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ECONOMIA

Ajuste en los hogares: así quedó el mapa del gasto familiar con el fin de los subsidios

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Los argentinos atraviesan un período de «compresión del ingreso disponible» o «squeeze en el bolsillo» por ajuste tarifario y de servicios. Traducción: suben las cosas que no podemos dejar de pagar.

En teoría económica más amplia, esto se relaciona con: efectos de oferta o shocks de costos en precios regulados, inflación por corrección de precios relativos (no es inflación monetaria pura, sino reordenamiento) y con el concepto de pobreza de energía o costo de vida asimétrico cuando afecta más a ciertos grupos.

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Es un costo transitorio típico de los procesos de normalización económica después de distorsiones prolongadas. Durante años, el Estado pagó parte de la luz, el gas y el transporte de cada hogar argentino. Esa cuenta nunca desapareció: se cobró en forma de inflación. Ahora que se está saldando, el bolsillo la siente de otra manera — y el consumo lo acusa.

En diciembre de 2023, un hogar tipo del AMBA pagaba unos $3.664 por la electricidad y $1.380 por el gas. Hoy esas mismas facturas rondan los $42.887 y los $28.025 respectivamente. No es que la empresa distribuidora se haya vuelto más cara de un día para el otro: es que durante años esos precios estuvieron subsidiados por el Estado, y ahora se están acomodando a lo que cuesta producirlos y distribuirlos.

Para entender la magnitud del cambio, hay que ver los números con perspectiva. En marzo de 2023, el salario promedio formal (RIPTE) era de $239.883. Hoy es de $1.734.357: subió un 623% en tres años. Mucho, sí. Pero la mayoría de los servicios públicos subieron bastante más.

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El colectivo, por ejemplo, pasó de costar $52 por viaje a $700 — una suba del 3.138%. Para ponerlo en términos concretos: alguien que viajaba 60 veces por mes pagaba en 2023 lo mismo que hoy paga por menos de dos viajes. El subte trepó un 2.079%. La electricidad, un 1.070%. El gas, un 1.930%. El agua, un 2.236%. En todos los casos, la suba de esos servicios superó ampliamente la del salario.

«En 2023 la luz y el gas eran baratos no porque fueran baratos: eran baratos porque el Estado pagaba la diferencia con emisión monetaria».

Ahora bien, ¿cuánto pesan esos servicios hoy en el sueldo de una familia, en comparación con antes?

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En el caso del transporte, por ejemplo, el colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%

El primer dato que sorprende es el de la medicina prepaga. Con una familia de cuatro en relación de dependencia, la cuota pasó de representar un 43,8% del salario en 2023 a un 40% en 2026. Algo parecido pasó con el colegio privado (de 16,1% a 11,9%) y el seguro de auto (de 7,1% a 5,9%). ¿Por qué? Porque esos servicios privados se ajustaron libremente con la inflación, pero no partían de un precio artificialmente deprimido como los públicos.

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El caso opuesto es el del transporte. El colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%. El subte, del 0,7% al 2,0%. El agua, del 0,6% al 2,0%. Son exactamente los servicios que más tenían el precio reprimido — los que más subsidio recibían — y por eso su corrección fue más brusca.

Y el ajuste en el transporte no terminó. Las líneas de tren del AMBA tienen aumentos escalonados programados hasta septiembre. Para usuarios con SUBE registrada, la tarifa de la sección más corta (hasta 12 km) pasa de $330 en mayo a $530 en septiembre. La sección media (12 a 24 km) va de $429 a $689, y los viajes más largos (más de 24 km) de $528 a $848. Quien viaje sin SUBE registrada pagará tarifa plana: $1.100 en mayo, $1.700 en septiembre. La corrección tarifaria, en otras palabras, todavía está en curso.

Lo que el subsidio escondía: emisión e inflación

Mantener esos precios artificialmente bajos no era gratis. En 2023, el Estado gastó $2.654 millones en subsidios energéticos y $1.008 millones en transporte, sumando un total de $4.092 millones entre energía, transporte y agua — equivalentes al 2,3% del PBI. Como esos fondos no alcanzaban con la recaudación, el Banco Central transfería pesos al Tesoro para cubrir la diferencia: solo en 2023, los adelantos transitorios del BCRA sumaron $1.775.685 millones. En 2026, ese número es cero.

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«El ciudadano pagaba una factura de luz barata, pero pagaba en otro lado: a través de precios más altos en el supermercado, en el alquiler, en todo»

Esa emisión se convertía en inflación. La misma inflación que licuaba salarios y ahorros. El resultado fiscal lo confirma: en 2023 el déficit primario fue del 2,9% del PBI. La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% — un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años.

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La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% , un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años

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El camino de la inflación

Los números del IPC cuentan esa historia con precisión. En diciembre de 2023, con el primer gran ajuste de tarifas ya en marcha, la inflación general fue del 25,5% en un solo mes — con el IPC núcleo al 28,3%, señal de que el problema era sistémico y no solo tarifario. A partir de ahí, la tendencia fue de baja sostenida: 4,2% en mayo de 2024, 2,4% en octubre, y desde entonces oscilando entre el 2% y el 4% mensual.

Hay un dato en la serie que vale la pena detenerse: el IPC de regulados. En los primeros meses de 2024 — enero a abril —, los precios regulados subieron al 26,6%, 21,1%, 18,1% y 18,4% mensual respectivamente, muy por encima de la inflación general y del índice núcleo. Era el momento más intenso de la corrección tarifaria. Después se normalizó. Hoy el IPC de regulados corre apenas por encima o en línea con el general.

«La inflación de 2024 no fue solo inercia: fue en buena parte la factura diferida de años de precios artificiales pasando al frente de golpe.»

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Desde enero de 2023 hasta marzo de 2026, la inflación acumulada fue del 875% en el índice general y del 1.120% en el componente de precios regulados — 245 puntos porcentuales más. Esa brecha es exactamente la magnitud de la distorsión que se estaba corrigiendo.

Lo que hay de inflación hoy no es del mismo tipo que la de 2023. Ya no es inflación por exceso de emisión monetaria — el grifo de los adelantos transitorios está cerrado. Es, en buena medida, el reordenamiento final de precios relativos que todavía no terminó de acomodarse.

El presupuesto familiar se reorganiza… y el comercio lo siente

Cuando los servicios básicos pasan a ocupar una porción mucho más grande del sueldo, algo tiene que ceder en el presupuesto familiar. Y lo que cede, en general, es el consumo de bienes. Los datos lo muestran con claridad. El índice de ventas en supermercados —desestacionalizado— pasó de 93,1 en febrero de 2023 a 81,8 en febrero de 2026: una caída del 12,1% en términos reales en tres años. Para dimensionarlo: es como si uno de cada ocho productos que se vendían en 2023 hoy simplemente no se vendiera — como si todos los supermercados del país cerraran un día y medio por mes comparado con tres años atrás.

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Los shoppings cayeron un 2,3% en el mismo período. Las ventas minoristas relevadas por CAME cuentan la historia con más detalle. El índice tocó su piso en enero de 2024 con una caída interanual del 28,5% — el momento más duro del ajuste. Desde ahí rebotó: en enero de 2025 llegó a crecer un 25,5% interanual, traccionado por la baja de la inflación y cierta recuperación del salario real. Pero ese rebote no se sostuvo. Desde mayo de 2025 el índice volvió a territorio negativo y no salió más: abril de 2026 marca una caída del 1,3% interanual, con un índice de 93,4 que está todavía por debajo de los niveles de fines de 2023. El rebote fue real, pero no alcanzó para recuperar el nivel previo al ajuste.

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La plata que antes se destinaba al supermercado ahora va a pagar servicios

«El dinero no desaparece: cambia de destino. Lo que antes se gastaba en el supermercado hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas.»

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El caso de los electrodomésticos es el más ilustrativo del cambio de comportamiento. En 2023, las ventas acumuladas de línea blanca crecieron un 124% nominal respecto al año anterior. En 2024, un 159%. Números que a primera vista suenan bien, pero que hay que leer en contexto: con una inflación que llegó al 211% anual en 2023, comprar una heladera o un lavarropas era una forma de protegerse de la pérdida de valor del peso. La gente no compraba porque le sobraba el dinero — compraba para no perderlo. En 2025 ese crecimiento se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente: el incentivo de «ahorrar en bienes» se diluyó.

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En 2025, el crecimiento en el rubro electro se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente

El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km: los patentamientos acumulados de enero a marzo pasaron de 77.404 unidades en 2023 a 106.994 en 2026, un salto del 38%. Pero este caso tiene su propia lógica: el crédito prendario se reactivó con la desinflación, y el segmento de autos tiene una demanda embalsada de años de restricciones a las importaciones. Es la excepción, no la regla.

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La regla es otra: cuando los servicios básicos se encarecen relativamente, el consumo de bienes absorbe el golpe. No es una caída por empobrecimiento generalizado, pero tampoco es un proceso indoloro. Mientras la inflación acumulada desde enero de 2023 a marzo de 2026 fue del 875%, el salario promedio formal (RIPTE) subió un 623% en el mismo período. Esa diferencia significa que el salario real perdió poder de compra. Las familias no solo están reasignando su gasto hacia servicios más caros: lo están haciendo con un ingreso que en términos reales vale menos que hace tres años. Eso explica buena parte de la presión que se siente en el consumo cotidiano, y también por qué la recuperación del poder adquisitivo es la otra cara indispensable de cualquier proceso de normalización que se sostenga en el tiempo.

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El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km

Qué queda por delante: estabilización sin recuperación salarial

Lo que estamos viendo no es, en su mayor parte, una crisis de consumo: es un reordenamiento. Durante años, los precios de los servicios públicos estuvieron tan por debajo de su costo real que millones de familias habían perdido la noción de cuánto valía realmente enchufar un aire acondicionado, tomar el subte o abrir la llave del gas. El Estado pagaba la diferencia, y la diferencia se cobraba en inflación.

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El proceso de corrección es costoso y no es neutral: las familias de menores ingresos son las más expuestas, porque destinan una proporción mayor de su presupuesto a los servicios básicos y tienen menos margen para absorber el ajuste. Pero la alternativa — seguir financiando subsidios con emisión monetaria — tenía un costo aún mayor: una inflación que destruía el salario real mes a mes, mucho más rápido y de forma mucho más regresiva que cualquier suba de tarifas.

La señal más clara de que el mecanismo cambió está en el Banco Central: en 2023 transfirió al Tesoro $1.775.685 millones en adelantos transitorios para financiar, entre otras cosas, esos subsidios. En 2026, esa cifra es cero. El déficit primario de 2,9% del PBI se convirtió en un superávit proyectado del 1,5%. Y la inflación mensual bajó del 25,5% en diciembre de 2023 a un rango del 2% al 3% en los últimos meses.

La inflación que queda no es del mismo tipo que la de entonces. Es, en buena medida, el precio de normalizar lo que estuvo distorsionado por años. Una vez que ese proceso cierre, la estructura de costos de la economía debería estabilizarse sobre bases más sólidas.

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Pero la estabilización de precios es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad — la que todavía está pendiente — es la recuperación del poder adquisitivo del salario. El RIPTE subió un 623% entre 2023 y 2026, mientras la inflación acumulada fue del 875%. Esa brecha de 252 puntos porcentuales tiene una traducción muy concreta: un trabajador formal necesita hoy casi cuatro meses de sueldo para comprar lo que en 2023 compraba en tres. La corrección de precios relativos puede ser el principio del orden, pero el capítulo de la recomposición salarial está, por ahora, sin escribir.

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ECONOMIA

Mercado Pago apuesta al ahorro con dos nuevos fondos que podés usar desde tu celular: cómo invertir

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Mercado Pago presentó este jueves dos nuevas opciones de inversión en pesos que buscan ampliar las alternativas de ahorro para sus usuarios. La cuenta digital más usada del país suma a su portafolio dos Fondos Comunes de Inversión: uno de Renta Fija y otro de Renta Variable.

La novedad llega en un momento en que los argentinos buscan hacer rendir su dinero más allá de los tradicionales plazos fijos. Más de 20 millones de personas ya invierten en los money market de Mercado Pago, tanto en pesos como en dólares.

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Ahora, la fintech fundada por Marcos Galperin apuesta a captar a quienes buscan diversificar. El objetivo es ofrecer alternativas que generen mayor rentabilidad según el perfil de cada inversor: conservador para Renta Fija, más arriesgado para Renta Variable.

Los usuarios podrán suscribirse desde apenas $100 y contar con el dinero invertido en un día hábil después de vender sus cuotapartes. La liquidez es clave: nadie quiere tener la plata atada por semanas.

Por qué Mercado Pago lanza estos fondos ahora

La demanda existe y está creciendo. Según un relevamiento de Invecq, más de la mitad de los usuarios de Mercado Pago encuestados quiere explorar nuevas opciones para potenciar su dinero.

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Sin embargo, solo 3 de cada 10 declara haber invertido en fondos de renta fija o variable. El dato más llamativo: el 74% de los argentinos encuestados se define como inversor aprendiz o conservador.

Mercado Pago busca captar a ese enorme universo de ahorristas que hoy desconfían o no entienden las opciones tradicionales del mercado de capitales.

«Hace ocho años transformamos la gestión del dinero al ofrecer la posibilidad de generar rendimientos diarios a través de nuestra cuenta digital, mientras otras cuentas rendían 0%. Esta evolución permite que cada persona elija cómo potenciar sus ahorros, ya sea para maximizar el aguinaldo o planificar unas vacaciones a través de Renta Fija; o invertir su dinero a largo plazo, con el Fondo de Renta Variable», señaló Tomás Azzali, Director Senior de Mercado Pago Argentina.

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En Argentina, más de 32 millones de personas invierten en FCI. De ese total, casi 29 millones eligen fondos money market y más de 3 millones fondos T+1.

Qué diferencia a cada fondo y para quién es cada uno

El Fondo de Renta Fija, bautizado «Bonos, plazos fijos y más», apunta a usuarios conservadores. Invierte en instrumentos de bajo riesgo como plazos fijos, bonos y letras, ideal para quienes buscan hacer rendir su dinero en el corto o mediano plazo sin sobresaltos.

El horizonte de tiempo recomendado es mediano y largo plazo. No habrá milagros en una semana, pero tampoco vas a perder el sueño por volatilidad extrema.

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Por otro lado, el FCI de Renta Variable, llamado «Empresas argentinas», replica el índice Rofex 20. Está orientado a quienes están dispuestos a asumir mayores riesgos invirtiendo en acciones de las principales empresas del país.

Acá el juego cambia: podés ganar más, pero también podés perder. La volatilidad del mercado accionario argentino no es para principiantes nerviosos.

Ambos fondos estarán disponibles de forma paulatina para los usuarios a través de la aplicación de Mercado Pago. No todos los verán habilitados al mismo tiempo.

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Los nuevos FCI serán administrados por Mercado Pago Asset Management S.A. y custodiados por Banco Industrial S.A., bajo la supervisión de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

Cómo empezar a invertir en los nuevos fondos paso a paso

El proceso es simple y está pensado para que cualquiera pueda hacerlo desde su celular en minutos. No hace falta ser experto ni tener conocimientos previos del mercado de capitales.

Primero, ingresá a la sección «Inversiones» desde la pantalla principal de la aplicación de Mercado Pago. Ahí vas a ver todas las opciones disponibles, incluidos los nuevos fondos.

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Segundo, elegí el fondo que mejor se ajuste a tu perfil. ¿Sos conservador? Andá por Renta Fija. ¿Estás dispuesto a bancar oscilaciones por mayor rentabilidad? Probá Renta Variable.

Tercero, definí el monto a invertir. Recordá que podés arrancar desde $100, así que no necesitás tener fortunas para empezar.

Cuarto, aceptá los Términos y Condiciones y el Reglamento de Gestión del Fondo. Leelos aunque sea por arriba para entender las reglas del juego.

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A partir del primer día hábil posterior a tu inversión, los rendimientos comienzan a generarse automáticamente. No tenés que hacer nada más, solo esperar y ver cómo evoluciona tu inversión.

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ECONOMIA

Antonio Aracre: “Hay una parte de la sociedad que tiene problemas en el día a día”

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Antonio Aracre, advirtió sobre los riesgos de una devaluación brusca del tipo de cambio.

El economista y exasesor presidencial, Antonio Aracre, pasó por los estudios de Infobae en Vivo y analizó los principales indicadores de la economía argentina. Entre los temas que abordó, se destacó su lectura sobre el dato de inflación de mayo y su diagnóstico sobre una economía que crece de manera desigual: con sectores exportadores en auge, pero con una porción de la sociedad que todavía no llega a fin de mes.

Para Aracre, el número más relevante del informe de inflación de mayo no fue el índice general, sino la inflación núcleo, que marcó 1,9%. “Me gusta más el 1,9% de la núcleo que el 2,1% del IPC general”, dijo, y explicó por qué ese indicador importa más entre los economistas: “Es lo que miramos todos los economistas nerd. Qué sucede debajo de la inflación cuando sacás los regulados y estacionales, que son ruido numérico pero que no te dicen nada de lo que está pasando monetariamente en los comercios”.

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El dato, según su análisis, fue positivo porque perforó una barrera que parecía difícil de romper. “Rompió esa pared del 2% que parecía inquebrantable”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que en el desglose por rubros persiste una dinámica preocupante: los servicios siguen siendo los que más suben. “Todos los servicios —salud, educación, comunicación— están del lado izquierdo de las barritas”, indicó, en referencia a los rubros con mayor incremento.

Sobre ese punto, Aracre reconoció que tiene una diferencia con el pensamiento económico más ortodoxo. “Acá cometo un pecado de heterodoxia fuerte para mis colegas liberales”, advirtió antes de desarrollar su argumento: “Me parece muy difícil frenar la inercia de los servicios. No así la inercia de los bienes, porque tenés más herramientas para frenar la inflación en los bienes, como por ejemplo la apertura comercial».

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El economista señaló que la inflación en servicios —salud, comunicaciones, prepagas— es la más difícil de frenar porque se retroalimenta mes a mes y opera en mercados con pocos actores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema con los servicios, explicó, es estructural. “Tenés esa cosa de que te miran para el mes anterior y se te va retroalimentando. En otros países podés elegir a quién le comprás la luz, por ejemplo. Pero acá son oligopolios”, apuntó el economista.

Su propuesta, que calificó de heterodoxa, es convocar a los prestadores de servicios regulados a una mesa de negociación. “Los invitaría a una mesa porque no son tantos. Si pensás en términos de regulados —cable, comunicaciones, prepagas— no es tan difícil sentarlos y decir qué podemos hacer para ponerle un coto a esta retroalimentación», señaló.

Más allá de la inflación, Aracre desarrolló lo que considera el problema de fondo de la economía argentina actual: un crecimiento que no llega de manera uniforme a toda la sociedad.

Describió una economía con “una patita para arriba” en los sectores exportadores —minería, energía, agro— y una situación más estancada en los vinculados al mercado interno: construcción, comercio e industria.

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Un obrero trabaja sobre el tejado de un edificio en construcción. (Canva)
El sector de la construcción es uno de los que muestra una tendencia más estancada dentro de una economía que, según Aracre, crece principalmente por el empuje exportador pero no de manera uniforme. (Canva)

Esa disparidad tiene consecuencias concretas para buena parte de los argentinos. “Está muy bien que crezcamos en base a las exportaciones, con eso eliminamos la restricción externa, que es un grave problema de los últimos 10 años para crecer sustentablemente. Pero hay una parte de la economía y hay una parte de la sociedad, por lo tanto, que no está vinculada directamente a esos sectores y que tiene problemas en el día a día”, sostuvo. Y precisó: “En el caso de la gente para llegar a fin de mes, estoy hablando de la clase media baja; y en el caso de los empresarios, para medianamente seguir.”

En ese contexto, Aracre se refirió a la posibilidad —que algunos sectores reclaman— de subir el tipo de cambio para favorecer a las industrias que compiten con las importaciones. Su postura fue clara: hacerlo de golpe sería un error con consecuencias graves.

“Vos podés decir ‘subo el tipo de cambio’ porque de esa manera hago que la industria y la construcción sean más competitivas, pero eso tiene efectos negativos por el otro lado”, advirtió. Un salto cambiario brusco, en su análisis, “te genera un salto inflacionario que va a repercutir directamente en la gente que menos dinero tiene, se le van a encarecer los precios y por lo tanto va a tener un impacto en la pobreza», reconoció.

Sí consideró viable la estrategia de emitir pesos para comprar reservas, siempre que esa emisión sea esterilizada. “Como los esterilizás, no tiene efecto monetario”, explicó.

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Aracre se refirió al caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien en las últimas horas admitió haber ocultado activos al fisco. En ese sentido, consideró que el episodio tendrá consecuencias políticas, aunque acotadas al electorado que Milei necesita para una eventual reelección.

Conferencia de prensa: Manuel Adorni - Luis Caputo -  Alejandra Monteoliva
Aracre consideró que el caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, le pasará factura al gobierno entre el electorado de centro que Milei necesita para una eventual reelección.

“Hay una parte de la gente que lo votó a Javier Milei y con la cual pudo sumar ese 57%, que no es núcleo duro, que es mucha gente del centro que no pertenece a nada, que trata de vivir en un país medianamente normal, que no son demasiado politizados, que miran un poco la economía y los valores democráticos”, analizó. Para Aracre, ese segmento es el que podría pasarle factura al gobierno. “Es muy difícil que ese 20% que no es núcleo duro no le pase una factura”, afirmó.

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ECONOMIA

La mala noticia escondida en la baja del IPC: volvió a acelerar la inflación de alimentos

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Quién diría que, pese a todo, el Gobierno sacó alguna ventaja de la crisis política generada por la declaración jurada de Manuel Adorni. Es cierto que la situación del jefe de gabinete eclipsó buenas noticias de la economía, como la caída del IPC a 2,1% y el desplome en el índice de riesgo país. Sin embargo, también hizo que pasara inadvertido uno de los peores datos: la inflación de la canasta alimentaria volvió a acelerar.

Este indicador, que es el que marca la línea a partir de la cual se ingresa en la categoría de indigencia, dio una variación 2,4% en mayo. Y, más allá de la cifra, es un pésimo dato porque más que duplica el del mes anterior y reafirma que la inflación de alimentos no se limitó a una situación puntual del verano, sigue siendo un problema estructural de la economía.

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Hablando en plata, se necesita $681.246 para que una familia tipo, de dos adultos y dos niños en edad escolar, puedan mantener una dieta sana para reponer nutrientes a diario. Según el último censo de pobreza del Indec, un 4,8% de la población sigue debajo de la línea de indigencia.

Volvió a subir la inflación de alimentos y cortó la racha positiva

En los últimos dos meses, el gobierno se había ilusionado con una nueva tendencia, en la que, pese a que el IPC se mantenía relativamente alto, el rubro alimenticio -el más sensible desde el punto de vista social-, venía desacelerando.

Fue así que, después de una saga de cinco meses en la que siempre la inflación de alimentos se ubicaba por encima del IPC, por fin en marzo se logró quebrar la tendencia, cuando frente a un IPC de 3,4%, la canasta se encareció un 2,2%. Y en abril se repitió la situación: frente a un 2,6% de inflación promedio, la canasta básica sólo aumentó un 1,1%. Pero el alivio duró poco: ahora, con la canasta alimentaria subiendo a un ritmo de 2,4% frente a un IPC de 2,1%, otra vez se quiebra la tendencia.

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Luis Caputo había manifestado su satisfacción ante esta estabilización. Según su interpretación, el problema había sido el imprevisto aumento de la carne, que tiene una alta ponderación en el índice del Indec, y que sufrió fuertes aumentos en el verano. Pero el ministro se mostró confiado en que se trataba sólo de una situación estacional: «No todos los meses la carne va a subir un 8%», afirmaba.

Retracción del «efecto carne» 

Los números le dieron la razón a Caputo porque, efectivamente, el desagregado en el IPC de mayo muestra que el asado registró una baja de precio por 1,6%. Y los principales cortes consumidos por la población también registraron deflación en las carnicerías.

¿Por qué se había producido en verano ese inesperado pico en las carnicerías? Por un abrupto descenso de la oferta de animales para faena, lo cual llevó al mercado de hacienda de Cañuelas a que se pagara hasta $5.400 por kilo de novillito de hasta 390 kilos, algo que superó todas las expectativas del sector.

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La retracción ocurrió por un cambio en la actitud de los ganaderos, que después de años de haber enviado a faena a animales en edad reproductora, ahora quieren aprovechar los buenos precios para recomponer el stock de animales, que cayó cayera debajo de los 50 kilos de cabezas, el número más bajo de los últimos 15 años.

A diferencia de lo que ocurrió en los últimos años, ahora es más negocio engordar un animal hasta más de 480 kilos, en vez de mandarlo al matadero con 300 kilos. Y ese cambio en la ecuación del negocio ocurre por el abaratamiento relativo del maíz, el principal insumo para el engorde del vacuno.

Lo cierto es que el peor momento parece haber pasado. Ahora, en Cañuelas los precios reflejan una baja de un 9% promedio respecto de su pico veraniego, con precios máximos de $4.900 para el novillito.

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La culpa de nuevos aumentos: panificados, lácteos y verduras 

Pero, aun con la carne jugando a favor, surgieron nuevos aumentos en otros subrubros, que empañaron el buen dato del IPC.

En particular, hubo aumentos por encima de lo previsto en panificados, en productos lácteos y en verduras. En promedio, las verdulerías mostraron aumentos por 18,8%, con casos como el tomate redondo que tuvieron un impactante incremento de 62%. También hubo subas de dos dígitos para la papa, la lechuga y la cebolla.

En el subrubro de lácteos, hubo varios productos con incrementos superiores al 5% mensual, como la leche en sachet, la manteca y el dulce de leche.

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Y en panificados y farináceos, se destaca la suba de las galletitas de agua envasadas, con incrementos de 9,2%.

Sea cual sea el producto que genere la presión estacional, lo cierto es que está resultando mucho más difícil de lo previsto dominar la inflación en los alimentos, algo que todos los gobiernos ponen entre sus prioridades, porque incide directamente en los niveles de pobreza e indigencia.

Todavía no está claro que se tratará de fenómenos transitorios o si se extenderán en los meses invernales, complicando así los planes del gobierno para moderar la inflación.

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En todo caso, el hecho de que la inflación de alimentos siga siendo un tema noticioso le genera un problema político al gobierno, porque pone en duda la validez de su discurso sobre la inflación como un fenómeno estrictamente monetario.

Si desde el equipo del ministro Toto Caputo se pone el énfasis en factores climáticos o en el encarecimiento del costo logístico por la suba de combustibles, entonces la explicación sonará como una contradicción con el mantra de la inflación monetaria. Y si no se plantea ese argumento, entonces habrá margen para que aumenten las críticas por parte de los economistas que acusan a Caputo de estar incurriendo en una expansión monetaria encubierta.

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