POLITICA
La falsificación del medicamento contra el cáncer más vendido del mundo también tuvo un capítulo en Argentina

Francisco Chávez, un productor de espectáculos mexicano, se asustó cuando empezó a adelgazar en 2022. Había perdido 56 kilos y su piel había empezado a tomar un color grisáceo. A este hombre de unos 50 años, que organizaba conciertos de Ricky Martin y otros artistas en Yucatán, le diagnosticaron un tumor renal canceroso. Se lo extirparon en el quirófano, pero el cáncer ya se había extendido a sus pulmones.
Sus médicos del hospital público en Mérida le recetaron Keytruda, un medicamento que se convirtió en la salvación de miles de enfermos de cáncer porque puede prolongar la vida de algunos pacientes por años o incluso curarlos por completo.
Producido por el gigante farmacéutico Merck & Co, Keytruda es el nombre comercial del pembrolizumab, un fármaco de inmunoterapia usado para tratar diversos tipos de cáncer – como el de mama o pulmón – que reactiva el sistema inmunitario del paciente y destruye las células cancerosas. Desde su salida, tuvo muy buenos resultados en pacientes, pero por su elevado precio, muchos de ellos no pueden acceder por su elevado precio, sin asistencia estatal. Excepto en Argentina, donde el laboratorio local ELEA desarrolló un biosimilar de nombre Pembrox igualmente efectivo, en el resto del mundo, Merck tiene el monopolio del medicamento, con la patente vigente hasta 2028.
Chávez accedió a Keytruda, pero en su cuarta dosis experimentó efectos secundarios dolorosos: temblores, parálisis y un aumento descontrolado del azúcar en la sangre.
Tomó fotos de cada caja de Keytruda que había tomado y presentó una queja ante las autoridades mexicanas. Exigió saber qué contenían esas dosis, así como ver las facturas relacionadas con la compra de Keytruda por parte del hospital público. También pidió al centro médico que revelara cuántos pacientes se habían visto afectados. Pero no recibió respuesta.

Chávez envió entonces la información a Merck. El personal de la compañía estadounidense se desplazó hasta el hospital para recoger el material sospechoso y después de analizarlo en su laboratorio le comunicaron al paciente que “se identificaron ciertas irregularidades que no se corresponden con las características de los productos fabricados o distribuidos” por la empresa.
La carta, firmada por el jefe de productos para América Latina, decía que MSD (marca comercial de Merck & Co fuera de Estados Unidos) había compartido sus hallazgos con la Fiscalía General de México. Pero todavía no se sabe cómo llegó el medicamento adulterado hasta el hospital. La investigación todavía está en curso.

Dos años después de que Chávez presentara sus denuncias, las autoridades sanitarias comunicaron públicamente una advertencia sobre varios números de lote falsos de Keytruda. Chávez tomó su teléfono y revisó las fotos que había tomado. Uno de los números de lote difundidos en la televisión, era el que había recibido, según reconstruyó la investigación del Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) en la investigación “La Medicina del millón”, conocida en inglés como “The Cancer Calculus”, de la que Infobae formó parte junto a otros 48 medios de 37 países.
Chávez, que ahora tiene 56 años, tiene su cáncer “bajo control”. Pero su vida cambió para siempre -aseguró- después de que la sustancia desconocida corriera por sus venas. Ahora sufre de dolor de espalda crónico y episodios repentinos e inexplicables de parálisis, lo que le impide trabajar. “Ya no puedo moverme como solía hacerlo”, le dijo a Univisión, socio del Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) en la investigación “La Medicina del millón”, conocida originalmente en inglés como “The Cancer Calculus”, de la que Infobae formó parte junto a otros 48 medios de 37 países.
El trabajo se conoció a nivel mundial ayer en simultáneo y expuso cómo, a nivel global, Merck & Co logró consolidar una posición dominante alrededor de Keytruda, en base a la normativa de patentes, innovaciones alrededor de la droga y sus formas de presentación, y un fuerte lobby.
Infobae – junto al diario La Nación y la Red Ruido, en Argentina – reveló como el desarrollo en nuestro país del primer biosimilar del medicamento oncológico estrella de MSD, Keytruda, forzó una fuerte baja a nivel local del pembrolizumab. Bajo el nombre de Pembrox, la versión local del pembrolizumab fue desarrollada por el laboratorio ELEA, del Grupo Sigman.
La dosis de 200 miligramos de Keytruda cuesta USD 12.000 en Estados Unidos. Usualmente se administra mediante infusión intravenosa cada tres semanas y el tratamiento puede durar hasta dos años. En 2025, Keytruda representó casi la mitad de los USD 65.000 millones de ingresos de Merck, convirtiéndose en el producto estrella de la compañía.

La investigación global del ICIJ concluyó que Merck ha explotado el sistema mundial de patentes para mantener a raya a los competidores. También ha promovido el uso excesivo de Keytruda, elevando los costos para pacientes y hospitales, como parte de una agresiva campaña para impulsar ingresos.
En Argentina, por su precio, solo se puede acceder mediante la intervención del estado, las obras sociales o las prepagas. Actualmente el precio de farmacia es de unos $20 millones (alrededor de 13.000 dólares), por cada unidad de 2 viales o frascos. Pero debido al precio por dosis no se vende en mostrador, y es adquirido por el Ministerio de Salud de la Nación, las obras sociales provinciales, el PAMI, las obras sociales sindicales o las prepagas.
Pero su cobertura – si bien es al 100% – requiere de autorización y un trámite previo que, no siempre, se concretan en los tiempos que exige el avance de la enfermedad.
Mientras que, hasta enero de 2025, MSD (el nombre de Merck & Co fuera de Estados Unidos y Canadá) operaba como único oferente en el país, la irrupción de la versión local del pembrolizumab desarrollada por ELEA, forzó que el laboratorio norteamericano bajara el precio un 49%, y perdiera terreno frente a su nueva competencia nacional.
Con la entrada del biosimilar desarrollado por el laboratorio de Hugo Sigman, llamado Pembrox, el mercado local de esta droga pasó de 50.000 a 80.000 unidades en un año.
El Estado nacional, que solía adquirir unas 280 dosis por año, pasó a comprar casi 4.000 en 2025, según cifras oficiales revisadas por Infobae, en un salto de más del 1.300%.

El valor bajó ostensiblemente para las compras oficiales en lote: en la última contratación directa que logró MSD, en enero del año pasado, el ministerio de Salud de la Nación adquirió 3.214 unidades a un costo de 3.172 dólares cada una (en ese momento $3.381.059).
Argentina es el único país donde un laboratorio local produjo un biosimilar igualmente efectivo, y forzó esa baja en el precio del pembrolizumab.
A nivel global, el precio de Keytruda generó grandes desigualdades en el acceso, dependiendo de dónde vivan los pacientes y cuánto pueden pagar ellos, sus gobiernos, obras sociales o prepagas. Esta dinámica creó una brecha peligrosa: nuevas oportunidades para que falsificadores hagan negocios con la demanda de costosos medicamentos oncológicos, a medida que las tasas de cáncer se disparan a nivel mundial.
Por eso, el de Chavez no fue un caso aislado.
Keytruda falsificada en Chaco
Un par de años antes, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) alertó sobre el retiro de unidades apócrifas de Keytruda, en Chaco.
Todo comenzó a mediados de julio de 2019, cuando el personal del Departamento de Farmacia de la Dirección de Fiscalización Sanitaria del Ministerio de Salud de esa provincia, se presentó en el Hospital Perrando de la ciudad de Resistencia, sede del Banco de Drogas Oncológicas. Al verificar la existencia de medicamentos rotulados como Keytruda, se incautaron 24 unidades que no contaban con etiqueta de trazabilidad o en las que los precintos de seguridad de estuches secundarios se encontraban violados.

Habrían sido compradas por el Ministerio de Salud Pública de la Provincia de Chaco a la Droguería Psicofarm SA y TM SRL.
La Dirección de Vigilancia de Productos para la Salud (DVS) inspeccionó el 10 de julio de ese año esa droguería y constató el ingreso de 20 unidades del producto de los cuales el responsable no pudo acreditar su procedencia, según dejó plasmado en la Disposición 6769/2019 en el Boletín Oficial.

El 22 de julio, tras la comparación visual entre las muestras cuestionadas con las contra muestras en poder del laboratorio, MSD Argentina constató que los productos en cuestión eran falsificados.
“La ANMAT informa que se han detectado unidades falsificadas del producto KEYTRUDA (pembrolizumab 100 mg/4 ml) Lote 8302605A01 en un establecimiento asistencial de la provincia de Chaco”, informó la máxima autoridad regulatoria en materia de medicamentos tres semanas después en un comunicado oficial del 5 de agosto de 2019.

Las unidades falsificadas mostraban los precintos de seguridad de las cajas violados; con cinta adhesiva transparente sobre estos o sellados con pegamento, sin etiquetas de trazabilidad. La tapa plástica del vial (envase primario) tiene la inscripción “Flip off” en relieve, mientras que la unidad original no tiene inscripciones.

Como consecuencia de ello, prohibió “el uso, comercialización y distribución en todo el territorio nacional de cualquier lote del producto “Keytruda, Pembrolizumab 100 mg/4 ml, solución para infusión por 1 vial con 4 ml de solución inyectable”, que presente las siguientes características: envase secundario sin etiqueta de trazabilidad, precinto de seguridad violado, y envase primario (vial) con tapa azul con la inscripción “FLIP-OFF”.

La falsificación de Keytruda derivó en alertas en distintos países de la región.
También en una causa judicial por la que fueron imputados los responsables de las droguerías Psicofarm SA y TM SRL. Si bien sus directivos obtuvieron una falta de mérito por parte del juez federal Sebastián Ramos, resolvió enviar el expediente a la Justicia chaqueña. La disputa por la jurisdicción terminó en la Corte Suprema. El Máximo Tribunal resolvió el 9 de abril último que el caso siga siendo tramitado en la órbita Federal, en el Juzgado Criminal Correccional federal Nro 9.
Esta nota recoge información y testimonios del artículo escrito por Nicole Sadek e Isabella Cota, e integra la investigación The Cáncer Calculus liderada por ICIJ junto a otros 49 medios partners.
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POLITICA
Selección de jueces: la propuesta de la Corte Suprema, un paso en la dirección correcta

La reforma constitucional de 1994 fue, entre otras cosas, un proyecto de desconcentración del poder. Quienes la diseñaron entendían que el hiperpresidencialismo argentino era una patología estructural, no un accidente de personas. El problema no era quién ocupaba la presidencia, sino cuánto poder concentraba quien la ocupara. Y propusieron una arquitectura institucional que lo corrigiera: frenos y contrapesos entre poderes, nuevos órganos de control independientes, tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, mecanismos de democracia semidirecta, mayor acceso a la justicia para ciudadanos y organizaciones. La idea central era que la justicia controlara a la política, que el mérito fuera un límite real a la discrecionalidad del poder, que los ciudadanos tuvieran herramientas concretas para exigir rendición de cuentas.
Dentro de ese diseño, el Consejo de la Magistratura ocupaba un lugar estratégico. Su función no era meramente administrativa: era la pieza que debía resolver uno de los problemas más difíciles del constitucionalismo contemporáneo, que es cómo seleccionar jueces que sean a la vez técnicamente excelentes y democráticamente legítimos. Jueces que fallen bien porque saben derecho, y que fallen con autoridad porque fueron seleccionados de manera que la sociedad puede reconocer como justa.
El diseño era optimista. Tomaba en serio las dos grandes tradiciones de selección judicial que el mundo desarrolló a lo largo del siglo XX. La tradición estadounidense confía en el proceso político: el presidente nomina, el Senado delibera públicamente y confirma, y la legitimidad del juez viene de haber sobrevivido ese escrutinio representativo. La tradición europea continental confía en el proceso técnico: concursos públicos, exámenes anónimos, evaluación de antecedentes por corporaciones de pares, carrera judicial con ascensos meritocráticos. La política da legitimidad democrática; las corporaciones profesionales garantizan la excelencia técnica.
El Consejo de la Magistratura argentino fue diseñado como una síntesis de ambas tradiciones. El proceso técnico -exámenes, evaluación de antecedentes, jurados de especialistas- filtraría a los candidatos más capaces y produciría una terna de los mejores. El proceso político -el Poder Ejecutivo eligiendo de esa terna, el Senado confirmando- les daría legitimidad democrática. La apuesta central era que el mérito disciplinara a la política: que le pusiera un límite objetivo y verificable a la discrecionalidad de las designaciones.
Pero esa apuesta descansaba sobre un supuesto que no llegó a verificarse del todo: que las corporaciones profesionales (los jueces como cuerpo, los abogados organizados en colegios, los académicos reunidos en universidades y asociaciones) producirían y sostendrían estándares colectivos de excelencia técnica suficientemente robustos y autónomos como para resistir la presión de la política partidaria. Que habría, en otras palabras, un mundo jurídico capaz de decirle a la política: hasta aquí, este candidato no pasa porque no sabe derecho o porque no tiene integridad, y eso no es negociable.
Lo que ocurrió fue lo inverso. Sin una práctica jurídica colectiva que sostuviera ese estándar desde adentro, la política no encontró un límite en el proceso técnico. Encontró un nuevo terreno para colonizar. Los partidos aprendieron que ya no alcanzaba con controlar al Poder Ejecutivo o al Senado: había que controlar también quiénes integran los jurados de los concursos, quiénes representan a la academia en el Consejo, quiénes conducen los colegios de abogados, cómo se alinean las asociaciones de magistrados. Las instituciones universitarias, los colegios profesionales, las asociaciones de jueces (todos los espacios que debían producir independencia técnica) se fueron convirtiendo, gradualmente, en extensiones de la disputa partidaria. El proceso técnico no disciplinó a la política. La política convirtió ese proceso en una arena más de sus propias disputas.
La Acordada 4/2026, aprobada por la Corte Suprema el 25 de marzo y remitida al Consejo de la Magistratura para su consideración, debe leerse en este contexto. No es simplemente una mejora de procedimientos técnicos, es un intento de la Corte de recuperar la lógica original de la Constitución del 94: que el proceso técnico vuelva a disciplinar a la política, que el mérito sea nuevamente un límite real a la discrecionalidad partidaria.
Y en esa lectura, los avances concretos que propone adquieren un sentido más preciso. El anonimato en los exámenes escritos, garantizado por medios informáticos con separación estricta entre quienes elaboran las consignas y quienes las corrigen, y con códigos alfanuméricos que impiden identificar al autor hasta que toda la corrección está terminada, apunta directamente a cerrar los espacios donde la captura puede operar. La limitación de la entrevista personal a veinte puntos sobre un total de doscientos es quizás el cambio más significativo: durante años esa instancia fue el lugar donde las influencias que el concursante no podía prever ni rebatir encontraban su expresión más efectiva, donde un orden de mérito construido con esfuerzo técnico podía ser invertido con relativa facilidad. Tasarla, limitarla y distribuirla en criterios explícitos y fundados reduce drásticamente ese margen. La tabulación rigurosa de los antecedentes (con escalas precisas por tipo de cargo, antigüedad y especialidad) busca reemplazar la discrecionalidad del evaluador por criterios objetivos y verificables. Todo el diseño apunta en la misma dirección: achicar los espacios donde la captura política necesita operar para funcionar.
Es, en ese sentido, un gesto institucional que merece una bienvenida genuina. La Corte está intentando tomarse en serio, treinta años después, el mandato que la Constitución del 94 le encomendó al sistema de selección judicial. Y lo hace con una propuesta técnicamente elaborada que reconoce los problemas reales que el sistema acumuló.
Un gesto importante y necesario, pero no suficiente por sí solo, porque el problema de fondo (la ausencia de una práctica jurídica colectiva que sostenga el estándar técnico desde adentro) no se resuelve con un reglamento, por bien diseñado que esté.
Un sistema de concursos funciona bien cuando puede medir a los candidatos contra un estándar que las propias profesiones jurídicas producen y sostienen colectivamente. Ese estándar emerge de la práctica acumulada de jueces que razonan y deciden bien, de abogados que litigan con rigor técnico e integridad ética ante sus clientes, de académicos que investigan con profundidad empírica y valorativa, de profesores que forman juristas con herramientas reales de pensamiento. Cuando esa práctica colectiva es robusta, el concurso puede medirla. Cuando es fragmentaria, el concurso mide indicadores sustitutos (antigüedad, certificados de cursos, artículos publicados, causas documentadas) y los candidatos aprenden a optimizar esos indicadores en lugar de mejorar la práctica.
En los sistemas jurídicos que funcionan bien, ese estándar colectivo tiene dos anclas institucionales principales: la jurisprudencia y la doctrina. La jurisprudencia es el conjunto de criterios que los jueces construyen acumulativamente, leyéndose entre sí y respetando sus decisiones previas como puntos de partida obligados para razonar. No como camisa de fuerza, sino como piso compartido que hace predecible el derecho y obliga a justificar los apartamientos. La doctrina es la producción académica que sistematiza esa jurisprudencia, la critica cuando se equivoca, propone soluciones a los casos que todavía no fueron resueltos, y proyecta el derecho hacia el futuro. Las dos anclas se retroalimentan y producen, con el tiempo, una práctica colectiva reconocible que cualquier profesional competente puede identificar y que el concurso puede medir.
En la Argentina, ambas anclas son débiles. Los jueces no se leen entre sí con la convicción de que los precedentes tienen peso obligatorio: con demasiada frecuencia cada tribunal tiende a empezar desde cero, como si la jurisprudencia acumulada fuera una referencia optativa y no un piso compartido que legitima y estabiliza el sistema. Y la academia jurídica no produce el contrapeso necesario: fragmentada en tradiciones que no dialogan entre sí, sin una comunidad que delibere colectivamente y construya certezas compartidas sobre los grandes problemas del derecho, y sostenida en gran medida por docentes que ejercen la profesión o la judicatura como actividad principal y la enseñanza como actividad secundaria, no está en condiciones de generar el pensamiento jurídico homogéneo que oriente la práctica ni de formar sistemáticamente las destrezas analíticas y argumentativas que un sistema judicial exigente requiere. El resultado es un ecosistema jurídico donde demasiados actores improvisan sus propios criterios, donde el derecho es menos predecible de lo que debería ser, y donde el concurso no tiene, en demasiados casos, contra qué medir con precisión.
Este diagnóstico tiene una consecuencia directa sobre cómo pensar el problema de los evaluadores, que el reglamento propuesto no termina de resolver. El sistema actual recluta a los miembros de los comités de examen y los jurados evaluadores principalmente entre docentes de facultades de derecho, que en su gran mayoría son abogados o jueces en ejercicio que enseñan como actividad secundaria. Dicho de otro modo: quienes evalúan a los candidatos tienen exactamente el mismo problema estructural que los candidatos, no tienen dedicación exclusiva a la tarea de evaluar, no acumulan institucionalmente los criterios que van desarrollando, no mejoran sistemáticamente sus instrumentos de medición, y no están organizados para producir una práctica homogénea y progresivamente más sofisticada sobre qué significa ser un buen juez en la democracia constitucional argentina. La evaluación reproduce el déficit que pretende medir.
Una agenda de profundización debería incluir la creación de un cuerpo profesional de evaluadores dedicado exclusivamente a desarrollar y perfeccionar los instrumentos de selección: los exámenes, los estándares de corrección, entrevista, los parámetros de evaluación de antecedentes. Un cuerpo que acumule experiencia y aprenda de cada concurso, que construya con el tiempo una práctica cada vez más precisa sobre qué conocimientos, qué destrezas y qué disposiciones éticas definen al mejor juez posible para una democracia constitucional como la que el 94 imaginó. Que responda a las demandas que le plantean los consejeros del Consejo de la Magistratura pero también a otras fuentes de evaluación externa de la performance del sistema judicial. Así como la Constitución del 94 creó el Consejo para profesionalizar la selección de jueces, la siguiente etapa lógica es profesionalizar a quienes dentro del Consejo hacen esa selección.
Hay, además, un riesgo específico en el sistema de calificación de antecedentes que el reglamento propone, que vale la pena nombrar para que el Consejo lo considere. Al asignar puntaje por cursos de capacitación, publicaciones en revistas jurídicas homologadas y causas documentadas en la especialidad, el sistema puede generar incentivos que desvíen a cada tipo de profesional de su función propia y socialmente valiosa.
El funcionario judicial (el secretario de juzgado, el fiscal adjunto, el defensor oficial) que quiere maximizar su posición en un futuro concurso aprende que su tiempo libre tiene un rendimiento diferencial: trabajar mejor un expediente difícil no le suma ningún punto; escribir un artículo para una revista homologada, sí. Ser un funcionario ejemplar en el despacho cotidiano no genera puntaje directo; acumular certificados del programa de formación judicial, sí. El sistema no premia al mejor judicial: premia al judicial que mejor construye su perfil concursal. Y esas dos cosas no son lo mismo.
El abogado en ejercicio enfrenta una distorsión análoga. El que optimiza para el concurso no es necesariamente el que litiga mejor o el que actúa con mayor integridad ética frente a sus clientes. Y el académico no escapa a la misma lógica. El que quiere posicionarse bien en un concurso descubre que publicar varios artículos cortos en revistas de la lista le conviene más que escribir el libro riguroso y empíricamente fundado que lleva años. El profesor que invierte tiempo en pensar cómo enseñar mejor razonamiento jurídico no obtiene por eso ningún punto adicional.
Lo que subyace a estos tres casos es un problema más profundo que el diseño de cualquier escala de puntaje: el sistema mide indicadores observables del mérito en lugar del mérito real, y los candidatos racionales aprenden a producir los indicadores. El resultado paradójico es que un sistema diseñado para seleccionar a los mejores termina distrayendo a todos de hacer aquello que los haría mejores y que haría mejor al Poder Judicial y a la sociedad que depende de él.
Resolver esto requiere algo más que un nuevo reglamento. Requiere que las corporaciones jurídicas, las facultades de derecho, los colegios profesionales, las asociaciones de magistrados, las escuelas judiciales construyan y sostengan estándares colectivos de excelencia que el sistema pueda reconocer y medir. Es una tarea de largo aliento que no se decreta ni se reglamenta: se construye, lentamente, a través de los acuerdos que las profesiones jurídicas van alcanzando sobre qué significa hacer bien el trabajo de juez, de abogado, de académico, de profesor. Ninguna acordada puede hacerlo por sí sola. Pero nombrar el problema con claridad es ya parte del camino.
La Acordada 4/2026 abre una oportunidad que el Consejo de la Magistratura debería aprovechar plenamente: no solo adoptar el reglamento propuesto sino usarlo como punto de partida para una conversación más amplia y más profunda sobre qué significa seleccionar bien a los jueces en la Argentina de hoy. Esa conversación está pendiente desde 1994. El mérito que la Constitución quiso convertir en límite de la política sigue esperando las condiciones institucionales y profesionales que lo hagan verdaderamente posible.
La Corte acaba de dar un paso serio en esa dirección, vale la pena acompañarla.
El autor es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Umiversidad de Buenos Aires y profesor visitante de Universidad Torcuato Di Tella.
Martín Böhmer,Conforme a
POLITICA
Mahiques posterga el arranque del sistema acusatorio en Comodoro Py

El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, decidió postergar la entrada en funcionamiento del sistema acusatorio en Comodoro Py, según pudo confirmar de fuentes oficiales.
El nuevo modelo, que empodera a los fiscales y los pone al frente de las investigaciones, debía llegar a los tribunales federales el 27 de abril próximo, de acuerdo a lo que había estipulado el exministro mileísta Mariano Cúneo Libarona.
Mahiques definió que se implementará más adelante.
Esta es la primera vez que este ministro pospone el arranque del sistema acusatorio en Comodoro Py, por donde pasan los delitos federales, entre ellos, los hechos de corrupción que involucran a funcionarios nacionales. Antes ya habían sido oficializado dos retrasos: en agosto y en noviembre de 2025, bajo la gestión anterior del Ministerio de Justicia.
En base a lo que pudo saber , esta semana habrá una reunión de Mahiques con representantes de la Corte Suprema de Justicia, la Procuración General, la Defensoría General y el Consejo de la Magistratura. Ahí, la nueva conducción del Ministerio de Justicia buscará establecer junto a cada una de las partes una fecha definitiva para la efectiva puesta en marcha de la metodología entrante. Por lo pronto, fuentes del Gobierno comentaron que Mahiques va con la idea de que se defina un plazo durante el correr de este año y que no se traslade a 2027.
ya había contado en marzo que el ministro no era optimista con respecto a arrancar ya con la implementación del acusatorio, sobre todo debido a la cantidad de vacantes en las fiscalías y a los déficits en materia de infraestructura.
“Piensa que hay que aplicarlo cuando estén dadas las condiciones y hoy no parecen estar dadas”, habían dicho desde el Ministerio de Justicia a hace un mes.
Los fiscales tampoco estaban convencidos. Principales empoderados con el nuevo régimen en detrimento de los jueces -que pasarán a tener durante la etapa de investigación un rol solo de control vinculado a que se respeten las garantías constitucionales de los ciudadanos-, los fiscales alegan que no tienen las condiciones ni los recursos (cantidad de empleados, falta de tecnología, déficit de infraestructura) para comenzar con la modalidad promocionada por Cúneo Libarona. “Tampoco quieren”, comentaron desde el Ministerio de Justicia apenas desembarcó Mahiques.
De aplicar el nuevo sistema y de salir mal su implementación en los tribunales más observados del país, el ministro se llevaría el costo de una política que él no promovió.
Para Cúneo Libarona este fue el ícono de su gestión. El exministro incluso viajó a distintas provincias para la inauguración de las nuevas reglas procesales. Santa Fe, Mendoza, San Luis, San Juan, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y la región norte de Buenos Aires ya actúan bajo esta modalidad.
En una nota de opinión para en diciembre, Cúneo Libarona dijo que la “implementación plena” del sistema era un “objetivo institucional” porque contribuiría con “mejorar la reputación internacional” y “facilitar la llegada de inversiones extrajeras”.
Juan Bautista Mahiques,contado en marzo,nota de opinión para LA NACION en diciembre,Paula Rossi,Juan Bautista Mahiques,Ministerio de Justicia,Conforme a,,Análisis. Un gesto significativo de Milei,,Cena de la Fundación Pensar. Macri advirtió que la Argentina “ya tuvo demasiado tiempo de improvisaciones”,,La pregunta clave. ¿Milei se consolida o se debilita?,Juan Bautista Mahiques,,Análisis. Si quiere, Milei puede mejorar la Justicia,,En medio de las denuncias. La nueva Oficina Anticorrupción quedó al mando de una jueza conocida de Mahiques y lejos del perfil político del macrismo,,Comodoro Py, a la espera. Milei tiene más de 200 ternas para nombrar jueces, pero ninguna de la justicia federal porteña
POLITICA
El embajador Peter Lamelas respaldó al Gobierno y arengó a las empresas de Estados Unidos: “El momento de actuar es ahora, inviertan en Argentina”

El embajador de los Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, expresó un fuerte respaldo político al presidente Javier Milei y destacó el compromiso de la Casa Blanca con las reformas económicas impulsadas por el Gobierno argentino,
Durante su intervención en el evento anual de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) que se realiza en el Centro de Convenciones de Buenos Aires, Lamelas subrayó la “misión muy clara” con la que fue designado para su cargo: “Trabajar con el Gobierno del presidente Milei y con el sector privado para asegurar que Argentina vuelva a crecer con más libertad económica, más estabilidad y con los Estados Unidos como su socio preferido”. Según el embajador, su nombramiento respondió a una directiva directa del entonces presidente Donald Trump, quien le encargó fortalecer los lazos con la actual gestión argentina y facilitar inversiones estadounidenses.
Durante su discurso, Lamelas enfatizó que “el capital responde a condiciones, a señales” y valoró que “hoy Argentina envía esas señales: rumbo, orden, transparencia, señales de clara oportunidad”. Afirmó que el país atraviesa “el momento más dinámico de la relación entre los Estados Unidos y Argentina”, sosteniendo que este escenario “empieza desde arriba”, con un alineamiento entre los presidentes Trump y Milei basado en “libertad económica, menos regulaciones, más transparencia y un sector privado fuerte”. “Esto no es ideología, es crecimiento, es desarrollo”, puntualizó el diplomático en el foro empresarial.
De acuerdo con lo señalado por el embajador, el enfoque de la administración estadounidense es “America first, América primero”, aunque aclaró: “America first no significa América solo, no solo. Necesitamos socios. America first significa resultados concretos”. Lamelas remarcó la importancia de Argentina como socio estratégico, resaltando la oportunidad que representa el acceso a “recursos claves, mercados nuevos, cadenas de producción más seguras y menos dependencia en países que no comparten nuestros valores”.
El embajador hizo referencia a los recursos naturales y el potencial productivo argentino: “Argentina tiene lo que el mundo necesita: energía en lugares como Vaca Muerta, minería, litio, cobre, plata, uranio, agroindustria. Tiene innovación, tiene talento, especialmente en tecnología, y tiene un pueblo con una enorme capacidad de salir adelante”. Sostuvo que “los recursos solos no alcanzan”, y que lo determinante son “los cambios reales: menos trabas, más flexibilidad, reglas más claras y más confianza”, condiciones que, a su juicio, atraen inversiones de largo plazo.
En su intervención, Lamelas destacó que el gobierno de Estados Unidos “está aquí para ser su socio” y que la embajada trabaja diariamente con la AMCHAM y sus miembros para facilitar la llegada de empresas estadounidenses. “Ayudamos a empresas a entrar al mercado, navegar temas regulatorios, reducir trabas burocráticas, resolver problemas y conseguir financiamiento”, sostuvo el funcionario, quien mencionó que en los últimos años se asistió a más de 2.400 firmas estadounidenses interesadas en invertir en Argentina.
El embajador también informó sobre la reciente firma del Acuerdo Recíproco de Comercio e Inversiones (ATI), al que calificó como “concreto” y que “elimina barreras reales, recompensa la innovación, reduce la burocracia y manda un mensaje muy claro: afirma que Argentina está lista para competir con los mejores”. Además, aludió al acuerdo de minerales críticos, señalando que “el mundo está cambiando, las cadenas de valor se están reorganizando y los Estados Unidos quiere construir estas supply chains con socios confiables, socios como Argentina”.
Lamelas reconoció los desafíos que enfrenta el país y valoró “el coraje político” que exigen las reformas en curso, pero aseguró que “hoy hay algo fundamental: hay rumbo. Y cuando hay rumbo, los mercados responden, la confianza crece y las inversiones empiezan a moverse”.
El embajador concluyó su presentación incitando al empresariado a actuar: “El momento de mirar a Argentina ya pasó. El momento de actuar es ahora y ahora la decisión es de ustedes. Inviertan en Argentina ahora”. “Las cosas están mejores que nunca. Recién van dos años. Yo quiero que la gente tenga paciencia. Hay un rumbo claro esta vez”, remarcó en diálogo con la prensa una vez finalizada su participación.
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