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Eugenia Kuznetsova y Artem Chapeye, escritores ucranianos: “Rusia apoya todo lo que sea extremo, extrema izquierda y extrema derecha, para sembrar caos”

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Eugenia Kuznetsova y Artem Chapeye, escritores ucranianos que participaron en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Caminaron juntos casi ochenta mil pasos por Buenos Aires y, en algún momento del trayecto entre Recoleta y Caminito, levantaron la vista. En el cielo no había más que aviones civiles. Mirá qué suerte tiene esta gente que camina por estas calles y no lo dimensiona, se dijeron. Lo cuenta Eugenia Kuznetsova al día siguiente, en una videollamada en la que también participa Artem Chapeye desde los Países Bajos, donde tiene un festival literario antes de volver a Ucrania. Los dos vinieron a la Feria del Libro invitados por las embajadas de Austria y Ucrania, compartieron mesa con Héctor Abad Faciolince y participaron en encuentros con lectores. Hablan con la lucidez de quienes vienen escribiendo, desde lugares distintos, sobre la misma guerra.

Chapeye nació en 1981 en Kolomyia, en el oeste de Ucrania. Estudió Filosofía en la Academia Kyiv-Mohyla, tradujo al ucraniano a Mahatma Gandhi, Noam Chomsky y Edward Said, y antes de la invasión a gran escala era reportero, novelista y activista pacifista. En marzo de 2022, The New Yorker publicó su cuento The Ukraine, el primer texto ucraniano que aparecía en aquella revista. Para entonces, ya había evacuado de Kiev a su esposa y a sus dos hijos y se había alistado como soldado raso. Su libro más reciente, La gente común no carga ametralladoras (2025), reflexiona sobre esa decisión.

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Kuznetsova nació en 1987 en Krivói Rog y creció en la aldea de Khomutyntsi, en el centro del país, aunque su familia viene del este. Se doctoró en Estudios Internacionales e Interculturales en España, donde vive parte del año. Es autora de tres novelas —Pregunta a Miechka, La escalera y Las ovejas están a salvo, todos bestsellers en Ucrania— y del ensayo La lengua como espada, sobre el bilingüismo ucraniano como producto de la violencia imperial soviética. En paralelo, investiga desinformación y sistemas de medios en territorios ocupados como research fellow en la Kyiv School of Economics.

—Pasaron unos días en Buenos Aires, estuvieron en la Feria del Libro. ¿Qué impresiones se llevan?

Artem Chapeye: Tengo dos impresiones especiales. Una literaria: quedé muy impresionado por Héctor Abad Faciolince. Un escritor tan exitoso y con tanta ternura, tanta modestia. Hablás con él como si fuera tu papá o tu hermano mayor. La otra no tuvo nada que ver con la literatura: la última noche nos llevaron a una pizzería que se llama Güerrín. Nunca en mi vida vi algo parecido. Es como un estadio, pero es una pizzería.

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Eugenia Kuznetsova: Caminamos casi ochenta mil pasos, de Recoleta a Caminito. Y en un momento nos dijimos: “Mirá qué suerte tiene esta gente que camina por estas calles y no lo dimensiona, porque en el cielo solo hay aviones civiles. No hay ningún vecino que pueda invadir en algún momento”. Es muy importante valorar la suerte que es vivir en un país sin guerra y sin perspectiva de guerra.

Retrato de Eugenia Kuznetsova, mujer con cabello castaño claro y gafas oscuras, vistiendo camisa azul oscuro, frente a pared blanca con sombra
Eugenia Kuznetsova, novelista e investigadora ucraniana, autora de La escalera y del ensayo La lengua como espada, sobre el bilingüismo ucraniano como herramienta de colonización imperial. (Archivo)

—En los dos libros que trajeron a Buenos Aires aparece una figura que los obsesiona a ambos: el hombre ucraniano que, por una razón u otra, no está en el frente. Eugenia lo retrata desde la ficción en La escalera, en el personaje de Tolik. Artem lo aborda desde la no ficción. ¿Qué los llevó a meterse, cada uno a su modo, con ese personaje?

Kuznetsova: Son personajes muy distintos. Tolik es un personaje no heroico, culpable. El libro trata sobre esa sensación de culpa que lo agota, una familia enojada con él. Al final no queda muy claro qué pasa, y esa era mi intención: Tolik va hacia Ucrania, pero no sabemos qué ocurre después. No tomó una decisión clara de ir a luchar.

Chapeye: Yo escribo sobre cómo en Ucrania, hagas lo que hagas, siempre te parece que no es suficiente. Si no estás en las Fuerzas Armadas y sos varón, sentís que no es suficiente. Y si estás, también: porque alguien está en infantería y vos estabas en la policía militar. Hasta los que van a las trincheras se sienten insuficientes, porque alguien murió y ellos no. Una psiquiatra dice que el trauma se expresa de forma muy similar en los soldados y en las mujeres víctimas de violación: ellas también sienten que tuvieron la culpa.

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—¿Cómo se vive esa culpa en lo cotidiano, más allá de la decisión de alistarse o no?

Kuznetsova: Ya sabemos los precios de casi todas las armas. Cada vez que gastamos dinero en algo, siempre tengo en la cabeza “bueno, eso sería una bala de francotirador”. Eso siempre está con vos.

—Vos, Artem, venías del pacifismo más rotundo: tradujiste a Gandhi al ucraniano. ¿Qué se rompió en ese pacifismo el 24 de febrero de 2022?

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Chapeye: Hay situaciones en la vida en que el pacifismo no es suficiente. Yo era traductor de Gandhi, específicamente de su libro sobre la satyagraha, “el camino de la verdad” en sánscrito. Sigo respetando esos métodos. Pero cuando ya viene el ejército enemigo, cuando ya vienen las bombas que van a matar a tus hijos, las peticiones o las huelgas de hambre ya no alcanzan. Como dijo Eugenia, hay que valorar la suerte de no tener que enfrentar ese dilema en la práctica.

Primer plano de Artem Chapeye, un hombre de mediana edad con cabello castaño grisáceo y barba, vestido con chaqueta azul oscuro, al aire libre con follaje otoñal
Artem Chapeye, escritor y soldado ucraniano. «Hay situaciones en la vida en que el pacifismo no es suficiente», dijo en la entrevista con Infobae. (archivo)

—A más de cuatro años de la invasión, una parte de la izquierda internacional sigue pidiéndole a Ucrania que negocie. ¿Se sienten traicionados, especialmente por la izquierda latinoamericana?

Chapeye: Cuando vine a América Latina por primera vez, entré en contacto con estalinistas mexicanos. Me dijeron que el genocidio contra los ucranianos era algo necesario para concentrar la revolución. Eso es una tontería. Si alguien es de izquierda, tiene que leer Homenaje a Cataluña, de Orwell: ya en los años treinta él describió las mismas cosas, unos izquierdistas que llaman fascistas a los otros. Hoy todos los izquierdistas que conozco en Ucrania están en el ejército combatiendo contra los rusos. El problema, visto desde lejos, es que Rusia todavía se confunde con la Unión Soviética. Rusia hoy es un país bastante de derecha, con mucha desigualdad. Estar en contra del imperialismo estadounidense no debe significar apoyar otro imperialismo. Paradójicamente, los izquierdistas estalinistas terminan pensando lo mismo que Donald Trump. Eso es lo más ridículo.

Kuznetsova: Héctor Abad Faciolince escribió una frase muy buena: la Unión Soviética fue un sueño religioso de los años veinte que se convirtió en pesadilla. En América Latina hay muchos estereotipos sobre la Unión Soviética, porque en distintos períodos apoyó a algunos países en su batalla ideológica con Estados Unidos. Por eso ven a Rusia como heredera legal. Rusia también quiere verse así, y en cierto modo lo es, pero quiere heredar solo lo bueno: la cultura, la ópera, el ballet, a Kazimir Malevich, que era un pintor ucraniano. No quiere heredar los crímenes ni responsabilizarse por ellos.

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Chapeye: No reconocen el genocidio de los ucranianos, ni de los tártaros de Crimea, ni de los chechenos.

Kuznetsova: Una investigadora lituana lo escribió bien en Lo que nos hicieron, un libro sobre la ocupación soviética: solo se puede recuperar del trauma si hay justicia. Con la Unión Soviética no la hubo. Todos los pueblos ocupados, todos los crímenes cometidos: nadie respondió por nada. En mi opinión, esa es una de las razones por las que la guerra rusa es posible hoy.

Mesa “Voces desde Ucrania” en la Feria del Libro
Eugenia Kuznetsova y Artem Chapeye junto a Héctor Abad Faciolince durante su participación en la Feria del Libro de Buenos Aires. «Cuando alguien habla del caso ucraniano desde afuera, uno escucha con cierta reserva», dijo Kuznetsova. «Con Héctor y María Rosa Lojo no hubo ni un momento en que no estuviéramos de acuerdo

—Artem, en tu rol en la policía militar trabajaste con prisioneros de guerra rusos. ¿Qué te llevaste de esas conversaciones? ¿Confirmaron lo peor que pensabas de la sociedad rusa o complicaron tu mirada?

Chapeye: Cuando pensás en la invasión rusa en su totalidad, la ves como una oscuridad casi ontológica que vino sobre nuestras fronteras y trató de devorarnos. Pero cuando ves de cerca a los soldados rusos por separado, ves seres humanos y hasta sentís lástima. La mayoría decía cosas como “tenía muchas deudas” o “tenía que pagar la educación de mi familia”. Eran de clases muy pobres, por debajo de la clase obrera. En Rusia, como en Estados Unidos, hay un porcentaje altísimo de población encarcelada. A muchos les dieron la opción de quedarse diez años más en prisión o ir a la guerra y quedar libres si sobrevivían un año. Y muchos no eran ideológicos: ya no repetían la propaganda de Putin. Lo peor emocionalmente fue encontrarme con ucranianos de los territorios ocupados desde 2014 que ya habían sido movilizados en el ejército ruso para invadir Ucrania. Me acuerdo de uno, un arquitecto de unos treinta y cinco años, de mi misma clase social. Vivía en Donetsk y pensaba que a él no le iba a pasar nada porque estaba “fuera de la política”. Es como esa broma soviética: un padre y un hijo van camino a un gulag y el hijo pregunta “Papá, ¿a qué gulag vamos?”. Y el padre responde “No sé, porque a mí la política no me interesa”. Cuando Rusia empezó la movilización lo llamaron y terminó invadiendo Ucrania. Eso también responde a los que preguntan por qué los ucranianos no quieren negociar. Negociaríamos, pero ya pasó: Rusia invadió una parte del país, nadie hizo nada, y volvió a atacar. Si negociamos ahora, puede que en dos años intente atacar de nuevo.

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Kuznetsova: De hecho, los vecinos de Ucrania no nos empujan a negociar.

Chapeye: Porque ellos entienden. Los polacos, los países del Báltico: entienden todo porque también fueron parte del interior ruso en algún momento, también fueron colonizados. Y saben que no es solo ocupación: son torturas. Algo que siempre les decimos a los argentinos es que en los territorios ocupados Rusia se apropia de los niños y los reeduca, igual que en Argentina con los hijos de los desaparecidos. Es como 1984, de Orwell. Para mí es una razón más para combatir: si nos ocupan, en una generación nos pueden mandar a guerrear contra los polacos o contra los países bálticos.

Kuznetsova: Eso ya pasó con la Unión Soviética. Los ucranianos, pueblo ocupado, fueron enviados a Checoslovaquia, a Afganistán, a todas las guerras que inició la Unión Soviética. Por eso sabemos muy bien qué es.

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Un bombero trabaja en un edificio de apartamentos en Kiev tras un ataque con drones rusos, el 23 de marzo de 2025. "Si negociamos ahora, puede que en dos años Rusia intente atacar de nuevo", advierte Chapeye. (archivo/REUTERS/Vladyslav Musiienko)
Un bombero trabaja en un edificio de apartamentos en Kiev tras un ataque con drones rusos, el 23 de marzo de 2025. «Si negociamos ahora, puede que en dos años Rusia intente atacar de nuevo», advierte Chapeye. (archivo/REUTERS/Vladyslav Musiienko)

—Eugenia, una de las herramientas del poder colonial ruso fue la imposición del idioma. Vos analizaste cómo el bilingüismo fue una herramienta soviética. ¿Cómo ves el desplazamiento del ruso que está ocurriendo ahora en Ucrania?

Kuznetsova: Es el proceso normal de descolonización. Hay gente que dice “no es el momento, primero hay que ganar la guerra y después ocuparse del idioma”. Pero no es verdad: son procesos paralelos que no se pueden detener. Mucha gente se convirtió en hablante de ucraniano recién a partir de 2022, porque una crisis así te obliga a responderte preguntas: ¿Quién soy? ¿Quiénes son mis hijos? ¿Por qué yo hablo ruso, mis padres hablan ruso, pero mis abuelos hablaban ucraniano? ¿Por qué pasó eso? Por eso me gusta tanto ese título que mencioné: Lo que nos hicieron. Porque en algún momento de nuestra historia empezamos a hablar ruso.

—Algunos analistas observan que la propaganda rusa hacia adentro está colapsando, que el Kremlin ya no produce relatos eficaces y que está cortando internet en regiones enteras como último recurso. Eugenia, vos estudiás esto. ¿Lo ves así?

Kuznetsova: Estoy trabajando con ese tema. Los métodos cambiaron a partir de 2022, también en el exterior, porque en la mayoría de los países europeos perdieron el acceso al público general a través de la televisión. RT, por desgracia, todavía está disponible en Argentina y en muchos países de América Latina, pero en Europa, incluso en España, ya no. Por eso Rusia elige otras herramientas más sofisticadas: infiltrarse en partidos políticos. Y no es verdad que apoye solo movimientos de extrema derecha, como suelen decir algunos investigadores. Apoya todo lo que sea extremo: extrema izquierda, extrema derecha. Para sembrar caos. La sociedad rusa es pasiva, está acostumbrada a ser dirigida, porque tiene trescientos años de dictadura. En 2022 esperábamos que los rusos hicieran manifestaciones. Nada.

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Chapeye: La sociedad ucraniana, y muchas otras como la francesa o la argentina, están organizadas de abajo hacia arriba. La rusa está organizada de arriba hacia abajo. Hasta en la oposición rusa veo cómo están buscando a otro zar. Cuando murió Navalny, da pena ver cómo intentan convertir a Navalnaya en una nueva reina. En Ucrania no buscamos a un solo líder. Siempre estamos protestando. Después viene un líder de esa protesta y al año ya lo odiamos. Es más sano, es más anarquista. El riesgo en Rusia es que aunque haya un cambio, se convierta en otra dictadura muy rápidamente, como los bolcheviques, que después del zarismo se convirtieron en una nueva dictadura.

Kuznetsova: El embajador austriaco dijo algo interesante en la feria: si le preguntamos a la oposición rusa por qué no hay protestas en Rusia, normalmente responde que es peligroso salir a la calle. Pero salir a la calle en Berlín, en Madrid, en Barcelona, en Buenos Aires no es peligroso. Y tampoco lo hacen.

—Después de cuatro años de guerra, dejando de lado el análisis político, ¿qué es lo que más extrañan de la vida antes de la invasión?

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Chapeye: Yo extraño sobre todo poder caminar con libertad. Ahora en Ucrania casi no es posible: soy soldado y además no es seguro. Estoy ahora en los Países Bajos y caminé todo el día junto al Mar del Norte para evitar el jet lag, y me di cuenta de cuánto extrañaba esos días en que, si los chicos estaban con los abuelos, podías caminar dos o tres días como quisieras. No sé cuándo volverá a serlo para mí.

Kuznetsova: A mí los rusos me robaron la ilusión que tenía antes de la guerra: que el mundo es un lugar seguro, que los países se acercan cada vez más entre sí. Nos sentíamos hijos del mundo. Y me la robaron. Porque ahora, para ir a Ucrania, tengo que volar y después tomar un tren de diecisiete o dieciocho horas. Esa logística te regala la sensación de que Ucrania está muy, muy lejos. Mi sueño siempre fue que no hubiera fronteras, que todos estuviéramos juntos. Y los rusos me robaron eso.

Artem Chapeye (seudónimo; su nombre real es Anton Vodyanyi)

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La gente común no carga ametralladoras, de Artem Chapeye:
El pacifista que tradujo a Gandhi reflexiona sobre su decisión de alistarse tras la invasión de 2022. Publicado en inglés en 2025. Pendiente de traducción al español.
La gente común no carga ametralladoras, de Artem Chapeye:
El pacifista que tradujo a Gandhi reflexiona sobre su decisión de alistarse tras la invasión de 2022. Publicado en inglés en 2025. Pendiente de traducción al español.
  • Nació en 1981 en Kolomyia, oeste de Ucrania.
  • Estudió Filosofía en la Academia Kyiv-Mohyla. Miembro de PEN Ucrania.
  • Activista: participó en la Revolución Naranja y fue testigo de los asesinatos de manifestantes en el Maidán en 2014.
  • Tradujo al ucraniano a Mahatma Gandhi, Noam Chomsky y Edward Said.
  • Cinco veces finalista del Premio BBC Ucrania al Libro del Año.
  • Cubrió la guerra del Donbás como reportero desde 2014.
  • En febrero de 2022 evacuó a su familia y se alistó como soldado raso. Sirve en la policía militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
  • Su cuento The Ukraine (2018) fue, en marzo de 2022, el primer texto ucraniano publicado por The New Yorker.
  • Libros más recientes: La gente común no carga ametralladoras (2025)

Eugenia Kuznetsova

La escalera, de Eugenia Kuznetsova:
Tolik huyó de su familia tóxica a España. Cuando empieza la invasión, toda su familia se evacúa a su casa. Premio BBC Ucrania 2023. Pendiente de traducción al español.
La escalera, de Eugenia Kuznetsova:
Tolik huyó de su familia tóxica a España. Cuando empieza la invasión, toda su familia se evacúa a su casa. Premio BBC Ucrania 2023. Pendiente de traducción al español.
  • Nació en 1987 en Krivói Rog y creció en la aldea de Khomutyntsi, en el centro de Ucrania. Su familia es del este.
  • Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Taras Shevchenko de Kiev.
  • Se doctoró en Estudios Internacionales e Interculturales en la Universidad de Deusto (España), con una tesis sobre realismo mágico.
  • Investigadora asociada de la Kyiv School of Economics. Trabajó como consultora en medios para la OSCE y la ONU en Ucrania.
  • Traductora del inglés, alemán y español al ucraniano.
  • Habla ucraniano, español, inglés, alemán y francés.
  • Tres novelas: Pregunta a Miechka (2021), La escalera (2023) y Las ovejas están a salvo. Traducidas al inglés, polaco, georgiano, lituano, eslovaco y finlandés.
  • Ensayo: La lengua como espada, sobre el bilingüismo ucraniano como producto de la violencia imperial soviética.
  • Premios: Mención especial del Premio de Literatura de la Unión Europea (2022) y BBC Ucrania al Libro del Año (2023) por La escalera.



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Europa: una quinta parte de los niños vive en riesgo de pobreza o exclusión social y la tasa apenas mejora en una década

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La pobreza infantil en Europa, sobre todo en los países del Mediterráneo, parece un problema enquistado, sin solución, al que no afecta ni una tasa de desempleo en niveles históricamente bajos. Ni siquiera mejora la situación con un crecimiento económico sostenido desde hace un lustro, como en España, que creciendo más del doble que el resto de la Eurozona tiene casi un tercio de su infancia en hogares en riesgo de pobreza o exclusión social.

Los únicos países que mantienen tasas menores, como los Países Bajos, Eslovenia o Dinamarca, lo consiguen con transferencias directas a las familias con niños. No son políticas que sirvan para fomentar la natalidad, como se diseñaron hace décadas. Porque por ejemplo en los Países Bajos, donde esas transferencias directas son más generosas, la tasa de natalidad está en el 1,4%, su nivel histórico más reducido.

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Eurostat, la oficina de estadísticas de la Comisión Europea, publica cada año su índice AROPE, que mide el riesgo de pobreza o exclusión social de los hogares. Son personas “gravemente desfavorecidas material y socialmente o que viven en un hogar con una intensidad de trabajo muy baja o en el que nadie trabaja. La tasa general mide “la población total que está en riesgo de pobreza o exclusión social”.

Los datos, actualizados esta semana, muestran el enquistamiento de esas tasas. El 22,1% de los europeos que vive en hogares con niños dependientes está en riesgo de pobreza o exclusión social. Es el 19,8% entre los que viven en hogares sin niños dependientes. Pero esa tasa, media de los 27 países de la Unión Europea, tiene unas diferencias enormes cuando se baja al detalle de cada país. Y se podría decir que, salvo excepciones, tiene también un perfil geográfico, pues las mayores tasas no apuntan exactamente a los países más pobres, sino a los que tienen políticas públicas que hacen transferencias menores o ninguna transferencia a los hogares con niños.

La tasa de pobreza o exclusión social de quienes viven en España en hogares con niños dependientes se eleva al 29,9% de la población. España, con una renta per cápita que prácticamente doble a la de Bulgaria, tiene casi un punto más de población en riesgo de pobreza o exclusión social. Cerca de España aparecen sus vecinas mediterráneas, como Italia (25,5%), Francia (23,8%) o Grecia (28,5%). En la parte alta de la tabla aparece también Luxemburgo. El país más rico del bloque tiene en situación de pobreza o exclusión social al 22,9% de las personas que viven en hogares con niños. Es más del doble que en Eslovenia (10,4%), un país tres veces más pobre.

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Entre los demás países ricos del bloque, el 20,6% de los hogares alemanes e irlandeses con niños vive en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, así como el 16,7% de los belgas o el 19,4% de los suecos. Los mejores datos, además de en Eslovenia (10,4%) y Países Bajos (11,7%) aparecen en Chipre (12,2%) y Dinamarca (12,2%).

Tener niños aumenta las posibilidades de vivir en un hogar en riesgo de pobreza o exclusión social, pero hay excepciones. Si a nivel europeo esa tasa es del 22,1% en hogares con niños y del 19,8% en hogares sin niños, en España la diferencia es de más de ocho puntos. Mientras el 29,9% de las personas que viven en España en hogares con niños lo hacen en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, para los que no tienen niños esa tasa es del 21,5%. Esas diferencias se ven también en países como Italia o Francia, pero no sucede lo mismo por toda Europa.

En los países bálticos la tasa de pobreza o exclusión social de quienes viven en hogares sin niños dobla a la de quienes viven en hogares con niños. Esto se debe a un potente sistema de transferencias directas a las familias con niños para evitar que estos crezcan en situación de pobreza o exclusión social.

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La evolución de estos datos durante la última década es positiva, pero muy lenta y son pocos los países que mejoran rápidamente. Si ahora está en riesgo de pobreza o exclusión social el 22,1% de las familias que viven en hogares con niños, hace 10 años era el 25,3%. Y en países como Alemania, con prácticamente pleno empleo desde años antes de la pandemia, sube, del 17,1% de hace una década al 20,6% actual.

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Las madres: la gran fuerza económica y social de América Latina

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El alcalde Mijes Llovera destaca el rol de la mujer (Andrés Mijes Llovera)

En América Latina hablamos constantemente de crecimiento económico, inversión y productividad. Pero pocas veces reconocemos con suficiente claridad quién sostiene realmente gran parte de la estabilidad social y económica de nuestras comunidades: las madres.

La madre latinoamericana no solo cuida y acompaña. También trabaja, administra, resuelve y mantiene unidas a millones de familias aun en contextos difíciles. En muchos casos, es al mismo tiempo sostén emocional y principal fuente de ingresos. Según la CEPAL, más del 40% de los hogares en América Latina tienen a una mujer como principal responsable económica. Y en México, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado realizado principalmente por mujeres representa cerca del 24% del PIB nacional, de acuerdo con el INEGI.

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Es decir: una enorme parte de la economía descansa sobre trabajo femenino que muchas veces ni siquiera aparece en las estadísticas tradicionales.

Las mujeres siguen enfrentando menores ingresos, mayores cargas de cuidado y menos oportunidades laborales. La maternidad continúa siendo un factor de desigualdad laboral en muchos contextos.

Por eso el Día de las Madres no puede quedarse solo en el reconocimiento emocional. Claro que hay que celebrar y agradecer. Pero también hay que construir modelos económicos y sociales que fortalezcan la autonomía y las oportunidades de las mujeres.

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Y ahí Nuevo León tiene una oportunidad histórica. Porque si algo caracteriza a nuestra tierra es la capacidad de producir, competir y hacer crecer la economía. El siguiente paso es lograr que ese crecimiento llegue con más fuerza a las mujeres y madres trabajadoras.

Aquí vale la pena decir algo importante: el industrialismo social sí tiene mucho que ofrecerle a la mujer moderna. Porque cuando el crecimiento económico se acompaña de estabilidad laboral, comunidad y sentido humano, las mujeres encuentran mejores condiciones para desarrollarse plenamente.

La economista Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía 2023, ha señalado que uno de los grandes desafíos contemporáneos es construir economías capaces de integrar productividad y flexibilidad sin castigar la maternidad. Ahí es donde el Capitalismo Social norteño y el Crecimiento con Justicia impulsado por la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, pueden dialogar con enorme fuerza.

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Porque una economía potente solo es sostenible cuando genera oportunidades compartidas y fortalece a las familias. Ese fue uno de los principios del industrialismo regiomontano histórico. Don Eugenio Garza Sada sostenía que “el mejor negocio es dar trabajo”. Detrás de esa frase había una visión profundamente humana del desarrollo: entender que la empresa también produce estabilidad, dignidad y futuro para las familias.

Eso significa impulsar más guarderías y estancias infantiles accesibles; ampliar horarios escolares y espacios deportivos y culturales para niñas y niños; fortalecer el transporte público y la seguridad en calles y rutas; abrir más oportunidades para mujeres en industrias tecnológicas, logísticas y manufactureras; facilitar crédito y certeza patrimonial para madres trabajadoras; y construir comunidades más seguras y unidas.

También significa entender algo fundamental: la nueva economía industrial del norte de México necesita más talento femenino. El nearshoring y la relocalización industrial están abriendo oportunidades históricas en sectores bien pagados y de alta especialización. Sería un error dejar fuera a millones de mujeres de esa transformación productiva. Por eso la capacitación técnica, digital y universitaria para mujeres debe convertirse en prioridad estratégica.

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Ese es uno de los grandes desafíos de nuestra época: lograr que una economía fuerte también sea una economía que fortalezca a las familias. Ahí es donde la 4T Norteña busca construir equilibrio. Con la mano derecha impulsando inversión, empleo e innovación. Y con la mano izquierda convirtiendo ese crecimiento en seguridad, comunidad y oportunidades reales para las madres.

Porque cuando una madre tiene respaldo y oportunidades, toda la sociedad avanza de verdad, eso es una prioridad para hablar de una sociedad justa de verdad.

* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.

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Remains recovered of US soldier who went missing in military exercises in Morocco, 2nd soldier still missing

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The remains of a U.S. Army officer who went missing during military exercises in Morocco were recovered from the Atlantic Ocean, while the search continues for a second missing soldier, according to military officials.

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The remains of 1st Lt. Kendrick Lamont Key Jr., 27, of Richmond, Virginia, were recovered Saturday, U.S. Army Europe and Africa announced Sunday. Key, a 14A Air Defense Artillery officer, was one of two U.S. soldiers who reportedly fell from a cliff during an off-duty recreational hike near the Cap Draa Training Area on May 2.

A Moroccan military search team found Key in the water along the shoreline at about 8:55 a.m. local time Saturday, roughly one mile from where both soldiers reportedly entered the ocean, the Army said.

«Today, we mourn the loss of 1st Lt. Kendrick Key, whose remains were recovered in Morocco,» Brig. Gen Curtis King, commanding general of the 10th Army Air and Missile Defense Command, said in a statement. «Our hearts are with his Family, friends, teammates, and all who knew and served alongside him. The 10th Army Air and Missile Defense Command Family is grieving, and we will continue to support one another and 1st Lt. Key’s Family as we honor his life and service.»

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LONG-LOST SOLDIER’S GRAVE DISCOVERED AT REMOTE US NATIONAL PARK AFTER 150 YEARS

The remains of 1st Lt. Kendrick Lamont Key Jr. were recovered. (U.S. Army Europe and Africa)

Key and the second soldier were reported missing on May 2 after participating in African Lion, an annual multinational military exercise hosted across Morocco, Tunisia, Ghana and Senegal.

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The two were reported missing around 9 p.m. near the Cap Draa Training Area outside Tan-Tan, a terrain featuring mountains, desert and semi-desert plains, the Moroccan military said.

The disappearance of the two soldiers led to a search-and-rescue mission involving more than 600 personnel from the U.S., Morocco and other military partners. Ships, helicopters and drones were deployed as part of this operation.

Search efforts will continue for the second missing soldier.

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PENTAGON HONORS AMERICAN TROOPS KILLED IN OPERATION EPIC FURY: ‘NEVER BE FORGOTTEN’

U.S and Moroccan military forces take part in the African Lion military exercise

The two soldiers were reported missing after participating in African Lion, an annual multinational military exercise held in Morocco. (AP Photo/Mosa’ab Elshamy)

A U.S. contingent remained in Morocco after the military exercises ended on Friday to provide command and control and to support the ongoing search and rescue mission.

Key was assigned to Charlie Battery, 5th Battalion, 4th Air Defense Artillery Regiment, 10th Army Air and Missile Defense Command, according to the Army.

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His decorations include the Army Achievement Medal and Army Service Ribbon.

He entered military service in 2023 as an officer candidate and earned his commission through Officer Candidate School the following year as an Air Defense Artillery officer. He later completed the Basic Officer Leader Course at Fort Sill, Oklahoma.

Key is survived by his parents, his sister and his brother-in-law.

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Moroccan Apache helicopters

Search efforts will continue for the second missing soldier. (Abdel Majid BZIOUAT / AFP via Getty Images)

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African Lion 26 is a U.S.-led exercise that began in April across Morocco, Tunisia, Ghana and Senegal, with more than 5,600 civilian and military personnel from more than 40 nations.

For more than 20 years, it has been the largest U.S. joint military exercise in Africa.

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In 2012, two U.S. Marines were killed, and two others injured during an MV-22 Osprey crash near Cap Draa while participating in Exercise African Lion.

The Associated Press contributed to this report.



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