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ECONOMIA

Las dos caras del gas: aumento de la factura familiar y cortes a empresas versus aporte de dólares y potencial de industrialización y empleo

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El proyecto oficial mantiene el beneficio pleno solo en la Patagonia, Malargüe y la Puna, mientras que en el resto del país quedará restringido a hogares de bajos ingresos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El gas volvió a llamar la atención de hogares y empresas argentinas a raíz del aumento de las facturas por mayor consumo estacional y tarifas más caras, el proyecto oficial de cambio al régimen de Zonas Frías y los cortes de suministro a empresas fabriles que también afrontan un fuerte aumento de costos.

De aprobarse en el Senado, el cambio al régimen de Zonas Frías, que ya tiene media sancion de Diputados, significará un aumento adicional a gran parte de los usuarios que habían sido beneficiados por la ampliación que en 2021 llevó de unos 950.000 a cerca de cuatro millones el número de beneficiarios.

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Argentina es un país abundante en gas, pero en los meses de invierno, por el fuerte aumento del consumo domiciliario, debe importar una parte, mayormente en forma de Gas Natural Licuado (GNL) que llega en barcos metaneros a un precio que este año tuvo un fuerte salto por la guerra en Medio Oriente y las restricciones de tránsito en el Estrecho de Ormuz.

El Gas Natural Licuado (GNL) llega en invierno en barcos metaneros a un precio que este año tuvo un fuerte salto por la guerra en Medio Oriente y las restricciones de tránsito en el Estrecho de Ormuz

Ya en mayo, según un reporte del Observatorio de Tarifas y Subsidios UBA-Conicet, el costo de la canasta de servicios públicos aumentó 17,5%, a $249.834 para un hogar promedio del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La factura que más aumentó respecto de abril fue la del gas, a $49.972, porque al aumento de 4% del cargo fijo y 3,3% del variable se sumó la estacionalidad del consumo, que explota al quedar atrás el período de menor demanda del año. Ese efecto se estima se intensificará en los próximos meses.

Las restricciones en el suministro de gas ya alcanzaron a unas 130 fábricas principalmente en Córdoba, el litoral y el NOA (por insuficiencias de la infraestructura de transporte) y el sector industrial pidió al Gobierno evitar una profundización del problema. La Unión Industrial de Córdoba (UIC) emitió un comunicado advirtiendo que “la industria no puede producir bajo incertidumbre diaria ni absorber sobrecostos extraordinarios derivados del uso forzado de combustibles alternativos” y resaltó que las restricciones de suministro afectan incluso a empresas con contratos firmes y semi-firmes, es decir, empresas que pagan por el gas más que aquellas con contratos “interrumpibles”.

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“La situación resulta especialmente alarmante porque ocurre antes del período de mayor demanda invernal”, subrayó la UIC. Fuentes de la UIA plantearon a Economía que las industrias afronten el costo del GNL importado, pero sin el “efecto de la guerra”.

La necesidad de importar GNL y los cortes a la industria están ligadas al aumento de la demanda domiciliaria.

infografia

Incluso cuando debido a importantes proyectos de aumento de la producción Argentina se convierta en un fuerte exportador de GNL, el país tal vez deberá seguir importando GNL porque la inversión en infraestructura de transporte para abastecer picos de unos pocos días no tendría sentido económico, explicó Juan Bosch, CEO de Saesa, una comercializadora de energía.

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“Argentina puede reducir la importación de GNL sensiblemente, pero todavía importar algo, porque en invierno la demanda domiciliaria pasa de 20 millones de metros cúbicos por día (Mm3d) a 80 o hasta 90 Mm3d. Si este swing ocurre, tal vez haya que importar GNL por unos pocos días y en cantidades muy inferiores, pero con superávit en petróleo y también en gas. Estamos en una posición muy robusta”, dijo Bosch a Infobae.

El experto también defendió las limitaciones al Régimen de Zonas Frías, que enfrentará una fuerte resistencia de las provincias en el Senado.

El régimen era prudente y razonable, pero se fue desvirtuando al incluir zonas y usuarios que no requerían protección especial (Bosch)

“El régimen era prudente y razonable, pero se fue desvirtuando al incluir zonas y usuarios que no requerían protección especial. En su origen incluía un impuesto del 7,5% que ya violaba la ley 24.076 (marco regulatorio del gas, de junio de 1992, que prohíbe los subsidios cruzados), pero como no alcanzó, se recurrió a rentas generales. Así, el habitante del Chaco o de La Matanza que no tiene gas de red, también paga los subsidios a los beneficiarios del régimen de Zonas Frías. Un hotel 5 estrellas en Zona Fría que pone sus habitaciones a 26 grados, ¿tiene que recibir subsidio? Yo creo que no, sobre todo porque lo pagan muchos a quienes no les sobra nada”, dijo Bosch.

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El ejecutivo recordó que en 2002 se rompieron los contratos y el esquema económico del gas y recién ahora se está superando el nivel de producción de principios de siglo.

Tarifa cautelar servicios publicos en La Matanza boleta de luz gas agua
En mayo entre mayor consumo y tarifas el aumento de la boleta puede llegar al 100% de incremento respecto de abril

Bosch destacó: “Hemos dilatado las inversiones en producción y transporte. Hicimos una política anti-industrial: pagábamos el gas importado hasta 6 o 7 veces que al productor local: el dinero argentino iba a desarrollar industrias hidrocarburíferas en el extranjero. De haber llegado a importar 100 barcos de GNL, vamos a importar unos 25 este año. La gestión de compra es de Enarsa, pero todo el GNL que se compró para junio ya está vendido a USD 21,17 el millón de BTU. Es más caro que el gas local, pero siempre fue así. Lo bueno es que lo paga el sector privado, que lo usa, y es un incentivo para que se produzca más acá y reducir la dependencia del gas importado”.

La Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) proyectó que en un escenario “moderado” Argentina producirá 213 millones de metros cúbicos de gas diarios en 2030 y que en escenarios de “expansión” o “aceleración” superará la línea de los 280 millones hacia 2030 y la de los 300 millones en 2025, casi duplicando su nivel de consumo actual.

Para entonces, calculó Saesa en base a datos de Cammesa y la Secretaría de Energía, Argentina exportará tantas cargas de buques con GNL como las que debió en 2014, cuando la Argentina pagaba carísimo el gas importado y con precios muy inferiores desalentaba la producción local hasta llegar a picos de subsidio, importación y déficit energéticos.

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Un precio del gas local muy inferior al internacional (en este momento, la mitad, aunque insuficiente para abastecer el pico de consumo invernal y todavía sin infraestructura para exportación masiva) implica a su vez la potencialidad de agregar valor industrializando el gas “aguas arriba” o “aguas abajo”. El caso más obvio es la industria petroquímica y, en particular, la producción de fertilizantes, del que la Argentina es un fuerte importador.

Un precio del gas local muy inferior al internacional (en este momento, la mitad) implica a su vez la potencialidad de agregar valor industrializando el gas “aguas arriba” o “aguas abajo”

Es el primer y más obvio sector al que podría aplicarse el Super RIGI que anunció, pero todavía no presentó, el Gobierno, dijo Fernando Navajas, economista jefe de FIEL especializado en energía en la presentación del “Observatorio de la Transición Energética” de la Fundación Torcuato di Tella, que en un informe había adelantado el crecimiento de la actividad industrial de marzo que el jueves confirmó el Indec.

En base a datos de Cammesa, un informe del Observatorio ya había detectado que ese mes la demanda total de energía eléctrica aumentó 2,8% interanual, pero mientras la demanda residencial había aumentado 1%, la de los grandes usuarios del Mercado Mayorista Eléctrico (esto es, grandes industrias) lo había hecho un 12,8 por ciento.

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Jorge Vasconcelos: ", la industria argentina aún no experimentó a pleno el efecto multiplicador de Vaca Muerta, cuyo potencial va mucho más allá del efecto sobre el sector externo" (Foto: Reuters)
Jorge Vasconcelos: «, la industria argentina aún no experimentó a pleno el efecto multiplicador de Vaca Muerta, cuyo potencial va mucho más allá del efecto sobre el sector externo» (Foto: Reuters)

Según Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, la industria argentina aún no experimentó a pleno el efecto multiplicador de Vaca Muerta, cuyo potencial va mucho más allá del efecto sobre el sector externo, como mostró la experiencia de Estados Unidos con el “shale”.

En Argentina, el efecto multiplicador sobre los proveedores de bienes y servicios “aguas arriba” ya se constató, aunque no hay mediciones precisas al respecto, pero el efecto multiplicador “aguas abajo” recién está comenzando, y tiene que ver más con gas que con petróleo: la fluidez de esta fuente energética es un factor de competitividad de primer orden para actividades industriales intensivas en el uso del gas y apunta a ser una ventaja comparativa relevante en relación al resto de los países de la región, dijo Vasconcelos, aunque aclarando que las inversiones industriales capaces de aprovechar esa oportunidad “son en general proyectos de lento recupero, por lo que el nivel de riesgo país y otros factores institucionales pesan a la hora de decidir la inversión”.

En una investigación, Vasconcelos destacó que a partir de la irrupción del “shale gas” en Estados Unidos cambió la pendiente de la evolución industrial. Por caso, ejemplificó, mientras de 1997 a 2007, cuando el shale apenas se iniciaba, la industria manufacturera de ese país perdió 384.000 puestos de trabajo, mientras que de 2011 a 2013, con el fenómeno del shale ya consolidado, recuperó 159.000 empleos. El cambio fue abrupto para sectores industriales particulares, como la producción de bienes durables, que de perder 217.000 en el período pre-shale pasó a ganar 146.000 gracias al boom del shale, y dentro de durables el empleo en el rubro “metales fabricados” pasó de perder 17.000 a ganar 49.000 empleos, casi el triple de los que había perdido, y la de Maquinaria pasó de perder 34.000 a ganar 36.000 puestos.

En Estados Unidos la producción de bienes durables pasó de perder 217.000 en el período pre-shale a ganar 146.000 gracias al boom del shale (Vasconcelos)

El vuelco más impresionante se dio en producción de bienes para Transporte, que de perder 38.000 empleos entre 1997 y 2007 pasó a ganar 61.000 entre 2011 y 2013, gracias a que el boom del shale gas proveyó a ese sector de una fuente de energía abundante y barata.

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Lo mismo podría suceder en Argentina, si antes supera el aumento abrupto de costos, por el gas importado y el aumento del consumo domiciliario durante los meses de invierno.

En caso que se apruebe en el Senado el proyecto para restringir el subsidio al gas del Régimen de Zonas Frías, el subsidio se limitará a regiones con clima severo y a hogares vulnerables, apuntando a un ahorro fiscal de poco más de $270.000 millones anuales, una reducción de casi 56% del costo fiscal del actual sistema, de unos $485.000 millones.

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La nueva norma dejaría fuera del beneficio a 1,2 millones de hogares en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Pampa y San Luis, manteniendo el subsidio pleno solo en la Región Patagónica, el departamento Malargüe en Mendoza y la Puna. En el resto de las zonas sumadas en 2021, el subsidio continuará exclusivamente para usuarios residenciales que cumplan con los criterios de ingresos del Subsidio Energético Focalizado (SEF), menores a tres Canastas Básicas Totales, poseedores del Certificado de Vivienda Familiar (ReNaBaP), veteranos de Malvinas o titulares del Certificado Único de Discapacidad.

Además, el subsidio ya no abarcará toda la factura, sino solo el precio del gas en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST), dejando afuera el “Valor Agregado de Distribución” que regulan los organismos provinciales.

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El viernes, en un comunicado, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señaló que los cambios propuestos “alteran la lógica histórica del régimen compensatorio” y que “limitar el alcance del beneficio exclusivamente al valor del gas en boca de pozo implica trasladar a los usuarios costos crecientes de transporte, distribución e impuestos, generando incrementos tarifarios que podrían superar ampliamente la capacidad de pago de miles de familias patagónicas”. Una presión tarifaria adicional, dice el documento, “profundizará la desaceleración económica y afectará directamente la capacidad de sostener puestos de trabajo”.

El subsidio ya no abarcará toda la factura, sino solo el precio del gas en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST), dejando afuera el “Valor Agregado de Distribución” que regulan los organismos provinciales

La revisión excluye expresamente a 55 departamentos de Buenos Aires, 13 de Córdoba, 12 de La Pampa, 8 de San Luis y 8 de Santa Fe. Un estudio del Ieral calculó que la factura de un hogar de Bahía Blanca que consuma 118 metros cúbicos mensuales pasará de $19.945 a $39.890, un aumento del 100%, mientras los hogares que califiquen para el SEF con los nuevos criterios en esa misma ciudad pagarán 22% más y en la zona fría histórica el aumento será del 20%, sobre una canasta de servicios que, como se precisó al inicio de esta nota, ya en mayo aumentó 17,5 por ciento.

Así, según los analistas, para acceder a los beneficios del gas propio y abundante (creciente superávit comercial, industrialización, nuevos empleos y eventualmente consumo más barato), antes hay que pasar el invierno, frase vieja y repetida de la historia económica argentina.

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ECONOMIA

Cuando la nube pesa demasiado: ¿es la IA una nueva burbuja financiera?

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El mercado empieza a preguntarse si el relato tecnológico alcanza para sostener valuaciones y asignación de capital (Imagen Ilustrativa Infobae)

La carrera por desplegar infraestructura para modelos de inteligencia artificial aceleró el gasto, el apalancamiento y las expectativas de ingresos futuros. Con flujos de caja bajo presión y contratos que dependen de una cadena de financiamiento todavía frágil, el mercado empieza a preguntarse si el relato tecnológico alcanza para sostener valuaciones y asignación de capital.

Desde hace algunos años, la inteligencia artificial es el nuevo eje del mercado financiero. Aunque las expectativas de ganancias futuras son altas, esa foto todavía no se convirtió en película y empezaron a aparecer interrogantes. En particular, distintas señales llevaron a algunos analistas a advertir por una posible burbuja financiera.

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Este año, las cinco firmas tecnológicas más importantes gastarán en conjunto alrededor de USD 800.000 millones en centros de datos e infraestructura para ejecutar modelos de inteligencia artificial. Se trata de un gasto cercano al 40% de sus ingresos totales, superior al de la industria petrolera en el auge del shale y al de las telecomunicaciones durante la burbuja puntocom. Sin embargo, como indicó un artículo reciente de The Economist, los analistas esperan que al menos tres de estas compañías registren flujos de caja libre negativos en algún trimestre del año.

Las cinco firmas tecnológicas más importantes gastarán en conjunto alrededor de USD 800.000 millones en centros de datos e infraestructura para ejecutar modelos de inteligencia artificial

Para financiar la expansión, el endeudamiento escaló a un ritmo que empezó a llamar la atención. Desde comienzos de 2024, las cinco grandes tomaron USD 260.000 millones en los mercados de bonos, equivalente a una cuarta parte de toda la deuda emitida por empresas no financieras cotizantes en Estados Unidos. A eso se sumaron USD 820.000 millones en compromisos de leasing por centros de datos todavía no construidos.

El problema es que los argumentos que durante años justificaron la magnitud de esta apuesta comenzaron a perder fuerza. Primero cedió el de la generación de caja; luego, el de las recompras de acciones como señal de solidez; y, finalmente, el de las valuaciones razonables. Si las ganancias contables no capturan el gasto real, la métrica precio/ganancia pierde utilidad.

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Si las ganancias contables no capturan el gasto real, la métrica precio/ganancia pierde utilidad (Foto: EFE)
Si las ganancias contables no capturan el gasto real, la métrica precio/ganancia pierde utilidad (Foto: EFE)

Los inversores lo entienden y hoy evalúan a estas compañías sobre la base de contratos de ingresos futuros: acuerdos de largo plazo para vender capacidad de cómputo a desarrolladores como OpenAI y Anthropic. Esos contratos crecieron de USD 730.000 millones a USD 2 billones en apenas un año.

El punto crítico es que también funcionan como una cadena de confianza: se sostienen mientras los desarrolladores sigan recaudando capital suficiente para construir sus modelos. Si eso no ocurre, el esquema corre el riesgo de desarmarse.

Frente a este escenario, planteado por el medio inglés, surge una pregunta pertinente: ¿cómo se leerá este panorama a la hora de reevaluar la asignación de capital? A nivel operativo, la IA es una realidad; su desempeño financiero, en cambio, no es igual de evidente, al menos en el corto plazo y en las magnitudes planteadas.

Ante indicios de volatilidad, cada gran fase de inversión concentrada en un sector tiende a redistribuir capital hacia donde el mercado percibe mayor solidez relativa

La respuesta requiere perspectiva histórica. Ante indicios de volatilidad, cada gran fase de inversión concentrada en un sector tiende a redistribuir capital hacia donde el mercado percibe mayor solidez relativa. Después de 2008, esa solidez se encontró en la liquidez. Tras la crisis de 2020, en la deuda soberana.

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Hoy, con una Reserva Federal con menos margen para recortes agresivos de tasas de interés como herramienta de estímulo y con tenedores extranjeros de bonos del Tesoro que muestran señales de desconfianza creciente, ninguno de esos dos refugios clásicos ofrece la misma certeza de antes.

Hoy, con una Reserva Federal con menos margen para recortes agresivos de tasas de interés como herramienta de estímulo y con tenedores extranjeros de bonos del Tesoro que muestran señales de desconfianza creciente, ninguno de esos dos refugios clásicos ofrece la misma certeza de antes (Foto: EFE)
Hoy, con una Reserva Federal con menos margen para recortes agresivos de tasas de interés como herramienta de estímulo y con tenedores extranjeros de bonos del Tesoro que muestran señales de desconfianza creciente, ninguno de esos dos refugios clásicos ofrece la misma certeza de antes (Foto: EFE)

En este contexto, una lectura del ciclo presta atención al denominado flight to real assets. La rotación hacia activos con valor intrínseco -inmuebles, infraestructura, materias primas o self-storage, catalogado por The Wall Street Journal como una industria a prueba de recesiones- respondió a la búsqueda de refugio.

Incluso, la firma Cohen & Steers anticipó la configuración de una oportunidad multidecadal para los activos reales por factores como la inflación y el recorte de tasas.

En escenarios así, cobraron relevancia estrategias como el Modelo de Dotaciones de Yale, elaborado por David Swensen, director de inversiones de la universidad durante 36 años. La regla estableció que un inversor debería mantener un mínimo del 20% de su cartera en alternativas como el inmobiliario comercial, en lugar de depender estrictamente de acciones y bonos tradicionales.

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Un inversor debería mantener un mínimo del 20% de su cartera en alternativas como el inmobiliario comercial, en lugar de depender estrictamente de acciones y bonos tradicionales (Swensen)

Esta línea estratégica se posicionó sobre todo entre inversores medianos, con menos margen para absorber movimientos bruscos de mercado.

Los activos físicos no requieren que ninguna cadena de confianza tecnológica se sostenga para conservar valor; no se deprecian de un trimestre al otro si un modelo de lenguaje pierde relevancia; y tampoco dependen de que una startup consiga su próxima ronda de financiamiento.

Así, la mayor apuesta de la historia en infraestructura digital le recordó al mercado, paradójicamente, el valor de lo tangible.

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El autor es economista y CEO de BAS Storage



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ECONOMIA

Salarios en reestructuración

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El 2026 no será un año de “despegue” para los salarios formales: será un período de fuertes modificaciones en los salarios relativos (Foto: Reuters)

Tras recuperarse al 4,4% en 2025, en 2026 la economía volverá a crecer, muy probablemente, entre 2,5% y 3%. Aun así, no será un año de “despegue” para los salarios formales: será un período de fuertes modificaciones en los salarios relativos.

Confluyen más de un factor, como se analizó en la nota editorial de este mes, pero más que proyectar tendencias conviene mirar qué muestran los datos.

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El cuadro más abajo ofrece una mirada rápida sobre la evolución reciente de salarios y jubilaciones. Con base 100 en noviembre de 2023, los datos muestran que los salarios “normales” del sector privado, medidos a través del Ripte, cayeron durante los primeros meses de la actual gestión y luego se recuperaron hasta ubicarse 1% por encima del dato base, que -para tener en cuenta- estaba 7,5% por debajo del promedio móvil de los 12 meses previos.

Si la medición se realiza con el IVS, un índice que capta mejor la totalidad de ingresos salariales, el resultado es que, a marzo de 2026, los ingresos reales de los asalariados formales del sector privado se mantuvieron por debajo de la base de noviembre (no así si se toma el dato de diciembre, con el “fogonazo” inflacionario de ese mes).

“infografia”

En ambos índices, además, se observó una caída de los ingresos reales en el primer trimestre de 2026 (última columna). El resto de los ingresos laborales tuvo una evolución conocida: los salarios públicos cayeron respecto de la base, pero se estabilizaron en el primer trimestre de 2026.

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Los ingresos informales mostraron un ascenso sostenido, que ubicó el último dato 74% por encima de noviembre de 2023 y más de 100% real por sobre diciembre de ese año. Este crecimiento acelerado respondió a varios factores que conviene tener en cuenta:

  1. El retraso en la recolección de los datos de ingresos informales a través de la EPH sobreestima las caídas en términos reales cuando la inflación se acelera y también sobreestima la recuperación cuando la inflación se frena.
  2. La medición de ingresos por declaración de los agentes tiene menor precisión que la que surge de registros. Esto vale para la EPH tanto para ingresos formales como informales, pero la mayor variabilidad de estos últimos reduce la confiabilidad del dato.
  3. El empleo en los últimos tres años creció básicamente de la mano de trabajadores independientes e informales. Entre el cuarto trimestre de 2022 y el cuarto trimestre de 2025, los puestos de trabajo ocupados totales crecieron 833 mil, pero mientras la cantidad de asalariados registrados no se movió (cayó en 5 mil), todo el aumento se explicó por no asalariados (673 mil) y por asalariados informales (144 mil).

Esta “explosión” de crecimiento, básicamente informal, determinó cambios en la composición de este grupo que pueden haber incidido en la definición de un “ingreso medio informal” representativo.

Es un período de fuertes modificaciones en salarios relativos

En otras palabras, se intenta medir un agregado que se transforma aceleradamente (a diferencia del grupo de asalariados formales, que se estanca) y, por lo tanto, las características del conjunto -en particular el promedio de ingresos- pueden variar.

Con dudas sobre la evolución futura del ingreso medio informal, por lo antes señalado, para el resto de los ingresos laborales el panorama es más claro y menos promisorio. A favor de una recuperación real jugará una baja persistente de la inflación, en función de su magnitud.

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Ilustración de una persona con billete frente a una escalera ascendente de paquetes de pollo y arroz con precios crecientes en córdobas.
A favor de una recuperación real jugará una baja persistente de la inflación, en función de su magnitud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dado que venimos de tasas en torno de 3%, cabe esperar variaciones al menos neutras cuando la inflación perfore el 2% mensual. En salarios privados formales, la estrategia oficial de homologar acuerdos colectivos con pauta inferior a la inflación seguramente persistirá durante 2026 y 2027. Eso no impide que los salarios efectivos (medidos por IVS y Ripte) se acerquen o superen en algún mes la tasa de inflación.

Un informe de la Secretaría de Trabajo mostró que, con base en noviembre de 2023, el salario de convenio promedio se ubicó en marzo 6% por debajo de su base, mientras que el salario promedio del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) se encontró 3% por encima de la base (la variación usando el promedio del SIPA difiere, como se ve, de los datos del cuadro previo). La diferencia de 9 puntos entre salarios efectivos y de convenio creció en los últimos 6 meses.

La diferencia de 9 puntos entre salarios efectivos y de convenio creció en los últimos 6 meses

Un cuadro elaborado por la misma Secretaría, con datos desde diciembre de 2012, mostró que, para el período que llegó hasta fines de 2020, la remuneración de convenio estuvo por encima de la remuneración efectiva promedio (en términos reales, respecto de la base).

Desde entonces, la remuneración de convenio evolucionó por debajo de los salarios efectivos, y esa diferencia alcanzó su máximo en la actual Administración, en particular en los últimos 6 a 9 meses.

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En un contexto de economía más abierta y que enfrenta la necesidad de reestructuraciones relevantes, la estrategia oficial de evitar la indexación de los salarios de convenio aparece como la más apropiada para preservar el empleo (es decir, para evitar que las empresas que necesitan reestructurar no se vean forzadas por aumentos insostenibles de costos laborales) y facilitar cambios de salarios relativos entre sectores y entre empresas. Es inevitable que esta situación lleve a un crecimiento de la dispersión salarial, que ya se observa en múltiples dimensiones: sectorial, regional, e intrasectorial e intraempresa.

El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 686 de FIEL



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ECONOMIA

El error que podemos repetir

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Vaca Muerta despliega su potencial, el litio atrae capitales que hace una década parecían imposibles y el RIGI promete inversiones, exportaciones y los dólares que el país necesita con urgencia (Foto: EFE)

Argentina vuelve a sentarse sobre una fortuna. Vaca Muerta despliega su potencial, el litio atrae capitales que hace una década parecían imposibles y el RIGI promete inversiones, exportaciones y los dólares que el país necesita con urgencia. La conversación pública se concentra, como siempre, en cuánto dinero va a entrar. Pero esa es la pregunta fácil, y casi siempre la equivocada: la que define el destino de una generación es qué se hará con esos ingresos, y todo indica que el país está a punto de responderla mal.

El reflejo argentino ante un ingreso extraordinario es conocido: gastarlo. No transformarlo, no ahorrarlo, no convertirlo en capital que sobreviva al ciclo de precios que lo hizo posible. Y esta vez puede salir caro, porque la riqueza del subsuelo tiene una particularidad que la vuelve traicionera: se agota.

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Conviene detenerse ahí, porque ese es el corazón del problema. Un pozo petrolero, un salar de litio o una veta minera son activos que la naturaleza acumuló durante millones de años y que una sola generación extrae en pocas décadas. La verdadera riqueza no son las regalías que ingresan cada año: es el recurso que desaparece para generarlas. Cuando una provincia cobra una regalía no recibe una renta que se renueva sola: vende un pedazo de su patrimonio. La pregunta inevitable es qué queda cuando ya no haya nada más para vender.

No es una preocupación abstracta ni nueva. Hace más de tres décadas los economistas le pusieron nombre a la trampa. Jeffrey Sachs y Andrew Warner notaron algo perturbador: muchos países ricos en recursos naturales crecían menos que otros aparentemente menos favorecidos. De ahí surgió una literatura sobre la “maldición de los recursos”.

El reflejo argentino ante un ingreso extraordinario es conocido: gastarlo. No transformarlo, no ahorrarlo, no convertirlo en capital que sobreviva al ciclo de precios que lo hizo posible

Los mecanismos son varios: la enfermedad holandesa, que infla un sector exportador y aplasta a los demás; el deterioro institucional que provocan las rentas fáciles. La conclusión es incómoda y consistente: la abundancia no garantiza prosperidad. A veces la entorpece.

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Trabajos como los de Fernanda Brollo, Tommaso Nannicini, Roberto Perotti y Guido Tabellini muestran, incluso, que los ingresos inesperados pueden generar incentivos perversos en los gobiernos y corroer la calidad de las instituciones. El dinero que cae del cielo no siempre construye; muchas veces afloja.

La economía de los recursos naturales ofrece una brújula tan simple como exigente: la regla de Hartwick. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro.

. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro (Foto: Reuters)
. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro (Foto: Reuters)

La lógica es la de una familia que hereda una propiedad y la vende. Si gasta todo el dinero en consumo cotidiano, los hijos heredarán un recuerdo y nada más. Si lo reinvierte, el patrimonio puede mantenerse o incluso crecer. La diferencia no es contable: define el bienestar de varias generaciones.

Se sabe, sin embargo, hacia dónde empuja la política. Los gobiernos tienen necesidades inmediatas: salarios, funcionamiento del Estado, programas sociales, demandas que no esperan. Cuando aparece un ingreso extraordinario, la tentación de usarlo para tapar agujeros corrientes es casi irresistible.

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El detalle fatal es que el gasto corriente tiene una asimetría brutal: subirlo de forma permanente es fácil; bajarlo cuando la bonanza termina es políticamente devastador. Así se construyen las crisis del día después. Y la bonanza, en estos rubros, siempre se termina. Los precios del petróleo, del cobre y del litio se mueven con violencia: una crisis geopolítica los dispara; una desaceleración global los derrumba.

Cuando aparece un ingreso extraordinario, la tentación de usarlo para tapar agujeros corrientes es casi irresistible

El conflicto en Medio Oriente es apenas el recordatorio más reciente de que nadie controla esa variable. Atar el gasto estructural de un Estado a un ingreso tan volátil es edificar sobre arena y sorprenderse después de que la casa se caiga.

Alguien dirá que la salida es invertir en lugar de consumir. Es cierto, pero no alcanza. Después aparece una segunda pregunta, todavía más difícil: ¿invertir en qué? Gastar en obra pública no equivale automáticamente a desarrollo.

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Una excavadora amarilla instala una estructura prefabricada de hormigón en una zanja profunda en un área rural. Se ven personas y tierra excavada
Gastar en obra pública no equivale automáticamente a desarrollo (Foto: El Litoral)

Una provincia puede construir infraestructura estratégica que eleve la productividad durante décadas o puede financiar obras de baja rentabilidad social elegidas por conveniencia política.

Investigaciones recientes, como las de Stanislao Maldonado y Martín Ardanaz para municipios del Perú, muestran que disponer de recursos extraordinarios no mejora por sí solo la eficiencia del gasto. Una obra improductiva no es inversión: es consumo presente con mejor disfraz. La discusión, entonces, no debería ser cuánto se invierte, sino qué capacidad productiva futura deja esa inversión.

En Argentina, además, todo esto cae sobre un andamiaje fiscal que ya hace agua. Las provincias productoras cobran regalías, pero también participan de la coparticipación federal, cuyos coeficientes siguen definidos esencialmente por una ley de 1988. El mandato constitucional de 1994 para reformar ese régimen lleva más de tres décadas sin cumplirse.

Sumar nuevas fuentes de riqueza extraordinaria a un esquema de reparto diseñado hace casi 40 años no es un detalle técnico: es una bomba de tiempo con la mecha encendida

Sumar nuevas fuentes de riqueza extraordinaria a un esquema de reparto diseñado hace casi 40 años no es un detalle técnico: es una bomba de tiempo con la mecha encendida.

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Hay otro camino, y no es ciencia ficción. Varios países crearon fondos soberanos y de estabilización para ahorrar parte de la renta en los años buenos y usarla cuando los precios caen, o preservarla directamente para las generaciones que vienen.

Bolsa de Comercio Buenos Aires - Merval
Noruega es el ejemplo de manual: canalizó buena parte de su renta petrolera hacia un fondo que invierte en activos financieros

Noruega es el ejemplo de manual: canalizó buena parte de su renta petrolera hacia un fondo que invierte en activos financieros y blindó su presupuesto de los vaivenes del crudo. No es una fórmula mágica ni trasplantable sin más, pero demuestra que la maldición de los recursos no es un destino. Es una decisión.

Y esa es, al final, la única pregunta que importa. No se trata de discutir si la minería o los hidrocarburos son buenos o malos, ni de negarle a las provincias el derecho a aprovechar lo que tienen. Se trata de algo más profundo: cuando una sociedad descubre una riqueza extraordinaria, ¿la usa para consumir un poco más hoy o para construir las capacidades que le permitan vivir mejor mañana?

La riqueza ya está bajo el suelo. El error también está al alcance de la mano, porque se cometió antes y el guion se conoce de memoria. La fortuna que aparece debajo de la tierra no es el desafío: el desafío es saber qué hacer con ella. Todavía hay tiempo de no malgastar la respuesta.

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Los autores son ex ministro de Producción y Trabajo y socio fundador de Abeceb, y economista del Centro de Estudios en Finanzas Públicas de la Universidad Nacional de La Plata, respectivamente



billetes,dólares

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