POLITICA
Las reformas audaces y rupturistas que impulsa el gobierno de Milei y el factor Peter Thiel en Argentina

Hay una forma de leer lo que está haciendo el gobierno de Javier Milei en materia de inversiones que no aparece cuando se analiza cada medida por separado. Conviene verlas en conjunto, en la secuencia de las últimas semanas, para entender que se trata de algo más que una suma de proyectos y decretos: es la arquitectura deliberada de una administración que se propone competir por el capital global.
El contexto no admite eufemismos. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Argentina cerró 2025 en el último lugar del ranking regional de inversión extranjera directa entre las principales economías de América Latina. Captó USD 3.134 millones netos, mientras Brasil recibió USD 76.877 millones y México USD 40.871 millones. Costa Rica, con una economía más pequeña, superó a la Argentina con USD 5.733 millones. La fotografía es la de un país que pasó décadas construyendo una reputación de destino hostil para el capital externo: expropiaciones, cepos, confiscaciones, modificaciones retroactivas de reglas de juego y una cultura política que convirtió la desconfianza hacia el inversor extranjero en bandera de soberanía. El resultado de ese camino lo certificó la OCDE con frialdad estadística.
Sobre ese punto de partida, el Gobierno lanzó en semanas lo que en cualquier otro contexto habría llevado años de deliberación legislativa y burocrática.
El gobierno de Javier Milei impulsó en las últimas semanas un paquete de iniciativas para reposicionar a la Argentina como destino de inversión: un proyecto para reforzar garantías sobre la propiedad privada y reformar expropiaciones, una propuesta de nueva Ley General de Sociedades con digitalización y figuras como DAO, una herramienta estatal de inteligencia artificial para políticas sociales y la discusión de un “Golden Passport”. La agenda convive con tensiones legislativas por la reforma electoral, subsidios energéticos y pliegos judiciales.
Propiedad privada

El primero de los pilares es el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que ya obtuvo dictamen en el Senado y podría tratarse en el recinto para el próximo jueves 4 de junio. La iniciativa toca varios nervios simultáneamente.
Por un lado, modifica el régimen de expropiaciones: endurece los requisitos para que el Estado pueda avanzar sobre un bien privado y blinda jurídicamente al propietario frente a decisiones discrecionales del poder político. Por otro, elimina las limitaciones a la adquisición de tierras rurales por parte de extranjeros que habían sido establecidas durante el kirchnerismo bajo la lógica de la “soberanía alimentaria”. Los fundamentos del proyecto fueron explícitos: esa normativa “implicó una limitación irrazonable que, lejos de constituir una verdadera protección, conllevó un condicionamiento y desincentivo de la inversión internacional, principalmente en el ámbito agropecuario”. El nuevo enfoque concentra los controles en los casos en que estén involucrados Estados extranjeros o entidades vinculadas a ellos, no en el capital privado.
También deroga la norma que restringía la venta de tierras afectadas por incendios, una disposición que había impulsado Máximo Kirchner y que, en la práctica, funcionaba como herramienta de presión sobre propietarios en situación de vulnerabilidad. Además, incorpora cambios en los procesos de desalojo: establece un trámite más ágil para casos de falta de pago o usurpación y avanza en la digitalización integral de los registros inmobiliarios. “En 2025, las escrituras en la Ciudad de Buenos Aires crecieron un 70% respecto de 2023″, señaló el proyecto. El sistema registral actual no está en condiciones de acompañar esa dinámica.
Traducido al lenguaje de un inversor extranjero que evalúa desembarcar en la Argentina: por primera vez en décadas, el suelo tendría garantías legales serias.
El código del siglo XXI

Mientras el Senado cerraba dictamen sobre la propiedad privada, el Gobierno envió al Congreso otra reforma de envergadura comparable: la nueva Ley General de Sociedades. La actual data de la presidencia de Alejandro Agustín Lanusse. En términos de ecosistema emprendedor y economía digital, es un fósil legal.
La reforma que envió el Gobierno no es cosmética. Convierte las normas de la ley en disposiciones supletorias: el estatuto manda, no el Estado. Elimina los controles arbitrarios de los registros públicos. Habilita la resolución de conflictos societarios ante jurisdicciones extranjeras elegidas por las partes. E incorpora la digitalización total: domicilio electrónico, registros digitales, asambleas virtuales, constitución de sociedades mediante firma digital. “Con este proyecto, el expediente en papel queda en la historia”, sintetizó el ministro al presentar la iniciativa.
Pero el núcleo más disruptivo está en dos figuras que no existen en el derecho argentino vigente. La primera son las “Sociedades Automatizadas”: estructuras que pueden operar mediante algoritmos o inteligencia artificial sin requerir empleados para su funcionamiento ordinario. La segunda son las DAO —Organizaciones Autónomas Descentralizadas—, entidades digitales con participaciones representadas en tokens, registros en blockchain y reglas de funcionamiento programadas en contratos inteligentes, sin directorios ni gerencias tradicionales. Ambas figuras tendrían personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada.
El modelo de referencia que citó Sturzenegger fue Irlanda: su marco legal y fiscal favorable atrajo a las principales multinacionales tecnológicas del mundo. El argumento es que la Argentina tiene condiciones para hacer algo equivalente en el universo de la inteligencia artificial y la economía del conocimiento. “Menos controles arbitrarios de los burócratas, menos costos de transacción y más libertad para competir en el mundo. Con esta reforma, Argentina adapta su derecho societario a la economía del siglo XXI y le dice al mundo: vengan a invertir acá”, afirmó el ministro.
El Estado que aprende
No toda la agenda de apertura está orientada al capital privado externo. El 22 de mayo, el Ministerio de Capital Humano que conduce Sandra Pettovello anunció el lanzamiento del “Gemelo Digital Social”, una herramienta de inteligencia artificial que busca transformar la forma en que el Estado diseña y evalúa políticas públicas.
La idea es técnicamente precisa: un gemelo digital es una réplica virtual alimentada con datos reales que permite simular comportamientos y evaluar escenarios posibles antes de implementar medidas concretas. Aplicado a política social, significa que el Estado podría calcular el impacto real de una intervención —sobre empleo, pobreza, educación, territorio— antes de ejecutarla, y reemplazar la lógica reactiva y clientelar que históricamente dominó esa área del Estado argentino. La herramienta procesa datos estatales de manera innominada —sin identificación de personas— para generar inteligencia de política pública. “Durante décadas, el Estado reaccionó sin poder anticipar. Estamos entrando en una nueva era”, afirmó el video institucional del ministerio.
Leída desde la perspectiva del inversor, la señal es relevante: un Estado que gestiona con datos es un Estado más predecible, con menor margen para la discrecionalidad y más rendición de cuentas sobre sus propias decisiones. También es un Estado que puede demostrar el impacto de sus políticas con pruebas, no con relato.
El pasaporte como intención
El cuarto componente de la agenda todavía no existe como programa concreto, pero su sola discusión dice algo sobre el clima que el Gobierno busca instalar. La idea de un “Golden Passport” —ciudadanía argentina a cambio de una inversión significativa, sin necesidad de residencia previa— circula en los despachos oficiales desde hace meses, aunque todavía no tuvo avances concretos. El modelo existe en Malta, Portugal, Grecia y los Emiratos Árabes Unidos, y en todos esos casos funcionó como imán para capital y talento emprendedor de alto valor.
En la Argentina, la iniciativa no se implementó. No hay programa lanzado, ni montos definidos por ley, ni agencia operativa. Lo que hay es una señal política que llegó a las páginas de The New York Times, que lo mencionó en su reportaje sobre Peter Thiel y la Argentina como parte del clima de incentivos del Gobierno para ese perfil de capital. En un contexto donde el pasaporte argentino da acceso a más de 170 países y el ecosistema de reformas empieza a tomar forma, esa posibilidad tiene peso propio aunque todavía no tenga reglamento.
El ruido de fondo

Toda esa agenda convive, en el mismo Congreso y en las mismas semanas, con una política de otra temperatura. Mientras Sturzenegger negocia dictámenes y los inversores globales leen los proyectos sobre DAO y propiedad privada, el Gobierno quedó enredado en tres discusiones que consumen tiempo legislativo y capital político sin generar valor agregado para el país que busca construir.
La primera es la reforma electoral. El oficialismo quiere eliminar las PASO —las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias— para simplificar el calendario electoral de 2027. Pero los gobernadores no quieren ceder ese instrumento, y el PRO de Mauricio Macri lo usa como palanca de negociación. El resultado concreto de ese bloqueo es que los argentinos podrían votar hasta seis veces el año que viene: tres para cargos provinciales —primarias, generales y eventual balotaje— y tres para los nacionales. La paradoja es que los mismos gobernadores que se resisten a eliminar las PASO son quienes insisten en desdoblar sus elecciones locales de las nacionales, precisamente para no quedar expuestos a la lógica de una elección presidencial que podría fortalecer a Milei y comprometer sus liderazgos territoriales. Es una discusión sobre poder, no sobre ciudadanos.
La segunda es la pelea por los subsidios energéticos. El proyecto de “ley de zona fría”, que obtuvo media sanción en Diputados, llegó al Senado con el respaldo de los gobernadores patagónicos y de varias provincias del interior que quieren que el Estado nacional siga financiando una porción significativa de las boletas de gas y electricidad de sus jurisdicciones. Es el segundo round de una negociación que el Gobierno busca resolver sin resignar el equilibrio fiscal que es, junto con la seguridad jurídica, la única credencial macroeconómica que tiene para mostrar ante los inversores que miran con atención la agenda de reformas.
La tercera es la disputa por los pliegos judiciales. Con casi un tercio de los cargos vacantes en juzgados, fiscalías y defensorías de todo el país, el debate que debería girar en torno a cómo cubrir esas vacantes con la mayor celeridad posible terminó convertido en una discusión sobre pertenencias, lealtades y alineamientos políticos de los candidatos. El resultado es una Justicia estructuralmente debilitada en su capacidad operativa, que es exactamente lo contrario de lo que necesita un país que promete a los inversores externos que sus disputas serán resueltas con celeridad e independencia.
Ninguna de esas tres peleas es nueva. Lo nuevo es que ocurren mientras el país intenta, en paralelo, hacer algo completamente distinto.
La señal Thiel

El miércoles 28 de mayo, The New York Times publicó un extenso reportaje sobre Peter Thiel y la Argentina. No era una nota de negocios ni de tecnología: era una pieza de análisis político internacional sobre por qué uno de los empresarios más influyentes del mundo decidió mirar hacia el sur. El diario reveló que Thiel —cofundador de PayPal, presidente de Palantir, uno de los primeros inversores de Facebook y referencia ideológica de la derecha libertaria del Silicon Valley— trasladó temporalmente a su familia a Buenos Aires, matriculó a sus hijos en una escuela local y adquirió propiedades en la Argentina y Uruguay. En ese mismo reportaje apareció mencionado el Golden Passport como parte del menú de incentivos que el Gobierno argentino tiene en carpeta para atraer ese perfil de inversor: alguien que no solo busca rentabilidad, sino opcionalidad jurídica y geográfica en un mundo que se fragmenta. Que el diario haya elegido contar esa historia en ese momento no es un detalle menor: es el tipo de cobertura que los fondos globales leen antes de tomar decisiones.
Thiel se reunió con el presidente Milei, con el ministro de Economía Luis Caputo y con Sturzenegger. Milei definió el encuentro como el de “un anarcocapitalista que encuentra a otro anarcocapitalista llevando esas ideas a la práctica”.
Thiel no es un empresario convencional. Es el arquitecto intelectual y financiero de algunas de las apuestas más audaces del capitalismo tecnológico de las últimas décadas: cofundó PayPal, fue el primer inversor externo de Facebook, fundó Palantir —la empresa de análisis de datos que trabaja para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, la comunidad de inteligencia y gobiernos de todo el mundo— y es uno de los principales impulsores globales de las DAO y de nuevas formas de organización empresarial basadas en blockchain. Es, también, uno de los pocos intelectuales del ecosistema tecnológico que convirtió su apuesta por la innovación radical en una posición política coherente: el escepticismo ante el Estado como organización suficiente para gestionar la complejidad del siglo XXI.
Que Thiel haya elegido la Argentina como residencia no es un dato anecdótico. En el ecosistema del venture capital global, los movimientos de los grandes inversores funcionan como señales. Cuando una figura de esa envergadura decide mover patrimonio, residencia y vínculos políticos, el empresariado global suele leer algo más profundo: que hay un proceso en marcha que vale la pena seguir de cerca. La afinidad ideológica es real —Thiel y Milei comparten una visión sobre desregulación, propiedad privada y límites del Estado—, pero lo que vuelve el dato estructuralmente relevante es que llegó en el momento exacto en que la Argentina construye el marco legal que hace que esa afinidad también sea una apuesta económica racional.
Las DAO que reconoce la nueva Ley de Sociedades son el tipo de estructura que Thiel financió e impulsó durante años. La propiedad privada con garantías legales sólidas es la condición de base que cualquier inversor de su perfil exige antes de comprometer capital. Y el Golden Passport es el tipo de incentivo que captura a empresarios que buscan no solo rendimiento financiero, sino también opcionalidad geográfica y jurídica en un mundo que se fragmenta políticamente.
No se trata de afirmar que la Argentina ya resolvió el problema de la atracción de inversiones. Los datos de la OCDE sobre 2025 son demasiado contundentes para el triunfalismo fácil, y la cautela que muestran muchos fondos internacionales frente a las elecciones de 2027 es un dato político que el Gobierno no puede ignorar. Pero sí se puede afirmar algo distinto: por primera vez en décadas, la Argentina construye simultáneamente los cuatro pilares que cualquier inversor sofisticado necesita ver antes de comprometer capital de largo plazo. Garantías de propiedad. Marco societario moderno. Estado predecible. E incentivos concretos para radicarse.
Eso no es poco. Durante mucho tiempo, fue exactamente lo que no había.
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POLITICA
Karina Milei replantea la estrategia electoral de 2027 pero ya se agita la interna con Santiago Caputo

No hay actividad que los “Caputo boys” y los Menem realicen sin recibir un dardo a distancia desde el campamento rival. Y esas disputas que enfrentan a Santiago Caputo y Karina Milei, para sorpresa de nadie, amenazan con reflejarse también en el diseño estratégico de La Libertad Avanza en las elecciones del año que viene.
Para empezar, ambas facciones libertarias dan por sentado que el armado en el interior va a quedar en sus respectivas manos y que el grupo rival tendrá un papel secundario.
En la -aún tranquila- tienda de campaña de la hermana de Javier Milei aseguran que Caputo aportará, pero no “decidirá”. Y ya esbozan algunos lineamientos centrales. Dicen que planean diseñar una estrategia “provincia por provincia”. Es decir, que se van a correr de la competencia en algunas donde arreglen con el gobernador; que van a armar una oposición a los líderes locales en otras, y van que a “ir a pelear donde tengan que pelear”. El diseño, en todo caso, dejará de ser arrasador y pasará a ser “quirúrgico”.
La prioridad del karinismo será la batalla por la reelección de Milei, dicen. Por lo que todos los acuerdos, disputas y corrimientos se diseñarán en base a la pelea nacional. Y cada paso, aseguraron, será 100 por 100 racional.
Un visitante asiduo del despacho de Santiago Caputo se indignó: “Nos copian hasta los memes, ¿no nos van a copiar la estrategia? Siempre se cobran nuestras ideas“. Es que el año pasado, Caputo abogaba por que se aplicara exactamente esa lógica al despliegue libertario, pero Karina Milei estaba decidida a ganar terreno prácticamente en todos los distritos, decidida a “pintar de violeta todo el país”, como se decía en los despachos afines. Inclusive, en los bastiones de los aliados ex JxC y peronistas amigables, lo cual terminó provocando la serie de interminables cimbronazos del segundo semestre para el oficialismo en minoría en el Congreso.
Más allá de las nuevas coincidencias, se vislumbran serias discusiones internas. “El quilombo no va a ser estratégico, sino sobre quién hace en cada provincia, y qué hace”, dijeron desde un despacho violeta equidistante.
Los Menem aseguran que Santiago Caputo condiciona la interna y pega en las provincias. Los hombres de Caputo dicen que los Menem están decididos a contradecir las recomendaciones del consultor aunque sepan que son correctas. Y ejemplifican con el derrotero de debacle y subidón de 2025, cuando perdieron las elecciones en varias provincias que habían desdoblado y el riesgo pais de disparó del orden de los 500 puntos a los 1000. “Santiago tuvo que ir a ganar un swap con Estados Unidos, sino la historia era otra y lo de octubre (por el triunfo en PBA) no existía”, cuentan la historia de las últimas elecciones de Milei en la tropa digital.

Por lo pronto, en Salta, donde tiene mayor influencia Emilia Orozco (una referente de Alfredo Olmedo 100 por 100), los Menem la castigan porque, dicen, “se corta sola” y relega diputados. En Jujuy hay tensiones entre el diputado Manuel Quintar (menemista puro que se ganó una mayor cercanía con Milei, insólitamente, gracias al escándalo que generó su Tesla) y Ezequiel Atauche, uno de los pocos senadores identificados directamente las Fuerzas del Cielo, que se disputan el liderazgo del partido. En Santa Cruz, Patricia Bullrich y Santiago Caputo quieren a Natalia Gadano, pero los Menem tienen a Jairo Guzmán. Y en CABA, los karinistas quieren que Patricia Bullrich juege fuerte, pero el sector caputista no descartan negociar con Jorge Macri.
En otros lugares parece imponerse la paz. En Neuquén hay coincidencias en la necesidad de estar bien con el gobernador, Rolando Figueroa, y respaldar a Nadia Márquez. Mientras que en Mendoza todos parecen respaldar la idea de respetar al radical Alfredo Cornejo, aunque los Menem coquetean con la línea de levantar a Luis Petri.
Mientras que en La Pampa, Adrián Ravier, recién nombrado vocero presidencial por Milei, es un hombre de consenso. “Ahí no hay problemas, es de Faro y Lule lo quiere”, deslizó un dirigente violeta que intenta mantenerse neutral.
En realidad, el viernes, los alicaídos caputistas sintieron que se habían anotado un poroto con la designación de Ravier, miembro de la Fundación Faro que conduce Caputo. Pero terminaron masticando bronca cuando desde el sector karinista dejaron entrever que lo habían seleccionado más bien para posicionarlo como candidato a gobernador de La Pampa en 2027. “Javier lo eligió porque es un pibe sano, fresco (en el contexto del caso Adorni). Pero operaron que llega a ser vocero para ganar la gobernación, o sea, un cargo en el Estado. Todo para pretender que es de ellos. No entienden el daño que hacen con esa narrativa”, se quejó un cielista.
Por lo pronto, en las Fuerzas del Cielo descuentan sin ninguna duda que, como el año pasado y en el 23, quien se encargará de las encuestas y la investigación será MOVE, la consultora de Caputo. “Lule lo llama a Tomás Vidal (socio de Caputo) una vez por día diciéndole, ¿podemos hacer una encuesta? Hay una relación aceitada ahí, de siempre», dicen. Tanto la campaña como la distribución de pauta estarán en manos de Caputo, agregan.
Un armador del interior incluso aventuró que el motivo por el cual Karina Milei no aprieta más el acelerador contra Santiago Caputo es la necesidad de su expertise técnica. “¿A quién les va a convenir poner a hacer campaña, al gordo Oría o al Gordo Dan?“, comparó un funcionario.
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POLITICA
El humor digital argentino dejó de caer, pero sigue atrapado en la negatividad

El humor digital de los argentinos llega a junio como un cuerpo cansado después de demasiada tensión: ya no cae con la fuerza de los meses más duros, pero tampoco encuentra una salida emocional clara.
La conversación pública se estaciona en una zona de alta y persistente negatividad, como si el país hubiese encontrado una meseta incómoda para descansar después de un largo trajín.
El clima en redes no empeora de manera abrupta, aunque tampoco mejora con consistencia.
Esa es, justamente, la novedad más incómoda del mes: la negatividad deja de funcionar en la conversación pública de los argentinos como un pico excepcional y empieza a parecerse a un clima de base.
Para la gestión política, este dato resulta especialmente perjudicial. Un sentimiento negativo que no se dispara puede leerse, en apariencia, como una señal de contención.
Sin embargo, un clima adverso que tampoco baja funciona como una advertencia.
La conversación argentina sigue atrapada bajo una lógica de malestar permanente, con poco margen para que los discursos políticos perforen una capa espesa de desconfianza social.
El Mundial ordena la agenda, pero no repara
El Mundial de Fútbol que se disputa en América del Norte introdujo una cuota de entusiasmo, identidad nacional y celebración deportiva que ya empieza a advertirse.
La pelota enarbola banderas, despierta emociones, determina pertenencias nacionales y dispara todo tipo de comentarios y memes en el mundo digital.
Sin embargo, esa energía positiva no logra arrastrar al conjunto de la conversación hacia una mejora sostenida.
La nube de nombres más presentes en junio en el diálogo argentino en redes muestra una convivencia reveladora.
Milei aparece como el nombre dominante, pero comparte centralidad con Mundial, Estados Unidos, Indio Solari, Selección Argentina, Manuel Adorni, Gran Hermano y World Cup, entre otros términos.
Ese cruce explica buena parte del mes: la conversación digital argentina combina política, fútbol, cultura popular, entretenimiento y coyuntura internacional en una misma superficie emocional.
Como ya se señaló, el Mundial introduce una agenda de alta intensidad positiva, identitaria y comunitaria. Pero ese entusiasmo no alcanza para cambiar la tendencia general.
El deporte funciona como válvula emocional del humor argentino, no como reparación del clima público.
Puede mejorar el pulso afectivo de ciertos segmentos de la conversación, pero no recompone la relación de fondo con el país, el Gobierno, el Estado o la política. La pelota distrae la atención pública, pero no absuelve los problemas de base del país.
Lo positivo se concentra, lo negativo se distribuye
El análisis detallado de Monitor Digital sobre los sentimientos expresados por los argentinos en redes muestra uno de los ejes centrales del informe.
Entre las emociones favorables, en junio el amor concentra el 24,7%, muy por encima de alegría, con 5,2%; agradecimiento, con 3,1%; esperanza, con 2,8%; y cariño, con 2,5%.
El sentimiento positivo depende demasiado de una emoción dominante. El amor resulta potente, transversal y movilizador, pero no necesariamente institucional.
Puede asociarse al fútbol, a figuras populares, a vínculos afectivos, a memorias culturales o a comunidades emocionales.

Sin embargo, el amor no equivale, por sí mismo, a confianza política, aprobación gubernamental u optimismo social.
Del lado negativo, el mapa aparece más fragmentado y profundo.
Culpa concentra el 10,5%; tristeza, el 8,5%; odio, el 6,8%; enojo, el 5,9%; preocupación, el 5,4%; venganza, el 5,3%; bronca, el 3,2%; indignación, el 3,0%; y desesperación, el 3,0%.
La diferencia resulta decisiva: la positividad tiene un gran núcleo afectivo, pero la negatividad tiene muchas raíces; no depende de una sola emoción, sino de un repertorio más amplio, más disperso y difícil de neutralizar.
Del enojo al desgaste
La variación mensual de sentimientos entre mayo y junio ofrece una señal ambigua. Algunas emociones negativas bajan: enojo, venganza, preocupación y desesperación.
A primera vista, esos movimientos podrían sugerir una mejora, pero el problema aparece en la otra columna. Suben tristeza, odio, indignación y culpa: la negatividad no desaparece, sino que cambia de composición. Ese desplazamiento resulta clave para entender el clima digital argentino.
Menos enojo puede implicar menor reacción inmediata, menos explosión, pero más tristeza y más culpa hablan de un malestar más sedimentado.
La conversación de las redes locales pasa de la explosión al desgaste. El grito pierde protagonismo, pero la herida sigue abierta.
El futuro mejora, pero la política no contagia confianza
En el análisis segmentado, las categorías futuro y Argentina aparecen como las mejores noticias del tablero.
En cambio, democracia, Estado, crisis y política quedan hundidas en zonas de sentimiento muy negativo: aquí se define la escena emocional de junio en las redes argentinas.
La sociedad todavía imagina futuro; todavía se emociona con la Argentina. Incluso, los argentinos encuentran en el Mundial una zona de pertenencia y alivio, pero la política no logra subirse a esa energía: queda marginada, en penitencia social.
Leé también: Redes sociales: la economía todavía no se lleva puesta a la política
La política sigue lejos de la esperanza social y demasiado cerca del hartazgo.
El humor digital argentino dejó de caer, pero sigue atrapado en una negatividad muy alta.
El país no aparece paralizado por la desesperanza, pero sí condicionado por una desconfianza extendida.
La sociedad argentina en la conversación pública de las redes todavía mira hacia adelante, pero no termina de creer en quienes prometen conducir ese camino.
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POLITICA
La indefinición sobre Adorni agrava la parálisis de La Libertad Avanza y erosiona su agenda en el Congreso

La paralización es total. La falta de definición sobre el futuro de Manuel Adorni y su continuidad o no como Jefe de Gabinete dejó a los bloques parlamentarios de La Libertad Avanza en un estado de parálisis total y sin una brújula que les permita entender el camino a seguir.
En el Senado de la Nación el oficialismo llegó a un acuerdo con la oposición y logró postergar una semana la sesión. A cambio, no va a discutir el tratamiento y habilitaría los dos tercios para tratar sobre tablas el llamado a interpelación al funcionario nacional investigado por enriquecimiento ilícito.
La intención del bloque que conduce Patricia Bullrich —no sin cierta tensión con algunos de los propios, como Nadia Márquez— es avanzar con un temario propio que incluye pliegos de Cancillería y del Poder Judicial. Además, buscará darle media sanción al proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, la ley Hojarasca y varios convenios internacionales.
“Si no avanzamos hacia algún lado con Adorni no podemos avanzar con ningún otro tema. Está todo frenado”, reconoció un senador libertario. “Estamos esperando directrices de la Casa Rosada”, agregó.

Este punto es fundamental para entender el estado de situación de los legisladores libertarios. A los bloques en varias oportunidades les explicaron que su rol es el de acompañar los proyectos del Ejecutivo -tanto en Diputados como en el Senado- y seguir a rajatabla la estrategia que surja del interior de Balcarce 50.
“Vamos a ver en estos días, estamos viendo si vamos solo con holdouts o sumamos otros temas”, dijo una alta fuente libertaria de Diputados.
La espera tiene que ver con que la mesa política no se reúne hasta la semana siguiente y en el Congreso aguardan definiciones de ese encuentro. Con Martín Menem ya de regreso de su viaje por Israel desde este jueves, están todos los miembros de ese gabinete político que conforman junto a Lule Menem, Manuel Adorni, Patricia Bullrich, Ignacio Devitt y Karina Milei.
“Si abrís el recinto, te meten piñas por todos lados. En el Senado ya saben que Adorni va a una interpelación porque así lo acordaron. Acá —en Diputados— tenemos una luz porque hay un debate respecto a la forma en que se tiene que hacer el trámite parlamentario”, explicó un diputado libertario.
“Pero de todas formas sabemos que el final es el mismo. Además, a esto se le suma que hay sectores del karinismo que no lo defienden. No es lo mismo el posicionamiento de Lemoine que el de Pilar Ramírez o el propio Menem, por ejemplo. Lilia lo defiende, Pilar lo destroza y Menem hace silencio”, agregó ese legislador, que suele participar de los encuentros libertarios.

El debate al que hace referencia tiene que ver con cómo será el trámite parlamentario por el pedido de interpelación al jefe de Gabinete. Mientras el mundo libertario entiende que debe ir a las comisiones, lograr dictamen y volver al recinto para aprobar el pedido, en la oposición señalan que el mismo día que se abra el recinto se vote la interpelación.
“La próxima semana debemos abrir el recinto, reunir a 129 diputados y votar su interpelación con moción de censura y obligar a que Adorni venga al recinto a dar explicaciones sobre su patrimonio, que hasta hoy no ha podido justificar frente a millones de argentinos. No hace falta ni comisiones ni dictámenes, hay que reunir el quorum y votar la interpelación. Luego de ella, se votará si conserva la confianza política necesaria para seguir ocupando el cargo”, dijo Maximiliano Ferraro de la Coalición Cívica.
“Todo lo que no se logre antes de mitad de año se comenzará a complicar. Las provincias van a adelantar sus elecciones y sus legisladores van a empezar a jugar otro juego. Todo será más difícil”.
En ese contexto, el escenario parlamentario que los estrategas de La Libertad Avanza se habían imaginado meses atrás empieza a diluirse. En esos despachos la preocupación crece porque entienden que, tras el receso, las dificultades para avanzar con un temario legislativo se multiplicarán.
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