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ECONOMIA

Guido Zack, de Fundar: “No alcanza con acumular dólares, el crecimiento debe llegar a todo el sector formal”

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«Las decisiones macroeconómicas iniciales -reducir el déficit y corregir el atraso cambiario- apuntaban en la dirección correcta. El problema no fue el diagnóstico, sino la magnitud del shock y, sobre todo, cómo se distribuyeron sus costos»

La economía avanzó a distintas velocidades en actividad, precios, empleo e indicadores de confianza del consumidor, con resultados generales récord -con algunas excepciones-, incluida la última evaluación del FMI sobre la macroeconomía argentina: el organismo formuló elogios, pero también planteó desafíos.

Con ese escenario, Infobae entrevistó a Guido Zack, director del área de economía en Fundar, organización dedicada al estudio, investigación y diseño de políticas públicas, doctor en análisis económico y magíster en análisis económico aplicado por las universidades de Alcalá y Complutense de Madrid, magíster en finanzas por la Universidad de Alcalá y licenciado en Economía por la UBA. También es profesor de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), donde coordina el Centro de Investigaciones Macroeconómicas para el Desarrollo (CIMaD) de la Escuela de Economía y Negocios (EEyN), y brindó su mirada sobre la coyuntura, la evaluación del Fondo Monetario y sus expectativas de corto plazo.

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— El FMI destacó en su última revisión avances en leyes fiscales, comerciales y laborales, así como mejoras en el marco monetario y cambiario. También advirtió que la incertidumbre política ralentizó los logros. ¿Cree que el Gobierno podría haber avanzado más rápido o por un camino menos complejo?

— La situación económica que heredó el gobierno a fines de 2023 era crítica: recesión, déficit fiscal elevado, reservas negativas, brecha cambiaria enorme y una inflación que aceleraba. Las decisiones macroeconómicas iniciales -reducir el déficit y corregir el atraso cambiario- apuntaban en la dirección correcta. El problema no fue el diagnóstico, sino la magnitud del shock y, sobre todo, cómo se distribuyeron sus costos.

Una devaluación del 120% estaba fuera del escenario de cualquier analista. Ese salto potenció el impacto sobre la inflación, la actividad y las condiciones sociales de los sectores más vulnerables. Y lo más llamativo es que esa dureza no fue pareja: al mismo tiempo que se recortaban partidas para comedores, discapacitados y hospitales públicos, se reducía la alícuota de Bienes Personales y se creaba el Reibp, un régimen que congeló ese impuesto por 15 años para quienes adhirieron.

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Hubo una oportunidad fiscal inicial desperdiciada: aumentar transitoriamente las retenciones a las exportaciones hubiera generado recursos adicionales y moderado el impacto inflacionario de la devaluación

Hubo además una oportunidad fiscal desperdiciada: aumentar transitoriamente las retenciones a las exportaciones hubiera generado recursos adicionales y moderado el impacto inflacionario de la devaluación. El Gobierno hizo un intento tardío en la Ley Ómnibus, pero no prosperó. Lo que sí fue correcto fue mantener el cepo cambiario en ese contexto de alta fragilidad externa.

El segundo error vino después. El crawling peg al 2% mensual -con una inflación muy por encima- estaba pensado como esquema transitorio de pocos meses. Tuvo un efecto desinflacionario real y por eso se extendió mucho más allá de lo planeado. Fue ahí cuando el Gobierno cambió el relato: dejó de advertir que la estabilización iba a llevar no menos de dos duros años, y pasó a vaticinar que la economía iba a rebotar “como pedo de buzo”. Ese apuro llevó a sostener una apreciación cambiaria real que complicó el frente externo y derivó en la necesidad de tres salvatajes: el blanqueo, el FMI y el Tesoro de Estados Unidos. Sin eso, la situación actual del Gobierno sería otra.

En resumen: la dirección inicial fue correcta, la magnitud fue excesiva, la distribución de los costos fue regresiva y el error más persistente fue hacer el intento de acelerar un proceso que, por su naturaleza, no admite atajos.

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Guido Zack sentado en un escritorio blanco, tecleando en una laptop abierta. Detrás, una gran ventana muestra árboles verdes y edificios
«La dirección inicial fue correcta, la magnitud fue excesiva, la distribución de los costos fue regresiva y el error más persistente fue hacer el intento de acelerar un proceso que, por su naturaleza, no admite atajos»

— Sobre la coyuntura reciente: el intercambio comercial, el repunte del EMAE desde marzo y el ritmo de acumulación de reservas. ¿Considera que estos puntos fueron subestimados por los técnicos del FMI?

— Los tres indicadores merecen una lectura matizada. El superávit comercial es genuinamente muy bueno y podría resolver el problema histórico argentino de la escasez de dólares. Pero hacerlo prescindiendo del entramado productivo existente es desperdiciar la oportunidad: mientras el superávit bate récords, las empresas siguen cerrando, el desempleo crece y la informalidad avanza. El propio FMI reconoce este riesgo.

Vale aclarar un punto que suele generar confusión: Argentina no está cara en dólares en términos agregados. El índice de precios relativos que publicamos en Fundar muestra que los precios promedio medidos en moneda extranjera se ubican por debajo del promedio latinoamericano. Lo que sí está caro son los rubros visibles al turista (hotelería, restaurantes, indumentaria) pero servicios públicos, salud y educación son más baratos que en la región.

“Banco Central sin reservas, Tesoro sin acceso a los mercados, sector privado que ahorra en dólares- exige un tipo de cambio más alto que el de nuestros vecinos”

Sin embargo, que no estemos caros no implica que el tipo de cambio sea el adecuado. Nuestra particularidad -Banco Central sin reservas, Tesoro sin acceso a los mercados, sector privado que ahorra en dólares- exige un tipo de cambio más alto que el de nuestros vecinos.

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Diagrama de barras con los precios de Argentina por sector frente al promedio de América Latina (Base 100), mostrando valores para Restaurantes, Salud, Educación, etc
«El índice de precios relativos que publicamos en Fundar muestra que los precios promedio medidos en moneda extranjera se ubican por debajo del promedio latinoamericano»

El dato del EMAE de marzo es bueno, pero hay que ponerlo en contexto. Enero y febrero mostraron caídas, los indicadores adelantados de abril tampoco son alentadores. Un solo mes de rebote no marca tendencia. Y, en cualquier caso, la desagregación sectorial muestra la economía dual que se está configurando: sectores exportadores que crecen; sectores demandantes de trabajo que son importadores netos caen. En esta dualidad se explica también el resultado comercial récord.

En cuanto a las reservas, lo que el FMI reconoce en su informe -que la acumulación rezagó respecto a otros procesos de estabilización comparables- en realidad fue una decisión deliberada. Durante 2025, el Gobierno eligió no acumular reservas para potenciar la baja de la inflación.

Si no hubiera sido por la intervención de Trump y Bessent, el régimen cambiario no habría aguantado y el resultado electoral habría sido otro. Este año sí se está acumulando, y eso es positivo. Pero se podría acelerar. El FMI es explícito en que la acumulación basada en superávit comercial -y no en endeudamiento- es la que más reduce el índice de riesgo país y es la llave que permitiría acceder nuevamente a los mercados financieros internacionales.

El FMI es explícito en que la acumulación basada en superávit comercial -y no en endeudamiento- es la que más reduce el índice de riesgo país

En síntesis, los técnicos del FMI no subestimaron estos datos: los incorporaron con el contexto que merecen. El desafío no es sólo acumular dólares, sino construir un modelo donde el crecimiento alcance también al sector productivo formal que hoy, en el mejor de los casos, está siendo desplazado por la informalidad y, en el peor de los casos, directamente está desapareciendo.

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— De cara al futuro, los técnicos del FMI insisten en la necesidad de reformas profundas en el sistema tributario y previsional. ¿Ve factible que el Gobierno avance en estos temas en lo que resta de la gestión?

— El propio Gobierno anunció en los considerandos de la Ley Bases una reforma tributaria integral para fines de 2024. Todavía estamos esperando. Lo que hubo fue una sucesión de cambios puntuales que no pueden reemplazar una reforma integral: lo que importa no es cada impuesto por separado, sino cómo interactúan entre sí.

La necesidad de reforma es urgente. El sistema tributario argentino es simultáneamente distorsivo, complejo y regresivo, y actúa como freno directo sobre la formalidad y la competitividad. Desde Fundar hemos propuesto una reforma integral que parte de un diagnóstico claro: Argentina recauda demasiado a través de impuestos indirectos -retenciones a las exportaciones, el impuesto a los créditos y débitos bancarios, e ingresos brutos- y demasiado poco a través de impuestos directos sobre ingresos y patrimonio. Esa estructura no sólo es ineficiente: es regresiva, porque los impuestos indirectos pesan más sobre los que menos tienen.

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Gráfico de barras horizontales que compara la composición de impuestos (ingresos, propiedad, bienes, seguridad social y otros) en Argentina, propuesta Fundar, Latinoamérica y OCDE
«El sistema tributario argentino es simultáneamente distorsivo, complejo y regresivo, y actúa como freno directo sobre la formalidad y la competitividad»

Un rasgo que resume el problema: lo transitorio se vuelve permanente. El Impuesto al Cheque fue creado en 2001 como medida de emergencia; veinticinco años después, sigue vigente y es una fuente significativa de recaudación. La dirección del cambio debería ser la reducción de los impuestos más distorsivos y la ampliación de la base de los directos: recuperar Ganancias sobre los tramos medios, altos y, especialmente, súper altos; reformar el monotributo para acercarlo al régimen general enfatizando nuevamente en las escalas más altas; y fortalecer los impuestos al patrimonio.

Hay además una dimensión federal ineludible. Ingresos Brutos es un impuesto provincial, en cascada, altamente distorsivo, y su reemplazo requiere una nueva ley de coordinación tributaria. Llevamos 37 años con la misma Ley de Coparticipación, diseñada para un país que ya no existe. Desde Fundar hemos desarrollado también una propuesta en ese sentido.

Finalmente, hay un problema que el mundo entero está intentando resolver y Argentina no puede ignorar: la subdeclaración y evasión de los sectores de muy altos ingresos a través de estructuras societarias. Eso requiere trabajo serio sobre ganancias de sociedades y patrimonio.

“Hay un problema que el mundo entero está intentando resolver y Argentina no puede ignorar: la subdeclaración y evasión de los sectores de muy altos ingresos a través de estructuras societarias”

En este punto, el Gobierno hizo exactamente lo contrario: el Reibp congela Bienes Personales por quince años y el RIGI reduce significativamente la carga sobre las grandes inversiones y la congela por 30 años.

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— ¿Va a avanzar el Gobierno en esto antes de que termine el mandato?

— No lo veo probable. La secuencia que eligió -cambios puntuales sin mirada integral- es lo que perpetúa un sistema que nadie defiende, pero nadie reforma.

— El FMI subraya la importancia de mantener el apoyo a los sectores más vulnerables y mitigar los costos sociales de las reformas. ¿Cómo evalúa la gestión del Gobierno en ese aspecto?

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— Es, sin dudas, el aspecto más flojo de toda la gestión. Y lo peor es que era totalmente evitable: gran parte del daño social podría haberse prevenido sin comprometer el resultado fiscal ni el proceso de desinflación. El ajuste recayó de manera desproporcionada sobre los sectores más vulnerables. Se recortaron partidas para comedores populares, para personas con discapacidad, para hospitales públicos de referencia como el Garrahan. Las jubilaciones perdieron poder adquisitivo de manera sostenida.

Todo esto en simultáneo con la reducción de la carga tributaria sobre los patrimonios más grandes, como ya mencionamos. No es sólo una cuestión distributiva abstracta: es una decisión concreta de quién paga el ajuste.

Un hombre calvo con barba incipiente y camiseta gris mira a la cámara desde un escritorio con un portátil abierto y otros objetos de oficina
«El ajuste recayó de manera desproporcionada sobre los sectores más vulnerables. Se recortaron partidas para comedores populares, para personas con discapacidad, para hospitales públicos»

El FMI, en su última revisión, subraya la importancia de mantener el apoyo a los sectores vulnerables y mitigar los costos sociales de las reformas. Es una señal de que incluso el organismo que avala el programa entiende que este es su principal flanco débil. Pero las recomendaciones del Fondo en materia social suelen ser las menos implementadas.

— ¿Qué debería profundizarse?

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— Básicamente, revertir la lógica del ajuste: en lugar de proteger a quienes más tienen y ajustar sobre los que menos tienen, priorizar el gasto social básico -salud, discapacidad, alimentación- que tiene alto impacto y bajo costo fiscal relativo, y financiarlo con una estructura tributaria más progresiva. No es incompatible con el equilibrio fiscal: es una decisión de prioridades.

— Los vencimientos de deuda en 2027 generan preocupación entre economistas y el FMI, aunque la Secretaría de Finanzas informa operaciones mensuales por montos superiores y saldos netos de baja. ¿Cómo explica esa preocupación persistente?

— La preocupación por los vencimientos de 2027 no es irracional ni caprichosa, aunque la Secretaría de Finanzas tenga razón en que mes a mes las operaciones de refinanciamiento vienen funcionando. El problema no es el presente; es la fragilidad estructural que subyace.

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“La preocupación por los vencimientos de 2027 no es irracional ni caprichosa, aunque la Secretaría de Finanzas tenga razón en que mes a mes las operaciones de refinanciamiento vienen funcionando”

La clave está en una distinción importante: no es lo mismo refinanciar deuda en pesos en el mercado doméstico que refinanciar deuda en dólares en los mercados internacionales. Lo primero está funcionando razonablemente bien. Lo segundo todavía no está disponible a tasas sostenibles.

Con el índice de riesgo país rondando los 500 puntos básicos, emitir deuda en el mercado internacional implicaría pagar tasas cercanas al 10% anual en dólares. El propio secretario de Política Económica lo dijo sin rodeos: el Gobierno prefiere no salir al mercado porque no quiere pagar tasas que pongan en riesgo la dinámica fiscal de mediano plazo. A esas tasas, la deuda no se refinancia genuinamente: se acumula.

Lo que genera preocupación persistente es que ese acceso no está garantizado para 2027. Los vencimientos en moneda extranjera son significativos, y su refinanciamiento depende de que para entonces el índice de riesgo país haya bajado lo suficiente. Eso a su vez requiere que las reservas se acumulen al ritmo necesario, que el superávit fiscal se sostenga, y que no haya shocks externos o internos que descarrilen el proceso.

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Hombre sonriendo ligeramente, vestido con una camiseta oscura, de pie frente a una pared clara con tres pósters enmarcados y un escritorio con una cafetera y una taza
«Los vencimientos en moneda extranjera son significativos, y su refinanciamiento depende de que para entonces el índice de riesgo país haya bajado lo suficiente»

Son muchas condiciones simultáneas en un país con historial de incumplimiento.

A esto se suma que los años electorales generan demanda adicional de dólares para atesoramiento, presionando las reservas justo cuando más se necesitan. No estamos ante un escenario de default inminente, pero tampoco ante uno de sostenibilidad garantizada. La preocupación de los economistas no es alarmismo: es la lectura correcta de una situación que sigue siendo frágil.

— El FMI señala que serán necesarias políticas estrictas para que la inflación baje a un dígito hacia 2028. ¿Qué tipo de políticas considera viables para lograr esa meta?

— El primer mensaje es que no hay que apurarse. La experiencia internacional es contundente: Israel tardó seis años en bajar la inflación a un dígito desde el lanzamiento de su plan de estabilización de 1985; Uruguay, cinco años para bajar del 50% a menos del 10%; México y Perú, entre cinco y seis.

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El propio FMI documenta que en los casos exitosos bajar la inflación de dos dígitos a uno tomó en promedio tres a cuatro años adicionales, y hasta siete en economías muy dolarizadas como la de Argentina. Apurar ese proceso tiene costos conocidos: apreciación cambiaria, fragilidad externa, acumulación insuficiente de reservas. Ya lo vivimos. El objetivo ahora no es bajar rápido, sino de manera sostenida y consistente. Para eso hacen falta varias cosas simultáneas.

“FMI documenta que en los casos exitosos bajar la inflación de dos dígitos a uno tomó en promedio tres a cuatro años adicionales, y hasta siete en economías muy dolarizadas”

  1. Mantener el equilibrio presupuestario, pero recuperando la capacidad de financiar los gastos esenciales del Estado. La obra pública está prácticamente paralizada desde el inicio de la gestión, y eso tiene costos reales sobre la productividad, el empleo y la logística que se van acumulando.
  2. Un tipo de cambio acorde a la productividad del país. El Gobierno invirtió los términos del plan de estabilización: los países exitosos arrancaron con tipo de cambio alto que se fue apreciando gradualmente una vez consolidada la estabilidad. Acá se hizo al revés, prometiendo que los demás costos bajarían después. Pero la industria enfrenta hoy un tipo de cambio bajo con costos tributarios, burocráticos, logísticos y de financiamiento todavía altos, y la apertura comercial fue la gota que rebalsó el vaso. Los empresarios dicen estar dispuestos a competir, pero con la cancha nivelada: su par del exterior no paga ingresos brutos ni impuesto al cheque, tiene costos financieros y logísticos menores y no opera con obra pública paralizada. El resultado está a la vista: caída récord de empresas, desempleo e informalidad.
  3. Una tasa de interés positiva en términos reales y algo por encima de la expectativa de devaluación. Esto es más fácil de sostener con un tipo de cambio adecuado: si el tipo de cambio está apreciado y genera expectativas de corrección, la tasa necesaria para mantener la calma cambiaria se vuelve excesiva y termina dañando el nivel de actividad.
  4. Quizás lo más ignorado: políticas de ingresos. Acuerdos entre trabajadores, empresas y sector público para reducir la inercia inflacionaria, moderar el impacto de la corrección de precios relativos sobre la inflación, y desplazar la puja distributiva hacia niveles inflacionarios menores. No es lo mismo política de ingresos que represión salarial, aunque el Gobierno parece confundirlos. Y tiene una ventaja que no es menor: no tiene costo fiscal. Aun si se descree de su efectividad, vale la pena preguntarse cuál es el costo de implementarla.
Diagrama de líneas que ilustra la variación en el número de empresas en Argentina bajo los gobiernos de Cristina Kirchner, Macri, Fernández y Milei, con base 100
El diagrama muestra la variación en la cantidad de empresas en Argentina bajo los gobiernos de Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, tomando como base 100 el mes previo a cada asunción.

— De cara a 2027, ¿el Gobierno debe preocuparse por la incertidumbre electoral o aún es prematuro mirar tan lejos en Argentina?

— Sí, hay que preocuparse desde ahora. En Argentina, los que esperan a último momento para prepararse generalmente no llegan a tiempo. El punto de partida es reconocer algo que incomoda, pero es real: los años electorales en Argentina son volátiles porque el mercado claramente prefiere un partido político sobre el otro. Esa asimetría genera presión sobre el tipo de cambio y las reservas a medida que se acercan las elecciones, independientemente de los fundamentos económicos del momento.

El año pasado es el mejor manual de lo que no hay que hacer. Se decidió no acumular reservas para mantener el tipo de cambio bajo y acelerar la desinflación. Pero a medida que se acercaban las elecciones, la demanda de dólares fue creciendo, el tipo de cambio subió hasta tocar la banda superior y el Banco Central terminó vendiendo reservas que no tenía porque no las había acumulado antes. El desenlace requirió el salvataje desde Washington. Ese camino no puede repetirse.

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“La industria enfrenta hoy un tipo de cambio bajo con costos tributarios, burocráticos, logísticos y de financiamiento todavía altos”

La solución es acelerar la acumulación de reservas ahora, aunque eso implique un tipo de cambio algo más alto en el corto plazo. El argumento es simple: si una vez que pase la cosecha gruesa el tipo de cambio será mayor, ¿por qué no llevarlo a esos niveles desde ahora y usar ese espacio para acumular? Más reservas equivale directamente a menos riesgo país.

El mercado mira básicamente dos variables para estimar la probabilidad de impago: resultado fiscal y reservas. El primero se viene cumpliendo, aunque la recaudación lleva varios meses cayendo de manera preocupante, metiéndonos en el círculo vicioso del ajuste: menos actividad, menos recaudación, necesidad de más ajuste del gasto, y vuelta a empezar. Las reservas, en cambio, recién ahora empiezan a mostrar resultados, después de haberlas descuidado por completo durante 2025. Solo acumulando con consistencia el riesgo país bajará a niveles compatibles con la refinanciación genuina de la deuda, las expectativas de devaluación se moderarán y la dolarización de carteras en el año electoral será menor.

Pero, más allá de la coyuntura electoral, hay razones genuinas para el optimismo. Argentina tiene hoy una oportunidad estructural que no tenía hace diez años: el sector exportador –agro, hidrocarburos, minería– genera divisas a un ritmo inédito y podría resolver el problema histórico de la escasez de dólares.

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El desafío es no desperdiciarla. Hoy enfrentamos una situación paradójica: una economía que crece con aumento del desempleo y la informalidad, caída de empresas, caída de importaciones y caída de la recaudación. Es una economía de senderos que se bifurcan: el sector exportador florece mientras el entramado productivo que genera empleo masivo se marchita.

Usar los dólares del superávit para sostener un tipo de cambio apreciado que destruye industria es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer. Hay que usarlos para fortalecer el balance del Banco Central, bajar el índice de riesgo país y crear las condiciones para que los sectores intensivos en mano de obra crezcan también. Esa es la diferencia entre una bonanza que se agota y un desarrollo que se sostiene.



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ECONOMIA

Más allá del fútbol: cómo es el intercambio comercial de la Argentina con Austria, Argelia y Jordania

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Jordania es el rival mundialista con mayor potencial de crecimiento comercial para Argentina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Mundial de fútbol no solo enfrenta selecciones en la cancha. También pone en primer plano vínculos que, en el comercio internacional, funcionan con lógica propia: la de los granos, los lácteos, las carnes y las materias primas que Argentina envía al mundo. Los rivales de la Albiceleste en la fase de grupos —Jordania, Argelia y Austria— son mercados con dinámicas muy distintas, pero con un denominador común: el sector agroindustrial argentino ocupa en todos ellos un lugar central.

Así lo analiza la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en un informe elaborado por Guido D’Angelo y Emilce Terré, que repasa los principales números del intercambio bilateral con estos tres países y con las naciones anfitrionas del torneo.

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El maíz, la soja, los lácteos y la carne son los productos que aparecen con mayor frecuencia en ese mapa exportador. Y aunque las cifras varían según el destino, el patrón se repite: Argentina exporta commodities y productos agroindustriales, e importa desde esos mercados insumos o bienes industriales. La cancha del comercio exterior, en ese sentido, tiene reglas distintas a las del fútbol.

El último de los rivales de Argentina en la fase de grupos es, al mismo tiempo, el que presenta el mayor potencial de crecimiento en la relación comercial. Jordania compra a la Argentina maíz en grano y harina de soja para alimentación animal, además de cebada, queso mozzarella y merluza.

El país árabe integra la región de Medio Oriente, que según la BCR representa “el segundo superávit comercial más importante del comercio exterior argentino”. Eso ubica a toda la región —y a Jordania como parte de ella— como un destino estratégico para las exportaciones nacionales.

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De acuerdo a los datos publicados por la BCR, elaborado en base a informes de Indec, en 2025 la Argentina logró exportaciones por USD 728 millones a Jordania, con una fuerte participación de la soja y el maíz.

El informe señala que, con mejores condiciones de acceso, Argentina tiene mucho potencial para ampliar sus ventas a este destino, especialmente en carne y cueros bovinos. Se trata de dos de los sectores donde el país tiene mayor competitividad relativa, y donde las barreras arancelarias o sanitarias pueden representar la diferencia entre participar o no del mercado.

En ese sentido, la relación con Jordania no es la de un socio consolidado, sino la de uno en construcción: hay un piso firme de intercambio en granos y derivados de la soja, pero el techo está más alto de lo que el comercio actual refleja.

Con Argelia, la relación comercial tiene historia. Argentina sostiene relaciones diplomáticas con ese país desde su independencia, en 1962. En términos económicos, Argelia es la cuarta economía de África, detrás de Nigeria, Sudáfrica y Egipto, y representa el 7% del PBI del continente. Con esos tres países, concentra cerca de la mitad de toda la economía africana.

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En 2025, argelia compró productos argentinos por un total de USD 1.143 millones. El vínculo comercial bilateral tiene un producto dominante: el maíz. En 2025, Argentina exportó a ese destino 3,2 millones de toneladas de maíz por un valor de 575 millones de dólares. Ese volumen representó el 10% de las exportaciones totales de maíz del año pasado y explicó la mitad de todas las exportaciones argentinas hacia ese destino. El récord histórico de envíos maiceros a Argelia se registró en 2019, cuando se superaron las 4 millones de toneladas. En la última campaña, Argelia fue el tercer destino más relevante del complejo maíz, detrás de Vietnam y Egipto.

Detrás del maíz aparece la leche entera en polvo, que concentra prácticamente la totalidad de las exportaciones del complejo lácteo a ese mercado. Con más de 290 millones de dólares exportados en 2025, Argelia se posicionó como el segundo destino más importante para los lácteos argentinos, solo superado por Brasil. La BCR destaca que Argelia es uno de los principales consumidores de lácteos del mundo: según la FAO, el consumo promedio de leche allí alcanza los 145 litros por habitante por año, muy por encima de los 90 litros del promedio mundial.

El complejo soja también tiene presencia: en 2025, las exportaciones a Argelia superaron los 220 millones de dólares, con un 80% explicado por harina de soja y el resto por aceite. El volumen total exportado fue próximo a 1 millón de toneladas, lejos aún del récord de 2018, cuando los despachos superaron 1,8 millones de toneladas.

En lo que va de 2026, el trigo y los tubos de acero sin costura emergieron como nuevos productos que ganan peso en el comercio bilateral. Del otro lado de la balanza, Argelia es un proveedor relevante de urea para Argentina, siendo el tercer origen del fertilizante nitrogenado en 2025. La BCR remarca que Argelia “espera ser cada vez más protagonista de la demanda de productos agro de África”, lo que proyecta al país como un destino de creciente interés para el agro argentino.

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El vínculo con Austria es el más modesto de los tres en términos de volumen exportador, pero no por eso irrelevante.

Los cueros bovinos, los vinos y los huevos son los principales productos agroindustriales que Argentina vende al país europeo. El intercambio bilateral superó los 100 millones de dólares el año pasado, un máximo desde 2015 según la oficina nacional de estadísticas de Austria.

Relación comercial entre Argentina y Austria
Austria es el rival de fase de grupos con el que Argentina tiene el intercambio más acotado, aunque el comercio bilateral superó los 100 millones de dólares en 2025. (Movant Connection)

Más allá del comercio directo, Austria tiene inversiones radicadas en Argentina en sectores como el maderero, el automotriz y los servicios informáticos. El informe advierte que los números bilaterales no capturan todo el intercambio real: más del 70% del comercio exterior austríaco es comercio intra-Unión Europea, y el puerto de Rotterdam actúa como el principal hub de recepción de exportaciones argentinas en el bloque. Desde allí, esos productos se distribuyen por Europa, y muchos terminan siendo consumidos en Austria a través de cadenas comerciales que no quedan registradas como exportaciones directas entre ambos países.

La BCR sostiene que “con el acuerdo Mercosur–UE vigente, emergen grandes oportunidades para ampliar aún más el comercio argentino–austríaco”. El acuerdo, que estuvo décadas en negociación, puede ser el disparador de un intercambio bilateral más profundo con uno de los jugadores de la fase de grupos.

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El informe de la BCR también repasa la relación de Argentina con los tres países organizadores del torneo: Estados Unidos, México y Canadá, que integran el bloque comercial T-MEC —antes conocido como Nafta—. El dato curioso que rescata el texto: ese acuerdo trilateral fue firmado en Buenos Aires en 2018, como evento paralelo al G20 que tuvo lugar ese año en Argentina.

En 2025, el comercio con el T-MEC rompió récords históricos y marcó su máxima participación en las exportaciones argentinas en 20 años (más de USD 10.000 millones exportados). El motor fue Estados Unidos, que explica más del 80% de las exportaciones argentinas al bloque, con un récord histórico impulsado principalmente por la energía. Esa misma potencia es además el principal aportante de inversión extranjera directa al país.

Canadá, por su parte, alcanzó en 2025 niveles históricos de inversión en Argentina y es el segundo inversor más importante en la minería nacional. A finales de mayo de este año se llevó a cabo la décima ronda de negociaciones entre el Mercosur y Canadá para avanzar hacia un acuerdo de libre comercio. Y México, rival histórico en canchas de todo el mundo, es un socio clave del sector automotriz argentino y un aliado creciente de los complejos oleaginosos.

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ECONOMIA

Seis datos destacados del comercio exterior en mayo, que marcó un récord exportador de la Argentina

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Las exportaciones argentinas superaron por primera vez los USD 9.500 millones en un solo mes y el superávit comercial alcanzó su valor más alto desde que el INDEC lleva registros

Mayo cerró con números históricos para el comercio exterior argentino. Las exportaciones superaron por primera vez los USD 9.500 millones en un solo mes y el superávit comercial alcanzó su valor más alto desde que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) lleva registros, según el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA). El resultado favorable se extendió por trigésimo mes consecutivo.

En detalle, las exportaciones de bienes alcanzaron USD 9.537 millones, un incremento interanual del 34,4% explicado por un alza de 18,1% en las cantidades exportadas y de 13,9% en los precios. Todos los grandes rubros registraron subas respecto al mismo mes del año anterior. Esta performance se enmarca en proyecciones favorables: según la consultora Abeceb, Argentina podría alcanzar exportaciones por USD 94.400 millones en 2026, lo que superaría el récord previo de USD 88.446 millones de 2022.

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Las exportaciones de mayo rompieron el techo de todos los meses previos de la serie histórica del INDEC, que arranca en 1986. El incremento de USD 2.442 millones respecto a mayo de 2025 se explicó por una suba simultánea de cantidades (18,1%) y precios (13,9%), lo que indica que el salto no fue solo una cuestión de cotizaciones internacionales más altas, sino también de mayor volumen físico despachado. En los primeros cinco meses del año, las exportaciones acumularon USD 40.359 millones, un 24,3% por encima del mismo período de 2025.

Por primera vez en la historia reciente, los aceites crudos de petróleo se posicionaron como el producto más exportado de la Argentina en un mes, con una participación del 12,3% del total y ventas por encima de los USD 1.170 millones. El maíz en grano quedó segundo, con el 9%, y la harina y pellets de extracción del aceite de soja, tercero, con el 8,8%. El dato refleja el peso creciente de Vaca Muerta en la canasta exportadora: según el INDEC, los 10 principales productos del mes concentraron el 59,1% del total exportado.

Exportación del poroto de soja
La harina y pellets de extracción del aceite de soja quedaron terceros en el ranking de productos más exportados de mayo

La balanza comercial de mayo arrojó un superávit de USD 3.504 millones, el más elevado de toda la serie histórica, con un incremento de USD 2.897 millones respecto al mismo mes de 2025. Fue, además, el trigésimo mes consecutivo con resultado positivo. El índice de términos del intercambio —que mide la relación entre los precios de exportación y los de importación— subió 5,8% interanual, lo que generó una ganancia adicional de USD 487 millones para el país respecto a lo que hubiera obtenido con los precios del año anterior.

El rubro que más creció fue el de combustibles y energía, con una variación interanual del 167,1%. Las exportaciones del sector alcanzaron un valor histórico de USD 1.745 millones, frente a los USD 654 millones de mayo de 2025. La balanza comercial del capítulo de combustibles minerales pasó de un superávit de USD 254 millones a uno de USD 1.395 millones en 12 meses, impulsada por una suba de USD 894 millones en las ventas de petróleo crudo. Las cantidades exportadas del sector crecieron 78,5% y los precios, 49,9 por ciento.

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El resultado récord del mes se construyó sobre dos movimientos simultáneos y opuestos. Mientras las exportaciones batieron su techo histórico, las importaciones cayeron 7% interanual y totalizaron USD 6.033 millones, la baja más pronunciada del año. La caída se explicó principalmente por un descenso del 13,6% en las cantidades compradas. Los rubros que más retrocedieron fueron combustibles y lubricantes (-32,9%), piezas y accesorios para bienes de capital (-26,6%) y vehículos automotores de pasajeros (-21,3%). En el acumulado enero-mayo, las importaciones sumaron USD 28.575 millones, un 6,6% menos que en el mismo período de 2025.

Los aceites crudos de petróleo se posicionaron como el producto más exportado de Argentina en mayo
Los aceites crudos de petróleo se posicionaron como el producto más exportado de Argentina en mayo

6. China, Brasil y Estados Unidos, los tres grandes destinos

China se posicionó en mayo como el principal destino de las ventas argentinas, con exportaciones por USD 1.497 millones y una suba interanual del 78,9%. El 75,1% de los despachos se concentró en porotos de soja, aceites crudos de petróleo, carbonatos de litio y carne bovina congelada. El intercambio bilateral dejó un superávit de USD 347 millones, algo que no se repetía desde mayo y junio de 2024, cuando los saldos positivos habían sido de USD 213 y USD 387 millones respectivamente, en plena recesión y con importaciones en caída libre.

El fenómeno de este mes tiene una naturaleza diferente: responde al salto exportador del 78,9% interanual, traccionado por carne, carbonato de litio y porotos de soja, combinado con una baja del 7,5% en las compras desde ese origen. Aun así, en el acumulado enero-mayo el intercambio con China sigue arrojando el mayor déficit bilateral de la Argentina, de USD 2.543 millones, aunque lejos de los niveles de años anteriores, cuando el rojo anual superaba los USD 9.000 millones y el acumulado desde 2008 ya supera los USD 100.000 millones.

Brasil fue el segundo destino, con exportaciones por USD 1.188 millones y una participación del 12,5% del total. Las importaciones desde ese origen cayeron USD 466 millones, principalmente por menores compras de vehículos y bienes de capital, lo que redujo el déficit histórico con el socio del Mercosur.

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Estados Unidos ocupó el tercer lugar, con ventas por USD 878 millones, un 76% más que en mayo de 2025, impulsadas principalmente por exportaciones de combustibles y energía, lo que refleja el peso creciente de Vaca Muerta en la reconfiguración de los destinos de exportación argentinos.



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ECONOMIA

El Banco Central desaceleró la compra de dólares, pero se acerca a los USD 11.000 millones en 2026

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El BCRA hilvanó 111 jornadas consecutivas con saldo comprador dentro y fuera del mercado cambiario. (REUTERS/Marcos Brindicci)

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) suma 111 jornadas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, después de haber superado la meta anual de acumulación de divisas. El viernes, la entidad sumó USD 50 millones y el total acumulado en 2026 ya supera los 10.800 millones de dólares.

Desde que se implementó el nuevo esquema monetario en enero, el BCRA incorporó USD 10.853 millones a través de operaciones tanto en el mercado como fuera de él en compras en bloque. Solo el 2 de enero se registró un saldo vendedor; durante las demás jornadas, el organismo cerró con compras, alcanzando un máximo diario de USD 457 millones el 10 de abril.

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Las proyecciones oficiales anticipaban un saldo neto comprador para 2026 de entre 10.000 y 17.000 millones de dólares, según la disponibilidad de divisas y la demanda de pesos. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que la dinámica de estos factores resultará determinante para sostener los objetivos planteados.

No obstante, el equipo económico considera que la acumulación de divisas por parte del BCRA podría superar los 17.000 millones de dólares este año.

Durante la tercera semana de junio, el BCRA adquirió USD 233 millones, lo que implica una desaceleración respecto a los USD 436 millones de los cinco días hábiles previos. En este sentido, cabe aclarar que hubo un día menos esta semana por el feriado del lunes 15 de junio por el Paso a la Inmortalidad de Martín Miguel de Güemes. En lo que va del mes, el total ya alcanza los 1.106 millones de dólares.

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La entidad ya sobrepasó la meta de compras de divisas fijada para 2026. En el primer trimestre, el crecimiento de las reservas netas estuvo condicionado por las necesidades de financiamiento del Tesoro. Para sostener el ritmo de compras, el BCRA expandió la base monetaria sin esterilizar los pesos, mientras que el Tesoro absorbió ese excedente mediante la colocación de deuda en moneda local, con el objetivo de estabilizar el tipo de cambio y la inflación.

El sector agropecuario y el energético continúan siendo claves en la acumulación de reservas. Además, la emisión de deuda de empresas y provincias en mercados internacionales amplió el margen de maniobra del Banco Central. En mayo, esta cifra llegó a 1.500 millones de dólares y, desde las elecciones legislativas, el monto acumulado ronda los 12.000 millones de dólares.

Al cierre de la jornada, las reservas brutas del BCRA se ubicaron en USD 47.419 millones, con una caída diaria de USD 134 millones, una baja semanal de 51 millones de dólares y una contracción mensual de 823 millones de dólares. En mayo, el stock había crecido USD 3.708 millones, llevando el stock del Central a su mayor nivel en siete años, superando el récord de febrero en la actual gestión.

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El dólar sigue avanzando

Una mayor actividad tanto por parte de empresas como de consumidores, impulsada en parte por el pago del medio aguinaldo, reforzó la tendencia alcista del dólar durante junio, ya que estos actores incrementaron sus operaciones de compra en los bancos.

El incremento en la cotización, registrado a lo largo de las cuatro jornadas hábiles de la última semana, fue avalado por el Banco Central, que también intervino en el mercado spot con adquisiciones significativas.

Este viernes, la presión sobre el tipo de cambio se intensificó debido a una disminución en la oferta de divisas, que fue unos USD 160 millones menor en comparación con el jueves, en un contexto marcado por el feriado en Estados Unidos. En el segmento de contado se negociaron USD 408,1 millones y el precio del dólar subió diez pesos o 0,7%, para cerrar en 1.461 pesos.

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En lo que va de junio, el tipo de cambio oficial registra un aumento de 53 pesos, equivalente a un 3,8 por ciento. Se prevé que este avance supere ampliamente a la inflación del mes, una situación que no ocurría desde octubre del año pasado.

Por su parte, el dólar mayorista alcanzó su nivel más elevado desde el 12 de enero, ubicándose en $1.467,50, y superó nuevamente el cierre de 2025, que fue de 1.455 pesos. A pesar de esto, la inflación acumulada en 2026 ronda el 16%, por lo que el dólar mantiene una pérdida de valor real en ese período.

El Banco Central estableció el tope de su banda cambiaria en $1.790, lo que deja al dólar mayorista unos 330 pesos por debajo de ese límite, equivalente a una diferencia del 22,6 por ciento. Este margen permite que la autoridad monetaria continúe realizando compras en el mercado de contado sin poner en riesgo el esquema vigente.

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