CHIMENTOS
Agustina Cherri en “Lo de Pampita”: “Vivo en la casa que me compré a los 15 años”

Agustina Cherri, reconocida actriz argentina, pausó su carrera actoral y se volvió emprendedora: lanzó en noviembre de 2025 su propia marca de productos para el cuidado de la piel, MUNDÍA. Esta expansión al mundo emprendedor marca una nueva etapa en la carrera de Cherri, cuyas raíces artísticas se remontan a finales de los años ochenta y cuya influencia se ha extendido a través de emblemáticas telenovelas.
Uno de los hitos más tempranos y destacados en la trayectoria de Agustina Cherri fue su reconocimiento como Mejor actriz infantil en los premios Martín Fierro de 1997.
La distinción llegó tras su interpretación de Mili en la telenovela Chiquititas, que inició en 1995. Según los datos publicados, la popularidad de la serie se reflejó en su retransmisión en diversos países de América Latina, así como en Estados Unidos e Israel, lo que posicionó a Cherri como una figura con proyección internacional desde su adolescencia.
Ese éxito se consolidó cuando la actriz obtuvo su primer papel protagónico con tan solo doce años, volviéndose punto de referencia para producciones juveniles argentinas en la década de 1990. Su participación en proyectos como Verano del ‘98, donde interpretó a Violeta, y en Cabecita en el año 2000, junto a Alejo Ortiz, amplió su consagración y alcance en televisión abierta y teatro.
Desde 2014, Agustina es pareja del músico Tomás Vera, con quien tiene dos hijos: Alba, nacida en 2019, y Bono, en 2023. Anteriormente, entre 2007 y 2014, mantuvo una relación con el actor Gastón Pauls, con quien tuvo a Muna en 2009 y Nilo en 2011.
Acá. los momentos más destacados de la charla:
El detrás de su pausa actoral: “Cuando se enfermó mi mamá, se me desestructuró la vida”
—Cuando mi mamá se enferma fue como que se me desestructuró la vida, como que se me cayó todo. Por primera vez en mi vida, dije “¿Y ahora qué hago?»
—¿Qué enfermedad estaba transitando?
—Cáncer de colon. Mi mamá es mi… columna vertebral. En todo sentido, desde muy chica, y hoy por hoy también, incluso con mis hijos. Yo había aceptado hacer una obra de teatro cuando mi hijo más chico tenía veinticinco días. Faltaban tres, cuatro meses para que terminara y mi mamá se enferma y yo estaba arriba del escenario haciendo la función y todo el tiempo se me cruzaba el pensamiento de decir: “¿Qué estoy haciendo acá? Yo no tengo que estar acá, me quiero ir, me quiero ir corriendo de acá“. Me agarraba como ataques de pánico arriba del escenario, me decía: ”¿Por qué hay algo que me está reteniendo acá arriba cuando en realidad no lo estoy disfrutando?» Y ahí fue cuando dije “me voy y no sé cuándo voy a volver”, pero con una tranquilidad y una paz. Me voy a cuidar a mi mamá.
—Cuando le dieron el diagnóstico, ¿estabas ahí?
—Sí, sí. Me lo dieron a mí porque yo la acompañé a hacer el estudio. Me sentí muy bien acompañándola, estando presente. Y hoy, ya con el diario del lunes, digo “ah, bueno, eso me sirvió para saber que puedo decir ”no”. Porque yo también estoy acostumbrada a eso de “si no lo hago yo, lo va a hacer otro y pierdo el lugar”; en cambio, puedo decir que “no” y no pasa nada. Y mi vida no va por ahí. Digo, la verdad es que mi carrera es extraordinaria. Viví, hice todo lo que quise hacer, me retiro. Y si cuando vuelvo no estoy en ese lugar es porque aproveché ese tiempo de no estar presente para hacer otra cosa. Yo estoy acá y estoy ahora y nunca voy a ser más joven que hoy. Entonces digo, ¿cómo puedo hacer para cuidarme y después no estar tratando de atajar cosas y decir “tengo que reparar lo que me dejé estar”? No, es frenar, hacer una pausa. Y estoy feliz con mi decisión, muy feliz. Y mi mamá está bien, que también es importante decirlo.
—Qué buena noticia.
—Sí, superó absolutamente toda la enfermedad.
“Bah, mi casa la compraron mis padres con el dinero que yo gané trabajando”
—Yo sigo viviendo en la misma casa que me compré cuando tenía quince años. ¡Bah, me compré!, me la compraron mis padres con mi dinero, lo que yo gané trabajando. Existía la posibilidad de comprar la casa y mi papá decía: “bueno, ¿qué hago con la plata de esta niña?» (Ríe). Y cuando yo cumplí dieciocho, me compré un departamento, viví en Cañitas como en la época más adolescente, y la casa siempre estuvo; como que quedaba ahí como inversión. Y después, cuando nació Muna, que yo quería volver, como estar cerca de mi mamá, ahí me mudé, y empecé a hacerle cosas. Volverla mía.
—Es de los pocos casos en los que esa inversión realmente se transformó en algo concreto, ¿no? Porque muchas veces, esas ganancias terminan diluyéndose.
—Sí, hay muchos casos que sí. Yo tuve la suerte de que no. Yo vivo tranquila, digo, tampoco puedo vivir toda la vida sin trabajar, pero digo, puedo darme el gusto de hacer otras cosas. En nuestra estructura familiar, no es que tengo que trabajar sí o sí. Era más la presión psicológica de perder el lugar… Vos, Carolina, desaparecés dos años. ¿Qué pasa?
—Yo no me animo al vacío.
—Eso fue lo que yo hice, decir: “bueno, me voy, me retiro a ver qué es lo que pasa, me reinvento”. Fue como una apuesta a decir: “me la juego”, ¿no? Como: “me quiero demostrar a mí misma que se puede”. Y también es como un ejemplo de decirle a mi hija, tipo, si un día no querés cantar más, ponele, no pasa nada. O sea, vas a poder hacer otra cosa.
—Yo lo conozco a Tomás en el casamiento de Marcela Kloosterboer, que es una amiga mía, y Tomás es amigo de Fer, el marido. Aparece Marcela, feliz, en pleno casamiento y nos ve charlando y se acerca y me dice a mí: “Él es muy buena madera”. Y a él le dice: “A ella la vas a amar y sus dos hijos te van a volver loco, son un espectáculo”. Yo, cuando dijo eso, imaginate…
—Fue como una bendición.
—No sé si era el momento de que esta información llegara a los oídos de este chico, pero fue así como desde el primer segundo.
—Tenía que tener un corazón muy grande, muy grande. Lo digo por experiencia, uno ya cuando trae hijos no es lo mismo.

—No. Tomás es un ser muy particular, que nada tiene que ver con el medio, que rápidamente entendió mi vida. Cuando digo “mi vida” hablo en la totalidad, porque tiene que ver con mi carrera, mi trabajo, que de repente estoy besándome con tres hombres en una novela, me voy todo el día de mi casa. Y también algo muy importante, que yo rescato, es que también entendió desde el momento uno la relación que yo tengo con Gastón (Pauls), que es muy particular. Me ayudó a que yo abrazara con más fuerza la relación hermosa que tengo con el papá de Muna y Milo.
—La gente se sorprende que haya buenas relaciones con las exparejas.
—Sí.
—Como que dan por sentado que o te odiás o te llevás mal y pareciera que lo otro es lo antinatural, cuando yo siento que es todo lo contrario.
—Sí, lo que pasa es que la verdad es que uno cuando empieza a visualizar para los costados, digo, bueno, sí, no pasa tanto.
—Lamentablemente.
—Yo lo que siento es que sí, me separé de Gastón como pareja, pero no como familia. Y cuando llegó Tomás lo que hicimos fue agrandar esa familia, porque hoy somos una gran familia y yo sé que cuento con Gastón para Alba y Bono, que no son sus hijos, como Gastón sabe perfectamente lo que Tomás significa para Muna y Milo, que hace doce años que conviven con él. Y hay un apoyo mutuo.
—¿Cómo fue acompañar a Gastón en los momentos oscuros?
—Yo no lo viví en ese momento como tal. Fue más como la bajada de saber que tenía que pedir ayuda, ¿viste? Entendí, además, que yo no podía hacer nada al respecto… y que no me correspondía, ¿no?
—¿Pero lo intentaste?
—Sí, la frustración de eso también te genera como decir: ¿pero qué hago? ¿Cómo lo ayudo? Como si yo pudiese hacer algo. Digo, todo el tiempo la necesidad de si yo voy a poder contener esto… Cuando bajás los brazos y decís “pará, no es por ahí”. Lo único que puedo hacer es protegerme yo, buscar ayuda. Hay profesionales que se dedican no solo a trabajar con las personas adictas, sino también con los familiares de las personas adictas. Y decir “ah, bueno, esta es la ayuda que yo necesito”. Cuando yo empecé a hacer ese cambio, y a poder transmitirle a él también esos conocimientos —que adquirí de un profesional—, todo se empezó como a acomodar. Igualmente, la recuperación de Gasti tiene que ver cien por cien con él y con su voluntad, que me saco el sombrero, porque hasta el día de hoy él trabaja…
—¡Qué orgullo!
—…todos los días por su recuperación, absolutamente. Muna y Milo saben perfectamente lo que sufrió el padre, cómo se recuperó y lo ven trabajar. Y a veces, mil veces, llamo por teléfono a Gastón, no me atiende, no me atiende y me contesta Muna: “Papá está en el grupo, mamá, por eso no te atiende”. Digo, es como…
—Muy bien.
—Sí, sí. Y no pasa nada.
—No pasa nada.
—Dejé de ser vegetariana con mi cuarto hijo, en el embarazo.
—¿Por, te dio ganas de volver a…?
—De comer carne, sí. Generó como un debate también.
—Es que vos eras como la abanderada de los vegetarianos.
—Sí, sí, fue raro, me sentía atacada. Incluso mi gente… era como (susurra): “¡Vas a comer carne! ¡Estás en un restaurante y van a ver que comés carne». Yo, la verdad, traté de vivirlo con naturalidad. A mí nadie me obligó a ser vegetariana. Digo, fue algo que yo sentí en un momento y que me acompañó durante casi diecisiete años.
—Ese primer día que probaste de vuelta, ¿cómo fue?
—Lo disfruté, pero creo que tiene que ver con eso, con vivirlo con naturalidad y sin la cabeza puesta en lo que estoy comiendo.
—Sin tanta presión. Es tu cuerpo, sos libre de hacer lo que quieras.
—Sí, aparte comí carne hasta antes de ser vegetariana. Tenía ganas de comer carne y como que lo relativicé. Yo no le di a mis hijos nada que yo no consumiera. O sea, no les daba carne, pero porque yo no cocinaba carne en mi casa. Nilo, mi hijo de catorce años, es vegetariano de nacimiento, de panza, de teta, de todo, y hoy por hoy sigue sosteniendo su vegetarianismo, igual que Muna.
—¿Y los dos más chiquitos?
—Los más chiquitos, bueno, el papá hace un asado y me ven a mí comer. Me dijeron: “¡Mamá, quiero comer!” y comieron. A Muna y a Nilo trato de transmitirles, “miren, hagan lo que quiern”.
—Y si el día de mañana quieren cambiar también es válido.
—Y no me tienen que dar explicaciones de por qué ahora. Pero sí, consumo carne, a veces más, a veces menos y ya está.
—Y listo, no pasa nada.
—Quizás dentro de unos años vuelvo a ser vegetariana, pero digo, nunca le di explicación al carnívoro cuando yo dejé de comer carne, tampoco le voy a dar explicaciones al vegetariano porque es algo que forma parte de mi vida. Pero bueno, el ojo siempre está.
“Cuando estás embarazada, están las que dicen ‘¡No me toquen’; nunca me pasó, tuve embarazos muy activos”
—¿Qué mujer soy en el sexo? ¡Ay, Carolina! Creo que he tenido distintos momentos en mi vida, ¿no? Viste que es típico, una está embarazada y están las que dicen “¡no me toquen!“. Nunca me ha pasado. Yo he tenido embarazos muy activos.
—¿Hasta el último día?
—Sí, no he tenido ningún tipo de problema. Pero después soy una persona muy, muy tranquila. No soy una loca, ni que le gusta hacer cosas tipo… No sé, tengo amigas que caen y te cuentan “no, porque me compré el disfraz” y esas cosas.
—¿Nunca te disfrazaste?
—No.
—¿Por?
—Me muero de la vergüenza.
—¡Una actriz que no se disfraza!
—¡Te lo juro por Dios! ¡Me reiría de mí misma! O sea, me daría mucha vergüenza, ¿entendés? Como que no te podría hacer el acting.
—O venís de un baile de disfraces, aunque sea tuneada y ahí decís: “bueno…”
—Eso podría ser. No me pasó todavía. Nunca hemos tenido fiesta de disfraces en doce años. ¡Qué aburridos! (Risas). ¡Alguien que haga una fiesta de disfraces y me invite porque acá voy a agarrar la idea de esta mujer! No, insisto, me daría mucha vergüenza.
—No es para vos. ¿Y dónde sos más gauchita?
—¿Más gauchita? Yo soy muy casera; como que mi lugar es mi casa, mi dormitorio. No, no soy loca de…
—Con cuatro pibes tampoco uno puede hacer nada.
—Tampoco es que no lo hago porque tengo cuatro pibes y tengo tal fantasía, sino es porque no tengo ganas, ¿entendés?
—Es más cómoda la cama.

—Más cómoda la cama y a la noche. Viste que hay gente que le gusta el mañanero, a mí no, a mí a la mañana no me jodas.
—(Risas).
—En ese sentido soy bastante tranquila, tradicional.
—Escuchamos, pero no jugamos, cada uno…
—No, por supuesto, yo aplaudo a mis amigas. Hubo una que hasta se compró el caño que lo ponés y lo sacás.
—Te lo puede prestar la amiga.
—Me parece fantástico, pero bueno, me parece un montón, ¿entendés? Me muero, me muero. Solo vos hacés un caño extraordinario.
—(Risas) ¡Solo en la televisión!
—Bueno, pero yo ni siquiera puedo hacerlo. Me llegás a colgar ahí y ya me descostillo de solo imaginarme.
—Te digo, algunas veces tiene un talento natural que te sale como una cosa de adentro.
—Lo voy a probar. Lo voy a probar.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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María Julia Oliván acusó a Mario Pergolini de haberla acosado cuando trabajaban juntos

Cuando parecía que la conversación giraba en torno a las polémicas declaraciones sobre Mario Pergolini, María Julia Oliván sorprendió con una confesión que dejó impactada a Yanina Latorre. Invitada a hablar sobre el conductor tras sus fuertes dichos, la periodista terminó recordando una horrible experiencia personal que, aseguró, sufrió mientras trabajaba en Cuatro Cabezas.
Todo comenzó cuando Yanina le preguntó si no creía que una persona podía cambiar con el paso de los años. La respuesta de Oliván derivó rápidamente hacia una situación que habría ocurrido en 2005 y que, según explicó, marcó para siempre su relación con Pergolini. «Yo hice ese comentario por una experiencia personal trabajando en Cuatro Cabezas en el 2005, en su oficina. Una situación desagradable, acoso sexual», afirmó sin vueltas durante la charla.
La periodista contó que en aquel momento tenía 30 años y atravesaba una situación económica delicada. Según relató, estaba pagando su primer departamento y dependía de su trabajo. «El acoso fue por parte de Mario Pergolini, estábamos los dos solos en la misma oficina, 30 años tenía, estaba endeudada, me estaba comprando mi primer departamento», sostuvo.
MARÍA JULIA OLIVÁN RECORDÓ CÓMO TERMINÓ SU VÍNCULO LABORAL CON MARIO PERGOLINI
Oliván también explicó por qué decidió no denunciar lo ocurrido en aquel entonces. «Yo no sabía qué hacer, tal vez me equivoqué, tal vez no», reconoció, al recordar un contexto muy distinto al actual, cuando este tipo de situaciones rara vez llegaban a hacerse públicas.
Durante su relato, la periodista vinculó ese episodio con el final de su vínculo laboral dentro de la productora. «Volví de España y me echaron, mi contrato se vencía en enero de 2008», recordó sobre el desenlace de aquella etapa profesional. Además, dejó entrever que la relación con Pergolini nunca fue sencilla. «A Pergolini nunca le gustó trabajar con mujeres», lanzó, al explicar cómo percibía la dinámica interna dentro de la empresa.
María Julia Oliván, Mario Pergolini
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La emoción de Jimena Barón al recordar el nacimiento de Arturo: “Ando llorando desde ayer”

A pocas horas de que Arturo, su segundo hijo, cumpla un año, Jimena Barón publicó en su cuenta de Instagram un extenso mensaje para recordar la llegada del pequeño y repasar el impacto que tuvo en su vida. Junto a una foto tomada en el final de su embarazo, la cantante rememoró cómo vivió ese día y revivió las sensaciones que la acompañaron desde el primer momento.
“Hoy hace un año amanecí muy molesta, me duché y de 38 semanas te dije: ‘Gordo, hasta acá llegamos… estamos re incómodos, venite mi amor’”, comenzó relatando Barón. En su texto, la artista subrayó la conexión que sintió con Arturo incluso antes de su nacimiento y cómo eligió vivir el parto en plenitud. “Me diste un parto precioso, nos dimos, sin anestesia ni pinchazos ni nada. Sintiéndonos segundo a segundo el uno al otro. Me diste el segundo mejor momento de mi vida”, expresó.
Barón continuó su mensaje refiriéndose a la sensibilidad que atraviesa en cada aniversario de nacimiento de sus hijos. La cantante admitió sentirse conmovida por la intensidad de sus emociones: “Ando llorando desde ayer, por supuesto, porque al igual que con tu hermano, me desespera pensar que nunca van a poder ser yo y sentir realmente cuánto los amo”.
Sobre el cierre, Barón le dedicó unas palabras que resumen su vínculo con la maternidad y su gratitud por la experiencia: “Gracias hijo por hacerme tu mamá. Siempre vamos a estar juntos, porque ya fuimos uno. Te amo. Siempre”.



Su publicación generó mensajes de apoyo y empatía por parte de sus seguidores, que acompañaron a la artista en este momento especial. La carta completa de Jimena Barón expresa:
“Hoy hace un año amanecí muy molesta, me duché y de 38 semanas te dije: ‘Gordo, hasta acá llegamos… estamos re incómodos, venite mi amor’. Me diste un parto precioso, nos dimos, sin anestesia ni pinchazos ni nada. Sintiéndonos segundo a segundo el uno al otro. Me diste el segundo mejor momento de mi vida. Ando llorando desde ayer, por supuesto, porque al igual que con tu hermano, me desespera pensar que nunca van a poder ser yo y sentir realmente cuánto los amo. Gracias hijo por hacerme tu mamá. Siempre vamos a estar juntos, porque ya fuimos uno. Te amo. Siempre”, escribió.
Semanas atrás, la cantante celebró su cumpleaños de forma íntima en su llegada al país tras un viaje por Europa. La celebración tuvo lugar en un entorno familiar, donde predominó la calidez y la unión. Barón optó por un festejo sencillo, marcado por las tradiciones del hogar argentino. El menú principal fue un guiso casero, elegido por la propia cumpleañera como plato central para el reencuentro familiar. La imagen del guiso, acompañado de papas, zanahorias y lentejas, simbolizó el regreso a lo cotidiano y el valor de compartir la mesa con los seres queridos.


La reunión estuvo cargada de momentos espontáneos y divertidos, característicos de la dinámica familiar. Uno de los episodios destacados fue el show improvisado de Cocó, quien interpretó canciones sobre pistas ya programadas en el teclado del living. La escena dejó ver la habitualidad de estos recitales caseros: “Mi hermano ya escuchó este show demasiadas veces”, relató Barón con humor, mientras Arturo, su hijo menor, protagonizaba una anécdota propia al cambiarse la ropa por la de su hermana tras un contratiempo infantil.
La atmósfera del encuentro estuvo marcada por el entorno hogareño: fotografías familiares pegadas sobre el piano, juegos de mesa apilados y el bullicio de los niños circulando por la casa. El festejo permitió a Barón reconectar con rutinas y símbolos de su historia personal, en contraste con los días de viaje en el exterior. La torta de cumpleaños, adornada con bengalas y velas, sirvió de cierre a la velada. El momento de pedir deseos y soplar las velas fue acompañado de una sincronización perfecta entre la bengala y el soplido, detalle que Barón destacó como un buen augurio para el año que comienza.
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Revelan un explosivo dato sobre la relación de Juanita Tinelli y Bautista Cuiña tras la denuncia por violencia

Juanita Tinelli volvió a quedar en el foco de la polémica por una grave denuncia. Esta vez, la hija de Marcelo Tinelli acusó a su ex novio, Bautista Cuiña, de golpearla en la cara en un boliche de la Costanera. Y en medio de versiones cruzadas e imágenes del local que mostrarían otra cosa, habló Julieta Cuiña, la madre del joven.
“Como mamá creo que tengo que aclarar el buen nombre de mi hijo”, dijo la mujer, en diálogo con el noticiero de América. A continuación, la mamá del ex de Juanita dio su versión de los hechos, en tanto que mostró una foto de cómo le quedó el rostro a su hijo, cruzado de rasguños.
“Él hizo lo que hace siempre: comprar una mesa con sus amigos. Estaban en el boliche lo más tranquilos, vino Juana con un chico, vino muy tarde, y lo que hizo fue estar con este chico en forma cariñosa, besándose, en la mesa de Bautista”, avanzó, horas después de esta secuencia por la que la modelo hizo denuncia formal aunque no quiso que la revise el SAME.
Julieta contó que los amigos de su hijo empezaron a incomodarse y le pidieron a Bautista que le diga a su ex novia que se retire. “Entonces, él le dijo: ´Juana, por favor, te pido que te vayas de la mesa´ y ahí empezó todo… ¿Qué comenzó? Según ella, “los manotazos de Juana hacia Bauti”.
LA MADRE DEL EX DE JUANITA TINELLI DIO DETALLES SOBRE SU RELACIÓN
Julieta señaló que, ante esa situación, su hijo actuó a conciencia, porque él “ya sabe, ya la conoce y sabe cómo reacciona”. “Lo único que hizo fue ponerse detrás de sus amigos. Él no hizo nada, no está acostumbrado a la violencia, menos con una mujer”, sostuvo.
Asimismo, aseguró que esta no habría sido la primera vez que se daba una situación de este estilo, y dijo que Juana suele “provocarlo” cada vez que se ven en la noche porteña, ya que ellos frecuentan “lamentablemente” los mismos boliches, los de Costanera.
Lejos de mostrarse distante de la hija de Marcelo Tinelli, Julieta recordó el vínculo cercano que mantuvieron durante la relación. «Nosotros la vimos como una hija y la tratamos como parte de nuestra familia, le hemos llevado de viaje, se había ganado nuestro cariño», expresó, dejando en claro que la joven había formado parte de su entorno más íntimo.
Sobre lo ocurrido aquella madrugada, la madre del joven aseguró que también hubo consecuencias físicas para su hijo. «Bautista quedó rasguñado en la frente, en el cuello, tiene testigos, sus amigos y la gente del boliche. Él no se escapó cuando separaron la gente del boliche, a ella la sacaron y a él le dijeron que se fuera», relató.
Julieta también negó que existieran antecedentes de agresiones físicas entre ellos. «No hubo previo episodio de violencia, verbal sí, de revolear el líquido del vaso», explicó. Incluso contó cómo reaccionó su hijo ante esa escena. «Nada mamá, es Juana, la miré y me sonreí». Y agregó: «Él sabe que no tiene que actuar ante sus provocaciones porque la conoce».
Consultada sobre una posible contraofensiva judicial, descartó de plano esa posibilidad. «No, no, no», respondió. Según explicó, la prioridad de la familia es atravesar este momento con la menor exposición posible.Por último, reveló que mantuvo una conversación con Marcelo Tinelli después de que el caso saliera a la luz. «Hablé con él: está sumamente acongojado, no lo quiero poner incómodo. Como padres queremos salvaguardar a nuestros hijos», concluyó.
Juanita Tinelli
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