POLITICA
Norte de Salta: el brote de dengue que saturó los hospitales y que el Gobierno prefiere silenciar

En Orán, el hospital está saturado de pobladores que llegan con los síntomas de dengue o chikungunya y relatan que en los barrios o las comunidades aborígenes hay muchos casos
7‘minutos de lectura
ORÁN, Salta (de un enviado especial).– Venían tres en una moto. En el medio, un joven que gritaba de dolor. Ella, su madre, lo cargó en su espalda y entró a la única puerta abierta del Hospital San Vicente de Paul de Orán. La otra, la principal, ya está cerrada a eso de las 19 horas. Con su hijo colgado, casi no se podía tener en pie en la guardia donde una empleada tiraba agua y detergente como para remover el vómito del adolescente.
Eran las 19 y, dentro de la guardia, decenas de personas esperaban su turno. Nadie se sorprendió de aquella escena porque situaciones similares se repetían desde la mañana. La gran mayoría llega con un mal que produce fuertes dolores abdominales, náuseas, dolores articulares y fiebre atesta las guardias de los hospitales. Esos síntomas coinciden con el dengue o la chikungunya.
El dengue se murmura y se presiente en el norte de Salta. Ellos, los que esperan ser atendidos, suponen que ese estado que refieren se trata de alguna de las enfermedades que se contagia por la picadura de un mosquito. Los otros, los funcionarios, no quieren siquiera pronunciar la palabra. “Está lleno, por todos lados. En mi barrio, el Néstor Kirchner, hay cantidad de gente”, dice una joven, de unos 35 años, que trajo a su mamá con esos síntomas.
Lejos de los pacientes, los funcionarios son los grandes silenciadores del fenómeno. “Soy coordinador de enfermedades tropicales del municipio y desde nuestro lugar hacemos prevención y capacitación en la lucha contra el dengue. En cuanto a la situación epidemiológica corresponde que la información se las proporcione la jefa del Área de Epidemiología del Hospital San Vicente de Paul”, dijo Sebastián Lazarte, Coordinador de Enfermedades Tropical del municipio. Hay quienes dicen que no lo que no se publica no existe. Quizá un paso por los centros de salud podría servir de comprobación empírica.
Pero más allá de la negativa con , el funcionario había hablado en Radio Ciudad de esta localidad. “En el área operativa Orán la cantidad de casos positivos confirmados hasta ayer es de 149 de los cuales 85 corresponden a la ciudad de Orán y el resto a las localidades de Aguas Blancas e Isla de Cañas”, dijo el coordinador.
El intendente de la ciudad, Pablo González, médico, no contestó los mensajes que le envió este cronista.
En el hospital, las escasas estadísticas toman cuerpo. Un hombre que trabaja en la construcción también habla de esos síntomas. “Yo espero a mi concubina –dice con voz de susurro–. No sabemos qué tiene, pero llegó con un dolor de panza y fiebre”.
La sala de espera respira la posibilidad de que haya dengue. En un punto, pese a las horas, los dolores y la falta de diagnóstico, entienden que estos síntomas saturaron la demanda de médicos. “No dan abasto. Hay dos, y cada vez que entra alguna emergencia, uno de los médicos la atiende y queda solo uno para la guardia. No queda más que esperar porque no tenemos plata para ir a una privada”, dice un padre que llevó a su hija, de 36 años, con los mismos síntomas.
Una madre, que como todos no quiso dar su nombre, contó que llegó a media mañana a la guardia del hospital. “Mi hija vino con fiebre, dolores en todo el cuerpo y náuseas. A las 10 de la mañana no pudo más y vomitó en la guardia. Recién a la una vinieron a limpiar lo que quedó. Así estamos”, dijo. Eran las 20 y no tenía diagnóstico aún. “Seguro que es dengue. Nadie dice nada, pero está lleno”, agregó.
“Es más seguro estar fuera del hospital que adentro. Yo le juro que no se puede estar de mosquitos en las habitaciones y los pasillos. Yo entré a ver a mi hijo que está internado por otra cosa. Pero es impresionante la cantidad que hay”, dijo una señora, de unos 60 años, que salió sorprendida de la situación dentro del centro de salud.
“Alerta, dengue”
“¿Por qué está acá?”, le preguntó este cronista a un joven que dijo llamarse Carlos, de alrededor de 40 años. Estaba parado, recostado en la pared de la guardia, con una pierna recogida y apoyada. “Tengo dolor acá –dijo y se señaló la panza–. Hoy no tengo fiebre, ayer sí. Espero que sea otra cosa y no dengue. Pero hay mucho dengue.”
Un par de horas antes, había llegado a Hickman, un pequeño poblado que está a unos 70 kilómetros de Embarcación. Con 40 grados, en la localidad de unos pocos cientos de habitantes y que se ubica entre la ruta 81 y las vías del ferrocarril Belgrano, hay una sola calle asfaltada. Tres mujeres aborígenes, wichis, esperan afuera. Apenas quieren hablar, pero después de algunas preguntan admiten que todas tienen los mismos síntomas. “Dolor de panza y calor”, dice una de ellas. “Muchas estamos así”, dice la otra.
Dentro del hospital, una mujer, vestida de pollera amarilla y remera negra, estaba conectada a un suero. Esperaba el traslado a Salta para ser tratada por dengue. Casi como un capricho del destino, en la puerta de la pequeña habitación hay un cartel pegado: “Alerta, dengue”.
En ese pequeño poblado donde prima el marrón y el sol pleno, ya hubo varios casos. Además, algunas derivaciones a centros de salud con algo más de complejidad. Toso se ha agravado en las últimas semanas cuando las lluvias llegaron después de una gran sequía y dejó algunas lagunas. De hecho, ahí, en la entrada del pueblo que está rodeado de comunidades aborígenes, una laguna llena de juncos y agua estancada se ha convertido en un criadero de mosquitos. Con solo acercarse, se comprueba. “Todo está peor en Fortín Dragones. Acá nadie cuida y no se ha fumigado. Estamos solos”, dijo una pobladora.
Unos kilómetros más arriba por la ruta 81, de camino a Formosa, el silencio era el idioma del hospital. Nadie dijo nada sobre dengue, como si estuviese prohibido hablar. “En las comunidades aborígenes hay muchos casos. Lo que pasa es que no todos van al hospital”, deslizó una vecina que esperaba.
Pero más allá de los síntomas, en el Hospital de Orán hay muy poco diagnóstico entre quienes esperan. Unos pocos, que tienen sus familiares internados, sí pueden afirmar que efectivamente padecen esta enfermedad que se contagia cuando un tipo de mosquito pica a alguien infectado. Mientras están sentados, nadie está aislado.
A las 23.30, en la guardia del hospital, la gente espera. Que la atiendan o que le den un turno para el otro día. En el fondo de la sala de espera, una mujer joven está tirada sobre un cartón. Ojalá esté dormida. A las 19, cuando entró por primera vez a la guardia, estaba apenas unos metros más cerca de la puerta. Tirada, en ese mismo cartón.
En la puerta principal del hospital hay una carpa de la Cruz Roja. En la mañana de hoy estaba abierta. “Sí, muchas consultas”, dijo el doctor Quipildor, tal como se presentó.
En el hospital, la jefa de Infectología, Gabriela Méndez, reconoció el brote. “Estamos en un brote. Hay 139 casos en Orán y 81 positivos en Aguas Blancas. Pese a que trabajamos todo el año con la concientización, igual hay brote. Tenemos internados, 15, con tules y estamos por habilitar un sector más. Pero necesitamos alguna instalación como hospital de campaña con aire por si no alcanza. Porque tenemos otras patologías”.
Diego Cabot,LA NACION,Sociedad
POLITICA
Claudio “Chiqui” Tapia: los nexos del dirigente al que le sobran fotos con Messi y un día se sintió más poderoso que el Presidente

El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se siente empoderado tras ganar el Mundial; sus contactos, la bronca con Alberto Fernández y cómo se movió durante los festejos por la Copa
10‘minutos de lectura
Cuando Cristina Kirchner y Julio Humberto Grondona pactaron en 2009 la estatización de los derechos para televisar los partidos, el sillón de mando de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) volvió a ser una pieza clave e influyente del ajedrez político. Claudio “Chiqui” Tapia, sentado allí desde 2017 por una mezcla de azar y pericia, entendió siempre su rol a la perfección.
Sindicalista, yerno de Hugo Moyano, gestor deportivo, empleado público y privado, y próspero empresario. Todo eso es Chiqui Tapia, un dirigente de un club de barrio que el martes pasado se sintió, al menos durante unas horas, más poderoso que el propio Gobierno.
Ni durante las 18 horas del vuelo de regreso, y mucho menos durante la caótica caravana de celebración, Tapia intentó persuadir a Lionel Messi de visitar la Casa Rosada y recibir en persona el saludo del Presidente, según contaron fuentes oficiales y de la AFA. Es decir, no hizo todo lo que podía para garantizarle al Gobierno la foto en el balcón, una parada que el oficialismo dio como un hecho hasta último momento. No hubo un espacio de negociación a pesar de que el primer contacto gubernamental con el plantel fue el 13 de diciembre, cuando el seleccionado había dejado atrás a Croacia y se encaminaba a jugar la final. “Leo no quiere quedar pegado con la política”, explicó un dirigente que estuvo cerca de los futbolistas. Confirmó públicamente a medias esa versión Aníbal Fernández. “Había jugadores que querían ir a la Casa Rosada y otros que no, como uno de jerarquía, que no quería”, dijo el ministro de Seguridad.
Además de la habilidad para los negocios, Tapia heredó de Grondona la cercanía y palabra justa para entrarle a Messi. Es hasta a veces paternal. Así y todo, no hubo caso de convencerlo de la importancia institucional de una foto con Alberto Fernández, incluso en el predio Ezeiza, de local, con ese peso simbólico. El Presidente relativizó el desplante con un mensaje que rayó la caricatura: “Debo ser el único presidente que no recibió a un equipo campeón del mundo, pero creo ser el único presidente que durante su mandato ganó la Copa América, la Intercontinental (por la Finalísima con Italia) y la Copa del Mundo. Yo lo logré”. Unos minutos antes, en la misma entrevista con Reynaldo Sietecase, había dicho que el triunfo era exclusivo de los jugadores.
Los cortocircuitos entre Tapia y Fernández no son nuevos. La tensión guía su vínculo desde que al comienzo del mandato del Frente de Todos la Casa Rosada se involucró de manera directa en la vida interna de la AFA. Pretendió desplazarlo a Tapia en beneficio de Cristian Malaspina, titular de Argentinos Juniors, el club del que Fernández es socio e hincha. Después hubo una maniobra para instalar a Marcelo Achile, directivo de Defensores de Belgrano, militante del PJ porteño y amigo de Julio Vitobello, secretario general de la Presidencia y uno de los negociadores que también fracasó en las gestiones para recibir a los campeones del mundo.
“Cuando hubo elecciones en la AFA, me preguntaron y siempre dije que no. Para eso están los dirigentes deportivos”, dijo esta semana Fernández en radio Con Vos, desconociendo aquellas viejas maniobras para desbancar a Tapia.
La relación se deterioró aún más cuando desde un sector del Gobierno se intentó reflotar la candidatura de Marcelo Tinelli. Un grupo de clubes, encabezados por Nueva Chicago y San Lorenzo, impugnó la reelección conseguida por Tapia el 19 de mayo de 2020, con el país sumido en la pandemia. Había sido reelecto por “aclamación”, sin votación nominal, lo que para sus opositores resultó cuestionable e “irregular”. Debió intervenir la Inspección General de Justicia (IGJ), que finalmente avaló la elección y falló a favor del jefe de la AFA. Ricardo Nissen, apoderado legal de Máximo y Florencia Kirchner en la causa Hotesur, está a cargo de la IGJ. Antes de su resolución, Máximo Kirchner llamó por teléfono a Hugo Moyano para explorar su reacción ante el inminente respaldo a su yerno. Hubo luz verde, según fuentes sindicales. Moyano por entonces presidía Independiente.
Los tironeos entre la AFA y el Gobierno siguieron después por la eventual organización de la Copa América ante las dificultades planteadas por Brasil, o por las diferencias en lo relativo a los derechos televisivos de los partidos, otra vez en manos de los privados a pesar del proyecto de ley de Oscar Parrilli para reflotar Fútbol para Todos, como en los tiempos de Grondona. El senador kirchnerista tal vez pensó que después del fallo de la IGJ había tierra fértil para el reverdecer del programa que abrió una fuerte disputa con el Grupo Clarín.
Sin embargo, Tapia priorizó hacer negocios millonarios con las cadenas ESPN y Fox en vez de con el Estado. Construyó así una relación ambivalente con el kirchnerismo. Encontró la contraparte a su rivalidad con Fernández, pero desconfía de las intenciones de los hombres más cercanos a la vicepresidenta, según comentaron fuentes sindicales cercanas a Tapia.
Cristina Kirchner tiene a mano en el Senado, si quiere, una llave para seducirlo. Hace nueves meses, el senador chaqueño Antonio José Rodas presentó el proyecto 174/22 que prevé cederle a la AFA el predio de Ezeiza, que tiene 48 hectáreas. Las tierras le pertenecen a la Policía Federal y fueron cedidas en comodato. Esta misma negociación se había dado con Grondona, cuando el Fútbol para Todos estaba en ciernes. Rodas no respondió a los llamados de y la iniciativa, que no tuvo otro avance más allá de su presentación, no está disponible en el sitio web del Senado. Corrió una versión de que habría ahora interés del kirchnerismo en reflotar la iniciativa. Por lo pronto, el Congreso ya está de vacaciones y se reactivaría recién en marzo.

Hoy el nexo más firme entre el kirchnerismo y Tapia es Santiago Carreras, un camporista que es directivo de YPF, uno de los principales sponsors de la AFA. A través de Carreras, la AFA vendió antes del Mundial a Amazon un documental sobre el seleccionado y la Copa América que le reportó varios millones de dólares. Lo produjo Víctor Santa María, el sindicalista de los encargados de edificio que viajó a Doha con toda su familia, como también lo hizo el Chiqui. Carreras y Santa María militaron juntos en la política de Boca para intentar desplazar al macrismo. Carreras regresó de Qatar junto con Tapia y el plantel. Fue uno de los que hizo de mensajero entre la AFA y el Gobierno. Un dirigente del fútbol contó que tampoco hizo mucho esfuerzo para que Messi acceda a sacarse una foto con el Presidente.
Moyano le abrió el camino
Un hombre determinante en la vida de Tapia es Hugo Moyano. Era delegado gremial de la rama de recolección de basura del Sindicato de Camioneros cuando conoció a Paola Moyano, una de las hijas del jefe sindical con la que tuvo dos hijos y recorrió el mundo. Una vez que forjó su pareja, se incorporó al clan y escaló hasta secretario de Organización del gremio. Pero una pelea con Pablo Moyano, con quien hoy no tiene relación a pesar de haberle conseguido una entrada preferencial a uno de sus hijos para la gran final con Francia, lo empujó a irse del sindicato.
Fue así como recaló de la mano de Hugo y Diego Santilli en la Coordinación Ecológica Área Metropolitana del Estado (Ceamse), el basural controlado más grande de Buenos Aires. Hoy ocupa la vicepresidencia de esa entidad, un cargo designado por la Ciudad de Buenos Aires. Tapia percibe un salario mensual de $1.500.000, según precisaron fuentes del ente. Desde Qatar, en pleno Mundial, se conectó vía Zoom a la última reunión del directorio que encabeza Mónica Capellini, quien responde políticamente a los intendentes kirchneristas Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Martín Insaurralde (Lomas de Zamora).

El Ceamse tiene 1000 empleados y cuenta con un gremio propio. Su representante es Jorge Mancini, un hombre de Moyano que fue diputado provincial por Cambiemos y que es aliado de Tapia. En 2015 Macri les reconoció su apoyo y revalidó los negocios por la recolección de basura cuando los recibió junto con Santilli en su primer encuentro con sindicalistas como presidente electo. “Había sintonía y hoy la sigue habiendo”, dijo un funcionario porteño que oficia de nexos con los gremios.
Tapia conserva lazos con otro macrista influyente, como lo es Daniel Angelici, expresidente de Boca. En Qatar se dio una extraña casualidad. Ignacio Candia, el director nacional de Seguridad en Eventos Deportivos, que fue enviado por el Estado para garantizar “un mundial libre de barras”, habría intervenido más de una vez entre los dirigentes futboleros para tratar de descifrar de dónde obtenían tickets los cientos de barras que finalmente burlaron los supuestos controles y circularon sin problemas por Doha. Además de depender de Aníbal Fernández, Candia es gerente de prensa de Boca. Justamente la cúpula de la 12, como se conoce a la hinchada xeneize, fue una de las privilegiadas que estuvo el mes completo en el Golfo Pérsico. Tapia y Angelici conocen como nadie esos vínculos. Ambos son de Boca, entre otras coincidencias, como la atracción por los casinos y los hoteles cinco estrellas.
Empoderado por la gloria deportiva, Tapia se siente respaldado en este nuevo enfrentamiento con el Presidente. Logró aprobar el miércoles por unanimidad el balance de la AFA. Inició la asamblea con la Copa del Mundo sobre la mesa. Ningún dirigente se atrevió a contradecirlo. Recuerdos del grondonismo. Sobre el caótico operativo de seguridad, Tapia distinguió a Sergio Berni de Aníbal Fernández para cuidar su vínculo con el kirchnerismo y reforzar las diferencias entre los socios del Frente de Todos. Fue también un mensaje contra Horacio Rodríguez Larreta, a quien responsabiliza también por la interrupción del festejo.
Hoy se realizó en nuestro predio de @AFA las Asambleas General Ordinaria y Extraordinaria, donde fueron aprobados por unanimidad todos los temas puestos en consideración pic.twitter.com/9CszlRrRTH
— Chiqui Tapia (@tapiachiqui) December 22, 2022
También recibió mensajes de apoyo de gobernadores peronistas. Con algunos de ellos, los unen los negocios. Guillermo Raed es un empresario de gaseosas que además es presidente del Club Mitre de Santiago del Estero. Su firma fue sponsor durante años de Barracas Central, el equipo que presidió Tapia desde 2001 hasta 2020. A través de Raed, la AFA forjó un vínculo muy fuerte con el gobernador santiagueño, Gerardo Zamora, que se coronó con la construcción de un moderno estadio en la provincia. Fue clave en ese entramado Pablo Toviggino, mano derecha de Tapia en la AFA, pero también de Zamora.
Una relación similar cosechó con el gobernador sanjuanino Sergio Uñac, aunque con una salvedad: Tapia nació en esa provincia y eso le pesa. Impulsó la construcción de un estadio de primer nivel y ayudó llevando partidos de categoría, como la final de la Liga Profesional de Fútbol, que se llamó Copa Diego Maradona, y el clásico sudamericano con Brasil, por las eliminatorias mundialistas a Qatar. Tapia fue uno de los que convenció a Messi de jugar en el interior y alternar la localía en el estadio de River, en Buenos Aires. Negocios son negocios.
Nicolás Balinotti,LA NACION,Política
POLITICA
Sin la anestesia mundialista, aflora la crisis del conurbano y Milei necesita reconectar con lo popular

Javier Milei reaccionó hace 24 horas a la campaña anti-Argentina que se venía propalando en redes sociales desde que la Selección perdió la final, motorizada por personalidades de distintas latitudes. Lo hizo en las redes sociales, su foro, sin escalar la cuestión a un pronunciamiento público o al ámbito diplomático. En Instagram —una red menos politizada y más transversal—, el Presidente subió una publicación que produjo con escasa sofisticación un grupo de influencers (que hoy comparten un chat de WhatsApp) para que el jefe de Estado comparta contenido propio afín a su visión, sin caer en el permanente reposteo. “Ahora el mundo va a ver dónde puede llegar un país lleno de argentinos”, publicó. Algo así como “hacer a la Argentina grande otra vez”, pero solo con nativos.
En X, el Presidente eligió una frase que atribuyó a Winston Churchill. No fue una acción de comunicación premeditada —difícilmente un experto en la materia le hubiera aconsejado citar a un inglés—, sino una reacción personalísima de un jefe de Estado que se conecta al mundo a través de esa red social, su “diario de Yrigoyen”.
Allí, el Presidente se aferró a la narrativa que adjudicó el antiargentinismo a una movida “woke”, libreto promovido por Las Fuerzas del Cielo del “Gordo Dan” y compañía. Una reivindicación del famoso discurso de Davos que exalta el patriotismo y denuesta al globalismo. Eso se combinó con el proyecto de Agustín Romo para arancelar la universidad y la salud pública a los extranjeros. De paso, Milei también vinculó a la campaña anti-Argentina con el kirchnerismo. La unidad nacional por el Mundial se terminó: bienvenida la grieta de nuevo.
Milei tenía que recuperar, al menos en las redes, una narrativa para defender el país que gobierna. Su gestión había acumulado una serie de errores comunicacionales durante el Mundial que lo habían alejado del sentir nacional del hombre común.

Arrancó con el desapego de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, cuando habló de la causa Malvinas. Continuó con el término “país bananero” que eligió el vocero Adrian Ravier y que lo obligó a aclarar que no era eso lo que pensaba del país. Y culminó con la confusión general que generó el feriado fallido para festejar el segundo puesto. Sin asesoramiento, el Presidente se apresuró para hacer el anuncio sin conocer la voluntad de los jugadores.
Los intentos para que Diego Santilli fuera un interlocutor con Claudio “Chiqui” Tapia habían fracasado. Recién varias horas después de la final, un colaborador de Karina Milei consiguió tener precisiones del mandamás de AFA. Cuando se consulta por esos traspiés comunicacionales, la respuesta es la misma: que tanto Monteoliva como Ravier como Milei “se mandaron solos”.
Ahora, el Presidente busca aprovechar la estela de orgullo nacional que dejó el Mundial y que se exacerbó con una porción del planeta en nuestra contra. Lo necesita: terminado el certamen, que tuvo a los argentinos embriagados de fútbol y gloria, se presenta la realidad material. Volvieron los piquetes al conurbano y las marchas de jubilados al Congreso. Se conoció que la actividad económica tuvo una recaída intermensual de medio punto en mayo y que, si bien hubo un crecimiento de 0,2% en el último año, hay serias caídas en actividades clave para los sectores medios y bajos, como el comercio (-4,3%) y la industria manufacturera (-5,6%).
Las buenas noticias de la macro chocan de frente con un dato, publicado por Infobae en base a datos del Indec: más de 10,5 millones de personas ganan menos de $1.500.000 por mes y no llegan a cubrir la canasta básica. El equipo económico no desconoce esa realidad, pero confía en el efecto derrame del modelo oficial. “Absolutamente somos conscientes de que tenemos que mejorar las condiciones”, dijo en las últimas horas el viceministro de Economía, Jose Luis Daza, aunque aseguró que “ya están los brotes verdes” para que la gente empiece a sentir las mejoras.
Con las fotos que muestran las encuestas hoy (Aresco, de Federico Aurelio, una de las preferidas de Milei, advierte que un 66% hoy valora negativamente la situación económica), no todos en el staff oficial dan por sentado que Javier Milei podrá perpetuarse con este modelo otros cuatro años. Los más optimistas se aferran a la idea de que los argentinos no quieren volver a la emisión descontrolada y a la inestabilidad. Pero otros están más preocupados. “Si estamos bien es porque hoy no hay nadie que capitalice el descontento. Cuando aparezca una alternativa, ahí empieza el baile”, dijo un importante colaborador oficial.
El conurbano y Pro, la clave
Con una economía a dos velocidades, la principal inquietud del staff oficial está en el conurbano bonaerense, donde la morosidad pasó a marcar el pulso de la vida cotidiana de muchas familias. Ya está definido que será Santilli quien dará la madre de todas las batallas. Hay quienes le aconsejan al “Colo” que juegue en Capital Federal, bajo el argumento de que jamás podrá ganar la provincia si Milei no renueva. Es más, a algunos les resulta difícil pensar en un triunfo bonaerense si el libertario no se impone en primera vuelta, salvo que Axel Kicillof opte por un desdoblamiento y cambie la ecuación. Pero el jefe de Gabinete, en la relación que construyó con Karina Milei, ya está jugado en la carrera por la provincia. “No hay chance de que el Colo vaya a la Ciudad”, se atajan muy cerca de la hermana presidencial.

En su anhelo por gobernar la provincia, Santilli tiene como socio indiscutido a Cristian Ritondo. Los dos políticos profesionales nacidos en el peronismo y madurados en Pro están cerca de cumplir 60 años. Y van por la hazaña. En ese plan, son los principales articuladores de un acuerdo macro entre LLA y Pro. El Colo desde adentro de la Casa Rosada, exacerbando los gestos de lealtad hacia Karina Milei. Ritondo, amasando voluntades desde afuera con un objetivo difícil: anudar todos los acuerdos juntos (a nivel nacional, en la provincia, en la Ciudad y en los distritos gobernados por Pro) sin dejar cabos sueltos. Es decir, incluyendo a Mauricio Macri.
Es que, mientras que en La Libertad Avanza (LLA) muchos creen que pueden prescindir del expresidente, algunos libertarios (que no lo dicen en voz alta) creen que Macri tiene capacidad de daño, principalmente si amaga con una candidatura propia (aunque nadie lo ve con ganas) o si desordena a la tropa amarilla. No se descarta que aquellos que más aceitan los vasos comunicantes promuevan algún encuentro de cúpula a mediados de agosto.
En la Ciudad, la discusión está más desordenada. Si bien en la gestión de Jorge Macri aseguran que hay un único Pro, algunos amarillos aseguran que a Mauricio no le gustó que su primo se haya lanzado a la reelección. Dicen que podría promocionar a otro candidato, como Fernando De Andreis. Casi nadie pone en duda que se terminará en un esquema de coparticipación del poder, con Pilar Ramírez —mano derecha de Karina— como potencial candidata a vicejefa de gobierno porteño.
Santilli, Ritondo, Ramírez, De Andreis son algunos de los que dialogan informalmente mientras Karina Milei y Macri estiran los tiempos para subir el precio de sus espacios hasta que llegue el momento de la definición.
En el Gobierno amagan con reeditar el estilo de la imposición política que exhibieron en 2025. Pero son muchos los que comprenden que, si no habrá un plan platita que aliviane a los bolsillos, en lo político no sobra nada. Solo así se explica que se haya firmado un convenio con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, para el traspaso de una ruta nacional a la órbita provincial. Es un convenio Nación-provincia inédito para esta gestión. Del acto participó la mismísima Karina Milei.

Los Milei quieren evaluar a los gobernadores por el nivel de apoyo que brinden para aprobar las reformas impulsadas por la Casa Rosada en el Congreso. A Javier lo obsesiona el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (que anunciará cuando regrese de su gira por Perú). Y la mesa política, aunque lo disimule con otras prioridades, necesita como el agua que se suspendan las PASO en 2027 (de la eliminación ya casi nadie habla).
Las guerras frías
El clima amistoso que dejó el Mundial arroja escenas curiosas como la del martes en la reunión de mesa política. Antes del encuentro, todos estuvieron de acuerdo en hacer una foto de equipo en los sillones en uno de los despachos de la planta baja de la Casa Rosada. Santiago Caputo se sentó en el medio de Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem. Una imagen con altas dosis de desfachatez, si se tiene en cuenta la interna que mantiene el asesor presidencial con la hermana del Jefe de Estado. “Santiago está en su momento de mayor cinismo”, se rió uno de sus laderos.
El enfrentamiento entre Caputo y Karina entró en una fase de “guerra fría”. Uno de los miembros de la mesa política contó que, cuando están juntos, sobreactúan gentilezas cruzadas. “Ella le da pie a Santiago para que opine de los temas. Él dice seguido que Karina tiene razón. Están interactuando responsablemente”, dijo un testigo del encuentro del martes.
Las zancadillas, al menos, son mucho más sofisticadas. El traspaso del área de telecomunicaciones (Arsat, Correo Argentino y Enacom) a la órbita del vicejefe de Interior, Gustavo Coria, fue algo dialogado entre Caputo y Santilli. Detrás estuvo la mano invisible de Karina: cerca de la hermana presidencial aseguran que ella quiso ordenar un área en donde vio asuntos turbios después de la detención de Facundo Leal, el ex titular de Arsat arrestado en el penal de Ezeiza luego de que se encontraran 2,4 millones de dólares en efectivo y drogas en su domicilio.
“Ella no va a ir por lo grande que tiene Santiago. Pero quiso reordenar esa área que tenía problemas”, dijo un colaborador del karinismo. Es decir, en la puja de poder, no se espera que la hermana de Milei le imprima golpes sorpresivos a Caputo como ocurrió con el Ministerio de Justicia, pero sí podría darse un proceso de desgajamiento sutil de algunas áreas muy particulares que responden al consultor sin cargo.
El secretario de Ciencia y Tecnología, Darío Genua -que era quien controlaba el área de telecomunicaciones traspasada-, sigue en su cargo en los papeles. Pero todos anticipan su salida. El funcionario llegó por recomendación de Rodrigo Lugones, el jefe de Caputo en la consultora Move Group, radicado en España. Santilli no quiere su continuidad. El problema es quién elige al sucesor. La duda es si el jefe de Gabinete va a tener libertad de elección o se impondrá un nombre desde el karinismo.
La otra guerra de pesos pesados se da en el Senado, entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel. El principal asesor de la vice, Mario “Pato” Russo, fue denunciado en Comodoro Py por un colaborador de la titular del bloque de LLA, Cristian Larsen, que dijo que el ladero de Villarruel amenazó con “tirarlo por la ventana”. En las últimas horas, las dos mujeres se encontraron para encauzar una mínima convivencia.

Además de los proyectos económicos y la reforma electoral, el Gobierno planea enviar otro paquete de proyectos de desregulación con el sello del ministro del área, Federico Sturzenegger. Llama la atención que se insista con esa agenda si se tiene en cuenta que Bullrich no logró juntar los votos para el Proyecto de Ley de Propiedad Privada. Más aún si, como dicen en el Senado, el proyecto se empantanó por la resistencia de Sturzenegger a hacer concesiones en el capítulo sobre tierras.
No fue la única vez que el “coloso” metió sus garras de halcón desregulador: el Gobierno debió emitir un decreto para emparchar la reforma laboral y mejorar el cálculo de los aportes solidarios a los gremios porque, al momento de la reglamentación, se decretó que la base de cálculo sería solo el salario básico y no la remuneración completa con las sumas normales, habituales y mensuales. Ese detalle desfinanciaba fuertemente las cajas sindicales. Finalmente, el Gobierno cedió ante la CGT. Además de amigarse con la casta política y judicial, la gestión de Milei le hace gestos a la casta sindical.
Cuentan en el Senado que Villarruel ya se mandó a hacer un cuadro con la foto de Giovani Lo Celso, Cristian “Cuti” Romero, y Lisandro Martínez levantando la bandera de Malvinas en el estadio Mercedes Benz, de Atlanta. A diferencia de Milei, la vice no muestra fisuras en su agenda.
South America / Central America,Government / Politics,Elections / Voting,LA PLATA
POLITICA
El fiscal Julio Strassera: las mil batallas del héroe sin bronce

Cargó sobre sus hombros el juicio más importante de la historia argentina, pero además enfrentó a Carlos Menem tras los indultos y acusó a los Kirchner de ladrones; “Argentina, 1985″, película ganadora de un Globo de Oro, está centrada en su figura
12‘minutos de lectura
Julio César Strassera emprendió su último viaje, el domingo 8 de febrero de 2015, sin saber que el lunes comenzaría a morir. Un amigo, Julio Elichiribehety, lo había pasado a buscar por Buenos Aires para llevarlo a Tandil, y al llegar a la estación del Automóvil Club Argentino (ACA) en Gorchs, sobre la ruta 3, pararon a cargar combustible y tomar un café. Entonces se les acercó un matrimonio; luego, otro. Le estrecharon la mano y le dieron las gracias. “Héroe”, lo llamó uno de ellos. El calló.
“Le resultaba extraño que lo saludaran”, rememora Elichiribehety para . “Recuerdo que al subir al auto me dijo: ‘Yo hice lo que debía hacer’. Cerró la puerta y seguimos viaje a Tandil”. Restaban semanas para que se cumplieran 30 años del inicio de las audiencias públicas del Juicio a las Juntas, que el fiscal cerró con el alegato en el que afirmó que renunciaba “a toda pretensión de originalidad” y reclamó fijar un “Nunca más” a la barbarie; 30 años que fueron de más batallas que bronce para el fiscal que había cargado sobre sus hombros el juicio más importante de la historia argentina.
Intenso, discutidor, vehemente, melancólico, educado, porteñísimo, ético son solo algunos de los calificativos que invocaron sus amigos, compañeros de trabajo y familiares ante la consulta de . “Y bravísimo”, dice su hijo Julián, entre risas. “Fue un cabrón tremendo”.
“He sido siempre un tipo de bastante mal genio”, admitió Strassera en una entrevista con Pepe Eliaschev para el libro Los hombres del juicio, en 2011. Contaba entonces que fue radical desde la adolescencia y que jamás había cambiado el voto. “Cuando cayó Perón en 1955 realmente me puse muy contento. No me molestaba que, por antiperonista, me llamaran gorila, de ninguna manera”. Strassera le dijo a Eliaschev que si en 1983 hubiera ganado el PJ, jamás se hubiera juzgado a las Juntas. En 2007, en una entrevista que integra los archivos de Memoria Abierta afirmó incluso: “Yo creo que Perón era un dictador. Es lo mismo que [Hugo] Chávez. Mi hermano, por estar en una manifestación radical, fue 30 días preso a Devoto”.
Con Luis Moreno Ocampo, su adjunto en el juicio, también debatió mucho. “No éramos amigos y discutimos varias veces, pero fue un héroe y la película [”Argentina, 1985″] muestra dos discusiones que quiero aclarar”, precisa Moreno Ocampo, desde California. “Una porque fue peor: su bronca porque accedí a darle una entrevista a [Bernardo] Neustadt le duró años. La otra, porque no existió: nunca le reproché a Julio lo que había hecho o dejado de hacer durante la dictadura”.
Strassera entró a la Justicia como “pinche”, fue ascendiendo y cuando fue el golpe militar de 1976 era secretario en un juzgado. Después lo nombraron fiscal federal de primera instancia; por eso, Néstor Kirchner lo acusó de ser un fiscal de la dictadura. “Hay agravios que hay que agradecer”, contestó irónico Strassera, que decía que los Kirchner eran “ladrones”, que “se quisieron apropiar de los derechos humanos”, que jamás firmaron un habeas corpus como abogados y que en los 70 solo se dedicaron a “hacer plata” en el Sur. Sostuvo incluso que no creía que Cristina Kirchner fuera realmente abogada y que cometía el delito de “usurpación de título”, acusación de la que fue sobreseída en 2016 por el juez Claudio Bonadio.
Strassera, el fiscal que exhibió las atrocidades de la dictadura y logró la condena de los comandantes, había jurado por los estatutos de la junta militar. Ese juramento -relató- lo vivió como una “rutina tonta” que hicieron todos en Tribunales y que no le provocó “el más mínimo conflicto personal”. Para Jorge Anzorreguy, que era juez de instrucción cuando fue el golpe y la dictadura lo dejó cesante, no era así. “No era una formalidad. Nadie te obligaba a permanecer en el cargo y si jurabas, te comprometías a aceptar las nuevas reglas”, dijo. Strassera disentía: “¿Qué tenía que hacer yo cuando fue el golpe? ¿Ir a la plaza y quemarme a lo bonzo? Yo seguí haciendo mi carrera. Lo que no fui es funcional a la dictadura”, afirmó en la entrevista que integra el archivo de Memoria Abierta. Contó que fue después de que se negó a demorar un habeas corpus que lo ascendieron de fiscal federal a juez del fuero ordinario. “Para sacarme del medio, me mandaron a condenar ladrones de gallinas.”
Jorge Aníbal Michelli, uno de sus secretarios cuando Strassera tuvo a su cargo el juzgado en lo Criminal de Sentencia Letra “Q”, cuenta que siempre mantuvo la misma línea. “Como juez, Julio recibió un hábeas corpus, creo que por un referente del sindicato de maestros, le hizo lugar y no solo eso: denunció a los funcionarios de la dictadura”.
Michelli recuerda además las maledicencias que su entonces jefe debió afrontar. “Salíamos a comer a Pippo y como era diabético, a veces se descompensaba y tenía mareos, por lo que tenía que buscar un kiosco cuando volvíamos a tribunales y tomarse una Coca Cola. Por eso, algunos decían que estaba borracho, lo que era absolutamente falso e injusto”.
Michelli trabajó poco a las órdenes de Strassera. Como secretario lo sustituyó Eduardo Casal, el actual procurador general de la Nación. Y cuando Strassera pasó del juzgado a la fiscalía ante la Cámara Federal, su reemplazante fue Carmen Argibay, quien con los años sería ministra de la Corte Suprema.
Fueron tiempos de billetera flaca. “Teníamos un Renault 12, verde metalizado, en el que no andaba nada”, recuerda su hijo Julián. “No tenía antena para escuchar la radio, no funcionaba la calefacción y el viejo iba para todos lados con la ventanilla abierta por el cigarrillo. ¡Un frío! Y si te quejabas, ¡agarrate!”.

Strassera fumaba dos paquetes diarios, ya fueran Winston o Camel, sin filtro, aunque a veces armaba sus propios cigarrillos. “Un día le tomó una audiencia a un violador serial y el preso lo empezó a bardear –recuerda Michelli-. Le decía que cómo podía ser que un juez no tuviera dinero para comprarse cigarrillos. Yo estaba en el otro despacho, entra Julio y me dice: ‘Michelli, venga conmigo, porque si me quedo solo, lo mato”.
Ese temperamento, creen quienes lo conocieron, resultó determinante en su momento culmine laboral. Nacido en 1932, tenía 52 años cuando comenzó el juicio. “Y se comió la cancha”, resume uno de los jueces, Ricardo Gil Lavedra. “Encaró las audiencias con un gran histrionismo, capaz de provocar a las defensas, de desafiarnos a los miembros del tribunal y comunicar con claridad. Fue impresionante”.
Como fiscal de Cámara ganaba el equivalente a 400 dólares por mes. “Tiempo después, cuando viajó a Italia a recibir un premio y el chofer que le pusieron en Roma cobraba 1000 dólares”, recuerda Julián. “El chofer no podía creerlo”.
Strassera dejó la fiscalía en 1986, cuando Raúl Alfonsín lo nombró embajador ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU), en Ginebra. El país afrontaba turbulencias que amenazaban con derrumbar la democracia, con los alzamientos carapintadas en primera fila. El judicial devenido diplomático impulsó una agenda para fortalecer al país, pero dejó el cargo cuando Carlos Menem firmó los primeros indultos. Fueron, para Strassera, “una verdadera inmoralidad”.
Renunció así a ganar US$10.000 por mes y a la posibilidad de ahorrar por primera vez en su vida. Pasó a comerse los ahorros. “Fue una época brava”, sintetiza su hijo. Tiempos en que ya no volvió a la fiscalía porque había renunciado, a diferencia de tantos otros que hoy piden licencia en sus cargos. Se las “rebuscó” con un “puestito de asesor en el Congreso” que le dio un diputado radical y volvió a fatigar los pasillos de los tribunales, pero como abogado de la matrícula. A los 60 años, se inscribió ante la AFIP y se asoció a uno de los jóvenes que había trabajado en la fiscalía durante el Juicio a las Juntas, Nicolás Corradini, y este convocó a Santiago Felgueras. Patrocinaron a detenidos durante la dictadura y a familiares de desaparecidos, y poco a poco comenzó a consolidarse, aunque el colapso argentino de fines de 2001 lo afectó como a millones más.
La crisis institucional lo llevó, sin embargo, a tomar una decisión que sorprendió a muchos, incluido su hijo. “Yo militaba en el radicalismo y lo pinchaba para que se afiliara, pero no me daba bola. Hasta que cayó [Fernando] de la Rúa y lo hizo”. Elichiribehety, su amigo de Tandil, cree que esa acción dice mucho sobre Strassera. “Cuando muchos se alejaron del partido, él se afilió. Nunca fue un militante de comité, pero fue su forma de decir: ‘Aquí estoy”.
Nunca se alejó, tampoco, de la ópera, otra de sus pasiones. Era concurrente asiduo al Teatro Colón, al que llegó por un amigo cuando todavía no trabajaba enfrente, en el Palacio de Tribunales. “Fue ‘culpa’ de un compañero de colegio, Roberto Oswald, que fue escenógrafo y director de escena del Colón”, detalla Julián.
Strassera nació en Comodoro Rivadavia porque a su padre lo había enviado allí YPF. Volvieron cuando tenía cuatro años y en sexto grado entró pupilo al colegio San José, de curas bayoseses franceses que él describía como muy liberales y a quienes siempre les guardó gran cariño pese a declararse agnóstico. El colegio lo terminó en el turno noche del Sarmiento de la calle Libertad y empezó a estudiar Derecho pasados los 25 años.

Strassera se casó y se divorció muy joven, antes de conocer a quien sería la madre de sus dos hijos. “Adoraba a su mujer, al punto de decirte: ‘la Tana me salvó la vida”, recuerda Michelli. “La Tana” era María Luisa Tobar, “Marisa”, quien falleció en junio, a los 86 años. “La figura de mi vieja es clave en la historia de mi viejo”, confirma Julián. “Él y ella caminaron codo a codo, con firmes principios éticos”. Otro amor le destrozó el corazón. Su hija, Carolina, murió en Lausana, Suiza, donde había formado una familia y había tenido dos hijos, y significó un golpe brutal del que jamás terminó de recuperarse.
Después del Juicio a las Juntas, una de las defensas que asumió Strassera fue la del entonces jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, tras la tragedia de Cromañón, que el 30 de diciembre de 2004 sesgó la vida de 194 personas. La tormenta era doble, con un juicio político, por el que Ibarra fue destituido en 2006, y una causa penal, en la que terminó sobreseído. Strassera asumió con una condición: jamás le cobró un centavo a Ibarra, y lo hizo a pesar de los planteos de su propia familia, que le imploró que no lo defendiera. “Lo voy a hacer. Lo que le están haciendo no es justo”, replicó él.

Y así lo hizo, a pesar de su rechazo total por el kirchnerismo, al que Ibarra, venido del Frepaso, se había acercado por esos años.
“Me estoy peleando mucho”
“La última vez que nos vimos, me dijo una frase que me quedó. Volvíamos de comer en Edelweiss y lo llevé en mi auto hasta su casa”, cuenta Moreno Ocampo de Strassera.
-Me estoy peleando mucho-, le confió, cuando el restaurante de la calle Libertad al 400 ya había quedado atrás.
-Pero si vos siempre te peleaste mucho.
-Pero ahora me peleó conmigo mismo.
Con la perspectiva que dan los años, Moreno Ocampo se formó una idea sobre su viejo jefe: “Era un tipo normal que se convirtió en héroe y que después mantuvo su condición de héroe hasta el final de sus días, aunque eso a él lo incomodara”.
Durante los últimos siete años de su vida, Strassera viajó de manera recurrente a Tandil. Llevaba ya muchos años jubilado y había dejado atrás el Renault 12. Se había comprado un Toyota Corolla, modelo 2007, pero prefería que otro condujera cuando encaraba distancias largas. Elichiribehety lo pasaba a buscar por su departamento de Gellly Obes al 2200, se acomodaba junto a Marisa y partían por unos días hacia las sierras bonaerenses. Picadas, asado, “café y discusiones”, precisa Elichiribehety, era su plan.
También café, mucho café. “Le encantaba el café molido. Podías discutir a los gritos con él y después, cuando consideraba que la discusión había terminado, te decía -rememora Julián, mientras carraspea y lleva su voz a otro tono, casual y ligero-: Un cafecito, ¿te tomás?”

El principio del fin llegó el lunes de 9 de febrero de 2015, mientras cenaban en el restaurante Tierra de Azafranes, de Tandil. La esposa de Elichiribehety, Virginia Ramírez, percibió que algo andaba mal. Él no quiso ir a la clínica. Un día después, el médico Fernando Funaro ordenó su internación inmediata. Strassera murió el 27.
Su final sacudió, un poco, la modorra de muchos. El gobierno de Cristina Kirchner decretó dos días de duelo y funcionarios de distintas jurisdicciones ofrecieron a la familia edificios públicos para velarlo. La “Tana” zanjó el debate. “Nosotros nacimos como gente sencilla, vivimos como gente sencilla y morimos como gente sencilla”, dijo. Y así fue. Lo velaron como vivió.
Marisa comenzó entonces a regalar objetos de su marido. Funaro, por ejemplo, recibió la lapicera con que Strassera firmó el alegato y el comité radical de Tandil, la máquina de escribir que utilizó para redactarlo. Pese a eso, en su escritorio del quinto piso de la calle Gelly Obes perduran muchas de sus cosas: libros, muebles, algunas imágenes sacras y una foto con Alfonsín. “Era el único tipo que lo ‘podía”, remarca Julián. “Sentía una admiración inmensa”.
En la imagen se los ve juntos, sonrientes. Se estrechan las manos, mirándose a los ojos, mientras Alfonsín lo agarra con la izquierda a Strassera del antebrazo derecho. La reunión es tres años posterior a la que aparece en “Argentina, 1985″, que requiere una aclaración adicional: esa reunión no la buscó el Presidente, sino el fiscal porque le habían hecho llegar mensajes inquietantes del gobierno. Alfonsín le dijo que no era cierto que pretendiera darle instrucciones y que solo le haría un pedido.
-No se vuelva loco, doctor Strassera.
Hugo Alconada Mon,Paz Rodríguez Niell,LA NACION,Política
POLITICA3 días agoSin la Copa y sin Messi en el avión, vuelve Tapia y deberá enfrentar tres frentes de tormenta tras la pausa del Mundial
DEPORTE1 día agoEscándalo Mundial: Las presiones secretas, la amenaza de la FIFA por Malvinas y la verdad detrás del partido contra España
CHIMENTOS2 días agoSamuel L. Jackson llamó a Argentina “el país más racista del mundo”: la contundente respuesta que le dejó Bárbara Lombardo














