ECONOMIA
Un dato clave de la balanza comercial anticipa que la industria nacional seguirá estancada

El difícil panorama de la industria manufacturera, que viene recortando su nivel de producción un 5,6% interanual según el último dato EMAE correspondiente a mayo, podría mantenerse e incluso agravarse, a juzgar por los datos de la importación de maquinaria.
Es el «lado oscuro» de la euforia que vive el Gobierno ante el saldo comercial récord: el holgado flujo de dólares no sólo se explica por el boom exportador del agro y el petróleo, sino también por el desplome en la importación. Y este punto es algo que los economistas suelen asociar con la recesión.
Es así que en junio se volvió a constatar una caída en la compra de bienes de capital y de piezas y accesorios. En el primer caso, la merma interanual fue de 8%, y en el segundo, de 9,4%.
Es, a esta altura, la tónica del año, en coincidencia con un bajo uso de la capacidad instalada en las fábricas -un 58% de promedio, con casos particularmente graves como la rama metalmecánica con 38%, la del plástico con 39% y la textil con 42%-.
Y las señales no son alentadoras. De hecho, relevamientos de economistas independientes, como la fundación FIEL, anticiparon que la producción industrial de junio volvió a caer un 1,7% respecto del mes previo. Los números rojos se dan en casi todas las ramas industriales, a excepción de la petrolera, la de metales básicos y la alimenticia.
La industria no compra insumos y anticipan que seguirá estancada
Tras el EMAE de mayo, muchos economistas siguen revisando a la baja los pronósticos de crecimiento de la economía. La última encuesta REM del Banco Central marcó expectativas de 3% de crecimiento, contra un 3,5% que se estimaba en diciembre. También el Fondo Monetario Internacional corrigió su previsión a la baja, desde un 4% a un 3%.
Y, no por casualidad, estas previsiones van en línea con una expectativa de caída de las importaciones: mientras a inicio de año los economistas preveían que el país compraría mercadería por u$s80.700 millones, ahora se espera que lo que pase por la Aduana no supere los u$s76.400 millones.
Pero la situación es peor de lo que muestran los números, porque mientras la importación de insumos para la industria sigue estancada, la única parte que se muestra dinámica es la de automóviles y productos de consumo final, que ya representan más del 20% del total importado en el año. Es por eso que ocurre el contraste entre las noticias sobre el desplome importador, al tiempo que se baten récords de compras «puerta a puerta» por servicios online como Shein o Temu.
En las últimas estadísticas de comercio exterior, hubo situaciones estacionales que «inflaron» las cifras de importación. En particular, el frío invernal hizo que fuera necesario importar combustibles, como el gas licuado de petróleo, por u$s794 millones. Pero, a diferencia de lo que ocurría hasta hace pocos años, cuando el país todavía era un importador neto de energía, ahora esa compra no es la norma sino la excepción.
Hablando en números, si no fuera por esa compra no habitual de gas, el saldo comercial de junio se habría ubicado cerca de los u$s3.000 millones, y las importaciones totales del mes no habrían superado los u$s6.000 millones.
Importación en el tobogán
Si bien un amplio superávit comercial tiene, a primera vista, una connotación positiva -dado que ayuda a equilibrar la cuenta corriente y ahuyenta el temor a un default de la deuda-, también deja en evidencia la nueva realidad de una economía con sectores ganadores y perdedores.
Una regla generalmente aceptada por los economistas es que, en Argentina, para que el PBI crezca un punto, se necesita que las importaciones suban 3%, dada la dependencia del sector industrial y del agro por insumos y maquinaria importada.
Tomando en cuenta ese dato, los indicadores estarían marcando una situación preocupante: los u$s35.531 millones que se importaron durante el primer semestre del año implican una caída de 4% respecto del año pasado.
Al comienzo, la explicación que se daba para explicar esa caída era que, como en los meses previos a la elección legislativa de octubre se había generado una expectativa devaluatoria, se habían concretado importaciones «por las dudas» cuyo objetivo era acumular stock aprovechando un tipo de cambio que se percibía bajo.
Sin embargo, ese argumento, que era entendible en el momento inmediatamente posterior a la elección, ya va perdiendo fuerza nueve meses después de realizada la elección. Tanto que los economistas creen que el bajón importador no es un accidente sino una tendencia estable en la economía.
A esta altura, la mayoría de las consultoras atribuyen el rezago industrial a un problema de caída en el consumo, más que a dificultades de competitividad.
¿Adiós restricción externa?
A diferencia de lo ocurrido en otras crisis de la industria, ahora no hay restricciones en el acceso a las divisas. Aunque claro, sigue vigente el debate sobre el atraso cambiario: después de todo, el tipo de cambio apenas subió un 2% en el primer semestre, mientras que la inflación acumulada en el período fue de 16,8%.
Pero el gobierno se defiende con el argumento de que ya no puede hablarse de atraso cambiario y que, precisamente, el boom exportador es la principal prueba en ese sentido. En realidad, la discusión es más de fondo, porque para el gobierno y sus economistas afines, se está produciendo un cambio de modelo, en el cual ya no rige el clásico problema de la «restricción externa».
La clave de ese cambio es Vaca Muerta, con su boom productivo que, según la proyección de Toto Caputo, hace que en pocos años el petróleo y el gas le disputen al campo el liderazgo de las exportaciones.
De esta manera, los economistas empiezan a ver algo inusual: pese a que haya ramas de la industria que sufran por problemas de competitividad, ya eso no es el sinónimo de déficit en la cuenta corriente ni de inestabilidad en el tipo de cambio. Por consiguiente, hay predicciones en el sentido de que ya no se producirán los tradicionales ciclos del «stop and go», que justificaban los planteos de regulaciones cambiarias, cuya máxima expresión se produjo en el «cepo» de la era kirchnerista.
En definitiva, el nuevo panorama hace que un dólar de $1.490 no implique una presión en el que todos los importadores salgan corriendo a acumular stock por temor a una devaluación inminente.
Es una situación que tiene un costado positivo -se atenúa el temor a las corridas cambiarias- pero también trae nuevos temores. Por ejemplo, que se instale la llamada «enfermedad holandesa», como denominan los economistas a la situación en que se da un equilibrio de tipo de cambio bajo, que no permite competir a la industria y genera alto desempleo.
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ECONOMIA
¿La economía corre riesgo de caer en “recesión técnica”?: qué dicen los analistas y las medidas del Gobierno para evitarlo

Se considera que una economía entra en recesión técnica cuando encadena dos trimestres consecutivos de caída del PBI desestacionalizado
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El fenómeno del serrucho no solo continúa, sino que complica el panorama del tercer trimestre y “se incrementa el riesgo de recesión ‘técnica’ (Carrera)

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Caputo apuesta a que la Red Federal de Concesiones, mediante la cual la gestión de 9.000 kilómetros de rutas nacionales pasó a manos privadas, revitalice el sector constructor
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ECONOMIA
Baja de impuestos: qué margen tiene el Gobierno para seguir con las reducciones en 2027, según el Presupuesto

Cualquier disminución adicional de recursos puede convivir con el equilibrio fiscal si se compensa, por ejemplo, con menores gastos o mayores ingresos por otras vías

Entre 2024 y 2026 las medidas que redujeron la recaudación acumularon un costo de 4,5% del PBI, mientras que aquellas que incrementaron los ingresos tributarios aportaron 1,5% del PBI (Argañaraz)

No hay espacio en este Presupuesto para bajar de manera significativa impuestos (Kalos)
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ECONOMIA
Los inversores ven una oportunidad de compra en los bonos argentinos a pesar de la tensión electoral, según Bloomberg

Los bonos argentinos, con rendimientos de dos dígitos, están atrayendo a inversores dispuestos a mirar más allá de la caída de la popularidad del presidente Javier Milei y los temores electorales de cara a los comicios de fines del próximo año.
Vontobel y Schroders han aumentado su exposición a Argentina, mientras que el fondo de cobertura londinense ProMeritum Investment Management aprovechó la ola de ventas para tomar posiciones en deuda soberana del país, la de peor desempeño entre los mercados emergentes este trimestre. Estrategas de Morgan Stanley han recomendado aumentar posiciones en bonos en dólares de vencimientos largos, al considerar que rendimientos cercanos al 10% son “demasiado baratos” como para dejarlos pasar, pese a las preocupaciones sobre la agenda del presidente libertario.
“Es demasiado pronto para empezar a operar en función de la elección”, dijo Thomas Haugaard, gestor de cartera de Janus Henderson Investors en Copenhague. “Tiendo a ver esto más que nada como una oportunidad de compra”.
Temor electoral empuja los rendimientos
Pese a los bajos índices de aprobación de Milei, el ancla fiscal de Argentina se mantiene intacta, las reservas de divisas están aumentando y el peronismo sigue muy fragmentado, según Haugaard. Esos factores deberían limitar nuevas pérdidas y no apuntan necesariamente al tipo de giro político que los mercados están empezando a temer, dijo.
Fernando Gimenez, economista senior y estratega de ProMeritum, dijo que la firma no tenía exposición al crédito argentino a comienzos de agosto, pero empezó a comprar tras la ola de ventas.
Aunque es probable que la volatilidad política persista hasta las elecciones de 2027, “los niveles del mercado me parecen un punto de entrada muy atractivo en comparación con otras alternativas de crédito de mercados emergentes”, dijo Gimenez.
Nerviosismo anticipado
Los inversores están viendo señales tempranas de que el intento de Milei de reactivar la economía argentina mediante una terapia de shock está perdiendo impulso. Los analistas han estado recortando sus previsiones de crecimiento, el mercado laboral sigue débil y encuestas recientes muestran que la popularidad del Presidente ronda sus niveles más bajos desde que asumió.
La presión política también está poniendo a prueba los planes más amplios de reforma de la administración. El mes pasado, legisladores diluyeron un proyecto para flexibilizar los límites a la propiedad de tierras por parte de extranjeros ante una fuerte oposición. Más tarde, Milei se vio obligado a abandonar otra sección clave de la ley antes de su aprobación, lo que desató una ola de ventas de bonos argentinos.

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Los títulos volvieron a bajar esta semana tras un reporte de que el Congreso argentino no respaldaría el acuerdo comercial bilateral de Milei con Estados Unidos. Milei restó importancia a las preocupaciones sobre el crecimiento y sus perspectivas electorales. En una entrevista el jueves con John Micklethwait, editor jefe de Bloomberg News, dijo que los indicadores económicos no reflejan la transformación estructural del país, especialmente en petróleo y gas. Agregó que su gobierno ha creado más de medio millón de empleos, muchos de los cuales, según dijo, no se contabilizan porque son informales.
Los bonos argentinos en dólares han caído más del 6% desde fines de julio, el peor desempeño entre los mercados emergentes. Algunos inversores dicen que la ola de ventas ha sido impulsada en parte por inversores locales, que tenían casi un cuarto de los bonos en dólares en circulación durante el primer trimestre del año, según estimaciones de la corredora argentina Portfolio Personal Inversiones.
Ese nivel de concentración “afectará los factores técnicos del mercado”, dijo Jared Lou, gestor de cartera de William Blair en Nueva York.
El atractivo persiste
La ola de ventas ha hecho que la deuda resulte cada vez más atractiva frente a la de otros mercados emergentes para inversores como Alexander Robey.
“Nos siguen gustando los bonos soberanos argentinos”, dijo Robey, gestor de cartera de Allianz Global Investors. “Son muy atractivos a este nivel de valoración en comparación con otros como los de Ecuador o Nigeria. Se obtiene una prima de spread muy significativa”.
Mientras tanto, JPMorgan Chase & Co. y Barclays Plc han reafirmado sus recomendaciones de sobreponderar la deuda argentina. Barclays calificó a Argentina como “una de las propuestas de valor más atractivas” entre los créditos de alto rendimiento de los mercados emergentes.
Fernando Grisales, gestor senior de deuda de mercados emergentes de Schroders, comenzó a aumentar su posición a medida que los bonos caían. Señaló indicios de que las cifras de Milei en las encuestas se están estabilizando y considera que la inversión en el sector petrolero del país, impulsada por la formación de shale Vaca Muerta, es una tendencia de más largo plazo que probablemente persistirá.
“Los bonos han ajustado sus precios, las cifras de Milei en las encuestas se están estabilizando, el Banco Central sigue acumulando reservas y la inversión en el sector petrolero es real, y seguirá siéndolo durante años, ya sea con Milei o con cualquier otro presidente”, dijo Grisales.
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