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ECONOMIA

Luis Secco: “Hay una crisis de eficacia o potencia del programa económico que ya no ordena expectativas como antes”

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«Una cosa era ganar la elección que, en teoría, despejaba el riesgo político más inmediato, y otra muy distinta transformar ese triunfo en una estabilización creíble y sustentable»

Después de casi un año de datos negativos de actividad e inflación frente a las proyecciones que el Gobierno presentó en septiembre de 2025 ante el Congreso Nacional en la Estimación de Gastos y Recursos para 2026, el presidente Javier Milei y el ministro de Economía sostuvieron en foros internacionales y locales que “lo peor ya pasó”. Atribuyeron esa visión a la desaceleración de la inflación mensual y a una mejora del estimador del PBI, a partir de abril, en un contexto de mayor demanda de dinero y acumulación de reservas en el Banco Central de la República Argentina.

Sin embargo, economistas como Roberto Frenkel, Ricardo Arriazu y Alfonso Prat-Gay, Domingo Cavallo, y antes, Joaquín Cottani y Carlos Melconian, entre muchos otros, advirtieron sobre las limitaciones del plan económico, su sustentabilidad social y la falta de un horizonte de crecimiento. También plantearon la necesidad de señales para la inversión privada, mientras el Gobierno reiteró que prioriza el equilibrio fiscal, la baja de impuestos, las desregulaciones y la apertura económica.

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El director de la consultora Perspectiv@s Económicas Luis Secco, uno de los consultores más convocados por empresarios y cámaras sectoriales, analizó la coyuntura y las perspectivas para lo que resta del año.

— El Gobierno pasó la prueba de fuego de las elecciones legislativas, pero aún no pudo revertir el clima de incertidumbre y pérdida de confianza en su plan económico por parte de economistas y la sociedad. ¿Por qué?

— Porque una cosa era ganar la elección que, en teoría, despejaba el riesgo político más inmediato, y otra muy distinta transformar ese triunfo en una estabilización creíble y sustentable. El Gobierno pasó esa prueba, sí. Logró también aprobar el Presupuesto 2026 y aprobar algunas leyes importantes. Pero después la macro no terminó de convalidar la promesa de que, despejados esos tests, se iban a destrabar las expectativas, la inversión y una mejora más visible de la actividad.

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“Hoy la incertidumbre persiste porque el programa muestra logros reales, pero también dinámicas que indican la presencia de algunas inconsistencias que no se terminaron de corregir”

Hoy la incertidumbre persiste porque el programa muestra logros reales, pero también dinámicas que indican la presencia de algunas inconsistencias que no se terminaron de corregir: la inflación dejó de bajar al ritmo esperado, el tipo de cambio real volvió a apreciarse, la remonetización de la fase 4 (el aumento de la demanda de dinero) no se termina de materializar, la actividad viene floja y, si bien se compran dólares, la escasez de reservas sigue pesando. A eso se sumó un deterioro de la confianza política.

En marzo y abril cayeron tanto la confianza en el Gobierno como la del consumidor, y varias encuestas dan cuenta de un desgaste de la popularidad presidencial en medio de denuncias de corrupción y preocupación por salarios y empleo. Entonces, más que una crisis de rumbo, yo diría que hay una crisis de eficacia o potencia del programa económico, que ya no ordena expectativas como antes.

Gráfico de líneas que ilustra la evolución del tipo de cambio real multilateral, con un eje Y de valores (40 a 200) y un eje X de fechas (julio 2023 a marzo 2026). Se marcan cuatro fases con sus respectivos cambios porcentuales
«El tipo de cambio real volvió a apreciarse»

— ¿Al plan de estabilización le falta un ajuste para que la inflación vuelva a desacelerar al ritmo inferior al 2% mensual y la actividad se reactive en forma generalizada?

— Diría que sí, aunque no estoy pensando en un volantazo. Más bien de correcciones que vuelvan más consistente el programa. Hoy el esquema descansa demasiado en un ancla cambiaria demasiado exigida -producto de un régimen cambiario poco homologable y de controles de capitales que resultan difíciles de justificar-, en una política monetaria bastante ambigua y en la esperanza de que el tiempo haga que esas correcciones pendientes resulten innecesarias.

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Para reducir la inflación por debajo del 2% mensual de forma más limpia, me parece que el programa necesita menos dependencia de un tipo de cambio real tan apreciado, una acumulación de reservas más robusta y una política monetaria más inteligible, con una función de reacción del BCRA que sea conocida y mensurable.

“No estoy pensando en un volantazo. Más bien de correcciones que vuelvan más consistente el programa”

Y para que la actividad se reactive de manera más generalizada, no alcanza con crédito y con algunos sectores dinámicos; hace falta que el resto de la macro acompañe. Si no, se puede tener una desinflación parcial y una recuperación muy despareja, que es bastante parecido a lo que estamos viendo.

— El tipo de cambio baja nominalmente y el Banco Central de la República Argentina acumula reservas, pero se mantiene alta la compra mensual de dólares por parte de la población. ¿Cómo se explica esta dinámica?

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— No me parece una contradicción tan grande. Para mí, se explica por dos cosas

  1. Aún con inflación más baja, la gente sigue desconfiando de la moneda local en horizontes largos.
  2. El tipo de cambio oficial más bajo facilita esa compra y la vuelve más atractiva.

La memoria de incumplimientos de Argentina pesa mucho y, además, la gente ve que la macro todavía no terminó de cerrar del todo. En este sentido, vamos por la cuarta fase del programa que arrancó en diciembre de 2023. Inicialmente se trataba de un programa en dos fases y así se anunció. La primera era la del ajuste fiscal y corrección de precios relativos. Pero estamos en la cuarta y dicha corrección, tal como sostuvo el ministro Luis Caputo, no se completó.

Un gráfico de líneas muestra la brecha porcentual diaria entre el dólar oficial y el CCL de octubre de 2025 a abril de 2026, con el eje Y del 0% al 9%
«La memoria de incumplimientos de Argentina pesa mucho y, además, la gente ve que la macro todavía no terminó de cerrar del todo. En este sentido, vamos por la cuarta fase del programa que arrancó en diciembre de 2023. Inicialmente se trataba de un programa en dos fases y así se anunció»

Si a eso le sumamos la persistente apreciación real del peso, es bastante lógico que muchos argentinos acostumbrados a dormir tranquilos ahorrando en dólares sigan atesorándolos. De hecho, vale la pena observar también que, después de varios meses en el 3%/4%, la brecha entre el dólar oficial y el dólar contado con liquidación ha comenzado a moverse en las últimas semanas.

— Empresarios y analistas de bancos de inversión internacionales ponderan los logros económicos del gobierno de Milei, pero al mismo tiempo consideran que se trata de un experimento. ¿Cuál es su análisis de la coyuntura y de la variación de los indicadores en los primeros dos años de gestión?

— Me parece una definición bastante razonable. Los logros existen y no son menores: ajuste fiscal inédito que permite exhibir un superávit primario también inédito, baja importante de la inflación respecto del punto de partida, mejora en algunos indicadores sociales y una recuperación de cierto orden macro básico. El propio Fondo Monetario Internacional acaba de destacar esos avances al cerrar el acuerdo técnico por la segunda revisión.

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“La brecha entre el dólar oficial y el dólar contado con liquidación ha comenzado a moverse”

Ahora bien, que lo llamen “experimento” también tiene lógica. Porque la transición sigue incompleta. Las reservas siguen condicionadas por pagos de deuda, el índice de riesgo país sigue siendo elevado, el acceso pleno a los mercados todavía no volvió, el crecimiento no termina de hacerse homogéneo y el programa sigue dependiendo bastante de supuestos que todavía no se probaron del todo: que la demanda de dinero se recomponga, que el ancla cambiaria siga siendo sostenible y que el respaldo político aguante lo suficiente. O sea, hay resultados, pero todavía no hay prueba definitiva de durabilidad.

— ¿Es posible lograr una reactivación homogénea, con más ganadores que perdedores del modelo de desregulación, apertura y eliminación de subsidios?

— Posible es. Inmediato, no. Hoy lo que muestran los datos es una recuperación muy desigual. El agro, la energía, la minería y algunos servicios financieros tiran, mientras industria, comercio y construcción siguen más débiles. Eso, además, tiene una consecuencia social (y geográfica): que los sectores que mejor andan no siempre son los que más empleo urbano generan.

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Luis Secco
«Hoy lo que muestran los datos es una recuperación muy desigual»

Para que haya una reactivación más homogénea, hace falta que mejore el ingreso disponible de las familias y, fundamentalmente, que la macro deje de meter ruido. Si la inflación no baja más rápido, si el crédito empieza a estresarse y si el tipo de cambio real apreciado castiga a sectores transables, la recuperación va a seguir siendo parcial.

No me parece que el problema sean la apertura o la desregulación; el problema es la secuencia y la capacidad de administrar los costos de transición. En particular, volvemos a un tema del que ya hablamos: la corrección de precios relativos pendiente. Mientras no se complete la transición resultará más larga y, por ende, más costosa.

“No me parece que el problema sean la apertura o la desregulación; el problema es la secuencia y la capacidad de administrar los costos de transición”

Es muy difícil tomar decisiones de inversión y de producción cuando hay incertidumbre sobre cuál es tu precio ya sea en dólares o en relación a los salarios o al costo del resto de tus insumos. Y transitar esa incertidumbre no es fácil. Porque implica, en algunos casos, “ponerla del bolsillo” para que tu empresa siga funcionando y no todos pueden hacerlo durante mucho tiempo o indefinidamente.

— En marzo las empresas pudieron girar al exterior más de 800 millones de USD de dividendos por las ganancias de 2025. En los análisis de los economistas predomina el pedido de que se termine de quitar lo que queda del cepo cambiario. ¿El equipo económico actúa con una estrategia de espera ante la volatilidad global y local?

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— Sí, yo creo que claramente hay una estrategia de espera. Pero esa espera viene desde antes del conflicto en el Golfo Pérsico. Y el hecho que el Gobierno exhiba su “miedo a flotar” genera una expectativa de corrección cambiaria que contribuye a las expectativas de inflación y la inercia inflacionaria. Yo entiendo la lógica oficial. Lo que digo es que, si esa transición se alarga demasiado, la espera deja de ser prudencia y empieza a parecer indecisión o dudas sobre la fortaleza misma del programa.

Gráfico de línea mostrando la inversión como porcentaje del PBI en Argentina desde el primer trimestre de 2004 hasta el cuarto trimestre de 2025, con valores entre 10% y 22,5%
«Es muy difícil tomar decisiones de inversión y de producción cuando hay incertidumbre sobre cuál es tu precio ya sea en dólares o en relación a los salarios o al costo del resto de tus insumos»

Quiero volver un segundo sobre la guerra en el Golfo. El conflicto no cambia el diagnóstico de fondo, pero sí vuelve más exigente el escenario. Argentina puede capturar beneficios por mejores precios de exportación, pero también enfrenta costos más altos de energía importada (GNL para cubrir el pico invernal), fertilizantes más caros y un contexto financiero internacional menos benigno. Entonces, más que preguntarse si la guerra ayuda o perjudica en abstracto, lo importante es si el programa, tal como está hoy, tiene suficiente solidez cambiaria, monetaria y de reservas como para absorber el shock externo adicional.

Amén de que el alza del costo de la energía (que llegó para quedarse) le plantea al Gobierno un dilema: ¿reduce como estaba planeado el gasto en subsidios (o sea, traslada a los consumidores dichos mayores costos) o lo absorbe comprometiendo el resultado fiscal?

— El ministro de Economía sostiene que, por los fundamentos, el índice de riesgo país debiera estar más bajo de los 500 puntos básicos. ¿Lo frena la historia argentina de incumplimientos o existen otras razones que inciden en este nivel?

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— La historia pesa, por supuesto. Argentina tiene defaults, reestructuraciones y cambios bruscos de régimen. Eso no desaparece de un día para el otro. Pero no me parece que todo pueda explicarse por el pasado. También hay razones del presente. La principal, para mí, es que el mercado sigue viendo una debilidad externa importante: reservas todavía muy ajustadas, y necesidad de seguir haciendo ingeniería para atravesar vencimientos.

“El mercado sigue viendo una debilidad externa importante: reservas todavía muy ajustadas, y necesidad de seguir haciendo ingeniería para atravesar vencimientos”

A eso yo le agregaría que el mercado todavía no termina de decidir si el programa ya se consolidó o si sigue en etapa experimental. Mientras esa duda exista, es difícil que el riesgo país baje de manera mucho más contundente. O sea, la historia argentina influye, sí. Pero hoy también pesan la transición incompleta y las dudas sobre la durabilidad política y macroeconómica del esquema.

— ¿Los acuerdos de garantías que gestiona el equipo económico con organismos internacionales por 10.000 millones de USD constituyen una señal de fortaleza o de debilidad del plan económico para afrontar los próximos vencimientos de deuda?

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— Yo diría que son las dos cosas al mismo tiempo. Son una señal de fortaleza porque muestran apoyo internacional y capacidad del equipo económico para conseguir respaldo en un momento en que otros gobiernos habrían quedado mucho más expuestos. Eso demuestra que los organismos están dispuestos a acompañar. Pero, atención, que en lo que resta de 2026 quedan por vencer USD 6.842 Millones con Organismos internacionales.

Luis Secco
«Estos acuerdos de garantías reflejan una debilidad, porque si la Argentina ya hubiera recuperado plenamente el acceso al mercado, no necesitaría este nivel de soporte multilateral»

Ahora bien, estos acuerdos reflejan una debilidad, porque si la Argentina ya hubiera recuperado plenamente el acceso al mercado, no necesitaría este nivel de soporte multilateral para refinanciar vencimientos privados. Entonces, más que verlo como blanco o negro, yo lo leería como un puente. Es positivo tener ese puente. Lo ideal, obviamente, sería no depender tanto de él.

— ¿El Fondo Monetario Internacional se demoró en el desembolso de 1.000 millones de USD tras aprobar la revisión de las metas acordadas para el último trimestre de 2025?

— Acá sería prudente. Con la información pública que hay hoy, yo no hablaría de “demora” en sentido fuerte. Lo que hubo el 15 de abril fue un staff-level agreement por la segunda revisión; el propio Fondo aclaró que el desembolso de 1.000 millones de USD queda sujeto a la aprobación del Directorio, la cual se dará una vez que se completen algunas medidas pendientes -las cuales, al momento, desconocemos-. O sea, técnicamente el dinero no estaba liberado todavía. Pero, con lo que está oficialmente confirmado, me parece más correcto decir que el desembolso está pendiente de aprobación formal, no que el Fondo ya lo hubiera aprobado y lo hubiese retenido.

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— Los indicadores socioeconómicos del segundo semestre, como los índices de pobreza, indigencia y condiciones de vida de la población, son mejores que los heredados del gobierno anterior. Algunos economistas alertan por la sustentabilidad social del plan de gobierno. ¿Cuál es su análisis?

— Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Es evidente que algunos indicadores sociales mejoraron respecto del punto de partida, que era muy malo. Negar eso sería poco serio. Pero otra cosa distinta es la sustentabilidad social de esa mejora. Ahí yo sí veo un punto de atención.

“La sostenibilidad no depende sólo de la foto de pobreza o indigencia, sino de si mejoran de manera más amplia los salarios, el empleo, la capacidad de pago de los hogares y la percepción de futuro”

Porque la sostenibilidad no depende sólo de la foto de pobreza o indigencia, sino de si mejoran de manera más amplia los salarios, el empleo, la capacidad de pago de los hogares y la percepción de futuro. Y ahí los datos son bastante más mixtos: la confianza del consumidor viene cayendo, las expectativas a un año también se han deteriorado y la morosidad de los créditos a hogares subió fuerte.

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Entonces, mi lectura es que hubo mejora social respecto de la herencia, sí; pero todavía no está del todo claro cuán robusta es esa mejora si la economía no logra combinar más desinflación con más actividad, empleo y mejores salarios. Y acá me gustaría hacer una mención sobre la inversión. Argentina invierte muy por debajo de lo que necesita para mantener el stock de capital y aumentar su productividad y no es posible una mejora sustentable de los salarios si la inversión no despega.

Luis Secco
«No es posible una mejora sustentable de los salarios si la inversión no despega»

— ¿Qué expectativas tiene para el resto del año sobre actividad económica; inflación; tipo de cambio real; y acumulación de reservas por parte del Banco Central de la República Argentina?

— Mi escenario base sería el de una economía que sigue evitando una crisis, pero con resultados menos de lo que el Gobierno hubiera querido mostrar a esta altura:

  • Actividad, esperaría una recuperación moderada y muy heterogénea, con sectores ganadores claros y otros todavía flojos.
  • Inflación, creo que va a bajar respecto de los registros actuales, pero me cuesta ver una desaceleración lineal y rápida hacia niveles muy bajos mientras sigan abiertas varias tensiones del programa.
  • Tipo de cambio real, mi impresión es que la tendencia sigue siendo a una apreciación incómoda salvo que se cambie de régimen.
  • Reservas en dólares, creo que el BCRA va a seguir comprando. Pero una cosa es comprar dólares y otra muy distinta es resolver definitivamente la fragilidad externa. Mi impresión es que las reservas van a mejorar, aunque seguirán siendo uno de los puntos más sensibles del programa.

Lo que más me preocupa es que empiezo a percibir que el horizonte se ha corrido. Antes la bisagra eran las elecciones de medio término de 2025 y ahora, progresivamente, las generales de 2027.

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ECONOMIA

Caputo reconoció poco margen para más recortes: apuesta al crecimiento y al empleo formal para sostener el superávit fiscal

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Luis Caputo sostuvo recientemente que la gestión busca avanzar con la reducción de impuestos para mejorar la competitividad de la economía. No obstante, advirtió que el ajuste del gasto público parece haber alcanzado su límite (Foto: Maximiliano Luna)

El equilibrio de las finanzas públicas es la piedra basal del programa económico impulsado por el gobierno de Javier Milei. Desde el inicio de su gestión, la administración aplicó un recorte significativo del gasto público con el objetivo de alcanzar el superávit fiscal. Sin embargo, el propio equipo económico reconoce que el margen para continuar con el ajuste se achicó en los últimos meses. Por este motivo, el Ministerio de Economía enfoca ahora sus esfuerzos en dos variables clave para sostener el balance presupuestario: el crecimiento económico y la formalización del empleo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo recientemente que la gestión busca avanzar con la reducción de impuestos para mejorar la competitividad de la economía. No obstante, advirtió que el ajuste del gasto público parece haber alcanzado su límite. “Para eso tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del Producto Bruto Interno (PBI). Para dar una idea, es el nivel de gasto que había en los 90 y es 10 puntos menos de lo que fue el pico hace ocho años”, explicó Caputo en el programa Economía de quincho.

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Tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del PBI (Caputo)

Una proporción significativa del gasto del Estado nacional está indexada por ley, lo que impide su reducción discrecional. En estos casos, partidas como jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares se actualizan de manera automática en función de la inflación de dos meses antes, sin necesidad de una decisión puntual del Gobierno para cada ajuste.

En este contexto, el plan del Gobierno combina nuevos recortes en áreas donde aún es posible -como la reciente reducción de $2,5 billones en partidas de Economía, Salud, Capital Humano e Interior- con la apuesta a una mejora en la recaudación. Para lograrlo, deben darse dos condiciones fundamentales: aumento de la actividad económica e integración de trabajadores al empleo formal.

En relación con el primer objetivo, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) registró en marzo un incremento de 3,5% respecto del mes anterior y de 5,5% en la comparación interanual. Sin embargo, esa mejora no se tradujo en una mayor recaudación. De hecho, los números oficiales de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) acumulan nueve meses consecutivos de caídas en términos reales, descontando el efecto de la inflación.

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En abril, la captación de recursos se vio afectada por la desaceleración de las importaciones, resultado de una alta base de comparación tras el fuerte crecimiento registrado en los primeros meses del año pasado. Además, la reducción de las alícuotas de Derechos de Exportación para productos como soja, trigo y maíz incidió en los ingresos por ese concepto.

En el IVA impositivo, influyeron negativamente el mayor acogimiento de deuda corriente a planes de pago y el aumento de devoluciones vinculadas al régimen de comercialización de granos

En el IVA impositivo, influyeron negativamente el mayor acogimiento de deuda corriente a planes de pago y el aumento de devoluciones vinculadas al régimen de comercialización de granos y otros conceptos. En el IVA aduanero, el menor ritmo de importaciones tampoco se compensó con el incremento del tipo de cambio ni con la presencia de un día hábil adicional respecto del año anterior.

En cuanto al proceso de regularización laboral, que busca revertir un nivel de informalidad superior al 40% a nivel nacional, el Gobierno apuesta a la Ley de Modernización Laboral. Parte de la normativa aún está pendiente de reglamentación, en especial artículos centrales como la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y las rebajas en las cargas para nuevas contrataciones.

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 votación reforma laboral
La reforma laboral forma parte del plan del Gobierno para sostener el superávit fiscal (Foto: Comunicación Senado)

Una excepción es el Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL), reglamentado a comienzos de mes, que prevé una reducción de las contribuciones patronales para las empresas que incorporen trabajadores al empleo registrado en el sector privado. Sobre este punto, la idea oficial es recaudar más a mida que crezca la base de empleados formales.

Un informe de la consultora Equilibra destacó que en abril “los ingresos totales cayeron en términos reales 2,1% interanual (i.a.), producto de la contracción de los recursos tributarios (-4,1% real i.a.) y una expansión del 20% i.a. del resto de los ingresos”.

La firma alertó que el gasto primario real aumentó, impulsado por mayores subsidios económicos, erogaciones de capital y otros gastos corrientes, mientras que las transferencias a universidades y provincias mostraron fuertes retracciones. Además, la reducción de la deuda flotante, que había registrado un fuerte salto en marzo, durante el mes estuvo vinculada a la cancelación de obligaciones pendientes.

El director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), Nadin Argañaraz, evaluó que “sin los ingresos por privatizaciones, el superávit primario hubiese caído 26,7% real y el financiero hubiese bajado 62% real”.

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ARCA afip
La recaudación de ARCA cayó por noveno mes consecutivo en abril

Las privatizaciones tienen un impacto puntual en las cuentas públicas, ya que representan una extraordinaria de carácter no recurrente. Este tipo de operaciones aporta recursos solo en el momento en que se concretan, por lo que su efecto sobre la recaudación y el resultado fiscal se limita a ese período, dado que no genera un flujo permanente para las arcas estatales.

El reporte de Argañaraz remarcó que los ingresos tributarios presentaron un descenso real de 7,1% en el primer cuatrimestre, compensado en parte por un crecimiento del 33% en los ingresos no tributarios, influido por la concesión de la gestión de las cuatro represas del Comahue.

La clave de abril estuvo en las privatizaciones y ventas de activos estatales, que aportaron un ingreso extra superior a los $80.000 millones y compensaron el retroceso del 4,1% en la recaudación tributaria (Morales)

El analista financiero de Wise Capital, Ignacio Morales, “la clave del mes estuvo en las privatizaciones y ventas de activos estatales, que aportaron un ingreso extra superior a los $80.000 millones y compensaron el retroceso del 4,1% en la recaudación tributaria”. Morales agregó que, a pesar de estos ingresos extraordinarios, el superávit financiero acumulado tuvo una caída real del 64,6% frente a abril del año anterior.



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ECONOMIA

Broker revela su estrategia para invertir $1 millón en 9 CEDEARs con mucho potencial

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La estabilidad en el dólar genera, de cierta manera, que los CEDEARs vuelvan a ocupar un lugar central dentro de las carteras de inversión. Estos instrumentos permiten posicionarse en activos que siguen la evolución de empresas y ETFs de Estados Unidos, pero operando desde el mercado local y en pesos, lo que los convierte en una alternativa atractiva para quienes buscan exposición internacional sin salir del sistema financiero argentino.

Y es que bajo esa premisa, aparece la Cartera Dinámica de PPI, una estrategia diseñada para perfiles agresivos y con horizonte de largo plazo, que combina CEDEARs de ETFs con acciones puntuales de compañías internacionales. La propuesta se apoya en la idea de que, para capturar oportunidades en Wall Street desde el mercado local, el inversor argentino puede utilizar instrumentos que cotizan en pesos, pero que siguen la evolución de activos internacionales y, además, incorporan la dinámica del tipo de cambio contado con liquidación.

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En una cartera de $1 millón, el armado sugerido concentra el 90% en CEDEARs de ETFs y deja el 10% restante en CEDEARs de acciones individuales. Traducido a montos concretos, implica colocar $900.000 en fondos cotizantes y $100.000 en dos empresas tecnológicas de alto crecimiento, con Microsoft y Nvidia como protagonistas.

La estructura muestra una estrategia claramente orientada a activos internacionales, pero con una diversificación interna relevante. No todo queda concentrado en tecnología, aun cuando ese sector aparece como uno de los motores de retorno, ya que también hay presencia de bancos, servicios públicos, salud, oro, petróleo y el índice amplio de Estados Unidos, lo que permite repartir el riesgo entre distintos factores de mercado.

Cómo queda distribuida la estrategia del millón

El mayor peso de la cartera está en XLU, el ETF que sigue al sector de servicios públicos de Estados Unidos. La posición representa el 25% del total, por lo que en una estrategia de $1 millón equivale a $250.000. A primera vista puede llamar la atención que una cartera agresiva tenga como principal exposición a un sector que tradicionalmente se considera defensivo, pero el contexto cambió.

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Las utilities dejaron de ser miradas solamente como empresas estables, reguladas y de baja volatilidad: en los últimos años, una parte del mercado empezó a asociarlas con la expansión de la demanda eléctrica vinculada a la inteligencia artificial, centros de datos, electrificación de procesos productivos y un mayor consumo energético. Esa combinación puede darle al sector un atractivo adicional en un portafolio de largo plazo.

La segunda posición relevante es XLF, el ETF financiero, con una ponderación del 20%, equivalente a $200.000. Este fondo ofrece exposición a bancos, aseguradoras, compañías de servicios financieros y firmas vinculadas al crédito. El sector suele tener buen desempeño cuando mejora la expectativa sobre la economía estadounidense, se estabiliza la curva de tasas o el mercado descuenta una mayor actividad. Sin embargo, también es sensible a episodios de estrés bancario, deterioro del crédito o cambios bruscos en la política monetaria.

Con el mismo peso aparece SPY, el ETF que replica al S&P 500. También representa el 20% de la cartera, por lo que implica una inversión de $200.000. Esta posición funciona como el núcleo más diversificado del armado, ya que permite capturar el desempeño de las principales compañías estadounidenses sin tener que elegir una acción específica. En una estrategia agresiva, SPY aporta exposición al mercado accionario más importante del mundo y reduce parcialmente el riesgo de depender de pocos nombres.

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Luego figura QQQ, el ETF asociado al Nasdaq 100, con una asignación del 10%, equivalente a $100.000. Este tramo es más agresivo que SPY porque concentra mayor peso en tecnología, comunicaciones y compañías de crecimiento. QQQ puede potenciar el retorno cuando el apetito por el riesgo internacional mejora y las grandes tecnológicas lideran las subas, aunque también suele sufrir más en escenarios de tasas altas, compresión de múltiplos o toma de ganancias en acciones de crecimiento.

La cartera se completa, dentro del bloque de ETFs, con tres posiciones del 5% cada una. XLV, vinculado al sector salud, representa $50.000; GLD, que sigue al oro, suma otros $50.000; y USO, relacionado con el petróleo, también ocupa $50.000. Estas tres posiciones cumplen funciones distintas dentro del portafolio. Salud aporta exposición a un sector con demanda relativamente estable; el oro funciona como cobertura parcial ante episodios de tensión financiera o pérdida de confianza en monedas, y el petróleo introduce una apuesta sobre energía y commodities.

El 10% final está en acciones puntuales. Microsoft pesa un 5%, lo que implica $50.000, y Nvidia también representa un 5%, otros $50.000. En ambos casos, la apuesta apunta al crecimiento de la inteligencia artificial, la computación en la nube, el software corporativo, los chips avanzados y la infraestructura tecnológica. Son empresas de enorme calidad, pero con valuaciones exigentes y alta sensibilidad a las expectativas de resultados. La distribución completa queda de esta manera:

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  • XLU, 25%: $250.000
  • XLF, 20%: $200.000
  • SPY, 20%: $200.000
  • QQQ, 10%: $100.000
  • XLV, 5%: $50.000
  • GLD, 5%: $50.000
  • USO, 5%: $50.000
  • Microsoft, 5%: $50.000
  • Nvidia, 5%: $50.000

Para qué perfil tiene sentido esta cartera

La estrategia agresiva del millón con CEDEARs no está pensada para cualquier inversor y tiene sentido solo para quienes buscan retorno en dólares, aceptan fluctuaciones relevantes y no necesitan disponer del dinero en el corto plazo. El horizonte de largo plazo es central porque una cartera con este nivel de exposición a renta variable puede tener caídas temporales significativas.

El armado tampoco luce adecuado para cubrir gastos corrientes, fondos de emergencia o capital que deba usarse en pocos meses. Una corrección fuerte en Wall Street, una baja del contado con liquidación o una rotación internacional fuera de tecnología pueden afectar el valor de la cartera justo cuando el inversor necesita vender. En ese caso, el riesgo no pasa solamente por la calidad de los activos, sino por el momento de entrada y salida.

Para perfiles más agresivos, en cambio, la combinación puede resultar atractiva porque permite acceder a sectores líderes de Estados Unidos desde Argentina, con una estructura simple y diversificada. En lugar de elegir diez o quince acciones individuales, el inversor se apoya en ETFs que ordenan la exposición y dejan una porción menor para apuestas puntuales de alto crecimiento.

El componente más defensivo relativo aparece en XLU, XLV y GLD, aunque eso no convierte a la cartera en conservadora. Los servicios públicos, la salud y el oro ayudan a moderar parte de la volatilidad, pero el peso de la renta variable sigue siendo dominante. Además, algunos ETFs sectoriales pueden tener movimientos fuertes si cambia el humor del mercado o si se modifican las expectativas sobre tasas, inflación y crecimiento.

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En el caso de XLF, el riesgo principal está asociado al ciclo financiero. Una economía más fuerte y una curva de tasas más favorable pueden beneficiar al sector, pero un deterioro de la calidad crediticia o una desaceleración más profunda pueden afectar balances y valuaciones. En USO, la volatilidad puede ser incluso mayor, porque el petróleo reacciona a variables geopolíticas, decisiones de producción, inventarios y expectativas de demanda internacional.

La parte tecnológica, a través de QQQ, Microsoft y Nvidia, aporta el potencial más visible de crecimiento, pero también concentra una parte importante del riesgo de valuación. Después de varios años de fuerte entusiasmo por la inteligencia artificial, el mercado suele exigir que las ganancias acompañen las expectativas.

Por eso, la clave de esta cartera no está solamente en comprar los instrumentos, sino en sostener una disciplina de seguimiento. Una estrategia dinámica requiere revisar ponderaciones, analizar si algún sector quedó demasiado caro, evaluar si conviene rebalancear y evitar que una suba muy fuerte de una posición cambie por completo el perfil de riesgo original.

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También conviene mirar los costos operativos, la liquidez de cada CEDEAR en el mercado y el horizonte de la inversión. En carteras chicas o medianas, operar demasiados instrumentos puede encarecer los movimientos si no se planifica bien. En una cartera de $1 millón, la distribución propuesta es alcanzable, pero exige tener en cuenta precios mínimos, múltiplos de negociación y la disponibilidad de cada activo en el mercado local.



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ECONOMIA

Argentinos en colectivo: cuáles son las ciudades más caras y más baratas para el autotransporte urbano de pasajeros

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En la mitad del ranking aparecen ciudades como Mendoza, con una tarifa mínima de $1.400.

El precio del boleto de colectivo sigue mostrando grandes diferencias entre ciudades, en un contexto marcado por nuevas actualizaciones tarifarias y cambios en los esquemas de subsidios. Mientras algunos distritos aplicaron aumentos en las últimas semanas para recomponer costos operativos, otros mantienen tarifas considerablemente más bajas, lo que profundiza la brecha entre los extremos del mapa urbano argentino.

El relevamiento de tarifas correspondiente a mayo de 2026 muestra que viajar en colectivo puede costar más del doble según la ciudad. Las diferencias no sólo responden a decisiones locales sobre subsidios o estructura de costos, sino también al nivel de financiamiento provincial y municipal, la cantidad de pasajeros transportados y la situación económica de cada sistema de transporte.

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Entre las tarifas más elevadas del país aparecen varias ciudades del interior que durante los últimos meses aplicaron ajustes para sostener el funcionamiento de los servicios urbanos. En el tope del ranking se ubica Pinamar, con un boleto mínimo de $2.625 (la ciudad cobra tarifas diferentes para residentes y no residentes). Le sigue San Martín de los Andes, con $2.500, y Centenario —localidad neuquina— con $2.478. Completan el grupo de las más caras Pergamino ($2.332), Bariloche ($2.046) y Eldorado ($2.000), según relevamientos realizados por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) y la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta).

Se trata, en su mayoría, de ciudades medianas o de perfil turístico, donde el sistema de transporte público suele tener menor escala y, por lo tanto, menos posibilidades de distribuir costos entre una gran cantidad de pasajeros. Eso se traduce, en general, en tarifas más altas.

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En la franja intermedia del ranking aparecen algunas de las ciudades más pobladas del interior del país. Santa Fe encabeza ese grupo con $1.900. Más abajo se ubican las capitales de Córdoba, Rosario y Paraná, que comparten el mismo valor: $1.720. En el puesto 22 aparece Mendoza, con un boleto mínimo de $1.400.

En el extremo opuesto del cuadro, las tarifas más bajas del país corresponden a la región más poblada: el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El boleto de las líneas nacionales del AMBA cuesta actualmente $714, el de las líneas porteñas (CABA) asciende a $754, y el de las líneas de la provincia de Buenos Aires llega a $969. Partido de la Costa, con $698, es la única jurisdicción que se ubica por debajo de las líneas nacionales del AMBA.

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También están en la franja baja General Pico ($800) y Viedma ($980). Un grupo de ciudades se posiciona exactamente en los $1.000: Villa Mercedes, Villa María, San Luis, Trelew y La Rioja.

Que el AMBA concentre las tarifas más bajas no es casual. Las líneas de jurisdicción nacional reciben subsidios del Estado nacional que permiten mantener los valores deprimidos respecto del resto del país. Sin embargo, esa diferencia tiene un costo: según informó Infobae días atrás, la Secretaría de Transporte de la Nación adeuda a las empresas de colectivos del AMBA $35.000 millones en concepto de “atributo social”, lo que derivó en una reducción de frecuencias que afectó a miles de pasajeros.

En las últimas semanas, varias ciudades ajustaron sus tarifas. Uno de los incrementos más significativos se registró en Villa Mercedes, donde el boleto subió un 17,65%. En la provincia de Buenos Aires, el aumento fue del 16,33%, mientras que en Santa Fe el boleto trepó un 10,47% y en CABA un 10,56%.

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Las líneas que circulan por el AMBA tienen los boletos más económicos del país. (NA)
Las líneas que circulan por el AMBA tienen los boletos más económicos del país. (NA)

En el caso del AMBA nacional, el aumento fue más moderado: el boleto pasó de $700 a $714, lo que representa una suba del 2%. El Gobierno prevé dos incrementos adicionales para los meses siguientes —en junio y julio— de igual magnitud, lo que llevaría el valor a $742 hacia mediados del tercer trimestre del año.

Ese esquema escalonado fue cuestionado por las empresas del sector, que sostienen que los ajustes están por debajo de la inflación y no alcanzan para cubrir el aumento de los costos operativos, en particular el del combustible.

Una brecha que se agranda

La combinación de aumentos en el interior y subas más moderadas en el AMBA profundiza una diferencia tarifaria que ya era marcada. Mientras ciudades como Córdoba, Rosario o Santa Fe superan ampliamente los $1.700, las líneas nacionales del AMBA se mantienen por debajo de los $750.

Esa distancia no solo refleja distintas políticas de subsidios, sino también realidades operativas diferentes: sistemas de mayor escala, distintos niveles de cobertura estatal y estructuras de costos que varían según la región. El resultado es un mapa tarifario fragmentado, donde el precio de un viaje en colectivo depende, en gran medida, de en qué ciudad se vive.

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