INTERNACIONAL
El jefe del Comando Sur se reunió con un general de la dictadura cubana en la base estadounidense de Guantánamo

El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general de la Infantería de Marina Francis Donovan, se reunió este viernes con el general cubano Roberto Legrá Sotolongo, primer viceministro del jefe del Estado Mayor General de Cuba, en el perímetro de la estación naval de la Bahía de Guantánamo. El encuentro, calificado por el Comando Sur como “un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa”, es el primero que se recuerda en tiempos recientes entre un jefe del Comando Sur y mandos militares cubanos.
El Comando Sur difundió un comunicado acompañado de una fotografía de los participantes —todos con uniforme de campaña— en el que precisó que Donovan también llevó a cabo una evaluación de la seguridad perimetral de la base y abordó con oficiales del recinto la protección del personal militar y sus familias, así como la preparación operativa. La base naval, ubicada en la costa sureste de Cuba a unos 700 kilómetros de Miami, alberga además un centro de detención que adquirió notoriedad mundial por los abusos cometidos contra sospechosos de terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La reunión se produce en un momento de deterioro acelerado de las relaciones bilaterales. El gobierno del presidente Donald Trump ha intensificado la presión económica sobre la isla desde su regreso al poder, con medidas que han agravado una situación ya crítica: el 13 de mayo, el ministro de Energía cubano anunció que el diésel y el fueloil necesarios para mantener en funcionamiento las plantas eléctricas se habían agotado por completo.
La visita de Donovan se produce poco más de dos semanas después de que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, encabezara una delegación en La Habana para reunirse con altos funcionarios del gobierno cubano. Personas familiarizadas con el asunto señalaron entonces que Washington expresó su frustración ante la falta de avances en materia de apertura económica y política por parte del régimen.

El 20 de mayo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cuatro cargos de asesinato contra el ex dictador cubano Raúl Castro, de 94 años, y otros funcionarios, por el derribo en 1996 de dos avionetas operadas por una organización de exiliados cubanos con sede en Miami. El secretario de Estado Marco Rubio llegó a calificar a Castro de “fugitivo” de la justicia estadounidense, aunque se negó a ofrecer detalles sobre eventuales planes para arrestarlo.
La acusación formal retoma un incidente de hace casi tres décadas y se suma a las presiones de la administración Trump sobre el régimen fundado por Fidel Castro tras la revolución de 1959. Según Reuters, Trump ha mencionado a Cuba entre sus prioridades de política exterior para su segundo mandato e insinuó que se convertirá en el foco principal una vez que concluya el conflicto con Irán. Tanto Trump como Rubio han sugerido que, si las restricciones económicas no provocan un cambio de gobierno, podría recurrirse a la fuerza militar.

La semana pasada trascendieron informes según los cuales La Habana estaría evaluando la posibilidad de llevar a cabo ataques con drones contra la base naval en caso de una agresión militar estadounidense, de acuerdo con lo publicado por AFP. El Comando Sur no se pronunció sobre esos reportes, pero sí reafirmó en su comunicado que “la estación naval de la Bahía de Guantánamo constituye un centro operativo y logístico vital” para contrarrestar amenazas a la seguridad, la estabilidad y la democracia en el hemisferio.
Trump también ha proyectado utilizar la instalación como centro de detención para migrantes indocumentados, lo que añade una dimensión adicional al valor estratégico que la administración atribuye al enclave. El gobierno cubano no respondió de inmediato a las solicitudes de comentario formuladas el viernes por la noche, según The Washington Post.
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INTERNACIONAL
Recrudecen los ataques en Medio Oriente: EE.UU. destruyó 140 objetivos militares e Irán lanzó misiles contra cuatro países

Después de que la Guardia Revolucionaria de Irán agrediera otro buque petrolero en el estrecho de Ormuz, Irán y Estados Unidos se trenzaron este sábado y domingo en nuevos ataques cruzados en otra escalada de tensión en Medio Oriente. Washington actuó contra «140 objetivos militares», en respuesta al ataque contra la embaración, y luego Teherán lanzó una misiles y drones contra Jordania, Qatar, Kuwait y Bahrein.
La Guardia Revolucionaria iraní señaló en un comunicado que atacó «con varios misiles balísticos» infraestructura e instalaciones militares clave en la base aérea estadounidense Príncipe Hassan, situada en Jordania, lo que causó la «destrucción» de su centro de mando y control, así como de los hangares de drones MQ9, según recogió la agencia Tasnim, vinculada al cuerpo.
El texto indica que el ataque tuvo lugar después de que EE. UU., «imponiendo su voluntad al gobierno del Reino de Omán», provocara el sábado por la noche «que varias embarcaciones crearan una ruta ilegal al sur del estrecho de Ormuz, lo cual fue detenido por la contundente respuesta de la Armada» iraní.
La Guardia Revolucionaria también informó de ataques en Qatar con misiles contra la base aérea estadounidense Al-Udeid, cuyos centro de mantenimiento y reparación de aviones de combate y centro de mando de esta guarnición fueron destruidos.
El Ejército de la República Islámica también reivindicó una ofensiva con «drones destructivos» contra el sistema antimisiles Patriot en Kuwait, así como contra un depósito de municiones y una estación de radar de las fuerzas estadounidenses en el mismo país.
En otra oleada de ataques con drones, Irán atacó el sistema de comunicaciones y la estación de radar del Ejército estadounidense en Bahrein.
La agencia estatal de noticias qatarí dijo anteriormente que sus fuerzas armadas habían repelido un ataque con misiles, sin confirmar la procedencia, mientras el Ministerio del Interior de Bahrein pidió a sus ciudadanos acudir al lugar seguro más cercano tras la activación de alarmas en el territorio.
La Guardia Revolucionaria iraní dijo en un comunicado que los ataques se producen después de que EE.UU. «lanzara un ataque aéreo contra varias bases costeras y antenas de telecomunicaciones en la costa sur» de Irán. Medios iraníes apuntaron anteriormente este domingo que se produjeron explosiones en diversos puntos del país, sin difundir detalles sobre víctimas o daños.
El Comando Central de EE.UU. (Centcom) informó previamente del inicio de una nueva ronda de ataques contra Irán como respuesta al bombardeo de Teherán contra un portacontenedores con bandera de Chipre que transitaba por Ormuz, con un tripulante desaparecido.
«Fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica» atacaron «descaradamente al M/V GFS Galaxy, un buque portacontenedores con bandera de Chipre que transitaba por el Estrecho de Ormuz. Un miembro de la tripulación civil está desaparecido y el buque no puede continuar el viaje debido a un incendio a bordo y daños significativos en la sala de máquinas», señaló el Comando Central.
«Se le brindó a Irán otra oportunidad más para demostrar su adhesión al Memorando de Entendimiento después de ser responsabilizado por ataques anteriores contra buques comerciales, pero ha fallado nuevamente», siguió el comunicado oficial de Estados Unidos.
Y concluyó: «En respuesta, Estados Unidos está imponiendo un costo elevado al continuar degradando la capacidad de Irán para atacar a marineros civiles y buques comerciales que transitan libremente por el estrecho. Los ataques se están llevando a cabo por orden del Comandante en Jefe».
El presidente del Parlamento y negociador jefe de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió ya en horas del domingo a Estados Unidos que «la era de los acuerdos unilaterales ha terminado», tras el recrudecimiento de los ataques cruzados entre ambos países durante la noche.
«La era de los acuerdos unilaterales ha terminado. Se lo dijimos: cumplan su palabra o paguen el precio. La realidad está llamando a la puerta«, escribió Qalibaf en una publicación en X acompañada de una imagen con el texto de un punto del memorando de entendimiento pactado entre Washington y Teherán el pasado 17 de junio que alude a la reapertura del estrecho de Ormuz, con la frase «la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias» subrayada.
Los dos países firmaron ese día un acuerdo para poner fin a la guerra, desbloquear el estrecho de Ormuz y abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní, pero el presidente estadounidense, Donald Trump, dio recientemente por terminado lo pactado, tras la reanudación de los bombardeos en Oriente Medio.
Con información de agencias
INTERNACIONAL
Wakrayampi, el gigante dinosaurio que emergió de la tierra en la Amazonía ecuatoriana

Durante millones de años, los huesos permanecieron ocultos bajo las capas rojizas de la tierra amazónica. Sobre ellos crecieron árboles, pasaron ríos, se formaron comunidades y se levantaron viviendas. Hasta que, en 2018, un deslizamiento en la ribera del río Napo removió los sedimentos y dejó expuesta una parte de un pasado que nadie esperaba encontrar allí.
El descubrimiento ocurrió en Venecia Izquierda, una comunidad de la parroquia Misahuallí, en la provincia de Napo. Robert Román, Álvaro Román y Germán Shiguango fueron los primeros en observar los fragmentos que sobresalían del terreno. Eran huesos grandes, endurecidos por el tiempo y distintos de cualquier resto animal cotidiano. En un principio no sabían que habían encontrado la evidencia del primer dinosaurio registrado en la Amazonía ecuatoriana.
Los fósiles pertenecían a un saurópodo del grupo de los titanosaurios, dinosaurios herbívoros, cuadrúpedos y de largos cuellos y colas que habitaron diferentes regiones del planeta durante el Cretácico. La antigüedad de los restos fue estimada en aproximadamente 67 millones de años, apenas un millón de años antes de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios no avianos.

El ejemplar recibió el nombre informal de Wakrayampi. No se trata todavía de una denominación científica, sino de una forma de identificarlo mientras continúan los análisis. El término proviene del napo-kichwa: “wakra” significa vaca y “yampi” se relaciona con iguana. La expresión evoca la imagen de un enorme reptil, un animal cuya presencia en la Amazonía ecuatoriana permaneció desconocida hasta que el suelo decidió mostrar una parte de su esqueleto.
Los investigadores recuperaron fragmentos correspondientes a la extremidad delantera del dinosaurio, entre ellos una parte del húmero y varios metacarpianos. Aunque el material es limitado, la forma y las proporciones de los huesos permitieron ubicar al animal dentro de Titanosauria, uno de los grupos de saurópodos más diversos y extendidos durante los últimos millones de años del Cretácico.
Los titanosaurios incluyeron especies de tamaños muy distintos. Algunos alcanzaron dimensiones colosales, superiores a los 25 o 30 metros de longitud, mientras otros fueron considerablemente más pequeños. En el caso de Wakrayampi, los restos disponibles no permiten calcular con precisión cuánto medía ni cuánto pesaba. Los científicos consideran, sin embargo, que pudo tratarse de un ejemplar de tamaño intermedio dentro de su grupo.
Tampoco es posible determinar todavía si los fósiles corresponden a una especie desconocida para la ciencia. Para describir formalmente una nueva especie se necesitan restos suficientemente completos, rasgos anatómicos distintivos y comparaciones detalladas con otros ejemplares encontrados en Sudamérica. Parte del material expuesto por el deslizamiento se perdió antes de que pudiera ser estudiado, por lo que cada fragmento recuperado adquirió un valor excepcional.
La investigación fue impulsada por especialistas de la Universidad Regional Amazónica Ikiam, con la participación de científicos extranjeros y el apoyo de la Fundación Azara, de Argentina. Entre los investigadores se encuentra el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía, reconocido por sus estudios sobre dinosaurios y otros vertebrados fósiles del continente.
El hallazgo convierte a Wakrayampi en el segundo dinosaurio identificado en Ecuador. El primero fue Yamanasaurus lojaensis, un titanosaurio cuyos restos fueron encontrados en la provincia de Loja y presentados científicamente en 2019. La identificación de ambos animales, separados por cientos de kilómetros, indica que los dinosaurios ocuparon territorios ecuatorianos mucho más amplios de lo que permitía suponer el escaso registro fósil conocido hasta ahora.

La ausencia de descubrimientos anteriores no significaba necesariamente que los dinosaurios no hubieran vivido en Ecuador. La geología del país, la vegetación abundante, la erosión, la actividad volcánica y la dificultad de acceder a determinadas zonas reducen las posibilidades de localizar fósiles. En la Amazonía, además, la cobertura vegetal esconde gran parte de las formaciones rocosas donde podrían aparecer restos.
Wakrayampi cambió esa perspectiva. Su aparición en la Cuenca Oriente demostró que los sedimentos amazónicos conservan información sobre los ecosistemas del final de la era de los dinosaurios y que las riberas de los ríos pueden convertirse en ventanas hacia ese pasado.
Hace 67 millones de años, el paisaje de Napo no se parecía al bosque tropical que cubre actualmente la región. La cordillera de los Andes todavía no había adquirido su configuración moderna y la cuenca amazónica atravesaba profundas transformaciones geológicas.
El territorio donde vivió Wakrayampi habría sido una extensa llanura costera atravesada por ríos, lagunas y humedales. El mar podía ingresar ocasionalmente sobre determinadas áreas, depositando sedimentos y modificando los ecosistemas. En esos ambientes crecían plantas que alimentaban a los grandes herbívoros y circulaban reptiles, peces, tortugas y otros animales aún poco conocidos en el registro fósil ecuatoriano.
Los huesos quedaron sepultados en sedimentos asociados con la Formación Tena, una unidad geológica compuesta principalmente por materiales depositados durante el Cretácico tardío. El enterramiento relativamente rápido y las condiciones químicas del suelo permitieron que parte del esqueleto se mineralizara y sobreviviera a la presión, el agua y los movimientos de la corteza terrestre.
Ese proceso convirtió los restos orgánicos en fósiles. Los minerales fueron ocupando progresivamente los espacios internos de los huesos hasta transformarlos en estructuras pétreas. Millones de años después, la erosión y el deslizamiento ocurrido en la ribera del Napo revirtieron parcialmente el proceso: retiraron las capas que los cubrían y los acercaron nuevamente a la superficie.

El lugar del hallazgo constituye ahora un punto de interés científico, pero también un espacio vulnerable. Los fósiles pueden deteriorarse rápidamente cuando quedan expuestos al sol, la lluvia, la humedad y la manipulación. La participación de las comunidades locales es, por esa razón, fundamental para protegerlos y alertar a las autoridades cuando aparecen nuevos restos.
La elección del nombre Wakrayampi busca reconocer esa relación. El dinosaurio no fue encontrado durante una expedición internacional ni mediante excavaciones planificadas, sino gracias a habitantes de la zona que identificaron algo extraordinario en un terreno familiar. Su descubrimiento demuestra que la paleontología no depende únicamente de laboratorios y universidades: también comienza con la observación de quienes conocen el territorio.
El potencial científico apenas empieza a explorarse. Nuevos hallazgos podrían permitir establecer la especie de Wakrayampi, reconstruir su anatomía y determinar sus vínculos con otros titanosaurios sudamericanos. También podrían aparecer dinosaurios carnívoros, tortugas, cocodrilos, peces o plantas fósiles capaces de completar la imagen del ecosistema amazónico del Cretácico.

Cada resto ayudaría además a responder preguntas más amplias: cómo se desplazaban los dinosaurios por el norte de Sudamérica, qué barreras geográficas existían, cómo cambió el clima y qué ocurrió en la región durante la extinción de hace 66 millones de años.
Por ahora, Wakrayampi permanece incompleto. No existe un cráneo, una columna articulada ni un esqueleto monumental para exhibir. Hay fragmentos, mediciones y una historia enterrada en las riberas del Napo. Pero esos pocos huesos bastaron para modificar el mapa paleontológico del Ecuador.
Bajo la selva, los cultivos y los ríos de la Amazonía todavía pueden conservarse otros gigantes. Wakrayampi fue el primero en emerger. Probablemente no será el último.
INTERNACIONAL
EEUU completó una nueva ronda de ataques contra Irán y alcanzó más de 130 objetivos militares con “municiones de precisión”

El Ejército de Estados Unidos anunció este domingo el fin de su última ronda de ataques contra el régimen iraní, realizados en represalia por el bombardeo de Irán a un buque con bandera de Chipre que transitaba por el estrecho de Ormuz el sábado. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) detalló que las fuerzas estadounidenses atacaron «aproximadamente 140 objetivos militares» iraníes empleando municiones de precisión lanzadas desde aviones de combate terrestres y marítimos, drones y buques navales.
Según el CENTCOM, los blancos incluyeron instalaciones de misiles y drones, capacidades navales, depósitos de municiones, redes de comunicaciones y puestos de vigilancia costera. Durante la madrugada, medios iraníes reportaron varias explosiones en la provincia de Bushehr, donde se encuentra una planta nuclear, así como en localidades cercanas al estrecho de Ormuz. Hasta el momento, no se informó sobre daños o víctimas.
En respuesta, Teherán lanzó misiles y drones contra países de Medio Oriente que albergan bases estadounidenses, como Jordania, Kuwait, Qatar y Bahréin. El Ejército estadounidense había anunciado el inicio de la nueva ofensiva tras el ataque iraní a un buque portacontenedores con bandera chipriota, lo que provocó un incendio y daños en la sala de máquinas que detuvieron la navegación. Un miembro de la tripulación permanece desaparecido y los restantes fueron evacuados este domingo.
Las fuerzas estadounidenses argumentaron que el objetivo de los ataques es “degradar la capacidad” de Irán para atacar otras embarcaciones en el estrecho de Ormuz. De su lado, Irán indicó que el paso marítimo permanecerá cerrado “hasta nuevo aviso”.
Días atrás, el presidente estadounidense Donald Trump di por “terminado” el acuerdo de alto el fuego entre ambos países, tras la reanudación de los bombardeos en la región. Estados Unidos e Irán firmaron el 17 de junio el Memorando de Entendimiento de Islamabad para buscar el fin de la guerra, abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní y desbloquear el estrecho de Ormuz.
La vía estratégico, situada entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, constituye una de las principales rutas de paso marítimo a nivel mundial, ya que por este corredor circulaba hasta antes del conflicto cerca de una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural licuado. Tras el ataque al buque con bandera de Chipre, Estados Unidos advirtió que impondría “un costo elevado” a Irán con el objetivo de reducir la capacidad militar iraní y proteger tanto a las tripulaciones civiles como a los cargueros que navegan por la región.
Las autoridades estadounidenses subrayaron que estas operaciones buscan preservar la libertad de tránsito marítimo y contener eventuales intentos de Teherán de restringir el paso en una vía estratégica para el comercio internacional.
Previamente, la Guardia Revolucionaria había confirmado a través de la agencia estatal IRNA que el paso marítimo permanecerá cerrado “hasta nuevo aviso”, tras realizar lo que describió como “tiros de advertencia” contra una embarcación que, según su versión, empleaba una ruta no autorizada. “Después de este incidente, el Estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta que cesen las intervenciones estadounidenses en la región y no se permitirá el paso de ninguna nave”, detalló el comunicado difundido por IRNA.

La tensión en torno al Estrecho de Ormuz complica la posibilidad de reanudar negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, con el control de la navegación como uno de los principales puntos de fricción. Mientras Teherán reclama el derecho a regular el tránsito y ha manifestado su intención de cobrar tarifas a los buques que utilicen la vía, Washington insiste en que la circulación debe permanecer libre de restricciones y peajes.
La Guardia Revolucionaria advirtió que, si continúan las acciones militares en su contra, responderán contra “nuevas bases enemigas en la región” y reiteraron su negativa a restablecer un sistema de navegación irrestricta, postura rechazada por la administración estadounidense.
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