ECONOMIA
Alfredo Romano: “Perdimos una oportunidad única e histórica para dolarizar”

En el primer trimestre de 2026, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) registró un crecimiento no solo en las exportaciones del sector agropecuario, la producción de Vaca Muerta y la nueva minería, sino también en el conjunto de las industrias de origen no agropecuario. Por el lado de las importaciones, sobresalieron los incrementos en autos y bienes de uso intermedio -materias primas- por encima de los bienes de consumo final.
Según la serie de tipo de cambio real multilateral elaborada por el Banco Central de la República Argentina, con base 100 al 17 de diciembre de 2025, el índice se sitúa en 84,4 puntos. No obstante, si el valor de referencia es el promedio desde el inicio de la serie, entre el 1 de enero de 1997 y el 31 de diciembre de 2021 -previo a la salida de la convertibilidad fija de 1 a 1 entre el peso y el dólar-, que fue de 76,2 unidades, el peso presenta una devaluación de 10,8% en valores reales.
Pese al desempeño exportador, economistas advierten que es necesario ajustar la política económica para evitar un atraso cambiario.
“La posibilidad de una alternancia política debe reflejarse en precios; ese extremismo ideológico se paga también en prima de riesgo!
En este contexto, Infobae entrevistó a Alfredo Romano, director de la consultora Romano Group y autor de los libros Dolarizar y Argentina Dolarizada, para analizar la situación del mercado cambiario y evaluar el desempeño económico en el tercer año de la presidencia de Javier Milei.
— El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó en Washington que, por sus fundamentos, Argentina debería registrar un riesgo país considerablemente más bajo. ¿Por qué el índice se mantiene elevado pese al respaldo de organismos internacionales y de los principales bancos de inversión internacional?
— Porque el inversor aún no cree que esta dinámica fiscal sea sostenible en el largo plazo. Este gobierno logró algo extraordinario en muy poco tiempo, pero los países no dependen de personas, sino de políticas de Estado que perduren. Argentina todavía tiene un camino institucional muy largo por recorrer en materia fiscal. Además, la posibilidad de una alternancia política debe reflejarse en precios; ese extremismo ideológico se paga también en prima de riesgo.

— ¿Cuál es su evaluación sobre la arquitectura financiera diseñada por el Ministerio de Economía para garantizar financiamiento por hasta USD 10.000 millones?
— Buscar financiamiento a tasas de interés más competitivas y poder rollear deuda es correcto. Pero seguimos pagando las consecuencias de nueve defaults. Argentina necesita institucionalizar que sus deudas se honran siempre. El sector productivo enfrenta dificultades tanto en el acceso al crédito como en la inversión de capital.
— ¿Qué medidas resultan clave para reactivar la inversión privada y el crédito productivo, considerando las restricciones externas y el proceso de ajuste fiscal?
— El crédito es central. Sin moneda y con inflación elevada, no hay profundidad financiera. Es un problema estructural que no se resuelve rápido.

Es fundamental avanzar en la reducción de impuestos para aliviar a un sector privado golpeado por décadas de cierre económico y un mercado de capitales pequeño. Todavía estamos esperando que se reduzcan impuestos estructurales como la alícuota de Ganancias, la eliminación del Impuesto a los Débitos y Créditos y de Ingresos Brutos en las provincias. Bajar el IVA para los sectores más vulnerables sería un paso enorme hacia la recomposición de los ingresos de quienes llevan cinco meses perdiendo contra la inflación. Sin embargo, ninguno de estos tributos se ha reducido o eliminado.
“Estamos esperando que se reduzcan impuestos estructurales como la alícuota de Ganancias, la eliminación del Impuesto a los Débitos y Créditos y de Ingresos Brutos en las provincias”
Por otro lado, las recientes bajas de tasas de interés -actualmente en torno al 2% de tasa efectiva mensual en toda la curva de rendimientos- puede ser positivo, ya que pueden estimular el crédito privado; esto ya se observa en segmentos de créditos avalados. Ojalá se sostenga este nivel de tasas, tras seis meses muy complejos. El corredor de tasas establecido por el Banco Central parece avanzar en ese sentido.
— Desde que el Ministerio de Economía y el Banco Central ajustan las bandas cambiarias según la inflación de los dos meses previos, el BCRA acumuló más de USD 4.500 millones y adquirió en el mercado más de USD 6.000 millones. ¿Cómo interpreta este proceso y cuál debería ser el papel de la Tesorería en la compra de divisas?
— Nunca me gustaron las bandas cambiarias: son distorsivas y se amplían mes a mes. Considero un error permitir una apreciación del peso superior al 14% en lo que va del año. El BCRA podría haber comprado mucho más. Se adquirió entre 17% y 20% del volumen operado; yo hubiera apuntado a más del 50%. Es decir, hubiera adquirido más del doble de reservas a esta altura.

No es un capricho: sin acceso a financiamiento externo, esas reservas serán clave para pagar deuda, dadas las condiciones externas complejas por la guerra en Medio Oriente.
— Más allá del aumento del precio del petróleo y su efecto en la economía, ¿por qué estima que la tasa de inflación se mantiene elevada, aunque persista la disciplina monetaria y fiscal?
— Porque se eligió un camino gradualista en lo monetario. Es el recorrido de países como Perú o Uruguay, que tardaron entre siete y diez años en llevar la inflación a un dígito. Perdimos la oportunidad de dolarizar cuando estaban dadas las condiciones. Lamentablemente, la promesa de dolarizar quedó trunca y perdimos una oportunidad única e histórica, ya que se daban todas las condiciones locales e internacionales para concretarla.
“El BCRA mantiene una situación de fragilidad de cara a 2027, ya que Economía no logra colocar deuda en los mercados internacionales y no creo que lo logre en el próximo trimestre”
El ancla fiscal es relevante para un programa de estabilización, pero muchos consideraron que era el único requisito para llevar la inflación a un dígito rápidamente. La historia muestra que Argentina solo tuvo dos períodos de inflación muy baja y sostenida: durante la convertibilidad contra el oro en 1890 y en los años 90, es decir, bajo regímenes monetarios inflexibles.
Como mencioné, el programa monetario determina en mayor medida el ritmo de desinflación. Hoy los salarios reales siguen a la baja, la inflación continúa en alza, el dólar permanece estable y, sin embargo, la inflación no cede. Y esto no se debe únicamente al conflicto en Medio Oriente; si se excluye el shock energético, la inflación de marzo hubiera sido de 3,1%, acumulando diez meses de subas.

— Se observa un aumento de la incertidumbre económica entre la población, mayor morosidad en el pago de créditos, así como heterogeneidad en el desempeño sectorial y en los precios. ¿Cuál es su interpretación de estos indicadores y tendencias?
— Preocupante. La morosidad familiar está llegando a niveles históricamente altos, triplicando los niveles de los últimos cuatro años.

— Diversos informes internacionales -entre ellos, análisis recientes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional- advierten sobre el impacto social del ajuste fiscal. ¿Cuál es su visión sobre el equilibrio entre la consolidación fiscal y la necesidad de contener indicadores sociales como la pobreza y el desempleo?
— De nada, pero absolutamente de nada, servirá este titánico esfuerzo que está haciendo la sociedad si en 2027 gana un gobierno peronista o kirchnerista. Por ello, considero que en 2026 y 2027 el Gobierno debe aprovechar para cosechar todo lo sembrado en materia fiscal y buscar el equilibrio de las finanzas públicas, utilizando los excedentes para movilizar los sectores más afectados de la economía y asegurar que las bases de este programa se mantengan varios años más.

En ese sentido, los depósitos de la administración central ascienden a $13 billones. Suponiendo que $6,3 billones es el promedio de capital de trabajo necesario -promedio de la presidencia de Alberto Fernández-, sobran $7 billones. Estos recursos podrían destinarse a reactivar el crédito privado mediante préstamos a tasas competitivas para sectores que requieren herramientas adicionales frente a las dificultades actuales. Otra medida debería orientarse a la reducción del IVA para contener a los sectores más vulnerables.
— A un año de la eliminación del cepo cambiario para personas físicas, los residentes compraron más de USD 31.000 millones y se produjo una apreciación del peso. Si se eliminaran las restricciones cambiarias restantes para empresas, ¿espera un movimiento similar en el mercado?
— Estamos conviviendo con un super peso desde hace varios meses en términos históricos y, sin embargo, la sociedad sigue comprando alrededor de USD 2.000 millones anuales para atesorar. Esos individuos ven un “dólar barato” como oportunidad para capitalizarse, aun cuando el peso ha sido una mejor inversión que el dólar en la era Milei. Esto refleja el problema de confianza con nuestra moneda, un problema sin solución.

— ¿Por qué estima que el Ministerio de Economía y el Banco Central no aceleran la liberalización del mercado cambiario, siendo principalmente economistas y analistas quienes la demandan?
— Pesa mucho la historia reciente del programa de la presidencia de Mauricio Macri. Muchos funcionarios, entre ellos Luis Caputo, Federico Sturzenegger y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, fueron figuras relevantes en el programa de 2016. Si se observa en términos generales, Macri fue más osado en política monetaria, mientras que fue muy gradualista en lo fiscal.
“Macri fue más osado en política monetaria, mientras que fue muy gradualista en lo fiscal. Actualmente, el programa es muy audaz en lo fiscal pero gradualista en lo monetario”
Actualmente, el programa es muy audaz en lo fiscal pero gradualista en lo monetario; dejar de emitir no es un shock monetario, sino una necesidad del momento para evitar una hiperinflación en 2024.
— ¿Por qué piensa que el presidente dejó de lado el plan de dolarizar? ¿Coincide con Milei en que fue porque la gente no quiere salir del peso?
— Creo que el día en que se descartó la designación de Emilio Ocampo como presidente del Banco Central, la dolarización quedó sepultada. Luego, Javier Milei, con términos sofisticados, habló de dolarización “endógena”, pero eso es lo que vemos hace 50 años en Argentina: el ciudadano considera al dólar como reserva de valor y lo demuestra sistemáticamente. En septiembre del año pasado se dolarizó más del 50% del M2, casi USD 33.000 millones, frente a una elección legislativa. Desde 2026 los privados llevan comprados más de USD 7.000 millones.

No comparto la visión del Presidente sobre la imposibilidad de dolarizar. La ley más importante que debería haberse sancionado hace meses era la Dolarización, legalizando al dólar, realizando un canje por pesos y avanzando en el cierre definitivo del BCRA. No se optó por ese camino y, 24 meses después, la inflación persiste y el crédito sigue en niveles de países africanos. Si se hubiera dolarizado, el crédito habría crecido exponencialmente para el sector privado y la inflación sería hoy del 3% anual y no mensual. Como escribí junto a Ocampo, la dolarización es la madre de todas las reformas en Argentina y se podría haber implementado con ayuda del Tesoro de Estados Unidos al inicio del mandato de Milei.
— ¿Por qué dice que se perdió una oportunidad histórica para dolarizar? ¿No se puede todavía?
— No solo existían condiciones locales, con un amplio aval ciudadano, sino que el presidente, gracias a una gestión notable, logró un vínculo con Estados Unidos sin precedentes en la historia argentina. En lugar de defender el peso ante una corrida en septiembre de 2025, se debió usar esos dólares para rescatar los pesos, erradicar la inflación y terminar con la especulación financiera. Lamentablemente, se eligió otro camino.
— La apreciación del peso suele asociarse a un menor estímulo a las exportaciones y un incentivo a las importaciones y la demanda de divisas; sin embargo, ese comportamiento no se refleja en el mercado. ¿A qué atribuye esta dinámica?
— Es notable lo que sucede en el sector energético argentino. En los últimos doce meses se acumuló un excedente de más de USD 8.000 millones, cuando en 2022 Argentina era importadora neta de energía, con un costo superior a USD 5.000 millones. Además, los precios de las materias primas se mantienen elevados en términos históricos.

— El ministro Caputo afirmó: “Nos esperan los mejores 18 meses de las últimas dos décadas”. ¿Comparte ese pronóstico?
— Tengo muchas dudas. Los tiempos se aceleran en Argentina y el modo electoral paraliza la microeconomía. Si no se acelera la baja de la inflación, seguiremos viendo una caída sistemática del salario real, lo que afecta a los sectores más vulnerables. Espero equivocarme, porque aunque tengo discrepancias, especialmente en la política monetaria, considero que este es el camino para lograr una economía estable y pujante en el largo plazo.
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ECONOMIA
La agencia Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana de la Argentina

La calificadora Moody’s elevó la nota crediticia de la deuda soberana de Argentina, pasando de Caa1 a B3 para los compromisos en moneda local y extranjera, y modificó la perspectiva de estable a positiva. Según la agencia, esta mejora obedece a una reducción significativa del riesgo de default, en un contexto en el que la estabilización macroeconómica avanzó hacia una mejora más sostenible de los fundamentos crediticios, lo que también refleja un fortalecimiento en la gobernanza.
La calificadora destaca que los superávits fiscales sostenidos, la baja de la inflación y la continuidad de la liberalización económica refuerzan la credibilidad de las políticas y disminuyen la volatilidad macroeconómica. Además, resalta que el panorama externo de Argentina muestra una mejora notable, respaldada por un mejor desempeño exportador y un aumento de la inversión extranjera directa en los sectores de energía y minería, junto con un acceso más fluido al financiamiento internacional.
Según explicó la firma estadounidense, la perspectiva positiva refleja la visión de que el perfil crediticio de Argentina “podría fortalecerse aún más si las mejoras estructurales en las finanzas externas se combinan con la estabilización macroeconómica en curso”.
“Aunque persisten riesgos políticos de cara a las elecciones generales de 2027, se considera que el abanico de posibles políticas se ha reducido respecto a ciclos anteriores, lo que aumenta la probabilidad de continuidad en las medidas actuales y de mejoras sostenidas en la liquidez externa y la capacidad de pago de la deuda”, agregó el informe de Moody’s.
En tal sentido, precisaron que la calificación en moneda local se elevó a Ba3 desde B1, mientras que en moneda extranjera subió a B1 desde B2. La diferencia de tres escalones entre ambos representa “una mayor previsibilidad en las acciones e instituciones del gobierno y una menor intervención estatal en la economía y el sistema financiero, frente a riesgos políticos persistentes y desequilibrios externos que mejoran de forma gradual”. En tanto, la divergencia entre las notas en moneda extranjera y el de moneda local responde a una “mayor eficacia de las políticas y un bajo nivel de endeudamiento externo, aunque limitada por la baja apertura de la cuenta de capital”.

Tanto el ministro de Economía, Luis Caputo, como el viceministro de Economía, José Luis Daza, destacaron la decisión de la calificadora. “Con esta decisión, las tres grandes calificadoras (Moody’s, S&P y Fitch) quedan alineadas en B- por primera vez en más de una década. Miles de mandatos institucionales que exigen dos o tres agencias, o que utilizan la calificación promedio, tienen desde hoy luz verde para invertir en Argentina”, planteó Daza en su cuenta oficial de X.
En su comunicado, Moody’s explicó que el ajuste macroeconómico argentino evolucionó hacia un proceso de normalización más integral, sostenido por superávits fiscales continuos y un giro definitivo hacia la estabilización de la política económica y monetaria. Según la calificadora, el superávit fiscal funciona como el ancla central del programa de estabilización, ya que sostiene la desinflación, reduce las vulnerabilidades de financiamiento y fortalece la credibilidad de las políticas.
A diferencia de intentos de estabilización previos, que dependieron en gran medida de medidas transitorias o de ingresos externos de corto plazo, la agencia remarcó que el ajuste actual se apoya en una corrección sostenida de los desequilibrios fiscales, la eliminación del financiamiento monetario y las distorsiones de mercado, una normalización progresiva de los esquemas monetario y cambiario, y flujos genuinos de inversión. “La combinación de estas políticas redujo significativamente la volatilidad macroeconómica, fortaleció la confianza y creó condiciones para una recuperación gradual de la actividad del sector privado, evitando a la vez un resurgimiento de los desequilibrios que derivaron en la crisis de balance de pagos de 2023”, señaló Moody’s.
La firma también destacó que la credibilidad de las políticas se ve reforzada por mejoras institucionales y patrimoniales en todo el sector público, entre ellas la recapitalización del Banco Central y la reducción de los pasivos intra sector público, mientras que la baja de la inflación favorece la recuperación de los ingresos reales y de la confianza.

A esto se suman las reformas estructurales, incluidos los cambios en el mercado laboral y la desregulación en sectores clave, que a criterio de la calificadora están mejorando el entorno de negocios y promoviendo un reequilibrio gradual en la composición de la inversión y la actividad económica, hacia un modelo de crecimiento liderado por el sector privado. En ese marco, Moody’s proyectó una expansión del producto bruto interno de 3,4% para 2026 y de 3,5% para 2027.
El otro pilar de la suba de calificación es el frente externo. La calificadora sostuvo que “la posición externa de Argentina mejoró de manera sustancial” y que esa mejora se caracteriza cada vez más por avances estructurales en la generación de divisas. Históricamente, remarcó el informe, los desequilibrios externos, la pérdida de reservas y las crisis recurrentes de balance de pagos representaron la principal fuente de vulnerabilidad del país, restringiendo en forma reiterada el crecimiento económico y limitando la capacidad de pago.
De acuerdo con Moody’s, el desempeño exportador se fortaleció en una base amplia de sectores, entre ellos agricultura, manufacturas y servicios, mientras que el sector energético pasó de ser una fuente de presión externa a generar un superávit creciente. La agencia atribuyó esta mejora tanto al éxito del ajuste macroeconómico como a una transformación profunda en marcha en el sector exportador del país, impulsada por inversiones a gran escala en hidrocarburos, minería e infraestructura.
En ese sentido, el informe puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), orientado a atraer inversiones de gran escala y largo plazo en sectores con capacidad de incrementar de manera significativa la capacidad exportadora del país. Moody’s repasó que ese régimen catalizó flujos de inversión considerables, con una cartera de proyectos por USD 141.700 millones —equivalente a alrededor del 20% del producto bruto interno—, de los cuales USD 45.000 millones se encuentran en proceso de ejecución.

La calificadora precisó que estas inversiones se financian en gran medida en el largo plazo, lo que reduce la dependencia del endeudamiento soberano y a la vez genera un ingreso sostenido de divisas. A esto se agrega una mejora en la composición del financiamiento externo, con mayor peso de la inversión extranjera directa, el apoyo multilateral y el endeudamiento del sector privado, factores que refuerzan la disponibilidad de divisas y la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones externas.
Respecto de las reservas, Moody’s remarcó que la acumulación se fortaleció de manera significativa durante 2026, con compras del Banco Central por más de USD 11.000 millones hasta la mitad del año, sin que ese proceso generara presiones sobre el tipo de cambio. Aunque reconoció que los colchones de reservas siguen siendo relativamente débiles, la calificadora consideró que la mejora en la dinámica externa subyacente y en la capacidad de financiamiento redujo los riesgos de balance de pagos y disminuyó las preocupaciones en torno a las presiones de pago de deuda, en particular para 2026 y 2027.
Sobre la perspectiva positiva, la calificadora amplió que la fortaleza fiscal, la baja de la inflación y la creciente credibilidad de las políticas probablemente continúen, mientras que las inversiones de gran escala en energía y minería se traducirían en ganancias sostenidas de capacidad exportadora e ingreso de divisas. No obstante, Moody’s advirtió que «el ajuste macroeconómico deberá continuar hasta que una porción mayor de los proyectos del sector externo se concreten en 2027″, ya que, pese a las mejoras recientes, los colchones externos todavía no son lo suficientemente sólidos como para resistir un shock político o de balance de pagos.
En cuanto al escenario electoral, el informe planteó que un cambio en el panorama político tras los comicios de 2027 podría alterar la trayectoria de las políticas actuales. “La elección de una administración más intervencionista que revierta parcialmente las reformas recientes implicaría el riesgo de reintroducir distorsiones en la inversión, el comercio, el mercado cambiario y el manejo fiscal”, sostuvo Moody’s, y agregó que ese escenario probablemente debilitaría la confianza de los inversores, desaceleraría los flujos de inversión y limitaría la acumulación de reservas externas, erosionando de manera gradual las mejoras crediticias logradas durante el ajuste actual.
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ECONOMIA
Lado B del boom exportador: el aporte de dólares de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

La euforia con la que el ministro Luis Caputo anuncia los excelentes números de la exportación tiene un lado B: cuando se analiza con lupa la composición de la balanza comercial, puede notarse que el mejor momento ya quedó atrás y que, en los próximos meses, el aporte de dólares podría comenzar a mermar.
Para empezar, el «récord histórico» de las exportaciones en junio no fue tal: se vendió mercadería por u$s9.055 millones, lo que implica una caída de 5% respecto de mayo, cuando sí se registró un récord. Pero Caputo no quiso opacar el clima de festejo, y por eso destacó que era un máximo histórico… para el mes de junio.
Lo cierto es que en hay probabilidades de que las exportaciones de julio sean menores que las de junio, y así sucesivamente. No será una situación que sorprenda a los expertos en comercio exterior: es el típico efecto estacional del segundo semestre, cuando ya pasado el mejor momento de la cosecha gruesa, empieza a aminorar la liquidación de los productos agrícolas.
Pero, además, este año incide otro efecto, el de la exportación de petróleo, el rubro estrella que ayudó a que se equilibrara, por fin, la cuenta corriente.
La exportación del rubro hidrocarburos obedece al gran boom productivo del yacimiento Vaca Muerta, como lo acredita el hecho de que, en meses como mayo, los volúmenes vendidos hayan aumentado un 78% en términos interanuales. Pero, sobre todo, lo que hizo que este fuera un año extraordinario para la exportación fue el conflicto de Medio Oriente, que disparó la cotización del barril de crudo en el mercado internacional.
Exportaciones de Vaca Muerta y el «efecto precio»
Y hay un efecto que aparece en la «letra chica» de la estadística, y que los economistas suelen pasar por alto: hay un desfasaje, de aproximadamente 45 días, entre el momento en que se produce la venta y el momento en que se fija el precio. Esto llevó a que en marzo y abril, cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán estaba en su momento más intenso, los precios del petróleo argentino todavía no reflejaban plenamente el pánico de los mercados, que había llevado el crudo Brent por encima de los u$s120.
Y también ese efecto determinó que en marzo las exportaciones de petróleo argentino fueran de u$s1.235 millones y en abril de u$s1.554 millones. Son cifras excelentes, pero que no se explicaban por el aumento en el precio internacional -de hecho, en marzo hubo una caída en términos interanuales- sino por el mayor nivel de producción.
Fue recién en mayo cuando el «efecto Irán» se notó a pleno. Ese mes el petróleo aportó divisas por u$s1.745 millones, lo cual representó un 18,3% del total exportado. Todo un logro, en plena liquidación de la cosecha agrícola, que parecía confirmar el pronóstico de Caputo en el sentido de que el rubro de combustibles se dirige a disputarle el protagonismo al campo como proveedor de dólares en la economía argentina.
Claro, en mayo aparecieron reflejados los precios de inicios de abril, que se ubicaban en u$s110 para el tipo Brent. Ese mes, la exportación petrolera marcó una impactante suba interanual de 167%, lo cual se explica por una suba de precios de 49,9% y un aumento en las cantidades por 78,5%. Fue el mejor momento del año, y hay indicios de que no se volverá a repetir.
¿Lo mejor ya pasó para el petróleo?
Por lo pronto, los números de junio ya cayeron un escalón: se vendieron u$s1.406 millones. Y cuando se analiza cómo se compuso ese número, aparece una luz amarilla: hubo una mejora interanual de precios de 47,8%, pero las cantidades vendidas cayeron un 11,7%.
Los precios que refleja la estadística de junio corresponden al de inicios de mayo, cuando el crudo oscilaba en torno de u$s100. Es decir, todavía un precio alto, pero que ya daba señales de estar buscando los niveles previos al inicio del conflicto bélico.
¿Qué implica esto? Que, de acuerdo con ese desfasaje de precios, la exportación de julio reflejará el bajón del precio del petróleo ocurrido en junio, cuando la expectativa de una reapertura del estrecho de Ormuz llevó a la cotización del crudo al nivel de u$s80. Una situación similar podría ocurrir en agosto, cuando las ventas reflejen los precios de julio, que si bien están al alza por la incertidumbre sobre el conflicto, tuvieron un piso de u$s70 a inicios de mes.
Los bancos de inversión que analizan el mercado energético plantean un escenario de un precio en torno de u$s80 para el segundo semestre, y una caída para inicios del año próximo. Por supuesto que en el mundo petrolero hay una incidencia política mucho más alta que en otros productos pero, aun así, los analistas observan que el momento de mayor volatilidad ya pasó y que, aun con las amenazas de Donald Trump sobre un recrudecimiento del conflicto, difícilmente se repitan los precios récord de inicios de año.
Lo que viene
¿Cuál es la consecuencia de esta situación para Argentina?: que ese «plus» aportado por los altos precios en las exportaciones de mayo y junio ya no será tan fuerte, y que para que se mantenga el flujo de entrada de dólares se dependerá de un alto volumen de producción en Vaca Muerta.
Desde ya, no es que se trate de un objetivo imposible. Más bien al contrario, el boom inversor que se está produciendo en la cuenca neuquina está llevando a que se superen los récords de producción.
Con un volumen superior a los 630.000 barriles diarios, Vaca Muerta está mostrando un crecimiento de más de 35% en comparación con el año pasado. Y casi a diario se conocen nuevos proyectos, como el desarrollo de un bloque capaz de procesar 40.000 barriles de petróleo, a cargo de la empresa Vista bajo el régimen RIGI, por un monto de u$s5.800 millones.
El tema es que para que estos nuevos proyectos se concreten se requiere tiempo. Por caso, para que haya una exportación masiva de gas licuado, falta todavía dos años de obra que permitan transportar el gas hasta la nueva planta de licuefacción en la costa de Río Negro.
En definitiva, el largo plazo sigue siendo optimista. Pero en lo que refiere al programa económico de este año y el próximo -que incluye un exigente calendario de pagos por la deuda-, hay probabilidades de que el mejor momento en cuanto al aporte del petróleo ya haya quedado atrás.
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ECONOMIA
Mercados: subieron las acciones argentinas, respaldadas por las alzas de Wall Street y el petróleo

Las bolsas de Nueva York operaron con alzas este martes, un comportamiento que se produjo en simultáneo a otra sesión con alza para los precios del petróleo, dadas las renovadas hostilidades en Oriente Medio.
Los principales índices de Wall Street avanzaron en un rango de 0,7% a 1,3%, mientras que el crudo se encareció más de 2 por ciento.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 1,8%, a 3.281.979 puntos. Entre los ADR y acciones de empresas argentinas que son negociados en dólares en Wall Street predominan las ganancias, encabezadas por Edenor (+5,4%), Cresud (+4,4%) y Pampa Energía (+3,6%).

En la licitación extraordinaria del día, la Secretaría de Finanzas frente a la suscripción en especie del día adjudicó un total de USD 1.895 millones, habiendo recibido ofertas por un total de USD 2.087 millones, con una aceptación de 45,2% sobre el total de vencimientos nominales en circulación.
Se dividió en un bono Dólar Linked al 31 de agosto de 2026 por USD 1.736 millones adjudicado, y otro títulos similar al 15 de diciembre de 2028 (TZVD8) por 159 millones de dólares.
“Esta operación pretende reducir la volatilidad cambiaria del cierre de mes y extender los plazos de los compromisos de deuda”, explicaron desde Rava Bursátil.
En el exterior las acciones estadounidenses subieron, mientras los inversores se preparaban para una avalancha de informes de ganancias corporativas de empresas tecnológicas en medio de señales de una reactivación en las acciones de semiconductores, con los nuevos aranceles estadounidenses a Canadá y las hostilidades en Medio Oriente también en el punto de mira.
El índice Nasdaq Composite, con fuerte presencia de empresas tecnológicas, subió un 1,3%, impulsado por el auge de los semiconductores antes de la publicación de los resultados de las grandes tecnológicas esta semana. El promedio Dow Jones Industrial avanzó un 0,7%, mientras que el S&P 500 ganó un 0,9% tras la caída de las acciones el lunes en medio de las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.
Los precios del crudo operaron a su vez en alza, mientras los mercados evaluaban las noticias sobre los esfuerzos de mediación frente a los nuevos ataques intercambiados entre Estados Unidos e Irán, así como las amenazas de un bloqueo naval de Arabia Saudita por parte de los hutíes de Yemen.
Los futuros del Brent del Mar del Norte para septiembre ganaron 2,4%, a USD 91,39 el barril, mientras que el contrato de referencia del WTI (West Texas Intermediate) en Estados Unidos, también para septiembre, avanzó 2,5%, a 84,54 dólares.
El ascenso del crudo fue el fundamento de las ganancias de las acciones argentinas del sector de energía, como YPF (+1,6%, a USD 51,25), Vista Energy (+1,8%) y Tenaris (+1,6%).
“Hay cierta esperanza de una distensión entre Estados Unidos e Irán. Según algunas informaciones, los mediadores están proponiendo un alto el fuego de diez días, lo que podría volver a encarrilar el memorando de entendimiento”, señalaron los analistas de ING en una nota a clientes, en referencia al acuerdo provisional negociado en junio.
Sin embargo, persisten importantes diferencias entre Washington y Teherán, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió de represalias tras la muerte de varios soldados estadounidenses, añadió ING.
Un alto cargo iraní dijo a Reuters que Teherán recibió una propuesta de los mediadores para un alto el fuego de 10 días, en un intento por salvar el acuerdo firmado el 17 de junio, destinado a allanar el camino hacia un acuerdo duradero que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.
Esta iniciativa diplomática se produjo tras otra noche de bombardeos contra ciudades iraníes y de ataques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní contra instalaciones militares estadounidenses en toda la región.
Asimismo, los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron el lunes que impondrían un bloqueo naval a Arabia Saudita, lo que abre un posible nuevo frente contra Estados Unidos en su guerra contra Irán y aumenta la amenaza para el suministro energético mundial y el comercio más allá del golfo Pérsico.
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