el escritor al técnico. “Sí, claro, los entendía a ellos, eh, porque lo había vivido y lo hice, pero la decisión la iba a tomar yo”, se refirió al caso de Joaquín Correa y Nico González, dos que salieron de la lista de 26 tras el amistoso contra Emiratos Árabes Unidos, que le dio lugar a Angelito Correa y Thiago Almada.
En la página 190 del libro, el entrenador rememoró lo que atravesó en esa charla. “Fue una conversación triste, con lágrimas. Gio merecía ir, porque estuvo desde el comienzo y nos aportó un montón siempre, desde afuera y desde adentro, pero se encontró con un entrenador que había sufrido una lesión similar y que sabía lo que era no estar bien y que pilotearla sería muy difícil. Seguí de cerca su recuperación, hablaba con el fisio con el que trabajaba. Gio hizo todo lo posible, incluso me trató de convencer. ‘Capaz que llego a cuartos de final, van 26’, me decía. ‘No, Gio, lo siento en el alma’, le respondí”, dijo con una soltura que seguro no fue la misma que el día de ese encuentro íntimo y sentido.
Justamente, los propios futbolistas los que salieron con una bandera al último amistoso en Abu Dhabi antes del estreno mundialista que decía “Gio #TodosJuntos”. Luego de eso, fue el propio Lo Celso el que remarcó la importancia que le dio a ese mensaje para recuperarse de aquella lesión. “Cuando vi el amistoso sentado en el sillón e hicieron la foto con una pancarta para mí, que es una boludez de la que no tenía ni idea, eso me dio fuerza para salir más rápido y entero”, dijo.
La Copa del Mundo en Qatar fue un acontecimiento que Gio nunca olvidará. Es que además de la consagración argentina y de sus amigos, fue en ese escenario cuando nació Emilia. En medio del duelo ante México, su pareja Magui rompió bolsa y tuvieron que salir corriendo para el sanatorio elegido para el nacimiento de su primera hija. Después de que la pequeña conoció la luz de la vida, sufrió y disfrutó de la victoria en los penales ante los Países Bajos antes de partir a Doha para sumarse al grupo de cara a las semifinales y la final.

Hoy, con aquella anécdota todavía fresca en su memoria, Lo Celso se dio el placer de anotar su primer gol mundialista, el mismo día de su primera vez en el máximo evento para el mundo del fútbol. “Estoy muy feliz. Es un momento que voy a guardar para siempre. Creo que fue mucho más de lo que hubiera imaginado. El trabajo paga. También me pone muy contento por los que estuvieron a mi lado”, explicó el mediocampista con un grupo de periodistas entre los que estuvo Infobae.
De ser convocado y no jugar, a perder su lugar seguro por una lesión. El tiempo pasó y para Gio Lo Celso hubo revancha. Una que llegó con un gol de tiro libre que fue dedicado a esa pequeña hija que nació en un momento doloroso y trajo luz para el zurdo nacido en Rosario.
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Los presuntos mensajes clave del ‘Caso Bastoni’: “La menor te quiere; en mi opinión, tiene ganas de divertirse”

Alessandro Bastoni está en el ojo del huracán desde que su nombre quedó vinculado a una investigación judicial en Italia relacionada con una presunta red de prostitución, cenas privadas y fiestas organizadas para clientes con alto poder adquisitivo. El defensa del Inter ha recibido una citación para comparecer ante la Fiscalía y está siendo investigado por un presunto episodio ocurrido en junio de 2020, cuando una joven que habría participado en uno de esos encuentros era menor de edad. La defensa del jugador niega de forma tajante que hubiera mantenido relaciones de pago, especialmente con menores.
Alessandro Bastoni celebra junto a sus compañeros la conquista del ‘Scudetto’ 2025/2026 de la Serie A italiana / EFE
El futbolista nerazzurro recibió este martes un aviso de garantía y está previsto que sea interrogado el viernes, según recoge ‘La Gazzetta dello Sport’. En las últimas semanas, los investigadores ya habían tomado declaración a varias jóvenes relacionadas con la investigación. Según la documentación del caso, la hipótesis que se analiza gira en torno a un supuesto encuentro entre Bastoni y una chica que, en el momento de los hechos, no había cumplido los 18 años.
La investigación forma parte de una causa más amplia sobre la agencia Made, con sede en Cinisello Balsamo, que según la acusación habría organizado veladas para, entre otros clientes adinerados, jugadores de la Serie A y la Serie B italianas. Los investigadores habrían reconstruido parte de los encuentros mediante conversaciones incautadas durante las pesquisas.
Los mensajes bajo investigación
Uno de los elementos centrales de la investigación son precisamente estas conversaciones. Según la acusación, de madrugada, alrededor de las cuatro, la joven habría escrito al relaciones públicas Antonio Salomone desde la casa de Bastoni: «Duermo aquí y mañana me llevan de vuelta a casa». La tesis de la Fiscalía sostiene que la chica, entonces de 17 años, habría pasado la noche en el domicilio del defensa del Inter en el marco de un encuentro sexual de pago, supuestamente organizado por un colaborador de la agencia. Tanto el futbolista como Salomone aparecen investigados por prostitución de menores.
En otra conversación, siempre según lo recogido por los investigadores, Salomone habría informado a Bastoni de la supuesta disponibilidad de la joven, con la condición de que fuera llevada de vuelta a casa a la mañana siguiente: “Me pregunta qué piensa Alessandro de mí…”
Bastoni, durante un partido con Italia / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE
También figuran conversaciones relacionadas con una cena de sushi. En una de ellas, Salomone habría escrito: “Amigo, ¿puede costar 100 euros un sushi? Además somos 8… Si quieres, hacemos que lo pidas tú, así decides tú. Creo que harán falta 200 o 300 euros”.
De acuerdo con la reconstrucción de los investigadores, Salomone también habría añadido: “La menor te quiere; en mi opinión, tiene ganas de divertirse”. Posteriormente, habría organizado una “cena con unos pocos íntimos” para favorecer el encuentro. En ese contexto aparece también una supuesta pregunta atribuida a Bastoni: “¿Hay sitios para esconderse por allí?”
Más investigados
Además de Bastoni y Salomone, también están investigados Emanuele Buttini y Deborah Ronchi, señalados como responsables de la presunta organización y actualmente bajo arresto domiciliario. Según la acusación, ambos habrían tenido un papel central en la gestión de la red de escorts. Además, ya habían sido acusados previamente de blanqueo de capitales, favorecimiento y explotación de la prostitución.

El jugador del Inter Milan Alessandro Bastoni durante el partido de este domingo ante el Roma. / EFE/MATTEO BAZZI
La Fiscalía deberá ahora comprobar el alcance real de los hechos. La joven ya habría confirmado que estuvo en casa del futbolista, aunque negó haber mantenido una relación sexual con él. Los próximos pasos de la investigación, incluido el interrogatorio previsto para el viernes, serán clave para determinar la situación procesal del defensa del Inter.
Por el momento, Bastoni es el primer futbolista investigado formalmente dentro de esta causa. Los investigadores habrían llegado a él a través de varios mensajes entre colaboradores de Made y algunas de las jóvenes implicadas. En paralelo, la Guardia di Finanza también ha citado para prestar información sumaria a otros tres futbolistas que no están investigados: Daniel Maldini, Riccardo Calafiori y Kevin Bonifazi. Los tres aparecen en distintas conversaciones, aunque ahora deberá aclararse el contenido de esos mensajes.
En todo caso, los investigadores subrayan un punto clave en la investigación: dejando la moral de lado, si las jóvenes mencionadas eran mayores de edad en los encuentros con otros jugadores, no habría delito que imputarles. Las declaraciones de estos futbolistas podrían producirse durante la próxima semana y no se descarta que haya nuevas citaciones.
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