CHIMENTOS
El desafío de abrir un teatro en la Argentina: Almagna, la apuesta de Gastón Cocchiarale en tiempos adversos

Hay proyectos que nacen como una necesidad artística. Y hay otros que parecen responder a algo más profundo: una forma de resistir, de dejar una huella, de construir un refugio para quienes todavía creen que el teatro puede cambiar una vida. En medio de un tiempo áspero para la cultura argentina, el actor, director y maestro de actores Gastón Cocchiarale decidió dar un paso que combina riesgo, pasión y convicción: abrir las puertas de Almagna, una nueva sala teatral en el corazón de Almagro, uno de los barrios donde el teatro independiente todavía late como un corazón obstinado.
Ubicada sobre Guardia Vieja 3783, entre Bulnes y Mario Bravo, aparece como una declaración de principios en una Buenos Aires donde cada persiana que se levanta para hacer arte parece desafiar la lógica de la época. La sala, con capacidad para cien espectadores, no es únicamente un teatro: es también un espacio cultural con salas de ensayo, un punto de encuentro para artistas y la nueva casa de “Creer es Crear”, la escuela de formación actoral fundada por Cocchiarale, que hoy reúne a más de 250 alumnos.
La inauguración tuvo un gesto cargado de simbolismo y emoción: Guillermo Francella participó del evento y le dio nombre a la sala principal. No fue un homenaje casual. Para Cocchiarale, Francella representa mucho más que un colega admirado. “Fue quien me generó el deseo de ser actor”, confesó en una charla íntima con Teleshow, con una mezcla de gratitud y emoción que atraviesa toda su historia.
“Emprender ya es difícil. Emprender en este país es todavía más difícil. Y emprender en el arte en este país es triplemente costoso”, resumió al recordar los trece meses de obra ininterrumpida que demandó levantar Almagna junto a su socio, Jorge García. Pero detrás del cansancio aparece algo que en su relato se repite como una pulsión constante: la pasión. “Cuando uno tiene vocación y está enamorado de lo que hace, ningún obstáculo termina de derrotarlo”, sostuvo.

Las palabras no suenan vacías. Durante más de un año, el actor convivió con albañiles, planos, ensayos, clases, producción y funciones mientras seguía sosteniendo su carrera actoral. “Tuvimos una línea muy clara de lo que queríamos y cómo lo queríamos”, explicó sobre el proceso que comenzó hacia fines de 2024 y terminó convirtiéndose en un nuevo polo teatral dentro del circuito independiente porteño.
“Tuvimos la fortuna de que entre los dos hicimos un gran equipo y en base a eso pudimos tener trece meses de obra en construcción desde fines del 2024, que empezamos el proyecto, hasta marzo de este año, que inauguramos de alguna manera, primero con clases de mi escuela y de a poquito se fueron incorporando las obras, las funciones que ahora, si Dios quiere, durante todo el mes de mayo y junio terminaremos de tener toda la programación ya instalada y en cartel para que la gente pueda venir a disfrutarla”, destacó
Pero detrás del entusiasmo también aparece la preocupación por el presente cultural argentino. Cocchiarale no esquivó el tema. “Es un momento muy frágil de la cultura en la Argentina”, dijo. Y fue más allá: “Tenemos un Gobierno que ataca de manera agresiva a la cultura, al teatro, al cine y a todo lo que tiene que ver con nuestro ecosistema cultural”. Lejos de quedarse únicamente en la crítica, imaginó otro escenario posible: “Creo que el Estado, el sector privado y los sindicatos podrían trabajar en equipo para reconstruir una industria audiovisual grande como la que tuvimos durante tantos años”.
Sin embargo, incluso en ese contexto, eligió apostar. Y esa decisión tiene raíces profundas en su propia identidad artística. Desde muy joven, mientras trabajaba en producciones masivas y populares, nunca abandonó el circuito independiente. “Nunca me gustó depender del mercado ni de la industria”, aseguró. “Desde los veinte años acompañé mi recorrido comercial con mis propias obras, escribiendo, dirigiendo y produciendo”.

Almagna aparece entonces como una especie de culminación natural de ese recorrido. Un lugar donde puede desarrollar proyectos sin pedir permiso. “Tener una sala propia no me limita a la hora de pensar qué quiero hacer”, explicó. Y en esa frase parece condensarse gran parte de su filosofía artística.
Cuando habla del futuro de la sala, evita pensar en términos elitistas. Su deseo es construir un espacio donde convivan prestigio y popularidad. “A mí me interesa muchísimo combinar lo prestigioso con lo popular”, afirmó. Y mencionó como referencias a salas emblemáticas del circuito como Timbre 4, El Camarín de las Musas y Dumont 4040.
En su mirada, el teatro independiente todavía arrastra una deuda pendiente: salir de la lógica endogámica. “Muchas veces los teatristas hacemos teatro para los teatristas”, reflexionó. Y enseguida marcó su deseo de romper con eso: “Me gustaría construir un teatro independiente más masivo, que logre llegar al gran público”.
La idea de Almagna parece apoyarse justamente sobre esa búsqueda. Que pueda convivir una figura reconocida con alumnos de la escuela. Que un espectador habituado al teatro experimental comparta butaca con alguien que simplemente busca salir una noche a ver una buena obra en el barrio. “Quiero que la gente sepa que puede gustarle más o menos lo que vea, pero que siempre se va a encontrar con estándares de excelencia”, explicó.

Detrás de esa estructura hay un entramado humano enorme. Cocchiarale habla de sus equipos con la misma pasión con la que habla del escenario. Nombra a Juli de Moura como su “mano derecha” en la escuela, a Thea Contreras como pieza fundamental en la producción de ALMAGNA, a Natalia Proto y Jorge García en la administración cotidiana, a Maru Blanco —su pareja— al frente de los proyectos audiovisuales y a otros colaboradores que sostienen el funcionamiento diario de cada área.
“Soy un actor que se puso un teatro”, sintetizó en una definición que parece explicarlo todo. Porque aunque hoy dirija, produzca, enseñe y gestione, sigue pensando su vida desde el lugar más íntimo: el del intérprete. “La raíz de todo esto es mi parte actoral. Y eso no pienso perderlo bajo ninguna circunstancia”.
Mientras inaugura la sala, además, continúa girando por el país con “Empieza con D… siete letras”, la obra de Juan José Campanella que comparte junto a Eduardo Blanco, Vicky Almeida y Maru Zapata. Rosario, Mar del Plata, Mendoza, La Plata, Quilmes y Ramos Mejía son algunas de las ciudades que recorrerá en las próximas semanas.
Pero si hay un nombre que atraviesa emocionalmente toda la historia de Cocchiarale es el de Guillermo Francella. La admiración comenzó cuando era apenas un chico que veía una y otra vez películas como Extermineitors o Los bañeros más locos del mundo. Más tarde llegó la posibilidad de compartir set en El Clan, donde interpretó a uno de los hijos del clan Puccio.

“Yo tenía 21 años y estaba trabajando con alguien que había sido mi gran inspiración”, recordó. De aquel rodaje nació una relación cercana que con el tiempo se transformó en mentoría. “Cuando no quedaba en un casting, él siempre tenía palabras de aliento. Y cuando me iba bien también”, contó emocionado.
Años después, el propio Francella lo recomendó para integrar el elenco de El Encargado. “Que Guillermo haya pedido por mí fue un voto de confianza enorme para mi carrera”, reconoció. Por eso, cuando llegó el momento de bautizar la sala principal de Almagna, no hubo dudas. “Fue alguien absolutamente transversal a mi carrera y a mi vida”.
Quizás el momento más íntimo de toda la conversación apareció al final, cuando pensó en aquel chico de Ramos Mejía que soñaba con actuar. “Imaginaba poder vivir de actor. Pero jamás todo esto”, confesó. A los 34 años, Cocchiarale no solo logró consolidarse en televisión, cine y teatro: también construyó una escuela, dirigió decenas de proyectos y abrió su propia sala teatral.

«Creo que ese niño que deseaba ser actor no se imaginaba ni por casualidad a esta edad haber cumplido tantos sueños y tantos deseos. Y me tiene muy feliz eso, obviamente, porque sé que es una carrera muy difícil, que es para pocos, que poder vivir de lo que uno ama es un privilegio enorme. Entonces disfruto permanentemente todo lo que me va pasando, el paso a paso de mi recorrido, de mi carrera, y estar hoy donde estoy la verdad que me llena de una enorme felicidad», explicó al mirar hacia su propio pasado.
Entonces hizo una pausa y dejó una frase que parece resumir toda su historia: “Creo que ese niño que alguna vez fui debe estar orgulloso de todo lo que fue logrando el Gastón adulto de que nunca abandoné su sueño, que contra viento y marea siempre traté de respetármelo».
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La muerte del Indio Solari: Máximo Kirchner llegó a la casa de Parque Leloir

Bobby Flores: “El Indio salió totalmente del estándar artístico que teníamos, era otro registro”
La noticia del fallecimiento del Indio Solari sacudió profundamente a quienes formaron parte de la historia del rock argentino. Y uno de ellos fue Bobby Flores, referente de la radiofonía y testigo privilegiado de esa generación, que compartió sus impresiones y emociones en Infobae en Vivo, tras la noticia. “Hemos perdido a un artista muy valioso”, expresó.
“No sé qué decir, es un día de mierda. Te despertás con eso y ya se te cagó el día”, reconoció con franqueza Flores quien recordó que, junto con otras figuras del periodismo y la música, compartió el crecimiento de bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Soda Stereo y Sumo.
Explicó que en los orígenes, todos se movían en los mismos circuitos, desde la Rock & Pop hasta los escenarios porteños, y cómo algunos de esos nombres se convirtieron en referencias culturales.
Según Bobby, el aporte del guitarrista Skay Beilinson fue esencial para el sonido y la identidad de la banda y comparó la sociedad creativa entre Skay e Indio con la de Lennon y McCartney. “La poesía del Indio no habría sido lo que fue sin esa maravillosa guitarra de Skay”. Remarcó además que él no era solo técnica, sino “alma y ángel para tocar”.
Flores subrayó que los Redondos abrieron un nuevo horizonte para el rock nacional, alejándose del estándar artístico dominante. “El Indio salió totalmente del estándar artístico que teníamos, era otro registro”, afirmó.
Oficial: no habrá día de luto ni funeral en la Casa Rosada
El gobierno de Javier Milei informó que no va a declarar día de luto ni abrirá la Casa Rosada para hacer un funeral -tal como ocurrió con el masivo adiós a Diego Armando Maradona– para la despedida del Indio Solari.

Un país en shock, y no es una exageración. Durante la mañana, los mensajes en los grupos de WhatsApp, los comentarios en las oficinas, en las escuelas, en las fábricas: murió en Indio Solari. Una leyenda, un mito, una forma de pensar, no solo el rock, también la cultura y el mundo. Pero detrás de esa figura enigmática había un hombre lleno de contradicciones.
Máximo Kirchner llegó a la casa del Indio Solari en Parque Leloir
Las causas de muerte del Indio Solari, fallecido este viernes a sus 77 años, serán investigadas por la Justicia. Según informaron fuentes judiciales a Infobae, el ídolo del rock nacional fue hallado a las 8 de la mañana por su cuidadora, quien llegó a la vivienda para comenzar la jornada y lo vio tirado en la zona del patio, a pocos metros de su pileta.

Carlos Alberto Solari, el Indio, fue un poeta que le puso música a la vida de los argentinos en todas sus facetas. El fútbol, el deporte, no escapó a esta atmósfera. Sus canciones se convirtieron en himnos para los fanáticos, en temas motivacionales. Era un amor correspondido, porque el mítico cantante que murió este viernes a los 77 años también era un apasionado del fútbol, de Boca Juniors y, en particular, de Juan Román Riquelme.
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El momento más terrible: quién encontró muerto al Indio Solari en su casa de Parque Leloir

La muerte del Indio Solari abre una herida enorme en el rock argentino. La noticia de su fallecimiento a los 77 años impacta de lleno entre sus fanáticos, sus colegas y todos aquellos que crecieron con las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Pero, con el correr de las horas, también empezaron a conocerse los detalles más dolorosos de sus últimas horas.
El músico vivía desde hacía años en Parque Leloir, en Ituzaingó, una zona residencial donde había elegido sostener una vida reservada, lejos del ruido público y de la exposición que siempre intentó esquivar. Allí transcurrían sus días, marcados por la intimidad, el bajo perfil y una rutina que repetía cada mañana.
Según las primeras informaciones, el Indio habría salido a caminar como lo hacía habitualmente dentro del predio de su vivienda. En ese contexto, habría sufrido una descompensación que terminó con su vida. Las primeras versiones apuntaron a un paro cardiorrespiratorio, aunque la causa formal quedó bajo investigación para determinar oficialmente las circunstancias del fallecimiento.
QUIÉN ENCONTRÓ MUERTO AL INDIO SOLARI EN PARQUE LELOIR
El momento más terrible se produjo cerca de las 7 de la mañana, cuando la empleada doméstica ingresó a trabajar a la casa y lo encontró sin vida en el parque de la propiedad. Ese hallazgo fue el que activó de inmediato los procedimientos correspondientes y la intervención de las autoridades.
La escena, por lo que se informó, ocurrió en el mismo lugar donde el músico solía iniciar su día. Esa imagen volvió todavía más conmovedora la noticia: el Indio, una de las figuras más imponentes y misteriosas de la cultura popular argentina, fue hallado en la intimidad absoluta de su casa, en medio de una rutina cotidiana.
También se recordó que Solari convivía desde hacía una década con Parkinson, enfermedad que él mismo había hecho pública en 2016 y a la que, con su estilo, llamaba “Mr. Parkinson”. Ese antecedente formaba parte del cuadro de salud que atravesaba desde hacía años, aunque la investigación deberá establecer la causa definitiva de la muerte.
La partida del Indio Solari deja un silencio inmenso. Su muerte ocurrió lejos de los escenarios, pero rodeada del mismo misterio y la misma potencia emocional que acompañaron su figura durante toda su vida. Para millones de fanáticos, el dolor no está sólo en la noticia, sino en imaginar ese último momento, en su casa, en su parque, en la soledad de una mañana que cambió para siempre la historia del rock argentino.
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Murió el Indio Solari, mítico cantante de Los Redonditos de Ricota

La noticia del fallecimiento de Indio Solari este 5 de junio sacudió a la escena musical y cultural argentina. Figura central del rock nacional, el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dejó un legado que trasciende generaciones y estilos. Su partida marca el cierre de una etapa para miles de seguidores que encontraron en sus canciones una voz propia y un refugio de resistencia cultural.
El cantante, conocido por su bajo perfil y su esquiva relación con los medios tradicionales, murió en su domicilio de Parque Leloir, en la localidad de Ituzaingó. Según pudo saber Teleshow, se realizará la autopsia por protocolo y para que quede establecido el causal de muerte. Su última aparición pública fue en enero pasado, través de un mensaje cuando recibió el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
El artista había construido alrededor de su figura un magnetismo singular. Su influencia se extendió mucho más allá de la música, convirtiéndose en un referente de la contracultura y en uno de los personajes más enigmáticos del arte argentino de las últimas décadas. Para muchos, su voz y el uso de metáforas en sus letras lo convirtieron en una figura central dentro de la música popular argentina.
En 1975, en la ciudad de La Plata, Indio Solari y Skay Beilinson fundaron Los Redondos. Desde sus primeros pasos, la banda estableció una estética propia, tanto en lo musical como en su modo de relacionarse con el público. La independencia artística y la distancia respecto de los grandes medios marcaron a fuego el recorrido de la banda, que editó nueve álbumes de estudio hasta su disolución en 2001. Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado y Luzbelito forman parte del repertorio esencial del rock argentino.

La separación de Los Redondos supuso un hiato en la carrera de Solari. No fue hasta 2004 que presentó el primer álbum de su nueva etapa, bajo el nombre de LFDAA: El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel). Siguieron Porco Rex en 2007, El perfume de la tempestad en 2010 y Pajaritos, bravos muchachitos en 2013. El último trabajo de estudio, El ruiseñor, el amor y la muerte, vio la luz en 2018. Durante esta etapa, Solari mantuvo una relación intensa con su público, que lo acompañó fielmente en cada presentación.
El último recital en vivo de Indio Solari tuvo lugar en Olavarría, en 2017. Fue un evento masivo, en el que nuevamente se puso de manifiesto la dimensión popular de su convocatoria. Desde entonces, se volcó al trabajo en estudio y a la publicación de libros, mientras su salud comenzó a ocupar un lugar central en su vida pública. En 2020, recurrió a las técnicas holográficas para ofrecer un concierto virtual, anticipando el final de su ciclo sobre los escenarios.
En marzo de 2016, Indio Solari confirmó públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson, en un gesto que sorprendió y conmovió a sus seguidores. El anuncio se produjo durante un recital en Tandil, donde expresó ante la multitud: “el Parkinson me anda pisando los talones”. Desde ese momento, la enfermedad se volvió parte de su narrativa pública, y Solari no dudó en hablar abiertamente sobre su experiencia.
El avance del Parkinson no solo modificó su rutina, sino que también lo obligó a tomar distancia de los escenarios. En 2023, confirmó su retiro definitivo de las presentaciones en vivo debido a la progresión de la enfermedad. Aun así, encontró maneras de mantenerse activo en la música, participando en proyectos y conciertos virtuales gracias a la tecnología.
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