POLITICA
El laboratorio de Milei y el test final que está pendiente

La Argentina tiene un problema central, y es complicado, hasta ahora sin solución: es el problema de la falta de un consenso macroeconómico transversal a la política, no importa quién esté en el poder. Es decir, es el riesgo permanente de que los logros necesarios, aunque no suficientes, de la racionalidad macroeconómica de las gestiones no peronistas se licuen en las alternancias peronistas y sus variantes kirchneristas o filokirchneristas. Este 2026 ya empieza a anticipar ambiciones electorales de la oposición más dura: las deudas que va dejando pendientes la gestión mileísta le abren rendijas al kirchnerismo, de Axel Kicillof a Máximo Kirchner, por donde busca colar su sueño de regreso al poder.
Desde el cuadrante de centro derecha se plantean dos salidas para gambetear ese riesgo. Una, la reelección presidencial de Javier Milei como garantía de continuidad del rumbo económico. La segunda, un consenso transversal interpartidario con eje en la racionalidad macro. El exdiputado de Pro y actual presidente del think tank Cippec, Luciano Laspina, lo llama “consenso preideológico” que incluya “el compromiso de respetar contratos, sostener el equilibrio fiscal y eliminar el financiamiento monetario del déficit”.
Esas dos opciones disparan preguntas. En relación al consenso macro a la Laspina, la pregunta dice así: ¿es posible un “moncloísmo” macroeconómico con una oposición kirchnerista que en su ADN tiene codificado la desestabilización macro? La pregunta se vuelve más pertinente en medio de las investigaciones judiciales por las SIRA y el dólar blue durante la gestión económica de Sergio Massa, presidencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Esa maquinaria de corrupción parece representar una escalada en la clásica corrupción del Estado protagonizada por el kirchnerismo. Se trata de la misma apropiación ilegal de los recursos del Estado pero ya no vía la obra pública. Ahora se da a través de la creación de un nuevo mercado regulado: el mercado del dólar con el cepo y las SIRA generando discrecionalidad, peajes y apropiación ilegal de riqueza para el poder kirchnerista y el empresariado funcional. Las decisiones macroeconómicas kirchneristas como plataforma para la corrupción. ¿Es posible un consenso macro con un kirchnerismo que usa la política macroeconómica y los incentivos cambiarios y de comercio exterior como oportunidad para la corrupción?
En relación a la renovación del mandato de Milei, ¿la única manera de sostener los cimientos macroeconómicos racionales que intenta consolidar el Plan Milei-Luis Caputo es garantizando un triunfo electoral mileísta? ¿La hegemonía electoral sostenida y eterna del mileísmo o de otra variante de la centro derecha económica es una salida realista, o habla de una limitación del plan y sus efectos? El desafío de la sostenibilidad macroeconómica interpela a todos: en el caso del oficialismo libertario, porque expone sus debilidades. Agitar “el riesgo kuka” es un indicio de algún tipo de debilidad del plan económico: para ganar una elección, debería bastar con éxitos incuestionables del plan.
El miedo a la alternancia pone signos de interrogación respecto de la viabilidad y sostenibilidad social del plan económico. Si un triunfo electoral es lo único que garantiza la continuidad de la estabilización macroeconómica, el futuro está complicado: en algún momento, las hegemonías políticas se terminan y llega la hora de la alternancia. Una macroeconomía sostenible debería ser a prueba de derrotas electorales. Es decir, que aún cuando haya alternancia política, el éxito del plan económico del partido saliente genere incentivos para continuarlo.
El problema actual del plan Milei-Caputo pasa por ahí: el riesgo es que los efectos colaterales negativos que hoy pesan sobre el salario real, el empleo, la actividad económica y la industria produzcan un rechazo electoral de la estabilización macro necesaria y frenen su consolidación.
El Gobierno atraviesa meses críticos en la consideración de la opinión pública. El último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que acaba de publicar la Universidad Di Tella, muestra una caída del 12,1 por ciento respecto de marzo, lo que representa cuatro meses de caída ICG del ICG en lo que va de 2026. La caída interanual es del 13,2 por ciento.
La economía real sigue mostrando datos que cuestionan directamente al plan económico. El porcentaje de pymes que redujo personal en los últimos seis meses subió al 41,9 por ciento, según la encuesta semestral de expectativas pyme del IAE Business School. Respecto de las expectativas, el 31,1 por ciento de las pymes dice que “probablemente” reducirá personal en los próximos seis meses y un 18,5 por ciento asegura tener la decisión tomada. “Un salto relevante respecto de mediciones anteriores”, señala el informe.
La Argentina de Milei es un caso testigo respecto de los dos desafíos que enfrenta la racionalidad macroeconómica cuando intenta desembarcar en la Argentina. El primero se da en relación a las chances electorales de la promesa macro-racional. Milei ya tiene un punto en su haber: demostró que con la promesa de la racionalidad macroeconómica se puede ganar elecciones. En 2023 prometió ajuste, y la gente votó ajuste. El segundo desafío de las experiencias macroeconómicas racionales en la Argentina es el testeo definitivo que todavía está pendiente en el laboratorio Milei: demostrar que la racionalidad macroeconómica se instala como sentido común y logra renovar mandatos.
El gobierno de Macri es el caso testigo de lo contrario: cuatro años de un interregno macro-racional que no alcanzaron para rearmar el juguete de una economía dañada por décadas de una política distributiva sin responsabilidad fiscal.
Desde la llegada del kirchnerismo al poder, los gobiernos no peronistas ni kirchneristas, el de Mauricio Macri y ahora el de Milei, corren contra reloj para revertir las distorsiones económicas que el kirchnerismo consolidó durante veinte años. Macri no pudo reelegir por los efectos colaterales de una racionalización macroeconómica que no se produce sin contramarchas, obstáculos y errores. La promesa de racionalización macro perdió legitimidad con una inflación del 54 por ciento y un aumento de la pobreza. Macri llegó al déficit cero cuando estaba a punto de dejar el Gobierno. No alcanzó: la sociedad hizo su balance y optó por el retorno al kirchnerismo.
El problema es la repetición de patrón político-económico: que las dificultades de la sostenibilidad micro se conviertan en la deuda pendiente de las experiencias de macroeconómica racional. Es decir, que el gobierno de Milei sufra los mismos avatares que el de Macri y la ciudadanía vuelva a condenar un destino económico racional por los desgastes microeconómicos del presente.
Por eso, el desafío de la estabilización también interpela a los votantes y a la racionalidad de su impaciencia histórica: ¿hoy hay incentivos suficientes como para que la ciudadanía renueve el voto en favor de un plan económico que está cambiando los reflejos de la macro argentina, pero todavía tiene pendientes beneficios concretos en el bolsillo de los votantes? ¿La ciudadanía puede pasar de la “paciencia” a secas a la “paciencia estratégica” a la espera de la llegada de resultados de la macro racional, que harán realmente sostenibles los beneficios micro? Cuando se impone la impaciencia, no sale bien: la experiencia del gobierno de los Fernández-Massa volvió a mostrar los problemas de una opción macroeconómica irracional. Milei 2023 y 2025 es el resultado del miedo al “riesgo kuka”, el fantasma electoral que agita el Gobierno.
El desideratum de la racionalidad macro también hace mella en la oposición. Desde las filas del kirchnerismo y aledaños empiezan a preguntarse cómo escapar al “riesgo kuka”. En ese caso se refiere a la necesidad de evitar que los votantes perciban un riesgo de desestabilización económica en la alternancia en el poder: el miedo a que vuelva la inflación de la mano del kirchnerismo que se dispara en buena parte de los argentinos, y en los mercados, cada vez que hay chances de que gane el kirchnerismo.
Es un dato político que está empezando a tallar en algunos círculos del kirchnerismo. El politólogo José Natanson, director de Le Monde Diplomatique, lo formuló en relación a una candidatura de Axel Kicillof: si quiere enamorar al electorado de la zona núcleo, tiene que hablarle con el lenguaje de la estabilidad macro. Ante el “lunes negro” que se espera con un triunfo kirchnerista, la promesa electoral de Kicillof debería responder con aplomo macro. La idea es un “giro pragmático” que desactive una de las municiones centrales del cuadrante de centro derecha: el miedo al regreso de los desequilibrios kirchneristas como antídoto electoral.
Natanson lo explicita claramente: “Una operación interesante sería que el peronismo o un candidato progresista y popular en el peronismo diga Horacio Rodríguez Larreta va a ser mi ministro de Economía”, según sintetiza Natanson. Emmanuel Álvarez y Carlos Melconian fueron otras de las posibilidades mencionadas.
La cuestión central es si la búsqueda de una corrección de la identidad kirchnerista o kicillofista es puramente táctica, para volver al poder, o estratégica, como resultado de un aprendizaje ideológico-económico. Ese giro macro-racional parece imposible en la identidad política de Kicillof. ¿Hay un milagro capaz de llevar al kirchnerismo y sus variantes a abrazar la santa trinidad de la emisión cero con equilibrio fiscal e inflación a la baja, el desendeudamiento responsable y la apertura económica?
La región muestra dos ejemplos de alternancias ideológicas capaces de sostener los logros de la estabilización económica. Uruguay y su plan de estabilización de 1990. El economista uruguayo Ernesto Talvi, incorporado al equipo económico de Caputo, lo ha explicado con detalle: una transmisión transversal de esa concepción entre signos políticos distintos en base al reconocimiento de la mejora económica.
El otro ejemplo es el de Chile y la transición de la dictadura de Pinochet a los gobiernos de la Concertación: sólo porque el plan de estabilización de la segunda generación de Chicago Boys fue exitoso en la baja de la inflación, la democracia chilena de centro izquierda continuó con el mismo esquema.
La lección es interesante para el Gobierno, y hay figura del equipo económico que llegan a esa conclusión: sólo cuando el costo de desandar un modelo macroeconómico es alto, el modelo se vuelve exitoso. Y es alto cuando la mayor parte de los actores económicos, desde los votantes hasta el empresariado, perciben más beneficios que problemas pendientes. El plan Milei-Caputo está condenado a tener un éxito reconocido no sólo en lo macro sino también en el bolsillo de la gente. Caso contrario, se convertirá en una nueva excusa para que un gobierno de signo opuesto haga lo que no le conviene a la Argentina.
Luciana Vázquez,Conforme a
POLITICA
Procesaron y embargaron a Juan Grabois por la toma del Instituto Perón

El juez federal Sebastián Ramos procesó al dirigente social Juan Grabois por liderar la toma del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, en junio del año pasado, y lo embargó por $5.000.000. Le atribuyó los delitos de violación de domicilio y resistencia a la autoridad.
El juez dio por acreditado que Grabois encabezó el ingreso al lugar —que estaba cerrado y custodiado— y luego alentó la permanencia pese a la orden de desalojo transmitida por la Policía, que llegó al lugar después.
El procesamiento, dictado el viernes, alcanza también al militante Valentín Peralta, que fue embargado por un millón de pesos.
El hecho ocurrió pasado el mediodía del sábado 7 de junio de 2025. Un grupo de exempleados, acompañados por distintos dirigentes políticos, como Grabois, tomó la sede, ubicada sobre la calle Austria, en el barrio de Recoleta, en protesta contra su cierre, el despido de sus empleados y una “posible” venta del edificio. Lo hicieron a través de Un Café con Perón, el bar lindero, que está conectado con el Instituto por una puerta.
De la toma -una “permanencia pacífica”, según los manifestantes- participaron también la legisladora Victoria Freire y la diputada nacional Natalia Zaracho.
Los manifestantes fueron desalojados un par de horas después por la Policía Federal y fuerzas de la Ciudad, que despejaron el edificio y la esquina y se llevaron detenido al dirigente, en medio de empujones y forcejeos.
Al ser indagado por el juez, a principios de mes, Grabois evitó declarar, pero se desligó del ingreso al lugar en un descargo que presentó su abogado, Nicolás Rechanik.
En el escrito, el dirigente sostuvo que llegó en calidad de abogado de una cooperativa y solo para mediar “institucionalmente”.
El juez no dio crédito a esa versión. Dijo en su resolución que los videos incorporados al caso muestran a Grabois en el patio interno del bar, luego avanzando por el pasillo que conectaba con el Instituto y, minutos después, ingresando al edificio encabezando al grupo de manifestantes, tras la caída de una placa de durlock y un ventilador.
“Dichas imágenes resultan elocuentes para desvirtuar los dichos de esa parte en tanto sostuvo que habría concurrido al establecimiento en su rol de abogado y con posterioridad al ingreso de los manifestantes”, dice Ramos en su resolución.
Valoró especialmente que el dirigente social hubiera posteado en sus redes sociales un mensaje convocando a “defender” el Instituto, que, según dijo, había sido “usurpado” por el “gobierno oligarca”.
En la causa intervinieron el fiscal Carlos Rívolo y el Ministerio de Capital Humano, en el rol de querellante.
Tras el procesamiento, el frente Patria Grande emitió un comunicado en el que calificó la medida como un “mamarracho jurídico”. “No nos vamos a dejar amedrentar por Milei y la mafia judicial de Lago Escondido”, sostuvieron.
La referencia alude al sobreseimiento que el juez Ramos ordenó sobre todas las personas que fueron investigadas por el viaje a Lago Escondido, incluido el ahora ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.
El descargo también asocia el procesamiento de Grabois con el llamado a indagatoria de José Luis Espert, una causa que tramita en San Isidro y se inició con una denuncia del dirigente.
“No hay dudas de que lo de Espert es solo la punta del iceberg de una red de lavado de dinero que, en caso de avanzar la investigación, se llevará puesto unos cuantos más”, dijeron.
Conforme a
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Quiénes podrían reemplazar a Manuel Adorni como jefe de Gabinete

Diego Santilli y Pablo Quirno son los nombres que suenan con más fuerza como posibles sucesores del exjefe de Gabinete Manuel Adorni. El primero, actual ministro del Interior, tiene el aval de Karina Milei mientras que el segundo, actual canciller, es más cercano a Santiago Caputo.
Santilli aparece como la opción más ordenada para atravesar la interna del oficialismo. En la Casa Rosada lo presentan como una figura con llegada a gobernadores, vínculo con bloques aliados y capacidad para sostener la negociación parlamentaria. También destacan que puede funcionar como un punto de equilibrio entre Karina Milei y Santiago Caputo, dos terminales que venían discutiendo el rediseño del Gabinete y la comunicación oficial.
En el Gobierno remarcan que Santilli tiene además una relación personal con Milei y que ya venía ocupando un rol central en el diálogo con mandatarios provinciales, legisladores y aliados. Su eventual salto a la Jefatura de Gabinete obligaría a rediseñar otras áreas de la gestión.
El otro nombre que se puso sobre la mesa es el del canciller Pablo Quirno. En distintos despachos lo mencionan por su perfil técnico, su bajo nivel de conflicto interno y su vínculo directo con el Presidente. Quirno acompañó a Milei en la agenda internacional en España y participó de la reunión con empresarios e inversores junto al embajador argentino en Madrid, Wenceslao Bunge Saravia.
La diferencia es que Santilli aparece como una opción más política, mientras que Quirno es leído como una alternativa de orden interno y técnico. En la Casa Rosada no descartan que Milei vuelva a sorprender con otro nombre, pero durante la tarde del viernes el consenso más extendido en despachos oficiales se inclinaba por el ministro del Interior.
Noticia que está siendo actualizada.-
Diego Santilli, Pablo Quirno, Manuel Adorni
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Milei y Adorni | El apoyo incondicional que no alcanzó para sostener al jefe de Gabinete

8‘minutos de lectura
Javier Milei empezó a elevar la voz hasta llegar al umbral de un grito: “¿A usted le parece justo ejecutar a una persona honesta? ¡No voy a ejecutar a una persona honesta en el altar del ego de los periodistas que se sintieron tocados porque les dijo la verdad, que son solo periodistas!”
Esa noche del 6 de mayo, el Presidente se conectó desde Los Ángeles con LN+ para defender a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a quien la senadora Patricia Bullrich acababa de exigir en una entrevista que presentara de manera perentoria su declaración jurada. Milei irrumpió con la urgencia de quien quiere cortar de cuajo una discusión interna. Dijo que Adorni es “una persona honesta” y que sus números estaban “en orden”. Acusó al periodismo de querer perjudicarlo maliciosamente y enfatizó: “¡Ni en pedo se va!”.
Fue el clímax de tres meses y medio de gestos, fotos y palabras para blindar al principal funcionario de su gobierno en el trayecto de su derrumbe político, a raíz de las revelaciones sobre su inexplicado crecimiento patrimonial desde que asumió un puesto en el Estado.
Milei pasó de minimizar las denuncias contra Adorni a exigir a todos sus ministros que le dieran un apoyo incondicional.
El caso Adorni estalló el domingo 8 de marzo, cuando se descubrió que su esposa, Bettina Angeletti, había viajado en el avión presidencial a Estados Unidos. Se puso horas después que se habían ido de vacaciones en febrero a Punta del Este en un vuelo privado. Y el jueves 19 se confirmó que tenían una casa no declarada en el country Indio Cua. Ese día, Milei dio su primera ratificación explícita a su ministro coordinador. Dejó que Adorni publicara una foto de los dos con esta expresión irónica: “El Presidente de la Nación junto al flamante Jefe de Gabinete que reemplazará este fin de semana al actual Jefe de Gabinete. Fin”. Después viajaron juntos a Tucumán, donde Milei denunció una “carnicería mediática” contra el Gobierno.

Con la crisis en aumento, Adorni dio una conferencia de prensa el 25 de marzo, en la que dijo que no tenía nada para ocultar, pero se negó a dar precisiones sobre sus bienes. Apenas terminó hubo un operativo clamor en el que todos los ministros expresaron su confianza ciega en el funcionario. Karina Milei lo encabezó con este mensaje: “Mi apoyo, intacto. Más allá de las operaciones del periodismo y la vieja política sé quién sos y de tu integridad”.
El 27 de marzo el Presidente fue a inaugurar el centro de formación de Capital Humano y resaltó la figura de la ministra Sandra Pettovello, después de recordar los días difíciles en los que se había enfrentado a las organizaciones piqueteras. Hizo una pausa, buscó con la mirada a Adorni y dijo: “Así es que, Manuel, en algún momento después va a tocar darte las gracias”.

El 2 de abril, en el acto por las Malvinas, se abrazó efusivamente con Adorni delante de las cámaras para que el gesto no pasara inadvertido.

Siete días después, en una entrevista en la TV Pública, volvió a mencionar a Adorni. Se refirió a él como “el maravilloso jefe de Gabinete que tengo”. La semana siguiente Karina Milei se llevó a su protegido a un viaje a Vaca Muerta, en otra señal de abroquelamiento.
Bronca con el periodismo
A medida que se acumulaban las sospechas sobre el funcionario crecía a la par el nivel de agresión de Milei al periodismo y a los medios de comunicación. “El 95 por ciento de los periodistas argentinos son delincuentes y escriben financiados por otros países o con medios que tienen conflictos con el gobierno porque quieren prebendas o responden a empresarios. Están contaminados y se dedican a envenenar a la gente”, dijo en la TV Pública.
Esa inquina quedó en evidencia el 29 de abril, cuando acompañó a Adorni a la sesión de control en la Cámara de Diputados. “¡Chorros! Corruptos son ustedes”, les gritó a un grupo de cronistas que le preguntaron en un pasillo su opinión sobre la presentación del jefe de Gabinete.

Adorni había dicho en el recinto que todas sus declaraciones de bienes habían sido presentadas, “sin ocultación alguna”. Una declaración que lo condenó un mes y medio después, cuando confesó que había ahorrado “en negro” durante 25 años y que no había incluido en sus presentaciones ante la Oficina Anticorrupción una parte sustancial de su patrimonio. “¡Vamos, Manuel!”, había bramado Milei desde el palco principal, mientras aplaudía de pie, en el momento en que se inició el debate.

En la previa había filmado un video con todos sus colaboradores principales rodeando a Adorni musicalizado con la canción “Eye of the Tiger”, de la película Rocky.

El intento de pasar página fracasó estrepitosamente el 4 de mayo cuando el contratista Manuel Tabar declaró en la Justicia que Adorni pagó 245.000 dólares para refaccionar la casa de Indio Cua. Milei no titubeó. Al día siguiente lo sumó a una reunión en la Casa Rosada con entidades de la comunidad judía internacional. Con foto y todo.
Pero la presión interna empezó a hacerse insoportable ante lo que parecía una caja de sorpresas permanente que debilitaba el relato del Gobierno. Bullrich lo blanqueó cuando urgió a Adorni a dar explicaciones y desató la reacción de Milei.
“Si tuviera los dedos sucios se iría. Pero estoy perfectamente tranquilo que Adorni es una persona honesta y una persona de bien. “Los números están en orden y van a ser presentados. No nos preocupa porque tiene todos los números en orden”, dijo la noche del 6 de mayo Milei, en esa intervención televisiva desde Los Ángeles.
Argumentó que Bullrich había “espoileado” a Adorni porque sabía que estaba a punto de presentar la declaración jurada en la que quedaría todo claro. “Ya tiene todas las cosas listas y estaba por presentar los números por adelantado”.
Indignado con lo que le preguntaban Luis Majul y Esteban Trebucq, insistió: “A mí el desgaste político no me importa porque yo trato con seres humanos. Con seres humanos nobles, honestos que vinieron a hacer grande la Argentina nuevamente. El periodismo no puede violentar el principio de presunción de inocencia como hacen regularmente, que hacen de fiscales, de jueces y hacen juicios sumarísimos”.
Al contratista Tabar lo trató de “mentiroso” y lo describió como “militante kirchnerista” con un “prontuario muy dudoso”. Hasta se permitió ningunear un detalle que captó la atención popular sobre las obras que hizo Adorni: “Hablaban de una cascada y después se vio que eran dos cañitos de agua”.
-¿A usted le presentó los papeles? -le preguntaron.
-A mí lo que me presentó estaba en orden. Me consta que está limpio -respondió.
Cada vez peor
El apoyo no cesó. El viernes 8 Milei reunió al Gabinete y exigió un respaldo monolítico a Adorni. Incluso cruzó con tono enérgico a Bullrich cuando ella pretendió insistir con la necesidad de explicar sin más dilación los detalles de la evolución patrimonial del funcionario. Después se fue y dejó a Adorni al frente de la reunión.
El 22 de mayo el Presidente habló ante la Bolsa de Cereales, donde celebró el éxito político de haber sancionado la reforma laboral. “Los únicos que pudimos hacer eso en la historia fuimos nosotros. Gracias a ese enorme equipo que tenemos con Manuel Adorni, con Karina Milei, con Santi Caputo, con el Colo Santilli, que son los que manejan la cuestión política”. Vaya sí que somos buenos gestionando y generando resultados”.
El infortunio de Adorni continuó y se instaló una pregunta: ¿por qué lo sostienen? Se hizo ensordecedor el ruido político cuando Adorni confesó en LN+ que había ahorrado en negro y que iba a rectificar las declaraciones juradas que, hasta entonces, definía como impolutas. Esa noche Milei se limitó a reuitear un tuit lleno de elogios a Adorni de un funcionario menor, Santiago Oría.

La mesa política se reunió al día siguiente. Se sacaron una foto con Patricia Bullrich y una torta de cumpleaños. Adorni se ubicó a un costado, como si quisiera facilitar futuras ediciones de esa imagen.

Ya corría la cuenta regresiva. En el Senado se había activado el proceso que podía terminar en una traumática e inédita destitución. El blindaje empezaba a romperse.
El viernes 19 se anunció un nuevo vocero presidencial (Adrián Ravier) y un nuevo secretario de Medios (Fabián Fernández). El jefe de Gabinete, limitado, siguió siendo un problema irresoluble.

El Gobierno derrochó capital político para demorar un proceso en el Congreso que parecía inevitable. El jueves, al llegar a Madrid, Milei volvió a hablar de Adorni: “Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada, pero yo creo en su honestidad. A mis ministros los banco hasta las últimas consecuencias”. Fue el gesto del final. La suerte de Adorni estaba echada.
LA NACION,Política
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