DEPORTE
Incertidumbre por la lesión de una figura de Brasil: del silencio de la Confederación a la versión del Flamengo que sembró más dudas

Lucas Paquetá tuvo que abandonar el campo en el entretiempo del partido entre Brasil y Japón por los octavos de final del Mundial 2026, y lo que vino después fue una combinación de silencio institucional, versiones parciales y mensajes en redes sociales que alimentaron la incertidumbre sobre el estado real del mediocampista de Flamengo.
Un día después de la victoria del Scratch sobre los nipones, los estudios por imágenes confirmaron lo que muchos temían: una lesión muscular en la parte posterior del muslo izquierdo. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) emitió un comunicado escueto en el que informó que el jugador seguiría “un protocolo de tratamiento intensivo, acompañado por el equipo médico de la selección nacional brasileña, con el objetivo de su recuperación y reincorporación a las actividades en el menor tiempo posible”. Sin plazos. Sin diagnóstico preciso. Sin respuesta a la pregunta que todos se hacían: ¿cuándo vuelve?
La molestia se hizo visible en los últimos instantes del primer tiempo, cuando Brasil perdía 1-0. Paquetá empezó a cojear, dejó el césped en el entretiempo con señales de dolor, apoyado en Neymar y rodeado por sus compañeros. Al regreso del descanso, el técnico Carlo Ancelotti envió al campo a Endrick en su lugar.
El mediocampista permaneció en el banco durante el resto del encuentro y celebró con el plantel los goles de la remontada —que terminó con el tanto de Gabriel Martinelli en el último minuto del tiempo adicionado—, aunque sin apoyar la pierna izquierda en el suelo y con asistencia de sus compañeros.

Fue Flamengo, el club propietario de su ficha, el que primero dio una versión formal sobre el alcance de la lesión. “Las pruebas de imagen realizadas hoy confirmaron una lesión muscular en la parte posterior del muslo izquierdo“, publicó el club en un comunicado.
El texto incluyó un deseo de pronta recuperación y la esperanza de verlo “en plena forma para representar a nuestra nación muy pronto”. La declaración del club, sin embargo, tampoco aportó detalles sobre el tiempo estimado de recuperación, lo que amplió el margen de especulación.
Globo Esporte fue el medio que avanzó la conclusión más concreta: Paquetá quedó fuera del partido de octavos de final del domingo 6 de julio ante Noruega en Nueva York. La CBF no lo confirmó de manera explícita, pero el medio brasileño fue categórico al respecto. El duelo ante los noruegos de Erling Haaland —que avanzaron tras vencer a Costa de Marfil 2-1— está programado para las 17 horas de Argentina.
La baja altera una pieza fija en el esquema de Ancelotti. Paquetá había sido titular en todos los partidos de Brasil en esta Copa del Mundo, y su ausencia obliga al cuerpo técnico a reconfigurar el centro del campo. Ante Japón, el DT recurrió primero a Matheus Cunha en funciones de mediocampista durante la segunda mitad, y luego lanzó a Martinelli para cubrir esa tarea. El delantero del Arsenal terminó siendo el autor del gol de la clasificación.

Mientras el cuerpo técnico resuelve el rompecabezas táctico, el propio Paquetá tomó la palabra a su manera. En sus historias de Instagram, el mediocampista de 28 años publicó la frase “La fe… ya he vivido de ella antes”, acompañada de un emoji con el dedo índice apuntando hacia arriba y un corazón.
Junto a ese mensaje, citó una publicación propia con dos versículos bíblicos: uno de 2 Corintios 4:8-9 —“Nos vemos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos”— y otro de Santiago 1:2-4, que habla de la perseverancia ante las pruebas. El texto cerró con: “Vamos juntos hasta el final. ¡Vamos, Brasil!”
El panorama de bajas en Brasil no se limita a Paquetá. Raphinha, el delantero del Barcelona, también arrastra una lesión en el muslo derecho que lo mantuvo fuera de los últimos tres partidos —ante Haití, Escocia y Japón—. El martes, el atacante inició la transición física al campo, un paso en su recuperación, aunque su presencia ante Noruega tampoco está confirmada.
Brasil recibió descanso tras el entrenamiento del martes y retomará los trabajos al final de la tarde del miércoles para comenzar la preparación del duelo ante los noruegos. Desde ese momento, el plantel que conduce Ancelotti dispondrá de tres días de trabajo antes del partido del domingo.
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DEPORTE
Viajó durante más de dos años en un Falcon desde Ushuaia hasta Alaska para cumplir un sueño: alentar a la Selección

Mientras miles de argentinos llegaron a Estados Unidos en avión para seguir a la selección argentina durante el Mundial, Fabián eligió un camino completamente distinto. El suyo comenzó dos años y medio antes, en el extremo sur del continente, a bordo de un Ford Falcon Ranchero de 1977. Desde entonces, recorrió más de 50 mil kilómetros, atravesó gran parte del continente, llegó hasta Alaska y luego volvió a bajar rumbo a Estados Unidos con un único objetivo: estar cerca de la Scaloneta.
“Una parte del sueño era llegar hasta Alaska, porque era un viaje que tenía programado desde hacía muchos años. Pero, la verdad, lo armé un poco con trampa para llegar justo para el Mundial”, contó entre risas durante la entrevista con Infobae desde Dallas, antes de partir rumbo a Miami para ver el partido por los 16avos contra Cabo Verde.
Detrás de esa aventura hay una historia de vida, de kilómetros, de paciencia y de una filosofía muy particular para enfrentar los problemas. Fabián nació en Las Heras, Santa Cruz, aunque desde hace varios años vive en Rada Tilly, Chubut. Fue desde allí que comenzó a darle forma al proyecto que cambiaría su vida.

“El inicio del viaje fue a fines de 2023. Salí de Rada Tilly, me fui hasta Ushuaia y después recorrí toda la Ruta 40. La idea era probar el auto. Anduvo tan bien que ahí decidí que tenía que irme hasta Alaska en él”, asegura el hombre, de 66 años.
El vehículo que eligió tampoco es uno cualquiera. Se trata de un Ford Falcon Ranchero modelo 1977 que mantiene prácticamente toda su mecánica original. “Es un Falcon Ranchero del año 77. Tiene el motor original, carburador, todo lo antiguo. No tiene nada moderno y así ya lleva más de 50 mil kilómetros”, afirma.
Durante esos más de dos años, atravesó rutas de todo tipo, desde los caminos patagónicos hasta las carreteras del norte del continente. Finalmente, llegó a Alaska, donde permaneció durante julio y agosto del año pasado.

“Llegué a Alaska y después tuve que bajar hasta México porque tenía que salir de Estados Unidos por el tema de la visa. Estuve seis meses en México y desde Mazatlán manejé derecho hasta Dallas porque ya se venían los partidos”, recuerda el santacruceño.
El Falcon dejó hace mucho de ser solamente un automóvil. Hoy, es su casa, su oficina y el lugar donde transcurre prácticamente toda su vida. “Yo vivo acá. Trabajo con la computadora, edito mis videos, hago todo desde el auto y tengo un baño portátil”, cuenta.
El proyecto también encontró una forma de financiarse. “Hago videos para YouTube y todas las redes sociales. También, hago algunos canjes por publicidad y con eso prácticamente me banco el viaje”, resalta Fabián sobre su cuenta en redes sociales que se llama FabianViaja, en donde tiene 109 mil seguidores en Instagram.
Al comienzo, utilizó algunos ahorros y una fuente de ingresos que todavía conserva. “Tenía unos ahorros y además tengo un par de alquileres, que son como una jubilación para mí. Con eso sobrevivo y cuando YouTube anda bien me puedo dar algunos gustitos más”, explica.

Su rutina es sencilla y bastante austera. “No soy cocinero, soy durísimo para cocinar. Muchas veces compro comida. Tengo una heladera en el auto, así que voy al supermercado, compro mercadería y la guardo ahí. No es que voy a restaurantes todos los días; por ahí me doy algún gusto, pero la mayoría de las veces como acá”, dice.
¿Cuánto cuesta cruzar América? Aunque no lleva una estadística exacta, Fabián hizo una cuenta aproximada de lo que gastó para completar semejante travesía. “No soy muy de las estadísticas, pero hice unos 50.000 kilómetros. Habré gastado unos 7 mil litros de nafta, que son alrededor de 7 mil dólares. Después, el barco me salió unos 3 mil dólares. O sea que llegar hasta acá me costó unos 10 mil dólares entre combustible y barco”, aclara Fabián.
Sin embargo, esa cifra corresponde a dos años y medio de viaje: “No es que gastás todo junto. Si haces la cuenta son unos 600 dólares por mes aproximadamente. Todo eso prácticamente lo pagué con YouTube”.
Uno de los aspectos más llamativos de la aventura es que Fabián casi nunca lleva el vehículo a un taller. “Al mecánico casi no lo llevo, porque lo arreglo yo. Viajo con herramientas y algunos repuestos”, revela.
Incluso, el conductor explicó que Estados Unidos terminó siendo un lugar ideal para conseguir piezas. “Acá se consigue prácticamente todo porque el motor es parecido al de los Mustang del 67 y 68. La suspensión también”, cuenta.
Claro que después de más de 50 mil kilómetros aparecieron algunos desperfectos. “Alguna cosita tuvo porque son muchos kilómetros. Además, viajás con 40 grados de calor, el auto viene cargado y pobrecito se pone pesado”, sostiene.
A pesar de eso, jamás pensó en abandonar y detalla: “No sé si la memoria es selectiva, pero la verdad es que no recuerdo haber pasado momentos tan malos. Hoy mismo me preguntaban si alguna vez me arrepentí y les dije que no”.
Su manera de enfrentar los inconvenientes es simple. “Si el auto se rompe, hay que arreglarlo. Es como en tu casa: se quema la luz del baño, cambias la lamparita y seguís. No significa que el universo esté en contra tuyo”.
Antes de comenzar el viaje había decidido cerrar otra etapa de su vida. “Siempre tuve negocios, pero hacía unos años que ya los había dejado”, afirma.
También, dejó a su familia, aunque asegura que sus hijos siempre apoyaron la decisión. “Tengo dos hijos y una hija. Ya son grandes: tienen 40, 41 y 30 años. No tengo ese problema de que me digan que vuelva o que me extrañen”.
Durante el recorrido incluso hizo una pausa para reencontrarse con ellos. “Cuando llegué a Canadá, me agarró el invierno y había 40 grados bajo cero. Ni loco me iba a quedar. Volví unos meses para el sur y ahí pude estar con mi hija y con uno de mis hijos. Al otro lo había visto cuando pasé por San Luis”, indica.
Después de haber unido Ushuaia con Alaska y regresar a Estados Unidos, todavía le queda cumplir el último objetivo. Paradójicamente, después de recorrer más de 50 mil kilómetros, aún no pudo ingresar a un estadio para ver a la selección argentina y su deseo es verla en Miami. “Todavía no pude ver a Argentina, porque las entradas están carísimas y no las puedo pagar”, reconoce.

Sin embargo, mantiene intacta la ilusión: “Estoy esperando que aparezca alguna invitación o alguna entrada de cortesía de alguna marca. Ojalá se dé. Me pongo la camiseta y voy”.
La historia de Fabián demuestra que el Mundial también se vive mucho antes del pitazo inicial. Que para algunos hinchas el verdadero viaje comienza años antes, cuando un sueño parece imposible y la única decisión es poner primera.
En su caso, fueron más de dos años y medio, 50 mil kilómetros, un Ford Falcon Ranchero de 1977, cientos de rutas, miles de historias y una certeza que nunca cambió: llegar manejando desde el fin del mundo hasta el Mundial para volver a alentar a la Selección.
DEPORTE
Miguel Brindisi, el Mundial 74 y la muerte de Perón: “Cuando vimos la bandera a media asta, nos quisimos volver”

En el año 2015, AFA Revista convocó a un centenar de profesionales del fútbol para votar a las figuras de un “11 ideal de la historia”, y en ese seleccionado soñado, junto a Kempes, Batistuta, Maradona y Messi, entre otros, estaba Miguel Ángel Brindisi, considerado uno de los mejores volantes de la historia del fútbol argentino. Había sido figura en el Huracán de César Luis Menotti —fue capitán del equipo que salió campeón en 1973— y luego también fue campeón en el Boca Juniors de 1981, junto a Diego Maradona. Además, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Mundial de 1974. En toda su carrera, convirtió 224 goles, de los cuales 194 los hizo en Argentina, por lo que está entre los 10 máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.
Aquel plantel del 74 que integró Brindisi fue definido por el propio Menotti como uno de los mejores de la historia, un grupo de brillantes individualidades que sin embargo no llegó a solidificarse como equipo.
“El Mundial de 1974 había sido, para Argentina, una campaña complicada desde el comienzo —dijo a Infobae el historiador Camilo Scaglia—. Omar Sívori había renunciado meses antes como DT por conflictos con la AFA y para el mundial, Vladislao Cap fue designado como entrenador titular, encabezando un triunvirato técnico junto a José Varacka y Víctor Rodríguez. La AFA atravesaba una crisis institucional propia, con cambios de autoridades en medio del torneo”.
Cuando falleció el presidente Juan Domingo Perón, el 1° de julio, el país quedó paralizado. La noticia llegó también al hotel de la concentración argentina en Alemania Federal. Scaglia señala que muchos futbolistas provenían de familias trabajadoras cuyas historias estaban ligadas a las transformaciones impulsadas durante el primer peronismo. La conmoción fue tal que los futbolistas analizaron seriamente la posibilidad de no disputar el encuentro frente a Alemania Oriental. Se destacó la reacción de René Houseman, que al marcar el gol del empate en ese último partido gritó: “¡Viva Perón!” y luego no pudo contener el llanto.

En esta charla con Infobae, a 52 años de esos hechos, Miguel Ángel Brindisi evoca aquellos días de la Copa del Mundo en Alemania y el impacto que causó en el plantel la noticia de la muerte de Perón.
También habla con entusiasmo y hasta con emoción del seleccionado de hoy y sobre todo de su capitán. Elogia el temperamento de Lionel Messi y la ausencia de rencor por parte de quien fue tan criticado hasta hace pocos años. Agradece a este equipo que le “devolvió el fútbol a la familia”. Dice que los argentinos tenemos que madurar. No se valoraba que Argentina hubiese sido dos veces finalista en Mundiales: “Solo sirve ser campeón, somos implacables en la crítica, acá perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía, y eso es muy injusto”.

— Jugaste un mundial, el del 74, con la Argentina sumida en un clima político impactante, con la vuelta de Perón y su tercera presidencia, con la gente quizás más preocupada por ir a Plaza de Mayo, a diferencia de ahora que se paraliza el país por el fútbol. ¿Qué clima vivían ustedes en el mundial?
— Nosotros estábamos aislados de todo lo que fuera político, más allá de que se sabía todo lo que estaba sucediendo y había preocupación porque sabíamos que el general Perón, el presidente, estaba enfermo. Eso sí, angustiaba que el presidente de tu país y una figura como él estuviera atravesando un momento tan delicado.
— ¿Cómo se enteraron de la muerte de Perón ese 1° de julio?
— Nosotros esa mañana tuvimos libre. No son tantas las cosas que me acuerdo del mundial, pasaron cincuenta y dos años, pero de eso sí. Estábamos en Colonia (Köln) y teníamos la mañana libre porque entrenábamos a la tarde. Habíamos ido hasta el centro, toda la delegación. Y cuando volvimos al hotel, encontramos la bandera a media asta. Eso nos marcó. Entramos al hotel y no había un solo dirigente. Se había ido todo el mundo a hacer trámites para venirse. Fue un momento duro, traumático, difícil. Nosotros teníamos una postura muy firme de que no íbamos a jugar, porque era una falta de respeto estar jugando al fútbol y estar velando al presidente del país.

— Pero finalmente tuvieron que hacerlo…
— Sí, porque, ¿qué sucedía?, la siguiente sede del Mundial era Argentina. Y si nosotros hubiéramos seguido adelante con esa postura, Argentina habría perdido la sede. Obviamente, recibimos del Gobierno la comunicación de que podíamos, de que teníamos que jugar. Hicimos una misa, que compartió todo lo que quedó de la delegación, que era el plantel y los colaboradores. A nivel dirigencial, se habían vuelto, como era lógico, para llegar al velatorio y por todo lo que significaba la muerte del Presidente de la República y mucho más la figura del general Perón.
— ¿Lo conociste?
— Sí, yo tuve la suerte de que me distinguió por un gesto que tuve, por convicción, de quedarme en el país, de no querer ir a jugar al exterior para jugar el Mundial con mi selección. Quería vivir esa experiencia. Esperé cinco años, porque en las eliminatorias del 69 para el mundial de México 70 nos eliminó Perú. Era muy joven yo en ese momento, tenía 18 años y quería vivir esa experiencia, me decía “no me puedo perder el jugar un Mundial”. Entonces, por el hecho de no haber querido ir a jugar a diferentes equipos de Europa [N. de la R: tuvo ofertas del Sevilla y del Olympique de Marsella], el General, cuando regresó, me distinguió con una plaqueta, y eso para mí fue increíble. Que haya tenido ese detalle contigo por una acción que yo tenía muy clara: quería jugar un Mundial con la camiseta argentina.

— ¿Dónde fue ese encuentro con Perón y cómo te convocaron?
— En la Casa de Gobierno. Me llamaron de Presidencia. Me llamó un periodista, Jorge Conti, a la casa de mi mamá. Antes era teléfono de línea [risas]. Primero pensé que era una broma, se pueden imaginar. Ese día hubo distinciones para deportistas de diferentes disciplinas. Hubo chicos de natación, chicas de esgrima; ese día Perón reconoció a los deportistas.
— Finalmente, se cumplió tu sueño del Mundial.
— Tuve esa suerte, más allá de que terminamos en un sexto lugar y de que no estuvimos a la altura de lo que se esperaba, porque aunque teníamos un gran plantel, nunca pudimos construir equipo. Nos tocó entrar a la zona de Holanda, que fue la revolución con ese fútbol total, de presión, de achique, de líneas cortas, que te asfixiaba, que después lo adoptó, o trató de adoptarlo, el mundo entero. Y Alemania y Brasil, nos tocaba una zona bastante difícil. Terminamos en un sexto lugar, que no era lo que aspirábamos, pero después también me tocó vivir la formación de la otra, los dos primeros años de lo que fue después la selección campeona del 78 con el Flaco Menotti. Y en el 76 me fui a jugar al exterior, a España.

— Volviendo a aquel 1° de julio, decías que hicieron una misa…
— Sí, ahí mismo en Colonia. Cierro los ojos y lo veo. La bandera a media asta, y ya nos queríamos volver nosotros también. Porque resultaba chocante que estuvieran velando al presidente de la República y nosotros jugando un partido. Pero la FIFA nos obligó y el Gobierno lo autorizó.
— En el partido que jugaron, ¿hubo un homenaje?
— Sí, sí. Con luto, como correspondía, salimos a cumplir, nada más. Nuestra cabeza estaba en otro lado.

— A los de tu generación, ¿los habían marcado los torneos Evita para tener esa identificación con Perón?
— Mi familia era bien peronista, tanto mi mamá como mi papá. Nuestra primera casa en Villa Luzuriaga cuando, mirá lo que te estoy diciendo, no había ni calle asfaltada, fue por un plan Evita. Mi padre fue siempre un agradecido y me contaba, cuando yo era chico, las horas de cola, con lluvia y frío, que había hecho para poder llegar al velatorio [de Evita|. Y en el 73 tuvimos de técnico a (Omar) Sívori, que acompañó a Perón en el regreso.

— Fue uno de los pasajeros del vuelo charter que trajo a Perón…
— Sí, y todo ese grupo, también el Cordero (Roberto) Telch, el Ratón (Rubén) Ayala, el Cabezón Sívori, que era el técnico, y tres o cuatro muchachos más fuimos a Puerta de Hierro una noche para conocerlo, pero no pudo darse. Eso fue en el año 73. Después, bueno, su figura, lo que significaba, me acuerdo lo que sentí con la distinción que me dio y además tuvo el gesto de recibirnos a todos los que íbamos a jugar Copa Libertadores. Fuimos con el plantel de Huracán, y vino también Rosario Central, que representaba a Argentina. Perón era futbolero, le gustaba mucho el fútbol, y dialogó con nosotros desde una simpleza tremenda. Verdaderamente su figura atrapaba.
— De aquel último partido en el Mundial de Alemania otra cosa que trascendió fueron las lágrimas de René Houseman.
— Sí, René hace el gol y se pone a llorar. Lloraba y… es que estábamos todos sentidos. Era una figura más que atrayente, era el Presidente de la República. Es muy difícil para un plantel que está representando a un país, que fallezca el Presidente, más allá de que se sabía que estaba peleándola. Pero fue duro.

— ¿Y cómo fue ese partido?
— Era contra la otra Alemania [N. de la R: República Democrática Alemana, la Alemania comunista, o Alemania Oriental]. Habíamos perdido con Brasil y con Holanda y el único punto que sacamos fue en ese partido con la otra Alemania.
— ¿No pudieron llegar al velatorio?
— No, porque jugábamos dos días después del día que falleció Perón. De lo contrario, hubiéramos estado todos los de la delegación. Al otro día se hizo la misa, y después se jugó.

— ¿Qué diferencias ves entre el fútbol de los 70 y el de hoy?
— Antes se jugaba, hoy se trabaja en el fútbol. El materialismo mató la pasión. [risa] Antes, qué sé yo, me quedo por la camiseta. Por ejemplo, yo volví de Europa porque quería terminar mi carrera en mi club, donde me había formado desde los doce años, que era Huracán. Y llegué a Huracán para terminar mi carrera. Tenía 29 años, estaba próximo a cumplir los 30, y en esa época, a los 30, 31, la pregunta era si ya te retirabas. Vine a terminar mi carrera en Huracán y me encontré al presidente detenido, fugado el tesorero. Nada fuera de lo normal, ¿no? Más o menos como la inflación en nuestro país. Pero yo quería terminar mi carrera en Huracán. Eso sí, en el carretel había bastante hilo, porque después fui a Boca, jugué en Unión, jugué en Nacional de Montevideo y terminé mi carrera en Racing.

— ¿Hasta qué edad jugaste?
— Hasta los 34. Me retiré en 1984.
— ¿Eso también cambió un poco ahora? ¿Se estira más la edad del retiro? Hay varios veteranos en este mundial, y Messi, que cumplió 39.
— Hoy es profesionalismo puro. Hoy el que no se cuida, el que no es profesional, no puede competir. Se han profesionalizado muchísimo los dirigentes de acá y en Europa no tienen por qué profesionalizarse porque ya lo son. Es decir, la única preocupación que tenés es cuidarte, entrenar, jugar, competir. Y te cumplen. Hoy hay una infraestructura diferente. También se avanzó mucho en el fútbol de divisiones inferiores. Antes se creía que era un dinero tirado a la calle, hoy se dan cuenta de que es la mejor inversión porque ahí está el capital más grande de una institución. Cambiaron totalmente los tiempos. Hoy, sin ninguna duda, el fútbol es un negocio. Son empresas y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo estás viendo el Mundial y a la Selección?
— Me sorprendió para bien. Para lo de Messi ya no hay calificativos. Es lo máximo. Él viene de recibir muchas injusticias, muchas críticas. Y esas críticas vinieron después de haber jugado tres finales. Pero estamos muy lejos culturalmente todavía como sociedad. Tenemos que aprender mucho, porque solo sirve ser campeón, no hay análisis, es muy injusto. Se deteriora una figura que, si llega a ser débil, puede terminar mal. Tuvimos la suerte de que este pibe todo eso se lo puso al hombro, lo sacó adelante, y ahora en el Mundial lo está demostrando, con el problema personal tan fuerte que está atravesando, y sin embargo tiene una entereza… Lo que construyó este chico no sé cómo definirlo, lo único que sé es que me hace feliz, me hace sentir orgulloso.
— ¿Cambió la imagen de nuestro fútbol en el mundo?
— En los años setenta, en los países en los que me tocó trabajar, todos tenían una camiseta brasileña. Hoy todos tienen una camiseta argentina. Más allá del mérito de todo el equipo, del entrenador, de todo lo bueno que se viene haciendo hace años, hay un común denominador en la aceptación de lo que es este pibe como diferente, porque es grande no solo en el rectángulo, sino también afuera. Es un fenómeno social muy importante. Y cuando se viven estas instancias, hay que tener una gran mujer al lado. Él la tiene, tiene una familia que lo ha contenido. Este chico no es casualidad: está su formación, su educación, su simpleza. Viene de una escuela como La Masía, el Barcelona. Este pibe cada día es más grande. Yo tengo una admiración, una devoción…. Devolvió la familia a las canchas.

— Se puede disfrutar en familia…
— Sí, la familia disfruta del espectáculo que brinda él con la Selección y todo el mundo se va feliz, no te defraudan. Y eso hacía muchísimos años que no pasaba. Tampoco es casualidad, esto se viene construyendo, hace muchos años que la Selección viene haciendo un trabajo extraordinario desde las formaciones en la sub-17, la sub-20, la 23, los diferentes torneos.
— También se ve armonía entre ellos, integración.
— La gran mayoría también se vino construyendo un grupo. Casi todos juegan en Europa. Y es otra la disciplina, otra la formación, otro el estrés. Aquí vos perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía. Tenés amenazas, convivís con la barra, con los impagos, vivís siempre con una tensión diferente que en Europa. Ellos fueron creciendo con esa cultura, han contenido a su amigo y referente, en este momento tan difícil para Messi. Si no se hacía público nadie se habría dado cuenta, si no hubiera sido porque se le escaparon las lágrimas y él abrió esa puerta, no se habría sabido. Hay que tener muchos hombros. Es un chico que nunca tuvo que golpear la mesa para ejercer su liderazgo, lo hace a través del juego. Se ganó un respeto. Nunca una palabra fuera de lugar. Lo peor que se le escuchó fue: “Andá pa’ allá bobo”. Estamos en presencia de un diferente total y eso a mí me resulta maravilloso.

— ¿Cómo ves al resto del plantel? ¿Somos una selección en torno a una sola persona o hay realmente un equipo?
— Son familia estos pibes. Hay equipo. Una cosa es plantel y otra cosa equipo. Y ellos son equipo, con excelentes jugadores. Hay una competencia muy sana. A mí me tocó trabajar con diferentes grupos, y siempre destaco que son familia en todo sentido, porque Messi es la cabeza de todo esto, pero también su esposa y las esposas de los jugadores. Quieren ser campeones y ellas acompañan. Miren a dónde llegaron y no hubo nadie, nadie, que se haya desubicado cuando la cosa venía mal. No le dijeron al esposo: “No vayas más, nos quedamos con los nenes”, y tienen una posición económica para salvar a cuatro generaciones. Con esa forma de ser nos han dado participación a todos los hinchas, a todos los argentinos, ese orgullo de cuando cantamos el himno, cuando vemos al equipo, cómo gritamos los goles. Y hay una generación de chicos, que así como eligen equipos cuando son campeones y se hacen hinchas de esos equipos, hoy todos los pibes son hinchas de la selección. Estos chicos atrapan, hacen feliz a la gente, por cómo se expresan en la cancha, cómo juegan. Estamos todos identificados y orgullosos con el fútbol que intentan. Revirtieron una situación que era muy, muy difícil. Y Messi se pudo haber negado tranquilamente a venir a jugar después de todos los ataques recibió. Sin embargo, terminaba de jugar, se subía a su avión y hacía doce horas para venir. No faltó nunca a un partido, porque también tenía un desafío grande: quería ser campeón, primero de América, después del Mundo. Hoy están consolidados. Y a veces hay partidos, como el de Austria, que al principio estaba medio complicado, te presionaban arriba, él no logra hacer el gol de penal y, sin embargo, con la experiencia que ya tienen y cómo se conocen, mantuvieron la situación y después la rompieron. Por eso yo ya no sé más qué adjetivo ponerle, no solo a Messi, a toda la selección y al trabajo que vienen haciendo.
DEPORTE
Del “lo siento en el alma” que lo dejó sin Mundial a su resurgimiento: la historia de superación de uno de los más queridos por Scaloni

(Desde Estados Unidos) Si hay algo para destacar de Lionel Scaloni es la forma en que condujo al grupo en lo que va de su exitoso ciclo. Desde elecciones tácticas en partidos trascendentales, como poner a Ángel Di María como titular en la final del Mundial de Qatar ante Francia, a la fuerte decisión de dejar afuera a varios jugadores de su riñón en la antesala de la Copa del Mundo que terminó con festejo en el Lusail, marcaron su trayectoria como seleccionador argentino. Y una de esas elecciones estuvo íntimamente relacionada con alguien que fue protagonista en el reciente triunfo frente a Jordania en Dallas.
Giovani Lo Celso se dio el gran gusto de su vida el pasado sábado. Con su esposa Magui Alcacer en la tribuna como toda su familia, el volante surgido de las Divisiones Inferiores de Rosario Central frotó la lámpara y emuló a su amigo Lionel Messi para clavar un golazo de tiro libre, el que abrió el marcador ante el combinado árabe. “Por tu lucha, tu perseverancia y tu constancia la vida siempre trae revancha. Te amamos profundamente. A seguir. ¡Vamos Argentina!”, escribió la pareja del jugador del Betis, de España, y acompañó el mensaje con una foto junto al hijo que comparten.
¿A que se refirió? Es que, más allá de haber sido elegido por Jorge Sampaoli como uno de los 23 para viajar a Rusia 2028, el talentoso jugador rosarino no vio minutos en aquel torneo que tuvo al plantel enfrentado con el entrenador oriundo de Casilda, Santa Fe. Poco más de cuatro años más tarde, en Medio Oriente, ya consolidado como parte del ciclo de Scaloni y con el valor agregado de ser parte del grupo de amigos que visitan la habitación del capitán para charlar, jugar al truco o tomar mate, Lo Celso atravesó uno de los impactos más duros de su carrera como futbolista.
El 30 de octubre del 2022, a menos de un mes del debut contra Arabia Saudita, Giovani se lesionó. Y fue una herida durísima, física y emocional. Durante el partido entre Villarreal y el Athletic Club en San Mamés, el volante por izquierda sufrió un desprendimiento en el bíceps femoral de la pierna derecha y, a pesar de que intentó recuperarse, el equipo médico determinó su intervención quirúrgica con una recuperación de entre cuatro a ocho semanas. Afuera de la Copa del Mundo a pesar de luchar. Y de una reunión privada con el entrenador para tratar de convencerlo de que podría estar disponible para la fase eliminatoria en Qatar.
En un fragmento de la biografía oficial de Scaloni, escrita por el periodista Diego Borinsky, se recordó lo que fue ese mano a mano entre el jugador, una pieza clave del ciclo, tanto que fue el que anotó el primer gol (7 de septiembre de 2018, en el 3-0 ante Guatemala), y el DT de Pujato. “Vos te enojaste después de ese partido porque te quisieron ocultar lesiones, que era un poco lo que habías hecho vos como jugador”, le dijo el escritor al técnico. “Sí, claro, los entendía a ellos, eh, porque lo había vivido y lo hice, pero la decisión la iba a tomar yo”, se refirió al caso de Joaquín Correa y Nico González, dos que salieron de la lista de 26 tras el amistoso contra Emiratos Árabes Unidos, que le dio lugar a Angelito Correa y Thiago Almada.
En la página 190 del libro, el entrenador rememoró lo que atravesó en esa charla. “Fue una conversación triste, con lágrimas. Gio merecía ir, porque estuvo desde el comienzo y nos aportó un montón siempre, desde afuera y desde adentro, pero se encontró con un entrenador que había sufrido una lesión similar y que sabía lo que era no estar bien y que pilotearla sería muy difícil. Seguí de cerca su recuperación, hablaba con el fisio con el que trabajaba. Gio hizo todo lo posible, incluso me trató de convencer. ‘Capaz que llego a cuartos de final, van 26’, me decía. ‘No, Gio, lo siento en el alma’, le respondí”, dijo con una soltura que seguro no fue la misma que el día de ese encuentro íntimo y sentido.
Justamente, los propios futbolistas los que salieron con una bandera al último amistoso en Abu Dhabi antes del estreno mundialista que decía “Gio #TodosJuntos”. Luego de eso, fue el propio Lo Celso el que remarcó la importancia que le dio a ese mensaje para recuperarse de aquella lesión. “Cuando vi el amistoso sentado en el sillón e hicieron la foto con una pancarta para mí, que es una boludez de la que no tenía ni idea, eso me dio fuerza para salir más rápido y entero”, dijo.
La Copa del Mundo en Qatar fue un acontecimiento que Gio nunca olvidará. Es que además de la consagración argentina y de sus amigos, fue en ese escenario cuando nació Emilia. En medio del duelo ante México, su pareja Magui rompió bolsa y tuvieron que salir corriendo para el sanatorio elegido para el nacimiento de su primera hija. Después de que la pequeña conoció la luz de la vida, sufrió y disfrutó de la victoria en los penales ante los Países Bajos antes de partir a Doha para sumarse al grupo de cara a las semifinales y la final.

Hoy, con aquella anécdota todavía fresca en su memoria, Lo Celso se dio el placer de anotar su primer gol mundialista, el mismo día de su primera vez en el máximo evento para el mundo del fútbol. “Estoy muy feliz. Es un momento que voy a guardar para siempre. Creo que fue mucho más de lo que hubiera imaginado. El trabajo paga. También me pone muy contento por los que estuvieron a mi lado”, explicó el mediocampista con un grupo de periodistas entre los que estuvo Infobae.
De ser convocado y no jugar, a perder su lugar seguro por una lesión. El tiempo pasó y para Gio Lo Celso hubo revancha. Una que llegó con un gol de tiro libre que fue dedicado a esa pequeña hija que nació en un momento doloroso y trajo luz para el zurdo nacido en Rosario.
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