POLITICA
Los gobernadores respaldaron el plan económico de Milei, pero reclamaron un nuevo pacto fiscal con baja de impuestos

En el marco del encuentro de AmCham, un grupo de gobernadores cercanos a la Casa Rosada respaldó el plan económico de la Nación, pero reclamó un nuevo pacto fiscal y una mayor baja de impuestos para mejorar la competitividad. En la misma linea, los mandatarios provinciales reiteraron el pedido para rediscutir la distribución de fondos coparticipables.
Así lo expresaron Rogelio Frigerio (Entre Ríos); Alfredo Cornejo (Mendoza) y Alberto Weretilneck (Río Negro) durante uno de los paneles de debate del evento que se desarrolla en el Centro de Exposiciones de Buenos Aires (CEC), al que asisten cientos de empresarios y dirigentes políticos de diferentes sectores.
El primero mandatario entrerriano fue quien puso sobre la mesa la necesidad de que todas las provincias se coordinen para reducir conjuntamente los gravámenes locales, como ocurrió durante la gestión de Cambiemos.
“Yo creo que es imperativo un nuevo acuerdo fiscal federal. Los tres que estamos acá participamos del último acuerdo, el del 2017. Creo que hay que reflotar esa idea. Es fundamental eliminar los impuestos distorsivos de la Argentina, no tengo dudas, y eso hay que hacerlo de manera coordinada”, comenzó diciendo el referente del PRO.

En la misma línea, el entrerriano exigió “que la Nación baje y elimine el impuesto al cheque y las retenciones a las exportaciones”, que los gobernadores “hagan lo mismo con ingresos brutos” e, incluso, “que también los municipios hagan lo propio con tasas que en algunos casos parecen impuestos”.
Esta mirada fue compartida por Cornejo, quien “ratificó el cien por ciento” de lo que expresó Frigerio y agregó que, si bien “ingresos brutos es un impuesto distorsivo, está muy vinculado a la coparticipación”, por lo que sostuvo que también se tiene que modificar ese sistema.
Quien no coincidió del todo fue Weretilneck, quien sostuvo que no ve “la posibilidad de un acuerdo fiscal en términos reales y concretos” y opinó que, en el contexto actual, “cada provincia tiene que seguir su propio camino y buscar la competitividad y la mayor cantidad de inversiones”.
“Creo, más que nada, en acuerdos regionales, como estamos haciendo nosotros con Neuquén o, si no, cada una de las provincias llevando adelante su propia política fiscal y su propia capacidad de captar inversiones de acuerdo a su realidad económica y productiva”, indicó.
Al respecto, Cornejo argumentó que “de nada vale una buena administración fiscal provincial para atraer inversiones si no hay estabilidad macro”, lo cual es responsabilidad de la Nación, que “está trabajando duro y bien para eso”.

“Yo creo que hay dos grupos en este momento: los que deseamos que al gobierno nacional le vaya bien, porque entendemos que esa es una condición sine qua non para que nos vaya bien a los gobernadores y a los intendentes, y quienes ponen palos en la rueda”, completó Frigerio.
Sobre el cierre, el mendocino también opinó que “no hay que cambiar el rumbo nacional de la macro” y celebró la sanción de algunas reformas que consideró como “avances”, como “la modernización laboral, la inocencia fiscal y otras leyes”.
“Pero se necesita una reforma fiscal más profunda, integral, simplificando impuestos, eliminando a los distorsivos y reformulando la distribución de la recaudación con una mejor ley de coparticipación que genere incentivos para el sector privado. Y, además, hay que poner un poco en la infraestructura. Sin infraestructura no hay crecimiento», concluyó.

Por su parte, Weretilneck subrayó que, “generando condiciones de estabilidad fiscal, legal y económica, el próximo paso es cómo los tres niveles, el sector público nacional, el sector público provincial y el sector privado, afrontan en los próximos años la infraestructura, que es esencial para que la competitividad”.
Además, aclaró que comparte “absolutamente la propuesta del gobierno federal” en cuanto a “la agenda legislativa relacionada a devolverle a las provincias potestades que en algún momento les fueron quitadas”, refiriéndose especialmente a la ley de Glaciares.
“Ese es el camino. La ley de bosques que se empieza a discutir es otro camino y creo que si el Congreso Nacional sigue avanzando en devolverle a las provincias sus potestades, el nivel de inversiones va a ser mucho mayor que con la agenda regulatoria que hemos tenido hasta ahora”, cerró el rionegrino.
North America
POLITICA
El Senado se prepara para el último tramo de sesiones ordinarias: cuáles son los desafíos para el oficialismo

El Senado pasó una semana de tranquilidad y sin actividad que sumaría movimientos mínimos en los próximos días, debido a viajes varios de legisladores y sumatoria de millas. No obstante, la jefa libertaria en la Cámara alta, Patricia Bullrich, se prepara para el último tramo de sesiones ordinarias, con iniciativas aún trabadas y otras que se esperan desde Diputados, como el Presupuesto 2027. Todo esto, en medio de una pre campaña electoral que regala curiosos capítulos, una oposición enojada tras lo ocurrido con la Corte Suprema y la ley de tierras -mega DNU 70/23-, y un Ejecutivo que no frena en su accionar pese al inevitable desgaste de la gestión vía motosierra, que acomodó un trozo importante de una macro que no devuelve gentilezas.
La semana estuvo atravesada por la muerte del riojano Juan Carlos Pagotto, un soldado de Martín y “Lule” Menem y, por ende, hombre de la secretaria general de Presidencia, Karina Milei. El ex legislador presidía nada menos que la estratégica comisión de Acuerdos, que analiza los pliegos judiciales -Corte Suprema incluida-, más ascensos diplomáticos y militares. Si bien no estaría confirmado hasta que la bancada realice una cumbre, las fichas apuntan hacia otra leal de la hermana del jefe de Estado, la neuquina Nadia Márquez.
Para concretar el enroque y, debido a que la senadora ya integra la comisión, el lugar de Pagotto sería ocupado por el rionegrino Enzo Fullone, quien se encuentra bien referenciado dentro del bloque y por la propia Casa Rosada. Luego habrá que proponer a Márquez como líder de Acuerdos, cuyo vice es el radical Maximiliano Abad (Buenos Aires).
Como Márquez es, en la actualidad, quien maneja la comisión -también importante- de Legislación General, dicho lugar sería cedido al oficialista Juan Cruz Godoy (Chaco). Acuerdos es, por ahora, la única con trabajo confirmado para el martes próximo, cuando se realice una nueva audiencia para analizar propuestas judiciales.

De nuevo en la agenda de la Cámara alta, una de las iniciativas que quedó en stand by es la ley de Sociedades que fomenta el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. En agosto fue la propia Bullrich quien anunció, durante un plenario de comisiones, modificaciones para que quedara explícita la responsabilidad final de personas físicas en las sociedades automatizadas.
Cuando disertó en el Senado, Sturzenegger se refirió a ello y a la figura de la Sociedad Descentralizada Autónoma Operativa (DAO), con regulación específica para la utilización de contratos inteligentes y blockchain. En ese sentido, señaló que “tanto en el caso de las DAO, donde incluso se pone que solamente están permitidas las DAO donde los beneficiarios oficiales están dispuestos a manifestarse, o en las automatizadas, que están sujetas a todos los regímenes de responsabilidad de las sociedades anónimas”, no habría “ningún problema”.
En tanto, el titular de la Inspección General de Justicia (IGJ), Alejandro Ramírez, aseguró: “Se incorporan personas humanas como representantes de estas DAO, en el artículo 260. Hoy las DAO existen, están operando sin ningún tipo de regulación concreta. Podemos mirar para otro lado y no regularlas, pero, justamente, lo que estamos haciendo es regularlas”. La porteña fue clara y habrá modificaciones que propuso ella y otras que acercaron aliados. Todo esto, si se llegara a convencer a su bancada: según confiaron desde dos despachos mileístas a Infobae, hay legisladores para nada contentos con el proyecto en cuestión.
Por otra parte, desde comienzos del mes pasado que se dejó de hablar de los textos sobre Súper RIGI -inversiones a partir de USD 1.000 millones- y otro de radicales, para planes desde USD 12 millones. Un puñado de aliados exige ampliar el término “precio/calidad”, para no favorecer siempre la importación de insumos, algo que activó las alarmas en varios despachos a la hora de ver el desarrollo del sistema RIGI.

Para evitar el efecto contrario, piden que el valor “no supere en más de un 15% el precio comparable de la oferta de origen extranjero” en igualdad de condiciones. El Gobierno no descarta quedarse sólo con el RIGI vigente, aunque hará un intento para saldar el asunto. “Por ahora no aparece una diagonal que facilite su llegada al recinto”, reconoció un experimentado senador a este medio.
Con más esperanza ven algunos la viabilidad de darle luz verde a una nueva ley de salud mental. Y ya hay un dictamen para ir al recinto sobre huella de carbono, aunque -cuándo no- los misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut -sobre todo, la segunda-, empiojaron el articulado consensuado y el mismo está en revisión.
A todo esto debe añadirse la tensión en Diputados por lo ocurrido con la Corte Suprema y la ley de tierras del mega DNU 70/23, aunque también miran de rejo las eventuales discusiones en el recinto de la Cámara baja por morosidad y endeudamiento. La prioridad es que venga de allá el Presupuesto 2027 y que, en el Senado, tenga un guiño la suspensión de las PASO de la amplia reforma electoral. Volvieron a llover fotos y anuncios de asunto blindado para lo electoral. Sin embargo, en el Congreso nadie lo valida ni se llama a comisión.
En tanto, para la ley de gastos ya se vislumbran extraordinarias para sancionarla, aunque se hará el intento antes que finalice noviembre. La Cámara alta aguarda el trámite con cuentas ordenadas, ahorro generado y, más allá de números desactualizados desde el Ejecutivo, con una planta que empezó en 4885 agentes el 10 de diciembre de 2023 y hoy se encuentra en 3641, según averiguó Infobae.
POLITICA
Esteban Bullrich: “Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof, porque representan visiones diferentes de la Argentina”

“Me gustaría que se recordara de mi paso por este cuerpo la búsqueda constante del consenso a través del diálogo. El diálogo entendido como una conducta activa, de apertura y de generosa curiosidad en la que los participantes se abren a escuchar a la persona que tienen enfrente. Ese es, para mí, el valor más importante y a la vez más escaso de la política argentina: la posibilidad de entender que los adversarios nunca son enemigos y que representan a una porción de los argentinos cuyos valores, intereses y deseos son tan atendibles como los de uno y que se puede dialogar, negociar y acordar sin relegar lo que uno es y lo que uno defiende”.
Llegué a la casa de Esteban Bullrich, el miércoles pasado, repasando ese, su último discurso en el Senado de la Nación, aquel 9 de diciembre de 2021 cuando se despidió formalmente de la Cámara. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Todos quienes estábamos dentro del recinto del Senado nos emocionamos al borde del llanto. Algunos (muchos) lloramos. Es que Esteban aquella última tarde decidió “pintarle la cara” al país y ponerlo frente al duro espejo de su propia realidad. Esa que lo define de pies a cabeza. La del país agrietado, incapaz de acordar un conjunto de bases mínimas que produzcan bienestar general y desarrollo.
Recuerdo también que al salir de ahí me pregunté -entonces- qué sería de Esteban, de su vida pública a partir de ese momento. El tiempo me fue dando la respuesta. Ese hombre que supo ser ministro de Educación en la Nación y en la ciudad de Buenos Aires, que derrotó electoralmente a la propia Cristina Kirchner en 2017, decidió y logró transformar su dolor en legado. Desde entonces -en la medida de sus posibilidades- dedica su tiempo a promover el diálogo como cultura política.
Siempre me pregunto: ¿cuánto impactó en su transformación político-ideológica el hecho de atravesar una situación tan dura, irreversible? Él siempre fue una persona amable y amiga de hablar con quien piensa distinto. Pero de un tiempo a esta parte ha hecho del diálogo una bandera irrenunciable que le ha permitido interactuar hasta con sus más acérrimos adversarios.
Esteban Bullrich padece de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) una enfermedad neurológica progresiva que afecta a las neuronas motoras, las células nerviosas que controlan los movimientos voluntarios. Fue diagnosticado en abril de 2021, ocho meses antes de renunciar a su banca de senador nacional por la provincia de Buenos Aires. Pero según él mismo contó, los primeros síntomas aparecieron en septiembre de 2020, cuando durante una videollamada sintió que “se le patinó la lengua”. Luego comenzaron a repetirse las dificultades para hablar.
Hoy vive acompañado de su familia en una bonita y sencilla casa en un barrio cerrado en el norte del conurbano. Hasta allí llegué tal como acordamos en un intercambio de Whatsapp unos días antes en el que yo graciosamente le recriminaba que “hace rato” me debía una entrevista. O mejor dicho, una conversación. Me recibió junto al equipo técnico de Infobae en un bonito y luminoso estudio adosado a su habitación, con vista a un parque verde. Lo acompaña María Eugenia, su esposa, su compañera, su equipo. Con ella, sus lugartenientes: Charles y Frances, dos médicos venezolanos que desbordan de lealtad y empatía en la tarea de cuidar a su “jefe”.
Esteban acaba de presentar su libro Liderazgo Emocional, un ensayo en el que plasma su manera de ver a este mundo cada día más complejo, parado firme en su convicción de que la nueva dirigencia tiene la responsabilidad de mostrar otro tipo de cualidades, distintas de las que habitualmente vemos en quienes conducen organizaciones tanto en el sector público como en el privado. Humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. Sumado a eso, dos habilidades necesarias: capacidad de callar y capacidad de escuchar.
La pregunta subyacente es: ¿hay algún dirigente argentino que hoy tenga esas virtudes y capacidades? Y más: ¿está el electorado argentino dispuesto a dejar de lado el apego al conflicto para ponderar el diálogo, el consenso y la empatía?
Su mirada sobre la Argentina hoy, el cambio de modelo económico, la experiencia del PRO en el gobierno nacional, la gestión de Milei, el rol de Cristina, la posibilidad de Kicillof, las chances de los outsiders, la polarización, el país que podemos ser. De todo esto, hablamos con Esteban Bullrich. Una conversación serena y profunda que a continuación compartimos con todos Ustedes.
–Esteban, gracias por recibirme en tu casa. Es un placer conversar con vos y felicitaciones por tu nuevo libro, Liderazgo espiritual.
-Gracias a vos por escucharme.
–Bueno, lo primero que quiero preguntarte es: ¿cómo ves a la Argentina hoy? ¿Qué te preocupa de lo que ves?
-Veo una Argentina que logró avances importantes, pero que sigue profundamente herida. La baja de la inflación es un logro que hay que reconocer, pero seguimos teniendo niveles muy altos de pobreza y una economía todavía frágil. Sin embargo, lo que más me preocupa no es económico, es nuestra dificultad para construir un nosotros. Seguimos creyendo que para tener razón necesitamos que el otro esté equivocado. Convertimos al adversario en enemigo y confundimos firmeza con agresividad. Así es muy difícil construir políticas que duren veinte años. ¿Cómo recuperamos confianza? Empezaría por algo concreto. Convocaría al Gobierno, oposición, gobernadores, empresarios, sindicatos y organizaciones sociales para acordar cinco políticas de Estado: educación, estabilidad fiscal, primera infancia, desarrollo productivo e institucionalidad que nadie pueda cambiar cada cuatro años. La confianza no se pide, se construye cumpliendo acuerdos. Tenemos enormes recursos naturales y humanos. Nuestro problema nunca fue la falta de talento. El desafío no es solamente volver a crecer, es volver a creer que podemos crecer juntos.
–¿Coincidís con los que dicen que la Argentina necesitaba hace ya mucho tiempo un cambio de modelo económico y social y que cuanto más tarde lo hiciéramos, más doloroso iba a ser el proceso de cambio?
-Sí, coincido en que la Argentina necesitaba un cambio profundo. No podíamos seguir indefinidamente con déficit, inflación, falta de inversión y un Estado que muchas veces gastaba más de lo que podía financiar. Y también es cierto que cuanto más se posterga una corrección, más difícil y dolorosa termina siendo. Pero para mí hay una segunda discusión igual de importante: cómo se hace ese cambio. Ordenar las cuentas públicas es necesario, pero no suficiente. La economía está al servicio de las personas, no las personas al servicio de una planilla de Excel. Un programa económico también debe preguntarse cómo protege a los más vulnerables y cómo genera condiciones para crecer, invertir, producir y crear trabajo. Creo en el equilibrio fiscal y en un Estado eficiente, pero también creo en la justicia y en la cercanía. El verdadero desafío no es elegir entre equilibrio fiscal y sensibilidad social, es demostrar que podemos tener las dos cosas, porque un cambio económico será sostenible solamente si también construye esperanza.
–Ahora, viendo el camino que tomó y que toma el Gobierno de Milei, ¿cómo evalúas al gobierno de Mauricio Macri? Es decir, lo que pasa hoy, ¿sirve para repensar lo que se hizo entre 2015 y 2019?
-Creo que nuestro principal error fue no construir acuerdos políticos profundos cuando tuvimos la oportunidad. En 2015 llegamos al Gobierno en minoría después de muchos años de kirchnerismo. Ese era el momento para convocar a gobernadores, oposición, sindicatos y empresarios y acordar un diagnóstico común: cuál era la situación real de la Argentina y qué reformas necesitábamos hacer. Conseguimos acuerdos puntuales, pero no construimos un acuerdo estructural. En 2017 apareció una segunda oportunidad. Ganamos ampliamente las elecciones legislativas y creo que interpretamos ese triunfo más como una ratificación de nuestro camino que como una oportunidad para ampliar nuestra convocatoria. Debimos usar ese capital político para construir acuerdos que trascendieran nuestro gobierno. Viendo lo que ocurrió después, ese aprendizaje para mí es fundamental. Las transformaciones profundas no pueden pertenecer a un presidente ni a un partido. Un triunfo electoral te da poder para gobernar. Un acuerdo amplio te da legitimidad para transformar.
–Y si pudieses volver el tiempo atrás, ¿qué harías de diferente?
-Si pudiera volver a diciembre de 2015 impulsaría desde el primer día un gran acuerdo nacional. Pondría sobre la mesa con absoluta transparencia la situación que recibíamos y convocaría a gobernadores, oposición, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales a acordar un camino. Y después de ganar las elecciones de 2017, redoblaría esa convocatoria. Ese triunfo nos dio capital político y creo que debimos utilizarlo menos para confirmar que teníamos razón y más para incorporar a quienes pensaban distinto. También escucharía más. El poder genera una burbuja peligrosa. Uno empieza a escuchar mucho a quienes están de acuerdo y poco a quienes advierten que algo no está funcionando. No cambiaría mis convicciones sobre la necesidad de transformar la Argentina. Cambiaría la manera de construir esas transformaciones. Hoy entiendo mejor que ningún gobierno puede cambiar un país solo. Si pudiera volver atrás, dedicaría menos energía a demostrar que teníamos razón y mucha más a construir una razón compartida.
–Es verdad. ¿Y cómo estás viendo al PRO hoy en día? ¿Cuál crees que debería ser el rol del PRO en el escenario político actual? ¿Qué crees que debería hacer el partido, el PRO, en 2027?
-Veo al PRO atravesando una crisis de identidad y creo que antes de discutir candidaturas o alianzas debería volver a preguntarse para qué nació. El PRO nació para transformar, no para conservar poder. Representó una manera distinta de gestionar con equipos, profesionalismo y vocación de cambio. Parte de esa agenda hoy la lleva adelante Milei y me parece bien acompañar aquello en lo que coincidimos. Pero acompañar no significa desaparecer ni renunciar a nuestras convicciones. El PRO tiene que recuperar una voz propia, reconocer los errores que cometimos cuando gobernamos y aportar experiencia a una Argentina que necesita transformaciones profundas, pero también diálogo, institucionalidad y sensibilidad social. Para 2027 no empezaría preguntando con quién hacemos una alianza. Empezaría preguntando qué Argentina queremos construir y qué podemos aportar nosotros. Después vendrán los nombres y los acuerdos electorales. Un partido que solamente piensa cómo sobrevivir termina desapareciendo. Un partido que vuelve a encontrar para qué existe puede volver a ser necesario.
–En tu libro vos proponés un nuevo modelo de construcción de liderazgo y lo definís como de carácter espiritual y destacás valores que voy a enumerar, que son humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. ¿Lo ves posible en este país, en la Argentina actual y en este mundo actual, que pareciera que vive más de la polarización, o es más una expresión de deseo?
-Es posible y justamente porque vivimos en un mundo polarizado, creo que es más necesario que nunca. El liderazgo espiritual no propone eliminar el conflicto. Eso sería ingenuo. En una democracia siempre habrá intereses, ideas y proyectos diferentes. Lo que propone es dejar de convertir cada diferencia en una guerra y cada adversario en un enemigo. En Argentina también demostramos que podemos hacerlo. Después de las elecciones de 2017 logramos sentar en una misma mesa al Gobierno Nacional y a gobernadores de distintos partidos y alcanzar un consenso fiscal. No resolvió todos nuestros problemas, pero demostró que personas que competían electoralmente podían acordar políticas concretas. Eso exige humildad para escuchar, coraje para defender convicciones y grandeza para reconocer que nadie puede construir un país solo. La polarización puede servir para ganar una elección. Después hay que gobernar para todos. El liderazgo espiritual no consiste en evitar el conflicto, sino en atravesarlo sin destruir al otro y, cuando sea posible, transformarlo en un acuerdo.
–Ahora, ¿qué hacemos cuando después la gente va al cuarto oscuro y elige con otros parámetros diferentes de esto que recién contabas? Quizás la gente elige más pensando en la confrontación, en el conflicto, en la violencia, en la capacidad de destruir a un otro. ¿Cómo convencemos a la opinión pública de que esa opción no ayuda al país a crecer y a desarrollarse?
-Primero tenemos que aceptar algo incómodo. Si la gente elige liderazgos confrontativos, no podemos culpar a la gente. Tenemos que preguntarnos por qué la política moderada dejó de ofrecer respuestas convincentes. Cuando una persona está frustrada, tiene miedo o siente que nadie la escucha, el que identifica un culpable y promete destruirlo puede resultar atractivo. La respuesta no puede ser decirle al ciudadano que vota mal. Tenemos que demostrar que se puede ser firme sin ser violento, tener convicciones sin odiar y transformar sin destruir. Belgrano, a quien menciono en el libro, entendía el liderazgo como servicio. No necesitaba construir un enemigo interno para justificar su misión. Por eso no creo que haya que convencer a la gente con discursos sobre moderación. Hay que demostrar con resultados que cooperar funciona. La confrontación puede movilizar bronca. Nuestro desafío es construir algo mucho más poderoso: esperanza. Porque un país no se construye derrotando argentinos, sino convocándolos.
–En la Argentina hoy, ¿hay personas o líderes con cualidades suficientes como para llevar a cabo ese modelo, para ponerlo en práctica? Digo, porque hasta ahora los que pensaron un poco así, y pienso en Horacio Rodríguez Larreta, tuvieron muy mala performance electoral cuando quisieron ser candidatos a nivel nacional. Yo tiendo a creer que los que proponen ese famoso camino del medio en la Argentina carecieron de cualidades atractivas para la opinión pública. No tuvimos en Argentina un Felipe González capaz de enamorar al público con un discurso seductor, con capacidad de mostrar eficazmente cuáles son los beneficios de vivir fuera de la grieta. ¿Coincidís con esto?
-No sé si hoy hay una persona que reúna todas esas cualidades y tampoco creo que debamos esperar que aparezca un líder perfecto. Yo no buscaría un salvador. Buscaría muchos liderazgos capaces de combinar firmeza con humildad, capacidad de gestión con sensibilidad, coraje con cercanía y convicciones con diálogo. El liderazgo espiritual tampoco exige perfección. Mandela, Churchill o de Gaulle tuvieron enormes virtudes y también contradicciones. Lo importante es hacia dónde orientaban su liderazgo, para qué utilizaban el poder y si eran capaces de trascender su propio interés. Mi propia experiencia me enseñó que la verdadera fortaleza muchas veces aparece cuando reconocemos que necesitamos de los demás. Y, en mi caso, también cuando comprendí que necesitaba de Dios. Argentina tiene dirigentes valiosos en distintos espacios. El desafío es que puedan encontrarse alrededor de algo superior a ellos mismos. No necesitamos un mesías político. Necesitamos líderes que entiendan que el poder no es para servirse, sino para servir.
–¿Qué análisis hacés de Milei como líder? En 2023, la mitad del país, un poquito más, lo eligió a él con el objetivo de que cumpla su promesa de campaña de terminar con la casta política y de derrotar la inflación. ¿Rescatás algo positivo en Milei y cómo tomás el hecho de que dirigentes históricos del PRO hoy son parte de su equipo de gobierno?
-Creo que Milei interpretó algo que una parte muy importante de la sociedad estaba reclamando: terminar con la inflación, ordenar las cuentas públicas y romper con muchas prácticas de la vieja política. Y hay resultados que hay que reconocer. La baja de la inflación y el equilibrio fiscal son logros importantes. También entiendo que dirigentes del PRO acompañen muchas de esas reformas porque forman parte de ideas que nosotros defendimos durante años. Mi diferencia está en el liderazgo. No creo que para transformar haya que humillar al que piensa distinto ni convertir permanentemente al adversario en enemigo. Milei tiene coraje y convicciones muy fuertes. Me gustaría que esas cualidades estuvieran acompañadas por más humildad, cercanía, diálogo y capacidad de construir acuerdos. Porque ordenar la economía es indispensable, pero no alcanza para construir una nación. Un presidente puede transformar muchas cosas desde el poder, pero para transformar de verdad un país necesita conseguir que millones de personas quieran caminar juntas.
–¿Y cómo ves a la oposición? Hoy pareciera que no hay un candidato capaz de competir contra Milei en 2027. Hoy hablás con casi todos los gobernadores y te dicen por lo bajo: “Bueno, mejor que Milei reelija en 2027, que termine de hacer el trabajo sucio de ordenar la macroeconomía y después en 2031 nosotros vemos qué onda”. ¿Qué pensás de eso?
-Veo una oposición todavía muy fragmentada y demasiado concentrada en quién puede ser candidato en 2027. Creo que esa discusión empieza por el final. La oposición primero tiene que construir una alternativa de país, y ser oposición no significa oponerse a todo. Si el Gobierno logra ordenar la macroeconomía, bajar la inflación o hacer reformas necesarias, hay que reconocerlo y acompañar lo que uno considera correcto. Al mismo tiempo, hay que marcar las diferencias con claridad. No comparto la idea de esperar que Milei haga el trabajo sucio para recién pensar en 2031. La política no puede consistir en esperar que otro pague los costos para después administrar lo que queda. Argentina necesita dirigentes capaces de acordar políticas que sobrevivan a los gobiernos. Gobierno y oposición tienen responsabilidades diferentes, pero comparten una responsabilidad superior: el país. Una buena oposición no espera el fracaso del Gobierno para tener una oportunidad. Trabaja para que a la Argentina le vaya bien, incluso cuando eso beneficia políticamente a quien gobierna.
–Sabés que hay algo que siempre pienso… ¿Cuánto de todo este pensamiento tan profundo, tan plural, tan respetuoso que vos venís haciendo y que querés promover tiene que ver con tu experiencia personal? Me refiero al hecho de atravesar una enfermedad tan compleja. Pienso: ¿los argentinos necesitamos pasar por situaciones difíciles, a veces irreversibles, para entender que el otro no es un enemigo? Yo siempre recuerdo tus palabras el día que dejaste el Senado, cómo hablaste de María Luz Alonso, la mano derecha de Cristina Kirchner, el amor con el que hablaste de ella, lo mucho que ella te quiere también. ¿Qué tenés para decir al respecto?
-Mucho. La enfermedad no cambió todas mis convicciones, pero cambió profundamente mi manera de vivirlas. Antes podía hablar de humildad, de escuchar, de necesitar al otro. La ELA me obligó a experimentarlo. Hoy dependo de otras personas para absolutamente todo. Y cuando uno necesita tanto de los demás, descubre que la vulnerabilidad no te hace menos humano, te hace más consciente de lo humano. Por eso me emocionó agradecerle a Luchi Alonso. Políticamente, estuvimos en lugares enfrentados durante años, pero cuando uno corre las etiquetas aparece una persona, una historia, una dignidad que ninguna diferencia política debería borrar. No creo que los argentinos necesitemos atravesar una enfermedad para descubrirlo. Sería terrible, pero sí necesitamos aprender a mirarnos antes de que el dolor nos obligue. La ELA me quitó muchas cosas, pero también derribó muchas paredes. No necesitamos pensar igual para reconocernos. Necesitamos recordar que antes que adversarios somos personas.
–¿Crees que Milei debería tener una charla con Cristina o invitar a Kicillof a tomar un café? ¿Considerás que ese tipo de actitudes podría ayudar como ejemplo para la sociedad, para bajar un poquito el nivel de crispación, de conflicto, de pelea? ¿Lo ves capaz de hacerlo?
-Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof. No porque tengan que ponerse de acuerdo ni porque deban renunciar a una sola de sus convicciones, precisamente porque representan visiones profundamente diferentes de la Argentina. El diálogo no es una concesión al adversario, es una responsabilidad de quien gobierna y también de quien aspira a representar a una parte importante de la sociedad. Durante demasiados años confundimos dialogar con ceder. Yo también cometí ese error alguna vez. Hoy creo exactamente lo contrario. Hace falta mucha más fortaleza para sentarse frente a alguien con quien uno tiene enormes diferencias y escucharlo que para insultarlo desde una tribuna. ¿Eso solucionaría la polarización? Por supuesto que no, pero sería una señal poderosa. No sé si ocurrirá. Sí sé que Argentina necesita recuperar esos gestos. La democracia no nos pide que dejemos de tener adversarios, nos pide que nunca dejemos de reconocerlos como compatriotas.
–En tu libro destacás como capacidades de un buen líder dos cosas que me parecen espectaculares, que son la capacidad de callar y la capacidad de escuchar. Me pregunto si en este mundo tan ruidoso, tan de las redes sociales, tan de la pelea y el escándalo, hay espacio para un líder así. Yo claramente creo que sí pero a veces siento que puede llegar a ser una utopía eso. Pero te confieso que cuando veo los casos de Scaloni o de Messi, que son líderes, me vuelvo a esperanzar. Ahora, siento que en la política es un poco difícil porque hay otros intereses. ¿Vos qué pensás?
-Sí, creo que hay espacio. El problema es que muchas veces confundimos liderazgo con volumen. Parece que lidera más el que grita más fuerte, ocupa más pantallas o genera más polémica. Messi y Scaloni muestran otra cosa. Ninguno construyó su liderazgo desde el escándalo. Lo construyeron desde el ejemplo, el trabajo, la humildad, la confianza en el equipo y muchas veces desde el silencio. Y los argentinos los admiramos profundamente. ¿Por qué esas cualidades nos emocionan en el deporte y nos cuesta tanto valorarlas en la política? Las redes sociales premian la reacción inmediata, pero gobernar exige exactamente lo contrario: escuchar antes de responder, pensar antes de decidir y aceptar que uno no tiene todas las respuestas. Callar no es debilidad, escuchar tampoco. Pueden ser formas de fortaleza. Quizás el próximo gran liderazgo argentino no sea el que consiga gritar más fuerte, sino el que lo oiga y que volvamos a escucharnos.
–¿Creés que hay espacio para que aparezca un outsider con posibilidades?
-Sí, hay espacio y en alguna medida yo fui un outsider. Antes de entrar en política trabajé muchos años en el sector privado y mi vocación pública nació también de experiencias sociales que me hicieron preguntarme qué podía hacer para cambiar la realidad. Llegué a la política sin haber hecho una carrera partidaria tradicional. Eso me dio una mirada diferente, pero rápidamente aprendí algo: se puede llegar desde afuera, pero no se puede gobernar desde afuera. Gobernar exige hacer política, escuchar, negociar, construir equipos, aceptar límites, generar acuerdos y trabajar con personas que piensan distinto. Por eso no creo que ser outsider sea una virtud en sí misma, como tampoco creo que tener experiencia política sea un defecto. Lo importante es para qué alguien quiere llegar al poder y qué hace cuando llega. Mi propia experiencia me enseñó que la política puede necesitar aire de afuera, pero también necesita aprender su oficio. Se puede entrar a la política para cambiarla. Lo que no se puede hacer es gobernar creyendo que la política no es necesaria.
–Dibujame en palabras ese país que podemos ser, teniendo en cuenta nuestras virtudes, nuestros defectos. ¿Cuál es el país real que podemos ser, que podemos construir de acá a diez o veinte años?
-Sueño con una Argentina donde nacer pobre no determine tu destino, donde todos los chicos reciban una educación que les permita elegir su futuro y donde trabajar vuelva a ser un camino de progreso. Una Argentina estable, integrada al mundo, que aproveche su energía, el campo, la minería, la tecnología y, sobre todo, el enorme talento de su gente. Pero mi sueño no es solamente económico. Quiero un país donde podamos volver a confiar, donde un presidente no necesite destruir al anterior para gobernar y donde podamos sostener durante veinte años políticas de Estado en educación, primera infancia, justicia y desarrollo. No imagino una Argentina sin conflictos. Imagino una Argentina que aprende a resolverlos sin convertir al otro en enemigo. Después de todo lo que viví, sigo creyendo profundamente en nuestro país. La Argentina que sueño no es aquella en la que finalmente gana uno de los dos bandos, es aquella en la que finalmente ganamos todos.
–En ese sentido y en ese contexto, la visita del papa León a la Argentina, ¿qué significa para nuestro país y crees que puede ayudarnos a tratarnos un poquito mejor entre nosotros?
-La espero con una enorme esperanza y en mi caso no puedo separar la llegada del Papa de mi propia experiencia de Dios. Cuando llegó la ELA hubo un momento en que sentí que mi vida se derrumbaba. Perdí mi movimiento, mi independencia y mi voz. Pero justamente en esa fragilidad encontré a Dios de una manera que nunca había experimentado. Dejé de preguntarme solamente por qué me pasa esto y empecé a preguntarme para qué sigo acá. Por eso espero que la visita de León XIV sea una oportunidad para hablar de Dios, no de un Dios utilizado para dividir, juzgar o hacer política, sino del Dios que sale a buscarnos cuando estamos rotos, que nos ama como somos y que nos invita a amar al otro. Argentina necesita acuerdos y estabilidad, pero también necesita sanar el alma. El Papa no viene a resolver nuestros problemas, eso nos corresponde a nosotros, pero puede recordarnos que no estamos solos. Yo soy testigo de eso. Cuando creí que había perdido casi todo, descubrí que Dios seguía ahí y ese encuentro cambió mi vida.
–Quiero agradecerte, flaco querido, por recibirme, a vos y a toda tu gente y a tu familia.
POLITICA
La CAF aprobó créditos por USD 305 millones para la Línea B de subte y la Ruta 40 en San Juan

CAF aprobó este 1 de octubre de 2026 dos préstamos por USD 305 millones para renovar la Línea B del Subte de la Ciudad de Buenos Aires y convertir dos tramos de la Ruta 40 en San Juan en una autopista de doble calzada. Los fondos buscan ampliar la capacidad del corredor subterráneo con mayor demanda de CABA y mejorar la conexión vial de una provincia impulsada por la minería, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la agroindustria.
La obra vial alcanzará cerca de 50 kilómetros y beneficiará de manera directa a alrededor de 1,5 millones de personas de San Juan y Mendoza, de acuerdo a la información oficial. Durante la construcción se prevé la generación de más de 4.000 empleos directos e indirectos, mientras que los tiempos de viaje caerían un 35% una vez terminados los trabajos.
El financiamiento para Buenos Aires será de USD 145 millones, con garantía de la Nación, y cubrirá la primera fase del Proyecto de Modernización de la Línea B. San Juan recibirá USD 160 millones para el Programa de Conectividad para la Integración Regional, la primera operación de la institución con esa provincia, de acuerdo con CAF, banco de desarrollo de América Latina y el Caribe.
Una nueva flota para el corredor más utilizado del Subte
La Línea B recorre 11,8 kilómetros, tiene 17 estaciones y transporta diariamente a más de 250.000 pasajeros. Tras casi un siglo de operación, convive con una flota heterogénea que incluye coches de más de 60 años, una alimentación eléctrica mediante tercer riel de 600 voltios y un sistema de señalamiento que restringe la frecuencia de las formaciones.
La inversión total prevista para esta fase asciende a USD 241,7 millones y será ejecutada por Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado. El proyecto contempla la compra de 29 formaciones nuevas, equivalentes a 174 coches, con aire acondicionado, frenado regenerativo, cámaras de seguridad y condiciones de accesibilidad universal.
La modernización también incluye el cambio de la tensión eléctrica de 600 a 1.500 voltios y la incorporación de tecnología CBTC, un sistema de control de trenes basado en comunicaciones. Se sumarán obras de renovación de vías y drenajes, junto con la adecuación del Taller Rancagua y la gestión integral de la iniciativa.
Los usuarios habituales de la Línea B y sus 800 trabajadores serán los beneficiarios directos. La mejora también alcanzará a los más de 800.000 pasajeros que utilizan cada día toda la red de subterráneos porteña, mediante una distribución más equilibrada de la demanda y una mayor interconexión entre las líneas.

La capacidad por formación aumentaría 16% y el intervalo en hora pico bajaría de aproximadamente cuatro minutos a dos minutos y 30 segundos. La renovación de los equipos y de la infraestructura también apunta a reducir el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero.
La Ruta 40 como eje logístico de San Juan
La Ruta Nacional 40 es la principal vía de conectividad de San Juan, pero al sur de la capital provincial presenta sectores deteriorados, capacidad limitada e intersecciones con condiciones de seguridad insuficientes. Su trazado original data de 1935 y afronta una mayor circulación asociada al crecimiento de actividades productivas.
La minería sanjuanina alcanzó en 2025 un récord exportador de USD 1.757 millones. Ese dinamismo, junto con las inversiones promovidas por el RIGI y el movimiento de la agroindustria, elevó la presión sobre una carretera que conecta áreas productivas con mercados regionales e internacionales.

El programa financiará una autopista con dos carriles por sentido, separación física central y control total de accesos. El trazado contará con intercambiadores a distinto nivel, colectoras destinadas al tránsito local e iluminación LED.
La ejecución estará a cargo del Ministerio de Economía, Finanzas y Hacienda de San Juan. Además de la infraestructura, la iniciativa reforzará las capacidades provinciales de planificación y gestión de proyectos viales.
El menor tiempo de circulación permitiría reducir costos de transporte en unos USD 12 millones anuales. La intervención busca fortalecer la integración de San Juan con Chile y los mercados del Pacífico, además de mejorar las condiciones de seguridad para los usuarios de la ruta.
El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, vinculó ambos préstamos con las necesidades cotidianas de los pasajeros y el crecimiento económico provincial: “La Línea B es parte de la vida cotidiana de cientos de miles de personas que todos los días van a trabajar, a estudiar o a encontrarse con los suyos”.
“Con este financiamiento acompañamos a la Ciudad de Buenos Aires en una transformación que se traducirá en viajes más rápidos, seguros y confortables”, añadió Díaz-Granados. Sobre San Juan, afirmó: “Modernizar la Ruta 40 significa rutas más seguras para las familias, costos logísticos más bajos para quienes producen y más integración con Chile y los mercados del Pacífico”.
Un paquete regional de USD 3.500 millones
Los créditos para Argentina integran un paquete de USD 3.500 millones aprobado por CAF para 15 operaciones en 10 países de América Latina y el Caribe. Los recursos estarán dirigidos a infraestructura, movilidad sostenible, transición energética, acción climática, educación, recuperación ante desastres y desarrollo productivo.
Entre las operaciones figuran USD 224 millones para reactivar obras viales estratégicas en Bolivia; hasta USD 500 millones para modernizar la red eléctrica de Minas Gerais, en Brasil; y la ampliación hasta USD 400 millones de una línea de crédito a BancoEstado, en Chile.

Colombia contará con USD 350 millones para acción climática, biodiversidad y economía azul; hasta USD 150 millones para la reconstrucción posterior al terremoto del 10 de agosto; hasta USD 200 millones para el corredor férreo La Dorada-Chiriguaná; hasta USD 250 millones para proyectos del Plan de Desarrollo de Medellín; y hasta USD 300 millones para el Plan de Inversiones del Metro de Medellín.
El paquete también contempla USD 150 millones para educación, deporte y cultura en Ecuador; hasta USD 177 millones para fortalecer el sistema eléctrico de Honduras; y hasta USD 120 millones para el plan de inversiones de ANCAP en Uruguay. A escala regional, se ampliará hasta USD 250 millones una línea de crédito a Bladex.
CAF además puso a disposición USD 1.000 millones para asistir a poblaciones afectadas por inundaciones, sequías e incendios forestales vinculados con El Niño. Las estimaciones científicas citadas por la institución indican que el fenómeno 2026-2027 podría ocasionar pérdidas equivalentes al 2% del producto interno bruto regional y aumentar la pobreza en 4,8 millones de personas.
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