ECONOMIA
El dólar sigue estando muy barato: el veredicto de la City tras la suba de los últimos días
El precio del dólar se despertó en los últimos días por la mayor demanda y la menor oferta estacional, por lo que trepa 5% en todo junio y ya ronda los $1.500 en la plaza minorista, su nivel más alto en lo que va del año. Tras esta escalada, que duplica a la inflación mensual, los analistas de la City comienzan a evaluar cuán barato o caro se encuentra el billete estadounidense, al comparar sus valores históricos alcanzados en los últimos 10 años, ajustados por inflación para saber cuál sería, en todos los casos, su cotización actual.
Como dato a tener en cuenta, se puede mencionar que el tipo de cambio avanza apenas 1% en todo el 2026, mientras que la inflación suma alrededor del 16% en el mismo lapso.
Ahora bien, para analizar si se encuentra caro o barato, se toma como parámetro al dólar blue. Más allá de manejarse en la plaza informal, es una referencia cambiaria libre que, en determinados momentos, fue muy considerada por la City debido a que no estuvo intervenida de forma constante por los distintos gobiernos que pasaron en la última década. Es decir, en algunos períodos, el dólar oficial sufrió restricciones de acceso por cepos cambiarios o fue usado por distintas gestiones económicas como «ancla» contra la inflación. Por lo tanto, el billete informal es la variable que permite reflejar de la forma más cercana posible cuál es el nivel de valor que debería tener el tipo de cambio en el presente.
A tener en cuenta es que, pese a que el blue escala en todo junio cerca del 7% y se encuentra en torno a los $1.530, ese valor acaba de alcanzar el mismo nivel con el que comenzó el año.
Respecto al tipo de cambio oficial mayorista, se ubica en $1.479, un nivel que se posiciona bastante por debajo del máximo de la banda de flotación establecida por el Banco Central. En esta banda el BCRA no interviene en el mercado y la misma se actualiza de forma mensual, desde enero pasado, en base a la inflación registrada dos meses atrás (t-2). Por lo tanto, el techo admitido es, en la actualidad, de hasta $1.799. De esta forma, más allá de la escalada de los últimos días, el precio actual del dólar mayorista se ubica 269 pesos (21%) por debajo del máximo contemplado por la autoridad monetaria.
Por lo pronto, en el mercado de opciones y futuros del Matba-Rofex (A3) se está negociando que el tipo de cambio mayorista finalizará diciembre a $1.653.
El valor del dólar blue a precios de hoy: la comparación con los últimos 10 años
Para determinar si el precio del dólar en torno a los $1.500 es caro o barato al comparar el valor actualizado que alcanzó en la última década, se puede resaltar que, en diciembre de 2023, apenas asumió el presidente Javier Milei, el blue estaba a $1.070. Luego de un mes y medio, llegó a un máximo de $1.255. Por lo tanto, hoy se ubica nominalmente en los $1.530, «apenas» un 22% más arriba que en ese entonces. Un ascenso muy bajo si se considera que la inflación acumulada desde diciembre de 2023 a junio de 2026, en Argentina, es del 230%.
El precio del blue tocó el anterior máximo nominal histórico de $1.500 el 12 de julio de 2024; ese valor, ajustado por la inflación acumulada desde esa fecha al presente, equivale en la actualidad a unos $2.510. Es decir, un 67% más que hoy.
Sin embargo, el valor más elevado al que llegó el dólar informal en los últimos 10 años fue en octubre de 2020, en plena crisis desatada por la pandemia del COVID-19, cuando tuvo un valor actualizado de $5.370. Es decir, un 250% más alto que el precio presente. Otro de los momentos de fuerte crisis cambiaria fue en octubre de 2023, por la incertidumbre política y económica durante la definición de las últimas elecciones presidenciales, donde el blue alcanzó un valor, a cifras actuales, de $4.220.
Por ende, los $1.530 actuales del dólar en el segmento informal representan uno de los precios más bajos de los últimos 10 años en términos reales. Incluso se encuentra por debajo del que alcanzó entre marzo de 2016 y marzo de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando estuvo a $1.750 a valores actuales, período en el que no había cepo cambiario para los minoristas y se registraba un cuantioso ingreso de divisas.
El precio actual del dólar blue es $1.530, el más bajo a valores actualizados de los últimos 10 años
Tipo de cambio real multilateral: ¿qué opinan los economistas de la City?
Tras la escalada de los últimos días y al constatar que su valor real está muy por debajo de los máximos alcanzados en la última década, el debate que se abre es si el tipo de cambio se encuentra atrasado.
Una referencia es que, semanas atrás, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) sugirió que el precio del dólar actual afronta problemas de competitividad, que podrían agravarse si se complica el frente mundial. El organismo le reclamó al Gobierno mayor flexibilidad cambiaria y exigió que la tasa de interés reemplace al control de agregados monetarios como herramienta clave. El staff del FMI recomendó:
- Dejar que el tipo de cambio actúe como un colchón para absorber un shock externo
- Aprovechar el buen momento de la exportación petrolera para acelerar la acumulación de reservas
- Reducir el riesgo país argentino y facilitar el acceso al mercado y la inversión externa directa
Según datos de la Fundación Mediterránea, el tipo de cambio real multilateral (TCRM) se ubica 2% por arriba del observado en noviembre de 2023, en el último mes del gobierno de Alberto Fernández, pero resulta 28% inferior al promedio entre los años 2000 y 2026, el cual «resultaría actualmente en un tipo de cambio de 1.921 pesos».
Al respecto, Andrés Méndez, director de AMF Economía, coincide en que el dólar «sigue estando barato y las expectativas son que se encarezca tanto en valores absolutos como relativos durante el próximo semestre. Un nivel más cercano a los $1.900 sería más realista que el actual y el blue quedará circunscrito a la fluidez del mercado oficial». Incluso un grupo de bancos consultados por iProfesional días atrás expresó que el tipo de cambio ideal en este momento, para darle competitividad a gran parte de la economía y desalentar la demanda masiva de divisas, sería un precio en torno a los $1.700.
Por su parte, Fernando Baer, economista jefe de la Consultora Quantum, opina: «$1.500 es un precio bajo comparado con lo que teníamos en diciembre del año pasado, si se lo ajusta por inflación».
En ello coincide la economista Natalia Motyl: «Un dólar a 1.500 pesos está lejos de traer calma duradera al Gobierno, principalmente porque el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) se mantiene en niveles históricamente bajos. Bajo la estructura cambiaria actual, esta cotización no logra corregir el atraso acumulado ni compensar una balanza de pagos bajo presión, donde la cuenta corriente estructuralmente deficitaria coexiste con un drenaje persistente en la cuenta capital debido a la dolarización por cobertura». Por eso, concluye que, para que el Banco Central logre un «verdadero respiro y estabilice las variables, el tipo de cambio requeriría un reacomodamiento hacia la zona de los 1.600 pesos«.
Estacionalidad y reservas: las perspectivas para la cotización del dólar
En base a estas referencias, se podría decir que hoy el precio del dólar se encuentra «barato», aunque algunos economistas ponen en la ecuación a la balanza comercial por los ingresos crecientes de divisas provenientes de exportaciones del campo, hidrocarburos y minería, sumado a otros aspectos clave para medir la competitividad, como el elevado costo impositivo, las señales políticas y la falta de infraestructura.
«Que el valor del dólar se mantenga en torno a los $1.500 va a depender de lo que quiera hacer el Banco Central. Ahora, por la estacionalidad, el agro deja de liquidar y hay mayor demanda por la parte energética debido a la importación de GNL, a lo que se suma la presión por el cobro de los aguinaldos, ya que parte de eso se dolariza. Con lo cual, es probable que suba el precio. Por eso, lo más seguro es que el Gobierno decida poner algún tope a la suba, pero que tampoco se quede en estos valores bajos. En resumen, que se vaya acomodando, pero no tan abruptamente», afirma Sebastián Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go.
Si el foco se posiciona en un período más largo, con la cercanía al 2027 se empezará a ingresar en la incertidumbre electoral, un factor que acelera la dolarización de carteras y presiona a la baja a las reservas internacionales.
«Mantener el valor de la divisa artificialmente apreciado funciona como un desincentivo a la liquidación de exportaciones y un subsidio implícito a la demanda de dólares. En consecuencia, una cotización de $1.500 opera como un dique transitorio, pero no altera la necesidad de un precio de equilibrio más alto«, concluye Motyl.
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ECONOMIA
Conflicto portuario: el Gobierno oficializó la reducción temporaria del 20% de las tarifas de practicaje

- Reactivación de la prestación del servicio de practicaje y pilotaje de manera regular
- La suspensión de los efectos del Decreto Nº 690/26
- La conformación de una mesa intersectorial con el objeto de establecer un nuevo reglamento de los servicios de practicaje y pilotaje
- La disminución en un 20% de las tarifas vigentes para el servicio de practicaje o pilotaje

ECONOMIA
El costo estructural de la nueva Carta Orgánica del BCRA: por qué esta estabilidad no es neutral
Como era de esperar, la reforma anunciada de la Carta Orgánica del Banco Central se estructura sobre la premisa de que la inflación es “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario” y que el mandato múltiple de la institución (que hoy incluye el empleo y el desarrollo con equidad social) constituye una “consagración de la ignorancia”. En su lugar, impone un mandato único y excluyente: preservar el valor de la moneda.
Si bien la erradicación de la altísima volatilidad nominal argentina es una urgencia indiscutible, un análisis riguroso apoyado en la teoría económica revela que esta reforma esconde un profundo sesgo distributivo: promete estabilidad, pero a costa de institucionalizar la anemia del crecimiento, la caída del salario real y del empleo, fundamentalmente para los sectores de menores ingresos.
El proyecto asume que estabilizar los precios es un acto puramente técnico y aséptico. Sin embargo, desarrollos recientes en la frontera del mainstream económico (ver Lorenzoni y Werning (2023); Afrouzi, Halac, Rogoff y Yared (2024, 2026) o Ravenna y Walsh (2025)), demuestran formalmente que la política monetaria es, por definición, una política distributiva.
Por ejemplo, aun cuando Afrouzi, Halac, Rogoff y Yared (2026) defienden firmemente la independencia del Banco Central y la fijación de compromisos inflacionarios, su trabajo demuestra que una autoridad monetaria capaz de comprometerse con la estabilidad de precios mantiene la inflación baja, pero acepta que la participación salarial y el producto queden permanentemente en un nivel inferior. No es un costo de transición que se disipa: es una propiedad de la estabilidad. Menor inflación de equilibrio se corresponde con menor participación salarial de equilibrio y con márgenes de ganancia más altos.
Al prohibirle por ley al BCRA considerar el empleo o la equidad, la nueva Carta Orgánica no está despolitizando la moneda; está decidiendo legalmente que el costo del ajuste recaiga siempre sobre los trabajadores.
La objeción inmediata es que la inflación también castiga a los trabajadores, fundamentalmente a aquellos de menores ingresos (Ravenna y Walsh (2025)). Es cierta y está documentada. En un trabajo reciente, Afrouzi, Blanco, Drenik y Hurst (2026) muestran que los salarios reales se licúan y que recomponerlos depende de la capacidad de cambiar de empleo, que no todos tienen. Pero también muestra que el costo de la estabilización implica la privatización de estos ajustes: cada trabajador debe resolver sus problemas de forma individual.
Es decir, el argumento sobre el impacto distributivo de la inflación no debilita la oposición a esta reforma: lo completa. Como sostienen Lorenzoni y Werning (2023), la inflación es la manifestación de un conflicto distributivo no resuelto. La inflación y la desinflación por contracción monetaria transfieren desde el mismo lado; lo que cambia es el canal, no el signo. Suprimir el síntoma derrotando a una de las partes no resuelve el conflicto: lo cristaliza.
Conviene aquí despejar un equívoco respecto de la tan mentada “independencia” de la autoridad monetaria. El BCRA ya es una entidad autárquica desde 1992 y su Carta Orgánica establece desde entonces que no está sujeto a órdenes ni instrucciones del Poder Ejecutivo. Ese artículo el proyecto no lo modificó en la reforma de 2012, ni se modifica ahora.
Lo que cambió a lo largo de las últimas tres décadas no fue la independencia operativa sino los mandatos, las herramientas y —sobre todo— la forma concreta en que esa independencia se ejerció que depende del régimen de designación y remoción de los directores.
Pero de ahí no se sigue lo que el relato oficial sugiere. En primer lugar, porque la Carta Orgánica reformada en 2012 permitió el desarrollo de diferentes esquemas de política a lo largo del tiempo, pero siempre en línea con la forma en la cual cada directorio decidió ejercer su autonomía. En segundo lugar, y más importante, es que este proyecto de reforma no genera una nueva estructura legal en nombre de la independencia, solo agrava la posibilidad de remover a las autoridades del BCRA.
De este modo, la tan mentada “independencia” no es un dispositivo neutral que permite alcanzar la estabilidad: es el mecanismo institucional mediante el cual el gobierno de Milei busca apropiarse del control de la autoridad monetaria por los próximos años.
En efecto, basta mirar quién ejerce hoy esa autonomía para entender los motivos reales de este proyecto. Los diez integrantes del directorio del Banco Central fueron designados en comisión por decreto y ninguno cuenta con el acuerdo del Senado.
Sobre ese directorio el proyecto tiende un régimen de remoción que exige dos tercios de ambas cámaras, sin modificar en nada el mecanismo de designación: ni escalonamiento de mandatos, ni desfase respecto del ciclo presidencial, ni límite a la reelección, ni plazo máximo para los nombramientos en comisión. El resultado es una asimetría difícil de justificar desde cualquier posición. Para poner un director alcanza con un decreto y, eventualmente, una mayoría simple. Para sacarlo harán falta dos tercios de Diputados y del Senado.
Súmese que el proyecto fue elaborado por el ministro de Economía, el ministro de Desregulación y el propio presidente del Banco Central, y el cuadro se completa: la norma que blinda al directorio fue redactada, en parte, por quienes lo integran. No es un detalle de implementación. Es la diferencia entre independencia y captura. La primera exige que el nombramiento sea tan exigente como la remoción; si no, lo que se blinda no es la institución sino a quienes la ocupan en el momento de sancionar la ley.
Por supuesto, desde perspectivas teóricas alternativas estos resultados no son tan novedosos. Para la economía política postkeynesiana esta captura e hiper independencia de la autoridad monetaria es el vehículo legal para instaurar lo que la literatura denomina una “política de ingresos basada en el miedo” (Setterfield, 2007).
Al carecer de herramientas cooperativas para coordinar precios y salarios, el único mecanismo que le queda a la ortodoxia es un Banco Central aislado para frenar la inflación utilizando la amenaza del desempleo y la asfixia del crédito como dispositivos disciplinadores. Se suprime la espiral inflacionaria, sí, pero institucionalizando la precarización y la inseguridad laboral permanente.
En el debate público argentino es intuitivo creer que “apagar la maquinita” cerrando las vías de financiamiento al sector público resolverá automáticamente el problema de los precios. Sin embargo, la tradición estructuralista (Olivera, 1960, 1967) nos advierte que la inflación periférica responde también a graves cuellos de botella productivos y a la vulnerabilidad externa.
Estas restricciones, junto con las implicancias dinámicas de una economía atrapada en una “trampa bimonetaria”, implican que intentar estabilizar los precios exclusivamente contrayendo la liquidez o anclando variables nominales suele empujar al país a “zonas de incompatibilidad”. En estos escenarios, el tipo de cambio necesario para evitar una crisis de balanza de pagos es tan alto que resulta socialmente intolerable, pulverizando el poder adquisitivo (Gerchunoff y Rapetti (2016) o Dvoskin y Feldman (2018a, 2018b)).
La estabilización no puede ser sinónimo de la paz de los cementerios. Aprobar este proyecto en su redacción actual implica transformar al BCRA en una institución diseñada para externalizar los costos del conflicto distributivo hacia el sector productivo y el trabajo.
Hay un punto adicional que prácticamente no se discute y no requiere compartir ninguna de las objeciones anteriores para preocupar. El proyecto elimina la estabilidad financiera del mandato del Banco Central, y lo hace conservando la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias dentro de la institución, con un superintendente que sigue siendo miembro del directorio.
La combinación no tiene precedente regional. Brasil, Uruguay y Paraguay supervisan a los bancos desde el banco central y, coherentemente, incluyen la estabilidad financiera en su mandato. Perú es el único de la región con mandato único, y puede permitírselo precisamente porque la supervisión bancaria está fuera: la ejerce una Superintendencia separada. El proyecto argentino copia el mandato peruano y se queda con el supervisor adentro.
El resultado es que el BCRA conserva todas sus herramientas de prestamista de última instancia —los redescuentos y adelantos por iliquidez del artículo 17 no se modifican, incluido el régimen extraordinario que habilita exceder los máximos por mayoría absoluta del directorio— pero pierde el objetivo legal que las justifica. Y las conserva bajo un régimen de remoción cuya primera causal remite a las prohibiciones del artículo 19 sin exigir gravedad ni evidencia manifiesta, que sí se exigen para las demás. Si una asistencia de emergencia se recalifica después como exceso del marco de iliquidez transitoria —la distinción entre banco ilíquido e insolvente, que nunca es nítida en el momento de decidir—, el acto queda expuesto como causal de remoción.
Lo notable es que nada de esto era necesario. El objetivo declarado se alcanza igual con un mandato jerarquizado, que es el modelo del Banco Central Europeo que el propio mensaje invoca: estabilidad de precios como misión primaria y, sin perjuicio de ella, cuidado de la estabilidad del sistema financiero. Es apenas una oración, pero su omisión sugiere que la exclusividad del mandato responde menos a un problema de diseño que a una afirmación doctrinaria.
En definitiva, Argentina necesita imperiosamente derrotar la inflación, y claramente, esto requiere redefinir el espacio institucional para el desarrollo de políticas monetarias, fiscales, cambiarias y financieras consistentes. La evidencia académica demuestra que desarrollar senderos de sólido crecimiento económico, estabilidad nominal y equidad distributiva, implica coordinar expectativas mediante pactos de ingresos, transformar la matriz productiva para relajar la restricción externa, y contar con un Banco Central que, si bien debe ser responsable y técnico, no puede estar legalmente ciego ante el desarrollo y la equidad social del país al que sirve.
*El autor es presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires
ECONOMIA
Mercados: el riesgo país argentino vuelve a subir, mientras Wall Street retoma el alza
Las bolsas de Nueva York exhiben este viernes indicadores en alza y nuevamente cerca de su nivel récord, luego de conocido un reporte de empleo en los EEUU, aunque la tendencia no se traslada a los activos argentinos.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cae 0,1%, en los 3.100000 puntos, en la sexta caída en pesos para el panel líder. En agosto el retroceso se aproxima al 5 por ciento. El Merval en dólares se aleja de la barrera de los 2.000 puntos, en un piso desde el 22 de mayo.
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- registran números mixtos, mientras que el riesgo país de JP Morgan aumenta en 13 unidades para la Argentina, en los 450 puntos básicos, un máximo desde el 10 de junio.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son operados en dólares en Nueva York se imponen las bajas, encabezadas por Bioceres (-4,8%) y Loma Negra (-2,7%).
Las acciones estadounidenses suben vertiginosamente mientras los inversores asimilaban un inesperado descenso en la creación de empleo y sus implicaciones para las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal.
El promedio industrial Dow Jones sube un 0,3%, mientras que el S&P 500 gana un 0,5%. El Nasdaq Composite aumenta un 1,3% tras una jornada mixta en los mercados.
La atención se centró en el informe de empleo de julio en los EEUU, que mostró que la economía perdió inesperadamente 23.000 puestos de trabajo, mientras que la tasa de desempleo descendió ligeramente hasta el 4,1%. Los economistas encuestados por Bloomberg esperaban que se crearan 80.000 puestos de trabajo y que el desempleo se situara en el 4,2% durante el mes.
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“Si bien los debates en torno a la inflación y la vertiginosa inversión en inteligencia artificial han eclipsado la relativa estabilidad del mercado laboral en los últimos meses, el informe del viernes ofrece un dato clave para la Reserva Federal a la hora de sopesar una subida de los tipos de interés en su próxima reunión”, definió Yahoo Finance.
Los expertos de Balanz precisaron que “la creación de empleo no agrícola en Estados Unidos en julio sorprendió nuevamente a la baja tras mostrar una caída de 23.000 nuevos puestos, bastante por debajo de los 80.000 esperados. Es más, los datos de junio se revisaron a la baja hacia 20.000 desde 57.000 reportados inicialmente, con lo que la revisión a dos meses de la creación de empleo fue negativa en 103.000 (desde -74.000 en junio). Buena parte de la sorpresa negativa en los datos vino por el sector privado que tuvo una creación de empleo de 30.000 puestos, por debajo de los 82.000 esperados”.
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“A pesar de estos datos, y dado que proviene de una encuesta distinta, la tasa de desempleo se redujo de manera inesperada a 4,1% desde 4,2% (se esperaba ese número). La tasa de participación se redujo también de manera inesperada a 61,4% desde 61,5% (se esperaba 61,6%), alcanzando el valor más bajo desde febrero 2021. El mercado esta incorporando una suba de 25 puntos básicos en la tasa de política monetaria de la Fed recién para diciembre”,agregaron desde Balanz.
Los precios del petróleo crudo retoman las subas. El barril de Brent del Mar del Norte gana 1,2%, a USD 83,45 en los contratos con entrega en octubre. El barril de crudo ligero de Texas aumenta 1,3%, a USD 78,32 en las posiciones para septiembre.
“Mientras coincidan una moderación del mercado laboral, menores presiones salariales y petróleo más barato, el escenario seguirá siendo favorable para el oro. El verdadero riesgo para esta narrativa sería que la inflación vuelva a acelerarse o que los próximos datos de empleo demuestren que julio fue simplemente una anomalía”, aportó Sergio Cisternas, analista de mercados EBC Financial Group.
Business,Corporate Events,North America
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