CHIMENTOS
Agustina Cherri en “Lo de Pampita”: “Vivo en la casa que me compré a los 15 años”

Agustina Cherri, reconocida actriz argentina, pausó su carrera actoral y se volvió emprendedora: lanzó en noviembre de 2025 su propia marca de productos para el cuidado de la piel, MUNDÍA. Esta expansión al mundo emprendedor marca una nueva etapa en la carrera de Cherri, cuyas raíces artísticas se remontan a finales de los años ochenta y cuya influencia se ha extendido a través de emblemáticas telenovelas.
Uno de los hitos más tempranos y destacados en la trayectoria de Agustina Cherri fue su reconocimiento como Mejor actriz infantil en los premios Martín Fierro de 1997.
La distinción llegó tras su interpretación de Mili en la telenovela Chiquititas, que inició en 1995. Según los datos publicados, la popularidad de la serie se reflejó en su retransmisión en diversos países de América Latina, así como en Estados Unidos e Israel, lo que posicionó a Cherri como una figura con proyección internacional desde su adolescencia.
Ese éxito se consolidó cuando la actriz obtuvo su primer papel protagónico con tan solo doce años, volviéndose punto de referencia para producciones juveniles argentinas en la década de 1990. Su participación en proyectos como Verano del ‘98, donde interpretó a Violeta, y en Cabecita en el año 2000, junto a Alejo Ortiz, amplió su consagración y alcance en televisión abierta y teatro.
Desde 2014, Agustina es pareja del músico Tomás Vera, con quien tiene dos hijos: Alba, nacida en 2019, y Bono, en 2023. Anteriormente, entre 2007 y 2014, mantuvo una relación con el actor Gastón Pauls, con quien tuvo a Muna en 2009 y Nilo en 2011.
Acá. los momentos más destacados de la charla:
El detrás de su pausa actoral: “Cuando se enfermó mi mamá, se me desestructuró la vida”
—Cuando mi mamá se enferma fue como que se me desestructuró la vida, como que se me cayó todo. Por primera vez en mi vida, dije “¿Y ahora qué hago?»
—¿Qué enfermedad estaba transitando?
—Cáncer de colon. Mi mamá es mi… columna vertebral. En todo sentido, desde muy chica, y hoy por hoy también, incluso con mis hijos. Yo había aceptado hacer una obra de teatro cuando mi hijo más chico tenía veinticinco días. Faltaban tres, cuatro meses para que terminara y mi mamá se enferma y yo estaba arriba del escenario haciendo la función y todo el tiempo se me cruzaba el pensamiento de decir: “¿Qué estoy haciendo acá? Yo no tengo que estar acá, me quiero ir, me quiero ir corriendo de acá“. Me agarraba como ataques de pánico arriba del escenario, me decía: ”¿Por qué hay algo que me está reteniendo acá arriba cuando en realidad no lo estoy disfrutando?» Y ahí fue cuando dije “me voy y no sé cuándo voy a volver”, pero con una tranquilidad y una paz. Me voy a cuidar a mi mamá.
—Cuando le dieron el diagnóstico, ¿estabas ahí?
—Sí, sí. Me lo dieron a mí porque yo la acompañé a hacer el estudio. Me sentí muy bien acompañándola, estando presente. Y hoy, ya con el diario del lunes, digo “ah, bueno, eso me sirvió para saber que puedo decir ”no”. Porque yo también estoy acostumbrada a eso de “si no lo hago yo, lo va a hacer otro y pierdo el lugar”; en cambio, puedo decir que “no” y no pasa nada. Y mi vida no va por ahí. Digo, la verdad es que mi carrera es extraordinaria. Viví, hice todo lo que quise hacer, me retiro. Y si cuando vuelvo no estoy en ese lugar es porque aproveché ese tiempo de no estar presente para hacer otra cosa. Yo estoy acá y estoy ahora y nunca voy a ser más joven que hoy. Entonces digo, ¿cómo puedo hacer para cuidarme y después no estar tratando de atajar cosas y decir “tengo que reparar lo que me dejé estar”? No, es frenar, hacer una pausa. Y estoy feliz con mi decisión, muy feliz. Y mi mamá está bien, que también es importante decirlo.
—Qué buena noticia.
—Sí, superó absolutamente toda la enfermedad.
“Bah, mi casa la compraron mis padres con el dinero que yo gané trabajando”
—Yo sigo viviendo en la misma casa que me compré cuando tenía quince años. ¡Bah, me compré!, me la compraron mis padres con mi dinero, lo que yo gané trabajando. Existía la posibilidad de comprar la casa y mi papá decía: “bueno, ¿qué hago con la plata de esta niña?» (Ríe). Y cuando yo cumplí dieciocho, me compré un departamento, viví en Cañitas como en la época más adolescente, y la casa siempre estuvo; como que quedaba ahí como inversión. Y después, cuando nació Muna, que yo quería volver, como estar cerca de mi mamá, ahí me mudé, y empecé a hacerle cosas. Volverla mía.
—Es de los pocos casos en los que esa inversión realmente se transformó en algo concreto, ¿no? Porque muchas veces, esas ganancias terminan diluyéndose.
—Sí, hay muchos casos que sí. Yo tuve la suerte de que no. Yo vivo tranquila, digo, tampoco puedo vivir toda la vida sin trabajar, pero digo, puedo darme el gusto de hacer otras cosas. En nuestra estructura familiar, no es que tengo que trabajar sí o sí. Era más la presión psicológica de perder el lugar… Vos, Carolina, desaparecés dos años. ¿Qué pasa?
—Yo no me animo al vacío.
—Eso fue lo que yo hice, decir: “bueno, me voy, me retiro a ver qué es lo que pasa, me reinvento”. Fue como una apuesta a decir: “me la juego”, ¿no? Como: “me quiero demostrar a mí misma que se puede”. Y también es como un ejemplo de decirle a mi hija, tipo, si un día no querés cantar más, ponele, no pasa nada. O sea, vas a poder hacer otra cosa.
—Yo lo conozco a Tomás en el casamiento de Marcela Kloosterboer, que es una amiga mía, y Tomás es amigo de Fer, el marido. Aparece Marcela, feliz, en pleno casamiento y nos ve charlando y se acerca y me dice a mí: “Él es muy buena madera”. Y a él le dice: “A ella la vas a amar y sus dos hijos te van a volver loco, son un espectáculo”. Yo, cuando dijo eso, imaginate…
—Fue como una bendición.
—No sé si era el momento de que esta información llegara a los oídos de este chico, pero fue así como desde el primer segundo.
—Tenía que tener un corazón muy grande, muy grande. Lo digo por experiencia, uno ya cuando trae hijos no es lo mismo.

—No. Tomás es un ser muy particular, que nada tiene que ver con el medio, que rápidamente entendió mi vida. Cuando digo “mi vida” hablo en la totalidad, porque tiene que ver con mi carrera, mi trabajo, que de repente estoy besándome con tres hombres en una novela, me voy todo el día de mi casa. Y también algo muy importante, que yo rescato, es que también entendió desde el momento uno la relación que yo tengo con Gastón (Pauls), que es muy particular. Me ayudó a que yo abrazara con más fuerza la relación hermosa que tengo con el papá de Muna y Milo.
—La gente se sorprende que haya buenas relaciones con las exparejas.
—Sí.
—Como que dan por sentado que o te odiás o te llevás mal y pareciera que lo otro es lo antinatural, cuando yo siento que es todo lo contrario.
—Sí, lo que pasa es que la verdad es que uno cuando empieza a visualizar para los costados, digo, bueno, sí, no pasa tanto.
—Lamentablemente.
—Yo lo que siento es que sí, me separé de Gastón como pareja, pero no como familia. Y cuando llegó Tomás lo que hicimos fue agrandar esa familia, porque hoy somos una gran familia y yo sé que cuento con Gastón para Alba y Bono, que no son sus hijos, como Gastón sabe perfectamente lo que Tomás significa para Muna y Milo, que hace doce años que conviven con él. Y hay un apoyo mutuo.
—¿Cómo fue acompañar a Gastón en los momentos oscuros?
—Yo no lo viví en ese momento como tal. Fue más como la bajada de saber que tenía que pedir ayuda, ¿viste? Entendí, además, que yo no podía hacer nada al respecto… y que no me correspondía, ¿no?
—¿Pero lo intentaste?
—Sí, la frustración de eso también te genera como decir: ¿pero qué hago? ¿Cómo lo ayudo? Como si yo pudiese hacer algo. Digo, todo el tiempo la necesidad de si yo voy a poder contener esto… Cuando bajás los brazos y decís “pará, no es por ahí”. Lo único que puedo hacer es protegerme yo, buscar ayuda. Hay profesionales que se dedican no solo a trabajar con las personas adictas, sino también con los familiares de las personas adictas. Y decir “ah, bueno, esta es la ayuda que yo necesito”. Cuando yo empecé a hacer ese cambio, y a poder transmitirle a él también esos conocimientos —que adquirí de un profesional—, todo se empezó como a acomodar. Igualmente, la recuperación de Gasti tiene que ver cien por cien con él y con su voluntad, que me saco el sombrero, porque hasta el día de hoy él trabaja…
—¡Qué orgullo!
—…todos los días por su recuperación, absolutamente. Muna y Milo saben perfectamente lo que sufrió el padre, cómo se recuperó y lo ven trabajar. Y a veces, mil veces, llamo por teléfono a Gastón, no me atiende, no me atiende y me contesta Muna: “Papá está en el grupo, mamá, por eso no te atiende”. Digo, es como…
—Muy bien.
—Sí, sí. Y no pasa nada.
—No pasa nada.
—Dejé de ser vegetariana con mi cuarto hijo, en el embarazo.
—¿Por, te dio ganas de volver a…?
—De comer carne, sí. Generó como un debate también.
—Es que vos eras como la abanderada de los vegetarianos.
—Sí, sí, fue raro, me sentía atacada. Incluso mi gente… era como (susurra): “¡Vas a comer carne! ¡Estás en un restaurante y van a ver que comés carne». Yo, la verdad, traté de vivirlo con naturalidad. A mí nadie me obligó a ser vegetariana. Digo, fue algo que yo sentí en un momento y que me acompañó durante casi diecisiete años.
—Ese primer día que probaste de vuelta, ¿cómo fue?
—Lo disfruté, pero creo que tiene que ver con eso, con vivirlo con naturalidad y sin la cabeza puesta en lo que estoy comiendo.
—Sin tanta presión. Es tu cuerpo, sos libre de hacer lo que quieras.
—Sí, aparte comí carne hasta antes de ser vegetariana. Tenía ganas de comer carne y como que lo relativicé. Yo no le di a mis hijos nada que yo no consumiera. O sea, no les daba carne, pero porque yo no cocinaba carne en mi casa. Nilo, mi hijo de catorce años, es vegetariano de nacimiento, de panza, de teta, de todo, y hoy por hoy sigue sosteniendo su vegetarianismo, igual que Muna.
—¿Y los dos más chiquitos?
—Los más chiquitos, bueno, el papá hace un asado y me ven a mí comer. Me dijeron: “¡Mamá, quiero comer!” y comieron. A Muna y a Nilo trato de transmitirles, “miren, hagan lo que quiern”.
—Y si el día de mañana quieren cambiar también es válido.
—Y no me tienen que dar explicaciones de por qué ahora. Pero sí, consumo carne, a veces más, a veces menos y ya está.
—Y listo, no pasa nada.
—Quizás dentro de unos años vuelvo a ser vegetariana, pero digo, nunca le di explicación al carnívoro cuando yo dejé de comer carne, tampoco le voy a dar explicaciones al vegetariano porque es algo que forma parte de mi vida. Pero bueno, el ojo siempre está.
“Cuando estás embarazada, están las que dicen ‘¡No me toquen’; nunca me pasó, tuve embarazos muy activos”
—¿Qué mujer soy en el sexo? ¡Ay, Carolina! Creo que he tenido distintos momentos en mi vida, ¿no? Viste que es típico, una está embarazada y están las que dicen “¡no me toquen!“. Nunca me ha pasado. Yo he tenido embarazos muy activos.
—¿Hasta el último día?
—Sí, no he tenido ningún tipo de problema. Pero después soy una persona muy, muy tranquila. No soy una loca, ni que le gusta hacer cosas tipo… No sé, tengo amigas que caen y te cuentan “no, porque me compré el disfraz” y esas cosas.
—¿Nunca te disfrazaste?
—No.
—¿Por?
—Me muero de la vergüenza.
—¡Una actriz que no se disfraza!
—¡Te lo juro por Dios! ¡Me reiría de mí misma! O sea, me daría mucha vergüenza, ¿entendés? Como que no te podría hacer el acting.
—O venís de un baile de disfraces, aunque sea tuneada y ahí decís: “bueno…”
—Eso podría ser. No me pasó todavía. Nunca hemos tenido fiesta de disfraces en doce años. ¡Qué aburridos! (Risas). ¡Alguien que haga una fiesta de disfraces y me invite porque acá voy a agarrar la idea de esta mujer! No, insisto, me daría mucha vergüenza.
—No es para vos. ¿Y dónde sos más gauchita?
—¿Más gauchita? Yo soy muy casera; como que mi lugar es mi casa, mi dormitorio. No, no soy loca de…
—Con cuatro pibes tampoco uno puede hacer nada.
—Tampoco es que no lo hago porque tengo cuatro pibes y tengo tal fantasía, sino es porque no tengo ganas, ¿entendés?
—Es más cómoda la cama.

—Más cómoda la cama y a la noche. Viste que hay gente que le gusta el mañanero, a mí no, a mí a la mañana no me jodas.
—(Risas).
—En ese sentido soy bastante tranquila, tradicional.
—Escuchamos, pero no jugamos, cada uno…
—No, por supuesto, yo aplaudo a mis amigas. Hubo una que hasta se compró el caño que lo ponés y lo sacás.
—Te lo puede prestar la amiga.
—Me parece fantástico, pero bueno, me parece un montón, ¿entendés? Me muero, me muero. Solo vos hacés un caño extraordinario.
—(Risas) ¡Solo en la televisión!
—Bueno, pero yo ni siquiera puedo hacerlo. Me llegás a colgar ahí y ya me descostillo de solo imaginarme.
—Te digo, algunas veces tiene un talento natural que te sale como una cosa de adentro.
—Lo voy a probar. Lo voy a probar.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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CHIMENTOS
Cande Tinelli mostró su nuevo cambio de look y bromeó con el resultado: “Dos mechas”

Cande Tinelli vive semanas atravesadas por distintas novedades. Entre los cambios familiares, el estreno de la nueva temporada del reality de su familia y la reciente muerte de su perrita Linda, la influencer transita un período con varios acontecimientos en su vida cotidiana. En medio de ese contexto, decidió compartir con sus seguidores un pequeño cambio de look que realizó sobre su cabellera y aprovechó la ocasión para hacer una broma sobre el resultado.
A través de sus historias de Instagram, la hija de Marcelo Tinelli publicó un breve clip en la que apareció frente a la cámara con el pelo recogido en una colita. En la imagen se distinguieron dos mechas más claras que el resto de su cabello, que mantiene un tono castaño oscuro. Los mechones caen a ambos lados de su rostro y generan un contraste con el color natural de la cabellera.
Ante el detalle de su nuevo estilo, la influencer eligió tomarse el cambio con humor. Sobre la fotografía escribió: “Por tener DOS mechas me creo rubia”.
Cabe mencionar que el último cambio de look de Cande había sido en mayo de este año. La hija de Tinelli tiene su propia historia con las transformaciones estéticas, marcada por una búsqueda permanente de autenticidad y por una voluntad explícita de desafiar los límites que suelen rodear los cambios de imagen. Cada modificación que presenta en sus redes sociales funciona como un mensaje para sus seguidores: el cambio, lejos de ser una excepción, se convirtió en la regla y en una de las herramientas con las que construye su identidad pública.
En aquella oportunidad, Cande había pasado por las manos de un especialista y apostó por una transformación más amplia en su cabello, un gesto que en su trayectoria funciona como una declaración de intenciones. La fotografía que compartió entonces en su cuenta de Instagram mostró una melena larga y lisa, teñida en un tono rubio claro, alejada de los colores oscuros y contrastantes que había utilizado en otros momentos. El rubio elegido era uniforme y presentaba matices cálidos que suavizaban sus facciones y aportaban luminosidad al rostro. El cabello se extendía hasta el pecho, con puntas rectas y sin ondas visibles.
En esa publicación, la influencer mencionó de manera explícita el procedimiento al que se había sometido: “Tratamiento de células madres”. La frase sugirió que aquel cambio no solo respondía a una cuestión estética, sino también a una búsqueda vinculada con la salud capilar y con un proceso de renovación integral.

Aquel cambio de color se inscribió en una larga serie de transformaciones a las que Cande acostumbró a su público a lo largo de los años. La elección de tonos disruptivos, cortes experimentales y peinados poco convencionales fue una constante en su historia. Sin embargo, el paso al rubio claro representó una apuesta diferente: se alejó de los extremos y exploró una paleta más neutra, sin perder el carácter propio que define su estilo.
En esta nueva oportunidad, el cambio fue más acotado que el de mayo. Aquella oa fotografía compartida en las historias no mostró una cabellera completamente rubia ni un tinte uniforme, sino dos mechones claros sobre una base castaña. El cabello aparece largo, recogido hacia atrás, con dos sectores sueltos que enmarcan el rostro. El contraste entre el tono oscuro del pelo y las mechas más claras es el detalle que la influencer decidió destacar en la imagen.
Así, mientras atraviesa un período con novedades familiares y profesionales, Cande Tinelli volvió a mostrar una modificación en su apariencia. La influencer mantuvo su cabello castaño, sumó dos mechas claras alrededor del rostro y dejó que el cambio hablara por sí solo en sus historias de Instagram.
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CHIMENTOS
Apareció la primera foto de Daniel Osvaldo en su grave internación en un hospital

Daniel Osvaldo volvió a asomarse a las redes sociales con una imagen que permitió conocer cómo atraviesa su recuperación. El ex futbolista, que permanece internado por una grave infección pulmonar, compartió una postal desde su habitación en el Hospital del Bicentenario de Esteban Echeverría, donde apareció sonriente y acompañado por una persona muy especial: su papá, Raúl.
La fotografía tuvo un detalle que no pasó inadvertido para quienes conocen la trayectoria del ex delantero: su padre llevaba puesto un buzo de la Roma, el club italiano en el que jugó Osvaldo durante su carrera profesional. Junto a la imagen, el músico escribió una breve dedicatoria en inglés, “Daddy Romano”, en una publicación que mostró una faceta íntima de estos días atravesados por la preocupación y los cuidados médicos.
Pero, más allá de esa escena familiar, el propio Osvaldo dejó una frase que llevó tranquilidad sobre cómo se siente en medio del tratamiento. “Por suerte me siento bien y cada día mejor”, expresó en una entrevista con Infobae Al Amanecer. Sus palabras llegaron mientras continúa bajo supervisión médica, después de atravesar un cuadro que requirió atención en terapia intensiva por la gravedad de la infección.
El ex jugador de Boca también contó cómo se habría originado el problema de salud. Según explicó, una caries que no recibió tratamiento derivó en una infección que terminó afectando con mayor intensidad su pulmón derecho. La evolución del cuadro obligó a los profesionales a intervenir de manera inmediata y mantenerlo internado, ante el riesgo que representaba la afección.
Durante la entrevista, Osvaldo también hizo referencia a un cambio de hábito que decidió encarar a partir de esta experiencia. “No estoy fumando desde hace dos semanas”, aseguró. La frase no quedó solamente en una descripción de lo que ocurre desde su ingreso al sanatorio, sino que estuvo acompañada por una determinación contundente respecto de su futuro.
“No pienso fumar nunca más”, afirmó el ex delantero, al expresar su intención de abandonar definitivamente el cigarrillo. La decisión aparece como uno de los cambios personales que busca sostener después de atravesar una situación delicada, que lo obligó a detener su rutina y concentrarse por completo en su recuperación.
Mientras permanece en terapia intermedia, Osvaldo continúa bajo controles médicos y aguarda una evolución que le permita completar el tratamiento. La imagen junto a su padre, el mensaje sobre su estado y la promesa de dejar de fumar fueron las señales que compartió públicamente en medio de una internación que encendió las alarmas. Por ahora, su prioridad está puesta en recuperarse y seguir avanzando, paso a paso, hacia el alta médica.
CHIMENTOS
Gustavo Yankelevich habló por primera vez de la violencia que sufrieron sus nietos: “Franco me dijo que su papá lo desmayó a golpes”

Durante doce años, la familia Yankelevich atravesó un secreto que recién ahora salió a la luz: la violencia que, según relató Valentín, sufrió junto a su hermano Franco durante su infancia de parte de su padre, Darío Giordano. El silencio se sostuvo mientras la Justicia definía la tenencia de los chicos, pero el testimonio del joven en una entrevista con Tatiana Schapiro para Infobae cambió ese escenario. A partir de esas declaraciones, este lunes Gustavo Yankelevich decidió hablar públicamente por primera vez en Intrusos (América).
A través de una comunicación telefónica, el productor se refirió a la situación que debieron atravesar sus nietos mayores, Valentín y Franco, y que mantuvieron en silencio durante 12 años. “Hacía solamente un mes que los chicos vivían conmigo”, comenzó. “Si mediatizábamos este tema, los nenes no iban a lograr su objetivo, que era que me pudieran dar la tenencia a mí”, relató, con la voz quebrada.
En ese momento, Gustavo recordó una de las frases que Valentín pronunció durante la entrevista con Infobae: “Mi abuelo me salvó la vida”. Al repetir esas palabras, el productor se emocionó y tuvo que interrumpir su relato. “Me estoy emocionando y me va a costar hablar”, expresó. “En realidad fueron muchos los que los ayudaron a los chicos, entre otros, ustedes”, sostuvo con referencia al periodismo.
“Los chicos hubieran querido hablar desde el primer día”, explicó. El productor detalló que, durante ese período, la tenencia de los adolescentes estaba sujeta a revisiones. “Entonces ellos no hablaban porque a mí me dieron la tenencia por tres meses y no podían volver a su casa. Hubiera sido un desastre”, afirmó. “Cada tres meses a mí me monitoreaban cómo estaban los chicos. No cada tres meses, todos los días monitoreaban”, aclaró. “Íbamos a tribunales y entonces no podíamos hablar. Aunque los chicos tenían ganas de decir su verdad, que era la verdad”, afirmó Yankelevich.
En otro momento de la entrevista, el productor remarcó el papel de Cris Morena, la abuela de sus nietos y su expareja. “La primera que notó esto fue Cris (Morena). Lo digo porque, como no está tan mencionada en la nota, pareciera que no lo hubiera notado o no hubiera actuado. Cris lo notó, y me habló a mí, me advirtió: ‘Está pasando algo raro, prestale atención a los chicos’”, relató. “Yo le empecé a prestar atención a los chicos. En principio pensé que era algo pasajero, pero cada vez era más fuerte y más grande”, sumó en la charla.
Acto seguido, el productor contó un episodio que protagonizó junto a Franco durante uno de los almuerzos que compartían: “Me dijo: ‘Abuelo, quiero ir a vivir con vos’. Pero no me dijo que le pegaban”.
Ante ese pedido, Gustavo intentó buscar una alternativa que permitiera que el adolescente pasara tiempo con él sin plantear, desde el comienzo, un cambio definitivo de convivencia. “Le dije: ‘Mirá, vamos a hacer una cosa. Voy a hablar con tu papá y le voy a pedir si te deja venir una semana conmigo y vemos cómo te sentís conmigo. Y después un día le pedimos y si vos querés, venís a vivir más tiempo conmigo’”, contó.
Yankelevich explicó que, cuando habló con Darío Giordano, decidió no mencionar que Franco quería mudarse con él. “Cuando yo me junté con Darío y le dije: ‘Darío, Franco me pidió si no podía venir una semana’”, detalló.
Según recordó, la respuesta que recibió fue tajante: “Y él me contestó: ‘De ninguna manera, yo soy el dueño. Hasta los 18 años van a hacer lo que yo quiera. No, de ninguna manera va a venir’”. Para Gustavo, esa contestación representó un punto de inflexión y lo llevó a advertir que la situación era más grave de lo que había imaginado. “Y ahí dije: ‘Guau. Acá está pasando algo más grande de lo que yo pensaba’”, recordó.
Preocupado, Yankelevich le pidió que le explicara el motivo de ese cambio. “Le dije: ‘Fran, yo soy una persona grande, acá algo pasa, me tenés que hablar’”. Según narró, el adolescente entonces le contó que su padre lo golpeó después de enterarse de que quería quedarse una semana con su abuelo.
“Me dijo: ‘Cuando papá se enteró que yo te pedí a vos de ir una semana a tu casa, me cagó a trompadas, me desmayó a golpes’”, aseguró el productor. Al recordar esa conversación, hizo una pausa y reconoció: “Recordar esto me cuesta mucho”. Con el paso de los meses, Valentín también empezó a hablar sobre lo que vivía. Gustavo contó que eligió sacar a los hermanos del colegio para que pudieran expresarse delante de él. De acuerdo con su testimonio, los dos repetían una misma frase sobre la convivencia en el hogar: “Cuando ustedes vienen a casa es una persona y cuando se van y cierran la puerta aparece el monstruo”.
La decisión de avanzar con una denuncia llegó tras el llamado de la madre de una amiga de Valentín. El joven hablaba con ella por teléfono y le describía lo que atravesaba. La chica se lo contó a su mamá, quien se comunicó con Yankelevich. “Ahí dije: ‘Hasta acá llegamos’. No había más tiempo”, expresó.
Desde entonces, el productor visitaba todos los días a Valentín en el colegio. “Iba al recreo largo para darle un abrazo y un beso, para que sienta amor”, dijo. También les pidió a Cris Morena, a Tomás Yankelevich y al resto de su entorno familiar que lo dejaran conducir las gestiones. “Yo me hice cargo de esto”, señaló. Según detalló, retiró a los chicos de la escuela con autorización de su padre y los llevó a realizar una denuncia. “Se fueron con nada, con su mochilita”, contó. Después, mencionó la intervención de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema y de la Defensoría Pública de Menores e Incapaces N° 6.
Yankelevich sostuvo que esperaron hasta las 23.30 para conocer una primera resolución. El juzgado autorizó que Franco y Valentín permanecieran con él durante el fin de semana y, el lunes siguiente, dispuso que lo hicieran por tres meses. “El lunes decidieron que se queden los chicos conmigo”, recordó.
A su vez, el productor también compartió un episodio que, según dijo, influyó en la evaluación de los profesionales. Franco movía los ojos hacia arriba con frecuencia y Gustavo creía que se trataba de un tic. Durante una entrevista con el equipo que intervenía en el caso, una médica le dio una explicación distinta: “‘Franco no tiene un tic. Eso que está haciendo de poner los ojos en blanco es porque le pegan en la cabeza’”.
“Estos son mis nietos, existen. No estamos hablando de ficción”, manifestó Yankelevich, quebrado por la emoción. El productor aclaró que la familia no buscó exponer el caso durante años porque priorizó el bienestar de los chicos. “Van a hablar de mí, van a decir que soy un monstruo, pero acá lo que me importa son ustedes”, contó que les aseguró.
Además, se refirió a la situación de Azul Giordano, la hermana menor de Franco y Valentín. Gustavo explicó que los profesionales sugerían que los tres hermanos vivieran juntos, aunque él pidió que la nena continuara con su padre. “Azul tenía seis años. Yo les pedí por favor que se quede con él, porque él nunca le había pegado a Azul”, afirmó.
Por último, Yankelevich señaló que decidió dar esta entrevista para que otras familias conozcan los recursos institucionales disponibles frente a situaciones de vulnerabilidad. “Los chicos piden a gritos que los escuchen”, sostuvo.
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