CHIMENTOS
La emoción de Flavia Palmiero al cumplirse 40 años de La Ola Verde: “La gente fue la que me eligió”

Hay recuerdos que no envejecen y permanecen suspendidos en algún rincón de la memoria colectiva, intactos, esperando ser despertados por una canción, una fotografía o una simple frase. Para toda una generación de argentinos, ese recuerdo tiene el color de las tardes frente al televisor, el sonido de los dibujos animados y una voz que parecía atravesar la pantalla para hablarle a cada chico en particular. En diciembre de 1985 nacía La Ola Verde, el ciclo que se convertiría en un fenómeno de la televisión infantil. Y pocos meses después, el 10 de junio de 1986, hace 40 años, una joven de apenas 19 años llegaría para transformarlo en algo mucho más grande: un universo propio. Su nombre era Flavia Palmiero.
Cuando el programa debutó el 2 de diciembre de 1985 por Canal 11, estaba conducido por Ani Sosa Cordero y acompañado por el inolvidable Señor Televisor, aquel personaje con cabeza de pantalla cuya voz pertenecía al histórico locutor Héctor Ascione. La propuesta, producida por Susana Fontana, reunía algunos de los dibujos animados más populares del momento, desde La Pantera Rosa y Tom y Jerry hasta El Inspector y Súper Ratón. Era una apuesta fuerte para las tardes infantiles, pero nadie imaginaba todavía que estaba gestándose uno de los fenómenos culturales más importantes de la década.
El destino del programa cambiaría en mayo de 1986. Tras la salida de Sosa Cordero, las autoridades del canal comenzaron a buscar una reemplazante. Entonces alguien recordó a una joven actriz que meses antes había irrumpido en una oficina con un proyecto infantil bajo el brazo y una convicción difícil de ignorar. Aquella muchacha era Flavia Palmiero.
Lo curioso es que la historia había comenzado mucho antes. Muchísimo antes. En una casa donde una niña jugaba sola mientras imaginaba el futuro que algún día quería construir. Décadas después, la propia Palmiero recordaría aquellas escenas con una mezcla de emoción y asombro: “Cuando yo era chiquita, jugaba a que conducía programas para chicos. Agarré el trípode del secador de pelo de mi mamá, le ponía una caja de cartón y como lente un rollo de papel higiénico. Presentaba dibujitos, cantaba, bailaba. Qué increíble, ¿no? De chica jugaba a lo que después se convertiría en mi vocación, en mi profesión y en mi trabajo”.
Aquella infancia no había sido sencilla. Hija única de padres separados en una época donde las familias ensambladas eran una rareza, Palmiero atravesó experiencias que la obligaron a crecer demasiado rápido. “Sentí el abandono de mi papá, la ausencia. Y eso fue un gran motivador. Una fortaleza. Yo tenía todo en contra, pero quería escribir una historia distinta para mi vida”, contaría años después. Quizás allí, en esa necesidad de construir un camino propio, comenzó a forjarse la perseverancia que terminaría llevándola a la televisión.
Su llegada al medio fue tan inesperada como vertiginosa. A los 17 años protagonizó la primera película sobre Eva Perón filmada en el mundo, en plena dictadura militar. De pronto, aquella adolescente apareció en revistas, diarios y programas de televisión. Sin embargo, mientras las ofertas cinematográficas se multiplicaban, ella seguía sintiendo que su lugar estaba en otro lado. “Yo sabía las cosas que quería hacer y las que no. Me ofrecían películas importantes, pero la mayoría incluían desnudos y sentía que ese no era mi camino. Entonces escribí mi primer programa infantil. Tenía apenas diecinueve años”, recordaría.

Lo que vino después parece una escena escrita por el destino. Mientras participaba de la telenovela Rossé, con una mezcla de ingenuidad y determinación, pidió una reunión con el director artístico de Canal 11 para presentar su proyecto. Era una audacia impensada para una joven sin experiencia como conductora. Sin embargo, fue recibida. Escucharon su propuesta. Y aunque finalmente no fue aprobada, aquella entrevista dejó una impresión imborrable.
“Después fue Flavia está de fiesta ese programa, aunque no lo puedas creer. El director artístico del canal me dijo: “Bueno, si eres tan caradura como para presentar este proyecto, que es bastante ambicioso, vas a ser una gran conductora”. Y me dice: “Bueno, pero ahora tenemos La ola Verde”. Había una chica, hacía muy poquitos meses que estaban, así que me fui», recordó Palmiero. Salió de aquella oficina con el proyecto bajo el brazo y la sensación de haber perdido una oportunidad. Lo que no sabía era que el destino ya estaba trabajando para ella.
Poco tiempo después sonó el teléfono. La conductora de La Ola Verde había renunciado y alguien se acordó de aquella chica que se había animado a tocar la puerta. “Y yo acepté a ciegas. La verdad, no era el programa que yo soñaba hacer, pero era una forma de arrancar”.

Su debut ocurrió en junio de 1986. El Señor Televisor anunció la llegada de una nueva amiguita. Entonces apareció ella. Sonriente, espontánea, descontracturada. Muy distinta a todo lo que se había visto hasta ese momento en la televisión infantil argentina.
“Recuerdo perfectamente ese día. El Señor Televisor dijo: ‘Chicos, tengo una nueva amiguita para presentarles. Se llama Flavia’. Entonces entré y dije: ‘Hola, chicooos’. Y ahí quedó para siempre. Para siempre en mi corazón”.
La frase se convertiría en una marca registrada. Pero el verdadero cambio iba mucho más allá de un saludo. Palmiero entendió algo que revolucionó el vínculo entre la televisión y la infancia. Los chicos ya no querían una figura solemne que les hablara desde arriba. Necesitaban alguien cercano. Alguien auténtico.

“Yo tenía diecinueve años. No podía ser ni la maestra ni la mamá de los chicos. Podía ser la hermana mayor. Entonces les hablé como pares. Rompí el vidrio de la televisión. Quería que ellos entraran a la pantalla y jugaran conmigo”, explicaría.
La apuesta no fue sencilla. De hecho, según contó la propia conductora, muchos productores desconfiaban de aquel estilo espontáneo y desestructurado. “No les gustaba. Querían seguir con la forma tradicional de hacer televisión infantil. Pero tuve la bendición de que los chicos me entendieron enseguida. Ellos entendieron exactamente lo que yo quería hacer”. Y así fue. El éxito resultó inmediato.
Las cartas comenzaron a llegar por miles. Los índices de audiencia crecían semana tras semana. Los personajes que acompañaban a Palmiero se transformaron en figuras queridas por el público. Al Señor Televisor se sumaron Grock, el recolector de estrellas; Pelín; Lubi; Pinta; Monoco y el Elefantito. Cada uno construyó una identidad propia dentro de un universo donde la fantasía convivía con la cercanía y la participación de los chicos.

Y mientras el país celebraba uno de los momentos más felices de su historia deportiva, La Ola Verde también comenzaba a convertirse en un símbolo de época: “Me da mucha emoción que este aniversario coincida con el Mundial. Porque el 25 de junio ganamos la final de México 86 y nosotros estábamos haciendo La Ola. Estamos muy ligados a ese momento del país. Ese ‘Hola, chicos’ no me lo olvidaré nunca más en mi vida. Me cambió la vida una vez más”.
La expansión fue tan rápida que apenas semanas después de asumir la conducción llegó la primera temporada teatral, durante las vacaciones de invierno de 1986 en el Circo Rodas. Las funciones se llenaban. Los chicos hacían largas filas para verla. Los padres observaban sorprendidos cómo aquella joven de sonrisa permanente se había convertido en un fenómeno popular.
Mientras tanto, las tardes de Canal 11 seguían creciendo. Llegaron los clásicos de Warner Bros., El Pájaro Loco, Los Autos Locos, La Hormiga Atómica, Manotas y tantos otros personajes que acompañaron a una generación entera. Pero La Ola Verde ya era mucho más que una pantalla donde se emitían dibujos animados. Era un espacio de encuentro.

Las cartas se leían al aire. Los juegos involucraban a los televidentes. Los personajes cantaban canciones que rápidamente se volvían parte de la vida cotidiana de miles de familias.
Temas como Hay que guardar los juguetes, interpretado por Grock, Todo me sale mal o la inolvidable canción principal del programa se transformaron en verdaderos himnos infantiles. Mucho antes de YouTube, Spotify o TikTok, aquellas melodías viajaban de patio en patio, de cumpleaños en cumpleaños y de memoria en memoria.
El fenómeno alcanzó niveles extraordinarios. Durante sus años de mayor popularidad, La Ola Verde llegó a obtener picos cercanos a los 30 puntos de rating, cifras que hoy resultan difíciles de imaginar para cualquier programa, no sólo los destinados al público infantil. Pero más allá de los números, hubo algo mucho más importante: el vínculo emocional.

Porque para millones de chicos Flavia no era simplemente una conductora. Era la compañera de las tardes. La voz que estaba ahí cuando terminaban las clases. La persona que leía las cartas que escribían con dedicación. La figura que los hacía sentir protagonistas de una aventura compartida.
Con el paso de los años, el programa se transformó en un fenómeno cultural. Aunque curiosamente, mientras lo estaba viviendo, Palmiero no llegó a dimensionarlo: “En ese momento yo no me imaginaba que iba a llegar tan lejos, realmente. En la tele eras como el último orejón del tarro. Un programa de niños no era importante para un canal, no era algo así como lo que fue. Pero bueno, yo la peleaba. Yo con cada director artístico que entraba al canal me sentaba, le decía: ‘Yo quiero canciones, quiero juegos, quiero esto, quiero lo otro’. Varios me dijeron que no, hasta que llegó uno que se llamaba Gustavo Yanklevich, que fue director artístico en la era estatal y me dijo: “Sí, perfecto”. Después, obviamente, él me llevaría a Canal Nueve, convirtiendo La ola verde en La Ola está de fiesta y haciendo un suceso enorme, impresionante».
A fines de 1989, Palmiero decidió iniciar una nueva etapa profesional y se trasladó a Canal 9 con La Ola está de fiesta. El fenómeno que había construido ya formaba parte de la historia grande de la televisión argentina y coninuaría así su camino.
“Yo muero de amor cuando me dicen que no se pueden olvidar de esa época. Nadie se puede olvidar de esa época. Hoy día veo que es un fenómeno cultural. La verdad, en ese momento no lo dimensionaba”, detalló.
Quizás por eso, hace apenas unos días, decidió abrir una caja de recuerdos que conserva en su casa. Una especie de cápsula del tiempo donde permanecen guardados fragmentos de aquella aventura. Discos de oro, de platino, fotografías, VHS, álbumes de figuritas, vestuario original. Objetos que sobrevivieron al paso de las décadas: “A mí me emociona muchísimo. Esa caja existe de verdad. La tengo guardada en mi escritorio. Tengo discos de platino, de oro, vestuario, un montón de recuerdos. Y los mensajes que recibí cuando mostré todo eso fueron increíbles”. Las redes sociales, reconoce, le permitieron reencontrarse con aquellos chicos que alguna vez le escribían cartas.
Hay una pregunta que inevitablemente aparece cuando se cumplen cuatro décadas de una historia tan trascendente. ¿Qué le diría hoy a la adolescente de 19 años que ingresó por primera vez al estudio de Canal 11 sin saber que estaba a punto de convertirse en un ícono de la televisión argentina?
Flavia Palmiero realiza un recorrido por objetos de su trayectoria artística. En el video se la observa sosteniendo un peluche, un disco de vinilo del programa «Flavia está de fiesta», y patines. También presenta un programa impreso de teatro infantil. La grabación, un segmento de rememoración, celebra los 40 años del debut de Palmiero en «La Ola Verde», exhibiendo artículos de su carrera en la televisión.
Flavia se toma unos segundos antes de responder. Suspira. Y la emoción se vuelve evidente: “¿Qué le diría? Lo lograste. Lo lograste. Porque esa Flavia soñaba en grande y no lo decía. Ni siquiera se lo decía a ella misma. Pero la peleó mucho. Tuvo perseverancia, disciplina, voluntad y contenido”. Luego vuelve a suspirar. Y completa la idea que parece resumir toda su historia: “La realidad es que la gente fue la que me eligió. Los chicos. Las familias. Ellos me dieron el lugar más importante que tuve en la televisión. Así que le diría: qué inteligente que fuiste. Porque era algo que faltaba y vos lo lograste. Chapeau”.
Cuatro décadas después, el recuerdo sigue intacto.
Sobrevive en las canciones que todavía algunos pueden cantar de memoria. En los VHS guardados en cajas familiares. En las fotos gastadas por el tiempo. En los álbumes de figuritas que nunca se completaron. En los discos que todavía cada tanto suenan. Pero, sobre todo, sobrevive en la memoria emocional de quienes fueron chicos en aquellos años.
Porque hay programas exitosos y hay programas que se convierten en parte de la vida de las personas. La Ola Verde pertenece a esa categoría. Todo comenzó una tarde de junio de 1986. El Señor Televisor anunció la llegada de una nueva amiguita. Ella sonrió, miró a cámara y dijo: “Hola, chicooos”. El resto fue historia.
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CHIMENTOS
El desgarrador posteo de la mamá de Gaspi a más de un mes de su muerte: “Fuiste mi luz, mi revolución y sendero”

Michelle, madre del fallecido youtuber Gaspi, lo recordó con un desopilante video suyo a más de un mes de su muerte (Instagram)
El pasado 14 de junio, la comunidad streamer y miles de jóvenes en todo el país quedaron conmocionados al conocerse la trágica noticia: Gaspar Prim Díaz, conocido como Gaspi, perdió la vida en un accidente aéreo en Río de Janeiro. Desde ese instante, el dolor atravesó a su familia, amigos y una legión de seguidores que lo consideraban mucho más que un youtuber. Ahora, a poco más de un mes de su muerte, su mamá, Michelle, eligió abrir su corazón y compartir un sentido y desgarrador mensaje en redes sociales, donde recordó a su hijo con palabras y postales cargadas de amor y nostalgia.
Fue a través de su cuenta de Instagram que Michelle publicó una serie de fotos junto a Gaspi, reviviendo momentos inolvidables. La primera imagen la muestra con su hijo, quien sonríe vestido con la camiseta de Independiente, sentado sobre sus piernas y mirando a cámara. Sobre la foto, Michelle escribió: “No te puedo olvidar, qué lindo la pasábamos juntos”. Y siguió: “Fuiste mi luz, mi revolución y sendero. Voy a esperar hasta verte de nuevo mi pimpollo”.
Entre las imágenes, también incluyó una foto de ambos, felices frente a la cámara, y otra de Gaspi en su infancia, recién salido del baño, envuelto en una toalla y con la mirada pícara que lo caracterizaba desde chico. Cada postal transmite la complicidad y el vínculo profundo que los unía, y el vacío enorme que dejó su partida.
La publicación rápidamente se llenó de mensajes de apoyo y cariño para Michelle en este momento tan difícil. “Todos los días le prendo una velita. No estás sola”; “Todos los días te mando fuerzas a vos y a tu familia hermosa”; “Directo al corazón”; “Te amamos, mamá de Gaspi”; “Ojalá te llegue todo el amor que sentimos por Gaspi”; “Te mando un abrazo muy grande”, fueron solo algunos de los comentarios que se destacaron y que muestran el impacto que Gaspi tuvo en la vida de tantas personas.
A la par de las fotos, Michelle compartió un breve video de su hijo caminando por la calle y fingiendo hablar en otro idioma para hacer reír a quienes lo acompañaban. “Inventando idiomas, siempre jugando. Así serás recordado… No con IA”, escribió la mamá de Gaspi, haciendo referencia al humor genuino, espontáneo y creativo que lo hizo famoso y querido por todos.

Cabe recordar que la primera vez que Michelle habló públicamente tras la muerte de Gaspi fue el 20 de junio, cuando una multitud de seguidores del youtuber se autoconvocó en el Obelisco y la avenida 9 de Julio para rendirle homenaje. En aquel momento, Michelle se mostró entera y honesta al hablar del vínculo con su hijo: “Confiar plenamente en un hijo es eso. Contener y confiar plenamente desde que nace hasta que se muere”.
“Yo lo voy a extrañar un montón y cada vez que venga acá a la ciudad o al Obelisco, o al lugar donde él estuvo, lo voy a extrañar”, admitió entre lágrimas en una de las entrevistas. Pero enseguida recuperó el tono y la fuerza: “Tres millones de pibes lo siguen, lo van a seguir siguiendo, van a seguir viendo sus cosas y todavía hay mucho material sin editar, imaginate”.

Michelle remarcó el profesionalismo y la pasión de Gaspi por su trabajo: “Era un tipo muy profesional, muy puntilloso con el laburo”. Respecto a su humor, destacó una característica que lo diferenciaba: “La transgresión era una transgresión cuidada, muy cuidada”. Para la madre del streamer, el tiempo será testigo del valor y la vanguardia de la mirada de su hijo: “Con el tiempo nos vamos a ir dando cuenta qué tan de vanguardia fue su humor y su mirada”.
En medio de las teorías y especulaciones que circularon en redes sobre el accidente que le costó la vida a Gaspi, Michelle fue contundente y dejó en claro su postura: “Te contesto con la misma libertad de Gaspi. Me chupa un reverendo hue… lo que fue. Yo lo único que sé es que él no está más y me chupa un hue… si fue un atentado”. De esta manera, descartó de plano la versión del atentado y advirtió sobre el peligro de alimentar esa teoría: “Si seguimos hablando de que fue un atentado, va a venir un montón de gente que va a dividir las aguas y se van a aprovechar de esa situación y van a empezar a decir: ‘Ay, estamos recaudando plata para sostener esto de la teoría del atentado’. No corresponde. No era el deseo de Gaspi. Me parece que esto es ir totalmente irrelevante”.
Mientras tanto, Michelle elige aferrarse a los recuerdos y a todo el cariño que sigue recibiendo de quienes admiraban a su hijo. El legado de Gaspi, hecho de alegría, creatividad y una mirada única sobre el mundo, continúa intacto en cada video, en cada risa compartida y en el amor de quienes lo siguen recordando. Aunque la ausencia duela, el espíritu de Gaspi sigue presente en su familia, en sus amigos y en todos los que alguna vez encontraron un motivo para sonreír gracias a él.
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Qué ver en Netflix: la miniserie de 8 episodios que está en el top mundial de las más elegidas

Hay historias que parten de una pregunta simple. “Bodies”, la miniserie de Netflix, arranca con una pregunta que descoloca: ¿cómo puede aparecer el mismo cuerpo en distintos momentos ?
Desde ahí, la trama se abre en varias líneas temporales que transcurren en Londres, cada una con su propio investigador, su contexto y sus reglas. Lo que parece una coincidencia imposible empieza a transformarse en un rompecabezas cada vez más complejo.
Uno de los grandes aciertos de la serie, que cuenta con 8 episodios, es cómo maneja ese cruce de tiempos. No se trata solo de mostrar distintas épocas, sino de conectar decisiones, consecuencias y secretos que se arrastran durante décadas.
A medida que avanza, el foco deja de estar únicamente en el crimen. La historia se expande hacia algo más amplio, donde entran en juego teorías, conspiraciones y preguntas sobre el destino.
LA MINISERIE DE NETFLIX QUE ESTÁ ARRASANDO
El ritmo acompaña esa construcción. Cada episodio de Netflix suma información sin resolver del todo el misterio, generando una tensión constante que obliga a prestar atención a cada detalle.
También hay un trabajo fuerte en los personajes. Cada investigador enfrenta sus propios conflictos, lo que le da una dimensión más humana a una trama que podría haber quedado solo en lo conceptual.
“Bodies” no es una miniserie convencional. Es una propuesta que mezcla thriller, ciencia ficción y drama, ideal para quienes buscan algo más desafiante dentro del catálogo de Netflix, con una historia que se arma pieza por pieza.
Netflix
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Las sospechas de la mamá de Wanda Nara por el robo a la casa de Milán: “Los ladrones sabían lo que hacían”

El domingo 19 de julio, mientras Wanda Nara seguía la final del Mundial 2026 desde las tribunas del MetLife Stadium en Nueva Jersey, cuatro de sus cinco hijos y su madre, Nora Colosimo, vivían una noche de pánico en la casa de campo de la empresaria en Galliate, a las afueras de Milán. Un grupo de ladrones ingresó a la propiedad durante el entretiempo del partido, fue directo a la habitación de Wanda y se llevó un bolso con los pasaportes y permisos de viaje de los chicos. Nora habló de lo ocurrido en comunicación telefónica con El ejército de la mañana (Bondi Live).
El relato de Nora arrancó en el entretiempo. Ella y los cuatro nietos miraban el juego en la planta baja cuando la menor de las hijas de Wanda y Mauro Icardi necesitó subir a buscar algo a la habitación de uno de los varones. “Era todo un plan hermoso, como el de tantos argentinos. Me dice: ‘¿Me acompañás, nona?’“.
Nora y su nieta estaban arriba cuando los tres chicos que habían permanecido abajo subieron las escaleras gritando que habían entrado ladrones. Lo que siguió fue una reacción en cadena. Constantino descolgó un cuadro de la pared para correr una cómoda antigua y bloquear la puerta. “Con una fuerza que no sé de dónde sacó”, explicó. Y entonces recibió la noticia, mitad en italiano, mitad en castellano: “‘Nona, Nona, está lleno de ladri’”, le dijeron.
Los cuatro nietos y Nora se encerraron en el baño de esa habitación. “Mirá, te lo cuento y se me eriza la piel. No se lo deseas a la persona que más odies en el mundo, no le vas a desear esto que nosotros vivimos. El momento de pánico, de incertidumbre, de shock, porque quien se atreve a ingresar a una vivienda, vos no sabés hasta cuánto se atreve. Si tiene arma blanca, si tiene un revólver, si está drogado”, rememoró.
Mientras estaban encerrados, los chicos alcanzaron a ver a los intrusos. La mayor de las niñas fue quien tuvo el contacto más directo. “Quedó aterrada. La nena entró en shock a la habitación temblando. Nos encerramos, bloqueamos todo y esta gente la sentíamos que andaban por abajo”, prosiguió. Los ladrones llevaban pasamontañas. Según los chicos, eran entre tres y cuatro personas: uno fue visto en la cocina “en cuatro patas a modo perro, agachado”, y los otros fueron detectados cuando saltaron desde el dormitorio de Wanda y huyeron. “Mis nietos se asoman y los ven cuando ya pegan el salto del dormitorio y se van. Ahí es cuando los nenes reaccionan, cuando les ven la cara a los tipos y salen corriendo.”
El dato que más llamó la atención de Nora fue la precisión con la que los ladrones se movieron dentro de la propiedad. Ingresaron por una ventana de la planta baja, atravesaron toda la casita independiente con living, comedor y dormitorios, subieron las escaleras y, ante la bifurcación, tomaron sin dudar el camino correcto. “La curiosidad es que llegar a esa habitación, como fueron a la habitación de Wanda, yo te dejo a vos solo en esa casa y no la encontrás. Es como un laberinto por dentro.” Y cuando el conductor Pepe Ochoa le preguntó si hubo un entregador, fue categórica: “Absolutamente, lo sabían, porque fueron a ciegas. Atravesaron la planta baja, ingresaron por una ventana de abajo, subieron y se encontraron con dos escaleras: o tomabas la mano derecha o la mano izquierda. No dudaron, tomaron la correcta, la que te llevaba directamente a la habitación”.
La casa, además, está en un campo de difícil acceso. “El otro día una de las personas que estaba en casa de visita fue al supermercado, se ofreció, no pudo volver, se perdió. O sea, no vas fácilmente a la casa.” La propiedad había pertenecido durante 22 años a dos matrimonios mayores sin que jamás hubiera un incidente. Wanda la compró con Mauro Icardi hace aproximadamente una década y tampoco había tenido problemas hasta ahora. Los vecinos de la zona también reaccionaron con extrañeza: “Todos los de acá me dijeron: ‘En Galliate, te robaron’. Rarísimo. Encima la casa está en un barrio.”

La casa tiene cámaras internas en toda la propiedad, lo que hace aún más llamativo que los ladrones hayan entrado encapuchados. “Los tipos entraron encapuchados, pero las nenas dicen que le vieron los ojos.” Nora dejó abierta la pregunta sobre si esa precaución apunta a que sabían de la existencia de las cámaras.
Lo que se llevaron fue selectivo. “Se llevaron un bolso de marca que estaba toda la documentación de los cuatro niños: con doble pasaporte tienen todos, argentinos, italianos, y los permisos de viaje. Los tipos entran a la habitación, se llevan ese bolso y dos carteras, creo que eran de cocodrilo, nada más. Había relojes, había más dinero, no se lo llevaron.” Nora aclaró que en la habitación había “muchos valores más que ya sacamos” con anterioridad y que se tomaron otras medidas de seguridad.
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